En concordancia con la idea anterior Acta (2022) plantea que la actual incorporación de las
neurociencias al campo de estudio de la educación está haciendo que los diversos profesionales
implicados en el ámbito educativo se tengan que formar en estas temáticas para mejorar el
rendimiento académico y personal de los alumnos, favoreciendo un mejor desarrollo integral en
los mismos.
Sin embargo, como relata Salazar (2005) el estudio del cerebro en el plano biológico para la cabal
comprensión las capacidades del estudiante en el proceso de enseñanza aprendizaje, no ha sido
suficientemente considerado en el proceso de formación pedagógica de los docentes en
ejercicio, es lógico suponer entonces que estos no posean el suficiente dominio de la relación
mente cerebro, aun cuando es imposible el aprendizaje sin cerebro y sin un ejercicio de la mente.
La experiencia de los autores del presente trabajo, les permite reconocer las determinadas
tendencias en el proceso de formación de profesionales de la educación, tales como el
insuficiente dominio de un aspecto tan importante como el rol de las emociones en el proceso
de enseñanza aprendizaje, lo cual conduce en no pocas ocasiones a generar estados
emocionales (stress, miedo, de) que contrastan con las intenciones educativas y curriculares del
acto formativo, lo que dificulta la gestión de las actividades docentes desde el punto de vista
neurocientífico.
Es interesante de igual modo advertir en la praxis educativa un ejercicio profesional de espaldas,
en gran medida a los ambientes cerebro compatibles donde la relación mente cerebro como
centro del aprendizaje, exigen la comprensión de la teoría de la mente, del conocimiento de las
neuronas espejo y su influencia en el aprendiza, la necesidad del conocimiento de los nexos entre
la Neurociencia y la Educación, la Didáctica y la Pedagogía en general, es impostergable pues tal
como afirma Leslie Hart (Citada por) “Cualquiera que no posea una extensa comprensión
holística de la arquitectura del cerebro, sus propósitos y sus principales formas de operación
está atrasado en el tiempo, como un diseñador de automóviles sin un conocimiento pleno de los
motores”
El aprendizaje es un proceso posible gracias al cerebro, por tanto, todo docente necesita conocer
cómo funciona el cerebro que aprende, el cerebro emocional y el cerebro social, dado que la
educación posee esas dimensiones cognitiva, emocional y social, sólo por esa realidad
morfofuncional que es el cerebro, como único órgano del cuerpo humano con capacidad de
aprender y enseñarse a sí mismo (Campo, 2010).
Las más recientes investigaciones en neurociencias cognitivas (Acta C. Y. 2019; Campos A. L.
2022;) nos convocan al examen regular de nuestras prácticas educativas gracias a que nos han
permitido conocer con mayor profundidad cómo aprende el cerebro y cómo podemos desarrollar
su máximo potencial para la mejora de las experiencias educativas y del proceso de enseñanza-
aprendizaje y, en consecuencia propiciar la motivación, a partir del reconocimiento del papel de
las emociones en el acto de aprender.
En nuestra práctica profesional hemos podido constatar que a pesar de los esfuerzos realizados
por los docentes para conseguir un proceso de enseñanza aprendizaje de calidad aún subsisten
tendencias en las que el comportamiento profesional real, está disociado del ideal didáctico en
el que se persiguen altos niveles de desarrollo formativo, por ello este comportamiento
profesional no articula el saber y el desempeño neurocientífico como rasgos fundamentales en
la profesionalización de los docentes, estas tendencias se evidencian en expresiones:
La preeminencia de un ambiente emocional matizado por un estado de alerta, con predominio
del stress, es decir, la tendencia a generar emociones limitantes y stress innecesarios y, por tanto,