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LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, julio, 2025, Volumen VI, Número 3 p 3195.

DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v6i3.4188

La alfabetización académica y la comunicación educativa en
la construcción y apropiación del discurso jurídico

Academic literacy and educational communication in the construction and
appropriation of legal discourse


Laura Navarro Jiménez

21896@uniceba.edu.mx
https://orcid.org/0009-0008-3565-2494

Universidad del Centro del Bajío
Guanajuato – México


Artículo recibido: 23 de junio de 2025. Aceptado para publicación: 18 de julio de 2025.

Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.

Resumen
Este trabajo tiene como objetivo reflexionar sobre la alfabetización académica y la comunicación
educativa como herramientas en la creación de conocimiento, acotado al área jurídica. El método
es descriptivo e implica técnicas de revisión bibliográfica. La reflexión sobre el tema está sustentada
en lecturas que dan un panorama sobre la problemática, que dejan claro lo que es alfabetización
académica y comunicación didáctica, así como la importancia del aprendizaje del lenguaje propio del
derecho y en la construcción de conocimiento jurídico. Se presenta una introducción que plantea la
problemática, el objetivo, los cuestionamientos y el método a seguir. El desarrollo contiene seis
puntos: ‘Alfabetización académica. Conceptos y propósitos’, ‘La comunicación didáctica’, ‘Lengua y
Lenguaje jurídico’, ‘Discurso jurídico’, ‘La argumentación’ y La apropiación del discurso jurídico por los
estudiantes de derecho. Por último, se presentan las conclusiones y las referencias bibliográficas.

Palabras clave: alfabetización académica, comunicación didáctica, discurso jurídico,
argumentación, lectura crítica, escritura académica, educación legal


Abstract
This paper aims to reflect on academic literacy and educational communication as tools in the creation
of knowledge, focused on the legal field. The method is descriptive and involves techniques of
bibliographic review. The reflection on the topic is supported by readings that provide an overview of
the issues, clarifying what academic literacy and didactic communication are, as well as the
importance of learning the specific language of law and in the construction of legal knowledge. An
introduction presents the problem, the objective, the questions, and the method to be followed. The
development contains six points: 'Academic Literacy. Concepts and Purposes', 'Didactic
Communication', 'Language and Legal Language', 'Legal Discourse', 'Argumentation', and 'The
Appropriation of Legal Discourse by Law Students'. Finally, conclusions and bibliographic references
are presented.

Keywords: academic literacy, didactic communication, legal discourse, argumentation, critical
reading, academic writing, legal education




LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, julio, 2025, Volumen VI, Número 3 p 3196.


























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Cómo citar: Navarro Jiménez, L. (2025). La alfabetización académica y la comunicación educativa en
la construcción y apropiación del discurso jurídico. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias
Sociales y Humanidades 6 (3), 3195 – 3208. https://doi.org/10.56712/latam.v6i3.4188



LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, julio, 2025, Volumen VI, Número 3 p 3197.

INTRODUCCIÓN

La palabra, oral o escrita, es la herramienta principal en el trabajo del abogado, mediante ella el jurista
logra imponer en otros su razón jurídica. Sin importar en qué disciplina del Derecho se desarrolle el
profesional, la palabra será siempre su herramienta principal.

Hablar del lenguaje especializado, propio de cada materia, es hablar sobre alfabetización académica.
A cada disciplina científica le corresponde un lenguaje propio, con categorías especiales y significantes
que generan el entramado cognitivo de la propia disciplina; es decir, a través de los lenguajes
especializados conocemos el contenido de la disciplina y nos apropiamos de ella.

El lugar idóneo para procurar la enseñanza y el aprendizaje de los géneros académicos de una
determinada disciplina para leer y escribir como se hace en ella, es el aula. Y es en el aula donde se
forja el proceso pedagógico, donde se concibe y desarrolla la comunicación educativa, la comunicación
didáctica.

En ese sentido, el conocimiento de los principales significantes y géneros académicos propios de la
disciplina jurídica, así como su apropiación, es de suma importancia y es el docente quien incentiva,
motiva, promueve en los alumnos la alfabetización académica mediante el proceso pedagógico y, en
especial, por ser él el emisor en la comunicación didáctica. Sin embargo, la mayoría de los docentes
de las licenciaturas en Derecho son abogados, no son pedagogos, pocos cuentan con maestrías o
cursos dirigidos a la educación, pocos se han cultivado en cuestiones didácticas y muy probablemente,
la mayoría ignora la importancia de la alfabetización académica, ignora su propio proceso de
alfabetización académica, e incluso, ignora su rol como emisores en el proceso de comunicación
educativa.

Este trabajo tiene como objetivo reflexionar sobre la alfabetización académica y la comunicación
educativa como herramientas en la creación de conocimiento, acotado al área jurídica. Y como parte
de esa reflexión, se podría cuestionar ¿podrían los abogados que imparten cátedra a nivel licenciatura
procurar y provocar la alfabetización académica de sus alumnos si es un tema por ellos desconocido?,
si el docente no es investigador, ¿cómo puede provocar el interés de sus alumnos por la construcción
de conocimiento?, ¿de qué manera se puede motivar a los estudiantes a la lectura general y a la lectura
académico-jurídica?, ¿cómo se desarrolla el proceso de comunicación didáctica en el aula si el docente
no está consciente del mismo?

El enfoque de investigación es cualitativo, con un método descriptivo, e implica técnicas de revisión
bibliográfica. El corpus de análisis que se revisará consta de variados artículos científicos que fueron
seleccionados tanto por la confiabilidad, al encontrarse publicados en revistas científicas, como por el
contenido que profundiza en el tema que se trata en este trabajo. Primero se leyeron diversos artículos
para seleccionar aquellos que aportaran al objeto de estudio, de los seleccionados se realizó una
segunda lectura profunda y se interpretaron. La reflexión sobre el tema está sustentada en esas
lecturas que dan un panorama sobre la problemática, que dejan claro lo que es alfabetización
académica y comunicación didáctica, así como la importancia del aprendizaje del lenguaje propio del
derecho y en la construcción de conocimiento jurídico.

Abordar la problemática que se presenta en este artículo es relevante en el contexto jurídico
contemporáneo de México, ya que la alfabetización académica y la comunicación didáctica son
fundamentales para fortalecer los procesos de formación jurídica y la apropiación del discurso jurídico,
porque fomentan el desarrollo de la capacidad de interpretar, producir y aplicar el lenguaje del Derecho
de manera crítica, clara y coherente. Esta necesidad es particularmente urgente ante los desafíos
actuales que enfrenta el sistema de justicia mexicano, como son el acceso desigual al conocimiento
jurídico, lenguaje técnico excluyente, y la brecha entre teoría y práctica del Derecho.



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ISSN en línea: 2789-3855, julio, 2025, Volumen VI, Número 3 p 3198.

En el ámbito jurídico, Domínguez (2016) sostiene que el lenguaje jurídico se configura como un sistema
especializado que requiere procesos sistemáticos de enseñanza-aprendizaje para su efectiva
apropiación por parte de los estudiantes de Derecho. De ahí que la alfabetización académica funcione
como una herramienta de inclusión epistémica y profesional, ya que implica más que la mera lectura y
escritura; supone el dominio de los géneros discursivos propios de cada disciplina, como, en este caso,
las sentencias, tesis, demandas, opiniones jurídicas o artículos doctrinales.

La comunicación didáctica se convierte en un mediador clave para traducir el conocimiento jurídico a
formas comprensibles y contextualizadas. Según Díaz Barriga y Hernández Rojas (2010), la
comunicación en el aula debe promover no solo la transmisión, sino la reconstrucción crítica del saber
disciplinar. En este sentido, la calidad de la comunicación docente tiene una relación directa con la
capacidad del alumnado para apropiarse del discurso jurídico y desarrollar competencias
interpretativas, argumentativas y propositivas.

Aún hoy, en 2025, se encuentran como parte de la educación jurídica en México, prácticas tradicionales
de enseñanza basadas en la memorización y la exposición magistral, por lo que, integrar estrategias
de alfabetización académica y comunicación didáctica, representa una acción epistemológicamente
disruptiva que incide directamente en la apropiación del discurso jurídico por los estudiantes de
Derecho. Montolío (2017) señala que, el lenguaje jurídico no debe ser un instrumento de poder
incomprensible, sino una herramienta de acceso democrático al Derecho. Esto adquiere especial
relevancia si consideramos el derecho a comprender —concepto que ha sido impulsado en América
Latina como parte de los procesos de acceso efectivo a la justicia (Perafán, 2021)—, lo cual implica un
cambio de paradigma en la enseñanza del Derecho hacia una formación más crítica, comprensiva y
socialmente comprometida.

Por todo lo anterior, el análisis del binomio “alfabetización académica y comunicación didáctica” como
herramientas para la apropiación del discurso jurídico no solo es pertinente, sino urgente en el México
actual. Contribuye a formar juristas capaces de ejercer el Derecho con claridad conceptual, conciencia
crítica y compromiso social, respondiendo así a los principios de una pedagogía jurídica
transformadora.

DESARROLLO

Alfabetización académica. Concepto y propósitos

Marta Marín (2006) define la alfabetización académica “… como el proceso de adquisición de un
conjunto de conocimientos lingüísticos y de estrategias cognitivas necesarias para interpretar y
producir textos que se utilizan en contextos de estudio.” Agrega, además, que esa adquisición de
conocimientos es sobre discursos que comunican los saberes y la cultura escrita.

La misma autora señala que el analfabetismo académico “se refiere a la creciente carencia de
habilidades para interpretar y/o producir los textos que circulan en ámbitos académicos” (Marín, 2006).
Esta es una situación alarmante en dos sentidos: el primero es que han disminuido las habilidades para
la producción de textos académicos, es decir, las nuevas generaciones no encuentran en sus escuelas
las herramientas y la motivación para hacer investigación y el segundo es que carecen también de
habilidades para interpretar los textos académicos que les sean presentados.

Una causa evidente pareciera ser la disminución del hábito de lectura. En su comunicado de prensa
número 235/24 de fecha 23 de abril del 2024, y de conformidad con el documento INEGI Módulo sobre
lectura 2024, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, señala que la población lectora en México
presenta una tendencia decreciente. En este estudio los resultados son los siguientes:



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“En 2024, 69.6% de la población alfabeta de 18 años y más declaró haber leído alguno de los siguientes
materiales: libros, revistas, periódicos, historietas o páginas de Internet, foros o blogs.

Este dato es 14.6 puntos porcentuales menor, con relación a la cifra del primer levantamiento del
MOLEC en 2015 (84.2%).

Entre la población lectora, lo más leído fueron los libros (41.8%). Siguieron las páginas de Internet, foros
o blogs (39.4%), revistas (21.7%), periódicos (17.8%) e historietas (4.6%).

La lectura de periódicos disminuyó 31.6 puntos porcentuales, al pasar de 49.4% de la población lectora
en 2015 a 17.8%, en 2024” (INEGI, 2024).

A los datos presentados por el INEGI, puede sumarse el estudio de ‘Percepciones de estudiantes
universitarios sobre la enseñanza del Derecho y la formación de abogados’ (Parada, 2024), en el que
se concluye que:

“Desde las percepciones de los estudiantes, la enseñanza y formación de abogados muestra
tres puntos de relevancia: primero, un conjunto de debilidades ubicadas en las capacidades de
los estudiantes, particularmente, en materia investigativa; segundo, falencias en las tareas
pedagógica, didáctica y evaluativa de los docentes, que merecen revisión y transformación
desde las expectativas de los estudiantes y, tercero, la crítica de los estudiantes a la enseñanza
y la formación que reciben, y, de forma consciente, la forma en que develan el ideal de la
formación desde aspectos pedagógicos, didácticos y evaluativos.”

Contrario al analfabetismo académico se encuentra la alfabetización académica que evidencia la
carencia de esas habilidades cognitivas, que debieron ser adquiridas a lo largo de la vida del estudiante,
y procura que sean enseñadas en el nivel universitario.

Por consiguiente, podría afirmarse que los objetivos o propósitos fundamentales de la alfabetización
académica son enseñar y aprender los géneros académicos de una disciplina para poder leer y escribir
como se hace en ella, así como leer y escribir para aprender, reelaborar, jerarquizar, argumentar,
construir y apropiarse de los conocimientos disciplinarios (actividad cognitiva). En este sentido, para
comprender la alfabetización académica, es necesario precisar que es un proceso continuo e
inacabado, que se realiza desde que el niño comienza su proceso de lecto-escritura y que, pareciera,
continuará el resto de su vida.

Los propósitos señalados están dirigidos a la enseñanza y aprendizaje del lenguaje propio de cada
disciplina de desarrollo del ser humano -que es un trabajo colaborativo e interdisciplinario-, así como
se encuentran dirigidos a estrategias de lectura y escritura que caracterizan a cada profesión. En el
caso del Derecho, es de suma importancia que aquellos que pretenden dedicarse a esta disciplina se
apropien del lenguaje y del discurso jurídico, aprendan con éxito a leer y escribir como hacen los
abogados, ya que es el lenguaje la herramienta principal del jurista.

En un segundo sentido, los propósitos de la académica, refieren a una actividad cognitiva, señalan que
la finalidad de leer y escribir como se hace en cada disciplina es para aprender sobre la misma, para
reelaborarla, para jerarquizar sus significantes, para argumentar, para construir y apropiarse de los
conocimientos disciplinarios. Es decir, leer y escribir desde cada disciplina tiene como consecuencia
la apropiación de la misa. Pero no termina en ello, sino que permite que los estudiantes o expertos en
esa profesión, construyan conocimiento de forma tal que la reelaboren, que abonen a su construcción,
que la actualicen, que argumenten sobre la misma.

Sin embargo, quien lee Derecho, requiere desarrollar la habilidad de leer críticamente:



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“Leer críticamente implica que hay que procesar información de fuentes diversas y a menudo
contrastantes (Solé, 2004), familiarizarse con las secuencias explicativas y argumentativas en
los textos y reconocer posiciones epistémicas (voces en el discurso) no siempre explícitas, así
como recursos argumentativos inscriptos en el lenguaje mismo (Marín y Hall, 2006)” (Marín,
2006).

Sin embargo, los docentes de Derecho, son abogados que enseñan Derecho, la mayoría no cuenta con
competencias pedagógicas. Siguiendo esta idea, podemos citar a Carlino (2003) quien en este sentido
señala:

“Se reconoce que los profesores de cada disciplina pueden no tener la experiencia para
enseñar a leer y a escribir en la universidad, o no estar al corriente de las investigaciones en
alfabetización terciaria, que son relevantes para favorecer las habilidades correspondientes.”

La alfabetización académica ha puesto en manifiesto que muchos profesionistas o estudiantes de
nivel universitario presentan grandes ‘lagunas’ en el aprendizaje o apropiación de técnicas tanto de
lectura como de escritura. Por lo que es un reto para los docentes universitarios acercarles a sus
alumnos herramientas que apoyen a desarrollar dichas habilidades en estos niveles. Pero el reto es
mayor cuando el propio docente no cuenta con estas técnicas, cuando el propio docente continúa con
su proceso de alfabetización académica.

Es, por lo tanto, la alfabetización académica necesaria en todos los niveles. Es de suma importancia
que los aspirantes a una profesión desarrollen las habilidades de lecto-escritura, para que puedan
apropiarse de su disciplina. Por ello, no es conveniente tomarse la alfabetización académica
únicamente como una forma remedial para subsanar las lagunas generadas durante los años de
estudio en la escuela básica y media. A este respecto Carlino (2003) señala: “La cultura escrita es de
suma importancia para todos los estudiantes, por lo cual su enseñanza no debe ser considerada una
actividad meramente remedial”. Por el contrario, la enseñanza de la escritura y de la lectura crítica, bien
podría considerarse medular en la formación de profesionales.

Roldán Aragón (2017) señala que:

“La alfabetización académica, campo de estudio interdisciplinario, plantea que los estudiantes
al ingresar a la universidad están ingresando a una cultura académica específica que
desconocen y que modificará sus prácticas lectoras, las cuales, incluso, continuarán
cambiando a lo largo de toda la formación profesional en la medida de que el currículo se
conforma por asignaturas de naturaleza diversa, y, por lo tanto, los estudiantes abordarán
diferentes tipos de conocimientos y textos.”

Y en el caso de la disciplina jurídica, es necesario prestar especial atención en esta alfabetización ya
que los estudiantes de derecho necesitan aprender a leer y estructurar el discurso jurídico. La
alfabetización académica provocará en ellos la apropiación del discurso jurídico con todos los
significantes propios del mismo y la modificación de sus prácticas lectoras y de escritura, así como de
su propio lenguaje oral y escrito y, para conseguirlo, se cuenta con la comunicación didáctica.

La comunicación didáctica

La comunicación didáctica o educativa es la que tiene lugar dentro del aula. En ésta, el docente es
quien funge como emisor y el alumno o los alumnos como receptor o receptores. El proceso de
comunicación ha sido estudiado por una gran cantidad de investigadores y cada uno señala cómo se
transmite el mensaje, en qué canal y si hay retroalimentación entre el emisor y el receptor o receptores.
Lo que es común a todo tipo de comunicación y no es excepción en la comunicación didáctica es que
es una herramienta para la transmisión de conocimiento, para la transmisión de saberes.



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El objeto de estudio de la comunicación didáctica o su finalidad es conocer cómo se desarrolla el
proceso pedagógico en el aula, cómo se desarrolla la comunicación entre el docente y los alumnos.

En algunos casos puede ser un monólogo en el que el docente entrega cualquier tipo de información a
sus estudiantes, en otros casos puede ser un diálogo activo en el que la retroalimentación es inmediata.
Todas las formas son igualmente válidas e igualmente necesarias, ya que dentro del aula habrá
información que será dada a los estudiantes y que no requiere retroalimentación y habrá temas que
permitan y propicien el debate.

La comunicación educativa y la alfabetización académica se encuentran vinculadas, ambas se
propician en el aula y la primera es una herramienta para provocar la segunda.

En todo proceso pedagógico la figura del profesor cobra una relevancia muy particular. Primeramente
tiene que ver con su propia formación tanto personal como profesional, con su ideología, con su
concepción de hombre, sociedad, educación, enseñanza, aprendizaje, etc., además del objeto de
estudio a investigar, ya que esto le dará una connotación muy particular entrando en escena elementos
como el carácter científico e ideológico del mismo objeto, la formación del futuro profesional, la
vinculación con la vida, las diversas formas de organización, las demandas sociales, entre otras cosas.

Es así que el rol del asesor pedagógico principalmente en las instituciones de educación superior no
se refiere solamente al trabajo en el aula, sino que su influencia se extiende a otros ámbitos de la vida
académica e investigativa, siempre con la finalidad de integrar un plan estratégico que vincule
elementos como incrementar las actividades de extensión y vinculación, actividades que mejoren la
expresión oral y escrita, generación de proyectos interinstitucionales, condiciones de partida y
trayectoria de los estudiantes, tutorías, fomento a la investigación, gestión curricular, análisis de las
prácticas pedagógicas de los profesores, etc.

De aquí la importancia de la comunicación didáctica en esta interacción permanente entre el docente,
los estudiantes, las autoridades, los contenidos, los compañeros y todos aquellos actores que de
manera directa o indirecta participan de manera cotidiana en el hecho educativo.

Lengua y lenguaje jurídico

Para comprender el lenguaje jurídico, primero habrá que reflexionar sobre la lengua, la palabra que sirve
a los seres humanos para expresarse, que forma parte de los elementos de cada nación. A este
respecto, señala Lastra (2003) que “El vocablo “lengua” deriva del latín lingua, entre sus diversas
acepciones, significa “conjunto de formas de expresión que emplea para hablar cada nación”. La
lengua oficial impuesta en México a partir de la conquista es el español.

El lenguaje es una característica distintiva de los seres humanos y es a través de éste que el hombre
puede comunicarse con sus semejantes, puede expresar aquello que siente y necesita, que crea y
publicita, lo que distingue como bueno y como malo. Siguiendo al mismo autor (Lastra, 2003) “el
lenguaje es la facultad de “emplear sonidos articulados para expresarse, propia del hombre”. Sólo el
hombre —según Aristóteles— “posee la palabra”. La voz, expresa el estagirita, es una indicación del
dolor y del placer, la palabra existe para manifestar lo conveniente y lo dañino, así como lo justo y lo
injusto”.

Comprendiendo al derecho como un conjunto de normas jurídicas reguladoras de la conducta humana,
se puede inferir que las normas son enunciados que, a través del lenguaje, señalan lo que debe y no
debe ser. La ciencia jurídica tiene un lenguaje propio, como se expuso líneas arriba, cada disciplina se
caracteriza por tener su propio lenguaje. En el caso del derecho, “Todo término jurídico “es
necesariamente una expresión lingüista” (Lastra, 2003). Es decir, el derecho y las normas jurídicas “son
formulados mediante expresiones lingüísticas” (Lastra, 2003). Esas expresiones deben ser claras y



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entendibles, sin abusar de tecnicismos, ya que los ciudadanos, juristas o no, tienen derecho de
comprender aquello que los regula.

En resumen, cada nación tiene su propia lengua, un conjunto de formas de expresión que utiliza la voz
como herramienta. El lenguaje es característico de los seres humanos y sirve para expresarse y
comunicarse con los semejantes. El lenguaje jurídico es la expresión lingüística de las normas que
regulan la conducta humana.

Discurso jurídico

El discurso es una estructura lógica del pensamiento que se expresa a través de la palabra oral o
escrita. El ser humano desarrolla discursos en todo momento, desde una charla informal hasta una
oratoria dirigida a una gran masa. La intención del discurso dependerá del orador y del o de los
interlocutores. El primero expresará una idea o postura con la finalidad de impactar en el segundo, de
convencerlo o simplemente de informarle.

“El discurso jurídico es la estructura lógica guiada por el léxico jurídico en su versión más
apegada a la argumentación que se apoya de los códigos formulados por el ámbito de la
disciplina del derecho” (Universidad interamericana para el desarrollo, 2019). La característica
principal del discurso jurídico es la argumentación. Es el discurso jurídico el que le da vida a
una determinada nación, a través de él se regula a la sociedad, es una herramienta que permite
impartir justicia, crear normas o adaptar las existentes a la realidad social, acceder al poder
político, convencer a otros o imponer en ellos la voluntad, etc. Bourdieu señala que “el discurso
jurídico es la palabra creadora, que confiere vida a lo que enuncia […] es sin duda el soporte por
excelencia del sueño del poder absoluto” (Bourdieu, 1958).

El sistema jurídico en México es un sistema positivista. El principio general de legalidad supone que ‘la
autoridad puede hacer sólo lo que la ley le permita, mientras que el particular puede hacer todo lo que
la ley no prohíba’. Este principio exige que la autoridad fundamente y motive su actuar, pero tiene una
connotación lingüística: lo que no está expresado en una ley no existe en el sistema jurídico mexicano.

Las leyes en este país son generales y los jueces las aplican a los casos concretos de conducta. Es un
razonamiento lingüístico el quehacer del juez, por ejemplo: quien priva de la vida a otro comete
homicidio y será sancionado de 20 a 40 años de prisión; Juan privó de la vida a Pedro, por lo tanto,
Juan cometió homicidio y será sancionado de 20 a 40 años de prisión.

Franklin Esteban Jaén (2022), sostiene que el estilo del discurso jurídico se caracteriza por presentar:

“Una fuerte intertextualidad, dado que se citan un cúmulo de otros textos que proveen, de
acuerdo con Mujica Santos (2019) soluciones lingüísticas distintas, que presuponen puntos de
vista diferentes y requieren de una amplia competencia lingüística y cultural.

Procesualidad, ya que, los textos deben reunir y sintetizar fases de procesos judiciales
diferentes; traduciendo el lenguaje de otras voces de sujetos sociales que integran y participan
en el complejo diálogo institucional.

El carácter declarativo, el lenguaje jurídico modifica o crea la realidad.

En cuarto lugar, su objetividad a través de la responsabilidad enunciativa impuesta por su
fuerte escrituridad.

Asimetría pragmática por tratarse de una lengua de especialidad o profesional y de esto el
acceso al sistema lingüístico se complejiza.”



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Estructura del discurso jurídico

Como se ha señalado, el discurso jurídico tiene como característica la argumentación. El recurso o
herramienta del jurista es el discurso argumentativo. La estructura de éste, es la de cualquier tipo de
discurso: introducción, desarrollo y conclusiones, pero la argumentación es la característica que lo
distingue. Los diferentes recursos discursivos pueden utilizarse en el ámbito jurídico, es decir, el
discurso puede ser escrito, memorizado, improvisado o esquematizado (Universidad interamericana
para el desarrollo, 2019).

La estructura del discurso jurídico puede variar dependiendo del público al que éste vaya dirigido. En
este sentido, existen diversas formas expositivas de discurso jurídico.

Formas expositivas de discurso jurídico (Universidad interamericana para el desarrollo, 2019)

Charla: Forma de comunicación informal, coloquial e íntima. Ésta puede darse entre dos personas o
entre varias. No tiene normas preestablecidas, sólo sigue los parámetros de los modales, la cortesía y
la buena educación. El abogado desarrolla charlas jurídicas al asesorar a sus clientes, al presentarles
la estrategia que considera para atender su asunto, al explicar los avances del mismo, entre otras.

Discurso propiamente dicho: “Es la forma de expresión oral por excelencia, mediante el cual el orador
pretende convencer, persuadir, enseñar, compartir conocimientos o instrucciones a su auditorio”
(Universidad interamericana para el desarrollo, 2019). El abogado, en cualquier área de la disciplina
jurídica que se desarrolle, utiliza este tipo de discurso, sea frente al tribunal, donde intenta convencer
al juzgador de que le asiste la razón jurídica, sea ante un grupo de personas a quienes desea convencer
para ganar su voto, sea ante un grupo de estudiantes a quienes desea transmitir ‘n’ conocimiento y
motivar en ellos la reflexión y el razonamiento jurídico.

Improvisación: Más que un recurso es una técnica del orador. El abogado improvisa continuamente,
las situaciones que enfrentan suelen tomar giros inesperados que exigen de la improvisación para
continuar; sin embargo, esta improvisación siempre será argumentada, por lo que es necesario que el
abogado cuente con herramientas y recursos cognitivos, como el conocimiento de la ley, conocimiento
de autores diversos, de jurisprudencia, entre otros, para utilizarlos como argumentación en un
momento de improvisación.

La argumentación

Argumentar implica justificar o demostrar aquello que se está sosteniendo. El abogado argumenta, es
decir, sostiene, justifica y demuestra su dicho. Es la función básica de la disciplina, toda vez que, para
convencer a otros se debe demostrar lo dicho.

Aunado a lo anterior, las normas jurídicas tienen un lenguaje muy peculiar; si bien están estructuradas
con silogismos que determinan cómo ‘debe ser’ la conducta socialmente aceptada, es cierto que
algunas normas jurídicas presentan lo que es conocido como ‘lagunas legales’; es decir, existe
vaguedad en las disposiciones que da espacio a la interpretación, lo que hace necesario argumentar.
En este sentido, Moreno Cruz señala que:

“Es necesario argumentar, en materia jurídica, porque una importante cantidad de
disposiciones normativas contenidas en los textos legales tienen una textura abierta (producto
de la ambigüedad, vaguedad, lagunas, contradicciones del lenguaje jurídico o por las diversas
lecturas ideológicas permitidas por los propios textos) que pueden producir diferencias
legítimas, y en consecuencia disputas” (Moreno Cruz, 2012)



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Así que se argumenta para evitar disputas, se argumenta por la vaguedad de las normas jurídicas y se
argumenta con la intención de demostrar, sostener o justificar una verdad jurídica.

A través de la argumentación se logra el diálogo razonado y se generan acuerdos que eviten conflictos.
A través de la argumentación, se rechaza el autoritarismo en una disputa. La argumentación sirve como
herramienta para comprender y respetar posturas distintas a la que se tiene. La argumentación es
también un medio de investigación o descubrimiento que permite tomar las decisiones más
adecuadas. Argumentando pueden obtenerse resultados comunes cuando existen diversos criterios
sobre un mismo tema (Moreno Cruz, 2008).

La apropiación del discurso jurídico por los estudiantes de derecho.

Los apartados anteriores dan sustento al supuesto de que en la enseñanza del derecho es
imprescindible la alfabetización académica y por medio de ésta la apropiación del discurso jurídico.

Sin embargo, tradicionalmente, las ofertas educativas jurídicas no cuentan con programas que se
dediquen específicamente al análisis y estudio de este discurso, mucho menos con materias dirigidas
a alfabetizar académicamente a los estudiantes. En su libro “Escribir, leer y aprender en la universidad.
Una introducción a la alfabetización académica”, Paula Carlino (2005) refiere:

“… aprender los contenidos de cada materia consiste en una tarea doble: apropiarse de su
sistema conceptual-metodológico y también de sus prácticas discursivas características, ya
que “una disciplina es un espacio discursivo y retórico tanto como conceptual” (Bogel, 1984).
Por otro lado, con el fin de adueñarse de cualquier contenido, los estudiantes tienen que
reconstruirlo una y otra vez, y la lectura y la escritura devienen herramientas fundamentales en
esta tarea de asimilación y transformación del conocimiento.”

Siguiendo la idea presentada por Carlino, la disciplina jurídica supone un espacio discursivo con
características propias, retórico y conceptual. El derecho tiene un lenguaje propio y distinto de las
demás materias, es técnico y especializado y quien lo estudia, o pretende modificarlo, necesita conocer
el sistema conceptual-metodológico si lo que se desea es conocer la disciplina.

No será posible que los estudiantes de derecho con deficiencias serias en lectura y escritura alcancen
esta meta.

Cabe señalar que para las actuales generaciones se complica aún más la apropiación de este discurso,
toda vez que el hábito de la lectura ha disminuido, de conformidad con las cifras del INEGI, que líneas
arriba fueron presentadas.

Al disminuir la lectura, el vocabulario disminuye también. Aunado a ello, pareciera que, por el uso
indiscriminado de redes sociales, los estudiantes de derecho presentan nuevos retos al tratar de
comunicarse de forma personal. Es cada vez más común que los estudiantes prefieran comunicarse
por mensaje de texto que hacer una llamada telefónica, es notorio que cada generación presenta más
dificultad -pena, molestia, incluso negativa- cuando se les pide a los integrantes pasar a declamar un
poema, o hacer un discurso de oratoria, o participar en un debate, incluso ser maestro de ceremonias
en algún evento. Más allá, las redes sociales se desarrollan con una economía verbal que permite a los
usuarios sustituir sentimientos o emociones por símbolos -como los emoticones-, reacciones por gift
-segundos de video- y palabras por abreviaturas inventadas.

También influyen los medios masivos de comunicación, como televisión, radio, etc., que, junto con las
redes sociales, forman lo que Pérez Tornero llama escuela paralela. presenta una idea que supone la
existencia de una escuela paralela: los medios de comunicación. Pareciera correcto el señalamiento
de que los niños pasan más tiempo frente a la televisión que en cualquier otra actividad, por lo que no



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podría negarse que la televisión educa. Si se atiende al contenido abierto televisivo, puede percibirse
qué tipo de educación se está generando, el tipo de educación conveniente para determinado sistema
político, económico y social (Pérez, 2008). Actualmente habría que agregar la influencia del internet y
las redes sociales sobre la educación de los jóvenes, que podría considerarse que es mucho mayor
que la televisiva.

Es pertinente considerar también la importancia de la función escolarizadora de los medios –escuela
paralela- y su influencia en la construcción cultural de los niños y los jóvenes. Si se relacionan
educación y comunicación, podría llegar a utilizarse los medios de comunicación como herramienta
educativa y de transmisión.

El lenguaje de los jóvenes se caracteriza por el uso de la jerga juvenil, que les da identidad como grupo
social y que, pese a que presenta deficiencias lingüísticas, es bastante expresivo. Pero actualmente
pareciera que también se caracteriza por la escasez de vocabulario, que como se ha señalado, se debe
a la baja en el hábito de lectura y al uso indiscriminado de redes sociales.

El estudio denominado ‘Lectura en derecho: sugerencias para guiar al estudiante en su proceso
formativo y en la apropiación del conocimiento’ (Morales, 2021), presenta los retos más importantes
que enfrenta la formación jurídica:

“La formación jurídica en el presente más que en cualquier momento enfrenta retos
importantes, determinados entre otras razones por: la complejidad de la cultura académica
jurídica, la abundante información y por el carácter dinámico de la vida social, condiciones que
exigen del lector que se forma en este campo del saber, no solo su actitud crítica y analítica;
sino su experticia para acercarse selectivamente a los documentos que mayormente se
consultan y revisan para comprender el hecho socio-jurídico y las relaciones en las que el
Derecho además de regular, permite definir las acciones que, tanto administradores de justicia
como particulares deben conocer para dirimir oportunamente los conflictos que emergen de
la vida social.”

Por las razones expuestas, se considera necesario integrar en las ofertas educativas jurídicas materias
de desarrollo de lenguaje y discurso jurídico, es decir, crear una interdisciplina entre el derecho y la
lingüística.

Sin embargo, mientras se logra esta inclusión puede hacerse uso de diversas estrategias didácticas
para motivar el aprendizaje del discurso jurídico en los estudiantes de derecho. Varias Universidades
se encuentran actualmente implementando de forma exitosa estas herramientas, , siempre
acompañada por el docente, como pueden ser:

Lectura de comprensión jurídica: Presentar diversos autores -artículos actuales con problemáticas
jurídicas- para su lectura e interpretación guiada en el aula.

Análisis de escritos jurídicos: desde los más sencillos hasta expedientes completos, donde se analice
la forma del escrito, el contenido lingüístico y el fondo.

Ejercicios que apoyen al estudiante a sentirse cómodo al hablar en público: exposiciones grupales e
individuales, declamación, oratoria, debate, etc.

Representaciones de audiencias de las diversas áreas del derecho, en las que el docente presente
casos reales o ficticios a los estudiantes repartiendo los diversos roles que participan en la audiencia
(juez, defensor, actor, etc.), para que los estudiantes estudien, preparen su estrategia y presenten una
representación ante grupos de diversos grados, con retroalimentación docente y de los propios
estudiantes.



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ISSN en línea: 2789-3855, julio, 2025, Volumen VI, Número 3 p 3206.

Producción de textos jurídicos. Ensayos con temas jurídicos, artículos, demandas, contestaciones,
autos, promociones, sentencias, etc.

Pese a que son sólo algunos ejemplos, estas herramientas didácticas pueden servir para que los
estudiantes de derecho se sientan más cómodos en la comunicación, a la vez que logran un
aprendizaje más profundo del discurso jurídico y se motivan a continuar en la búsqueda de su
apropiación.

CONCLUSIONES

De este artículo se derivan los siguientes hallazgos:

Los estudiantes universitarios modificarán sus técnicas lingüísticas con la finalidad de apropiarse del
discurso propio de la disciplina en la que se preparan como parte de su alfabetización académica.

El discurso jurídico, herramienta principal del abogado, alude a las figuras jurídicas contenidas en las
leyes y está acompañado de argumentos.

Toda figura jurídica es una expresión lingüística.

La argumentación es la característica principal del discurso jurídico y es la más valiosa herramienta de
los juristas.

La apropiación del discurso jurídico por parte de los estudiantes de derecho es compleja debido a: la
escasez de materias donde se analice de forma profunda el discurso jurídico y a la escasez de materias
dirigidas a la alfabetización académica; además de la disminución en el vocabulario y la dificultad de
expresarse de forma personalizada producto del uso desmedido de las redes sociales; y por la
disminución en el hábito de lectura.

La escuela paralela es determinante en el desarrollo y construcción de significantes lingüísticos y así
como puede ser dañina para el estudiante, también puede ser utilizada por el docente como
herramienta de comunicación didáctica si ésta es bien dirigida.

La percepción de los estudiantes universitarios sobre la enseñanza del Derecho, no es positiva.

Siendo que es necesario que el abogado conozca y pueda desarrollar un discurso jurídico debidamente
argumentado, se propone que se integren materias con esta finalidad en cada una de las ofertas
educativas jurídicas en México, que se construya una interdisciplina jurídico-lingüística.

Mientras se logra que las Universidades que imparten la carrera de derecho integren en sus currículums
materias de análisis de discurso jurídico, los docentes pueden implementar herramientas didácticas
como la lectura de comprensión jurídica, el análisis de textos jurídicos, actividades para hablar en
público, representaciones de audiencias y producción de textos jurídicos, para que los estudiantes se
sientan más cómodos con el discurso característico de esta materia y se motiven a apropiarse de él.

Los docentes tienen la misión y responsabilidad de formar integralmente a sus estudiantes y otorgarles
el mayor cúmulo de herramientas que les permitan desarrollarse plenamente. En el caso del estudio
del derecho, no puede disminuirse esta formación a lo académico, lo idóneo es acompañar a los
estudiantes en el aprendizaje y la apropiación del discurso jurídico y motivar en ellos la inquietud de
perfeccionarlo, así como motivar en ellos la inquietud investigativa. El profesionista de cualquier
disciplina tiene la responsabilidad con su disciplina y con la sociedad de generar conocimiento, de
investigar. Es a través de la investigación como se transforma la sociedad, por lo que la misma debe
ser promovida dentro del aula.



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ISSN en línea: 2789-3855, julio, 2025, Volumen VI, Número 3 p 3207.

El docente requiere construir significados reflexivos intencionales y dotar de sentido su experiencia
con los diferentes lenguajes a los que accede a través de las disciplinas específicas, con el uso del
lenguaje oral y escrito y por supuesto con la literatura, como patrimonio de la cultura.

Así, investigar en el campo de la pedagogía de la lengua y la literatura y promover la investigación en
una disciplina específica es un compromiso de todos los educadores como sujetos del lenguaje. Esos
procesos, ligados con la investigación, son los que llevan a transformar e innovar.

Por todo lo anterior, se concluye que tanto la alfabetización académica, como la comunicación
educativa son herramientas para la construcción y generación del conocimiento jurídico. En ambos
casos el docente guía al estudiante para que éste investigue, genere conocimiento y transforme la
sociedad.

No podría concebirse la investigación si ésta no nace en el aula, no podría hablarse de creación de
conocimiento si no se construyen significantes de lenguaje propio de la materia que además
construyen el pensamiento de los futuros profesionales. El lenguaje, la comunicación y la investigación
están íntimamente ligados y son los grandes impulsores que transforman la sociedad.



LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, julio, 2025, Volumen VI, Número 3 p 3208.

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