LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2025, Volumen VI, Número 4 p 608.

DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v6i4.4289

Itinerarios pandémicos: condicionamientos materiales e
inmateriales, cuerpos y autocuidados a la luz de la COVID –

19
Pandemic itineraries: material and immaterial conditionings, bodies, and

self-care in the face of COVID-19

Mariana Betzabeth Pelayo Pérez1
mariana.pelayo@uan.edu.mx

https://orcid.org/0000-0002-8448-5409
Universidad Autónoma de Nayarit

Tepic – México

Cinthya Magally Gómez Sánchez
Magally.gomez@uan.edu.mx

https://orcid.org/0000-0002-9887-5221
Universidad Autónoma de Nayarit

Tepic – México

Carla Elizabeth Ruiz Rodríguez
carla@uan.edu.mx

https://orcid.org/0009-0008-6951-4698
Universidad Autónoma de Nayarit

Tepic – México

Artículo recibido: 09 de julio de 2025. Aceptado para publicación: 04 de agosto de 2025.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.


Resumen

Sostener la vida en una crisis sanitaria mundial por la COVID-19 no hubiera sido posible sin el
despliegue de los cuidados a nivel físico y emocional. Estas actividades, mayormente realizadas por
mujeres, tuvieron una importancia vital en sobrellevar el encierro y el pánico a la luz de la pandemia.
El objetivo del presente trabajo fue identificar los nuevos condicionamientos determinados por la
pandemia a partir de habitar el encierro, las transformaciones corporales, el despliegue de los
cuidados y autocuidados y los mecanismos de resistencia llevados a cabo por la población de la
ciudad de Tepic, Nayarit, México, durante la pandemia por la COVID-19 desde una perspectiva de
género. A partir de una metodología mixta bajo el análisis cuantitativo y cualitativo de los datos
recolectados y bajo rutas fenomenológicas, los resultados advierten que encarnamos la pandemia y
ésta modula nuestros ciclos psicosociales y corporales a partir de los nuevos reordenamientos
materiales y subjetivos en la vida productiva, social y existencial. Así mismo, se encontró que los
cuidados operan como mecanismos de resistencia al interior del confinamiento frente a la pandemia
como actante político-cultural que configuró el mundo y agudizó más la explotación y la pauperización
de las mujeres.

Palabras clave: COVID-19, cuerpos, violencia, cuidados, género, autocuidado




1 Autora de correspondencia.


LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2025, Volumen VI, Número 4 p 609.

Abstract
Sustaining life during the COVID-19 global health crisis would have been impossible without the
physical and emotional care provided, largely by women. These caregiving efforts were crucial in
managing the lockdown and the widespread panic brought on by the pandemic. This study aims to
explore the new challenges created by the pandemic, focusing on lockdown experiences, bodily
changes, caregiving and self-care practices, and the resistance mechanisms adopted by the
population of Tepic, Nayarit, México, from a gender perspective. Through a mixed-methods approach
combining quantitative and qualitative data analysis, alongside phenomenological exploration, the
findings reveal that we embody the pandemic. It influences our psychosocial and physical cycles,
reshaping material and subjective aspects of our productive, social, and existential lives. Additionally,
the study shows that caregiving functioned as a form of resistance within the confinement period. As
a political and cultural force, caregiving not only reshaped societal dynamics but also intensified the
exploitation and marginalization of women during the pandemic.

Keywords: COVID-19, bodies, violence, care, gender, selfcare



















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Cómo citar: Pelayo Pérez, M. B., Gómez Sánchez, C. M., & Ruiz Rodríguez, C. E. (2025). Itinerarios
pandémicos: condicionamientos materiales e inmateriales, cuerpos y autocuidados a la luz de la
COVID – 19. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 6 (4), 608 – 630.
https://doi.org/10.56712/latam.v6i4.4289


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ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2025, Volumen VI, Número 4 p 610.

INTRODUCCIÓN

Estado de la cuestión

Desde el restringido espacio del encierro que la pandemia representó por la COVID-19, la vida fue
posible gracias al despliegue de los cuidados. El ejercicio de cuidar ha sido designado como deber de
todo cuerpo que no sea masculino, en este caso por las mujeres. Al interior del espacio doméstico y
desde el aislamiento, se experimentaron situaciones inéditas para la población global, especialmente
en las formas de cohabitar, consumir, descansar, vincularnos, manifestar afectos y trabajar, donde
quienes tuvieron la mayor carga fueron las mujeres, situación respaldada por el encierro que operó
como espacio de ocultamiento de la gran labor de la reproducción social llevada a cabo por ellas.

El objetivo del presente trabajo fue identificar los nuevos condicionamientos determinados por la
pandemia a partir de habitar el encierro, las transformaciones corporales, el despliegue de los cuidados
y autocuidados y los mecanismos de resistencia llevados a cabo por la población de la ciudad de Tepic,
Nayarit, México, así como los nuevos condicionamientos materiales y simbólicos que se instalaron por
el contexto de emergencia sanitaria desde una perspectiva de género. Para ello, se consideró como
población objetivo toda aquella persona que tuviera entre 30 y 60 años de edad en el periodo de la
pandemia, habitante del municipio de Tepic, Nayarit, México; este estudio fue de tipo transversal debido
a que se han recopilado datos desde junio a diciembre 2023.

Los resultados advierten cómo las personas encuestadas incorporaron a sus modos de vida la política
sanitaria, la normatividad y el miedo para salir de este fenómeno sanitario. No obstante, la distribución
de los cuidados fue desigual, la cual recayó en las mujeres. La situación de pandemia terminó
normalizando y perpetuando las desigualdades, la explotación y la violencia.

El confinamiento obligatorio fue un detonante que agudizó la ocupación de la mujer. La distribución de
los cuidados al interior de los hogares estuvo mayormente sentida por el género femenino, tanto a nivel
material como simbólico, desde la exacerbación de actividades domésticas, laborales, el cuidado de sí
misma y el cuidado de otras personas, así como la intensificación de los estados emocionales.

Pelayo (2021), agrega que la pandemia se ha vuelto un operador productor de discursos, prácticas,
imaginarios y deseos dentro de un contexto donde el poder maquina nuevos reordenamientos a la luz
del pánico y el riesgo de contagio por la COVID 19.

Sin embargo, para la autora, esta condición material también se incorporó simbólicamente en los
procesos de subjetivación, trastocando dimensiones existenciales que visibilizan contradicciones,
deficiencias, procesos discriminatorios y diversos tipos de violencia que han confeccionado una nueva
sociedad con rasgos asépticos, propensa al debilitamiento del tejido social ya la transformación de las
formas de relacionarnos (Pelayo, 2021). Espósito (2005) reflexiona sobre el miedo a ser devastado por
lo intrusivo del virus, lo externo, lo extraño o lo propio, aquí se hace una frontera que promueve la
construcción de soberanías basadas en prácticas biopolíticas que posibilitan la protección e
inmunidad hacia el riesgo, estos proyectos de ingeniería social operan con éxito a partir del miedo.

La pandemia configuró nuevos mercados, nuevas formas de relacionarnos, nuevos escenarios
sanitarios y la concepción de la vida y la muerte. También generó procesos contradictorios de
explotación y violencia al interior de los hogares, trastocando a las mujeres como el género más
violentado material y simbólicamente a través del cuerpo y sus potencialidades, reproduciendo
esquemas de desigualdad, violencia y explotación patriarcales y opresores en el nombre de la
prevención, sanitización y salvaguarda de la vida.

La violencia y explotación de las mujeres se agudizó en la condición de pandemia por la COVID-19 y el
confinamiento obligatorio, estas experimentaron las consecuencias más agudas de habitar el hogar


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las veinticuatro horas del día al incrementar sus actividades domésticas, y en muchos casos, sufrir
agresiones físicas, sexuales, psicológicas o incluso económicas en el medio familiar, donde los
hogares se han constituido como lugares inseguros por el despliegue de diversas formas de violencia
doméstica (Serafín, Pelayo y Aguilar, 2021, pp. 117-118).

En pandemia, según la Secretaría de Gobernación (Segob), la violencia intrafamiliar aumentó un 120%
desde el inicio de la cuarentena: 9 de cada 10 personas que fueron violentadas en el hogar son mujeres,
mientras que 1 de cada 4 fue testigo de otras mujeres violentadas. Dando como resultado que un 66%
fue por violencia física y un 22 % por violencia psico-emocional (Monroy, 2020).

Recordemos que la violencia de género se ha invisibilizado y normalizado, aún más cuando ocurre al
interior de la esfera privada. En palabras de Guilligan (2013), el espacio privado, el hogar, es el espacio
donde la igualdad es incierta y donde los derechos no tienen vigencia, es ignorar el lugar donde las
mujeres corren mayor riesgo. Para Federicci, es un lugar sostenido y cuidado a cargo de la mujer, un
lugar doméstico para el descanso de los demás miembros del núcleo familiar, en especial el varón. Tal
asignación del espacio doméstico como responsabilidad de la mujer es parte de la economía de los
cuerpos, donde el sistema capitalista constituye a una parte de la población como la base de las
familias generando así una fuerza de trabajo no reconocida e invisibilizada por el Estado (Federici,
2004). Esto representa una doble exposición de las mujeres a jornadas de trabajo; por un lado,
actividades correspondientes al mercado laboral o trabajo remunerado; por otro, actividades
domésticas como trabajo impago, mismas que han condicionado la reproducción de la fuerza del
trabajo (Federicci, 2010).

Según la economía de los cuidados, las actividades reproductivas y de atención son aquellas que
desarrollan las mujeres en los hogares para mantener y regenerar a los integrantes del núcleo familiar.
En este sentido, las dobles o triples jornadas entre trabajo productivo y reproductivo fueron parte de la
vida diaria de las mujeres que al margen del periodo pandémico tuvieron su punto álgido, lo que terminó
precarizando aún más su condición físico-emocional.

En un estudio de percepción hecho en 2021 en el estado de Nayarit por Serafín et. al. (2021) realizado
a mujeres entre 18 a 27 años, se muestran algunos rasgos vinculados a la vivencia al interior de los
espacios domésticos durante la pandemia. Una de las preguntas sobre cómo se sentían al interior de
su hogar arrojó que a un 45.8% les daba felicidad y a un 48.6% seguridad, sin embargo, también este
espacio generó ansiedad representada en un 42.2%, preocupación 24.7%, tristeza 13.9%, inseguridad
7.5% y enojo 6.9 por ciento.

Nuevos reordenamientos pandémicos: trabajo, hábitos y cuerpos

El régimen pandémico tiene componentes que generaron determinados modos de vida y gestos
políticos, tales como señalamientos discriminatorios respecto al tipo de vacuna aplicada, el uso de
cubrebocas, la presión social por la posibilidad de portar el virus y deshonestidad al respecto, mostrar
síntomas de la COVID 19 en un espacio público, tener un familiar con el virus, configuraron una
atmósfera de miedo al contagio donde se observaron nuevas actitudes tales como los modo de ser,
habitar, pensar y vivir el encierro como el aislamiento social, la evitación, la marginación, la violencia,
el terror viral, la estigmatización, todas basadas en el temor al contagio (Pelayo, 2021).

Para la autora, se generó un tipo de estado de amedrentamiento emocional y moral de la sociedad, el
cual terminó por modular y controlar socio políticamente a las poblaciones, así como la materialidad
de los cuerpos en vías de procurar el resguardo de la vida. Tales condiciones fueron reforzadas por
políticas sanitarias nacionales e internacionales y la infodemia de los medios de comunicación,
quienes operaron como máquinas de producción, reforzadas por instrumentos mediáticos,
equipamientos de la vida social e instituciones (Guattari, 2008).


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También se desocultaron contradicciones, deficiencias, obsesiones, procesos discriminatorios y
diversos tipos de violencia y ascetismos corporales e ideológicos que confeccionan una sociedad
aséptica atravesada por el poder, como lo afirmó Foucault (1976) un poder no precisamente ligado a
la represión, sino a la producción.

Algo importante que debemos resaltar al margen de los nuevos condicionamiento pandémicos fue un
fenómeno que experimentamos como la modulación de nuestra subjetividad mediante el aparato
mediático, cultural y político asumiendo una gubernamentalidad lo que para Foucault (1997) son las
técnicas de gobierno de sí –regulación de los propios deseos y cuerpo, el autocuidado– y de poder –
normas que conducen a fines de dominación para la maximización de su propia función económica: el
homo economicus (Foucault, 1997).

Dentro de los cambios más visibles y materiales que se registraron en el régimen pandémico fueron
configuraciones laborales asociadas a nuevos cultos de trabajo modulando paradigmas, formándonos
discursivamente para ser cuerpos productivos (Foucault, 1997; Filosofía del pórtico, 2020). También
se implementaron mecanismos de vigilancia para seguir nuestras prácticas de higiene, pero sobre todo
en los espacios laborales donde la tecnología y la sistematización de datos biométricos fungieron
como mecanismos de supervisión y monitoreo, tal fue el caso de los dispositivos como el celular, que
generó que nos mantuviéramos trabajando en todos los lugares en donde nos encontráramos,
operando como un dispositivo de localización, monitoreo y vigilancia (Pelayo, 2021).

Corporalidades pandémicas

El cuerpo fue el actante principal a resguardar o aislar por su capacidad de recibir agentes patógenos
y demás elementos ambientales extracorporales. El entorno y la geografía son desencadenantes de
las condiciones del cuerpo. Para Curtis (2004), la geografía y el espacio son determinantes en el estado
de salud de las personas que están interrelacionadas con otras entidades y discursos que componen
el organismo urbano así como tendencias sociopolíticas que configuran los cuerpos como el cambio
climático, la crisis ambiental, los avatares de crimen organizado, las tendencias mercantiles, las
coyunturas políticas y en este caso la pandemia, los cuales construyen nuestra fisicalidad biológica y
química, así como nuestras sensibilidades. Para Federici (2021), lo político, entonces, se incorpora a
través de hábitos productivos y sanitarios promovidos por todas las instituciones modernas.

El cuerpo es el primer contacto con el mundo microscópico y ambiental, el cuerpo humano es el
repositorio social, biológico, ambiental y político y tiene la capacidad de acuerparse sin fronteras con
lo no humano, lo animal y tecnológico (Castree y Nash, 2006; Ferrando, 2013). Los sistemas corporales
y su fisicalidad, según Gabrielson y Parady (2010), también se inscriben socialmente y esto representa
que se subsumen en poderes disciplinarios que los configuran, modulan y los posicionan de forma
distinta en la política y la geopolítica.

Para Federici (2021), en la modernidad nos unimos al asalto del cuerpo con todas las armas que la
medicina puede ofrecer radiación, colonoscopía y mamografía; armas todas de una larga batalla contra
el cuerpo, que acompañamos en vez de sacar nuestro cuerpo de la línea de fuego.

Para Pelayo (2021), el cuerpo experimentó el biopoder (Foucault, 1996) del régimen pandémico para
prevenir su descenso y seguir operando en el aparato de producción. En la pandemia nos volvimos
responsables de nuestra propia conservación, incorporamos prácticas para mejorar y modular nuestra
salud desde practicar ejercicio, ingerir multivitamínicos y hasta sacrificar o modular algunos deseos.

Cuidados, autocuidados y resistencias

Sostener la vida en una crisis sanitaria global no hubiera sido posible sin el despliegue de los cuidados
a nivel físico y emocional, estas actividades que gestionan y mantienen la vida tuvieron una importancia


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nuclear en sobrellevar el encierro y el pánico a la luz de la pandemia mediante el ejercicio de actividades
de sostenimiento y cuidados que demanda el hogar. El trabajo de los cuidados es relacional, también
alcanza el plano afectivo, según Gilligan (2013), los cuidados también se ejercen al escuchar, prestar
atención, responder con integridad y respeto es hacer sentir al otro escuchado.

Ante esto Tronto (1993), define el cuidado como una especie de actividad genérica que incluye todo lo
que podamos hacer para mantener, perpetuar y reparar nuestro mundo de forma tal que podamos vivir
en él lo mejor posible. Este mundo incluye nuestros cuerpos, nuestros yoes y nuestro entorno,
elementos que intentamos entretejer formando una compleja red que permita sustentar la vida (Tronto,
1993 en Gilligan (2013).

Para llegar hasta el punto de ejercer cuidados como trabajo impago, los cuidados fueron colocados
como deberes morales y niveles más altos de bondad de parte de las mujeres, por ello, muchas mujeres
han vivido su vida como sirvientas ganando poco más que alojamiento y comida por las tareas
domésticas y de crianza de los hijos realizadas por las “amas de casa” (Held, 2006).

Schwarz (2020) en su texto "El autocuidado: una interpelación al abordaje individual de la pandemia",
critica la forma en que, en el contexto de la pandemia y bajo la lógica neoliberal, el autocuidado ha sido
promovido como una responsabilidad individual en lugar de un esfuerzo colectivo. Argumenta que este
enfoque individualista refuerza la ideología del capitalismo occidental y patriarcal, al desviar la
responsabilidad del cuidado desde el Estado y las instituciones hacia los individuos, especialmente las
mujeres, quienes tradicionalmente asumen el rol de cuidadoras no remuneradas.

Schwarz destaca que el autocuidado, entendido como una responsabilidad personal sobre la salud,
invisibiliza el rol de las comunidades, la interdependencia entre las personas y la dimensión colectiva
de los cuidados. El autocuidado significa “recuperar el cuerpo significa sentir, pensar, decidir, actuar y
disfrutar de la sexualidad en libertad, el placer, el arte, la palabra, el ocio, el descanso, la sanación
interior, la rebeldía y la alegría, entre otros aspectos” (Martínez, 2019, p. 30).

Schwarz asevera que el autocuidado, en su versión actual, es parte de una estrategia política y
económica que traslada las cargas y costos de la salud desde los Estados y las empresas hacia los
individuos, especialmente las mujeres. Los autocuidados son todas aquellas prácticas cotidianas y
decisiones que realiza una persona, grupo o familia para cuidar su salud y tener una mejor calidad de
vida (Correa, 2016).

Schwarz también señala que las políticas estatales en el contexto de la pandemia han ignorado las
realidades de precariedad en las que vive gran parte de la población, asumiendo erróneamente que el
acceso a información sobre autocuidado es suficiente para implementar prácticas saludables, sin
considerar las condiciones materiales y culturales que dificultan esta implementación.

El cuidado de la vida es una forma de resistencia. Para que se lleve a cabo esto, es necesario el
autocuidado para preservar la propia vida. El sistema promueve y valora el cuidado de otras personas,
sin embargo, quienes cuidan dejan sus necesidades de lado. Ante el sistema, el autocuidado es una
forma de resistencia, pues se espera que las mujeres cuiden, acompañen, maternen y prioricen la vida
de otras personas por encima de la suya.

La resistencia se encuentra en una amplia gama de prácticas heterogéneas que residen en la
diversidad de respuestas o alteraciones construidas activamente que han sido continuadas para
confrontar modos de ordenación que actualmente dominan nuestras sociedades (van der Ploeg, 2007).
Dentro de los estudios de resistencias realizadas por mujeres, Aggarwal (2004) propone que la
resistencia son acciones que debilitan los procesos de victimización y genera el empoderamiento
personal y político, mediante la denuncia y la negación a colaborar con quienes ejercen la opresión, en


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las mujeres, la resistencia es vista como un importante método de oposición a la dominación
masculina y patriarcal.

La autora expresa que existe un grupo de resistencias sutiles por parte de las mujeres, que bajo la
condición de subordinación tienen la capacidad de ejercer poder y generar cambios en su condición
social o incidir en los planes o tendencias del poder hegemónico. La resistencia individual tiene que
ver con los secretos o silencios para ocultar conocimientos, rituales espirituales, expresiones artísticas,
actividades laborales informales, el sexo, fingir problemas de salud y el llanto.

METODOLOGÍA

El estudio se realizó de manera descriptiva con la finalidad de dar a conocer los impactos de la
pandemia respecto a los autocuidados de manera regional, donde se consideró como población
objetivo toda persona profesionista laborando entre 30 y 60 años de edad, en el municipio de Tepic,
Nayarit, México; este estudio es de tipo transversal, ya que se obtiene y analiza la información en los
meses de junio a diciembre de 2023, a partir de una encuesta semiestructurada contemplando a
hombres y mujeres por edad quinquenal de 30 a 64 años, lo cual dio como resultado una cantidad de
144 718 personas (Censo de Población y Vivienda, 2020). De acuerdo a la información anterior se
define una muestra adecuada de 453 individuos, con el 95% de confianza y 5.2% margen de error a
partir de la información obtenida.

Se desarrolló por medio de la técnica de muestreo probabilístico aleatorio simple que garantiza que
todas las personas que componen la población objetivo tienen la misma oportunidad de ser incluidas
en la muestra, es decir, la probabilidad de seleccionar una persona del estudio es independiente de la
probabilidad que tienen el resto de las personas que forman parte de la población objetivo (Otzen y
Manterola, 2017).

El enfoque que emplea esta investigación es mixto ya que analiza a la gran mayoría de los fenómenos
de investigación. Éstos representan o están constituidos por dos realidades, una subjetiva y otra
objetiva que integra ambos enfoques el cualitativo y cuantitativo, donde numerosas investigaciones
han apuntado a este enfoque “mixto” con el que pueden obtenerse resultados más confiables
(Hernández et al., 2014).

RESULTADOS

Los nuevos cultos laborales, productividad, hiperconectividad y dislocación espacio-temporal

Para explorar los nuevos cultos laborales se exploró cómo sobrellevaron las personas encuestadas
sus jornadas laborales; ante esto se realizó la siguiente pregunta: ¿sintió que trabajaba más del tiempo
que lo hacía antes de la pandemia? la Tabla 1 indica que un 54% de las mujeres respondieron que sí,
un 36% que no y un 10% no lo percibió. Mientras que el 38.3 % de los hombres respondió que sí, el
49.2% contestó que no y el 12.6% no lo percibió. En tanto la población LGTBIQ+ sólo el 20% respondió
que sí, el 60% dijo no y el 20% no lo percibió. Los nuevos cultos laborales dentro del marco temporal
pandémico “vinieron a intensificar horas de trabajo y a dislocar los tiempos y la espacialidad de los
lugares productivos como lo fue el trabajo desde casa que también operó como espacio de convivio y
descanso” (Pelayo, 2021 p. 16).

Mediante el cálculo del valor V de Cramer, los resultados en la Tabla 2 revelan un p valor menor a p
valor de 0.05, indica que existe evidencia estadística significativa para concluir que las variables bajo
estudio son dependientes. Este resultado sugiere que el género sí influyó significativamente en la
probabilidad de que los participantes de acuerdo al género sí hayan sentido que trabajaban más del
tiempo que lo hacía antes de la pandemia, especialmente las mujeres.


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Tabla 1

Percepción de trabajar más tiempo durante la pandemia

Sí No No lo percibía
Género Mujer Recuento 135 90 25 250

Hombre Recuento 70 90 23 183
LGTBIQ+ Recuento 4 12 4 20

Total Recuento 209 192 52 453

Fuente: Datos obtenidos a partir de la aplicación de la encuesta con el Paquete Estadístico para las
Ciencias Sociales (SPSS) V.26.

Tabla 2

Prueba de asociación de género y si trabajó o no más del tiempo que antes de la pandemia

Valor Significación aproximada
V de Cramer 0.135 0.002


Fuente: Datos obtenidos a partir de la aplicación de la encuesta con el SPSS V.26.

En los resultados, las mujeres expresaron que sí sintieron que trabajaban más que antes de la
pandemia debido a que realizaron de dos a tres jornadas entre trabajo doméstico, profesional, la
crianza y cuidados. Estas condiciones quedan respaldadas por los resultados en la Tabla 3 que
muestra si tenía hijos e hijas a su cargo durante la pandemia, donde contestaron que sí el 66.8% de las
mujeres, el 50.3% de los hombres y el 10%de la población LGTBIQ+. En el estadístico inferencial V de
Cramer, de la Tabla 4, indica que la variable género con la variable si tenían hijos o no a su cargo sí
tienen asociación.

Tabla 3

Hijos e hijas a cargo o se embarazó durante la pandemia

Sí No Nos embarazamos
durante

No contestó Total

Género Hombre Recuento 92 88 1 2 183
Mujer Recuento 167 75 6 2 250
LGTBIQ+ Recuento 2 18 0 0 20


Fuente: Datos obtenidos a partir de la aplicación de la encuesta con el SPSS V.26.

Tabla 4

Asociación entre género y si tenía hijos e hijas a su cargo o se embarazó durante la pandemia

Valor Significación aproximada
V de Cramer 0.205 0.000


Fuente: Datos obtenidos a partir de la aplicación de la encuesta con el SPSS V.26.


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Estos nuevos cultos laborales de hiperconectividad, productividad y la disponibilidad permanente que
implican el home office vinieron a intensificar las horas de trabajo y a dislocar los tiempos y la
espacialidad de los lugares productivos como lo fue el trabajo desde casa que también operó como
espacio de convivio y de descanso. En tal sentido, se les cuestionó si habían hecho homme office.
Respondieron que sí: el 31 % de mujeres, el 24% de los hombres y el 3% de la población LGTBIQ+. De
acuerdo al gráfico 1, más del 50% de la población encuestada contestó que sí había hecho trabajo en
casa, mayormente mujeres, quienes extendieron su jornada laboral al hogar, donde se observó que
realizaron trabajo de crianza y doméstico aunado al profesional.

Gráfico 1

Home office


Fuente: Datos obtenidos a partir de la aplicación de la encuesta con el SPSS V.26.

Para las mujeres, el home office significó una mayor carga de trabajo y precarización física de los
cuerpos por la productividad sin interrupciones. Tal fue el caso de las encuestadas de la presente
investigación donde se les consultó sobre si atendían correos por motivo de trabajo desde su celular a
cualquier hora. El gráfico 2 revela que las mujeres contestaron que sí en un 33.11%, seguido de un
20.53% que no; en el caso de los varones un 24.72% contestó que sí y un 15.01% que no; el 2.43% de
las personas LGTBIQ+ dijo que sí. Las mujeres estuvieron más dispuestas a continuar trabajando,
incluso en momentos en los que cuidaban su hogar, que cuidan de sí mismas o de otras personas y en
sus momentos de descanso o recreación.


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Gráfico 2

Atención al correo desde el celular por motivos de trabajo


Fuente: Datos obtenidos a partir de la aplicación de la encuesta con el SPSS V.26.

Habitar el encierro y evitar el espacio público

El espacio, aunque es un marcador abstracto desde diversas corrientes teóricas, es un repositorio de
la vida social. El espacio en el periodo de COVID-19 se volvió un marcador especial cuando tuvimos
que cohabitar el espacio de encierro. El encierro también fue un dispositivo de control del biopoder y la
administración de la vida, donde lo factible era aislar el cuerpo social del posible riesgo. Para Rose
(2006), el cuerpo está constituido por sistemas extracorporales desde el medio ambiente hasta la
cultura, además de flujos a gran escala como el aire, agua, cloacas, gérmenes, contagios, influencias
familiares, climas morales, etc. Evitar el espacio público disminuye la exposición a estos sistemas
extracorporales.

El 86.8 % de las personas encuestadas evitaron el espacio público. Esto significa que la mayoría de la
población encuestada estuvo habitando el encierro durante la mayor parte de su tiempo, lo cual devino
en otras secuelas y otras formas de modular nuestros cuerpos y estados de salud, tal y como se
abordará más adelante. Las personas encuestadas que evitaron el espacio público respondieron que
mantuvieron el encierro por distintos intervalos de tiempo. El 17.88% mantuvo el encierro por más de
un año; el 13.25% lo mantuvo hasta por 15 días; el 12.80% de 16 a 30 días. Destaca que el 9.71% fue el
menor porcentaje de personas que se mantuvieron aisladas de 36 a 45 días. Para explorar la
percepción del encierro se planteó la pregunta: “¿el encierro para usted fue?” y se proporcionaron
distintos adjetivos calificativos que se agruparon en dos dimensiones: positiva y negativa. De acuerdo
al gráfico 3, el 42% de las personas percibieron el encierro de forma positiva (se emplearon los
adjetivos: acogedor, resguardo, cómodo) y de forma negativa (se emplearon los adjetivos: asfixiante,
peligroso, ansioso, estresante y limitante) el 41 por ciento.



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Gráfico 3

Percepción del encierro


Fuente: Datos obtenidos a partir de la aplicación de la encuesta con el SPSS V.26.

Enseguida se exploró si las personas se habían sentido vulnerables. El 59% del total de las personas
respondió que sí se sintió vulnerable: el 35% de mujeres, el 21% de hombres y el 3% población LGTBIQ+.
El 38.18% de las personas encuestadas no se sintió vulnerable.

En cuanto a las violencias, se exploró si las personas que vivieron la pandemia en pareja sufrieron algún
tipo de violencia. Del total de las personas encuestadas que vivieron la pandemia en pareja no
respondió a esta pregunta: el 23.4% de las mujeres no respondió; el 14.38% de los hombres tampoco
lo hizo ni el 1.25% de la población LGTBIQ+. Es importante resaltar que la violencia suele tener matices
casi imperceptibles, en este caso los resultados anteriores que expresan una omisión de respuestas
suponen dos cosas; por un lado, mantener la información de manera privada y por otro, no detectar la
violencia.

Los resultados manifiestan que un 13% de la población de mujeres sí experimentó violencia, seguido
de un 11% de los hombres y 3% de la población LGTBIQ+. Dentro de los tipos de violencia, destacaron
la violencia verbal y emocional, la violencia física, la violencia económica y la violencia sexual. Las
mujeres experimentaron principalmente violencia verbal y emocional representado en un 3.48%;
violencia económica 1.3%; violencia física 0.65%; violencia sexual 0.43% y otros tipos de violencia 1.09
por ciento.

En el caso de los hombres, el 1.96% experimentó violencia verbal y emocional; el 0.43% experimentó
violencia física; el 0.87% experimentó violencia económica y el 0.22 % violencia sexual.

En el caso de la población LGTBIQ+, el 0.65% experimentó violencia verbal y emocional; el 0.22%
violencia física y el 0.22% violencia económica.


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ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2025, Volumen VI, Número 4 p 619.

Corporalidades pandémicas

El cuerpo ha librado una batalla histórica contra diversos dispositivos e instituciones que han
configurado nuestra relación con el espacio y la naturaleza. Ante esto, no podemos dejar de considerar
que la pandemia fue un operador estructural que también condiciona y transformó esta relación. A
partir de lo anterior, se exploran algunas prácticas vinculadas a la relación con nuestro cuerpo, una de
ellas fue saber si se tuvo cierto distanciamiento con él por ser un posible repositorio de virus. Esta
exploración se elaboró con la pregunta: ¿dejó de tocar sus ojos, nariz y boca por higiene? De acuerdo
al análisis inferencial de las respuestas, los resultados de la Tabla 6 revelaron mediante el cálculo de
V de Cramer que es menor a p- valor de 0.05, que existe evidencia estadística significativa para concluir
que la probabilidad de dejar de tocar sus ojos, nariz y boca por higiene depende del género. En tal
sentido, la Tabla 5 muestra que un 81.2% de las mujeres encuestadas expresó que sí dejó de tocarse
los ojos, nariz y boca, seguido de un 72.2% de los hombres encuestados y un 45% de la población
LGTBIQ+. La razón principal fue “por ser zonas de contagio”.

Tabla 5

Evitación del contacto con el propio cuerpo respecto al género

Sí No No contestó
Género Mujer Recuento 203 44 3 250

Hombre Recuento 133 50 0 183
LGTBIQ+ Recuento 9 11 0 20

Total Recuento 345 105 3 453

Fuente: Datos obtenidos a partir de la aplicación de la encuesta con el SPSS V.26.

Tabla 6

Prueba de asociación del género respecto a la evitación con el propio cuerpo

Valor Significación aproximada
V de Cramer 0.147 0.001


Fuente: Datos obtenidos a partir de la aplicación de la encuesta con el SPSS V.26.

Enseguida se exploró si las personas tuvieron cambios corporales como postura, peso corporal o
problemas visuales, del total de las 453 personas, 62.25% sí tuvieron cambios corporales. La prueba
de independencia nos reveló que existe asociación estadística (p valor menor a 0.05, Tabla 8) entre los
cambios corporales y el género, dando como resultado en la Tabla 7, que las mujeres fueron quienes
presentaron mayormente aumento de peso con un 48.4%; cansancio visual 48.4%; problemas de
circulación 21.6% y encorvamiento de la espalda 16.8 por ciento.

Tabla 7

Cambios corporales que se presentaron durante la pandemia

Mujer Hombre LGTBIQ+ Total
Aumentó de peso Recuento 121 73 6 200
Disminuyó de peso Recuento 49 46 4 99
Cansancio visual Recuento 121 81 5 207
Dolor de espalda, cuello y hombros Recuento 117 77 10 204
Problemas de circulación Recuento 54 18 2 74


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ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2025, Volumen VI, Número 4 p 620.

Mi expresión facial cambio Recuento 47 27 4 78
Mi espalda se encorvó Recuento 42 24 2 68


Nota: realizada en porcentajes por fila, se hizo un concentrado en excel para su análisis.

Fuente: Datos obtenidos a partir de la aplicación de la encuesta con el SPSS V.26.

Tabla 8

Prueba de asociación del género con respecto a cambios corporales

Aumentó de peso Cansancio visual
Valor Significación aproximada Valor Significación aproximada

V de Cramer 0.105 0.042 0.114 0.018
Problemas de circulación Mi espalda se encorvó

Valor Significación aproximada Valor Significación aproximada
V de Cramer 0.156 0.000 0.110 0.027


Nota: se hizo un concentrado en excel para su análisis.

Fuente: datos obtenidos a partir de la aplicación de la encuesta con el SPSS V.26.

Ante estos resultados es interesante cómo se expresan las afirmaciones de Gabrielson y Parady (2010)
sobre los sistemas corporales y su fisicalidad cuando exponen que el ambiente y el entorno tiene
agencia, por ello, es importante analizar el cuerpo desde los espacios que se habitan y su interrelación
con los mismos, sobre todo en ese momento global pandémico que tuvo grandes influencias e
incidencias en la constitución de los sistemas corporales a nivel físico y emocional.

No se puede hablar del cuerpo sin hablar de las emociones, por ello, se exploraron las emociones
experimentadas en la pandemia, preguntando si las personas padecieron ansiedad. La Tabla 10 indica
el análisis inferencial de V de Cramer el P valor manifestó 0.01, existe evidencia estadística significativa
de que la ansiedad está influida por el género, en este caso las mujeres. La Tabla 9 muestra las
respuestas afirmativas desagregadas por género registradas de la siguiente manera: 54.8% de
mujeres, 35.5% de hombres y 65% de la población LGTBIQ+. De las personas que manifestaron que
tuvieron ansiedad también externaron las razones por las cuales sufrieron este padecimiento
registrándose: por falta de contacto con otras personas 21%, el miedo a ser contagiadas 20% y el
exceso de trabajo 16 por ciento.

Tabla 9

Manifestación de ansiedad por género

Sí No No contestó
Género Mujer Recuento 137 109 4 250

Hombre Recuento 65 115 3 183
LGTBIQ+ Recuento 13 7 0 20

Total Recuento 215 231 7 453

Fuente: Datos obtenidos a partir de la aplicación de la encuesta con el SPSS V.26.


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ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2025, Volumen VI, Número 4 p 621.

Tabla 10

Prueba de asociación de la manifestación de ansiedad por género

Valor Significación aproximada
V de Cramer 0.144 0.001


Fuente: Datos obtenidos a partir de la aplicación de la encuesta con el SPSS V.26.

En la misma búsqueda sobre los estados de ánimo, se exploró qué otros estados emocionales
surgieron en pandemia. Los resultados destacan que uno de los estados emocionales más
experimentados en las mujeres fue el estrés con un 51.6%, seguido de aburrimiento 38%, cansancio
34.4%, tristeza 24.8%, frustración 22.4%, nostalgia 17.6% y depresión 14%. En el caso de los hombres,
su principal emoción fue aburrimiento 49.7%, cansancio 41.5%, estrés 39.3%, frustración 19.1%,
nostalgia 18%. Con relación a la población LGTBIQ+ los resultaron fueron: estrés 45%, aburrimiento
35%, cansancio 30% y nostalgia 20 por ciento.

Es importante mencionar que el estrés tiene una asociación con el género, de acuerdo al análisis
inferencial V de Cramer, la Tabla 11 muestra evidencia de que la probabilidad de que haya tenido estrés
fue influida por el género, ya que el mayor porcentaje de personas que experimentaron estrés fueron
las mujeres.

Tabla 11

Prueba de asociación del género con el estado emocional de estrés

Valor Significación aproximada
V de Cramer 0.152 0.022


Fuente: Datos obtenidos a partir de la aplicación de la encuesta con el SPSS V.26.

El estrés fue un indicador significativo para los tres grupos, especialmente para las mujeres, lo que
expresa la carga mental que implicó llevar a cabo de una a dos jornadas entre los cuidados y
actividades profesionales.

De igual forma se exploró de qué otra manera se vio afectada la salud de las personas encuestadas. El
gráfico 4 muestra que obtuvieron mayor porcentaje las respuestas: COVID-19 con un 41.09%, insomnio
18.32 % y problemas digestivos 8.83 por ciento.









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ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2025, Volumen VI, Número 4 p 622.

Gráfico 4

Otras formas en que se vio afectada la salud


Fuente: Datos obtenidos a partir de la aplicación de la encuesta con el SPSS V.26.

Del autocuidado al cuidado de otras personas

En este trabajo se exploró el autocuidado, el cual está vinculado con las actividades que hicieron las
personas encuestadas para mantenerse social, física y emocionalmente estables o en buen estado de
ánimo durante el marco temporal pandémico. El autocuidado también comprende la vinculación con
otros, reconociendo que los seres humanos son seres sociales que necesitan de otras personas para
sobrevivir y desarrollarse de manera óptima. Debido a las restricciones de los encuentros presenciales,
el aislamiento y la evitación de contacto físico, las redes sociales tomaron el papel primordial de ser el
espacio virtual para crear y mantener vínculos afectivos como una forma de autocuidado relacional. El
género tuvo una asociación con la conectividad a redes sociales. En la Tabla 13 el P-valor del
estadístico V de Cramer es de 0.023, por lo tanto, estas variables sí tienen asociación. En la Tabla 12
se evidencia que existe un porcentaje mayor en el género mujer 83.6%, que en el hombre 73.2% y que
en las personas de la comunidad LGTBIQ+ 60 por ciento.

Tabla 12

Uso de redes sociales como forma de autocuidado social

Sí No No lo percibía
Género Mujer Recuento 209 24 17 250

Hombre Recuento 134 29 20 183
LGTBIQ+ Recuento 12 4 4 20


Fuente: Datos obtenidos a partir de la aplicación de la encuesta con el SPSS V.26.



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ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2025, Volumen VI, Número 4 p 623.

Tabla 13

Prueba de asociación sobre género y redes sociales

Valor Significación aproximada
V de Cramer 0.112 0.023


Fuente: Datos obtenidos a partir de la aplicación de la encuesta con el SPSS V.26.

Por otro lado, el autocuidado también involucra acciones en beneficio de la dimensión biofísica de las
personas, en este sentido, habitar una pandemia orientó a las personas encuestadas a tener un registro
de sus signos vitales como mecanismo de prevención. Para ello se planteó una pregunta sobre el uso
del oxímetro y se encontró que el 68.4% no lo usaba con frecuencia y el 27.6% sí.

Continuando con autocuidados físicos, el 55.63% de las personas encuestadas no medía la
temperatura con frecuencia y el 41.9% sí lo hacía.

También se examinó si los hábitos higiénicos de las personas encuestadas se habían agudizado,
resultando en la Figura 5, que el 77.7% afirmó que sí y el 18.76% que no.

Gráfico 5

Agudización de hábitos higiénicos


Fuente: Datos obtenidos a partir de la aplicación de la encuesta con el SPSS V.26.

Se realizaron exploraciones en torno al ejercicio, dieta, ingesta de vitaminas y suplementos como
acciones de autocuidado. La tabla 14 muestra las respuestas situadas en lo siguiente: en cuanto a la
dieta, respondieron que sí habían hecho dieta un 27.6 % de las mujeres, un 21.3% de los hombres y un
40% de la población LGBTIQ+. En cuanto a la medicalización o ingesta de vitaminas, la Tabla 15 indica
que sí las tomaron un 64.8% de las mujeres, un 54.6% de los hombres y un 65% de las personas
LGTBIQ+.

Dentro de estos autocuidados, existe una asociación entre el género, si realizó dieta y tomó vitaminas
de acuerdo al estadístico inferencial V de Cramer en la Tabla 15, donde se encontró que tanto el p valor
que realizó dieta es de 0.03 y el p valor que tomó vitaminas 0.04 son menores al p valor de 0.05, por lo


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ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2025, Volumen VI, Número 4 p 624.

que el género influye en la probabilidad de si realizó dieta y tomó vitaminas. Se puede observar que las
personas de la comunidad LGBTIQ+ en su mayoría practicaron el autocuidado físico y emocional.

Tabla 14

Autocuidados del cuerpo

Mujer Hombre LGTBIQ+
Realizó dieta Sí Recuento 69 39 8 116

No Recuento 136 124 9 269
Realizó ejercicio Sí Recuento 134 113 12 259

No Recuento 90 60 6 156
Tomó vitaminas Sí Recuento 162 100 13 275

No Recuento 62 70 6 138
Tomó suplementos Sí Recuento 92 63 8 163

No Recuento 111 100 10 221

Nota: Se hizo un concentrado en excel para su análisis.

Fuente: Datos obtenidos a partir de la aplicación de la encuesta con el SPSS V.26.

Tabla 15

Asociación entre género y autocuidado: dieta y vitaminas

Realizó dieta Tomó vitaminas
Valor Significación aproximada Valor Significación aproximada

V de Cramer 0.109 0.030 0.104 0.044

Nota: Se realizó un concentrado en excel para su análisis.

Fuente: Datos obtenidos a partir de la aplicación de la encuesta con el SPSS V.26.

Se indagó acerca de la concepción del cuerpo y la salud de las personas: la tabla 16 resaltó, en el
ámbito del ejercicio, que el porcentaje de hombres que se ejercitaron fue mayor que el de las mujeres;
en cuanto a la alimentación, todas las personas independientemente de su género, cuidaron de su
alimentación. Este aspecto nos da a entender que siendo las mujeres las cuidadoras, apoyaban a que
la alimentación familiar fuera más saludable. Sobre la terapia, destaca que fueron las mujeres quienes
se apoyaron en este recurso psicológico en un mayor porcentaje con un 9.2%, y solo el 2.7% de los
hombres lo hizo. Las mujeres optaron por aislarse socialmente respecto a los hombres, ya que el 48.4%
de ellas optó por esta opción como forma de autocuidado, un 11.2% más que el de los hombres,
quienes se aislaron en un 37.2%. Por otro lado, la diferencia entre las mujeres y los hombres que
tomaron suplementos fue del 9.7 por ciento.

Tabla 16

Formas de autocuidado de la salud y el cuerpo

Mujer Hombre LGTBIQ+
Ejercitándome en casa Recuento 99 94 10 203
Comiendo más saludable Recuento 119 87 10 216
Tomé suplementos, tés, vitaminas y
remedios naturales

Recuento 99 55 7 161

Tomé terapia psicológica Recuento 23 5 1 29


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ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2025, Volumen VI, Número 4 p 625.

Aislamiento social Recuento 121 68 7 196

Nota: Tabla realizada en porcentajes por fila y total, se hizo un concentrado en excel para su análisis,
los encuestados podían elegir varias opciones.

Fuente: Datos obtenidos a partir de la aplicación de la encuesta con el SPSS V.26.

Estos resultados dejan por sentado que el autocuidado llevado a cabo por parte de las mujeres es una
cotidianidad. Como ha destacado en esta encuesta, las mujeres han tenido ciertos marcadores que
pueden condicionar este resultado: fueron quienes mayormente hicieron home office, además cerca
de la mitad tuvo hijos e hijas bajo su cuidado. Estos motivos condicionan los resultados del
aislamiento social como una forma de cuidarse y cuidar de otras personas.

El género influye en la probabilidad de si se dejó de tener contacto físico con otras personas o no: en
la Tabla 18 el estadístico inferencial V de Cramer, muestra que sí hay dependencia. En este estudio, la
Tabla 17 muestra que existe un mayor porcentaje en el género mujer que en el hombre y que en las
personas LGTBIQ+.

Tabla 17

Contacto físico con otras personas

Sí No No contestó
Género Mujer

Hombre
% dentro de Género 82.4% 16.0% 1.6% 100.0%
% dentro de Género 74.3% 25.7% 0.0% 100.0%

LGTBIQ+ % dentro de Género 70.0% 30.0% 0.0% 100.0%

Fuente: Datos obtenidos a partir de la aplicación de la encuesta con el SPSS V.26.

Tabla 18

Asociación entre género y contacto físico con otras personas.

Valor Significación aproximada
V de Cramer 0.105 0.039


Fuente: Datos obtenidos a partir de la aplicación de la encuesta con el SPSS V.26.

DISCUSIÓN

El objetivo del presente trabajo fue identificar los nuevos condicionamientos determinados por la
pandemia a partir de habitar el encierro, así como la performatividad corporal y el despliegue de los
cuidados y autocuidados y los mecanismos de resistencia llevados a cabo por la población
profesionista de la ciudad de Tepic, Nayarit, México a la luz de la pandemia por la COVID-19 desde una
perspectiva de género.

Los resultados advierten cómo las personas encuestadas incorporaron la política de salud, el miedo y
las normativas a sus modos de vida. Esto implicó la configuración de diversas esferas que posibilitan
la subsistencia y reproducción social de las personas. Inicialmente hubo cambios en la dimensión del
trabajo con el surgimiento de nuevos cultos laborales. Esta dimensión tuvo modificaciones
importantes como el incremento del trabajo y la productividad, bajo un contexto de hiperconectividad
que imposibilitó el abandono de las actividades laborales y terminó dislocando los espacios de trabajo


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ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2025, Volumen VI, Número 4 p 626.

y descanso; el home office custodió los tiempos de las personas y generó una sobrecarga de estrés,
principalmente a las mujeres que ejercieron sus trabajos en casa, cuidaron de su familia y de sí mismas.
El autocuidado también comprende la vinculación con otras personas, reconociendo que los seres
humanos son seres sociales que necesitan de otras personas para sobrevivir y desarrollarse de manera
óptima.

La percepción de trabajar más es un dato relevante para las personas encuestadas. Los dispositivos
electrónicos se convirtieron en una extensión y dislocación de la jornada laboral, maximizando el
trabajo. Estos resultados dan cuenta de que estos dispositivos lograron el cometido de mantener el
cuerpo y la mente en producción como resultado la hiperconectividad, dislocación de los espacios y
tiempos productivos o de trabajo lo cual fue una constante que operó discursivamente para convertir
los cuerpos productivos (Foucault, 1997; Filosofía del pórtico, 2020).

Estos marcos temporales de encierro orientan a pensar que en determinado periodo se modificaron
las formas de vivir, en el sentido de la relacionalidad y fisicalidad del cuerpo con espacios cerrados y
aislados que nos estructuran y acuerpan material y subjetivamente (Pelayo, 2021).

Desde el género mujer, se observa una serie de procesos precarizantes del cuerpo y de la mente como
consecuencia del desarrollo de dobles o triples jornadas que implicó cuidar de los hijos e hijas, hacer
actividades domésticas y operar mediante el home office, lo cual desoculta la desigual carga de
cuidados. A diferencia de los hombres y de la población LGTBIQ+ que no manifestaron este sentir y
condición de desgaste.

También se revelaron experiencias de habitar el encierro. Para este trabajo, el hábitat resultó ser un
espacio regulado y marcado desde criterios biopolíticos; el espacio habitado se estructura a partir de
una serie de reglamentaciones y administraciones para dar forma y monitorear las vidas que lo
contienen. En este sentido, habitar el encierro coloca otra condicionante normativa y privativa que dejó
diversas experiencias para las personas, una de ellas fue la percepción de ser un lugar cómodo para
algunas personas y estresante para otras. Pese a ser un lugar cómodo para algunas personas, el
encierro generó secuelas importantes a nivel físico y emocional en todas las personas encuestadas,
donde el cuerpo fue la principal entidad a monitorear como posible portador del virus de la COVID-19.

El cuerpo fue el primer lugar que sufrió material y simbólicamente los impactos pandémicos,
principalmente porque figuró como un medio de contagio, pero también el territorio susceptible al
contagio. Incorporamos los hábitos productivos, sanitarios y lo político por medio del cuerpo (Federici,
2021). El cuerpo fue el lugar en donde las políticas sanitarias, el temor y el confinamiento se encarnaron
y dejó su rastro mediante diversas patologías, desde la disminución o aumento de peso, cansancio
visual, dolores de espalda, cuello y hombros, problemas de circulación, estrés y ansiedad entre otros.

Así mismo, surgieron estados emocionales asociados al encierro, tales como el miedo al contagio,
temor a la propia muerte y a la de personas queridas, la ansiedad de no saber qué va a pasar,
destacándose las mujeres como principales testimonios de estos estados. Otras emociones que se
vivieron en la pandemia fueron el estrés, aburrimiento, cansancio y tristeza debido al aislamiento social
y al exceso de trabajo.

La pandemia afectó en diversas formas a la población, estableció hábitos, miedos y formas de vivir
muy arraigadas, sin embargo, como emergencia sanitaria global, no deja de tener un vínculo con las
agendas globales de salud lo cual la convierte en un fenómeno estructural que desoculta procesos
sistemáticos de desigualdad de género tanto en el plano material y subjetivo, entre ellos los cuidados,
que recayeron en las mujeres y terminan perpetuando las desigualdades, la explotación y la carga hacia
las mujeres en el resguardo de la integridad física. La pandemia tuvo un género que sostuvo la salud
y la vida: el género mujer.


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ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2025, Volumen VI, Número 4 p 627.

Dentro de los autocuidados corporales que fueron practicados en el periodo pandémico, destacan el
ejercicio, la dieta, la ingesta de vitaminas y suplementos, en estas dinámicas sobresalen las mujeres.
Otra forma de autocuidado y cuidado de otras personas fue el aislamiento total, siendo las mujeres
quienes llevaron a cabo esta acción con mayor frecuencia.

Las implicaciones teóricas y prácticas de los hallazgos se vincularon con la perspectiva de género,
dado que la bibliografía existente sobre la pandemia resulta aún limitada desde este enfoque. En el
plano práctico, aunque se utilizó tecnología para la aplicación de la encuesta, su formato cerrado
restringió tanto los resultados como la posibilidad de realizar análisis más profundos.

En cuanto a las recomendaciones para futuras líneas de investigación, se sugiere profundizar en los
aspectos emocionales y ampliar el estudio hacia la población LGTBIQ+. Asimismo, se propone realizar
un abordaje más cualitativo que permita rastrear el sentir psicosocial de la pandemia con mayor
profundidad.

CONCLUSIÓN

Es importante resaltar cómo las formas de afrontar la pandemia también fueron formas de resistencia
que estuvieron mayormente implementadas por el género mujer, desde la apropiación del home office,
el ejercicio de hasta tres jornadas de trabajo en el interior del hogar, la habitabilidad del encierro en
diversas formas, las formas de autocuidados y cuidados de otras personas así como las formas de
contención emocional, exponen mecanismos de resistencia ante las afecciones por la condición de
pandemia y ante la posibilidad de contagio con la finalidad de preservar la propia vida y la vida de los
otros.

Es necesario valorar y reivindicar la importancia que tuvieron los cuidados en el marco temporal
pandémico que fue de vital importancia para la salvaguarda de las familias de cada uno de los hogares
y la sostenibilidad de la vida. La pandemia, como un actante político-cultural, reconfiguró los ritmos
psicosociales y corporales de las personas, presentó diversos contextos, instauró nuevos
reordenamientos materiales y subjetivos en la vida productiva, social y existencial, estimuló la
emergencia de nuevas formas de significar la vida y la muerte. Fue una oportunidad para crear nuevas
dinámicas de cuidados y distribuirlos desde la equidad de género. Sin embargo, se continuó
perpetuando el mismo sistema de opresión como el rol de los cuidados que ha estado a cargo de las
mujeres.


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ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2025, Volumen VI, Número 4 p 628.

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ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2025, Volumen VI, Número 4 p 630.

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