• Función orientadora: actividades encaminadas a la ayuda para el auto conocimiento y el
crecimiento personal mediante el diagnóstico y la intervención psicopedagógica en interés de
la formación integral del individuo. Por su contenido, esta función incide directamente en el
cumplimiento de la tarea educativa, aunque también se manifiesta durante el ejercicio de la
instrucción. (Espinoza, 2017)
De la cita antes aludida, se observa como el docente debe tener funciones orientadoras, que le permitan
al educando tener auto conocimiento y lograr un crecimiento personal, en tal sentido, es dentro de esta
función que el docente puede desarrollar las habilidades blandas, tales como; la conciencia emocional
del alumno, su valoración y confianza en sí mismo; así como, el autocontrol, confiabilidad, integridad,
adaptabilidad, innovación y la motivación.
El docente no solo debe limitarse al desarrollar esas cualidades en el estudiante, sino también,
fomentar aquellas que le permitan relacionarse con los demás, como son: la empática y habilidades
sociales, entre las que destacan: influencia, comunicación, liderazgo, canalización del cambio,
resolución de conflictos, colaboración y cooperación.
Los autores Zepeda. M, Cardozo. E y Cortes. J (2020), señalan que los estudiantes consolidan sus
competencias en cuatro categorías, interpersonales, toma de decisiones, pensamiento crítico y de
autocontrol; y habilidades comunicativas; concluyendo que la experiencia de aprendizaje centrada en
la investigación, el trabajo colaborativo y el desarrollo de competencias preparan al estudiante para
enfrentarse al mundo. (Zepeda, 2020)
En consecuencia, son esas capacidades que, al ser desarrolladas por el estudiante desde su educación
superior, le van permitir un crecimiento profesional de calidad y por ende la integración optima a la
masa laboral de un país, lo que se traduce a la formación de un ser útil a la sociedad.
No obstante, en la actualidad el docente debe adaptarse a su vez a los cambios que está sufriendo el
sistema educativo, producto de la pandemia y las mismas exigencias del mundo globalizado, por
cuanto debe apoyarse en todas aquellas herramientas tecnológicas que le permitan impartir los
conocimientos y a su vez motivar a los estudiantes a incorporarse a los cambios, donde sea un
estudiante proactivo en el proceso de enseñanza-aprendizaje.
Así las cosas, el sistema educativo a nivel superior ha sufrido cambios y ha obligado a las
universidades no solo a nivel local, sino también a nivel internacional, implementar procesos de
enseñanza-aprendizaje que le permitan al educando generar competencias personales y profesionales
útiles para la vida, siendo necesario la adopción de nuevos métodos de pedagogía, como los son las
herramientas tecnológicas, que hoy por hoy son de gran utilidad para el docente universitario al
momento de impartir sus conocimientos y a su vez útil para los estudiantes.
En ese sentido, es necesario que las universidades se encuentren alineadas con las exigencias de la
sociedad, es decir, que sus programas de formación estén sujetos a todas aquellas situaciones o
eventos que la sociedad experimenta y que requieren ser solucionadas por profesionales con
competencia y capacidades integrales.
En relación al aspecto ante mencionado, el autor Espinoza. J (2016), precisa lo siguiente
Es preciso reforzar áreas que no están relacionadas directamente con la parte dura de la ciencia
Química, sino con las denominadas habilidades blandas. No se discute que en una ciencia básica se
brinde prioridad a los conocimientos, pero hay que dejar espacios para la creatividad, innovación y el
trabajo interdisciplinario. (Espinoza j. , 2016)