LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2025, Volumen VI, Número 4 p 778.

DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v6i4.4328

Voces homosexuales… descubrirse en colectivo: desafío a la
familia y la sociedad cisheteropatriarcal

Homosexual voices... discovering oneself collectively: a challenge to the
family and cisheteropatriarchal society


Soledad Hernández Solís

soledad.hernandez@unicach.mx
https://orcid.org/0000-0001-5621-986

Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, México
Chiapas – México


Germán Alejandro García Lara

german.garcia@unicach.mx
https://orcid.org/0000-0002-4075-4988

Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, México
Chiapas – México


Irma Hernández Solís

irma.hernandez@unicach.mx
https://orcid.org/0000-0001-7335-7519

Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, México
Chiapas – México


Jesús Ocaña Zúñiga

jesus.ocana@unicach.mx
https://orcid.org/0000-0003-0300-0797

Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, México
Chiapas – México


Mauricio Albores Arguello

malbores16@hotmail.com
https://orcid.org/0000-0003-0279-744X

Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, México
Chiapas – México


Artículo recibido: 17 de junio de 2025. Aceptado para publicación: 14 de agosto de 2025.

Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.

Resumen
El trabajo tiene como propósito compartir las historias y experiencias de hombres homosexuales, que
participan en el colectivo de sexualidades disidentes1 de diálogo y escucha en Tuxtla Gutiérrez
Chiapas, México, cuando se descubren y revelan su orientación sexual a su familia. Ello se efectúa a
través de la metodología horizontal, desde una psicología crítica, con cinco integrantes de la
disidencia sexogenérica. En el encuentro, comparten narrativas sobre la actuación de sus familias y
de una sociedad que perpetúa el patrón colonizador patriarcal heteronormativo sobre los cuerpos y
las identidades sexogenéricas disidentes. El análisis integró tres bloques: Orientación sexual al
descubierto, ¿es pecado ser homosexual?; Del miedo a la esperanza. Verse homosexual ante la
familia; y, Lógica del ocultamiento: lo que no se nombra no existe. Las historias narran complejidades


1 Son aquellas manifestaciones de la sexualidad que cuestionan el régimen heteronormativo y la matriz heterosexual
(Rubino, 2018). Recientemente, se ha establecido el término disidencias sexuales o disidencias sexo-genéricas, también
aparece como sexualidades disidentes.



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ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2025, Volumen VI, Número 4 p 779.

de creencias asociadas al género binario, imaginarios sobre la masculinidad tradicional, angustia y
malestar, respuesta parental punitiva, que silencia la interacción e intenta curar identidades o las
rechaza; en otros tal develamiento no ocurre, ocultamiento y doble vida es la constante. Finalmente,
atestigua luchas y conflictos ante el reconocimiento de su orientación sexual y disentimiento al
binarismo e imposición de una heterosexualidad obligatoria.

Palabras clave: heterosexualidad, homosexualidad, familia heteronormada, colectivo y
metodología horizontal


Abstract
The purpose of the work is to share the stories and experiences of homosexual men, who participate
in the collective of dissident sexualities of dialogue and listening in Tuxtla Gutiérrez Chiapas, Mexico,
when their sexual orientation is discovered and revealed (they discover and reveal their sexual
orientation) to their family. This is done through the horizontal methodology, from a critical psychology,
with five members of the sex-gender (generic) dissidence. In the meeting, they share narratives about
the actions of their families and of a society that perpetuates the heteronormative patriarchal
colonizing pattern on dissident sex-gender bodies and identities (the colonizing patriarcal
heteronormative pattern on the bodies and sex-generic dissident). The analysis integrated three
blocks: Sexual orientation exposed (¿uncovered, is it a sin to be homosexual?; From fear to hope. To
look (seeing oneself as homosexual before the family) homosexual in the eyes of the family; and, Logic
of concealment: what is not named does not exist. The stories narrate complexities of beliefs
associated with the gender binary (binary gender), imaginaries about traditional masculinity, anguish
and discomfort, punitive parental response, which silences (the) interaction and tries to heal (cure)
identities or rejects them; in others such disclosure (unveiling) does not occur, concealment and
double life is the constant. Finally, he witnesses (it attests to) struggles and conflicts in the face of the
recognition of his (their) sexual orientation and dissent to binarism and the imposition of a compulsory
heterosexuality.

Keywords: heterosexuality, homosexuality, heteronormative family, collective and horizontal
methodology









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Cómo citar: Hernández Solís, S., García Lara, G. A., Hernández Solís, I., Ocaña Zúñiga, J., & Albores
Arguello, M. (2025). Voces homosexuales… descubrirse en colectivo: desafío a la familia y la
sociedad cisheteropatriarcal. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 6
(4), 778 – 793. https://doi.org/10.56712/latam.v6i4.4328



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ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2025, Volumen VI, Número 4 p 780.

INTRODUCCIÓN

Caracterizar el sistema de género en trazos generales permite apreciar la imposición colonial y su
alcance destructivo en las víctimas de la dominación y explotación. En la colonialidad del género,
Lugones (2008) señala lo que Quijano reconoce como una comprensión patriarcal y heterosexual de
las disputas por el control del sexo y sus recursos.

En ese sentido Saxe (2025, p. 81) refiere que las disidencias sexogenéricas es un sistema de disturbios
que altera el orden cisheteronormado del binarismo sexogenérico obligatorio, en el que evidencia lo
que ha ocurrido con los movimientos sexo-políticos, en situaciones que desestabilizan, molestan,
trastornan y perturban al cisheteropatriarcado.

Es así que la sexualidad se inserta en ese mismo contexto, en particular aquellas expresiones no
heterosexuales que cuestionan el régimen heteronormativo. La imbricación socialmente construida
que se establece entre sexo y su estereotipación por características fenotípicas y morfológicas, es el
marco en que se inscribe la colonialidad de los cuerpos, de poder-opresión, en que se tejen relaciones
de dominio y discriminación. En este contexto, el mundo colonial instauró lo heterosexual como lo
hegemónico y legítimo (Coronado, 2014).

Desde el contexto social, político y cultural se entrevé a la familia como una institución biparental
heterosexual que regula los cuerpos y las relaciones sexoafectivas de quienes la integran, replicadas
por el sistema patriarcal de forma asimétrica y opresión disciplinar. En este sentido, se impone una
sexualidad heterosexual con el propósito de reproducción, situación que, ante la develación de la
identidad disidente, tal desacato sexual acaece en tensiones sobre dicha población.

La existencia de modelos culturales heteronormativos confina a hombres y mujeres a establecer
relaciones socialmente permitidas. Por ello, cuando se descubren con una orientación sexual distinta
a la impuesta por la familia y las instituciones, se convierten en fugitivos disidentes al no cumplir con
la heterosexualidad obligatoria, el binarismo sexual y la reproducción de los estereotipos de género en
el proceso de socialización, siendo este uno de los modos en que se relacionan patriarcado y vida
familiar.

Según Flores (2017, como se cita en Prieto, 2020):

Desde una política liberal, los conceptos como disidencia sexual o minorías sexuales ocultan que las
identidades sexuales y de género son los efectos de una norma que establece los modos adecuados
y legítimos de vivir los cuerpos, los placeres y afectos.

En esta ruptura, la homosexualidad, se entiende como la orientación sexual en la que una persona
siente deseo sexual o amor hacia personas de su mismo sexo; en la disidencia sexo-genérica, la
homosexualidad conforma una de las minorías más grandes de esta sociedad binaria, quienes en los
últimos años reivindicaron su identidad para hacer frente a una serie de opresiones y violencias que
sufren como sujetos no heterosexuales (Diez, 2011). Hay quienes les señalan como sujetos abusivos,
perversos, extraños o raros, como si se tratara de seres enfermos, que amenazan el status quo.

Estas formas de señalamiento opresivo y violento tienen lugar en el sistema familiar que continúa
enmarcado en lo heteronormativo, una heterosexualidad obligatoria, universal y natural. La familia
burguesa es una de las instituciones hegemónicas universales que opera como un sistema a través
del cual se extiende el patrón de poder colonizador de los sexos (Quijano, 2014), los cuerpos y las
alteridades, privatiza las relaciones sociales y las subsume al arbitrio de los padres (Gargallo, 2014),
garantes del régimen de heterosexualidad obligatoria. En la sociedad contemporánea, se le ha
despolitizado, segregándola a un espacio privado, ajena a las decisiones sobre el orden de lo público,
pero responsable de la vigilancia de sus miembros; de ahí que, mujeres e identidades sexogenéricas



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no heteronormativas, son sujetos de censura, prohibición y violencia (Segato, 2014), por lo que se
clausuran toda suerte de expresiones que transgredan la heteronormatividad y mandatos sobre el sexo
y los cuerpos.

El rechazo o aceptación de la orientación sexual inicia y se enseña desde el núcleo familiar, la identidad
de género se desarrolla desde que se es niño/a y esto tiene efectos. Así, la familia es fundamental
durante la infancia y es en este espacio donde se entreteje lo afectivo, se aprenden reglas, asignan
roles y trasmiten valores, ella es clave durante el proceso de desarrollo de la legitimación de la identidad
del homosexual y, aún más, cuando se identifican con una orientación sexual distinta a la binaria, lo
que consecuentemente lleva al rechazo. Dicha orientación, en algunos casos no resulta aceptada por
las familias de origen y “aún hoy, existen madres y padres que tienen dificultades para decir: —mi hijo
es homosexual—, debido a la presunción de la heterosexualidad de sus hijos y a la real homofobia
social que aún persiste” (Luján, 2012, p. 302). Conforme a lo anterior la familia se instituye en una
institución nodal del sistema capitalista y patriarcal.

En este sentido hay que considerar los cambios económicos y políticos que se viven en estos tiempos,
el impacto que los mismos tienen en la conformación de las familias, en qué medida, la familia continúa
siendo o no reproductora del orden heteronormativo.

Es así que el colonialismo y patriarcado departe en una dominación que entreteje prácticas de
imposición a la familia dividiendo realidades en visibles y no visibles, donde las primeras aluden a lo
legitimado por el imaginario colonial dominante y las no visibilizadas implican la resistencia a darle
continuidad a ese imaginario. Así, los sujetos se colocan en el lado dominante y no dominante de estas
realidades que durante sus interacciones excluyen sus voces y sentires, pero intentando siempre
romper el orden vigente; sin embargo, podemos confrontar y/o adaptarnos al imaginario colonial
dominante.

El imperativo de revelar lo oculto, obedece a la vorágine de sentimientos y malestar presentes, al deseo
de protección, apoyo y afecto que solo la familia puede otorgar. Es decir, pone sobre la mesa aquello
silenciado. Es imprescindible visibilizar estas ausencias para así, ir abriendo los “armarios” que
conforman la institución familiar.

Para autoafirmar su orientación homosexual, es necesario que aquello oculto sea dicho ante su medio
más inmediato: la familia. Independientemente de la forma que sea revelada la homosexualidad, esta
provoca cambios en la dinámica familiar y en diversas ocasiones se espera desaprobación, censura y
rechazo, lo que puede internalizarse con culpa, angustia, fracaso, ira, vergüenza, frustración, duelo o
rebeldía.

La familia como espacio socializador de las infancias, es la encargada de reproducir el orden
cisheterosexual y patriarcal, de jerarquías y desigualdades de género; de esta manera se impone la
heterosexualidad y excluye otras identidades. Al descubrirse a la familia, lo oculto aparece, con ello se
esperan distintas reacciones como respuesta a esta verdad, que en ocasiones acaba convirtiéndose
en secreto familiar y en otras los puede llevar a tomar acciones que agreden su integridad, ante el
deseo de la familia por querer cambiarlos, lo cual se vivencia por ellos con angustia, temor, vergüenza,
pero, sobre todo: culpa.

Es así, que este documento integra historias derivados de la población con hombres homosexuales y
que, a través del acompañamiento, el diálogo y la escucha, no solo visibilizar las experiencias que
vivencian, sino que también establecen relaciones de pertenencia, apoyo y solidaridad.

La población disidente realiza juntanzas semanales en un espacio educativo que incluye el colectivo
estudiantil y trabajador, quienes se reúnen a dialogar, conversar, escuchar y reflexionar las experiencias



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de cada uno de ellos sobre el desacato cometido al patriarcado, cuando no cumplen con la imposición
familiar y lo que se espera de ellos como hijos. Finalmente, este colectivo convoca a entretejer a través
del diálogo y la escucha una red de apoyo que permite alianzas, narrar realidades de experiencias al
develar su orientación homosexual a la familia. Este espacio de acompañamiento se considera como
referente para la realización de este trabajo cuyo objetivo es compartir historias y experiencias cuando
se descubren y revelan su orientación sexual a su familia, hombres homosexuales que participan en el
colectivo de disidentes sexuales en Tuxtla Gutiérrez Chiapas, México.

METODOLOGÍA

Proceso metodológico

Desde la descolonización del saber se propone que cada persona forma parte de una constelación
relacional de diversos actores caracterizados por múltiples lógicas, prácticas y discursos, debido a su
posicionamiento en diferentes campos sociales, instituciones y contextos postcoloniales (Corona y
Kaltmeier, 2012).

El estudio se lleva a cabo desde una aproximación a la metodología horizontal, que Corona (2017),
menciona es “una práctica investigativa para construir nuevo conocimiento a partir de la equidad
discursiva, que en el proceso construye la autonomía de las voces que requiere la convivencia social."
(p. 93).

Esta metodología realiza la tarea de ver, describir y explicar el orden en el mundo en que viven los
sujetos; cómo se hacen un lugar a favor de la propia voz, cómo exploran el deseo de saber y cómo se
navega en los propios entornos culturales. Permite además entender cómo hablamos, cómo miramos,
cómo somos mirados, cómo escuchamos a la gente. La horizontalidad parte del compromiso reflexivo
del hacer de la investigación un ejercicio vívido y corporal de igualar los términos del diálogo con
silencio, escucha atenta como acto afectivo y social.

Corona y Kaltmeier (2012) refieren que, para producir conocimiento con voces científicas y no
académicas, nos suscribimos entonces en la metodología de la horizontalidad que implica conocer al
otro a partir de sus características conceptuales y su ser particular. Se intenta sortear el sistema de
lugares y la manera de conceptualizar al investigador, al investigador y al proceso de conocimiento.

El habla, la escucha y diálogo

El trabajo se orienta hacia la producción de conocimiento a través del diálogo, el cual por las
características que posee permite construir puentes con el otro para su entendimiento.
Metodológicamente se retoma a la escucha como un registro de la diferencia (Corona, 2012). El diálogo
es la posibilidad de entablar comunicación entre distintos; construir entre voces y no solo entre voces
de iguales sino de la alteridad de la disidencia sexual.

Durante los encuentros con la población disidente, al aproximarnos al mundo de los otros, se construye
la comunicación entre ambos. Es a partir del diálogo y la escucha que se construyen las historias a
varias voces que entrelaza el colectivo, donde las rupturas en los discursos conllevan a la
de(construcción) y desacato a la sociedad hegemónica patriarcal y de la propia institución de la familia
al no asumir la heterosexualidad impuesta.

Participantes

A través de casi un año de juntanzas con la comunidad LGBTQ+ se han integrado 12 personas
disidentes sexuales, los cuales no todos han asistido regularmente, por razones de trabajo o escolares.
Conforman el colectivo disidente Ara, Pandora, Selene y Ana con orientación lésbica, Isabel pansexual,



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Andrea hombre trans e Isa bisexual, Camilo, Aarón, Ciro, Eduardo y Andrés de orientación homosexual.
Para el trabajo se consideran únicamente las narrativas de hombres homosexuales, con edades entre
26 y 30 años, solteros, profesionistas, de familias nucleares, quienes han mantenido una asistencia
regular en las juntanzas realizadas durante el 2024. Las historias del colectivo lo conforman Camilo,
de 28 años, Aarón, de 27 años, Ciro, de 26 años, Eduardo, de 27 años y Andrés, de 30 años.

Procedimiento

Se convoca a conformar un grupo de acompañamiento, escucha y diálogo a la población disidente
sexual con el propósito de escucharnos y dialogar a través de juntanzas, en la que los temas de interés
emergen en charlas de experiencias diarias: nuestras historias, dificultades por su orientación sexual,
relaciones con la familia, escuela, trabajo, parejas y violencias que nos atraviesan, entre otros que les
resultan de interés.

Desde la creación del colectivo se han realizado una serie de juntanzas con la población de disidentes
sexuales en el que ellos son los actores principales de las reuniones y quienes a través de las narrativas
que entretejen se convierten en red de apoyo, acompañamiento y solidaridad entre sí. Para la selección
se tuvieron en cuenta dos aspectos: ser mayor de edad y reconocerse como homosexual. Se solicitó
su permiso y consentimiento informado para realizar el estudio, generar redes de apoyo y la divulgación
de los resultados de esta investigación. Las sesiones se realizaron una vez a la semana con la
participación del colectivo disidente.

Análisis de la información

La investigación horizontal es una práctica de investigación e incidencia con la cual se reconoce la
diferencia y desde ahí se dialoga con todos los participantes, en donde se comprende como
complicidad, escucha en voz alta, movimiento pendular entre autor y preguntas que van más allá de
respuestas obvias o inmediatas y palabras que deben ser escritas, leídas, escuchadas en diversos
dialógicos.

Finalmente, los resultados se reflexionan en el colectivo yen la comunidad en general.

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

Las narrativas disidentes alzan sus voces, se reproducen en sentipensares, donde los relatos entretejen
redes de escucha, así resuena la voz con fuerza sobre una sociedad cisheterosexuada que les ha
negado el derecho a elegir su sexualidad y por ello surge la resistencia y oposición a un patriarcado
arraigado que ha erigido estructuras violentas hacia las disidencias. Estas juntanzas identificaron tres
bloques: Orientación sexual al descubierto, ¿es pecado ser homosexual?; Del miedo a la esperanza.
Verse homosexual ante la familia; y, Lógica del ocultamiento: lo que no se nombra no existe.

Orientación sexual al descubierto, ¿es pecado ser homosexual?

A través de los relatos se escuchan las experiencias de los hombres disidentes entorno a
comportamientos distintos al de su sexo de pertenencia, la respuesta parental, y la doble vida que
mantienen en su niñez o adolescencia con el ocultamiento ante su familia, enmascaramiento que
sufren y padecen; y que, al final, no encubre lo que pretende.

El patriarcado sostiene una imposición de un modelo de familia tradicional, por lo que vivir en sociedad
implica asumir roles y modos de comportamiento conformados por las formas culturales que
constituyen al sujeto (Díaz, 2004).

Durante las vivencias infantiles y la adolescencia los comportamientos que no corresponden con la
heteronormatividad son excluidos, rechazados y violentados socialmente, lo que conlleva a ocultar y



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no revelar su orientación sexual frente al sistema familiar que impone normas sociales y ejercen
presión sobre ellos, de ahí que se escuchan historias de maltrato, incomprensión, prohibiciones e
inhibición. Así pues, los niños y las niñas comprenden las pautas del poder y dominación. Las narrativas
discursan así:

En el kínder no tenía amigos, cuando ingresé dos niños se acercaron a mí, como que me huelen (risas),
¡esta es comadre!, y llegan en plan de “amiguis” y lo primero que sacan es maquillaje y a jugar en el
recreo, nos encuentran maquillando a Edgar y yo súper normal, la maestra ¡se espantó! y nos llevó a
los tres a la dirección, llamaron a nuestros papás, recuerdo, ¡de verdad esto te marca!, los papás de
ellos dijeron: “¡ay maestra están jugando, son las pinturas de su hermana!”, súper normal y mi papá no
dijo nada, pero aún recuerdo la expresión en su mirada de decepción (Aarón).

… era incómodo, desde chiquito siempre fui bien modosito y papá siempre me regañaba, por
afeminado, se veía muy marcada en mí, por eso siempre me regañó; era niño y todo sentía era
complicado para mí, tenía miedo (Camilo).

La gestión de la homosexualidad de los hijos es compleja para padres y madres, pero también para
aquellos que, siendo niños, enfrentan el ejercicio de aprehender su orientación homosexual como un
constituyente de disgregación y transgresión social del sistema heteronormativo que prevalece incluso
en la escuela (Robledo, 2004).

Ante la perspectiva de una heterosexualidad obligada que se impone socialmente al interior de las
familias, se oculta cualquier expresión de sí, o bien se mantiene una doble vida, en que se muestra la
homosexualidad en el entorno social o escolar y se niega tal orientación con la propia familia. En la
escucha se visibiliza esto:

En la escuela joteaba, ¡literal!, pero en casa era ¡todo lo contrario!, en casa me retraía, no hablaba,
procuraba no hacer modismos para que mis papás no me regañaran (Ciro).

… perdí el miedo de socializar, en la secundaria tuve amigos normales, pero no era abiertamente gay,
en ningún momento yo lo dije por miedo al rechazo (Camilo).

Ante la obligación heteronormada se autoimpone el silencio debido al entorno de rechazo a la
disidencia sexual, por ello se oculta y dispone como “una política de enunciación que establece quien
y en qué situación tiene legitimidad para tomar la palabra” (Colina, 2009, p. 2).

En el proceso de reconocimiento como homosexual, de descubrirse como alguien diferente, deviene el
miedo, culpa, ansiedad o tristeza, cuyo malestar se enmascara al asumir un rol que no concuerda con
su orientación homosexual, aprendiendo a vivir “como si” (como si fuesen heterosexuales) (Maroto,
2006), camuflaje social que no oculta lo inocultable, pretexto para el silencio de lo que es difícil
expresar, pero que siempre presencia el cuestionamiento del por qué se es homosexual, a diferencia
de las cisheterosexualidades en quienes no permea dicha interrogante sobre su identidad.

Siempre me di cuenta que era diferente a los demás, a los 13 años, pude nombrar y reconocer el gusto
hacia los hombres, ¡soy homosexual!, los niños decían que les gustaba tal niña, ¡pues sí, yo las veía
bonitas, pero no sentía atracción!, ¡no me llamaba la atención estar con ellas!, al contrario, cuando veía
a mis compañeros, algunos me gustaban, pero me decía ¿por qué siento atracción hacia él?, ¿por qué
yo siento estas cosas?, sentía que algo andaba mal en mí, que no era normal, en ese momento no era
lo que yo era, era ¡lo que tenía que ser! (Eduardo)

... sentía que era distinto, ¿me entienden?, me incomodaba, me intimidaba cuando hablaban de
homosexuales, pero nunca supe discernir por qué era así, quieras o no, veías a los chicos ¡ay que lindo
está!, pero no lo puedo decir. Entré al Seminario, para ocultarme y poder camuflajear de que: “él no



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tiene novia”, ya que el que no tiene novia, es putito, entonces como seminarista, no puedo tener novia,
fue una forma de enmascarar. Me definí homosexual en la preparatoria, te gusta esto y tú eres así.
(Ciro).

El colectivo disidente relata que quienes se identifican fuera del sistema binario se colocan en la
diferencia, desde niños sentían que eran distintos, pero tuvieron que vivir y sufrir variadas experiencias
antes de llegar a considerarse a sí mismos como homosexuales. Reconocerse y manifestarse como
disidentes sexuales produce su invisibilización, la interrogante silenciosa ¿puede haber salido algo mal
en nosotros?, aunque, por el contrario, debería reflexionarse sobre lo establecido socialmente. Por ello,
a través de la escucha se reconocen y se nombran, lo que les permite visibilizar su presencia en una
sociedad patriarcal, aunque, al mismo tiempo es indispensable la aceptación de todos aquellos actores
sociales relevantes en el entorno socio cultural en que se desenvuelven y vivencian su homosexualidad,
proceso en que el contexto familiar tiene un rol básico.

Del miedo a la esperanza. Verse homosexual ante la familia

En las juntanzas, narran las decisiones que asumen para reconocer socialmente su orientación sexual
al entorno familiar, ámbito que mantiene un orden sobre la expresión sexual disidente a través de la
violencia, con acciones para cambiar su orientación que atentan contra su integridad o bien la auto
imposición de funciones de cuidado de los padres en la vejez, ante lo cual, experimentan sentimientos
de culpa, enojo y negación, con matices de silencio, negación y ocultamiento. Lo anterior, es más fácil
compartir el secreto entre iguales que con la familia, ya que existe el temor a la estigmatización, a la
desaprobación y a la violencia.

Una narrativa escuchada en la población disidente, es que, al asumir su orientación sexual, se enfrentan
al rechazo, falta de aceptación, apoyo familiar y social, a lo que se aúnan otras problemáticas
psicosociales relacionadas con el ejercicio de su sexualidad, su sociabilidad, formación, trabajo o
recreación, así se comenta:

... no me afecta lo que diga otra gente, ¡ni mucho menos de mi familia!, realmente empecé a hacer las
cosas para mí y tratar de buscar mi felicidad, entendí que no estaba mal, finalmente tenía una
orientación diferente, pero ¡no estaba mal!, ¡no le hago mal a nadie! Al final de la preparatoria, salgo del
clóset, se lo digo primero a mi mamá, luego a papá, y bueno… me corren de la casa. (Camilo)

… ¡fue abrumador!, porque no fue mi voz que se los haya dicho. La primera en enterarse fue mi mamá.
Existía una red social que se llamaba metroflog, ahí subes fotos y todo. Recuerdo haber visto una foto
de dos chicos donde se están besando y la subí con una frasecita, típica de internet. Lo vieron algunas
personas de acá de Ixtapa2, hijos y compañeros de trabajo de mi mamá, y en lugar de decirle: “vimos
que tu hijo subió una foto de dos chicos donde se están besando”, le dijeron: “vi una foto de tu hijo,
besándose con otro buey”. Eso ¡fue una bomba para mi mamá! Recuerdo que regresé de la escuela ese
día y como tal, mi mamá estaba llorando (Ciro).

Lo anterior conlleva a (re) pensar sobre las costumbres y tradiciones de algunas poblaciones que
generan en los disidentes sentimiento de temor al ser rechazados y expulsados de la misma, entretejer
estas experiencias narradas a través de la escucha refleja la trama que oculta la existencia homosexual
en las comunidades.

Las decisiones más difíciles e importantes en la vida de la comunidad disidente sexual es el ser
aceptado a través de sus voces y ello implica “salir del armario”; es decir, reconocer socialmente su
orientación sexual como homosexual. Descubrirse es una decisión difícil, en ese sentido, cuando la


2 Localidad al norte de Chiapas, México, con población de ascendencia tsotsil.



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familia se enfrenta al develamiento de sexualidad disidente, esta situación amenaza a la estructura
familiar heteronormada y puede responder con medidas de silencio y negación (Mancilla y García,
2022).

…mi revelación fue silenciado, lo externé todo, pero quedó en el silencio y no hay problema, yo ya
cumplí. (Camilo)

La familia, es uno de los primeros espacios en que muchos homosexuales conocen y aprenden a vivir
o inhibir las expresiones homosexuales (Balbuena, 2010), en que afrontan con hosquedad el orden
social cisheteronormativo.

...cuando mi papá se enteró, me dijo “nada más explícame una cosa”, así vulgarmente me dijo: “¿tú eres
la mujer o eres el hombre?” (Ciro)

Tal ideología, permea los mandatos sociales y estereotipos conformados en torno de una masculinidad
obligatoria para el hijo, condición que se expresa con aspereza, de forma violenta, imperativa, exigencia
de contrasentido ante la ausencia o no de la figura paterna.

Papá me decía que me comportara, ¡que me parara bien!, ¡que me sentara bien!, ¡que no hablara así! o
que ¡no moviera mucho las manos!, todo el tiempo era de estarme corrigiendo ¡todo!, desde la manera
en cómo hablaba hasta la manera cómo actuaba, cómo me movía, ¡todo! (Camilo)

Para el homosexual, tomar la decisión de hablar sobre la propia orientación homosexual se convierte
a veces en una pesadilla que no termina, los matices del maltrato llegan incluso a la crudeza de la
violencia física o a la amenaza concreta de ser corridos de la casa. En ese sentido, Gonsalves y Silva,
(2013) mencionan que la familia es quien vigila el cumplimiento de las normas de la sexualidad y
asegura la heteronormatividad, de tal forma que suprime a los disidentes a través de la homofobia,
oscureciendo aún más la intimidad del mundo privado.

Es frustrante hacer cosas a escondidas, las podía hacer, pero a escondidas, me gustaban los niños de
mi escuela y un día… no sé cómo pero mi papá se dio cuenta, ¡ya sabrás!, sin decirme mucho me pegó
con un fuete, el que usan para los caballos y le gritó a mamá: “¡hazte cargo de tu hijo y se comporte
como hombre! ¡quítale lo maricón!”. Esa no fue la única vez que me golpeó (Andrés).

En otros casos, ante la comunicación de su orientación no hay respuesta por parte de los padres; y con
ello, el aislamiento o la indolencia son parte de la cotidianidad. En el colectivo el sentir era:

...no tuve esa cercanía de platicar con mi mamá, cuando le dijeron que era homosexual. Esperaba que
me dijera: “hijo, ven vamos a platicar”, no, ¡nunca!, ¡jamás me dijo algo! O sea, fue como un
distanciamiento y este tema no se toca. Nunca platicamos, nunca se tomó en cuenta cómo me sentía,
cómo se sintió ella, jamás. Quizás sí me arrepiento de haberlo dicho. (Ciro)

La dinámica familiar se modifica a partir del momento que se revela la orientación homosexual de uno
de sus miembros, incluso puede llegar a potenciar una situación de crisis. Si la familia adopta una
postura rígida, adherida a los valores heteronormativos, se le dificulta aceptar la homosexualidad de
su hijo, lo que conlleva a intervenciones incluso grotescas para intentar cambiar dicha orientación:

...uno de sus métodos de mi papá para que me hiciera “hombre y fuera normal”, fue llevarme a un
prostíbulo, no me sentía a gusto en el lugar, no quería estar, pretendiendo ser ¿qué? ¿hombre?, o sea
había que fingir que no pasaba nada, porque para él ¡era un orgullo haberme llevado!, mi papá nunca
escuchaba, ¡nada!, entonces me sentí ofendido y humillado a la vez (Camilo).

La actuación de la familia ante la develación de ser homosexual los lleva a realizar acciones contra la
propia integridad de los hijos. Pérez (2012) explica lo anterior: “la familia con características



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patriarcales opera a su interior como institución que no solo tiene la función de proteger y socializar,
sino también de reproducir el orden social y cultural, donde lo diferente es vivido como desigual” (p.
110). Incluso la familia en su intento de “corregir” la identidad homosexual recurre a medidas extremas
(terapias de conversión), bajo la creencia que sostiene que dichas identidades son patologías (Albores
y Hernández, 2021).

Me acuerdo me llevaron al psiquiatra, me dio pastillas según para bajar de peso, pero era para que mi
voz se hiciera más fuerte, me pidió un examen hormonal, mi papá dijo, “lo vamos a hacer en Coita3
porque allá nadie te conoce, nadie sabe quién eres” (Andrés).

Mi mamá me llevó con la psicóloga, fueron muchos momentos de silencios con mamá, de que ni yo ni
ella me hablaba porque me sentía como agredido. ¿Por qué tuvo mi mamá que recurrir a alguien
externo?, ella literal le dijo “cámbiale el chip y pónganle otro, que sea un niño normal” (Ciro).

…la queja de mi papá es que me habían dado todo y no podía pagarle así, nada más me dijo que si iba
a ser más pendejas que mejor me fuera de la casa. (Camilo)

En ese mismo sentido otro narra:

… me llevan para sacarme el demonio jaajajaja, obviamente no funcionó, fue una época cansada, así
¡intenso!, o sea, salía de la escuela y aquí me iba a las sesiones espiritistas (Camilo).

De acuerdo con Lagarde (1996), lo masculino es el referente, todo lo que se aleje de este y se acerque
a lo femenino, es descalificado, ya que sale/rechaza/atenta el orden dominante hetero patriarcal.
Entonces, ser homosexual es un acto de desobediencia porque transgrede los mandatos sociales
predeterminados para hombres. Desde la heteronormatividad, no se admite otro modelo que no sea el
tradicional; el sistema cultural y sus prácticas lo legitiman por medio de los distintos aparatos
ideológicos del Estado, como el de la familia.

En el colectivo, las narraciones realizadas plantean que, al develar su orientación, surge como
estrategia coercitiva el ser quien cuide a sus padres cuando ellos estén en edad avanzada, en ese
sentido se someten para mantener el estatus de poder de la figura patriarcal y asumir esta
responsabilidad por ser un hijo homosexual.

... hoy en día, me siento cómodo en esa situación, por el hecho de que no me visualizo con una pareja,
es un poquito más como “bueno”. Quizás un día mis papás van a decir: “ah pues es como los muxes´4
en Juchitán”, que no se va a casar, el que se va a quedar a cuidar a sus papás (Ciro).

Durante los diálogos surgen sentimientos de negación, culpa y enojo por las acciones reguladoras de
los padres, quienes justifican su acción de cuidado, imposición y “normalización” de sus hijos como un
acto de responsabilidad.

… ¿en qué momento un chico le va a decir a sus papás soy heterosexual?, “oye me gustan las mujeres,
soy heterosexual” y ¿por qué el homosexual tiene que tener esa postura? “a ver, ¡ubíquense!,
¡acéptenme como soy o sáquense a la chingada!” (Aarón).

Otro cuenta:


3 Comunidad cercana a Tuxtla Gutiérrez, ciudad en que reside el entrevistado.
4 Muxe´ es un vocablo arraigado en la sociedad juchiteca zapoteca (Oaxaca, México). Da cuenta del sujeto que nace hombre
pero que se reconoce a sí mismo como distinto a los hombres y a las mujeres. El mito sobre ellos es que será quien cuidará
de los padres en la vejez.



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Cuando ellos comienzan a asimilarlo más de este caso, tienen un cambio y ellos sí son de los que
dicen: homosexuales, hablan de gay, ya no es mampito5, no es putito, es homosexual (Ciro).

La población disidente necesita del apoyo y acompañamiento familiar, aunque no todos los espacios
familiares son seguros, ni todos tienen el privilegio de que les cobijen emocionalmente con sus
identidades develadas, porque existe el constante rechazo, exclusión y diferencia social por legitimarse
homosexuales, se establecen prohibiciones y castigos que actúan como barreras de control,
encerramiento y limitación de su expresión.

Lógica del ocultamiento: lo que no se nombra no existe

Dentro de las juntanzas se dialoga de aquello que les toca cumplir como es el rol de la masculinidad,
así, en el colectivo se escuchan narrativas de una doble vida por el temor de ser violentados y
rechazados; con lo que se subyuga el desarrollo de sus capacidades y libertad.

En el ejercicio de cumplir con la masculinidad hegemónica, muchos hombres se obligan al
ocultamiento en lo público y lo privado, este último es el espacio en que viven plenamente su identidad
y sexualidad. Al respecto, Andrés narra que su familia no sabe que es homosexual, confrontarlos es
muy difícil, muy complejo, y a veces es mejor callar:

... sí, tengo miedo, la familia es importante y por eso no he dicho nada a mis papás, por miedo, porque
los escucho hablar, más a mi papá, es de: “aahh si fueras homosexual serías una decepción”.

Otra experiencia de ocultamiento, refiere:

Vivir en silencio o callado es muy difícil porque dentro del encierro como homosexual se vive en un
mundo de desilusión, de ideas y pensamientos horribles al grado de decir ¡prefiero morirme, matarme!
porque soy diferente. (Ciro)

Así pues, se escucha decir que luchan por tener relaciones, prácticas y rituales que los llevan a situarse
en una cierta perspectiva de lo que es ser hombre, misma que debe ser internalizada, asumida y
reproducida como parte habitual de su cotidianeidad, hacerla suya como referente de lo que es
socialmente aceptable para sí (Salas, 2005). Crecer enfrentando la idea dominante de ser hombre
fuerte, viril y violento trae consecuencias, tanto para quienes intentan encajar en este modelo, como
para quienes deciden no hacerlo.

...cuando hago algo muy femenino tengo que enmendar con algo más, por ejemplo, si cociné, al rato
debo estar macheteando, para mostrar mi hombría o decirles voy a salir con una chica, ¡mentira! voy al
parque, me pierdo y vuelvo al rato, ¡yo y mi mundo imaginario! (Andrés)

En la sociedad y la cultura patriarcal, el sexismo limita y reduce las posibilidades de las personas para
desarrollar sus capacidades y libertad. La socialización sexista discrimina y oprime a las mujeres, al
mismo tiempo que limita a los hombres, causando temor de sus propias decisiones (Bergara, Riviere y
Bacete, 2008).

Ante esta situación hay quienes aún no se atreven a descubrirse ante la familia y comunidad, aunque
ello implique seguir en lo oculto, así lo manifiestan:

… frente a mi familia no muestro quien soy, depende donde esté y con quien esté, porque lo tengo claro,
cuando mamá y papá no me ven, soy una persona distinta de la que está en la casa y en el barrio soy


5 Mampito, término que proviene de la palabra mampo, que alude a la identidad homosexual-femenina situada en el
contexto chiapaneco.



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una persona totalmente diferente, actúo diferente, camino diferente, siempre diferente. Pero, la verdad
me encanta los hombres (Andrés).

…no lo digo, porque no me van a aceptar, me van a señalar, juzgar, criticar; el hecho de encerrarse dentro
del clóset, suena tan fácil decirlo, “es que es homosexual de clóset”, ¡noo!, no es de clóset, no somos
ropa, ni zapatos, ni objetos, somos seres humanos que vivimos en tormento y agonía por no poder
decir soy homosexual. (Eduardo)

Como expresión de sus derechos, es importante que al ser homosexual se viva la sexualidad de manera
libre y plena; sin embargo, por el temor de cómo reaccionará su familia y los amigos, los pares o los
vecinos ante la develación, deciden no hacerlo.

… con mi familia ¡no!; todavía me sigo ocultando, aunque sospecho que es un secreto a voces, es obvio
mi orientación sexual, no he tenido el valor de enfrentar a la familia, decirles… “¿saben qué?: ¡me gustan
los hombres!, es lo que soy y es lo que hay” (Andrés)

Debido al estigma, el rechazo social y moral que se continúa en la propia familia es común que oculten
su orientación sexual, realidad que conlleva sufrimiento, dolor, y diverso malestar psíquico, por lo que
es común que se aíslen, consuman sustancias, conformen una familia heterosexual e incluso tengan
hijos (González y Toro, 2012).

...algo dentro de mí, me dice que estoy mal y me surge ansiedad, me da por comer mucho, no estar a
gusto, sentir tristeza y por más que intento sonreír, sigo sintiendo un vacío por dentro (Andrés).

Otra narrativa que surge ante la posibilidad de compartir su homosexualidad a su familia es:

Que me nieguen mis papás como hijo me debilitaría, me dolería, creo que, si les digo, me van a rechazar
y negar. Si decido decir mi orientación sexual, me dirán: “¿sabes qué?, ¡estás mal!”, o casi casi me
excomulgan y me desheredan, así que ¡mejor me callo! (Eduardo).

Durante los encuentros en el colectivo afloran sus sentimientos y comentan entre sí que el amar a
personas de su mismo sexo, ninguno de ellos dudó en decir que eso “no estaba mal”, que algo “no
estaba bien con ellos”, que “no era normal” sentir atracción por alguien de su mismo sexo.

...sé que mi familia y mis abuelos por parte de mi mamá, siempre me van a apoyar, pero mi papá me
haría la vida imposible; pero, a pesar de todo lo amo, todavía estoy en proceso de asimilarlo, a veces
me echo la culpa, soy culpable de todo lo que está sucediendo, ¿por qué eres así?, ¿por qué?; o sea, me
gustaría tener control y no cometer lo que he hecho o ser diferente (Andrés).

…me costó mucho llanto, tenía autoestima baja, miedo de sentirme señalado, juzgado, cuando en
realidad las personas que estaban a mi alrededor sabían qué me gustaba y yo intentando ocultarles lo
que en realidad era. (Eduardo)

En un entorno de ocultamiento, algunos homosexuales adoptan una percepción negativa de sí mismos
y se ven afectadas sus relaciones sociales e interacciones, admitiendo ideas sobre exclusión y
discriminación, sentimientos de culpa, miedo y rechazo. Desde que se toma conciencia de la
orientación sexual, muchos cargan con la culpa o temor a ser rechazados, por lo que asumen una
condición heterosexual en lo público, para expresarse como homosexuales en el ámbito privado.

Continuar en el armario para muchos homosexuales es una forma de protegerse; no obstante, salir del
clóset confronta el orden social y discriminación existente, del silencio autoimpuesto, pero también
posibilita un proceso de agenciamiento al legitimar su identidad sexogenérica. Se toma la palabra
como una acción política que interpela los estigmas y las formas de exclusión del Estado y las
instituciones, por lo que toda alocución a esta contribuye a su visibilización. En una lógica de



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ocultamiento, lo que no se nombra no existe, mientras “no se hable de ella, la reacción de las personas
homosexuales será vivir su sexualidad en privado, con reserva y en el ocultamiento” (Antezana, 2007,
p. 32).

CONCLUSIONES

El trabajo integra una serie de relatos compartidos a través de las juntanzas con la comunidad
LGBTIQ+. La escucha permite el apoyo, la aceptación y respeto, en que las narrativas compartidas
sobre la develación de su orientación sexual ante familiares y amigos les permite re(definir) en ellos
los esquemas sobre su propia identidad. Es así que ante una heterosexualidad obligada que se impone
en las familias, es frecuente ocultar cualquier expresión disidente o simplemente se vive una doble
vida, negando su orientación incluso a la propia familia.

A través de las narrativas se encuentra que la familia continúa enmarcada y confinada en lo
heteronormativo, imponiendo la heterosexualidad. En el espacio privado de ese sistema, vigila y castiga
a quienes transgreden los mandatos sobre el sexo y el cuerpo, en consecuencia, los disidentes
sexuales discursan que es fundamental su aceptación ya que ello legitima su identidad homosexual y
les permite elaborar los conflictos psíquicos que le acompañan. Sin embargo, las historias descritas
muestran que ante la develación no para todos resulta en aceptación, pues aún persiste el mandato de
la heterosexualidad la cual conduce al rechazo y a la discriminación de toda sexualidad disidente.

Al identificarse en lo no binario se sitúan en la diferencia, lo que los hace sentirse distintos y es a través
de las juntanzas y la escucha sobre las historias de develación, se de(construyen) como sujetos, dejan
de sentir miedo y culpa, alzan la voz y afrontan las violencias de su sexualidad disidente en una
sociedad heteronormativa que los rechaza y violenta.

Para ellos alzar las voces y descubrir su orientación homosexual son experiencias que no terminan y
que están matizadas de violencia. A través de las narrativas se escucha sobre el constante rechazo,
exclusión y diferencia social a la que están expuestos por asumir una orientación sexual no binaria.
Vigilar, prohibir y castigar son formas de control que las familias usan para hacer cumplir las normas
heteronormativas. Ante el develamiento en algunas de las familias, el silencio fue la respuesta, lo que
es lo mismo a no reconocerlos, a no hablar de ello, así el homosexual es anulado y por consiguiente no
existe aceptación.

Hoy, a pesar de los movimientos realizados por la comunidad LGBTIQ+ aún vemos padres que insultan,
rechazan y violentan a sus hijos por ser homosexuales, colocándolos en la vulnerabilidad. Sin embargo,
la aceptación de la madre (muy frecuentemente es la primera a la que se devela la orientación sexual)
es la más esperada para ellos más que la del padre, aunque, al principio también manifieste rechazo,
al final se espera su aceptación.

Por su parte los padres en su intento de “curar” (aunque no hay nada que curar), recurren a estrategias
no ortodoxas (esfuerzos por corregir las identidades sexogenéricas, mal llamadas terapias de
conversión), pero con el tiempo desisten, lentamente se da la aceptación y con ello las relaciones
mejoran, en algunos casos. No obstante, en otros, el secreto es la constante y ocultan la orientación
sexual de sus hijos, o bien en estos, de sí ante sus padres. Lo anterior confirma la presión que ejerce la
familia por el cumplimiento de normas a través de amenazas para capturar las prácticas de la
heterosexualidad impuesta.

Colonialismo y patriarcado entreteje en torno a la familia la dominación de prácticas y discursos, por
lo que al revelar/se renuncian a su protección, apoyo y afecto, lo mismo que el de sus amigos y
comunidad, lo que tiene la fuerza de trastocar y fisurar la estructura de esas instituciones, a la vez que
del poder sobre los cuerpos y sexualidades.



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Por ello, el colectivo disidente a través de sus juntanzas cobija y elabora los sentimientos de culpa,
miedo y rechazo, mismos que surgen a partir de las experiencias que desafían al patriarcado al
nombrarse homosexuales.

Por otra parte, es necesario considerar los contextos culturales de quienes forman el colectivo, ya que
algunos proceden de zonas rurales, ámbitos más tradicionales y punitivos; de ahí que el trabajo con
familias en estas localidades, constituye otra de las líneas de acción inconclusas respecto a la
disidencia sexo-genérica. La imposición que ejerce la cultura patriarcal cuestiona y, en muchas
ocasiones, rechaza lo distinto a lo cisheteronormativo.

La discriminación está presente, aunque se diga lo contrario, lo que se observa en los ámbitos
familiares, pero también en el educativo, laboral, de salud, legal, político, religioso y académico. Por
ello, dar cuenta de las voces disidentes en estudios que aborden dichos ámbitos, contribuye a hacer
visible la realidad que se construye en torno de estas diversidades sexuales.

Además, la asunción en el colectivo, constituye una acción política al nombrarse y ser nombrados, de
reconocerse en un espacio del que otros hablan y saben de ellos, lo que les reivindica y agrieta la
imposición cisheteropatriarcal; en este sentido, desafían dicho orden, establecen un sentido
comunitario, mediante el acompañamiento, solidaridad y apoyo mutuo.



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