LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, febrero, 2023, Volumen IV, Número 1 - p 2502.
instrumentos de evaluación; en tanto que en un 10% de dichos documentos no se pudo observar
nada. Se deduce entonces que el proceso de evaluación debe traer consigo deficiencias o no
reflejan el verdadero rendimiento académico de los educandos, lo cual complica el proceso de
retroalimentación y dificulta la toma de decisiones que ayuden a sobrellevar posibles vacíos de
los estudiantes, que, a la larga, influirían en su formación integral.
El 60% de documentos curriculares no pudieron ser analizados, en tanto que en un 20% se puede
evidenciar a veces su registro auxiliar de evaluación al día y este brinda información sobre el
avance de todos los estudiantes, y en un mismo porcentaje no se pudo encontrar dicha
herramienta. Se puede deducir entonces, que las planificaciones desarrolladas por el personal
respectivo no promueven acciones hacia una educación de calidad, integradora e inclusiva lo
cual como lo refiere Díaz (2017), puede repercutir en el aparecimiento de una serie de problemas
sociales que afectan sobre el bienestar de una población, denotando entre ellos la delincuencia,
violencia sexual, alcoholismo, pobreza, embarazos no deseados y drogadicción.
Se pudo evidenciar que en el 52% de clases observadas había organización en el aula y en un
48% de casos no se observó dicha organización. Estos datos reflejan la existencia de un entorno
poco efectivo para el éxito del proceso educativo de todos los estudiantes, por cuando hay una
mala distribución del mobiliario y/o recursos que interfieran en la circulación de todos los
educandos, además como lo afirma Giraldo & Giner (2019), el no considerar espacios y recursos
que atiendan a las necesidades de los estudiantes, no promueve la atención, motivación y
predisposición de los estudiantes para participar en clases, condicionando su accionar y el
cumplimiento de los objetivos planteados.
El clima del aula es una categoría validada como satisfactorio en la mayor parte del proceso,
evidenciando mayor dificultad al momento de tomar en cuenta las diferencias y necesidades
individuales, aspecto que como lo menciona Barreto (2017), es crucial para garantizar una
educación de calidad, integradora e inclusiva, lo cual repercute en la consecución de
determinados objetivos educativos y condiciona además, la formación integral del educando, por
cuanto repercute en su motivación y predisposición para participar de manera activa en el
proceso de enseñanza aprendizaje.
La categoría de otros aspectos metodológicos se validó como satisfactorio en algunas partes
del proceso, por cuanto aspectos como el recurrir al diálogo en las situaciones de conflicto que
se presentan durante la clase y el uso del error en forma positiva no se lo ponía de manifiesto al
momento de brindar una clase, condicionando el desarrollo integral del educando y el éxito en la
consecución de un objetivo determinado, además, la inclusión educativa no se ajusta a las
necesidades y características del educando con dificultades de aprendizaje, situación que como
lo refiere Belmonte (2016), deja mucho que desear de la institución, por cuanto es la encargada
y responsable de planificar la acción educativa más óptima para toda la población estudiantil,
priorizando acciones que garanticen la participación de toda la diversidad existente en la escuela.
El proceso que conlleva la evaluación de aprendizajes es satisfactorio en algunas partes del
proceso debido a que no se propicia la autoevaluación ni la coevaluación entre los estudiantes,
además se ha convertido en una actividad tediosa y temerosa para los educandos por cuanto no
promueve la reflexión y toma de conciencia de cómo se aprendió, información trascendental para
tomar correcciones respectivas. Por otro lado, se pudo comprobar que el docente no registra los
avances de sus estudiantes y los instrumentos utilizados no se ajustan a las realidades de todos
los estudiantes, por ende, los datos que se obtengan con esta evaluación, no son del todo fiables,
evidenciando la necesidad de realizar ajustes que permitan consolidar una evaluación de calidad
(Castro-Martínez, 2017).