LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2025, Volumen VI, Número 4 p 901.
DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v6i4.4339
Capital humano y desarrollo económico: Un análisis de las
disparidades económicas en México
Human Capital and Economic Development: An Analysis of Economic
Disparities in Mexico
Daniel Alejandro Avila Jauregui1
daniavila107@hotmail.com
https://orcid.org/0009-0002-3609-3440
Universidad Autónoma de Nayarit
México
María del Refugio Navarro Hernández
manher@uan.edu.mx
https://orcid.org/0000-0003-2312-7525
Universidad Autónoma de Nayarit
México
Plácido Salomón Álvarez López
salomones141@gmail.com
https://orcid.org/0000-0001-7707-1083
Universidad Autónoma de Nayarit
México
Artículo recibido: 18 de junio de 2025. Aceptado para publicación: 15 de agosto de 2025.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.
Resumen
A mediados del siglo XX, la inversión en educación, salud y habilidades ha sido un tema toral para
asegurar rendimientos tanto individuales como compartidos. En México estas disparidades se han
exacerbado a lo largo de los años. Mientras que algunas regiones se han desplazado hacia sectores
industriales y de servicios de alta productividad, la última parte de la actividad económica, en algunas
áreas, está anclada en las actividades primarias. En este artículo se aborda la correlación entre el
capital humano y el desarrollo, y cómo la educación ha moldeado las disparidades económicas en las
32 entidades federativas de México. A través de un enfoque de análisis cuantitativo, se analizaron
indicadores clave como son el nivel educativo, el número de egresados universitarios, el Producto
Interno Bruto y el Índice de Desarrollo Humano. Para el análisis se emplearon tres técnicas
estadísticas: análisis descriptivo, correlaciones de Pearson y análisis de conglomerados jerárquicos
mediante el método de enlace de Ward. Los resultados mostraron una correlación positiva entre el
nivel educativo y el desarrollo, y se destacó la necesidad de políticas públicas que fomenten la equidad
en el acceso a la educación. Se concluyó que las entidades con mayor nivel educativo presentan un
PIB per cápita y un Índice de Desarrollo Humano (IDH) mayores, lo que resalta la importancia de la
educación como un motor de crecimiento y bienestar social.
Palabras clave: capital humano, desarrollo económico, educación superior, desigualdades
económicas, análisis de conglomerados
1 Autor de correspondencia.
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2025, Volumen VI, Número 4 p 902.
Abstract
By the mid-20th century, investment in education, health, and skills has been a central issue for
ensuring both individual and shared outcomes. In Mexico, these disparities have worsened over the
years. While some regions have shifted toward high-productivity industrial and service sectors, the
latter part of economic activity in certain areas remains anchored in primary activities. This article
addresses the correlation between human capital and development, and how education has shaped
economic disparities across Mexico's 32 federal entities. Using a quantitative analytical approach, key
indicators such as educational level, the number of university graduates, Gross Domestic Product
(GDP), and the Human Development Index (HDI) were analyzed. Three statistical techniques were
employed for the analysis: descriptive analysis, Pearson correlation, and hierarchical cluster analysis
using Ward’s method. The results showed a positive correlation between educational level and
development, highlighting the need for public policies that promote equity in access to education. It
was concluded that entities with higher educational levels also have higher per capita GDP and HDI
scores, emphasizing education's role as a driver of growth and social well-being.
Keywords: human capital, economic development, higher education, economic inequalities,
cluster analysis
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Cómo citar: Avila Jauregui, D. A., Navarro Hernández, M. del R., & Álvarez López, P. S. (2025). Capital
humano y desarrollo económico: Un análisis de las disparidades económicas en México. LATAM
Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 6 (4), 900 – 921.
https://doi.org/10.56712/latam.v6i4.4339
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2025, Volumen VI, Número 4 p 903.
INTRODUCCIÓN
Durante siglos, el concepto de capital humano ha evolucionado y, desde la mitad del siglo XX, se ha
consolidado como un pilar fundamental para el desarrollo económico. Autores como Theodore-Schultz
(1961) y Gary-Becker (1964) estudiaron que las inversiones en educación, salud y habilidades generan
retornos significativos tanto a nivel individual como colectivo. El capital humano no solo genera un
efecto multiplicador en la productividad laboral, sino que también actúa como un motor para impulsar
un crecimiento económico sostenible.
La teoría del capital humano cobró relevancia cuando los países desarrollados comenzaron a priorizar
la inversión en educación como estrategia para mejorar su competitividad global y elevar el bienestar
social. De acuerdo con investigaciones realizadas en economías desarrolladas, -como las de Estados
Unidos, Canadá, Japón, Corea del Sur y países europeos-, se ha demostrado que una fuerza laboral
altamente calificada fomenta la innovación, la industrialización y un crecimiento económico duradero
y equitativo. De acuerdo con el Banco Mundial (1993), se destacó que la rápida transformación
económica de países como Corea del Sur y Japón durante el siglo XX se debió en gran medida a la
inversión en educación y formación técnica.
Además, Lucas (1988) determinó que el capital humano actúa como el motor del crecimiento
económico y permite a las economías adaptarse a los cambios tecnológicos y mantener su
competitividad global. Así, el capital humano surgió como un elemento clave para el progreso de las
sociedades modernas.
Para el caso mexicano, el análisis del capital humano toma una dimensión relevante debido a las
disparidades regionales. A mediados del siglo XX, el modelo de “desarrollo estabilizador” provocó el
impulso de la industrialización; sin embargo, este crecimiento solo se concentró en algunas áreas,
dejando rezagadas a otras. De acuerdo con Aboites (2018), las políticas económicas implementadas
durante este período priorizaron la inversión en ciudades y regiones estratégicas, provocando que las
zonas rurales permanecieran ancladas en economías de los sectores primarios basadas en la
agricultura y la extracción de recursos naturales.
Esto generó que algunas regiones avanzan hacia actividades industriales y de servicios y otras
quedarán marginadas, lo cual puso de manifiesto cómo las disparidades regionales limitaron el
desarrollo del capital humano en diversas zonas del país.
En este contexto, la educación superior ha desempeñado un papel importante en la promoción de la
movilidad social y la reducción de desigualdades. En las últimas décadas, el crecimiento de la
educación superior permitió que un número mayor de personas tenga acceso a estos niveles
educativos. Sin embargo, los desafíos persistentes, como la baja calidad educativa, planes de estudio
desactualizados y la escasa vinculación con las necesidades productivas regionales, continúan
limitando el impacto del capital humano. Estos obstáculos no sólo perpetúan las disparidades entre
regiones prósperas y marginadas, sino que también obstaculizan el logro de un desarrollo económico
más equitativo (Vega, 2023).
Las disparidades en México están ligadas a factores históricos como la disponibilidad de recursos
naturales y el grado de desarrollo industrial. Por ejemplo, la región norte de México se ha especializado
en manufactura y exportaciones, potenciando y aprovechando no solo su cercanía con Estados Unidos,
sino también una infraestructura avanzada y una fuerza laboral capacitada.
La proximidad geográfica ha sido un factor relevante, pero no suficiente por sí sola para explicar su
desarrollo. La inversión en capital humano, junto con tratados comerciales como el Tratado de Libre
Comercio desde 1994, hoy Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), ha permitido la
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atracción de inversión extranjera directa y avanzar hacia el fomento de sectores industriales, como la
manufactura y la electrónica.
En contraste, la región sur enfrenta retos significativos en términos de infraestructura y desarrollo
educativo, lo que limita su capacidad para diversificar su economía y superar su dependencia de
actividades primarias (López, Peláez & Sovilla, 2011).
En este sentido, autores como López, Peláez & Sovilla (2011) subrayan la importancia de abordar las
disparidades mediante políticas públicas que fortalezcan tanto la infraestructura como el capital
humano, asegurando que todas las regiones puedan aprovechar sus ventajas comparativas y
competitivas.
La influencia de la educación superior en estas dinámicas es evidente, las regiones con mayor oferta
universitaria y técnica han logrado adaptarse mejor a los cambios económicos y diversificar su
actividad productiva, lo cual fortalece la calidad educativa y su pertinencia regional como herramientas
clave para reducir las brechas históricas y promover un desarrollo equitativo, -solo así podrá México
aprovechar plenamente el potencial de su capital humano y construir economías más resilientes y
competitivas en un mundo globalizado.
La relación entre la educación superior y el mercado laboral presenta retos importantes. A pesar del
aumento en el número de egresados universitarios, muchas regiones enfrentan desempleo estructural
generado por la falta de alineación entre la formación académica y la demanda laboral.
Este fenómeno ha propiciado la migración de talento hacia estados con mayores oportunidades
económicas, dejando a algunas regiones con escasez de personal calificado en sectores estratégicos.
Esta situación agrava aún más las disparidades y limita el desarrollo integral del país (Becker, 1993;
CEPAL, 2020).
La presente investigación tuvo como objetivo analizar la relación entre el capital humano y el desarrollo
económico en México, centrándose en indicadores clave como el nivel educativo, el número de
egresados universitarios, el Producto Interno Bruto (PIB), PIB per cápita y el Índice de Desarrollo
Humano (IDH), así como realizar un análisis comparativo de Nayarit con el promedio nacional.
Mediante un enfoque mixto (cuantitativo y cualitativo), se identificaron patrones de desarrollo
utilizando un análisis de conglomerados jerárquicos, con el propósito de clasificar las entidades
federativas según su desempeño educativo y económico.
Estos resultados no solo contribuyen a la comprensión del papel de la educación superior en la
promoción del desarrollo sostenible y la reducción de desigualdades, sino que también proporcionan
evidencia empírica para el diseño de políticas públicas orientadas al fortalecimiento del capital humano
en el país.
Se plantearon las siguientes hipótesis: 1) Existe una relación positiva significativa entre el número de
egresados universitarios y el PIB per cápita, lo que sugiere que las regiones con mayor proporción de
población con educación superior tienden a presentar niveles más altos de productividad económica y
bienestar social; y 2) El nivel educativo promedio está fuertemente correlacionado con el Índice de
Desarrollo Humano (IDH), destacando la importancia de la educación como un factor determinante
para mejorar las condiciones de vida y reducir desigualdades.
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Justificación del estudio
El análisis del capital humano como motor del desarrollo económico y social ha sido ampliamente
estudiado a nivel global, destacando su papel clave para reducir desigualdades y promover un
crecimiento sostenible. En un mercado global marcado por los rápidos avances tecnológicos, la
inversión en educación, habilidades y grandes desigualdades se ha convertido en una prioridad para
los países buscar mejoras en su competitividad y bienestar social (OECD, 2024).
Sin embargo, en México, las desigualdades sociales y educativas persisten a pesar de los esfuerzos
por modernizar su economía, lo que subraya la necesidad de investigar cómo la inversión en capital
humano contribuye a reducir estas brechas y fomentar un desarrollo más equitativo.
Este estudio se justifica por la necesidad de profundizar en la relación entre el capital humano y el
desarrollo económico, tanto a nivel nacional como estatal en México. Investigaciones previas han
demostrado que las habilidades cognitivas están fuertemente asociadas con mayores tasas de
innovación, productividad y crecimiento económico (Barro & Sala-i-Martin, 2004; Hanushek &
Woessmann, 2012).
Mientras que Barro y Sala (2004) subrayan la relevancia de la educación como un factor clave para el
crecimiento económico, Hanushek y Woessmann (2012) van un paso más allá al sostener que no solo
la cantidad, sino también la calidad de la educación (medida a través del desempeño en pruebas
estandarizadas) tiene un impacto aún mayor.
Estas conclusiones sugieren que políticas educativas orientadas a mejorar tanto la cobertura como la
calidad podrían ser clave para impulsar el desarrollo económico en regiones rezagadas. No obstante,
estas lecciones no siempre son directamente aplicables en economías emergentes caracterizadas por
desigualdades estructurales profundas, lo que motiva la necesidad de adaptar soluciones a contextos
locales.
Experiencias internacionales ilustran cómo la inversión en capital humano puede transformar
economías y sociedades. Por ejemplo, en Europa, sistemas educativos más equitativos no solo han
logrado disminuir las desigualdades socioeconómicas, sino también fomentar una mayor cohesión
social y participación ciudadana (CEB, 2017).
De manera similar, economías asiáticas como Corea del Sur y Singapur han evidenciado cómo el
fortalecimiento de la educación superior y la formación técnica permite a los países posicionarse como
líderes globales en sectores de alta tecnología y servicios especializados, impulsando tanto el
crecimiento económico como el desarrollo social (Shaimerdenova & García, 2017).
Estos ejemplos destacan la importancia de políticas educativas bien diseñadas que prioricen la
equidad y la calidad, asegurando que todos los individuos, independientemente de su origen, tengan
acceso a oportunidades educativas que les permitan prosperar.
En América Latina, las políticas públicas centradas en la expansión de la educación superior y la mejora
de la calidad educativa han demostrado ser herramientas clave para reducir desigualdades y fomentar
un desarrollo económico más inclusivo (CEPAL, 2022).
Estos avances manifiestan la importancia de analizar el impacto del capital humano en diversos
contextos, considerando tanto factores locales como lecciones aprendidas a nivel internacional para
maximizar el potencial transformador de la educación en la región. En el caso de México, donde las
disparidades regionales y educativas siguen siendo un desafío crítico, estas experiencias ofrecen
valiosas lecciones que podrían adaptarse al contexto nacional.
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Por lo tanto, este estudio no solo busca proporcionar evidencia empírica sobre la relación entre capital
humano y desarrollo en México, sino también generar insumos para el diseño de políticas públicas que
puedan aprender de experiencias exitosas en otros países.
Al conectar los hallazgos con investigaciones recientes y compararlos con casos internacionales, se
espera contribuir a un marco teórico y práctico más robusto que pueda guiar decisiones estratégicas
en materia de educación y desarrollo económico.
Este enfoque comparativo permitirá identificar buenas prácticas y ajustarlas a las necesidades
específicas de México, con el objetivo de promover un crecimiento más equitativo y sostenible.
METODOLOGÍA
En el presente estudio se adoptó un enfoque mixto (cuantitativo-cualitativo), lo cual permitió realizar
un análisis de relaciones objetivas y medibles entre variables clave y su causalidad. El diseño planteado
fue no experimental y transversal, basado en datos secundarios obtenidos de diversas fuentes
oficiales. Debido a la naturaleza de los indicadores y su disponibilidad reciente, los datos utilizados
corresponden a diferentes periodos actualizados; con esto se aseguró precisión y relevancia.
En particular, los datos del PIB corresponden al año 2023, expresados a precios constantes de 2018,
según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). La población total se tomó del Censo de
Población y Vivienda 2020. El número total de egresados universitarios del ciclo escolar 2022-2023 fue
tomado de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES).
El nivel educativo promedio se basa en datos del Censo de Población y Vivienda de 2020, y la tasa de
desocupación 2024 corresponde a estadísticas del INEGI. Finalmente, el Índice de Desarrollo Humano
(IDH) utilizado fue el de 2015, dato más reciente disponible a nivel estatal calculado por el Programa
de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
Este uso de datos de distintos periodos refleja la necesidad de trabajar con información actualizada y
confiable para cada indicador, considerando que algunos, como el PIB y el nivel educativo, se actualizan
con menor frecuencia, mientras que otros, como la tasa de desocupación, están disponibles en
periodos más recientes. Este enfoque garantiza que el análisis tenga las tendencias más recientes en
el desarrollo económico y educativo de las entidades federativas de México.
La selección de los indicadores utilizados en este estudio se fundamentó en su capacidad para
capturar las dimensiones clave del capital humano y su impacto en el desarrollo económico y social
estatal. Estos indicadores permiten analizar tanto las disparidades entre las 32 entidades federativas
de México como su potencial de desarrollo, ofreciendo una perspectiva integral para comprender cómo
el capital humano influye en el crecimiento económico y la reducción de desigualdades.
PIB estatal y per cápita: Estos indicadores reflejan la productividad económica de cada entidad y el
bienestar individual de sus habitantes, respectivamente. El PIB per cápita es útil para evaluar
desigualdades internas dentro del país, tal como lo destacan estudios de la OECD (2020) y el Programa
de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
Índice de Desarrollo Humano (IDH): Este índice sintético combina salud, educación e ingreso. Ofrece
una visión holística del desarrollo humano. Su inclusión permite medir el impacto del capital humano
en múltiples dimensiones del bienestar social, como lo evidencian investigaciones previas (PNUD,
2015; OECD, 2020).
Número de egresados universitarios por cada 1,000 habitantes: Mide la contribución de la educación
superior al capital humano, un componente central de las teorías de Theodore Schultz (1961) y Gary
Becker (1964). Estos autores argumentaron que la inversión en educación incrementa la productividad
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y fomenta un crecimiento económico sostenible. Además, estudios como los de Hanushek y
Woessmann (2012) han demostrado que una mayor escolaridad está asociada con economías más
dinámicas y diversificadas.
Nivel educativo promedio de la población: Representa la escolaridad promedio de los habitantes de
una entidad, permitiendo evaluar la calidad y acceso a la educación básica y media superior. Este
indicador es crucial para entender las brechas educativas que afectan el desarrollo humano y
económico.
Tasa de desocupación: Evalúa la capacidad de una región para generar oportunidades económicas y
refleja posibles desajustes entre la oferta educativa y la demanda laboral. Este fenómeno, ampliamente
discutido por autores como Gennaioli et al. (2013) y Cuadrado-Roura (2010), puede perpetuar las
brechas estatales y limitar el impacto del capital humano en el crecimiento económico.
Los datos utilizados fueron obtenidos de fuentes oficiales, como el Instituto Nacional de Estos
indicadores no solo permiten identificar patrones de desarrollo, sino también subrayar la necesidad de
políticas públicas diferenciadas que aborden las desigualdades estructurales.
Análisis estadístico
El análisis estadístico se dividió en tres etapas principales: estadística descriptiva, análisis de
correlación y análisis de conglomerados jerárquicos. Cada una de estas técnicas contribuyó a
responder las preguntas de investigación.
Se realizó un análisis de estadística descriptiva con el objetivo de caracterizar las variables en estudio
y obtener una visión general de su distribución. Para cada variable, se calcularon parámetros como la
media, el rango y la desviación estándar, tanto a nivel general como para cada una de las 32 entidades
federativas. Estos parámetros permitieron identificar tendencias generales en los datos, así como
detectar la presencia de valores atípicos o extremos que pudieran influir en los análisis posteriores.
Asimismo, se llevó a cabo un análisis de correlación mediante la estimación del coeficiente de
correlación de Pearson, con el propósito de examinar la existencia y la magnitud de relaciones lineales
entre las variables analizadas.
Este método es particularmente útil para evaluar la asociación entre dos variables continuas, como el
nivel educativo y el PIB per cápita. Los resultados de este análisis proporcionaron evidencia empírica
sobre las interrelaciones entre el capital humano y el desarrollo económico, contribuyendo al
establecimiento de hipótesis para estudios posteriores.
El coeficiente de correlación de Pearson, mide la intensidad y dirección de la relación lineal entre dos
variables cuantitativas. La fórmula utilizada es la siguiente (Hair et al, 2020; Tabachnick y Fidell, 2019):
=
∑ ( − )( − )
√∑ ( − )
2
∑ ( − )
2
donde:
y representan los valores individuales de las variables en estudio.
y son las medias de las variables respectivas.
El coeficiente de Pearson toma valores entre -1 y 1:
Si = 1, la correlación es positiva perfecta.
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Si = −1, la correlación es negativa perfecta.
Si = 0, no hay relación lineal entre las variables.
Para determinar la significancia estadística de las correlaciones, se empleó un nivel de confianza de
95% ( < 0.05).
El coeficiente de correlación de Pearson es un indicador adecuado para medir la correlación entre
variables debido a que mide la relación lineal entre dos variables cuantitativas, es fácil de interpretar,
es una medida estándar en estudios empíricos que analizan la relación entre factores económicos
como el capital humano y el crecimiento estatal, funciona mejor cuando las variables siguen una
distribución normal y tienen una relación lineal, y aunque mide la asociación entre variables, no implica
causalidad.
Para estudios más avanzados, puede combinarse con regresiones o análisis de cointegración (Cohen
et al, 2003; Stock & Watson, 2020).
El análisis de conglomerados jerárquicos mediante el método de enlace de Ward fue seleccionado
debido a su capacidad para optimizar la estructura de agrupamiento al minimizar la varianza
intragrupal y maximizar la varianza entre grupos. Este método es adecuado para este estudio de
desarrollo económico y educación, donde es fundamental captar la estructura latente de los datos y
distinguir claramente las regiones con características similares (Benites, 2021).
A diferencia de otros métodos de enlace, como el enlace simple o el enlace completo, el método de
Ward prioriza la homogeneidad dentro de cada conglomerado, lo que lo hace ideal para identificar
patrones en conjuntos de datos complejos y de gran tamaño. Además, este enfoque permite generar
grupos bien diferenciados que facilitan la interpretación de los resultados y la formulación de
recomendaciones políticas específicas para cada clúster.
La distancia entre observaciones se calculó mediante la distancia euclidiana al cuadrado, definida
como (Hair et al, 2020):
= √∑
=1
( − )
2
donde:
es la distancia entre las observaciones y .
y representan los valores de la variable para las observaciones y .
es el número de variables utilizadas en la clasificación.
El criterio de Ward (1963) se expresa matemáticamente como:
= ∑
=1
donde:
es el número de conglomerados.
es el número de observaciones en el conglomerado .
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es la varianza dentro del conglomerado .
Para el análisis estadístico se utilizó el software SPSS versión 25, el cual permitió automatizar procesos
como el cálculo de correlaciones y la generación de dendrogramas, lo que facilitó la interpretación de
los resultados.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Análisis descriptivo
El análisis descriptivo revela marcadas diferencias entre las variables de desarrollo económico,
educación y entorno social en las 32 entidades federativas de México. Estas diferencias reflejan
patrones estructurales que afectan la productividad, el bienestar y las oportunidades de crecimiento
en cada región.
Tabla 1
Resumen de estadísticas descriptivas de las variables de estudio
Parámetros PIB
estatal de
2023
PIB per cápita
de 2023
Número
de
egresados
por cada
1,000
habitantes
Nivel
educativo
Tasa de
desocupación
de 2024
IDH_2015
N 32 32 32 32 32 32
Mínimo 1.E+11 68,585.30 3.39 7.80 1.05 0.67
Máximo 4.E+12 547,522.90 16.01 11.50 4.43 0.83
Media 7.84E+11 206,291.25 7.28 9.71 2.83 0.74
Desviación
estándar
7.604E+11 98,481.49 2.30 0.78 0.85 0.03
Varianza 5.782E+23 9,698,604,428.00 5.29 0.62 0.73 0.00
Fuente: Elaboración propia con datos de la salida de SPSS.
El PIB estatal de 2023 muestra una heterogeneidad estructural significativa, con una media de 784 mil
millones de pesos. Las entidades menos productivas registraron cifras cercanas a los 148 mil millones
de pesos. La Ciudad de México destaca como la entidad más productiva estadísticamente, con 3.8
billones de pesos, lo que representa 4.85 veces la media nacional. El coeficiente de variación de 118.7%
confirma la alta dispersión en la generación de valor agregado territorial.
Esta polarización económica se explica por factores estructurales como la aglomeración productiva
en zonas metropolitanas, economías de escala y externalidades positivas en centros urbanos,
fenómeno consistente con las predicciones de la Nueva Geografía Económica (Krugman, 2011). Por
otro lado, la distribución del PIB estatal presenta un índice de Gini territorial de 0.48, evidenciando
desigualdades estatales persistentes que requieren políticas de cohesión territorial (OCDE, 2020).
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Gráfico 1
PIB estatal y PIB per cápita en México
Fuente: Elaboración propia con datos de INEGI (2023)
A nivel PIB per cápita de 2023, la media nacional fue de 206,291 pesos, pero las diferencias estatales
son notorias. El estado de Chiapas registró el nivel más bajo (68,586 pesos), mientras que Campeche
alcanzó el valor más alto (547,522 pesos). Estas disparidades reflejan brechas estructurales en la
generación de riqueza y en la calidad de vida de los habitantes, destacando la necesidad de políticas
que promuevan un desarrollo más equitativo.
Estas divergencias estatales son consistentes con la hipótesis de “clubes de convergencia” (Barro &
Sala-i-Martin, 2004), donde jurisdicciones con condiciones iniciales similares tienden a converger entre
sí, pero no necesariamente con regiones de diferentes características estructurales.
Respecto al número de egresados por cada 1,000 habitantes, el análisis de los indicadores educativos
reveló una media de 7.28 egresados universitarios por cada 1,000 habitantes (0.73%). Oaxaca presentó
el porcentaje menor de 0.34% (3.39 egresados por cada 1,000 habitantes), mientras que la Ciudad de
México lideró con 1.60% (16.01 egresados por cada 1,000 habitantes).
Esta variabilidad sugiere que las entidades con menor acceso a la educación superior tienden a tener
economías menos diversificadas, mientras que aquellas con mayor proporción de egresados están
mejor posicionadas en sectores de innovación y tecnología. Investigaciones recientes, como las de
Tapia y Valenti (2016), confirman que las regiones con menor acceso a la educación superior enfrentan
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$100
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$300
$400
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$600
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$1,000
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PIB estatal 2023(miles de millones) PIB per cápita (miles de pesos)
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mayores desafíos estructurales, limitando su capacidad para diversificar sus economías y mejorar su
desarrollo social.
El nivel educativo promedio en México fue de 9.7 años de escolaridad, con un rango que oscila entre
7.8 años en Chiapas y 11.5 años en la Ciudad de México. Este indicador resalta las brechas educativas
persistentes y su impacto en el acceso a empleos mejor remunerados y en la competitividad
económica estatal.
Gráfico 2
Número de egresados por cada mil habitantes y nivel educativo promedio en México
Fuente: Elaboración propia con datos de INEGI (2020) y ANUIES (2023)
La tasa de desocupación nacional promedió fue de 2.83%, aunque presenta contrastes significativos
entre regiones. Oaxaca registró la menor tasa (1.05%), mientras que Tabasco presentó la más alta
(4.43%). Desde una perspectiva teórica, la tasa nacional promedio está alineada con la propuesta
keynesiana de una tasa natural de desempleo cercana a 3%. Sin embargo, las diferencias estatales
subrayan la necesidad de abordar desafíos específicos. Mientras que en Oaxaca la baja tasa de
desempleo podría reflejar una alta demanda laboral y potenciales presiones inflacionarias, en Tabasco
la tasa más alta evidencia desajustes entre la oferta educativa y las necesidades del mercado laboral.
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Estados
Número de egresados por cada 1000 habitantes Nivel educativo (promedio)
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ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2025, Volumen VI, Número 4 p 912.
Estas disparidades enfatizan la importancia de diseñar políticas públicas diferenciadas que promuevan
tanto la empleabilidad como la competitividad estatal (Lamoyi & Armenta, 2019).
Gráfico 3
Tasa de desocupación estatal en México
Fuente: Elaboración propia con datos de INEGI (2024)
El IDH nacional promedió fue de 0.740, con Chiapas en el extremo inferior (0.660) y la Ciudad de México
en el superior (0.830). Este indicador multidimensional, que integra variables de ingreso, educación y
salud, revela las profundas desigualdades territoriales en el país. Las entidades con menor IDH
enfrentan desafíos estructurales que obstaculizan su desarrollo económico y social.
En este sentido, el IDH no solo permite identificar brechas estatales, sino también evaluar el progreso
(o retroceso) en las condiciones de vida de la población (Lopez-Calva & Székely, 2004).
Los resultados muestran profundas desigualdades estatales en México en términos de desarrollo
económico y educativo. Las entidades con mayores niveles de escolaridad y número de egresados
universitarios tienden a presentar indicadores más altos de PIB per cápita y IDH, lo que refuerza la
hipótesis de que la inversión en capital humano es un factor determinante en el crecimiento económico
y la reducción de brechas sociales.
Estos hallazgos subrayan la necesidad de diseñar estrategias de política pública enfocadas en el
fortalecimiento del sistema educativo, la descentralización del desarrollo económico y la reducción de
las desigualdades estatales en el acceso a oportunidades de crecimiento.
Análisis del PIB y PIB per cápita de Nayarit en comparación con el promedio nacional
El análisis de los indicadores económicos muestra marcadas diferencias entre Nayarit y el promedio
nacional en términos de desarrollo económico. En primer lugar, el PIB total de Nayarit asciende a
162,750 millones de pesos, lo que representa aproximadamente 20.8% del PIB promedio nacional
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(783,540 millones de pesos). Esta cifra refleja la menor capacidad productiva de Nayarit en
comparación con otras entidades federativas, particularmente aquellas que han diversificado sus
economías hacia sectores industriales y de servicios especializados.
Gráfico 4
Comparación del PIB Total y PIB Per Cápita: Nayarit vs Promedio Nacional
Fuente: Elaboración propia con datos de INEGI (2023)
En cuanto al PIB per cápita, Nayarit registra un valor de 131,732.74 pesos, significativamente inferior
al promedio nacional de 206,291.25 pesos. Esta brecha de 36.1% subraya las limitaciones en el
bienestar económico individual de los habitantes de Nayarit. Un PIB per cápita más bajo suele estar
asociado con menor acceso a empleos bien remunerados, menor inversión en infraestructura y
servicios públicos, así como una menor calidad de vida en general.
Análisis de correlación
Los resultados indican que la educación superior y el nivel educativo promedio desempeñan un papel
determinante en el crecimiento económico, la reducción de desigualdades y la calidad de vida de la
población.
Se encontró una correlación positiva entre el número de egresados universitarios y el PIB estatal (r =
0.566, p < 0.01), así como con el PIB per cápita (r = 0.542, p < 0.01). Estos coeficientes sugieren que
las entidades con una mayor proporción de egresados universitarios tienden a tener economías más
dinámicas y niveles de ingreso más altos. Este hallazgo refuerza la importancia de la educación
superior como motor del desarrollo económico estatal.
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Categorías
Nayarit Promedio Nacional
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El nivel educativo promedio mostró una correlación altamente significativa con el Índice de Desarrollo
Humano (IDH) (r = 0.960, p < 0.01), lo que indica que la educación es un factor determinante en la
mejora de las condiciones de vida. Este hallazgo respalda la teoría de que la inversión en educación
tiene efectos multiplicadores en la salud, el acceso a mejores empleos y la estabilidad económica de
las regiones.
Asimismo, se identificó una correlación positiva entre el nivel educativo promedio y el PIB per cápita (r
= 0.615, p < 0.01), lo que sugiere que la mejora en los niveles de escolaridad no solo impacta el
desarrollo humano, sino que también se traduce en un incremento en la productividad y en el poder
adquisitivo de la población.
Gráfico 5
Mapa de calor de la matriz de correlaciones entre variables socioeconómicas y educativas
Fuente: Elaboración propia con datos de INEGI, 2023; ANUIES, 2023; PNUD, 2015
El análisis evidenció una relación significativa entre el PIB per cápita y el IDH (r = 0.694, p < 0.01), lo
que confirma que el bienestar económico y el desarrollo humano están estrechamente
interconectados. Las entidades con un IDH más alto presentan mejores condiciones de vida y
economías más sólidas, lo que sugiere la necesidad de políticas integrales que fomenten tanto el
crecimiento económico como el desarrollo social.
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ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2025, Volumen VI, Número 4 p 915.
Un hallazgo relevante fue la correlación positiva entre el nivel educativo promedio y la tasa de
desocupación (r= 0.600, p< 0.01). Aunque en principio podría esperarse que un mayor nivel educativo
redujera la desocupación, esta relación sugiere que en algunas regiones los egresados no encuentran
oportunidades laborales acordes a sus competencias. Esto podría estar relacionado con desajustes
entre la oferta educativa y las necesidades del mercado laboral. Este resultado resalta la importancia
de alinear las políticas de educación superior con las estrategias de desarrollo industrial y económico
para evitar la sobreproducción de profesionistas en sectores con baja demanda y fomentar la creación
de empleos bien remunerados y acordes con las habilidades adquiridas por los egresados.
Los resultados obtenidos subrayan la necesidad de fortalecer la educación superior como una
estrategia clave para el desarrollo económico sostenible. Sin embargo, también plantean desafíos
relacionados con la inserción laboral de los egresados y la necesidad de políticas que equilibren la
formación académica con las oportunidades del mercado.
Análisis de conglomerados
El análisis de conglomerados realizado mediante el método de enlace de Ward permitió identificar
patrones diferenciados en el desarrollo socioeconómico y educativo de las entidades federativas de
México. El dendrograma generado revela tres clústeres principales, reflejando niveles diferenciados de
desarrollo y condiciones estructurales.
Gráfico 6
Dendrogama que utiliza un enlace de Ward. Combinación de Clúster de distancia re-escalada
Fuente: Elaboración propia utilizando datos del INEGI (2023), la ANUIES (2023), el Programa De Las
Naciones Unida y el software SPSS.
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El primer clúster agrupa a los estados altamente desarrollados, representados por Ciudad de México y
Nuevo León. Estas entidades presentan un PIB per cápita elevado, un alto índice de desarrollo humano
(IDH), una reducida tasa de desocupación y una alta proporción de egresados universitarios. Estas
características sugieren una mayor dinámica económica y mejores oportunidades educativas en
comparación con el resto del país.
El segundo clúster comprende 17 estados en transición, caracterizados por niveles intermedios de PIB
per cápita, IDH y número de egresados. Si bien estas entidades muestran un desarrollo moderado, sus
indicadores sugieren un potencial de crecimiento económico y educativo. Sin embargo, la tasa de
desocupación varía dentro del grupo, lo que indica desigualdades internas en la generación de empleo.
Finalmente, el tercer clúster agrupa a 13 estados con menor desarrollo relativo. Estas entidades se
caracterizan por los niveles más bajos en PIB per cápita, IDH y número de egresados, además de
presentar las tasas de desocupación más altas del país. Los resultados sugieren que estas regiones
enfrentan mayores desafíos estructurales y requieren políticas públicas orientadas a fortalecer su
desarrollo económico y educativo.
Tabla 2
Clasificación de las entidades federativas de México
Clúster de pertenencia
Número del caso Clúster Distancia Número del caso Clúster Distancia
Aguascalientes 2 1.76 Morelos 3 1.585
Baja California 2 0.616 Nayarit 3 1.886
Baja California Sur 2 1.606 Nuevo León 1 1.929
Campeche 2 3.471 Oaxaca 3 2.485
Coahuila 2 1.567 Puebla 3 1.532
Colima 2 1.457 Querétaro 2 1.182
Chiapas 3 2.23 Quintana Roo 2 1.037
Chihuahua 2 0.997 San Luis Potosí 2 1.436
CDMX 1 1.929 Sinaloa 2 1.031
Durango 2 1.302 Sonora 2 1.144
Guanajuato 3 1.61 Tabasco 2 1.676
Guerrero 3 1.945 Tamaulipas 2 0.794
Hidalgo 3 0.798 Tlaxcala 3 2.009
Jalisco 2 1.618 Veracruz 3 0.982
México 2 2.563 Yucatán 3 1.367
Michoacán 3 0.788 Zacatecas 3 0.722
Fuente: Elaboración propia con datos de la salida de SPSS.
El análisis confirma la existencia de brechas significativas entre los estados de la República Mexicana,
evidenciando la necesidad de estrategias diferenciadas para impulsar el crecimiento en cada clúster
identificado. Las políticas enfocadas en el fortalecimiento del capital humano y el desarrollo
económico podrían contribuir a una distribución más equitativa del desarrollo en el país.
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Figura 1
Estados desarrollados, en transición y con menor desarrollo
Nota: El mapa fue elaborado por el autor utilizando datos del INEGI (2024) la ANUIES (2024), y el
Programa de las Naciones Unidas.
DISCUSIÓN
Las disparidades estatales en términos de desarrollo económico y social están profundamente
vinculadas a diferencias estructurales en el acceso a la educación y la formación de capital humano.
Según la OCDE (2023), las regiones marginadas enfrentan retos significativos para diversificar sus
economías debido a la falta de inversión en educación superior y capacitación técnica, lo que limita su
capacidad para generar empleos de alta productividad. Este fenómeno no solo afecta a países en
desarrollo, sino que también se observa en economías avanzadas, donde las regiones periféricas
tienden a quedar rezagadas en comparación con las áreas urbanas más desarrolladas.
Desde una perspectiva teórica, estos hallazgos refuerzan la importancia del capital humano como
motor del crecimiento económico estatal. Gómez et al. (2020) destacan que las regiones más
prósperas en Europa han logrado reducir brechas gracias a políticas de cohesión que priorizan la
inversión en educación y tecnología. Estas estrategias han permitido que algunas zonas marginadas
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superen su dependencia de actividades primarias y transiten hacia economías basadas en servicios e
innovación.
Un estudio reciente sobre el municipio de Tarímbaro, Michoacán, ilustra cómo la desigualdad educativa
impacta directamente en el desarrollo estatal. Según Alvarado et al. (2021), las escuelas en esta zona
periférica enfrentan graves deficiencias, como la falta de recursos, docentes capacitados y programas
educativos actualizados. Estas carencias agravan el aislamiento geográfico y económico de la región,
perpetuando ciclos de pobreza y rezago. Este caso ejemplifica cómo las disparidades educativas
limitan el progreso económico y social, especialmente en áreas rurales o marginadas.
Una de las consecuencias indirectas de las disparidades en la distribución del capital humano en
México es la migración regional de jóvenes egresados. Las entidades con bajo desarrollo económico,
baja empleabilidad y escasas oportunidades profesionales suelen experimentar una “fuga de cerebros”
hacia regiones más dinámicas como Ciudad de México, Nuevo León o Jalisco.
Este fenómeno, presente también en otros países, tiene implicaciones importantes para el desarrollo
local. Por un lado, representa una pérdida de inversión educativa para los estados de origen; por otro,
genera presión sobre los mercados laborales de los destinos receptores, generando desequilibrios
territoriales más profundos.
Como señala la OCDE (2023), la movilidad poblacional ha actuado históricamente como un mecanismo
de ajuste frente a desequilibrios económicos, particularmente en naciones como México, donde los
egresados universitarios tienden a concentrarse en entidades con mayores oportunidades laborales y
ecosistemas productivos consolidados.
En términos económicos, este movimiento de capital humano puede tener efectos contraproducentes:
obstaculiza la reducción de brechas regionales, debilita los mercados locales y limita la capacidad de
los gobiernos estatales para construir una base productiva sólida. Por ello, las políticas de desarrollo
estatal deben considerar estrategias de retención de talento, como incentivos fiscales para egresados
que emprendan en sus comunidades, fortalecimiento del empleo público calificado, y mayor inversión
en infraestructura tecnológica y científica.
Las políticas de innovación industrial basadas en la especialización inteligente buscan fomentar el
crecimiento económico mediante la diversificación productiva, articulando nuevas actividades
económicas con sectores ya establecidos y aprovechando las habilidades existentes en la fuerza
laboral local. Este enfoque no solo promueve la modernización económica regional, sino que también
evita la pérdida de empleos y la salida de empresas y trabajadores calificados, fenómenos
comúnmente asociados al estancamiento o declive prolongado de ciertas regiones (OCDE, 2021).
En este contexto, la retención del talento joven se convierte en un elemento fundamental, ya que
permite a los estados consolidarse como espacios dinámicos donde el capital humano se traduce en
desarrollo económico sostenible. Para lograrlo, es crucial vincular la formación educativa con las
demandas reales del tejido productivo local, incentivando la permanencia de los egresados
universitarios y técnicos en sus comunidades de origen.
Con base en los resultados obtenidos, se confirma la hipótesis central de este estudio: el capital
humano es un factor determinante para el desarrollo económico y social de las regiones. Las
correlaciones significativas entre indicadores educativos, como el número de egresados universitarios
y el nivel educativo promedio, y variables económicas como el PIB estatal/per cápita, así como sociales
como el IDH, subrayan la importancia de la educación superior como motor del crecimiento estatal.
Este hallazgo refuerza las teorías de economistas como Theodore Schultz (1961) y Gary Becker (1964),
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quienes argumentaron que la inversión en capital humano genera retornos tangibles tanto a nivel
individual como colectivo.
Sin embargo, el análisis también revela que estas relaciones no son uniformes en todo el país. Las
disparidades estatales en México son profundas y persistentes, lo que sugiere que el impacto del
capital humano varía significativamente según el contexto socioeconómico de cada entidad federativa.
La segmentación obtenida mediante el método de enlace de Ward sugiere una correlación significativa
entre el nivel de desarrollo económico y los indicadores educativos, en línea con estudios previos que
han señalado la importancia de la inversión en capital humano para el crecimiento estatal. El primer
clúster, conformado por entidades con altos niveles de PIB per cápita e IDH, destaca por su baja tasa
de desocupación y una alta proporción de egresados universitarios. Estos hallazgos coinciden con las
conclusiones de Gennaioli et al. (2013), quienes encontraron que las regiones más desarrolladas
tienden a concentrar capital humano altamente calificado, lo que refuerza un ciclo virtuoso de
crecimiento económico y educativo.
El segundo grupo, identificado como “estados en transición”, presenta una situación intermedia con
indicadores económicos y educativos moderados. Estos resultados son similares a los reportados por
Cuadrado-Roura (2010), quien señala que muchas regiones con desarrollo en transición pueden
experimentar un crecimiento acelerado si se implementan políticas públicas enfocadas en la mejora
educativa y la innovación.
El tercer clúster agrupa estados con menor desarrollo relativo, caracterizados por bajos niveles de PIB
per cápita, IDH y número de egresados universitarios, así como altas tasas de desocupación. Estos
resultados evidencian la persistencia de brechas de desarrollo estatal, atribuidas a deficiencias
estructurales en la inversión educativa y a mercados laborales menos dinámicos, tal como lo señala
Rodríguez-Pose (2018). Este autor argumenta que estas disparidades estatales tienden a perpetuarse
debido a la falta de políticas públicas efectivas y la limitada movilidad económica.
Los hallazgos del presente estudio subrayan la necesidad de diseñar estrategias diferenciadas para
cada conglomerado. En particular, en los estados con menor desarrollo, se recomienda fortalecer las
políticas de acceso a la educación superior y técnica, así como promover incentivos para la inversión
en sectores de alto valor agregado. Para los estados en transición, la política económica podría
enfocarse en consolidar el capital humano y fomentar la diversificación productiva.
En comparación con estudios internacionales, nuestros resultados refuerzan la idea de que las
disparidades estatales no solo están vinculadas a diferencias económicas, sino también a factores
educativos estructurales. En países como Alemania y Canadá, se han implementado con éxito
estrategias de desarrollo estatal basadas en la educación y la innovación (OECD, 2020), lo que podría
servir de referencia para diseñar políticas públicas en México.
Limitaciones del estudio
El presente estudio proporciona hallazgos relevantes sobre la relación entre capital humano y
desarrollo económico en México; sin embargo, también presenta algunas limitaciones metodológicas
que deben reconocerse.
En primer lugar, el análisis se basa exclusivamente en datos cuantitativos agregados a nivel estatal, lo
cual impide capturar dinámicas locales o municipales que podrían revelar patrones más específicos o
microterritoriales. Este nivel de agregación puede enmascarar variaciones importantes dentro de las
entidades federativas, especialmente en regiones grandes y heterogéneas como Oaxaca, Chiapas o
Veracruz. Futuras investigaciones podrían beneficiarse de un análisis geográfico más fino, por ejemplo,
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a nivel municipal o por áreas económicas locales, para obtener una visión más precisa del desarrollo
regional.
Asimismo, se utilizaron datos secundarios de distintas fuentes y años, lo cual limita la capacidad para
establecer inferencias temporales precisas. La actualización y armonización de estos indicadores
representará un reto importante para estudios futuros que deseen continuar este análisis en serie de
tiempo o evaluar cambios a lo largo del tiempo.
Una segunda limitación es la exclusión de variables cualitativas, como el nivel de satisfacción laboral
de los egresados, las percepciones de pertinencia de los programas universitarios o el grado de
vinculación entre instituciones educativas y empresas. Estas dimensiones, difíciles de capturar en
análisis cuantitativos, podrían complementar el panorama al explorar los factores contextuales que
condicionan la efectividad del capital humano. La incorporación de metodologías mixtas permitiría
contrastar los resultados cuantitativos con testimonios o estudios de caso que profundicen en
realidades regionales específicas.
En futuras investigaciones, sería recomendable incluir análisis longitudinales para evaluar cómo
evolucionan los efectos del capital humano sobre el desarrollo económico en el tiempo. Además, otro
camino posible es el análisis comparado entre países de América Latina, con el fin de identificar
políticas exitosas de inversión en capital humano que puedan adaptarse al contexto mexicano.
Finalmente, la construcción de un sistema nacional de indicadores educativos y laborales
regionalizados permitiría mejorar significativamente el monitoreo de políticas públicas y el diseño de
estrategias más eficaces para promover un desarrollo más equitativo. Esto ayudaría a superar las
limitaciones actuales derivadas de la dispersión temporal y metodológica de las fuentes de
información disponibles.
CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES
El análisis de las disparidades económicas en México desde la perspectiva del capital humano revela
que la inversión en educación y capacitación es un factor determinante en el desarrollo. Se encontró
que las regiones con mayores niveles de escolaridad y formación especializada muestran un
crecimiento económico sostenido, mientras que aquellas con menor acceso a educación presentan
rezagos significativos.
Asimismo, la relación entre el capital humano y el desarrollo no es homogénea, ya que factores
estructurales, como la infraestructura, la inversión en tecnología y las políticas públicas, modulan el
impacto de la educación en el crecimiento económico. En este sentido, se destaca la necesidad de
estrategias diferenciadas para cerrar las brechas económicas entre regiones, promoviendo políticas
de inversión en educación alineadas con las vocaciones productivas locales.
Los hallazgos también sugieren que el fomento del capital humano no solo debe centrarse en la
educación formal, sino también en la capacitación laboral y la transferencia de conocimiento desde los
sectores más dinámicos de la economía hacia aquellos con menor desarrollo. De esta manera, se
puede fortalecer la movilidad social y reducir las desigualdades económicas de manera más efectiva.
Finalmente, en el presente estudio se destaca la importancia de una política de desarrollo estatal
integral que combine inversión en capital humano con incentivos a la innovación y el emprendimiento.
Solo a través de un enfoque coordinado y de largo plazo se podrá garantizar un crecimiento económico
equitativo y sostenible en todo el país.
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