LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2025, Volumen VI, Número 4 p 1825.
DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v6i4.4400
Úlceras por presión en pacientes hospitalizados: estrategias
clínicas para prevenir y reducir complicaciones cutáneas
Pressure ulcers in hospitalized patients: clinical strategies to prevent and
reduce skin complications
Ruben Saborio Barquero
drsaborio97@outlook.com
https://orcid.org/0009-0004-2719-3321
Investigador independiente
San José – Costa Rica
Natalia Rodriguez Chacon
natrodri98@gmail.com
https://orcid.org/0009-0003-0484-2563
Investigador independiente
San José – Costa Rica
Taylor Adrián Sevilla Sevilla
sevillatay@gmail.com
https://orcid.org/0000-0002-2957-2286
Investigador independiente
San José – Costa Rica
Artículo recibido: 01 de julio de 2025. Aceptado para publicación: 25 de agosto de 2025.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.
Resumen
Las úlceras por presión (UPP) constituyen una complicación frecuente y prevenible en pacientes
hospitalizados. Estas lesiones afectan la integridad cutánea, generan un malestar significativo en el
paciente, prolongan la estancia hospitalaria y aumentan considerablemente los costos sanitarios. Este
artículo presenta una revisión descriptiva de la literatura reciente sobre la fisiopatología, factores de
riesgo y clasificación de las UPP, así como de las estrategias preventivas más efectivas respaldadas
por evidencia científica. Se destacan los beneficios clínicos de los protocolos estandarizados, cuya
implementación sostenida ha demostrado mejorar la adherencia a buenas prácticas, reducir la
incidencia de lesiones y optimizar los recursos hospitalarios, constituyendo una herramienta clave en
la seguridad y bienestar del hospitalizado.
Palabras clave: úlcera por presión, cuidados intensivos, prevención, paciente crítico,
movilización precoz, lesiones por decúbito, integridad cutánea
Abstract
Pressure ulcers (PUs) are a common and preventable complication in hospitalized patients. These
lesions compromise skin integrity, cause significant patient discomfort, prolong hospital stays, and
substantially increase healthcare costs. This article presents a descriptive review of recent literature
on the pathophysiology, risk factors, and classification of PUs, as well as the most effective preventive
strategies supported by scientific evidence. The clinical benefits of standardized protocols are
highlighted, as their sustained implementation has been shown to improve adherence to best
practices, reduce the incidence of injuries, and optimize hospital resources—serving as a key tool in
ensuring the safety and well-being of hospitalized patients.
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2025, Volumen VI, Número 4 p 1826.
Keywords: pressure ulcer, intensive care, prevention, critically ill patient, early mobilization,
pressure injuries, skin integrity
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Cómo citar: Saborio Barquero, R., Rodriguez Chacon, N., & Sevilla Sevilla, T. A. (2025). Úlceras por
presión en pacientes hospitalizados: estrategias clínicas para prevenir y reducir complicaciones
cutáneas. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 6 (4), 1824 – 1832.
https://doi.org/10.56712/latam.v6i4.4400
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2025, Volumen VI, Número 4 p 1827.
INTRODUCCIÓN
Las úlceras por presión (UPP) son lesiones que afectan la piel y los tejidos subyacentes, localizadas
comúnmente sobre prominencias óseas. Estas lesiones se originan por una presión prolongada o por
la interacción de presión y fuerzas de cizallamiento (European Pressure Ulcer Advisory Panel, National
Pressure Injury Advisory Panel, & Pan Pacific Pressure Injury Alliance, 2019). Las guías clínicas
internacionales más recientes para la prevención de UPP han fortalecido sus recomendaciones
mediante el uso de metodologías basadas en evidencia y el consenso entre expertos, lo cual ha
mejorado su validez y aplicabilidad en diferentes entornos hospitalarios.
En el contexto de las unidades de cuidados intensivos (UCI), se ha observado que entre un 10 % y un
30 % de los pacientes desarrollan al menos una úlcera por presión durante su estancia, cifra que puede
incrementarse en personas con ventilación mecánica prolongada o en estado de coma (Haesler et al.,
2019). En América Latina, las tasas de prevalencia varían ampliamente debido al subregistro y a la
ausencia de protocolos sistematizados, pero se estima que oscilan entre un 15% y un 25% en pacientes
críticos (García et al., 2021).
A pesar de que la mayoría de las UPP pueden prevenirse, su aparición sigue siendo, principalmente, un
reflejo de deficiencias en la calidad asistencial. En este sentido, la adopción de medidas preventivas
respaldadas por evidencia científica, combinadas con la capacitación continua del personal de salud y
la coordinación interdisciplinaria, resulta esencial para reducir tanto su incidencia como sus
implicaciones clínicas y económicas (European Pressure Ulcer Advisory Panel et al., 2019).
Si bien existen guías internacionales y protocolos preventivos ampliamente difundidos, la alta
frecuencia de estas lesiones en las UCI revela una desconexión entre las recomendaciones teóricas y
su aplicación práctica. Por lo tanto, este artículo se propone revisar de forma descriptiva los protocolos
estandarizados más recientes y con mayor sustento científico, con el fin de identificar las estrategias
más eficaces para su implementación en pacientes hospitalizados y así contribuir a la disminución de
nuevas lesiones.
METODOLOGÍA
Este artículo corresponde a una revisión bibliográfica de carácter descriptivo y retrospectivo. La
búsqueda de información se realizó en las bases de datos PubMed, Scopus, ScienceDirect y
EBSCOhost, considerando publicaciones entre los años 2015 y 2025, en idioma español e inglés. Se
utilizaron como palabras clave: úlceras por presión, cuidados intensivos, prevención de úlceras,
paciente crítico, protocolos de prevención, y movilización precoz, combinadas mediante operadores
booleanos (AND, OR) para refinar los resultados.
Se priorizaron artículos originales, guías clínicas, revisiones sistemáticas y consensos internacionales
con texto completo disponible, que abordaron estrategias preventivas en pacientes críticamente
enfermos; aplicando criterios de actualidad, relevancia temática y calidad metodológica.
DESARROLLO
Fisiopatología
La fisiopatología de las úlceras por presión implica diversos factores causales, aunque todos
convergen en un mismo resultado: el daño isquémico y la necrosis del tejido afectado. Este proceso se
desencadena cuando una presión mantenida sobre una prominencia ósea supera los niveles normales
de presión capilar arterial (aproximadamente 32 mmHg), dificultando la irrigación sanguínea. Al mismo
tiempo, si se excede la presión de cierre venosa (entre 8 y 12 mmHg), se compromete el retorno venoso,
lo que agrava la congestión local. Estas alteraciones en la perfusión provocan hipoxia celular,
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acumulación de desechos metabólicos e inflamación crónica, generando condiciones que favorecen
la muerte celular y la aparición de úlceras (Zaidi & Sharma, 2024).
El daño tisular puede intensificarse cuando actúan fuerzas adicionales, como el cizallamiento y la
fricción. Estas fuerzas distorsionan los tejidos profundos y alteran la arquitectura vascular, lo que
contribuye al deterioro progresivo desde planos internos hacia la superficie cutánea. Por otra parte, la
humedad persistente—ya sea por incontinencia, sudoración o exudado—favorece la maceración de la
piel y debilita su función de barrera, acelerando así el desarrollo y la evolución de las lesiones (Castillo-
Pérez et al., 2022; Zaidi & Sharma, 2024).
Factores de riesgo
Los factores que predisponen a la aparición de úlceras por presión pueden dividirse en tres clases:
intrínsecos, extrínsecos y organizativos. Los factores intrínsecos son aquellos relacionados con el
paciente; entre ellos se halla la avanzada edad, la función motora, el deterioro del estado de
consciencia, alteraciones nutricionales y/o hídricas, hipotensión e incluso enfermedades que
deterioran la circulación o complicaciones relacionadas con diabetes mellitus o enfermedades
cardiovasculares. Los factores extrínsecos se refieren a los factores que fomentan la aparición de
lesiones, como la presión directa sobre prominencias óseas, el roce, las fuerzas de cizallamiento, y la
humedad por incontinencia o por la sudoración causada por la temperatura (Bahena, 2018). Por último,
los factores organizativos hacen referencia a las carencias en la atención hospitalaria, tales como el
número insuficiente de personal adecuado, la falta de protocolos de prevención estandarizados, el
desuso de las herramientas utilizadas para la valoración del riesgo y la vigilancia inadecuada de los
pacientes ingresados (Castillo-Pérez et al., 2022).
Clasificación
Las úlceras por presión se clasifican tomando como base la cantidad de daño tisular observado, según
el esquema conjunto del National Pressure Injury Advisory Panel (NPIAP), el European Pressure Ulcer
Advisory Panel (EPUAP) y el Pan Pacific Pressure Injury Alliance (PPPIA). La clasificación propuesta
contempla los estadios I a IV. En el estadio I, no hay pérdida de la piel, pero sí evidencias de eritema
que no blanquean (ya sea cuando el eritema es rojo o puede incluso ser de color violáceo en pacientes
de piel oscura), ya sea induración, calor local, o, en ocasiones, otras alteraciones como el edema. El
estadio II es una pérdida parcial del grosor de la piel, donde parte de la epidermis y/o la dermis se
encuentra afectada. Las lesiones en este estadio pueden ser descritas como abrasiones, ampollas o
cráteres de aparición superficial. El estadio III implica una pérdida total del grosor de la piel, con lesión
o necrosis del tejido subcutáneo, que puede extenderse hacia abajo sin atravesar la fascia subyacente,
mientras que el estadio IV implica pérdida total del espesor cutáneo con destrucción extensa y daño a
músculo, hueso u otras estructuras de sostén, incluyendo la posibilidad de cavernas, trayectos
sinuosos o tunelizaciones. Junto con estos cuatro estadios la clasificación ofrece dos categorías
especiales más: la lesión de profundidad desconocida, que consiste en la presencia de una úlcera
cubierta por tejido necrótico, que hace imposible la visualización de la profundidad real, y la lesión
tisular profunda, la cual se presenta con una zona de piel intacta de color púrpura o marrón que indica
que tiene daño el tejido subyacente por presión o cizallamiento prolongado (European Pressure Ulcer
Advisory Panel, National Pressure Injury Advisory Panel, & Pan Pacific Pressure Injury Alliance, 2019).
Cabe señalar que no debe clasificarse cuando no se haya retirado el tejido necrótico, el cual podría
hacer que la profundidad de la lesión sea difícil de estimar. La valoración clínica no sólo tiene que
contemplar el estadio, sino también el área y profundidad de la úlcera, el tipo de secreción, las
características del tejido del lecho ulceral, el estado de la piel perilesional y la presencia de dolor
(Quizhpi Ávila et al., 2022). Para la representación visual de esta clasificación, se puede observar en la
Figura 1 de los anexos.
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Estrategias preventivas para úlceras por presión (UPP)
La prevención eficaz de las úlceras tiene que ser un enfoque estructurado, pero también adaptado a la
necesidad particular de cada paciente. Las mejores acciones se enmarcan en una atención integral,
personalizada y coordinada en un equipo multidisciplinar. Un primer paso es evaluar desde el ingreso,
el riesgo de sufrir estas lesiones, especialmente en personas con limitaciones de movilidad,
desnutrición, enfermedades crónicas o situación de vulnerabilidad geriátrica.
Partiendo de esta evaluación, debemos realizar un plan de cuidados en función de los factores de
riesgo de cada paciente. Este proceso debe involucrar la participación de médicos, enfermeros,
fisioterapeutas, nutricionistas y otros profesionales de salud, así como del propio paciente y su familia.
La participación del paciente es fundamental. Conocer los signos de alarma y saber cómo realizar la
prevención de lesiones, facilitan enormemente la posibilidad de que la estrategia preventiva tenga
éxito.
En este contexto, los protocolos estandarizados son fundamentales. La rigurosa aplicación de los
protocolos, con los correspondientes sistemas de seguimiento y auditoría interna, permite garantizar
que las medidas preventivas sean aplicadas de forma mantenida y exitosa. La vigilancia de la piel del
paciente ha de ser habitual y siguiendo la evolución del estado general, en áreas de riesgo. Además,
los cuidados de higiene se han de realizar suavemente, utilizando productos hidratantes que aseguren
mantener la integridad de la barrera cutánea, que siguen siendo necesarios sobre todo en las zonas
perilesionales.
Otra práctica clave es el cambio postural programado. El dato importante que se debe tener en cuenta
aquí es recurrir a dispositivos que redistribuyan la presión y evitan que se concentre sobre
prominencias óseas. Se han de evitar medidas incorrectas, como los masajes en las áreas ya
comprometidas o períodos de inmovilización prolongados sin una valoración clínica.
Cuando se aplican de forma lógica, individualizada y con apoyo de la institución, dichas estrategias han
demostrado una gran eficacia en la disminución de la incidencia de úlceras por presión, especialmente
en poblaciones vulnerables como los adultos mayores institucionalizados (Lozano et al., 2022).
Protocolos estandarizados
Diversas propuestas han abordado la prevención de las úlceras por presión desde enfoques
estructurados. Un protocolo desarrollado por Barrera-Buestán et al. (2025), desde la perspectiva de
enfermería, incluye intervenciones esenciales como: (1) el cambio postural programado; (2) el uso de
superficies especiales para redistribuir la presión (SEMP); (3) la aplicación regular de la escala de
Braden para evaluar el riesgo; (4) el cuidado dirigido de la piel perilesional y (5) la capacitación continua
del personal sanitario. Aunque esta propuesta no fue sometida a una evaluación cuantitativa,
constituye una base teórica sólida y adaptable a distintos entornos hospitalarios, resaltando
especialmente el papel del personal de enfermería en la ejecución de estrategias preventivas
sostenidas.
Por otro lado, Ramalho et al. (2023) presentaron un modelo más robusto, respaldado por análisis
cuantitativos, que se inspiró en las recomendaciones del Joanna Briggs Institute (JBI). Su protocolo
incluyó ocho acciones estandarizadas: evaluación sistemática del riesgo de UPP, inspección diaria de
la piel, utilización de superficies de apoyo, reposicionamiento documentado, hidratación cutánea
adecuada, vigilancia de la presión ejercida por dispositivos médicos, educación al paciente y registro
clínico estructurado.
Previo a la implementación del modelo de Ramalho et al. (2023), la adherencia a estas medidas era
baja: solo el 57.1% de los pacientes recibía valoración del riesgo, el 50% contaba con superficies
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especiales, y el 40.4% tenía reposicionamiento registrado. Tras aplicar el protocolo, estas cifras
mejoraron notablemente: la inspección cutánea diaria alcanzó el 95.2%, y tanto el reposicionamiento
como la evaluación del riesgo se documentó en el 90.4% de los casos. Aunque no se midió
directamente la disminución en la incidencia de UPP, el incremento en la adherencia sugiere un impacto
positivo en la reducción del riesgo clínico. En comparación con el modelo de Barrera-Buestán, el
protocolo de Ramalho subraya la importancia de contar con mecanismos de monitoreo y
retroalimentación sistemática para garantizar su efectividad y sostenibilidad.
Adicionalmente, un estudio realizado por Korompeli et al. (2025) introdujo un protocolo basado en el
reposicionamiento cada tres horas, el uso de superficies especiales y la formación específica del
personal de cuidados intensivos. Entre los pacientes que presentaban úlceras al ingreso, el 53% mostró
mejoría con este enfoque, frente al 0% de mejoría en aquellos que recibieron atención convencional
(OR 0.07; IC 0.01–0.64; p = 0.012). Este hallazgo refuerza el valor de los protocolos dirigidos por
enfermería, incluso en el manejo de lesiones ya establecidas, demostrando su potencial para optimizar
el pronóstico clínico.
Impacto de protocolos estandarizados
La aplicación de protocolos estandarizados para prevenir lesiones por presión en pacientes
críticamente enfermos ha demostrado ser altamente efectiva. Un estudio realizado por Ramalho et al.
(2023) en una unidad de cuidados intensivos de un hospital terciario en São Paulo evidenció una
reducción del 50 % en la prevalencia de lesiones adquiridas durante la hospitalización, como resultado
de un programa estructurado de auditoría y retroalimentación educativa sustentado en evidencia
científica.
Además de esta disminución significativa, el estudio reportó mejoras notables en la adherencia del
equipo de salud a diez criterios fundamentales de buenas prácticas, tales como la evaluación temprana
del riesgo, el abordaje nutricional, la vigilancia continua del estado de la piel y la formación del personal
multidisciplinario. Esta estrategia integral no solo mejoró los resultados clínicos, sino que lo hizo sin
afectar negativamente la calidad del cuidado ni la sostenibilidad operativa de la unidad.
Más allá del impacto clínico, las úlceras por presión representan una importante carga económica para
los sistemas de salud. Se estima que pueden prolongar la estancia hospitalaria hasta por 14 días y
generar costos que alcanzan los 98 000 dólares por paciente, sobre todo cuando las lesiones se
encuentran en estadios avanzados (McEvoy et al., 2021).
CONCLUSIÓN
Las úlceras por presión constituyen una de las principales complicaciones prevenibles dentro del
medio intrahospitalario, con repercusiones tanto clínicas como económicas. A pesar de la existencia
de guías internacionales y de buena fundamentación científica para las estrategias preventivas, su
extraordinaria incidencia evidencia claramente un desfase entre la teoría y la práctica clínica. En este
artículo se ha demostrado que los protocolos estandarizados permiten mejorar la adherencia del
personal de salud a las buenas prácticas cuando son aplicados de forma sistemática y sostenida, así
como contribuir a la disminución de la prevalencia de lesiones y a la optimización de los recursos
hospitalarios. La movilización precoz, la valoración del riesgo, los cuidados cutáneos y la formación
continuada del equipo multidisciplinario son pilares básicos para una atención centrada en la seguridad
del paciente. Reforzar la cultura institucional de prevención es necesario para disminuir la carga de
esta complicación en los pacientes hospitalizados, como también su carga económica.
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2025, Volumen VI, Número 4 p 1831.
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ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2025, Volumen VI, Número 4 p 1832.
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ANEXOS
Figura 1
Clasificación de las úlceras por presión
Fuente: (RWV, 2020).