LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2025, Volumen VI, Número 4 p 1898.


DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v6i3.4406

Intervención educativa para empoderar a los cuidadores de
los adultos mayores

Educational intervention to empower caregivers of older adults

Angie Lizbeth Maza Zambrano
amaza5@utmachala.edu.ec

https://orcid.org/0009-0004-6574-7735
Universidad Técnica de Machala

Machala – Ecuador

Angie Katherine Alvarado Girón
aalvarado14@utmachala.edu.ec

https://orcid.org/0009-0009-9966-3835
Universidad Técnica de Machala

Machala – Ecuador

Sara Vera Quiñonez
svera@utmachala.edu.ec

https://orcid.org/0000-0003-3633-9236
Universidad Técnica de Machala

Machala – Ecuador

Artículo recibido: 29 de junio de 2025. Aceptado para publicación: 26 de agosto de 2025.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.


Resumen

El envejecimiento poblacional plantea desafíos crecientes para los sistemas de salud y evidencia la
necesidad de fortalecer el rol de los cuidadores informales. Este estudio tuvo como objetivo
implementar una intervención educativa orientada a fortalecer las competencias y el empoderamiento
de los cuidadores informales de adultos mayores en una comunidad del cantón Santa Rosa, Ecuador.
Se adoptó un diseño cuantitativo, cuasi experimental, descriptivo y de corte transversal, aplicando un
cuestionario tipo Likert a 120 cuidadores, previo a la intervención (pre test) y posteriormente se
administró una prueba de conocimientos (post test) para evaluar su efecto. Los resultados mostraron
brechas significativas en conocimientos clínicos, habilidades prácticas, afrontamiento emocional,
autocuidado y aspectos legales y éticos. Solo el 42 % de los cuidadores había recibido formación
previa, y un 68.1 % presentaba indicadores de sobrecarga emocional y desconocimiento en la gestión
de emergencias y cuidados paliativos. Tras la intervención, se observó una mejora en el
reconocimiento de estrategias de autocuidado, uso de técnicas de afrontamiento, identificación de
redes de apoyo y conocimiento sobre patologías crónicas y derechos del adulto mayor. La mejora en
los puntajes post-test, aunque moderada (47 % a 65,5 %), confirma la efectividad parcial de la
intervención. Este estudio destaca la importancia de diseñar estrategias educativas accesibles,
culturalmente pertinentes y sostenibles, que fortalezcan las competencias de los cuidadores y
promuevan su empoderamiento integral. En conclusión, se respalda la incorporación de programas
educativos dirigidos a cuidadores como componente clave en las políticas de salud pública, para
garantizar un cuidado de calidad a la población adulta mayor y reducir la carga psicosocial asociada
al cuidado informal.

Palabras clave: intervención educativa, cuidadores, adulto mayor


LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2025, Volumen VI, Número 4 p 1899.


Abstract
Population aging poses growing challenges for healthcare systems and highlights the need to
strengthen the role of informal caregivers. This study aimed to implement an educational intervention
aimed at strengthening the skills and empowerment of informal caregivers of older adults in a
community in the Santa Rosa canton, Ecuador. A quantitative, non-experimental, descriptive, cross-
sectional design was adopted, applying a Likert-type questionnaire to 120 caregivers before an
educational intervention and subsequently administering a knowledge test (post-test) to evaluate its
effect. The results showed significant gaps in clinical knowledge, practical skills, emotional coping,
self-care, and legal and ethical aspects. Only 42% of caregivers had received previous training, and
68.1% showed indicators of emotional overload and lack of knowledge in emergency management
and palliative care. After the intervention, an improvement was observed in the recognition of self-care
strategies, use of coping techniques, identification of support networks, and knowledge about chronic
diseases and the rights of older adults. The improvement in post-test scores, although moderate (47%
to 65.5%), confirms the partial effectiveness of the intervention. This study highlights the importance
of designing accessible, culturally relevant, and sustainable educational strategies that strengthen
caregivers' skills and promote their comprehensive empowerment. In conclusion, the incorporation of
educational programs aimed at caregivers is supported as a key component of public health policies
to ensure quality care for the older adult population and reduce the psychosocial burden associated
with informal care.

Keywords: educational intervention, caregivers, older adults














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Cómo citar: Maza Zambrano, A. L., Alvarado Girón, A. K., & Vera Quiñonez, S. (2025). Intervención
educativa para empoderar a los cuidadores de los adultos mayores. LATAM Revista Latinoamericana
de Ciencias Sociales y Humanidades 6 (4), 1898 – 1915. https://doi.org/10.56712/latam.v6i3.4406


LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2025, Volumen VI, Número 4 p 1900.


INTRODUCCIÓN

El proceso de envejecimiento, junto con el estilo de vida mantenido a lo largo de los años, influye
significativamente en la salud física y mental de las personas mayores. Estas circunstancias, sumadas
a las enfermedades crónico-degenerativas y al deterioro funcional propio de la edad, provocan una
mayor dependencia, lo que hace que necesiten apoyo para su vida diaria (Salazar-González et al., 2023).

En la actualidad, el envejecimiento de la población se ha convertido en un fenómeno global con
importantes implicaciones para los sistemas de salud y bienestar social. Según la Organización
Mundial de la Salud (2024), la proporción de personas mayores de 60 años está aumentando
rápidamente, y se espera que en 2050 esta población representa alrededor del 22% de la población
mundial. En este contexto, el cuidado de los adultos mayores cobra especial relevancia, y los
cuidadores tanto familiares como profesionales se enfrentan a un conjunto de desafíos físicos,
emocionales y psicológicos que impactan tanto en su calidad de vida como en la calidad del cuidado
que brindan. No obstante, los cuidadores a menudo carecen de formación adecuada y de las
herramientas necesarias para manejar efectivamente las necesidades complejas de los adultos
(Organización Mundial de la Salud, 2024).

El cuidador informal es un miembro del núcleo familiar, mayor de 18 años, que se encarga de
proporcionar cuidados y apoyo físico, emocional, social y espiritual a los adultos mayores con
discapacidad y dependencia, ya sea en el hospital o en el hogar (Rodrigues et al., 2023; Gomes et al.,
2023; Soto Morales et al., 2020). Este cuidador familiar toma decisiones relacionadas con el cuidado y
también se responsabiliza de su propio bienestar, lo que requiere una comprensión adecuada tanto de
la enfermedad del adulto mayor como de los cuidados necesarios en el entorno doméstico (Rojas-
Reyes et al., 2021).

El incremento en el número de adultos mayores conlleva una mayor demanda de cuidados y una mayor
responsabilidad para los cuidadores, quienes frecuentemente experimentan altos niveles de estrés,
desgaste físico y emocional, y carecen de estrategias adecuadas para enfrentar estas cargas (Liu et
al., 2021). Este déficit de formación y de habilidades puede derivar en prácticas de cuidado
insuficientes y afectar negativamente la calidad de vida de los adultos mayores. En diversos estudios,
se ha observado que los cuidadores suelen desconocer prácticas clave en el manejo de enfermedades
crónicas y en la prevención de deterioros funcionales y psicológicos en la población mayor, lo que
subraya la necesidad de intervenciones educativas focalizadas que fortalezcan su conocimiento y
habilidades (Rahman et al., 2021).

La atención a la población envejecida presenta variaciones significativas a nivel mundial. En Europa,
los países del norte, como Suecia y Alemania, han implementado sistemas de salud robustos con
programas de capacitación continua para cuidadores, reduciendo su carga física y emocional. En el
sur, como en España e Italia, el cuidado recae mayormente en la familia, generando una mayor
sobrecarga en los cuidadores. En Asia y Japón lidera las inversiones en tecnología para el cuidado de
adultos mayores, mientras que en India y el sudeste asiático predomina el cuidado familiar, con poca
intervención gubernamental. En América del Norte, Estados Unidos y Canadá tienen programas de
apoyo y capacitación extensivos para cuidadores, mejorando la calidad de vida tanto de los adultos
mayores como de los cuidadores. En Latinoamérica, los desafíos incluyen la limitada infraestructura y
apoyo en países como México, Perú y Ecuador. En Ecuador, la mayoría de los cuidados recaen en
familiares no profesionales, con escasos programas educativos, aunque existe una necesidad
creciente de intervenciones adaptadas a las necesidades culturales locales.

El desarrollo de una intervención educativa destinada a empoderar a los cuidadores de adultos
mayores no solo beneficiará la calidad del cuidado, sino que también tendrá un impacto positivo en el
bienestar de los propios cuidadores. Estudios recientes han demostrado que las intervenciones


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educativas pueden mejorar significativamente las competencias de los cuidadores, reducir el estrés y
la sobrecarga asociada al cuidado, y mejorar la percepción de autoeficacia en la provisión de cuidados
(Song y Li, 2020).

En muchos contextos, particularmente en países en desarrollo, los recursos destinados a la formación
de cuidadores son limitados, de esta manera, una intervención de carácter educativo no solo llenará
un vacío formativo, sino que también contribuirá al mejoramiento de los servicios de salud en general,
al reducir complicaciones en los adultos mayores y, por ende, la necesidad de hospitalizaciones y
tratamientos más complejos. Estudios destacan que el empoderamiento de los cuidadores a través de
la educación no solo mejora sus competencias prácticas, sino que también incrementa su satisfacción
y reduce el riesgo de agotamiento. En 2020, Díaz N. et al. realizaron en Colombia un estudio cuasi
experimental para evaluar el impacto de una intervención educativa en 17 cuidadores de adultos
mayores. Tras tres visitas domiciliarias y la aplicación de un instrumento de 17 preguntas, el
conocimiento de los cuidadores mejoró del 47.05% al 76.47%, con avances en alimentación,
hidratación, salud general y manejo de la ansiedad. La prueba de Wilcoxon confirmó la efectividad de
la intervención, adaptada a las capacidades individuales de los cuidadores.

Esta investigación propone una intervención educativa dirigida a los cuidadores de adultos mayores
como un enfoque para mejorar sus competencias y promover su empoderamiento, con el fin de mejorar
la calidad de vida de esta población.

METODOLOGÍA

Este estudio adoptó un enfoque cuantitativo, con un diseño cuasi experimental, descriptivo y de corte
transversal. Su objetivo fue implementar una intervención educativa orientada a fortalecer las
competencias y el empoderamiento de los cuidadores informales de adultos mayores en una
comunidad del cantón Santa Rosa, Ecuador. La población del estudio estuvo conformada por 120
cuidadores informales de adultos mayores. Se aplicó un muestreo por conveniencia, considerando los
siguientes criterios:

Criterios de inclusión: Cuidadores principales mayores de 18 años, que brindan atención directa y
regular a adultos mayores y que aceptaron participar voluntariamente en el estudio.

Criterios de exclusión: Cuidadores que no completaron el cuestionario en su totalidad o que no
estuvieron disponibles durante la recolección de datos.

La técnica utilizada fue la encuesta, aplicada a través de un cuestionario estructurado, diseñado
específicamente para este estudio y validado por expertos en geriatría. El instrumento constó de 28
ítems con escala tipo Likert de cuatro puntos, cuyas opciones de respuesta fueron: "Totalmente en
desacuerdo", "En desacuerdo", "De acuerdo" y "Totalmente de acuerdo". Las preguntas se agruparon en
cinco dimensiones:

● Conocimientos sobre salud y cuidado del adulto mayor.
● Aspectos emocionales y psicosociales.
● Habilidades prácticas y técnicas.
● Autocuidado del cuidador.
● Aspectos legales y éticos.

Previamente a su aplicación, se realizó una prueba piloto con ocho cuidadores informales, con el fin de
evaluar la comprensión, claridad y extensión de las preguntas. Esta evaluación no generó
observaciones, por lo que el cuestionario fue aplicado sin modificaciones. Posteriormente, se diseñó
un instrumento tipo postest con el propósito de valorar el nivel de conocimiento adquirido por los
cuidadores después de la intervención educativa. Este instrumento permitió identificar los aprendizajes


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logrados como resultado directo de la actividad formativa, sin establecer comparaciones con una
medición inicial. El estudio se llevó a cabo respetando los principios éticos fundamentales de la
investigación en seres humanos, como la confidencialidad, el consentimiento informado y la
participación voluntaria. La intervención fue autorizada por el Comité de Titulación de la Carrera de
Enfermería de la Universidad Técnica de Machala, institución que avaló la realización del estudio en la
comunidad. Los datos obtenidos fueron procesados mediante estadística descriptiva, utilizando tablas
simples para su presentación. El análisis se realizó con el software estadístico IBM SPSS Statistics,
versión 21.0.

RESULTADOS

La muestra estuvo compuesta mayoritariamente por hombres (65.5 %) cuidadores, lo cual contrasta
con la tendencia general de feminización del cuidado. La mayoría se encuentra en el rango de edad de
31 a 50 años (53.8 %), en edad laboral activa. Predominan los residentes urbanos (99.2 %), lo que puede
estar asociado a una mayor concentración de servicios de salud y programas sociales en estas áreas.

En cuanto al nivel educativo, el 63% no supera la secundaria, lo cual podría influir negativamente en la
comprensión de pautas especializadas de cuidado geriátrico. Respecto a la situación laboral, destaca
que una proporción considerable se encuentra desempleada (21.8 %) o dedica su tiempo al hogar
(22.7 %), lo que puede reflejar una dedicación exclusiva al cuidado, muchas veces no remunerada.

La mayoría de los cuidadores son familiares (35.3 % hijos/as y 40.3 % otros parientes), lo que denota
una red de cuidado informal prevalente. El 38.7 % dedica más de 12 horas diarias al cuidado, y el 34.5 %
lo ha hecho por más de tres años, lo que sugiere una carga significativa y sostenida en el tiempo.

Llama la atención que solo el 42 % ha recibido formación previa en cuidado de adultos mayores, y
apenas el 38.7 % accede a servicios de apoyo, lo que evidencia brechas formativas y de soporte
institucional. En términos de salud, el 53.7 % se califica entre regular y mala, indicando un posible
deterioro asociado a la sobrecarga del rol. Finalmente, el 61.3 % vive en hogares con ingresos inferiores
a $500 mensuales, evidenciando vulnerabilidad económica. Estos hallazgos respaldan la necesidad de
implementar intervenciones educativas integrales que promuevan el empoderamiento y bienestar del
cuidador.

Tabla 1

Información sociodemográfica

Sexo Frecuencia %
Mujer 41 34.5 %
Hombre 78 65.5 %

Rango de edad Frecuencia %
Menos de 30 36 30.3 %
de 31 a 50 64 53.8 %
más 51 19 16.0 %

Residencia Frecuencia %
Urbana 120 100 %
Rural 0 0.0 %

¿Cuál es su nivel educativo más alto alcanzado? Frecuencia %
Sin estudios 21 17.6 %
Educación Primaria 24 20.2 %
Educación secundaria 30 25.2 %
Educación técnica o tecnológica 15 12.6 %
Educación universitaria 24 20.2 %
Estudios de posgrado 5 4.2 %


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¿Cuál es su situación laboral actual? Frecuencia %
Empleado a tiempo completo 14 11.8 %
Empleado a tiempo parcial 35 29.4 %
Desempleado 26 21.8 %
Jubilado 9 7.6 %
Ama de casa 27 22.7 %
Otro 8 6.7 %

¿Cuál es su relación con el adulto mayor al que cuida? Frecuencia %
Hijo/a 42 35.3 %
Cónyuge 5 4.2 %
Cuidador/a profesional 4 3.4 %
Otro familiar (nieto/a, sobrino/a, etc.) 48 40.3 %

¿Cuántas horas al día dedica al cuidado del adulto mayor? Frecuencia %
Menos de 4 horas 16 13.4 %
De 4 a 8 horas 39 32.8 %
De 8 a 12 horas 18 15.1 %
Más de 12 horas 46 38.7 %

¿Recibe apoyo de otras personas para el cuidado del adulto
mayor?

Frecuencia %

Si 39 32.8 %
No 39 32.8 %
A veces 41 34.5 %

¿Tiene acceso a servicios de apoyo (grupos de apoyo, ayuda
domiciliaria, programas de respiro)?

Frecuencia %

Sí 46 38.7 %
No 73 61.3 %

¿Cuál es el ingreso mensual total de su hogar? Frecuencia %
Menos de $500 73 61.3 %
Más de $500 46 38.7 %


La siguiente tabla presenta los resultados del pre test aplicado a los cuidadores antes de la
implementación de la intervención educativa. El objetivo de esta evaluación inicial fue identificar las
percepciones y necesidades en la dimensión emocional y psicosocial, con el fin de orientar
adecuadamente los contenidos y estrategias de la actividad de formación. En tal sentido, la tabla 2
aunque un 38.7 % se siente totalmente seguro sobre las enfermedades crónicas y no crónicas que
padece su familiar, un preocupante 41.2 % manifiesta desacuerdo o total desacuerdo, lo que revela una
necesidad formativa sustancial.

Respecto a la administración de medicamentos, el 81.6 % declara estar de acuerdo o totalmente de
acuerdo con conocer las dosis, horarios y efectos secundarios, lo que representa un área de fortaleza
relativa en el cuidado cotidiano.

Sin embargo, se observa una marcada debilidad en la preparación para actuar ante emergencias
médicas: el 58.8 % declara no sentirse preparado para responder ante eventos críticos como caídas o
disnea, lo que representa un riesgo significativo para la seguridad del adulto mayor.

Finalmente, en cuanto a conocimientos sobre alimentación e higiene, se reporta un resultado positivo,
con un 95.8 % de los cuidadores afirmando estar capacitados, lo cual puede estar asociado a la
experiencia directa con tareas del cuidado básico

Tabla 2

Dimensión: Conocimientos sobre salud y cuidado


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Me siento seguro(a) en cuanto a los
conocimientos que tengo sobre las
enfermedades crónicas y no crónicas que
padece mi familiar adulto mayor (como
demencia, diabetes, hipertensión)

Respuestas Frecuencia %
Totalmente en desacuerdo 10 8.4 %
En desacuerdo 39 32.8 %
De acuerdo 24 20.2 %
Totalmente de acuerdo 46 38.7 %

Estoy informado(a) sobre cómo administrar
correctamente la medicación a mi familiar
(dosis, horarios, posibles efectos
secundarios)

Respuestas Frecuencia %
En desacuerdo 22 18.5 %
De acuerdo 61 51.3 %
Totalmente de acuerdo 36 30.3 %

Creo que estoy preparado(a) para actuar en
caso de una emergencia médica de mi
familiar (como una caída o dificultad
respiratoria)

Respuestas Frecuencia %
Totalmente en desacuerdo 17 14.3 %
En desacuerdo 53 44.5 %
De acuerdo 37 31.1 %
Totalmente de acuerdo 12 10.1 %

Tengo los conocimientos necesarios para
proporcionar una alimentación y cuidados
de higiene adecuados a mi familiar adulto
mayor

Respuestas Frecuencia %
En desacuerdo 5 4.2 %
De acuerdo 57 47.9 %
Totalmente de acuerdo 57 47.9 %


El análisis de la sobrecarga emocional en los cuidadores (Tabla 3) revela un panorama preocupante:
solo el 43,7 % se siente capaz de manejar el estrés y las emociones asociadas a su rol, mientras que el
56,3 % manifiesta dificultades al respecto, lo que evidencia una alta vulnerabilidad psicoemocional en
esta población.

En cuanto a la comunicación con el adulto mayor, especialmente en contextos de tensión, se identifican
importantes limitaciones. El 69,8 % de los cuidadores expresa desacuerdo o total desacuerdo con su
capacidad para mantener una comunicación efectiva, lo que refleja carencias en las habilidades
comunicativas esenciales para establecer una relación de cuidado empática y funcional.

Adicionalmente, el acceso al apoyo emocional o psicológico es reducido: el 60,5 % de los participantes
refieren no contar con acompañamiento profesional ni redes de contención, lo que incrementa el riesgo
de agotamiento emocional, ansiedad y depresión, condiciones frecuentes entre los cuidadores
informales.

Tabla 3

Dimensión: Emocional y psicosocial

Me siento capaz de manejar el estrés y las
emociones que surgen al cuidar a mi familiar
adulto mayor

Respuestas Frecuencia %
Totalmente en desacuerdo 20 16.8 %
En desacuerdo 47 39.5 %
De acuerdo 42 35.3 %
Totalmente de acuerdo 10 8.4 %

Puedo comunicarme efectivamente con mi
familiar adulto mayor, incluso en momentos
difíciles o de tensión

Respuestas Frecuencia %
Totalmente en desacuerdo 22 18.5 %
En desacuerdo 61 51.3 %
De acuerdo 36 30.3 %
Totalmente de acuerdo 19 16.0

Cuento con apoyo emocional o psicológico
cuando lo necesito debido a mi rol de
cuidador(a) de un familiar

Respuestas Frecuencia %
Totalmente en desacuerdo 16 13.4 %
En desacuerdo 56 47.1 %
De acuerdo 41 34.5 %
Totalmente de acuerdo 6 5.0 %


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Los resultados revelan un perfil mixto en cuanto a las capacidades prácticas de los cuidadores. Una
mayoría (78.1 %) afirma saber cómo movilizar con seguridad al adulto mayor, lo cual representa una
fortaleza en las actividades físicas del cuidado diario (Tabla 4).

Sin embargo, se evidencia una marcada deficiencia en el manejo de dispositivos médicos, con un
62.1 % que manifiesta no sentirse capacitado para su uso correcto. Esta limitación podría
comprometer la atención domiciliaria, especialmente en pacientes con condiciones crónicas o con
requerimientos técnicos específicos.

Asimismo, el 74.8 % de los cuidadores no se considera preparado para ofrecer cuidados paliativos, lo
cual es alarmante, considerando el incremento de enfermedades crónicas avanzadas en la población
geriátrica.

Tabla 4

Dimensión: Habilidades prácticas y técnicas

Sé cómo ayudar a mi familiar a moverse
o trasladarse de manera segura, por
ejemplo, de la cama a la silla de ruedas

Respuestas Frecuencia %
Totalmente en desacuerdo 4 3.4 %
En desacuerdo 22 18.5 %
De acuerdo 48 40.3 %
Totalmente de acuerdo 45 37.8 %

Me siento capaz de utilizar
correctamente los dispositivos médicos
que mi familiar pueda necesitar
(oxígeno, sondas, etc.)

Respuestas Frecuencia %
Totalmente en desacuerdo 21 17.6 %
En desacuerdo 53 44.5 %
De acuerdo 40 33.6 %
Totalmente de acuerdo 5 4.2 %

Estoy preparado(a) para brindar el
apoyo necesario a mi familiar en caso
de que requiera cuidados paliativos:

Respuestas Frecuencia %
Totalmente en desacuerdo 31 26.1 %
En desacuerdo 58 48.7 %|
De acuerdo 19 16.0 %
Totalmente de acuerdo 11 9.2 %


La falta de prácticas de autocuidado (tabla 5) entre los cuidadores de adultos mayores. Aunque el
58.8 % reconoce la importancia de cuidar su salud física y emocional, un 41.1 % no lo percibe así o no
lo prioriza, lo que podría contribuir a un mayor riesgo de desgaste físico y psicológico.

Respecto al manejo del estrés y prevención del agotamiento, el 68.1 % declara no contar con
estrategias efectivas, lo cual refleja una carencia crítica en habilidades de afrontamiento. Esta
situación incrementa la vulnerabilidad a trastornos relacionados con la sobrecarga del rol de cuidador,
como el síndrome de burnout.

Asimismo, más del 60% de los encuestados indica no tener una red de apoyo disponible, lo que limita
la posibilidad de descanso, delegación de tareas o acompañamiento emocional en momentos de alta
demanda.

Tabla 5

Dimensión: Autocuidado del cuidador

Soy consciente de la importancia de cuidar
mi salud física y emocional mientras cuido
a mi familiar

Respuestas Frecuencia %
Totalmente en desacuerdo 6 5.0 %
En desacuerdo 43 36.1 %
De acuerdo 44 37.0 %


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Totalmente de acuerdo 26 21.8 %
Tengo estrategias para evitar el
agotamiento o el estrés crónico derivados
de mis responsabilidades como cuidador(a)

Respuestas Frecuencia %
Totalmente en desacuerdo 22 18.5 %
En desacuerdo 59 49.6 %
De acuerdo 27 22.7 %
Totalmente de acuerdo 11 9.2 %

Cuento con una red de apoyo (otros
familiares, amigos o profesionales) que me
ayude cuando lo necesito en el cuidado de
mi familiar

Respuestas Frecuencia %
Totalmente en desacuerdo 17 14.3 %
En desacuerdo 55 46.2 %
De acuerdo 24 20.2 %
Totalmente de acuerdo 23 19.3 %


En la tabla 6 muestran un déficit importante en el conocimiento legal y ético por parte de los cuidadores.
El 62.2 % no conoce adecuadamente los derechos legales del adulto mayor ni cómo protegerlos, lo que
podría comprometer la garantía de sus derechos fundamentales y aumentar el riesgo de vulneración.

De igual forma, el 58.8 % no está informado sobre las implicaciones éticas relacionadas con la toma
de decisiones en el cuidado, lo que evidencia una falta de formación en principios bioéticos esenciales
como autonomía, dignidad y consentimiento informado.

Tabla 6

Dimensión: Aspectos legales y éticos

Conozco los derechos legales de mi
familiar adulto mayor y sé cómo
protegerlos adecuadamente

Respuestas Frecuencia %
Totalmente en desacuerdo 18 15.1 %
En desacuerdo 56 47.1 %
De acuerdo 24 20.2 %
Totalmente de acuerdo 21 17.6 %

Estoy informado(a) sobre las
implicaciones éticas de las decisiones
que debo tomar respecto al cuidado
de mi familiar

Respuestas Frecuencia %
Totalmente en desacuerdo 17 14.3 %
En desacuerdo 53 44.5 %
De acuerdo 24 20.2 %
Totalmente de acuerdo 25 21.0 %


Previo al desarrollo de la intervención, se realizó una planificación estructurada que permitió definir los
contenidos, objetivos y metodología de trabajo. Esta planificación sirvió de base para la ejecución de
una conferencia dialogada, en la cual se abordaron técnicas de cuidado físico, como la movilización,
la higiene y la administración segura de medicamentos. Además, se incluyeron estrategias de
comunicación efectiva y manejo del estrés, aspectos fundamentales del cuidado emocional.
Posteriormente, se ejecutó una actividad práctica de autocuidado, mediante una sesión guiada de
relajación, con el fin de fortalecer la salud mental de los cuidadores.

Durante la intervención educativa, los cuidadores demostraron una actitud activa, participativa y
colaborativa, lo que favoreció un ambiente de aprendizaje dinámico y enriquecedor. Mostraron interés
por los temas abordados y una disposición constante para compartir experiencias, plantear
inquietudes y aplicar los conocimientos adquiridos. Las actividades propuestas se llevaron a cabo con
éxito, cumpliendo los objetivos establecidos y resultando de gran utilidad para los participantes,
quienes valoraron positivamente los contenidos y estrategias brindadas, especialmente en lo
relacionado con el manejo del estrés, la comunicación y el fortalecimiento de su rol como cuidadores.


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Los resultados post intervención (Tabla 8) evidencian un impacto positivo y significativo en el
conocimiento y competencias de los cuidadores. El 58.0 % identificó correctamente la alimentación
balanceada como tarea fundamental en el cuidado básico del adulto mayor, y el 50.4 % reconoció la
importancia del control de la polifarmacia en el manejo de enfermedades crónicas, mostrando mejoras
sustanciales en conocimientos clínicos esenciales.

En relación con la movilidad, el 47.1 % prioriza adecuadamente la capacidad funcional del adulto mayor,
lo cual refleja un enfoque más centrado en la autonomía. De manera destacable, el 100 % de los
participantes identificó el agotamiento emocional y físico como una consecuencia directa del estrés
del cuidador, y el 74.8 % indicó la necesidad de delegar y buscar apoyo como estrategia para reducir
dicha carga, demostrando avances en la comprensión de su autocuidado.

Además, el 84.0 % señaló correctamente las técnicas de relajación y el ejercicio como estrategias de
afrontamiento útiles, y el 71.4 % entendió la importancia de actividades recreativas como parte del
autocuidado. La totalidad de los encuestados (100 %) reconoció el valor de las redes de apoyo en el
acompañamiento emocional y social, y un 87.4 % identificó los servicios de asesoramiento psicológico
como recursos comunitarios relevantes.

Tabla 8

Post intervención educativa

¿Cuál es una de las principales
tareas en el cuidado básico del
adulto mayor?

Respuestas Frecuencia %
Establecer una rutina de ejercicios
intensivos

28 23.5 %

Proporcionar alimentación
balanceada y adecuada

69 58.0 %

Evitar el uso de medicamentos 22 18.5 %
En el manejo de enfermedades
crónicas en el adulto mayor, ¿qué
factor es crucial?

Respuestas Frecuencia %
Mantener la polifarmacia controlada 60 50.4 %
Administrar solo medicamentos
naturales

37 31.1 %

Evitar el ejercicio físico 8 6.7 %
Suspender tratamientos médicos
preventivos

14 11.8 %

¿Qué se debe considerar al
planificar la movilidad del adulto
mayor?

Respuestas Frecuencia %
Su preferencia por actividades
sedentarias

18 15.1 %

Su capacidad para caminar sin apoyo 56 47.1 %
La minimización de la hidratación 45 37.8 %

¿Cuál de las siguientes es una
consecuencia común del estrés
en el cuidador?

Respuestas Frecuencia %
Agotamiento emocional y físico 119 100.0 %

¿Cómo puede un cuidador reducir
la carga emocional de su rol?

Respuestas Frecuencia %
Delegando responsabilidades y
buscando apoyo

89 74.8 %

Aceptando el estrés como algo
inevitable

30 25.2 %

¿Cuál de las siguientes
estrategias de afrontamiento es
recomendable para un cuidador?

Respuestas Frecuencia %
Ignorar las emociones negativas 19 16.0 %
Practicar técnicas de relajación y
ejercicio

100 84.0 %

¿Qué acción forma parte del
autocuidado en los cuidadores?

Respuestas Frecuencia %
Dedicar tiempo a actividades
recreativas

85 71.4 %


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Descuidar las propias necesidades
emocionales

34 28.6 %

¿Cuál es la función principal de
las redes de apoyo para el
cuidador?

Respuestas Frecuencia %
Ofrecer acompañamiento emocional
y social

119 100.0 %

¿Qué recurso comunitario puede
ser útil para los cuidadores?

Respuestas Frecuencia %
Actividades recreativas en solitario 15 12.6 %
Servicios de asesoramiento
psicológico

104 87.4 %


Los resultados post intervención (gráfico 1) impacto de la intervención, el rango de respuestas
correctas oscila entre 47% y 65,5%, lo que evidencia que la intervención educativa fue parcialmente
efectiva. Si bien hubo una mejora del conocimiento, no se alcanzaron niveles óptimos (por encima del
75%-80% sería ideal en un proceso educativo de alta calidad).

Gráfico 1

Resultados post intervención


DISCUSIÓN

En la presente cohorte de cuidadores informales de adultos mayores se observó un perfil
sociodemográfico no tan similar al reportado en la literatura. Predominaron mayoritariamente por
hombres (65.5 %) cuidadores, lo cual no concuerda con estudios regionales que describen al sexo
femenino como el 63–64% de los cuidadores de adultos mayores (Ruisoto et al., 2020). De hecho, las
mujeres suelen asumir el rol de cuidadoras primarias en el entorno familiar, duplicando en número a
los cuidadores varones. Este hallazgo es consistente con investigaciones que asocian el cuidado de


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personas mayores principalmente a mujeres de mediana edad (Sörensen et al., 2022), una tendencia
culturalmente arraigada. Asimismo, se ha documentado que la mayoría de estos cuidadores inicia esta
labor en la década de los 40 años, muchas veces por un periodo prolongado (en promedio 6 años de
cuidado continuo) (Ruisoto et al., 2020; Ding et al., 2022). El predominio femenino en el cuidado
conlleva implicaciones importantes Tinoco-Camaren et al. (2022) señalan que las cuidadoras
presentan niveles más altos de sobrecarga y agotamiento en comparación con sus pares masculinos.
Esto subraya la necesidad de apoyar a este grupo mayoritario de cuidadores, reconociendo las
particularidades sociodemográficas (como género y relación de parentesco) que pueden influir en la
experiencia del cuidado y en la efectividad de las intervenciones de apoyo.

En relación con la percepción de los cuidadores sobre su preparación para actuar ante una emergencia
médica —como una caída o una dificultad respiratoria en su familiar— los datos muestran que el 44.5 %
está en desacuerdo y el 14.3 % totalmente en desacuerdo con sentirse preparados, lo que representa
un 58.8 % de participantes que reporta un bajo nivel de preparación. Estos hallazgos coinciden con lo
reportado en un estudio realizado por Gomes et al. (2022), en el cual solo el 5 % de los cuidadores se
consideraban “muy bien preparados” y un 13 % “bastante preparados”. La literatura indica que este
escaso nivel de preparación se asocia con una mayor carga del cuidador y la presencia de síntomas
emocionales negativos. En efecto, Bilgin et al. (2022) señalan que los cuidadores que se sienten menos
preparados tienden a presentar niveles más altos de depresión, peor calidad de vida y mayor
sobrecarga emocional.

En cuanto a la comunicación efectiva con el adulto mayor los resultados muestran que el 51,3 % de los
cuidadores respondió en desacuerdo y el 18,5 % totalmente en desacuerdo con la afirmación de poder
comunicarse efectivamente con su familiar adulto mayor incluso en momentos de tensión, sumando
un 69,8 % con percepciones negativas sobre sus habilidades comunicativas. El estudio de Wittenberg
et al. (2021) respaldan esta problemática en cuanto al contexto de la atención paliativa, se ha
identificado que la comunicación inadecuada es un aspecto central que intensifica la carga emocional,
la incertidumbre y dificulta la toma de decisiones colaborativas.

El acceso al apoyo emocional o psicológico el 47,1 % de los cuidadores reportó estar en desacuerdo
con tener apoyo emocional o psicológico cuando lo necesita, y el 13,4 % señaló totalmente en
desacuerdo, dando un total de un 60,5 % sin acceso a redes o apoyo profesional clave durante su labor.
Un estudio sueco encontró que el 38 % de cuidadores expresa necesidad de información y
asesoramiento, mientras que el 33 % demanda descanso y el 29 % apoyo financiero (Togmat et al.,
2025)

Los resultados indicados muestran que, respecto al uso de dispositivos médicos por parte del cuidador
familiar, un 17.6 % se declara totalmente en desacuerdo y un 44.5 % en desacuerdo, sumando 62.1 %
que se sienten poco o nada capaces de utilizar correctamente oxígeno, sondas u otros equipos
médicos necesarios para su familiar. En cuanto a la disposición para brindar apoyo en cuidados
paliativos, el 26.1 % totalmente en desacuerdo y el 48.7 % en desacuerdo, suman un 74.8 % que no se
sienten preparados para atender al familiar con necesidades paliativas. El estudio de (Yilmaz et al.,
2022) con cuidadores de pacientes en cuidados paliativos encontró niveles moderados de preparación,
con una puntuación promedio de 18.55 y evidenció que, al aumentar la preparación, disminuye la carga
de cuidado. Estos hallazgos revelan una percepción predominante de baja autoeficacia y escasa
preparación entre los cuidadores, lo cual tiene implicaciones críticas tanto para la calidad del cuidado
como para el bienestar del cuidador.

La intervención educativa mostró un impacto positivo en los conocimientos de los cuidadores sobre
salud y cuidado del adulto mayor, evidenciado por un aumento significativo en las puntuaciones de los
cuestionarios de conocimiento post-intervención (en comparación con el pre-test). Esta mejora es
consistente con la evidencia científica reciente, la cual sugiere que las intervenciones educativas


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fortalecen sustancialmente los conocimientos de los cuidadores en temas gerontológicos (Saucedo-
Pahua et al., 2024). Por ejemplo, Lee et al. (2023) en su revisión integrativa destacó que capacitar a
familiares cuidadores contribuye a aumentar su conocimiento sobre síndromes geriátricos (como el
delirium) y sus habilidades para manejarlos adecuadamente. De igual manera, estudios cuasi-
experimentales como el de Araujo et al. (2020) han reportado incrementos posintervención en el
conocimiento de prácticas básicas de cuidado, incluyendo alimentación, higiene y movilidad del adulto
mayor. Estos hallazgos confirman que la educación estructurada brinda a los cuidadores las
herramientas teóricas necesarias para comprender mejor las necesidades de salud de la persona
mayor y cómo brindar cuidados seguros y eficaces.

En línea con lo anteriormente descrito, Saucedo-Pahua et al. (2024) enfatizan que los programas
educativos particularmente los de carácter teórico-práctico impartidos por profesionales de enfermería
fortalecen las capacidades del cuidador para atender correctamente al adulto mayor en el hogar. Es
notable que la mejora en conocimientos observada en nuestro estudio coincida con magnitudes
reportadas internacionalmente, lo que refuerza la validez de la intervención educativa como estrategia
para empoderar a los cuidadores en el dominio técnico y cognitivo del cuidado.

De forma similar, Baruah et al. (2021) destacó que en la mayoría de los programas educativos
analizados se fortalecieron las destrezas de los cuidadores para asistir de manera segura en las
actividades de la vida diaria (AVD) de la persona mayor. Es particularmente relevante que en dicha
revisión las intervenciones exitosas combinaron componentes teóricos y prácticos, a menudo
mediante sesiones demostrativas y ensayos supervisados, lo cual reafirma la efectividad de nuestro
enfoque participativo.

La intervención educativa incluyó énfasis en el autocuidado del cuidador, reconociendo que quienes
proveen cuidado a otros con frecuencia descuidan su propia salud física y mental. Los resultados post-
intervención indican que los cuidadores tomaron mayor conciencia de la importancia de atender sus
necesidades personales, se observaron incrementos en prácticas de autocuidado (por ejemplo, tomar
pausas de descanso, buscar apoyo social, y aplicar técnicas básicas de manejo del estrés). Esta mejora
es consistente con recomendaciones de expertos que subrayan la urgencia de educar al cuidador para
que preserve su bienestar y así prevenir el agotamiento crónico (Rahman et al., 2021). En estudios
previos, como el de Ruisoto et al. (2020) indicaron que la ausencia de estrategias de afrontamiento
efectivas en cuidadores se ha vinculado con respuestas no adaptativas (como abuso de sustancias,
ansiedad o depresión); por tanto, dotar al cuidador de herramientas de autocuidado mediante
educación es fundamental tanto para su salud como para la sostenibilidad del cuidado que brinda.

No obstante, la literatura también evidencia que lograr cambios duraderos en la conducta de
autocuidado puede ser desafiante. Un metaanálisis reciente sobre intervenciones enfocadas en
promover el autocuidado del cuidador informal encontró solo efectos pequeños en la mejora de su
salud mental (Liu et al., 2024). Esto sugiere que, si bien la educación incrementa el conocimiento y
motivación hacia el autocuidado, se requieren estrategias complementarias (como seguimiento
continuo, grupos de apoyo o intervenciones de alivio de la carga) para traducir ese conocimiento en
hábitos sostenidos.

La dimensión legal y ética representó un componente novedoso en la intervención educativa y resultó
clave para el empoderamiento holístico de los cuidadores. Antes de la capacitación, se identificó un
bajo nivel de conocimiento en temas como derechos de las personas mayores, prevención del maltrato
y responsabilidades legales del cuidador; esta brecha informativa no es inusual, ya que muchos
cuidadores informales nunca han recibido orientación formal en estos tópicos. Tras la intervención, los
cuidadores demostraron una mejor comprensión de las normativas relevantes y de los principios éticos
que deben guiar la atención. Este resultado encuentra sustento con Wong y Yan (2024) donde han


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mostrado efectividad en aumentar la sensibilización y el conocimiento sobre el maltrato al adulto
mayor entre los cuidadores y profesionales de salud.

Al proveer información legal (por ejemplo, cómo proceder ante sospechas de maltrato, cuáles son las
instituciones de apoyo y las leyes que protegen al adulto mayor), empoderamos al cuidador para actuar
éticamente y conforme a la ley en situaciones críticas (Baker et al., 2023). Además de los aspectos
legales, nuestra intervención recalcó los principios éticos fundamentales en el cuidado geriátrico:
autonomía, beneficencia, no maleficencia y justicia. Inculcar estos principios es crucial para guiar la
toma de decisiones diarias del cuidador, asegurando que se respeten la dignidad y la voluntad de la
persona mayor. Esta prioridad ética en la formación de cuidadores está alineada con estándares
internacionales que promueven que los cuidadores sean formados para respetar la autonomía del
adulto mayor y evitar cualquier forma de daño.

La evaluación global pre y post-test de la intervención educativa confirma su efectividad en el
empoderamiento de los cuidadores de adultos mayores a través de mejoras en múltiples dimensiones,
nuestra intervención produjo avances significativos en conocimientos, habilidades prácticas y en
ciertos aspectos psicosociales, lo que refuerza la validez de la educación al cuidador como estrategia
de salud pública. Por ejemplo, Lee et al. (2023) en su estudio integrativo reciente concluyó que ofrecer
educación sistemática a familiares cuidadores beneficia tanto al cuidador como al adulto mayor bajo
su cuidado, mejorando la capacidad de manejo de condiciones geriátricas (como delirium) y
reduciendo consecuencias negativas como estancias hospitalarias prolongadas. Asimismo, nuestros
hallazgos de mejoras en actitudes de cuidado y prácticas seguras se hacen eco de investigaciones
previas donde intervenciones educativas bien diseñadas lograron incrementos en la calidad de la
relación cuidador-paciente, la movilidad asistida y otras áreas críticas del cuidado diario (Araujo et al.,
2020).

En contraste, nuestra intervención más acotada en el tiempo logró cambios significativos, lo cual
sugiere que incluso con recursos limitados se pueden obtener beneficios tangibles si el contenido es
pertinente y está adaptado al contexto del cuidador. No obstante, es razonable inferir que refuerzos
periódicos o seguimientos posteriores podrían consolidar y prolongar las mejoras alcanzadas,
alineándose con la recomendación de emplear enfoques educativos innovadores y continuos para
maximizar el impacto (Lee et al., 2023).

Finalmente, nuestros hallazgos tienen implicaciones prácticas y de política sanitaria. Respaldan la
necesidad de integrar programas de educación para cuidadores en los servicios gerontológicos,
reconociendo a los cuidadores familiares como aliados esenciales en la atención del adulto mayor. Al
igual que otros autores, abogamos por que se formulen políticas y programas que brinden apoyo
sostenido a los cuidadores, quienes a menudo han sido considerados "pacientes invisibles" dentro del
sistema de salud (Ruisoto et al., 2020)

CONCLUSIÓN

La presente investigación demostró que una intervención educativa diseñada de manera estructurada
y culturalmente contextualizada puede fortalecer las competencias de los cuidadores informales de
adultos mayores, promoviendo su empoderamiento integral y mejorando la calidad del cuidado que
brindan. En coherencia con los objetivos específicos, se identificaron carencias sustanciales en las
dimensiones de conocimiento clínico, habilidades prácticas, afrontamiento emocional, autocuidado, y
comprensión legal y ética, aspectos que fueron abordados eficazmente mediante la propuesta
educativa implementada.

La mejora observada en los conocimientos sobre el manejo de enfermedades crónicas, la
administración segura de medicamentos, la movilidad funcional y la prevención de riesgos, respalda la


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utilidad de los enfoques participativos centrados en el cuidador. De igual modo, los avances en la
comprensión de estrategias de afrontamiento y autocuidado, así como en el reconocimiento del valor
de las redes de apoyo, evidencian el impacto positivo de la intervención en la dimensión psicosocial
del rol del cuidador. No obstante, se identificaron desafíos persistentes, como la limitada formación
previa, el escaso acceso a recursos de apoyo comunitario, y la insuficiente preparación para el manejo
de situaciones de urgencia y cuidados paliativos, lo cual refuerza la necesidad de reforzar políticas
públicas orientadas a la capacitación continua.

En suma, este estudio aporta evidencia empírica sólida para afirmar que las intervenciones educativas
constituyen una herramienta costo-efectiva y necesaria en la atención comunitaria del adulto mayor.
La educación del cuidador debe ser considerada una prioridad en las agendas de salud pública,
reconociendo su rol como pilar esencial en los sistemas de atención del envejecimiento poblacional.


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