INTRODUCCIÓN
El 12 de marzo del 2020 fue un día de significativa perplejidad en Ecuador, el Gobierno Nacional
declaró de forma exhaustiva instaurar una emergencia sanitaria ante el alto incremento de
contagios generados por la pandemia Covid-19, aquello basado en la recomendación de la
Organización Mundial de la Salud (OMS) (Espinosa, 2021; A. H. Sarango, 2021). Desde ese punto,
lo que se conocía como «normal» tornó un cambio radical, no solo en el aspecto de la limitación
del contacto físico, sino, desde el punto en el que se tuvo que modificar la estructura laboral,
funcionamiento y operabilidad organizacional, en este aspecto, como ímpetu de la investigación
se argumenta sobre la incertidumbre que infundo en el sector educativo, debido a que surgió la
necesidad de buscar una herramienta que permita continuar con el proceso educativo sin generar
un vacío sustancial en el desarrollo académico, he aquí donde el teletrabajo de parte de los
docentes y las clases virtuales hacia los estudiantes, se convirtió en un espacio fértil para
continuar con la preparación académica (Ozamiz-Etxebarria et al., 2021; Sarango et al., 2022).
La vertiginosa expansión de la pandemia Covid-19 ha concebido efectos significativos, tanto en
el entorno social, económico, psicológico y educativo (Sheikh et al., 2020); en primera instancia,
el cierre de las entidades de educación como: escuelas, institutos y universidades, no fue una
opción, más bien, una necesidad circunstancial para continuar con el desarrollo académico sin
comprometer con la salud del profesorado, personal administrativo y alumnado (Van Lancker y
Parolin, 2020). En este contexto, es importante cuestionar sobre los efectos que genera la
convergencia a este radical cambio; diversos estudios conductuales enfatizan que la pandemia
no solo afecta a la salud física del sujeto, sino que también puede desestabilizar la salud
psicológica, esto debido a la necesidad abrupta de adaptarse con inmediatez (Besser et al.,
2020), en congruencia con lo antes mencionado, Cuervo Carabel et al. (2018) menciona que la
pandemia produce un quebranto en la salud mental derivado de la falta de experiencia y manejo
de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC), o de diversas condiciones
procedentes del trabajo en casa.
El ser humano es un ser complejo que posee distintas disyuntivas. Las emociones son unos de
los temas más argumentados y debatidos dentro del campo de la psicología, debido a la alta
variabilidad que confiere cada ser humano ante algún evento determinado; de esta forma, las
consideraciones infieren que la inteligencia y productividad están sumamente ligadas a las
emociones, en este sentido, la alteración de uno podría transgredir en el proceder del otro
(Poncela, 2012); Si bien los términos afectividad y emocionalidad parecen ordinarios en el
conocimiento básico humano, atrás de aquellas definiciones coexisten múltiples incidencias que
las transforma en variables complejas y en cierta parte, impredecibles; desde el nacimiento del
ser humano, este genera heterogéneas experiencias, por ende, transigen diversas formas de
expresión que constituyen en el sujeto un lenguaje no verbal como verbal, es decir, la forma en la
cual se expresa consigo mismo y con las personas (Rodríguez, 2002).
Los seres humanos existimos en una trama amplia de funciones emocionales adheridas a la
compatibilidad en sociedad, dicho esto, es pertinente argüir que un alto nivel de aprendizaje es
análogo a la interacción existente entre estudiantes y docentes, aquello se convierte en una
columna que avala un efecto deseado, lo cual, es el alto rendimiento académico. Pese a que
preexisten diferentes formas de aprendizaje, es ideal suscitar la que se adecue a la diversidad
presentada por los estudiantes, con esto manifestarán emociones gratificantes y agradables, lo
que admite una conducta y disciplina adecuada para una armónica interacción (Haro & Vanegas,
2021; Ibáñez, 2002).
Las premisas teóricas fortalecen la presencia de asociatividad entre el nivel de aprendizaje y el
estado emocional, se proceden a citar algunas investigaciones concernientes a la relación.
Retana (2012) en su estudio afirma que la cognición y las emociones constituyen la dialéctica,
por lo cual, la modificación de uno de estos factores incidirá en el otro, además, infiere que en
los procesos de aprendizaje en el aula siempre prevalecerá las emociones debido a la interacción
social. Mora-Torres et al. (2011) en su estudio “estructura de las emociones dentro de un proceso