LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2025, Volumen VI, Número 4 p 2642.
DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v6i4.4456
Universidades públicas y transiciones sostenibles:
Reconfiguraciones institucionales desde la economía
ecológica y la crítica epistemológica
Public universities and sustainable transitions: Institutional
reconfigurations from ecological economics and epistemological critique
Clelia Kathrine Guzmán Espinoza1
kathrine.guzman@ucuenca.edu.ec
https://orcid.org/0000-0001-6883-7251
Universidad de Cuenca
Cuenca – Ecuador
Sonia Catalina Siguenza Orellana
soniasiguenza1@gmail.com
https://orcid.org/0000-0001-7769-538X
Universidad de Cuenca
Cuenca – Ecuador
Artículo recibido: 29 de mayo de 2025. Aceptado para publicación: 01 de septiembre de 2025.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.
Resumen
El artículo aborda la crisis socioecológica global, marcada por el cambio climático, la pérdida de
biodiversidad y crecientes desigualdades, que interpela directamente a las universidades públicas
como instituciones clave en la construcción de transiciones sostenibles. El objetivo principal es
reflexionar críticamente sobre el rol transformador que estas universidades pueden asumir,
articulando sostenibilidad con justicia ambiental, social y cognitiva. La metodología utilizada fue un
análisis documental de enfoque cualitativo, basado en la revisión crítica de 23 fuentes académicas
relevantes en los campos de la economía ecológica, el metabolismo social, las epistemologías críticas
y la sostenibilidad institucional. Las fuentes fueron analizadas según cinco dimensiones: ambiental,
social, económica plural, cultural-epistemológica y política. Entre los principales resultados, el artículo
plantea que las universidades públicas deben reconfigurarse institucionalmente para superar el
paradigma del desarrollo dominante. Esto implica transformar sus contenidos curriculares, prácticas
de gestión, vínculos territoriales y enfoques epistemológicos, abriendo espacio a saberes diversos y
estrategias de gobernanza participativa. Se destaca la utilidad de la evaluación multicriterio como
herramienta para decisiones institucionales complejas. En conclusión, el texto propone que las
universidades públicas tienen el potencial de convertirse en agentes activos en la transición
civilizatoria, siempre que asuman una postura crítica, situada y comprometida con la regeneración
ecológica y la justicia cognitiva.
Palabras clave: universidad pública, sostenibilidad, economía ecológica, epistemologías
críticas, metabolismo social
1 Autora de correspondencia.
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2025, Volumen VI, Número 4 p 2643.
Abstract
The article addresses the global socio-ecological crisis -marked by climate change, biodiversity loss
and growing inequalities- that directly challenges public universities as key institutions in the
construction of sustainable transitions. The main objective is to critically reflect on the transformative
role that these universities can assume, articulating sustainability with environmental, social and
cognitive justice. The methodology used was a qualitative documentary analysis, based on the critical
review of 23 relevant academic sources in the fields of ecological economics, social metabolism,
critical epistemologies and institutional sustainability. The sources were analyzed according to five
dimensions: environmental, social, plural economic, cultural-epistemological and political. Among the
main results, the article argues that public universities must reconfigure themselves institutionally to
overcome the dominant development paradigm. This implies transforming their curricular content,
management practices, territorial links and epistemological approaches, opening space for diverse
knowledge and participatory governance strategies. The usefulness of multi-criteria evaluation as a
tool for complex institutional decisions is highlighted. In conclusion, the text proposes that public
universities have the potential to become active agents in the civilizational transition, provided that
they assume a critical, situated and committed stance towards ecological regeneration and cognitive
justice.
Keywords: public university, sustainability, ecological economics, critical epistemologies,
social metabolism
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Cómo citar: Guzmán Espinoza, C. K., & Siguenza Orellana, S. C. (2025). Universidades públicas y
transiciones sostenibles: Reconfiguraciones institucionales desde la economía ecológica y la crítica
epistemológica. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 6 (4), 2642 –
2653. https://doi.org/10.56712/latam.v6i4.4456
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2025, Volumen VI, Número 4 p 2644.
INTRODUCCIÓN
La actual crisis socioecológica global, caracterizada por el cambio climático, la pérdida de
biodiversidad, la sobreexplotación de recursos naturales y el incremento de desigualdades sociales,
interpela de manera directa a las instituciones encargadas de producir y reproducir conocimiento, en
particular a las universidades públicas. Estas instituciones tienen la responsabilidad histórica de liderar
la transición hacia modelos civilizatorios más justos y sostenibles (Swyngedouw, 2011; Brand, 2023).
Esta necesidad se vuelve aún más apremiante ante el hecho de que, tradicionalmente, su accionar ha
estado restringido por estructuras institucionales que responden a un sistema económico que ha
intensificado las crisis ambientales y sociales. En este contexto, las universidades públicas, como
espacios estratégicos de formación profesional y generación de conocimiento, están llamadas a
desempeñar un rol clave en los procesos de transición ecosocial. Esto exige mucho más que la
inclusión de contenidos ambientales en sus programas; implica repensar de fondo su rol en la
sociedad, reconfigurando sus misiones institucionales hacia una orientación crítica, transformadora y
comprometida con los valores de la justicia social y la sostenibilidad (Gudynas, 2011; Santos, 2009;
Eschenhagen, 2021).
El artículo propone un análisis que se fundamenta en tres marcos teóricos complementarios: la
economía ecológica, el metabolismo social y las epistemologías críticas. Estos enfoques han sido
desarrollados en diversas investigaciones que cuestionan el modelo de desarrollo convencional,
resaltan la dimensión biofísica de las instituciones y proponen la apertura epistémica hacia saberes
históricamente excluidos (Martínez-Alier & Muradian, 2015; Fischer-Kowalski & Hüttler, 1998; Santos,
2009; Escobar, 2015).
Desde la economía ecológica se plantea una crítica al paradigma del crecimiento económico ilimitado
y se propone integrar la justicia ecológica y los límites biofísicos en los procesos educativos (Martínez-
Alier & Muradian, 2015). El metabolismo social, desde la ecología política, permite comprender a las
universidades como nodos activos en los flujos materiales, energéticos y simbólicos de los territorios,
destacando su capacidad transformadora (Fischer-Kowalski & Hüttler, 1998). Por último, las
epistemologías críticas, especialmente desde una mirada decolonial, promueven una apertura hacia
los saberes indígenas, campesinos y afrodescendientes, reconociendo la necesidad de democratizar
el conocimiento y superar la monocultura epistémica (Escobar, 2015; Santos, 2009).
El problema central que plantea el artículo es cómo las universidades públicas, en su configuración
actual, pueden transformarse en actores activos de cambio frente a la crisis ecosocial. El desafío es
superar las limitaciones institucionales que las mantienen subordinadas al modelo hegemónico de
desarrollo, abriendo camino a nuevas formas de producir conocimiento, enseñar e intervenir
territorialmente (Gudynas, 2011; Eschenhagen, 2021; Swyngedouw, 2011).
El objetivo del artículo es analizar críticamente cómo las universidades públicas pueden reconfigurarse
para contribuir a la transición hacia sociedades más equitativas y ecológicamente viables (Brand,
2023). Para ello, se plantean preguntas como: ¿qué transformaciones institucionales requieren estas
universidades para desempeñar un papel estratégico en dicha transición?, ¿cómo pueden las nociones
de economía ecológica, metabolismo social y epistemologías críticas orientar estos procesos de
cambio?, y ¿de qué manera se puede fortalecer el vínculo entre universidad y territorio desde una
perspectiva inclusiva y participativa? Estas interrogantes estructuran el análisis y apuntan a construir
una propuesta institucional crítica que reconozca la diversidad de saberes y la responsabilidad de las
universidades en la regeneración social y ecológica (Martínez-Alier & Muradian, 2015; Escobar, 2015;
Santos, 2009).
METODOLOGÍA
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ISSN en línea: 2789-3855, agosto, 2025, Volumen VI, Número 4 p 2645.
Este estudio se desarrolló con un enfoque cualitativo, basado en el análisis documental interpretativo
de literatura académica (Hernández Sampieri & Mendoza Torres, 2018). El diseño de la investigación
consistió en una revisión crítica de textos relevantes para comprender el rol de las universidades
públicas en la transición hacia sociedades sostenibles. La unidad de análisis estuvo compuesta por 38
documentos, entre ellos artículos científicos, libros especializados, capítulos editados y materiales
docentes.
La selección se realizó en función de su pertinencia teórica (Monje Álvarez, 2011), en los campos de la
economía ecológica, el metabolismo social, las epistemologías críticas y la sostenibilidad institucional.
Se aplicaron criterios específicos como la relevancia conceptual en el debate sobre sostenibilidad y
educación superior, la diversidad de enfoques epistémicos, incluyendo la ecología política, las
epistemologías del Sur y la teoría crítica, y la representación de perspectivas latinoamericanas y del
pensamiento decolonial.
El instrumento de recolección de datos consistió en un proceso riguroso de búsqueda, selección y
lectura crítica de los documentos identificados. La información fue organizada a través de una lectura
interpretativa y un proceso de categorización temática (Monje Álvarez, 2011), considerando cinco
dimensiones clave de la sostenibilidad territorial: ambiental, social, económica plural, cultural-
epistemológica y política.
Estas categorías permitieron estructurar el análisis teórico (Hernández Sampieri & Mendoza Torres,
2018) y articular una propuesta crítica sobre las reconfiguraciones institucionales necesarias en las
universidades públicas. Dado que no hubo interacción con personas, no se requirieron procedimientos
éticos específicos, pero se respetaron los principios de integridad académica, garantizando el
adecuado reconocimiento de todas las fuentes consultadas.
RESULTADOS
Economía ecológica y crítica al desarrollo
La economía ecológica emerge como un campo transdisciplinario que cuestiona de forma radical los
fundamentos del pensamiento económico dominante. A diferencia de la economía ambiental, que
busca incorporar las externalidades ambientales al sistema de precios, la economía ecológica parte de
una comprensión biofísica de la economía, reconociendo los límites termodinámicos del planeta, la
irreversibilidad de ciertos procesos ecológicos y la insustituibilidad de los ecosistemas naturales
(Martínez-Alier y Roca, 2015). Esta perspectiva considera a la economía como un subsistema
incrustado en la biosfera, sujeto a leyes naturales que no pueden ser ignoradas sin graves
consecuencias sociales y ecológicas.
En este enfoque, el crecimiento económico ilimitado es visto no como una oportunidad sino como una
amenaza. La noción de desarrollo basada en el Producto Interno Bruto (PIB) es criticada por invisibilizar
los costos ecológicos, las desigualdades territoriales y la degradación cultural. Por lo tanto, el PIB
constituye un indicador engañoso, pues puede aumentar incluso mientras disminuyen el bienestar
humano y la calidad ambiental. La economía ecológica propone, en su lugar, indicadores que integren
dimensiones ecológicas y sociales, como la huella ecológica, el índice de progreso real o las métricas
de justicia ambiental (Martínez-Alier y Roca, 2015).
Para las universidades públicas, asumir los postulados de la economía ecológica implica un doble
desafío. Por un lado, se requiere transformar los contenidos curriculares y los enfoques pedagógicos,
orientando la formación hacia la sostenibilidad fuerte, la justicia ecológica y el respeto a los límites
biofísicos (Martínez-Alier & Muradian, 2015; Spash, 2017). Por otro lado, supone revisar las propias
prácticas institucionales, incluyendo la gestión de recursos, las políticas de investigación y los vínculos
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con los territorios (Sacher, 2022; Vallejo, 2010). Es decir, la universidad no solo debe enseñar economía
ecológica, sino practicarla.
El metabolismo económico descrito por Vallejo (2010) en el contexto ecuatoriano refuerza esta
necesidad. La autora demuestra cómo la economía nacional opera bajo una lógica extractivista que
externaliza sus impactos y profundiza la dependencia estructural. Las universidades insertas en este
tipo de contextos tienen una responsabilidad adicional: promover una economía plural, territorialmente
situada y ecológicamente viable (Gudynas, 2011; Escobar, 2015). Ello demanda la construcción de
nuevas narrativas, la integración de saberes locales y la apertura a formas alternativas de producción,
consumo y convivencia (Santos, 2009; Latouche, 2009).
En suma, la economía ecológica no es solo una teoría alternativa, sino una propuesta ética, política y
civilizatoria. Su adopción por parte de las universidades públicas puede contribuir a reconfigurar los
sentidos del desarrollo, reorientar las prioridades de la investigación y formar una nueva generación de
profesionales comprometidos con la vida digna, la equidad ambiental y la sostenibilidad territorial
(Martínez-Alier & Muradian, 2015; Spash, 2017).
El metabolismo social como marco: analítico, institucional y territorial
El concepto de metabolismo social ofrece un marco analítico potente para comprender la relación entre
las sociedades humanas y la naturaleza. A partir de la analogía con el metabolismo biológico, este
enfoque permite analizar los flujos de energía y materiales que atraviesan los sistemas sociales, así
como las estructuras institucionales y tecnológicas que los canalizan. Fischer-Kowalski y Hüttler
(1998) señalan que toda sociedad tiene un metabolismo específico, cuya intensidad y composición
responden a las formas de organización económica, tecnológica y cultural, estableciendo así una
relación inseparable entre la base biofísica y las instituciones sociales.
Este enfoque, retomado por Vallejo (2006), permite trascender el análisis económico convencional
centrado en variables monetarias y ofrece una visión biofísica de la economía, donde las universidades
públicas pueden ser interpretadas como unidades metabólicas institucionales. Es decir, como
entidades que no solo consumen energía y materiales, sino que también procesan, transforman y
redistribuyen flujos simbólicos, normativos y materiales en sus territorios de influencia.
En el contexto latinoamericano, donde las universidades públicas están profundamente entrelazadas
con procesos históricos de desigualdad, extractivismo y conflictividad territorial, el metabolismo social
adquiere una dimensión crítica (Sacher, 2022; Escobar, 2015). Las instituciones universitarias, en tanto,
nodos de conocimiento, forman parte activa de los circuitos de apropiación y transformación de la
naturaleza (Fischer-Kowalski & Hüttler, 1998; Vallejo, 2010). De este modo, no pueden limitarse a
observar la crisis ambiental desde fuera, sino que deben reconocer su propia inscripción material e
institucional dentro del metabolismo de sus regiones (Gudynas, 2011; Swyngedouw, 2006).
La aplicación del metabolismo social a la universidad implica no solo medir su huella ecológica o su
eficiencia energética, sino examinar críticamente sus prácticas de consumo, sus vínculos con matrices
energéticas insustentables, su rol en la reproducción de patrones de desarrollo insostenibles y sus
posibilidades de contribuir a transiciones territoriales (Fischer-Kowalski & Hüttler, 1998; Swyngedouw,
2006; Sacher, 2022). Este análisis debe considerar las funciones sustantivas universitarias: docencia,
investigación, vinculación con la sociedad y gestión, como componentes metabólicos que condicionan
sus impactos ecológicos y sociales (Sacher, 2022; Vallejo, 2010).
Desde esta perspectiva, las universidades pueden reconfigurarse como agentes activos de transición
socioecológica si logran alterar su metabolismo institucional hacia patrones más sostenibles,
inclusivos y justos (Sacher, 2022; Gudynas, 2011). Esto implica redefinir sus relaciones con el entorno,
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fortalecer alianzas con comunidades locales, fomentar la agroecología, la soberanía energética, la
economía solidaria y otras formas de vida que se alejan de los principios capitalistas hegemónicos
(Escobar, 2015; Gudynas, 2011). El metabolismo social, entonces, no solo permite diagnosticar la
situación actual, sino también proyectar alternativas institucionales viables para una universidad
comprometida con la sostenibilidad territorial (Fischer-Kowalski & Hüttler, 1998; Sacher, 2022).
Epistemologías críticas y justicia cognitiva
Las epistemologías críticas representan un campo de pensamiento que cuestiona la hegemonía del
conocimiento moderno-occidental y propone una apertura hacia otras formas de producir, validar y
transmitir saberes (Santos, 2009; Escobar, 2015). Inspiradas en el pensamiento decolonial, en las
epistemologías del Sur (Santos, 2012), en la ecología de saberes y en los aportes del feminismo y el
ecofeminismo, estas corrientes reconocen que el conocimiento dominante ha sido históricamente
excluyente, patriarcal, eurocéntrico y funcional a la expansión del capitalismo global (Rivera
Cusicanqui, 2015; Walsh, 2017). Esta crítica no solo se refiere a los contenidos del conocimiento, sino
también a los modos de producción, circulación y legitimación del saber (Walsh, 2017; Santos, 2009).
Desde esta perspectiva, el conocimiento no puede entenderse como neutral o universal, sino como
situado, encarnado y relacionado con estructuras de poder (Haraway, 1988; Escobar, 2015; Santos,
2009). La universidad pública, históricamente concebida como guardiana del conocimiento válido,
tiene el desafío de reconocer y superar su rol en la reproducción de una monocultura epistémica
(Santos, 2009; Walsh, 2017). Ello implica una apertura institucional a los saberes indígenas,
campesinos, afrodescendientes, populares, comunitarios y ancestrales, los cuales no solo contienen
valor cultural, sino también soluciones prácticas a los problemas contemporáneos de sostenibilidad,
resiliencia y convivencia (Escobar, 2015; Walsh, 2017; Rivera Cusicanqui, 2015).
Autores como Walsh (2017), Rivera Cusicanqui (2015) y Dussel (1994) han señalado la necesidad de
descolonizar la universidad como un paso fundamental hacia la justicia cognitiva. Esta justicia implica
no solo el reconocimiento formal de los saberes subalternizados, sino su integración activa y horizontal
en los procesos educativos, de investigación y de vinculación social. De esta manera, la universidad
puede convertirse en un espacio de diálogo intercultural real, donde múltiples racionalidades coexisten,
se confrontan y se enriquecen mutuamente.
En el marco de transiciones ecosociales, la justicia cognitiva no es un elemento accesorio, sino central.
La crisis ambiental contemporánea está profundamente conectada con una crisis de conocimiento, es
decir, con la incapacidad del paradigma dominante para comprender las complejidades ecológicas,
territoriales y culturales (Santos, 2009; Escobar, 2015). La integración de epistemologías críticas
permite, por tanto, enriquecer el análisis, democratizar el saber y generar respuestas contextualizadas
a los desafíos actuales (Walsh, 2017). Las universidades públicas pueden asumir un rol estratégico en
este proceso, siempre que renuncien a su papel de emisoras únicas de la verdad y se abran al
reconocimiento de una pluralidad de conocimientos válidos.
En este sentido, el proceso de transformación institucional debe incluir revisiones curriculares
profundas, el fortalecimiento de metodologías participativas, el uso de lenguas originarias y la
construcción de alianzas con organizaciones comunitarias (Rivera Cusicanqui, 2015; Walsh, 2017). La
educación superior puede, así, convertirse en un espacio fértil para el reconocimiento de las múltiples
racionalidades que habitan los territorios, contribuyendo a procesos de regeneración ecológica,
equidad cultural y soberanía epistemológica. En suma, las epistemologías críticas no solo permiten
repensar el qué y el cómo de la educación, sino también el para qué: una pregunta que remite al
horizonte ético-político de las universidades en la transición hacia sociedades sostenibles (Dussel,
1994; Santos, 2009).
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Gobernanza participativa y evaluación multicriterio para la sostenibilidad institucional
La gobernanza participativa constituye un componente esencial en la construcción de instituciones
comprometidas con la sostenibilidad. A diferencia de los modelos jerárquicos tradicionales, la
gobernanza participativa se fundamenta en la inclusión activa de diversos actores sociales en la toma
de decisiones, reconociendo sus saberes, intereses y capacidades para definir colectivamente los fines
y medios del desarrollo. Fontaine y Velasco (2009) destacan que una gobernanza ambiental eficaz
debe basarse en mecanismos horizontales de interacción, en la transparencia institucional y en la
coproducción del conocimiento, aspectos cruciales para redefinir las funciones universitarias hacia
una sostenibilidad auténtica y territorializada.
En el caso de las universidades públicas, incorporar la gobernanza participativa implica superar una
visión burocrática de la gestión institucional y avanzar hacia formas de deliberación democrática que
involucren a estudiantes, docentes, trabajadores, comunidades locales y gobiernos territoriales
(Fontaine & Velasco, 2009; Ramísio et al., 2019). Esta participación no solo fortalece la legitimidad de
las decisiones, sino que enriquece la orientación estratégica de las universidades al integrar múltiples
perspectivas, necesidades y criterios territoriales (Berchin et al., 2021). Así, las universidades no solo
rinden cuentas hacia adentro, sino que se abren al diálogo con la sociedad, potenciando su papel como
articuladoras de procesos de transición hacia sociedades más justas y sostenibles.
La evaluación multicriterio (EMC) se presenta como una herramienta metodológica adecuada para
operacionalizar estos principios en el ámbito de la sostenibilidad. Según Munda (2004), la EMC permite
integrar criterios heterogéneos —económicos, sociales, ecológicos y culturales— en procesos de
decisión complejos, respetando el carácter conflictivo y plural de los valores en juego. En contextos
universitarios, la EMC puede utilizarse para evaluar políticas, programas o proyectos institucionales,
facilitando procesos de toma de decisiones transparentes, argumentados y democráticos, que reflejen
la diversidad de intereses presentes en el entorno académico y social (Spangenberg, 2011).
La combinación de gobernanza participativa y evaluación multicriterio puede transformar el rol de las
universidades en los territorios donde operan (Berchin et al., 2021; Ramísio et al., 2019). A través de
procesos deliberativos, estructurados y transparentes, es posible articular objetivos institucionales con
demandas sociales, establecer prioridades basadas en el bien común y promover una gestión
universitaria más sensible a la equidad, la justicia ambiental y la regeneración ecológica. La
sostenibilidad institucional no se limita, entonces, a la eficiencia administrativa o a la innovación
tecnológica, sino que se vincula profundamente con la construcción colectiva de horizontes
civilizatorios alternativos (Munda, 2004).
En este marco, las universidades públicas se convierten en laboratorios vivos de sostenibilidad, donde
se experimentan nuevas formas de democracia institucional, se promueve la autonomía crítica de los
actores sociales y se generan indicadores cualitativos y cuantitativos para monitorear el avance hacia
transiciones socioecológicas justas (Ramísio et al., 2019; Berchin et al., 2021). La EMC, cuando es
usada como parte de un proceso participativo y reflexivo, no solo orienta la toma de decisiones, sino
que también fortalece la capacidad institucional para adaptarse a contextos complejos, para identificar
conflictos de valor y para construir soluciones negociadas que respondan a los desafíos
contemporáneos (Munda, 2004).
DISCUSIÓN
El análisis teórico desarrollado en este artículo permite argumentar que las universidades públicas
pueden desempeñar un papel estratégico en las transiciones ecosociales, siempre que asuman
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transformaciones estructurales en sus enfoques epistemológicos, pedagógicos e institucionales. A
partir de los marcos conceptuales de la economía ecológica, el metabolismo social y las
epistemologías críticas, se identificó que la configuración actual de las universidades tiende a
reproducir modelos de desarrollo insostenibles, fragmentados y funcionales a la lógica del capital
(Martínez-Alier & Muradian, 2015; Escobar, 2015; Santos, 2009).
La economía ecológica aporta una crítica sustantiva al paradigma del crecimiento económico ilimitado,
proponiendo en su lugar una racionalidad que reconoce los límites biofísicos del planeta y la necesidad
de justicia ecológica. Este enfoque, aplicado a la universidad, implica no solo revisar los contenidos
curriculares, sino también transformar las prácticas institucionales y los vínculos con el territorio. Por
su parte, el enfoque del metabolismo social permitió entender a las universidades como unidades que
procesan y redistribuyen flujos materiales, simbólicos y normativos, lo que refuerza su capacidad —y
su responsabilidad— de influir en las dinámicas socioecológicas locales (Fischer-Kowalski & Hüttler,
1998; Vallejo, 2010; Sacher, 2022).
Desde las epistemologías críticas, se plantea que la sostenibilidad no puede construirse desde un
conocimiento monocultural, patriarcal y eurocentrado, sino que requiere la apertura hacia una ecología
de saberes que incluya lo indígena, lo afrodescendiente, lo popular y lo comunitario (Walsh, 2017; Rivera
Cusicanqui, 2015). Esta perspectiva no solo enriquece la producción académica, sino que cuestiona el
papel hegemónico de la universidad como única fuente legítima de conocimiento, proponiendo una
democratización cognitiva radical.
En términos prácticos, las implicaciones de este marco son profundas: reconfigurar las funciones
sustantivas de la universidad (docencia, investigación, vinculación y gestión) exige avanzar hacia
modelos participativos, territorializados y coherentes con la sostenibilidad fuerte. La adopción de
mecanismos como la gobernanza participativa y la evaluación multicriterio representa un paso
concreto para traducir estas ideas en procesos institucionales sostenibles (Fontaine & Velasco, 2009;
Munda, 2004; Ramísio et al., 2019).
Sin embargo, este estudio presenta limitaciones. Al tratarse de un análisis conceptual y documental,
no se incluyen evidencias empíricas ni estudios de caso que permitan contrastar estas propuestas con
prácticas institucionales reales. Asimismo, el artículo se centró en marcos teóricos específicos,
dejando de lado otras posibles aproximaciones, como el feminismo decolonial o la educación popular
latinoamericana, que también ofrecen aportes valiosos a la sostenibilidad territorial en educación
superior. Estas limitaciones abren el camino para futuras investigaciones de tipo comparativo,
cualitativo y participativo, que exploren la aplicación concreta de estos enfoques en universidades de
distintas regiones.
CONCLUSIÓN
El análisis desarrollado a lo largo de este artículo pone en evidencia la necesidad de repensar
profundamente el papel de las universidades públicas en la transición hacia sociedades sostenibles.
Lejos de limitarse a su función tradicional de formación profesional y producción de conocimiento, las
universidades deben asumir un rol transformador, capaz de incidir sobre los sistemas institucionales,
territoriales y epistemológicos que estructuran el metabolismo social. Esta transformación implica
redefinir sus vínculos con el entorno, democratizar su estructura organizativa, repensar los fines de la
educación superior y cuestionar las lógicas del conocimiento dominante.
La economía ecológica proporciona un marco teórico y metodológico idóneo para orientar esta
transición, en tanto cuestiona los fundamentos del desarrollo convencional y promueve una visión
sistémica, biofísica y plural de la sostenibilidad. La noción de metabolismo social, en este contexto,
permite abordar las universidades como unidades metabólicas complejas, cuyas prácticas materiales,
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simbólicas y organizativas inciden directamente en las dinámicas socioecológicas de sus territorios.
Desde esta perspectiva, se vuelve indispensable analizar cómo los flujos de energía, materiales y
conocimiento se articulan con las funciones sustantivas universitarias y con los modelos de desarrollo
hegemónicos.
Asimismo, el reconocimiento de la diversidad epistémica y el compromiso con la justicia cognitiva se
configuran como condiciones indispensables para avanzar hacia modelos universitarios
verdaderamente inclusivos, democráticos y situados. Las epistemologías críticas y del Sur permiten
visibilizar los saberes históricamente subalternizados, y ofrecen herramientas para construir puentes
entre conocimientos académicos y populares, entre ciencia y territorio, entre universidad y comunidad.
En este marco, la universidad pública puede contribuir activamente a la construcción de una ecología
de saberes orientada a la sostenibilidad y a la equidad cognitiva.
Finalmente, la combinación entre gobernanza participativa y evaluación multicriterio constituye un eje
estratégico para traducir estos principios en prácticas institucionales concretas. La participación
activa de actores diversos, junto con herramientas que permitan integrar múltiples valores y criterios,
fortalece la capacidad de las universidades para tomar decisiones legítimas, sostenibles y justas. En
conjunto, estos enfoques permiten delinear una universidad pública comprometida con la regeneración
territorial, la justicia socioambiental y la transición hacia futuros sostenibles. En lugar de adaptarse
pasivamente al mundo que existe, la universidad tiene el potencial, y la responsabilidad, de contribuir
activamente a imaginar y construir mundos nuevos.
Por lo tanto, la universidad pública se encuentra en un momento histórico que exige una profunda
revisión de su sentido, de sus prácticas y de sus vínculos con el entorno. Frente a la crisis
multidimensional del modelo de desarrollo dominante, caracterizada por el colapso ecológico, la
desigualdad social y la pérdida de diversidad cultural y epistémica, las instituciones de educación
superior no pueden mantenerse al margen. Por el contrario, están llamadas a desempeñar un papel
activo en la construcción de alternativas civilizatorias, donde el conocimiento, la ética y la justicia social
confluyan para el bien común y la sostenibilidad planetaria.
Pensar la universidad como un actor en transición implica comprenderla como parte de los procesos
de transformación ecosocial que requieren nuevas formas de producir conocimiento, de enseñar, de
habitar el territorio y de relacionarse con los distintos saberes. Esta perspectiva reconoce que la
universidad, además de ser un espacio de reproducción, puede convertirse en un espacio de creación
de mundos posibles, donde se cultiven las capacidades colectivas para imaginar y materializar futuros
sostenibles, inclusivos y regenerativos. En este sentido, su rol trasciende la dimensión educativa y se
proyecta como una institución estratégica para la transición hacia una nueva racionalidad civilizatoria.
En este proceso, se vuelve fundamental promover una gobernanza universitaria más democrática,
plural y participativa, así como reconfigurar el currículo desde una mirada interdisciplinaria, decolonial
y situada. Del mismo modo, se debe fortalecer el vínculo con las comunidades, no como objetos de
intervención, sino como aliadas estratégicas en la producción de conocimiento relevante para la vida.
La universidad en transición debe abrirse al conflicto, a la diferencia y al diálogo transformador,
asumiendo una postura ética y política comprometida con la justicia ambiental, social y epistémica.
Estas reflexiones apuntan a delinear una agenda de cambio institucional que reconozca a las
universidades como espacios estratégicos para la transición hacia sociedades sostenibles. No se trata
únicamente de adaptar indicadores de sostenibilidad o introducir cursos ambientales, sino de
cuestionar las lógicas hegemónicas que organizan el saber, la economía y la vida. La transición
universitaria requiere valentía política, compromiso ético y una disposición constante al aprendizaje
colectivo. Es en este escenario donde la universidad pública puede recuperar su vocación
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transformadora, contribuyendo activamente a la regeneración de los vínculos entre humanidad y
naturaleza.
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REFERENCIAS
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