La Paradoja de la Inclusión: Análisis de las Nuevas Formas de  
Exclusión en Políticas Educativas  
The Paradox of Inclusion: Analyzing New Forms of Exclusion in Educational  
Policies  
José de Jesús Reveles Márquez  
Benemérita Escuela Normal Manuel Ávila Camacho  
Zacatecas México  
Diana Arias Maldonado  
Centro de Actualización del Magisterio Zacatecas  
Zacatecas México  
Ernesto Ceballos Gurrola  
Benemérita Escuela Normal Manuel Ávila Camacho  
Zacatecas México  
Artículo recibido: 09 de junio de 2025. Aceptado para publicación: 26 de septiembre de 2025.  
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.  
Resumen  
La paradoja de que “la inclusión excluye” se presenta cuando las políticas diseñadas para garantizar  
igualdad de oportunidades terminan generando nuevas desigualdades. Este artículo examina dicha  
paradoja mediante un estudio de caso múltiple en cinco instituciones educativas, utilizando un  
enfoque mixto que combina cuestionarios, entrevistas, observaciones y análisis documental. Los  
resultados cuantitativos muestran que, mientras el 65% de los estudiantes con discapacidades  
percibieron mejoras en su experiencia académica, un 40% de estudiantes sin discapacidades  
manifestó sentirse desatendido, evidenciando tensiones en la distribución de recursos. El análisis  
cualitativo identificó tres factores críticos: insuficiente formación docente, estigmatización derivada  
del etiquetado y limitaciones presupuestales. Estos hallazgos confirman que las políticas inclusivas,  
aunque bien intencionadas, pueden reforzar exclusiones inadvertidas. Se discute la necesidad de  
adoptar enfoques interseccionales y holísticos que reconozcan la diversidad de identidades,  
garanticen la equidad en la asignación de recursos y fortalezcan la preparación docente. Se concluye  
que una inclusión efectiva requiere no solo ajustes normativos, sino también transformaciones  
culturales e institucionales que promuevan pertenencia y respeto mutuo en la vida escolar.  
Palabras clave: inclusión, exclusión inadvertida, equidad, interseccionalidad, formación  
docente  
Abstract  
The paradox that “inclusion excludes” emerges when policies intended to ensure equal opportunities  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2025, Volumen VI, Número 5 p 30.  
inadvertently generate new forms of inequality. This article analyzes this paradox through a multiple  
case study in five educational institutions, using a mixed-methods approach that combines  
questionnaires, interviews, observations, and document analysis. Quantitative findings indicate that  
while 65% of students with disabilities reported academic improvement, 40% of non-disabled students  
felt overlooked, revealing tensions in resource distribution. Qualitative analysis identified three critical  
factors: insufficient teacher training, stigmatization resulting from labeling, and limited funding. These  
results confirm that inclusive policies, despite their good intentions, may reinforce unintended  
exclusions. The discussion emphasizes the need for holistic and intersectional approaches that  
acknowledge identity complexity, ensure fair resource allocation, and strengthen teacher preparation.  
The study concludes that effective inclusion requires not only regulatory adjustments but also cultural  
and institutional transformations that foster belonging and mutual respect within schools.  
Keywords: inclusion, unintended exclusion, equity, intersectionality, teacher training  
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Cómo citar: Reveles Márquez, J. de J., Arias Maldonado, D., & Ceballos Gurrola, E. (2025). La  
Paradoja de la Inclusión: Análisis de las Nuevas Formas de Exclusión en Políticas Educativas. LATAM  
Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 6 (5), 30 43.  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2025, Volumen VI, Número 5 p 31.  
INTRODUCCIÓN  
La inclusión educativa se ha consolidado en las últimas décadas como un eje prioritario de las políticas  
públicas y de la práctica escolar en el mundo. Desde los acuerdos internacionales como la Declaración  
de Salamanca (1994) hasta la Agenda 2030 de la UNESCO (2017, 2020), el compromiso ha sido claro:  
garantizar que todos los estudiantes, independientemente de sus características personales, sociales  
o culturales, tengan acceso a una educación de calidad. Este principio se traduce en la premisa de  
igualdad de oportunidades y de plena participación en la vida escolar. Sin embargo, en la práctica  
cotidiana, el ideal de la inclusión convive con tensiones y contradicciones que han dado origen a la  
llamada paradoja de que “la inclusión excluye” (Mora, 2013).  
La paradoja se evidencia cuando las políticas diseñadas para atender a grupos históricamente  
marginados terminan creando nuevas formas de desigualdad, al dejar de lado a otros colectivos con  
necesidades específicas o al reforzar procesos de estigmatización. Investigaciones recientes  
confirman que los programas centrados en la atención a estudiantes con discapacidad, por ejemplo,  
pueden provocar la percepción de abandono en alumnos que, sin estar en dicha categoría, requieren  
apoyos educativos diferenciados (Salinas & Núñez, 2020; Cadenas, 2016). Este fenómeno no solo  
responde a la distribución desigual de recursos siempre limitados(Echeíta & Verdugo, 2012), sino  
también a la imposición de normas mayoritarias que promueven asimilación en lugar de verdadera  
inclusión (Delbury, 2018).  
La literatura internacional ha comenzado a problematizar estas tensiones. En Finlandia y Noruega,  
experiencias de inclusión han mostrado mejoras en accesibilidad, pero también el riesgo de segmentar  
al alumnado bajo etiquetas de “necesidad especial” (Halinen & Järvinen, 2008; OECD, 2022). En  
América Latina, estudios recientes evidencian cómo las políticas inclusivas pueden reproducir  
desigualdades estructurales al no contemplar la intersección entre género, etnicidad y clase social  
(Revuelta & Hernández, 2021; Guerrero Velásquez, 2024). Esta perspectiva resulta clave si se considera  
que las identidades de los estudiantes no son unidimensionales, sino múltiples y entrelazadas, como  
plantea la teoría de la interseccionalidad (Crenshaw, cit. en Ramírez Íñiguez, 2020).  
En este marco, la presente investigación busca analizar críticamente la paradoja de la inclusión desde  
un enfoque teórico y empírico. El estudio se apoya en casos de instituciones educativas mexicanas y  
retoma referentes internacionales para mostrar cómo las políticas inclusivas pueden producir  
exclusiones inadvertidas. Asimismo, se plantea la necesidad de repensar la inclusión desde enfoques  
más holísticos, interseccionales y culturalmente sensibles, que no solo eliminen barreras estructurales,  
sino que también promuevan un sentido de pertenencia y respeto mutuo en la vida escolar. De esta  
manera, el artículo pretende aportar tanto a la reflexión académica como a la formulación de políticas  
públicas más justas y sostenibles en el ámbito educativo.  
METODOLOGÍA  
El presente estudio se desarrolló bajo un enfoque mixto, integrando estrategias cuantitativas y  
cualitativas con el propósito de analizar la paradoja de que “la inclusión excluye” en contextos  
escolares urbanos. Este enfoque resultó pertinente, ya que permitió obtener datos cuantificables sobre  
percepciones de inclusión y exclusión, y al mismo tiempo profundizar en las experiencias, tensiones y  
contradicciones manifestadas por los actores educativos.  
Diseño de la investigación  
Se adoptó un estudio de caso múltiple, centrado en diversas instituciones públicas de educación básica  
y media ubicadas en la zona urbana de Zacatecas y Guadalupe. El diseño buscó captar variabilidad en  
la implementación de políticas inclusivas y comparar cómo estas se experimentan en distintos niveles  
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escolares, desde preescolar hasta bachillerato. La elección de este diseño se justifica en la necesidad  
de observar cómo una misma política puede generar resultados diferentes en contextos heterogéneos.  
Participantes  
La muestra estuvo conformada por 278 participantes: 215 estudiantes, 48 docentes y 15 directivos. Se  
trató de un muestreo por conveniencia y variado, pues se seleccionaron aquellas escuelas donde los  
autores tenían practicantes en activo, lo que permitió acceder a la vida escolar en distintos niveles  
educativos. La mayor concentración de datos provino de primarias y secundarias, mientras que  
preescolar y bachillerato se incorporaron en menor proporción. En promedio, los grupos observados  
contaban con 25 a 30 estudiantes por aula, reflejando la estructura común de las escuelas urbanas  
públicas en la capital zacatecana.  
En el caso de los estudiantes, aproximadamente el 40% se encontraba inscrito en programas de apoyo  
a la diversidad (como atención de Unidades de Servicio de Apoyo a la Educación Regular USAER o  
programas estatales de sensibilización como “Lazarito llega a tu escuela”), mientras que el resto  
pertenecía a grupos vulnerables por condiciones socioeconómicas, culturales o lingüísticas.  
Contexto institucional  
Las instituciones participantes fueron escuelas públicas urbanas de nivel preescolar, primaria,  
secundaria y bachillerato en Zacatecas y Guadalupe. Entre ellas se incluyen planteles con antecedentes  
de participación en programas de inclusión, como primarias y secundarias atendidas por USAER 52 (ej.  
Primaria Narciso Mendoza e Ignacio Zaragoza) y aquellas beneficiadas por el programa “Lazarito llega  
a tu escuela”, que en 2025 alcanzó a más de treinta instituciones de la capital. Estos contextos resultan  
representativos de las políticas locales de inclusión, al combinar esfuerzos federales, estatales y  
municipales.  
Instrumentos de recolección de datos  
Para garantizar la triangulación de fuentes, se utilizaron los siguientes instrumentos:  
Cuestionarios estructurados aplicados a estudiantes: con ítems tipo Likert (1=totalmente en  
desacuerdo a 5=totalmente de acuerdo) en dimensiones de pertenencia, equidad en recursos,  
estigma/etiquetado, clima entre pares, preparación docente percibida y acceso digital.  
Cuestionarios a docentes, enfocados en formación: recursos, carga laboral, prácticas inclusivas,  
coordinación con USAER y percepción del clima escolar.  
Entrevistas semiestructuradas a docentes y directivos: con preguntas orientadas a experiencias de  
implementación, estrategias de inclusión, manejo de recursos y percepción de desigualdades.  
Entrevistas breves a estudiantes de secundaria: indagando momentos de inclusión/exclusión,  
etiquetas percibidas y sugerencias de mejora.  
Observaciones directas en aula y espacios escolares: registrando interacciones, estrategias  
didácticas diferenciadas y barreras físicas o simbólicas a la inclusión.  
Análisis documental: de programas escolares, reglamentos institucionales y notas periodísticas o  
comunicados oficiales sobre prácticas inclusivas en escuelas locales.  
Procedimiento  
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Las actividades de recolección de datos se llevaron a cabo en jornadas de práctica docente entre marzo  
y junio de 2025. Los cuestionarios se aplicaron en sesiones regulares de clase, con el apoyo de los  
practicantes, quienes facilitaron la aplicación y resguardo de los instrumentos. Las entrevistas y  
observaciones fueron realizadas por los investigadores en coordinación con docentes titulares y  
directivos, garantizando que no interfirieran en el desarrollo escolar habitual.  
Análisis de datos  
El análisis cuantitativo incluyó estadística descriptiva (frecuencias y medias) e inferencial, aplicando  
pruebas t para muestras independientes y análisis de regresión múltiple con el fin de identificar  
diferencias significativas y factores predictivos en la percepción de inclusión. La confiabilidad de las  
escalas se verificó mediante alfa de Cronbach.  
El análisis cualitativo siguió el enfoque de análisis temático, desarrollando codificación abierta, axial y  
selectiva de entrevistas y observaciones (Kornblit & Beltramino, 2004). El software NVivo se utilizó para  
organizar categorías emergentes, entre ellas: pertenencia, estigmatización, distribución de recursos y  
clima escolar. Se triangula la información entre cuestionarios, entrevistas, observaciones y análisis  
documental para reforzar la validez de los hallazgos.  
Consideraciones éticas  
El estudio cumplió con principios éticos básicos. Se obtuvo consentimiento informado de directivos,  
docentes y familias, garantizando la participación voluntaria. Se aseguró el anonimato de estudiantes  
mediante el uso de pseudónimos en las citas cualitativas, y se resguardaron todos los datos de forma  
confidencial. Ningún participante fue expuesto a riesgos físicos o emocionales derivados de la  
investigación.  
Limitaciones  
Se reconocen tres limitaciones principales:  
El muestreo fue por conveniencia, lo que limita la generalización estadística de los resultados.  
La dependencia de escuelas con practicantes pudo sesgar la muestra hacia instituciones más  
dispuestas a la colaboración.  
Las fuentes secundarias (comunicados oficiales y notas periodísticas) no siempre especifican el  
nombre de todas las escuelas beneficiadas, lo que implica un posible subregistro de planteles con  
programas inclusivos.  
A pesar de estas limitaciones, la diversidad de instituciones y actores participantes, junto con la  
triangulación metodológica, ofrecen un panorama sólido y representativo de las tensiones de inclusión  
en el contexto urbano de Zacatecas.  
DESARROLLO  
Fundamentos conceptuales de la inclusión y la exclusión  
La inclusión educativa se ha convertido en uno de los ejes centrales de la política educativa  
internacional desde finales del siglo XX. A partir de la Declaración de Salamanca (UNESCO, 1994) se  
estableció el compromiso de construir sistemas escolares que respondan a la diversidad de los  
estudiantes y eliminen barreras al aprendizaje. Posteriormente, la Convención sobre los Derechos de  
las Personas con Discapacidad de la ONU (2006) reforzó este principio, al señalar la educación  
inclusiva como un derecho humano fundamental. En la actualidad, la Agenda 2030 y el Objetivo de  
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Desarrollo Sostenible 4 insisten en garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad, situando  
la inclusión como un criterio ineludible de justicia social y de equidad (UNESCO, 2017; 2020).  
En el ámbito académico, la inclusión se ha definido como el proceso de garantizar igualdad de  
oportunidades para todos los estudiantes, eliminando barreras físicas, culturales, sociales y  
pedagógicas que limitan la participación plena en la vida escolar (Booth & Ainscow, 2015). Sin  
embargo, diversos autores advierten que la inclusión no debe confundirse con integración: mientras  
esta última supone la incorporación de estudiantes en las estructuras ya existentes, la inclusión implica  
transformar dichas estructuras para asegurar que la diversidad sea reconocida, valorada y atendida  
(Pérez, Gargallo, Burguet & López, 2015).  
La exclusión, por su parte, no siempre se manifiesta como una marginación abierta o explícita, sino  
también como un proceso sutil y “no intencionado”. De ahí surge la paradoja de que “la inclusión  
excluye” (Mora, 2013). Este fenómeno ocurre cuando las políticas educativas, al enfocarse en  
determinados colectivos, generan inadvertidamente desigualdades hacia otros. Así, programas  
centrados en estudiantes con discapacidad pueden dejar de lado a alumnos con desventajas  
socioeconómicas o culturales, lo que amplía las brechas de inequidad en lugar de reducirlas (Salinas  
& Núñez, 2020).  
La literatura también reconoce que la asignación desigual de recursos es un factor clave en la  
producción de estas exclusiones inadvertidas. Las políticas inclusivas suelen depender de  
presupuestos limitados, lo cual obliga a priorizar ciertos grupos en detrimento de otros (Echeíta &  
Verdugo, 2012). En este sentido, la exclusión se vincula no solo a las carencias materiales, sino también  
a dinámicas simbólicas como el etiquetado y la estigmatización de quienes son señalados como  
“necesitados de inclusión”, reforzando diferencias y fragmentando la comunidad educativa (Cadenas,  
2016).  
En los últimos años, estudios internacionales han advertido que los sistemas educativos corren el  
riesgo de avanzar hacia una inclusión parcial o segmentada. La OECD (2022) ha señalado que muchos  
países promueven políticas inclusivas que mejoran la accesibilidad, pero que al mismo tiempo  
intensifican las diferencias entre quienes reciben apoyos específicos y quienes no. Del mismo modo,  
informes recientes de la UNESCO (2023) sobre desigualdades educativas pospandemia alertan sobre  
nuevas formas de exclusión vinculadas al acceso digital, la brecha de género y la pertenencia étnica.  
En síntesis, la inclusión educativa se concibe como un principio orientador de justicia social, pero su  
implementación práctica enfrenta tensiones que pueden derivar en exclusiones inadvertidas. Estos  
fundamentos conceptuales permiten comprender que la inclusión no es un estado alcanzado de una  
vez y para siempre, sino un proceso dinámico, complejo y en permanente construcción, en el que deben  
revisarse críticamente tanto las políticas como sus efectos reales en la vida escolar.  
La paradoja de la inclusión: tensiones y contradicciones  
La inclusión educativa suele presentarse como un ideal incuestionable en los discursos de política  
pública. Sin embargo, la práctica revela una paradoja: al intentar incluir a ciertos grupos, otros quedan  
invisibilizados o excluidos. Este dilema, que Mora (2013) denomina “la inclusión excluye”, plantea la  
necesidad de problematizar las formas en que los sistemas educativos diseñan y aplican políticas  
inclusivas.  
Una primera tensión se observa en las políticas compensatorias, que al concentrarse en atender a  
colectivos específicos como estudiantes con discapacidadterminan dejando de lado a otros con  
necesidades igualmente significativas. Como señalan Echeíta y Verdugo (2012), el problema no reside  
en la intención de apoyar, sino en la forma desigual de distribuir los recursos, lo cual genera  
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percepciones de inequidad en la comunidad escolar. Así, la búsqueda de equidad puede derivar en  
nuevas desigualdades cuando la atención se focaliza en unos sectores mientras se descuida a otros.  
Otra contradicción se manifiesta en la imposición de normas mayoritarias a los grupos minoritarios.  
En muchos casos, las políticas de inclusión terminan reproduciendo dinámicas de asimilación cultural  
en lugar de valorar la diversidad. Delbury (2018) advierte que, bajo la retórica de la igualdad, las  
instituciones educativas suelen demandar a los estudiantes de minorías que se ajusten a las normas  
dominantes, lo que conlleva pérdida de identidad y debilitamiento de sus referentes culturales. Esto  
convierte la inclusión en un proceso homogeneizador que niega las diferencias en lugar de  
reconocerlas.  
A estas tensiones estructurales se suman dinámicas simbólicas de estigmatización y segmentación.  
Cadenas (2016) señala que, al categorizar a ciertos estudiantes como “necesitados de inclusión”, se  
les coloca en una posición de diferencia que refuerza su marginalidad dentro del aula. Este efecto  
paradójico se ha documentado también en estudios recientes: la OECD (2022) advierte que en diversos  
países europeos y latinoamericanos las etiquetas de apoyo terminan creando “subgrupos” al interior  
de la escuela, lo que contradice el objetivo de generar pertenencia.  
Finalmente, es necesario considerar la exclusión derivada de las nuevas desigualdades globales. La  
crisis sanitaria y la transición digital pospandemia han mostrado que la inclusión ya no puede limitarse  
a la dimensión presencial, sino que debe incorporar el acceso a recursos tecnológicos. Informes de la  
UNESCO (2023) y el Banco Mundial (2022) destacan que, aunque los programas digitales ampliaron  
oportunidades de aprendizaje, también profundizaron las brechas entre quienes cuentan con  
conectividad y competencias digitales y quienes permanecen al margen. Este fenómeno constituye  
una nueva cara de la exclusión, que complejiza aún más la paradoja contemporánea de la inclusión.  
Estos hallazgos coinciden con investigaciones en contextos rurales que muestran cómo las políticas  
compensatorias pueden generar inequidad en poblaciones no contempladas, reproduciendo la  
paradoja de que la inclusión excluye (Reveles Márquez & Arias Maldonado, 2023).  
En suma, la paradoja de la inclusión se expresa en tensiones que van desde la redistribución desigual  
de recursos hasta la imposición de normas culturales, pasando por la creación de etiquetas que  
refuerzan la diferencia. Estos dilemas muestran que la inclusión, lejos de ser un proceso lineal y  
garantizado, es un campo en disputa donde conviven avances y retrocesos, y donde la equidad debe  
pensarse desde una perspectiva dinámica y contextualizada.  
Aportes teóricos para comprender la paradoja  
La complejidad de la inclusión educativa y sus efectos no intencionados exige apoyarse en marcos  
conceptuales que permitan analizar las dinámicas de exclusión desde diferentes ángulos. Entre las  
aproximaciones más relevantes destacan la teoría del etiquetado, la interseccionalidad, la teoría crítica  
de la raza y los enfoques basados en derechos humanos y justicia social.  
La teoría del etiquetado y la estigmatización  
La teoría del etiquetado, ampliamente discutida en la sociología de la educación, sostiene que las  
categorías sociales asignadas a ciertos individuos pueden condicionar sus trayectorias, reforzando  
desigualdades y exclusiones (Rosales Novoa & Ripoll, 2023). En el ámbito educativo, etiquetar a un  
estudiante como “necesitado de inclusión” o “con necesidades especiales” no siempre favorece su  
integración; en ocasiones, acentúa la diferencia y genera dinámicas de estigmatización que debilitan  
su autoestima y sentido de pertenencia (Ramírez Íñiguez, 2020). Estudios recientes confirman que  
estas etiquetas pueden convertirse en fronteras simbólicas que delimitan la participación plena en la  
vida escolar (Revuelta & Hernández, 2021).  
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La teoría de la interseccionalidad  
El concepto de interseccionalidad, acuñado por Kimberlé Crenshaw, resulta clave para comprender  
cómo las identidades múltiples como género, etnicidad, clase social o discapacidadse entrecruzan  
y producen experiencias diferenciadas de inclusión o exclusión (Ramírez Íñiguez, 2020). En el contexto  
educativo, las políticas que se enfocan en una sola dimensión de la identidad pueden pasar por alto la  
complejidad de los sujetos. Por ejemplo, una alumna indígena con discapacidad no solo enfrenta  
barreras físicas, sino también prejuicios culturales y desigualdades de género. La literatura  
contemporánea insiste en que las políticas inclusivas deben reconocer esta multiplicidad para evitar  
exclusiones inadvertidas (Idáñez & Buraschi, 2023; UNESCO, 2023).  
Teoría crítica de la raza y justicia social  
La teoría crítica de la raza aporta una mirada indispensable sobre cómo el racismo estructural y las  
relaciones de poder atraviesan los sistemas educativos. Según Sapon-Shevin (2014), la inclusión no  
puede reducirse a un acto de “integración formal”, pues muchas veces las escuelas reproducen las  
mismas desigualdades raciales y socioeconómicas que existen en la sociedad. En América Latina,  
investigaciones recientes muestran que los estudiantes de comunidades indígenas  
y
afrodescendientes siguen enfrentando prácticas de segregación encubierta, incluso dentro de políticas  
que se autodenominan inclusivas (Maldonado & Reveles, 2024; Guerrero Velásquez, 2024). Esto  
demuestra que el análisis de la inclusión debe situarse en el marco más amplio de la justicia social y  
de la lucha contra las desigualdades históricas.  
Perspectiva de derechos humanos y equidad educativa  
Finalmente, la inclusión se entiende también desde un enfoque de derechos humanos, que enfatiza que  
no se trata de “favores” ni “acciones compensatorias”, sino del reconocimiento de un derecho universal  
a la educación. La UNESCO (2020, 2023) y organismos como el Banco Mundial (2022) subrayan que  
los Estados tienen la obligación de garantizar condiciones equitativas para que todos los estudiantes  
desarrollen su potencial. Desde esta perspectiva, las políticas inclusivas deben evaluarse no solo por  
su capacidad de integrar físicamente a los alumnos en las aulas, sino por su efectividad para generar  
igualdad sustantiva, respeto a la diversidad cultural y un clima escolar de pertenencia.  
Antecedentes empíricos en contextos internacionales y latinoamericanos  
El análisis de la inclusión educativa no puede limitarse al plano conceptual, pues las experiencias  
internacionales ofrecen evidencias sobre sus alcances, tensiones y contradicciones. Estos  
antecedentes permiten identificar patrones comunes y particularidades contextuales que refuerzan la  
necesidad de enfoques más críticos y situados.  
Experiencias europeas: inclusión con riesgos de segmentación  
En Europa, la implementación de políticas inclusivas ha mostrado avances notables en accesibilidad y  
equidad, pero también limitaciones importantes. En países como Finlandia y Noruega, reconocidos por  
sus sistemas educativos de calidad, los programas inclusivos han mejorado el rendimiento y la  
participación de estudiantes con discapacidades, aunque también han generado la percepción de que  
quienes no pertenecen a dichos programas reciben menos atención (Halinen & Järvinen, 2008; OECD,  
2022). La Agencia Europea para las Necesidades Educativas Especiales ha advertido que, aunque se  
han reducido las tasas de segregación formal, persiste la segmentación simbólica dentro de las  
escuelas (European Agency, 2021).  
América Latina: avances normativos y desafíos persistentes  
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En América Latina, los discursos sobre inclusión se han fortalecido a partir de los marcos de derechos  
humanos y de las políticas impulsadas por organismos internacionales. Sin embargo, la realidad  
muestra un desfase entre la norma y la práctica. Investigaciones en Chile, Colombia y México  
documentan cómo las acciones afirmativas destinadas a minorías étnicas o socioeconómicas, si bien  
han abierto oportunidades, también han generado nuevas tensiones en torno a la percepción de  
privilegios y a la falta de recursos suficientes para atender a toda la población (Mosquera Rosero,  
Rodríguez Morales & León Díaz, 2009; Niño Vargas, 2019).  
En el caso mexicano, estudios recientes sobre la implementación de políticas inclusivas en escuelas  
normales revelan que, a pesar de los esfuerzos institucionales, persisten resistencias docentes,  
prácticas de etiquetado y limitaciones en la formación inicial para la atención a la diversidad (Márquez  
& Maldonado, 2024; Maldonado & Reveles, 2024). Estos hallazgos confirman que la inclusión requiere  
no sólo de cambios estructurales, sino también de transformaciones pedagógicas profundas.  
Nuevas formas de exclusión en la era digital  
La pandemia de COVID-19 visibilizó con mayor claridad las brechas educativas existentes y creó  
nuevas formas de exclusión vinculadas al acceso a la tecnología y a la conectividad. De acuerdo con  
la UNESCO (2023), más del 40% de los estudiantes de América Latina no tuvo acceso adecuado a  
recursos digitales durante la educación remota, lo cual afectó especialmente a comunidades rurales,  
indígenas y de bajos ingresos. Informes del Banco Mundial (2022) destacan que esta brecha digital  
profundizó desigualdades de género y socioeconómicas, mostrando que la inclusión hoy debe  
pensarse también en clave digital y tecnológica.  
Balance crítico de los antecedentes  
En conjunto, los estudios empíricos muestran que la inclusión, aunque logra avances en términos de  
equidad, enfrenta contradicciones recurrentes: la distribución desigual de recursos, la persistencia de  
estigmas y la creación de nuevas exclusiones. Las experiencias europeas y latinoamericanas coinciden  
en que las políticas inclusivas han mejorado el acceso formal, pero no siempre han garantizado un  
sentido de pertenencia y de justicia social. Este balance confirma la pertinencia de analizar la paradoja  
de la inclusión desde una perspectiva comparada, crítica e interseccional, reconociendo que los logros  
alcanzados no están exentos de tensiones y limitaciones.  
Síntesis crítica y vacíos identificados  
La revisión conceptual y empírica muestra que la inclusión educativa, aunque constituye un principio  
rector en las agendas nacionales e internacionales, está lejos de consolidarse como una práctica  
plenamente efectiva. Los marcos normativos han establecido metas ambiciosas de equidad y justicia  
social, pero la implementación real enfrenta tensiones constantes: redistribución desigual de recursos,  
estigmatización por etiquetado, imposición de normas culturales mayoritarias y la emergencia de  
nuevas brechas, como la digital.  
Desde una perspectiva crítica, puede afirmarse que los avances alcanzados han permitido ampliar la  
accesibilidad y visibilizar la diversidad, pero no han resuelto el dilema central de la inclusión: evitar que  
los esfuerzos dirigidos a un sector de la población escolar generan exclusiones inadvertidas en otros  
(Mora, 2013; Cadenas, 2016). La evidencia empírica confirma que, tanto en Europa como en América  
Latina, la inclusión formal no siempre garantiza pertenencia, respeto mutuo ni igualdad sustantiva  
(OECD, 2022; UNESCO, 2023; Márquez & Maldonado, 2024).  
En este escenario, emergen varios vacíos que justifican investigaciones como la presente:  
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Limitado análisis interseccional: muchas políticas se enfocan en una sola dimensión (discapacidad,  
etnia, género), ignorando la multiplicidad de identidades y experiencias (Revuelta & Hernández, 2021;  
Idáñez & Buraschi, 2023).  
Escasa problematización de efectos no intencionados: los estudios tienden a valorar logros de  
accesibilidad, pero pocas investigaciones examinan críticamente cómo las políticas inclusivas pueden  
reproducir desigualdades.  
Déficit en propuestas operativas: persiste un desfase entre la teoría de la inclusión y las estrategias  
concretas que las instituciones implementan, especialmente en contextos de recursos limitados.  
Insuficiente evidencia contextualizada en México: aunque existen diagnósticos generales, aún es  
necesario documentar cómo se expresan estas tensiones en instituciones formadoras de docentes y  
en escuelas públicas, donde confluyen diversidad cultural, desigualdad social y limitaciones  
presupuestales.  
En síntesis, el marco teórico y los antecedentes revisados permiten comprender la paradoja de la  
inclusión como un problema global y a la vez situado, que exige ser abordado desde enfoques  
holísticos, interseccionales y culturalmente sensibles. Reconocer estos vacíos no solo refuerza la  
pertinencia de la investigación, sino que también orienta la construcción de políticas inclusivas más  
justas, capaces de garantizar equidad sin generar nuevas formas de exclusión.  
RESULTADOS Y DISCUSIÓN  
El análisis de los cuestionarios aplicados a 215 estudiantes de primaria, secundaria y bachillerato  
muestra una tendencia general positiva hacia la percepción de inclusión, aunque con matices que  
evidencian tensiones.  
Tabla 1  
Percepción de inclusión en estudiantes (medias, escala 15)  
Dimensión  
Primaria  
(n=120)  
4.3  
Secundaria  
(n=70)  
4.1  
Bachillerato  
(n=25)  
3.9  
Total  
(n=215)  
4.2  
Pertenencia (B)  
Equidad de recursos  
(ER)  
3.6  
3.3  
3.1  
3.4  
Estigma/etiquetado  
(EE)*  
2.7  
3.0  
3.2  
2.9  
Clima entre pares (CP)  
Preparación docente  
(PD)  
4.2  
3.7  
4.0  
3.5  
3.8  
3.2  
4.1  
3.6  
Acceso digital (AD)  
3.4  
3.1  
2.9  
3.2  
Nota: valores invertidos, menores puntajes = menos percepción de estigma.  
Los resultados indican que la pertenencia (4.2) y el clima entre pares (4.1) son los aspectos mejor  
evaluados, sugiriendo que la mayoría de los estudiantes se siente parte del grupo y tratado con respeto.  
Sin embargo, las puntuaciones más bajas corresponden a equidad de recursos (3.4) y acceso digital  
(3.2), lo que refleja una percepción de desigualdad en la distribución de apoyos y limitaciones derivadas  
de la brecha tecnológica.  
Un análisis comparativo (t de Student) mostró diferencias significativas entre estudiantes con apoyos  
de inclusión (por ejemplo, atendidos por USAER 52 o programas estatales) y aquellos que no los  
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reciben. En equidad de recursos, los primeros reportaron medias más altas (3.8) que los segundos (3.2;  
p<.05). En cambio, en estigmatización, los estudiantes con apoyos reportaron menor percepción de  
etiquetas (2.6 vs. 3.1; p<.05). Esto sugiere que los beneficiarios reconocen los apoyos, pero los demás  
sienten cierta inequidad.  
En el caso de los 48 docentes, los resultados reflejan una disposición positiva hacia la inclusión, pero  
con limitaciones estructurales. Las medias más bajas se registraron en recursos (2.8) y carga laboral  
(2.6), mientras que las más altas se observaron en clima escolar (3.9) y prácticas inclusivas (3.4).  
Resultados cualitativos  
El análisis de entrevistas y observaciones permitió identificar tres categorías principales:  
estigmatización, distribución desigual de recursos y limitaciones en la formación docente.  
Estigmatización  
Algunos estudiantes señalaron sentirse etiquetados cuando eran señalados como “de apoyo especial”:  
“Cuando la maestra dice que yo necesito ayuda extra, mis compañeros me miran diferente.”  
(Estudiante, Sec-14, F)  
“En mi grupo dicen que los de USAER son los que ‘no pueden’, y eso sí duele.” (Estudiante, Prim-8, M)  
Distribución de recursos  
Tanto estudiantes como docentes identificaron tensiones en la asignación de apoyos materiales y  
humanos:  
“Los niños que no entran en el programa se quedan sin libros adaptados o tablets, y se sienten  
menos.” (Docente, Prim-6)  
“Si hay un recurso, se da solo a un grupo, y otros piensan que no se les toma en cuenta.”  
(Directivo, Sec-2)  
Formación docente insuficiente  
Los docentes expresaron disposición, pero también carencia de capacitación sistemática:  
“Me esfuerzo en adaptar, pero no tengo formación especializada en inclusión.” (Docente, Sec-  
11)  
“Los talleres duran poco y no alcanzan para aprender estrategias reales.” (Docente, Prim-4)  
DISCUSIÓN  
Los resultados evidencian que la inclusión educativa en contextos urbanos de Zacatecas presenta  
logros significativos en clima escolar y pertenencia, lo que concuerda con estudios previos sobre la  
importancia de la cultura escolar en la percepción de inclusión (Booth & Ainscow, 2015; OECD, 2022).  
Sin embargo, también confirman la paradoja de la inclusión (Mora, 2013; Cadenas, 2016): al priorizar  
apoyos para estudiantes con discapacidad o dentro de programas específicos, otros alumnos perciben  
inequidad y exclusión inadvertida.  
La percepción de estigmatización hallada en algunos estudiantes se relaciona directamente con la  
teoría del etiquetado, que advierte sobre los efectos negativos de categorizar a quienes requieren  
apoyos (Rosales Novoa & Ripoll, 2023). Por otro lado, la desigualdad en recursos refleja la tensión  
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estructural descrita por Echeíta y Verdugo (2012), quienes sostienen que la limitación presupuestal  
obliga a priorizar y genera nuevas inequidades.  
Asimismo, la brecha en acceso digital y las dificultades en la formación docente concuerdan con  
reportes internacionales recientes (UNESCO, 2023; Banco Mundial, 2022), que señalan cómo la falta de  
infraestructura tecnológica y de capacitación especializada obstaculizan una inclusión efectiva en el  
aula.  
En suma, los hallazgos corroboran que la inclusión no puede reducirse a la asignación de apoyos  
focalizados, sino que requiere enfoques holísticos e interseccionales, acompañados de una formación  
docente sólida y una redistribución equitativa de recursos que garantice justicia educativa sin generar  
exclusiones inadvertidas.  
CONCLUSIÓN  
La presente investigación confirma que la inclusión educativa, aunque concebida como un principio de  
equidad y justicia social, enfrenta tensiones y contradicciones que pueden derivar en exclusiones  
inadvertidas. Los resultados muestran que, si bien los estudiantes perciben un fuerte sentido de  
pertenencia y un clima escolar positivo, persisten desigualdades en la distribución de recursos,  
estigmatización asociada al etiquetado y limitaciones en la formación docente. Estas evidencias  
permiten plantear conclusiones en tres niveles:  
Implicaciones teóricas  
Los hallazgos respaldan la validez de la paradoja de la inclusión (Mora, 2013; Cadenas, 2016), al  
demostrar que las políticas diseñadas para garantizar la equidad pueden generar nuevas  
desigualdades. La experiencia en escuelas urbanas de Zacatecas refuerza la pertinencia de enfoques  
críticos, como la teoría del etiquetado y la interseccionalidad, que permiten comprender cómo los  
apoyos institucionales, en lugar de eliminar las barreras, pueden recrear fronteras simbólicas y  
reproducir exclusiones.  
Implicaciones prácticas  
A nivel escolar, los resultados sugieren la necesidad de fortalecer la formación docente en estrategias  
inclusivas diferenciadas, así como de diversificar los recursos pedagógicos disponibles. La percepción  
positiva del clima escolar representa un capital importante que debe aprovecharse para consolidar  
prácticas colaborativas y solidarias entre estudiantes. Asimismo, se recomienda ampliar los  
mecanismos de acompañamiento para garantizar que los apoyos no se concentren en un grupo  
específico, sino que respondan a la diversidad en su conjunto  
Implicaciones de política pública  
Desde una perspectiva institucional, los hallazgos evidencian la urgencia de diseñar políticas inclusivas  
más holísticas e interseccionales, que integren la diversidad cultural, socioeconómica, lingüística y  
digital. Programas como “Lazarito llega a tu escuela” y la acción de las USAER constituyen avances  
relevantes, pero requieren mayor cobertura, continuidad y evaluación para evitar segmentaciones. De  
igual manera, es imprescindible invertir en infraestructura digital y reducir las brechas tecnológicas que  
limitan la participación equitativa en el aprendizaje.  
En síntesis, la inclusión no puede limitarse a la integración física ni a la asignación focalizada de  
apoyos, sino que debe concebirse como un proceso transformador que implique cambios culturales,  
pedagógicos e institucionales. Solo mediante la redistribución justa de recursos, la formación docente  
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continua y el reconocimiento pleno de la diversidad se podrá transitar hacia una inclusión educativa  
que no excluya.  
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