LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2025, Volumen VI, Número 5 p 167.


DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v6i5.4594

Gobernanza inclusiva: Tecnología para el bienestar del
adulto mayor en la frontera norte de México

Inclusive Governance: Technology for the Well-being of Older Persons on
Mexico's Northern Border


Patricia Valenzuela Hernández

patricia.valenzuela81@uabc.edu.mx
https://orcid.org/0000-0002-6050-6551

Universidad Autónoma de Baja California
Baja California – México


Artículo recibido: 11 de junio de 2025. Aceptado para publicación: 29 de septiembre de 2025.

Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.

Resumen
El objetivo de este artículo es analizar el impacto de las políticas públicas de inclusión digital en el
bienestar de los adultos mayores en la frontera norte de México. Se empleó una metodología
cualitativa con enfoque fenomenológico, mediante revisión documental de programas
gubernamentales y encuestas sobre el uso de tecnología. La muestra se basó en testimonios y datos
secundarios de adultos mayores beneficiarios de dichos programas. Los resultados indican que,
aunque existen avances económicos a través de programas como la Pensión para el Bienestar, el
acceso y uso efectivo de tecnologías digitales sigue siendo limitado, especialmente en contextos
rurales. Las principales barreras son la falta de dispositivos, conectividad y capacitación. Se concluye
que las políticas deben adoptar un enfoque integral e inclusivo que garantice no solo el acceso, sino
también el empoderamiento digital de los adultos mayores, favoreciendo su bienestar y participación
activa en la sociedad digital

Palabras clave: vejez, tecnología, bienestar, inclusión, frontera


Abstract
The objective of this article is to analyze the impact of public digital inclusion policies on the well-being
of older adults on Mexico's northern border. A qualitative methodology with a phenomenological
approach was used, through a documentary review of government programs and surveys on
technology use. The sample was based on testimonies and secondary data from older adults who
benefited from these programs. The results indicate that, although there has been economic progress
through programs such as the Pension for Well-being, access to and effective use of digital
technologies remains limited, especially in rural areas. The main barriers are the lack of devices,
connectivity, and training. It is concluded that policies must adopt a comprehensive and inclusive
approach that guarantees not only access but also the digital empowerment of older adults, promoting
their well-being and active participation in the digital

Keywords: old age, technology, well-being, inclusion, border



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ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2025, Volumen VI, Número 5 p 168.


























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Cómo citar: Valenzuela Hernández, P. (2025). Gobernanza inclusiva: Tecnología para el bienestar del
adulto mayor en la frontera norte de México. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y
Humanidades 6 (5), 167 – 184. https://doi.org/10.56712/latam.v6i5.4594


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ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2025, Volumen VI, Número 5 p 169.


INTRODUCCIÓN

En las últimas décadas, México ha experimentado una transformación demográfica significativa,
caracterizada por un aumento sostenido en la proporción de personas adultas mayores. En esa línea,
Paz y Luna (2024) mencionan que la transición demográfica es una teoría acerca de la movilidad
poblacional que va desde un escenario con altas tasas de natalidad y mortalidad, y bajas tasas de
crecimiento natural a un contexto en el que los dos son bajos, provocando niveles altos que se
aproximan a la población estacionaria. Este fenómeno, resultado del descenso de la fecundidad y el
aumento en la esperanza de vida, ha generado una serie de desafíos sociales, económicos y políticos
que requieren respuestas estructuradas y sostenibles. En respuesta a este envejecimiento poblacional,
se han diseñado e implementado diversas políticas públicas orientadas al bienestar del adulto mayor,
con énfasis en la protección social, el acceso equitativo a servicios de salud, la participación
comunitaria y, más recientemente, la inclusión digital como componente esencial de integración social.

En este contexto, el uso de la tecnología ha sido identificado como una herramienta clave para mejorar
la calidad de vida de los adultos mayores, al promover su autonomía, facilitar el acceso a servicios
públicos, reducir el aislamiento y fortalecer la participación ciudadana. En ese sentido, Navarrete et al.
(2022) mencionan que “se evidencia la necesidad de inclusión de los adultos mayores en programas
de alfabetización digital que les permita hacer un buen uso de las TIC de modo que puedan beneficiarse
de estas” (p. 10). Sin embargo, el aprovechamiento efectivo de estas tecnologías depende de múltiples
factores: la alfabetización digital, la accesibilidad de dispositivos adecuados, la existencia de
infraestructura tecnológica, y la disposición institucional para adaptar sus modelos de gestión a una
lógica centrada en las personas.

A partir de estos desafíos, surge la necesidad de explorar nuevas formas de gobernanza inclusiva que
integren la tecnología desde una perspectiva humana, centrada no solo en la eficiencia administrativa,
sino en la dignidad, capacidades, funcionamientos y derechos de las personas mayores. En este
sentido, el presente estudio se propone responder a la siguiente pregunta de investigación: ¿Cómo
puede una administración pública centrada en el ser humano integrar de manera efectiva la tecnología
para promover el bienestar de los adultos mayores en México, considerando los principios de
gobernanza inclusiva y las barreras actuales de acceso digital?

A través de un enfoque cualitativo y fenomenológico, se busca comprender cómo las políticas públicas
orientadas a la inclusión digital están impactando en la vida cotidiana de los adultos mayores de
Vicente Guerrero, Mexicali Baja California, México e identificar barreras estructurales persistentes.

METODOLOGÍA

Esta sección expone el enfoque metodológico de la investigación, centrado en el análisis de la calidad
de vida en personas adultas mayores. Para ello, se definieron tres categorías principales. La primera,
capacidades, alude a las distintas combinaciones de estados y acciones que un individuo es capaz de
realizar. La segunda, funcionamientos, hace referencia a lo que una persona valora hacer o ser en su
vida cotidiana. La tercera categoría, calidad de vida, se concibe como la igualdad de oportunidades
para ejercer dichas capacidades, considerando las condiciones individuales.

Asimismo, se incorporan subcategorías que permiten una comprensión más detallada del fenómeno
estudiado: salud física y mental, independencia, apoyo social, participación en actividades y
satisfacción con la vida. Se presenta un marco de análisis basado en el enfoque de capacidades de
Amartya Sen, centrado en las categorías de capacidades, funcionamientos y calidad de vida, con sus
respectivas subcategorías. La categoría de capacidades hace referencia a las diversas combinaciones
de estados y acciones que una persona puede alcanzar, destacando áreas clave como la salud física


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y mental, la independencia, el apoyo social, las actividades y participación, los factores económicos y
la satisfacción por la vida. Estas subcategorías reflejan las condiciones que permiten a los individuos
ejercer sus libertades y elecciones, fundamentales para su bienestar. Por otro lado, los
funcionamientos se refieren a las cosas que una persona puede valorar hacer o ser, es decir, los logros
concretos que alcanzan a partir de sus capacidades, lo que incluye tanto aspectos materiales como
inmateriales de su vida. Finalmente, la calidad de vida está vinculada a lo que las personas valoran
como importante, abarcando tanto los funcionamientos alcanzados como las capacidades que les
permiten realizar lo que consideran valioso. Este marco enfatiza que no solo se trata de los resultados
obtenidos (funcionamientos), sino también de las opciones reales disponibles para las personas
(capacidades), lo que resulta en una visión integral del bienestar. En conjunto, estas categorías
permiten entender cómo las políticas públicas y programas sociales pueden impactar de manera más
profunda el bienestar de los individuos, no solo mejorando sus condiciones materiales, sino también
ampliando sus oportunidades y libertades para lograr una vida significativa (véase Tabla 1).

Tabla 1

Categorías de análisis

Categoría Matriz conceptual Subcategorías
Capacidades Representa las diversas combinaciones de

estados y acciones que una persona puede
alcanzar.

Salud física y mental.
Independencia.
Apoyo social.
Actividades y
participación.
Factores económicos.
Satisfacción por la vida.

Funcionamientos Diversas cosas que una persona puede valorar
hacer o ser.

Calidad de vida Aquellas cosas que valoran como importantes.


Nota: Matriz conceptual elaboración propia con base en el enfoque de capacidades de Sen (1992,
2000).

DESARROLLO

El marco teórico de esta investigación tiene como propósito establecer un sustento conceptual sólido
que permita comprender e interpretar los factores que inciden en la calidad de vida de los adultos
mayores en la localidad de Vicente Guerrero, en el valle de Mexicali. Para ello, se integran tres
dimensiones fundamentales: conceptual, empírica y normativa. En conjunto, posibilitan un análisis
integral desde la perspectiva del bienestar, las capacidades y la inclusión social.

Desde la dimensión conceptual, se adopta el enfoque de las capacidades propuesto por Amartya Sen
(1992, 2000), que representa un cambio paradigmático frente a las concepciones tradicionales del
desarrollo humano centradas en el ingreso o el consumo. Este enfoque define los funcionamientos
como los diversos estados y actividades que una persona puede alcanzar, como estar bien alimentado,
tener buena salud, acceder a la educación o participar en la vida comunitaria. Las capacidades, por su
parte, se entienden como las libertades sustantivas que una persona tiene para lograr esos
funcionamientos; es decir, las oportunidades reales de llevar la vida que valora. Desde esta perspectiva,
la calidad de vida se concibe como la capacidad de los individuos para realizar los funcionamientos
que consideran valiosos. En el caso de los adultos mayores, estos funcionamientos pueden incluir
desde mantener relaciones afectivas significativas hasta tener acceso a la atención médica o participar
activamente en su comunidad. El bienestar, en este contexto, no es solo un estado material o físico,
sino una condición subjetiva que emerge cuando las capacidades se traducen en funcionamientos que
satisfacen las aspiraciones y necesidades individuales.


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En la dimensión empírica, se revisan estudios y datos relevantes que ilustran cómo se expresan las
capacidades y funcionamientos en la vida diaria de los adultos mayores, tanto en México como en
contextos comparables. Diversas investigaciones han abordado la calidad de vida de esta población
considerando variables como la seguridad económica, la salud, la integración social y el acceso a la
tecnología. Por ejemplo, se ha documentado que los programas de pensión no contributiva, como la
Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores, han contribuido a mejorar el bienestar
económico de los beneficiarios, aunque persisten importantes desigualdades en el acceso a servicios
y oportunidades (CONEVAL, 2023). Además, estudios recientes han destacado el papel de la tecnología
como una herramienta potencial para fortalecer la autonomía y la participación de los adultos mayores,
aunque también han señalado barreras significativas, como la baja alfabetización digital, la falta de
dispositivos adecuados y la limitada cobertura de conectividad en zonas rurales (INEGI, 2022). Estos
hallazgos empíricos permiten contextualizar la situación de los adultos mayores en Vicente Guerrero y
ofrecen una base comparativa para valorar el alcance y las limitaciones de las políticas públicas
existentes.

La dimensión normativa, por último, introduce una reflexión sobre las implicaciones éticas y políticas
de promover una buena calidad de vida en la vejez. En este sentido, el bienestar de las personas
mayores debe entenderse no sólo como una meta individual, sino como un compromiso colectivo que
interpela al Estado, la sociedad civil y las comunidades. El enfoque de las capacidades, al priorizar la
libertad real para elegir y vivir con dignidad, se articula con principios normativos como la equidad, la
justicia social y el reconocimiento de derechos. Así, las políticas públicas deben orientarse a garantizar
que los adultos mayores cuenten con las condiciones necesarias para ejercer plenamente sus
capacidades. Esto implica no solo brindar apoyos económicos o servicios asistenciales, sino también
generar entornos accesibles, promover la alfabetización digital, fomentar la participación activa y
construir modelos de gobernanza que coloquen al ser humano en el centro de la administración
pública. De esta manera, se transita hacia una visión más inclusiva del desarrollo que reconoce la
diversidad y dignidad de la vejez, y que apuesta por un envejecimiento activo, saludable y socialmente
significativo.

En conjunto, estas tres dimensiones permiten abordar de forma integral el objeto de estudio, al
combinar marcos conceptuales sólidos, evidencia empírica contextualizada y fundamentos
normativos que orientan la acción pública. Este enfoque proporciona las bases necesarias para
interpretar los hallazgos del estudio y formular propuestas que contribuyan a una mejora sustantiva
del bienestar de los adultos mayores en contextos locales como el de Vicente Guerrero.

Gobernanza inclusiva

Desde una dimensión conceptual, en su obra Desarrollo y libertad, Sen (2000) plantea que al examinar
la justicia social es necesario considerar distintos criterios para evaluar las ventajas individuales. Uno
de los elementos centrales en este análisis son las capacidades, entendidas como las libertades
fundamentales que permiten a una persona vivir la vida que valora y considera significativa.

En esa misma línea, Sen (2011), delinea el vínculo entre la pobreza y la carencia de capacidades
esenciales es consistente con su concepción del desarrollo. Según el autor, la pobreza no se limita a
la insuficiencia de ingresos, sino que debe comprenderse como una forma de privación de libertades y
oportunidades fundamentales que impiden a las personas llevar una vida plena.

En La desigualdad económica, Sen (2021) sostiene que la capacidad debe entenderse como la
posibilidad real que tiene una persona para alcanzar sus metas. Esto implica que, además de
considerar los bienes primarios como los derechos, libertades, ingresos, oportunidades, riqueza y el


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respeto propio, es fundamental tomar en cuenta las particularidades individuales que influyen en cómo
estos recursos pueden ser utilizados en la práctica.

Desde una dimensión empírica, Lepe et al., (2020), a través de una revisión narrativa, analizaron cómo
el deterioro de las funciones ejecutivas en adultos mayores afecta su autonomía y calidad de vida.
Identificaron que las funciones más comprometidas con la edad son la atención, la memoria operativa,
la fluidez verbal y la flexibilidad cognitiva, todas fundamentales para la adaptación, el razonamiento y
la actualización de información. También se reportaron dificultades en la inhibición, el procesamiento
sensorial y el razonamiento, reflejando un enlentecimiento general del funcionamiento cognitivo.

El envejecimiento poblacional ha convertido la atención a los adultos mayores en una prioridad de
salud pública a nivel global. En este marco, Astorga et al. (2021) evaluaron en Talca, Chile, el impacto
de un programa de entrenamiento de fuerza con enfoque social y lúdico en adultos mayores con
postura de cabeza adelantada. Mediante un diseño experimental longitudinal, el estudio buscó
determinar si este tipo de intervención mejoraba su calidad de vida. Los resultados evidenciaron
mejoras significativas en capacidad física, bienestar psicológico y relaciones sociales, con aumentos
promedio de 7.4, 5.4 y 7 puntos, respectivamente, en estos dominios.

En Brasil, Souza et al., (2021) llevaron a cabo un estudio titulado Implicaciones de la fragilidad
autorreportada en la calidad de vida de los adultos mayores, utilizando un diseño transversal con el
objetivo de analizar la relación entre la fragilidad percibida por los propios adultos mayores y su calidad
de vida. Los hallazgos revelaron correlaciones negativas significativas entre diversas dimensiones de
la calidad de vida y factores como la pérdida de fuerza muscular, la lentitud al caminar, la baja actividad
física y la fatiga, lo que sugiere que estos indicadores de fragilidad impactan de forma adversa el
bienestar general en la vejez.

Enríquez et al., (2022) realizaron en Lima, Perú, una revisión sistemática con metaanálisis para evaluar
la efectividad de ejercicios multicomponentes en la calidad de vida y el equilibrio de adultos mayores.
De los 110 estudios identificados, cinco fueron incluidos en el análisis cuantitativo, abarcando a 354
participantes con intervenciones de entre uno y doce meses. Los resultados indicaron un efecto
positivo moderado en el equilibrio (0.515; IC 95%: 0.030–0.999) y en la dimensión física de la calidad
de vida (0.322; IC 95%: 0.053–0.590), mientras que en la dimensión mental no se observaron efectos
significativos (-0.076; IC 95%: -0.344–0.191).

La relación entre salud y calidad de vida en la vejez es compleja y bidireccional, ya que una buena salud
contribuye significativamente al bienestar general. En este marco, Villarreal et al., (2022) llevaron a
cabo un estudio en un municipio del Caribe colombiano, con una muestra de 365 adultos mayores, con
el objetivo de analizar la asociación entre la calidad de vida y la salud autopercibida. Mediante un
diseño descriptivo, transversal y con fase correlacional, los resultados revelaron que el 54 % de los
participantes percibía su calidad de vida como deficiente, mientras que el 56 % considera su salud
como positiva, frente a un 44 % que la evaluó negativamente. Las dimensiones con mejores
puntuaciones fueron la satisfacción espiritual (60 %), el bienestar psicosocial (55 %), el autocuidado y
funcionamiento (52 %) y el funcionamiento interpersonal (52 %), mientras que las más bajas
corresponden al bienestar físico (51 %), el apoyo social (50 %) y la satisfacción personal.

Alonso et al., (2022) realizaron un estudio en Tamaulipas, México, con enfoque cuantitativo, descriptivo
y analítico, para examinar la relación entre calidad de vida, dependencia funcional, funcionamiento
familiar y apoyo social en adultos mayores. Los hallazgos mostraron asociaciones significativas (p <
0.05) entre las dimensiones física, psicológica y social de la calidad de vida y variables como la
capacidad funcional, el apoyo social y el entorno familiar. Específicamente, la capacidad funcional y el
apoyo social se identificaron como predictores de la calidad de vida física y psicológica; las actividades


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básicas, el funcionamiento familiar y el apoyo social influyeron en la calidad de vida social; y las
actividades instrumentales junto con el apoyo social predijeron la calidad de vida en el ámbito
ambiental.

Finalmente, Duran-Badillo et al., (2020) realizaron un estudio correlacional en Matamoros, Tamaulipas,
con una muestra de 99 adultos mayores que asistían al centro comunitario “Las Culturas” de la
Secretaría de Salud. El objetivo fue explorar la relación entre el miedo a la muerte y la calidad de vida,
utilizando la Escala de Collet-Lester y el cuestionario WHOQOL-BREF. Los resultados no evidenciaron
una correlación significativa entre el miedo global a la muerte y la calidad de vida general. Sin embargo,
se identificaron asociaciones específicas: un menor miedo a la propia muerte se relaciona con una
mejor calidad de vida en la dimensión física (p < .05), mientras que un menor temor al proceso de morir
se asoció positivamente con la dimensión ambiental (p < .05). Curiosamente, se observó que un mayor
miedo a la muerte de otros se vinculaba con una mejor percepción de la calidad de vida en el ámbito
social (p < .05). Los autores concluyen que el tipo de miedo experimentado influye de manera
diferenciada en las dimensiones del bienestar percibido.

En una dimensión normativa, desde 2015, la Organización de las Naciones Unidas ha desempeñado un
papel central en la promoción de la sostenibilidad global a través de los Objetivos de Desarrollo
Sostenible (ODS) de la Agenda 2030, cuyo propósito es equilibrar las dimensiones social, económica y
ambiental del desarrollo. En particular, el ODS 10 Reducción de las desigualdades aborda temas como
el crecimiento inclusivo, la equidad de oportunidades, la integración social y económica, y la
formulación de políticas públicas pertinentes. En línea con estos objetivos, en 2023 el Departamento
de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU publicó el Informe Social Mundial, donde se analizan las
implicaciones económicas y sociales del envejecimiento poblacional. Este informe retoma el Plan de
Acción Internacional de Madrid sobre el Envejecimiento como marco para orientar políticas nacionales
inclusivas, equitativas y centradas en el bienestar y los derechos de las personas adultas mayores.

Medir la calidad de vida representa hoy un desafío para los gobiernos, ya que implica considerar
múltiples factores interrelacionados. En respuesta a esta necesidad, la Organización para la
Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) publicó en 2015 el informe ¿Cómo va la vida?, donde
presenta el Índice para una Vida Mejor. Este instrumento permite que las personas evalúen su bienestar
personal a partir de 11 dimensiones clave: vivienda, ingresos, empleo, comunidad, educación, medio
ambiente, participación cívica, salud, satisfacción, seguridad y equilibrio entre la vida laboral y personal.
Su objetivo es orientar la formulación de políticas públicas enfocadas en mejorar la calidad de vida de
la población. En cuanto al ámbito educativo, el informe señala que en México solo el 42 % de los adultos
de entre 25 y 64 años ha concluido la educación media superior, cifra considerablemente inferior al
promedio del 72 % establecido por los países de la OCDE.

En 1978, la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció la urgencia de abordar los problemas
que afectan a la población adulta mayor a nivel global. Como resultado, se llevó a cabo en Viena, del
26 de julio al 6 de agosto de ese año, la Asamblea Mundial sobre las Personas de Edad, cuyo objetivo
fue tratar temas como la seguridad económica, la protección social y las oportunidades de desarrollo
para este grupo (ONU, 1982a). De esta reunión surgió el Plan de Acción Internacional de Viena sobre el
Envejecimiento, el primer marco orientado a guiar la formulación de políticas públicas y programas
dirigidos a las personas mayores. Este Plan incluyó 62 recomendaciones que abordan áreas clave
como salud y nutrición, protección al consumidor, vivienda y medio ambiente, familia, bienestar social,
seguridad de ingresos, empleo y educación, con la finalidad de garantizar una atención integral y
efectiva en la vejez, (ONU, 1982b).

Huenchuan (2018) destaca que la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)
elaboró el documento Envejecimiento, personas mayores y Agenda 2030 para el desarrollo sostenible.


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Perspectiva regional y derechos humanos, donde se presenta un panorama general de la situación
sociodemográfica de los adultos mayores en la región. Según datos de Naciones Unidas citados en el
informe, en 2017 había 76.3 millones de personas mayores en América Latina y el Caribe, equivalentes
al 12 % de la población. Para 2030, se espera que esta cifra aumente a 121 millones (17 %), y para 2060
podría alcanzar los 234 millones, representando el 30 % de la población total (p. 50).

La OCDE (2022) señala que, si bien en años recientes se han registrado avances en la calidad de vida
en los países miembros, persisten desafíos importantes, especialmente en el ámbito de la salud. La
pandemia provocó retrocesos significativos, reflejados en una disminución de la satisfacción vital y un
aumento de emociones negativas entre la población, particularmente entre 2019 y 2020.

A nivel nacional, el INEGI (2020) adaptó los indicadores de bienestar desarrollados por la OCDE para
aplicarlos a las entidades federativas de México, con el objetivo de monitorear el progreso y las
condiciones de vida de la población. Estas dimensiones incluyen vivienda, ingresos, empleo, acceso a
servicios, seguridad, educación, medio ambiente, participación cívica y gobernanza, salud, satisfacción
con la vida, equilibrio vida-trabajo y relaciones sociales.

El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL, 2024), a través de su
sistema de monitoreo, proporciona información histórica sobre indicadores, programas, acciones y
políticas sociales. Su objetivo es ofrecer datos oportunos que permitan a los tomadores de decisiones
identificar áreas de mejora, evaluar resultados y fortalecer la transparencia y la rendición de cuentas,
al dar seguimiento a metas e impactos de las intervenciones sociales.

La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH, 2020) reafirma su compromiso con la
protección de los derechos de las personas adultas mayores, promoviendo que el Estado mexicano
garantice planes, programas y políticas públicas basadas en principios rectores como igualdad de
oportunidades, participación, cuidados, autorrealización, dignidad, acceso a la justicia especialmente
expedita cuando la salud o la vida estén en riesgo, calidad de vida, enfoque de derechos, ciclo de vida
y visión prospectiva. En este marco, la CNDH impulsa la Política de Igualdad de Género, No
Discriminación, Inclusión, Diversidad y Acceso a una Vida Libre de Violencia 2020–2024, la cual articula
tres niveles normativos: la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos
de las Personas Mayores a nivel internacional, la Ley Federal de los Derechos de las Personas Adultas
Mayores a nivel nacional, y la Ley de la CNDH a nivel institucional.

La Organización Panamericana de la Salud (OPS, 2023a) respalda la Convención Interamericana sobre
la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores como una herramienta clave para
impulsar la Década del Envejecimiento Saludable. En este marco, define el envejecimiento saludable
como un proceso que busca optimizar el bienestar físico, mental y social de las personas mayores,
promoviendo su participación activa en ámbitos sociales, económicos, culturales, espirituales y
cívicos. Asimismo, enfatiza la importancia de garantizar condiciones de seguridad, atención y
protección, con el fin de ampliar la esperanza de vida saludable y mejorar la calidad de vida en la vejez.
Este enfoque se aplica tanto a individuos como a colectivos, reconociendo su potencial de contribución
continua a sus familias, comunidades y sociedades.

El papel de la tecnología en el bienestar del adulto mayor

En la esfera internacional, las Naciones Unidas (2021), respecto al uso de las tecnologías plantea que
La igualdad digital debe incluir a las personas de todas las edades:

Jóvenes o viejos, todos debemos tener igual acceso al mundo digital. Las personas mayores podrían
ser las más beneficiadas con las herramientas que ofrece ese mundo, sobre todo en el contexto de las


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restricciones debidas a la pandemia de COVID-19, apunta la ONU en la jornada dedicada a ese grupo
de población (párr. 1).

Siguiendo esta misma línea, la OPS (2023b) destaca las oportunidades que emergen cuando la
tecnología se concibe y desarrolla como una herramienta al servicio del envejecimiento, reconociendo
su potencial para mejorar la calidad de vida de las personas mayores. Se subraya la importancia de
impulsar programas innovadores y enfoques inclusivos que motiven tanto a gobiernos como a la
industria a crear soluciones tecnológicas accesibles y adaptadas a las necesidades de este grupo
poblacional y de la sociedad en general, en el marco de la Década del Envejecimiento Saludable 2021–
2030.

La inteligencia artificial tiene un amplio potencial en el ámbito de la medicina geriátrica; sin embargo,
su aplicación sin una regulación adecuada podría reforzar prácticas de discriminación por edad y
afectar negativamente la calidad de la atención dirigida a las personas mayores. Ante esta
preocupación, la agencia sanitaria de las Naciones Unidas (2022) propone un conjunto de políticas
orientadas a mitigar dichos riesgos y garantizar un uso ético e inclusivo de estas tecnologías.

El incremento en la esperanza de vida suele ir acompañado de un aumento en la prevalencia de
enfermedades crónicas, lo que puede afectar negativamente el bienestar y la calidad de vida de las
personas mayores. A medida que crece su nivel de dependencia para realizar actividades cotidianas,
se vuelve necesario buscar apoyos adicionales. En este contexto, la tecnología puede desempeñar un
rol clave, no solo al ofrecer herramientas como robots de telepresencia que ayudan a reducir el
aislamiento social, sino también al facilitar la labor del cuidador informal mediante sistemas de
sensores que emiten alertas para acciones como cambiar de postura o tomar medicamentos. Según
Pereira (2020), el uso de estas tecnologías debe concebirse como un complemento al cuidado humano,
no como un sustituto.

En la esfera nacional, el Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (INAPAM, 2021), establece
que “los beneficios que las personas mayores obtienen a través del acceso, uso y apropiación de las
TIC, sin embargo, aún existe un gran número de individuos perteneciente a este grupo etario que
desconocen el uso de las herramientas digitales” (párr.1).

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en
los Hogares (ENDUTIH) 2021, elaborada por el INEGI (2022), el grupo con menor uso de internet en
Baja California fue el de personas de 55 años o más, con una participación del 42.4 %. Esta información
resulta relevante, ya que el acceso y uso de tecnologías está estrechamente relacionado con la edad,
un factor clave dentro del enfoque de esta investigación.

El INAPAM (2025), menciona que la inclusión digital es un puente que permite conectar y empoderar a
las personas adultas mayores, para ello, “brinda la clase de computación en sus Centros Culturales,
diseñadas para que las personas adultas mayores tengan habilidades digitales y adquieran la
confianza en el uso de la tecnología, con el apoyo continuo del profesor a cargo” (párr. 1).


RESULTADOS

La percepción de autonomía que expresan los adultos mayores entrevistados, a pesar de sus
condiciones de salud crónicas, muestra una resiliencia funcional importante. Este tipo de resiliencia
puede verse fortalecida si se promueve la inclusión digital como medio para mejorar su bienestar.
Tecnologías accesibles pueden convertirse en herramientas de apoyo para el autocuidado, el
monitoreo de la salud, la comunicación con familiares y la participación social activa.


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Sin embargo, esta posibilidad sólo será viable si existe una administración centrada en el ser humano,
es decir, que reconozca la diversidad de condiciones, necesidades y preferencias en la vejez. Tal
enfoque implica políticas públicas que integren programas de alfabetización digital, salud preventiva y
tecnologías diseñadas específicamente para personas mayores. Además, requiere comprender que la
percepción que tienen los adultos mayores sobre su salud es tan importante como los diagnósticos
clínicos, ya que influye directamente en su calidad de vida, nivel de independencia y participación
comunitaria.

Por tanto, un modelo de bienestar integral para este grupo etario debe articular cuatro componentes
clave como: Salud física personalizada: que reconozca la diversidad en el envejecimiento, Inclusión
digital con sentido social: que facilite la conectividad significativa, no solo técnica, Tecnología
accesible y empática: que complemente sin sustituir la atención humana, Gobernanza centrada en la
persona: capaz de generar intervenciones contextualizadas, sensibles y participativas, presenta una
comparación entre la salud física percibida y la autonomía funcional de seis entrevistados, además de
incluir su percepción sobre la salud y el uso de tecnología. En ella se observan diversas condiciones de
salud reportadas, como diabetes, presión arterial, artritis y dolores musculares, lo que impacta en la
percepción general de la salud física de los entrevistados. A continuación, se realiza un análisis de los
principales patrones observados en los datos.

En términos de condición de salud reportada, los entrevistados presentan una variedad de
enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión y artritis, que afectan su bienestar físico. Sin
embargo, la percepción de salud física varía considerablemente: algunos participantes reportan una
salud buena (E1, E5), mientras que otros perciben su salud como mala (E2, E3, E4, E6). Esta
discrepancia indica que la percepción subjetiva de la salud puede no estar estrictamente vinculada con
las condiciones médicas reportadas, sino que también depende de factores personales como la
capacidad de manejar los síntomas o la adaptación a las enfermedades.

En cuanto a las actividades diarias y su relación con la autonomía funcional, la mayoría de los
entrevistados (excepto E4) no mencionan limitaciones en sus actividades diarias, aunque las
condiciones de salud siguen afectando su autonomía funcional. Los entrevistados con condiciones de
salud más graves (E2, E3, E4, E6) reportan un nivel de autonomía funcional media o baja, lo que sugiere
que, aunque no se limitan completamente en sus actividades diarias, la condición de salud reduce su
capacidad para realizar tareas de forma independiente o sin dificultad. Por otro lado, los entrevistados
con una percepción de salud buena (E1, E5) mantienen un alto nivel de autonomía funcional, lo que
refuerza la relación positiva entre una mejor salud percibida y una mayor independencia.

Finalmente, en relación con el uso o interés en tecnología, se observa que los entrevistados con mayor
autonomía funcional (E1 y E5) tienen un bajo interés en tecnología, mientras que aquellos con
autonomía funcional media o baja (E2, E3, E4, E6) tienen una percepción de tecnología más baja o nula.
Este patrón sugiere que el interés en la tecnología podría no estar tan relacionado con la condición de
salud física o el nivel de autonomía funcional, sino con otros factores como la experiencia previa con
tecnología, edad o actitudes personales hacia la tecnología.

En conclusión, la tabla refleja que, aunque la salud física percibida y el nivel de autonomía funcional
están estrechamente relacionados, existen variaciones individuales significativas. La autonomía
funcional no depende únicamente de la condición de salud, sino también de la percepción personal del
bienestar y las capacidades. Además, el bajo interés en tecnología entre aquellos con menor autonomía
funcional plantea preguntas sobre cómo la tecnología podría ser utilizada para mejorar la calidad de
vida de este grupo, especialmente en el contexto de enfermedades crónicas que limitan la
independencia (véase Tabla 2).


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ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2025, Volumen VI, Número 5 p 177.


Tabla 2

Salud física percibida vs. autonomía funcional

Entrevistado
(a)

Condición de
salud reportada

Percepción
de salud

física

¿Limita sus
actividades

diarias?

Nivel de
autonomía
funcional

Uso o interés en
tecnología

E1 Diabetes,
presión

Buena No Alta Bajo

E2 Artritis, dolores
musculares

Mala No Media Nulo

E3 Artritis, dolores
musculares

Mala No Media Bajo

E4 Diabetes, artritis Mala Sí
(ocasional)

Media-baja Nulo

E5 Dolor muscular Buena No Alta Bajo
E6 Presión arterial Mala No Media Bajo


Nota: Datos construidos a partir de entrevistas en campo. Elaboración propia.

Los testimonios recogidos de los adultos mayores en la comunidad de Vicente Guerrero reflejan una
diversidad de experiencias que abordan distintos niveles de autonomía, salud, y especialmente, el
acceso y uso de la tecnología. Estas diferencias permiten identificar áreas críticas donde es posible y
necesario intervenir para lograr una inclusión digital efectiva y avanzar hacia una administración
pública más centrada en las personas.

En cuanto a la tecnología y la inclusión digital, se observan disparidades importantes. Algunos adultos
mayores utilizan dispositivos tecnológicos básicos, como televisores conectados a internet, pero
muchos otros carecen tanto del acceso como de las habilidades digitales necesarias para realizar
trámites en línea o utilizar herramientas electrónicas. Esto los lleva a seguir dependiendo de métodos
tradicionales para realizar pagos o gestiones, lo cual pone en evidencia una persistente brecha digital
generacional. La falta de competencias digitales no solo limita su acceso a servicios básicos, sino
también a derechos relacionados con la participación ciudadana y el bienestar.

Respecto al bienestar y la autonomía, los entrevistados muestran un sentido subjetivo de satisfacción
con su vida. Su bienestar suele estar asociado a factores como la espiritualidad, la actividad física
moderada, la autonomía en las labores domésticas y el cumplimiento de responsabilidades
personales. No obstante, se identifica una subutilización de herramientas tecnológicas que podrían
facilitar diversas tareas cotidianas, mejorar el acceso a la salud o mantener el contacto con seres
queridos.

Ante este panorama, se vuelve indispensable repensar una administración pública centrada en el ser
humano. Esta debe estar diseñada desde una perspectiva empática e inclusiva que reconozca la
realidad de los adultos mayores. Entre las acciones prioritarias se encuentra la simplificación de los
trámites digitales, la implementación de programas de capacitación básica en el uso de tecnologías y
la garantía de mantener alternativas presenciales para quienes no pueden acceder a los medios
digitales. Asimismo, resulta fundamental identificar y fortalecer redes comunitarias clave como
iglesias, centros de salud o líderes locales que puedan facilitar la difusión de información y el acceso
a programas y servicios, asegurando así una mayor equidad y participación de las personas mayores
en la vida pública. Se abordan las relaciones entre tecnología, inclusión digital y bienestar de los adultos
mayores, presentando problemas identificados, sus implicaciones en el bienestar y propuestas para
una administración pública centrada en el ser humano. Las observaciones, basadas en testimonios de


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ISSN en línea: 2789-3855, septiembre, 2025, Volumen VI, Número 5 p 178.


adultos mayores en Vicente Guerrero, muestran cómo las barreras tecnológicas afectan la calidad de
vida de este grupo y sugieren estrategias para integrar la tecnología de forma inclusiva.

En el ámbito de tecnología e inclusión digital, el principal problema identificado es el uso limitado o
nulo de dispositivos digitales entre los adultos mayores. Esta situación genera una dependencia de
métodos tradicionales para realizar trámites y pagos, lo que se refleja en una brecha digital
generacional. Las implicaciones para el bienestar son notorias, ya que esta limitación restringe el
acceso a servicios digitales y derechos, además de reducir la autonomía en las gestiones cotidianas.
Para contrarrestar estos efectos, se proponen simplificar los trámites digitales, ofrecer capacitación
básica en tecnología y mantener alternativas presenciales para aquellos que no se sienten cómodos
con las tecnologías. Esta estrategia busca reducir la brecha digital y fomentar una inclusión real de los
adultos mayores en la sociedad digital.

En cuanto a bienestar y autonomía, el análisis revela que la percepción subjetiva del bienestar está
vinculada principalmente a la espiritualidad y la actividad física de los adultos mayores. Sin embargo,
la subutilización de tecnología limita su capacidad de mejorar la calidad de vida en aspectos clave,
como la gestión de la salud y la mejora de la independencia. Las implicaciones para el bienestar
apuntan a que, aunque los adultos mayores mantienen su autonomía, se pierden oportunidades
valiosas para mejorar su calidad de vida. Las propuestas sugieren promover el uso de tecnologías
accesibles que puedan potenciar la independencia, como aplicaciones de salud, asistencia digital y
servicios en línea. Además, se aboga por programas que integren bienestar físico y digital, un enfoque
integral que permita a los adultos mayores beneficiarse de las oportunidades que ofrece la tecnología
para mejorar su vida cotidiana.

Finalmente, en el área de redes comunitarias y apoyo social, se destaca la importancia de los espacios
y líderes comunitarios (como iglesias y centros de salud) como puntos de encuentro y apoyo para los
adultos mayores. Estos espacios fortalecen el sentido de pertenencia y brindan apoyo social,
elementos esenciales para el bienestar emocional de este grupo. Las propuestas en esta categoría
enfatizan la necesidad de incorporar estas redes para la difusión de información y capacitación,
aprovechando los lazos de confianza establecidos dentro de la comunidad. También se sugiere
facilitar la vinculación entre la comunidad y los servicios públicos, lo que no solo aumentaría el acceso
a la información relevante, sino que también permitiría una mayor coordinación entre servicios públicos
y necesidades comunitarias, fortaleciendo la red de apoyo para los adultos mayores.

En conclusión, se resalta la necesidad de un enfoque integral que combine tecnología, bienestar físico
y apoyo comunitario para mejorar la calidad de vida de los adultos mayores. Las propuestas incluyen
no solo la capacitación en tecnología y la simplificación de trámites digitales, sino también la creación
de programas inclusivos que integren los distintos aspectos del bienestar de los adultos mayores. A
través de estas estrategias, se podría fomentar la autonomía, mejorar el acceso a servicios y fortalecer
el sentido de pertenencia y apoyo social, garantizando una administración pública más centrada en el
ser humano (véase Tabla 3).

Tabla 3

Tecnologías, inclusión digital y bienestar de adultos mayores: propuestas para una administración
centrada en el ser humano

Categoría Problemas Identificados Implicaciones para el
Bienestar

Propuestas para una
Administración Centrada

en el Ser Humano


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Tecnología e
inclusión
digital

Uso limitado o nulo de
dispositivos digitales en
muchos adultos mayores.
Dependencia de métodos
tradicionales para trámites
y pagos. Brecha digital
generacional.

Restricción en acceso
a servicios digitales y
derechos. Menor
autonomía en
gestiones cotidianas.

Simplificar trámites
digitales. Capacitación
básica en tecnología para
adultos mayores.
Mantener alternativas
presenciales.

Bienestar y
autonomía

Percepción subjetiva de
bienestar ligada a
espiritualidad y actividad
física. Subutilización de
tecnología que podría
facilitar la vida diaria.

Autonomía mantenida,
pero con
oportunidades
perdidas para mejorar
calidad de vida.

Promover el uso de
tecnologías accesibles
que potencien la
independencia. Fomentar
programas que integren
bienestar físico y digital.

Redes
comunitarias y
apoyo social

Existencia de espacios y
líderes comunitarios
(iglesias, centros de salud)
como puntos de reunión e
información.

Fortalecimiento del
sentido de pertenencia
y apoyo social.

Incorporar estas redes
para difusión de
información y
capacitación. Facilitar la
vinculación entre
comunidad y servicios
públicos.


Nota: La tabla sintetiza las observaciones derivadas de testimonios de adultos mayores en Vicente
Guerrero, destacando la relación entre tecnología, inclusión digital y bienestar, y propone estrategias
para una administración pública centrada en el ser humano. Elaboración propia basada en datos
cualitativos de campo.

DISCUSIÓN

La discusión de los datos recolectados a partir de la matriz conceptual basada en la teoría de
capacidades resalta la relevancia de múltiples dimensiones para entender el bienestar de los adultos
mayores. Estas dimensiones no solo abarcan aspectos físicos y psicológicos, sino también factores
sociales, económicos y tecnológicos que inciden en su calidad de vida. De acuerdo con la teoría de
capacidades de Sen, la capacitación, la autonomía y la participación social son esenciales para evaluar
el bienestar. En este contexto, la salud física y mental, la independencia, el apoyo social, las actividades
de participación, los factores económicos y la satisfacción con la vida emergen como elementos
fundamentales para comprender las condiciones actuales de los adultos mayores y sus potenciales
necesidades futuras.

Salud física y mental versus autonomía funcional

Uno de los hallazgos clave en esta discusión es el contraste entre los problemas de salud crónicos
reportados por los entrevistados (como diabetes, artritis y presión arterial) y su percepción positiva
sobre la autonomía funcional. Este fenómeno sugiere que, a pesar de los problemas de salud, muchos
adultos mayores logran adaptarse y desarrollar estrategias de resiliencia que les permiten mantener
un nivel adecuado de independencia. En particular, aquellos con problemas de salud reportan una
adaptación notable a sus limitaciones físicas, lo que refuerza su bienestar subjetivo y permite una
mayor participación en actividades cotidianas. No obstante, la baja o nula integración tecnológica
representa un área crítica de intervención, ya que el limitado uso de tecnología puede restringir el
acceso a servicios que podrían facilitar aún más la autonomía y mejorar la calidad de vida,
especialmente en un mundo cada vez más digitalizado.

Funcionalidad y participación social


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Desde la perspectiva de los funcionamientos, los adultos mayores valoran enormemente mantener su
autonomía y poder participar en las actividades diarias, ya sea mediante el ejercicio físico, las
actividades recreativas o la interacción con la familia y la comunidad. La percepción de satisfacción
con la vida se ve significativamente influenciada por estos elementos. En este sentido, la tecnología
puede ofrecer una vía para mantener o incluso ampliar estas capacidades, facilitando el acceso a
servicios, mejorando la comunicación y permitiendo una mayor interacción social. Sin embargo, la baja
integración tecnológica limita este acceso y obstaculiza su participación en una sociedad cada vez
más digitalizada, lo que genera una clara exclusión social. Esto es particularmente cierto cuando los
adultos mayores no pueden beneficiarse de servicios en línea, plataformas educativas o de apoyo
social digital. Esta desconexión social puede generar aislamiento, lo que disminuye la satisfacción
general con la vida y afecta negativamente su bienestar emocional.

Calidad de vida: espiritualidad y apoyo comunitario

En términos de calidad de vida, los datos revelan que la espiritualidad y el apoyo comunitario juegan
un papel fundamental en el bienestar de los adultos mayores. La pertenencia a redes sociales y la
participación en actividades comunitarias, como las reuniones en iglesias o centros de salud,
proporcionan un sentido profundo de conexión social y apoyo emocional, factores esenciales para la
calidad de vida de este grupo. Sin embargo, esta dimensión social se ve limitada cuando las
herramientas tecnológicas necesarias para acceder a ciertos servicios (por ejemplo, atención médica,
compras en línea, servicios gubernamentales) no están a su alcance o cuando no se les capacita
adecuadamente en su uso. Esta brecha digital crea una desigualdad de acceso a recursos y servicios
que son fundamentales para el bienestar, lo que subraya la necesidad urgente de una inclusión digital
efectiva. Este contraste entre la rica vida social de los adultos mayores y la exclusión derivada de la
falta de acceso a la tecnología destaca una intersección crítica donde la tecnología debe ser utilizada
para potenciar el bienestar, no para profundizar las desigualdades.

Propuestas para mejorar el bienestar integral

Para mejorar el bienestar integral de los adultos mayores, se hace evidente la necesidad de abordar la
inclusión digital como un componente clave de la política pública. La brecha generacional digital que
separa a los adultos mayores del resto de la sociedad limita su acceso a servicios y afecta su
autonomía en gestiones cotidianas. Además, la falta de capacitación tecnológica no solo reduce su
capacidad para acceder a servicios en línea, sino que también puede incrementar el aislamiento social
y la vulnerabilidad económica. Es esencial que la administración pública no solo simplifique los
trámites digitales, sino que también implemente programas de capacitación tecnológica adaptados a
sus necesidades. Al mismo tiempo, debe garantizar que las alternativas presenciales sigan disponibles
para aquellos que no puedan acceder a los recursos digitales.

Asimismo, es crucial fortalecer las redes comunitarias existentes, como las iglesias, centros de salud
y otros líderes locales que ya juegan un papel central en la vida de los adultos mayores. Estas redes
pueden actuar como canales efectivos para la difusión de información sobre recursos disponibles,
capacitación tecnológica y la vinculación con servicios públicos. La integración de estos recursos
comunitarios puede mejorar la cohesión social y facilitar el acceso a servicios esenciales,
contribuyendo a una mejor calidad de vida.

CONCLUSIÓN

En conclusión, una administración pública centrada en el ser humano debe diseñar estrategias que
consideren las capacidades individuales de los adultos mayores, promuevan su autonomía mediante
el uso inclusivo de la tecnología y reconozcan la importancia de las redes comunitarias para su


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bienestar integral. La inclusión digital debe ser vista como una prioridad en las políticas públicas para
garantizar que los adultos mayores no queden excluidos de una sociedad que cada vez depende más
de la tecnología. Al mismo tiempo, es necesario fortalecer los apoyos sociales que ya existen en las
comunidades, de modo que los adultos mayores puedan seguir participando activamente en la
sociedad y vivir un envejecimiento saludable, digno y con calidad de vida. La combinación de estos
enfoques garantiza una mejora sustancial en la calidad de vida de los adultos mayores, permitiéndoles
alcanzar su máximo potencial de bienestar en una sociedad digitalizada y en constante cambio.


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