LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, octubre, 2025, Volumen VI, Número 5 p 419
DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v6i5.4611
Partería tradicional mexicana: desafíos que condicionan su
continuidad
Mexican traditional midwifery: challenges that conditions its continuity
Gemma Bianey Ponce López1
gemma.ponce24@outlook.com
https://orcid.org/0009-0006-4748-0971
Tecnológico Nacional de México, Campus Valle de Oaxaca (ITVO)
Oaxaca – México
Gustavo Omar Díaz Zorrilla
gustavo.diaz@voaxaca.tecnm.mx
https://orcid.org/0000-0001-9586-7923
Tecnológico Nacional de México, Campus Valle de Oaxaca (ITVO)
Oaxaca – México
Dagoberto Erasmo Alavez Solano
dalavez@uabjo.mx
https://orcid.org/0009-0006-7439-3371
Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO)
Oaxaca – México
Salvador Lozano Trejo
Salvador.lt@voaxaca.tecnm.mx
https://orcid.org/0000-0001-6809-948X
Tecnológico Nacional de México, Campus Valle de Oaxaca (ITVO)
Oaxaca – México
José Cruz Carrillo Rodríguez
josecr@voaxaca.tecnm.mx
https://orcid.org/0000-002-4170-224X
Tecnológico Nacional de México, Campus Valle de Oaxaca (ITVO)
Oaxaca – México
Cristóbal Santos Cervantes
chicauac@hotmail.com
https://orcid.org/0000-0002-7289-7414
Universidad Autónoma Chapingo
México
Marco Antonio Vásquez Dávila
marco.vd@voaxaca.tecnm.mx
https://orcid.org/0000-0001-7603-810X
Tecnológico Nacional de México, Campus Valle de Oaxaca (ITVO)
Oaxaca – México
Artículo recibido: 15 de junio de 2025. Aceptado para publicación: 03 de octubre de 2025.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.
1 Autora de referencia.
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Resumen
La partería tradicional tiene un gran significado en la sociedad mexicana y ha estado vigente desde la
época prehispánica, ha enfrentado los impactos del desarrollo tecnológico y biomédico,
descalificaciones de su ejercicio, apoyo insuficiente de las dependencias gubernamentales que,
aunque reconocen la importancia de su función en las zonas rurales y han implementado estrategias
para su inclusión, no especifican con claridad el grado de alcance de su intervención. Esta revisión
tuvo como objetivo investigar la situación actual de la partería y los desafíos que ha sobrellevado para
asegurar su permanencia. Se implementó el enfoque cualitativo a través de la revisión bibliográfica
acerca de la importancia de la partería tradicional y de cómo ha sido el proceso de su función frente
a estrategias implementadas por la parte oficial. Las parteras se convierten, a conveniencia del
sistema de salud, en aliadas para reducir la mortalidad materna, cuando su cobertura es deficiente;
pero la sinergia colaborativa es limitada, señalando la falta de preparación académica, capacitaciones
aisladas o certificaciones que garanticen su oficio, aún con el reconocimiento y respaldo comunitario.
Los resultados encontrados destacan que parte del sistema médico que subordina el modelo
tradicional, reconoce los métodos y técnicas empleadas, así como de la normativa en materia legal,
pero que también las limita respecto de espacios, materiales y apoyo, exponiendo los saberes
ancestrales a la desaparición; mientras el modelo dominante, no determine con firmeza las acciones
del alcance actual y de pervivencia de este saber ancestral.
Palabras clave: medicina tradicional mexicana, partería tradicional, atención intercultural,
servicios médicos públicos
Abstract
Traditional midwifery holds a great significance in Mexican society and has remained since pre-
Hispanic times, it has endured the impacts of technological and biomedical development, as well as
disqualifications of its practice, government agencies have provided insufficient support, although
they recognize the importance of their function in rural areas and have implemented strategies for their
inclusion, it does not clearly specify the extent of its intervention. This review aims to examine the
current state of midwifery and the challenges it has endured to ensure its continuity. A qualitative
approach was employed through a bibliographic review, focused of the relevance of traditional
midwifery and its evolution in relation to its function has compared to strategies implemented by the
official part. Midwives are often at the convenience of the system, allies in efforts to reduce maternal
mortality, when their coverage is deficient, but collaborative synergy is limited, pointing out the lack of
academic preparation, isolated training or certifications that guarantee their profession, even with
community recognition and support. The findings reveal that part of the medical system that
subordinates the traditional model, acknowledges some methods and techniques used, as well as the
regulations in legal matters, but that it also limits them with respect to spaces, materials and support,
exposing ancestral knowledge to disappearance, while the dominant model does not firmly determine
the actions of the current scope and survival of this ancestral knowledge.
Keywords: traditional mexican medicine, traditional midwifery, intercultural care, public
medical services
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ISSN en línea: 2789-3855, octubre, 2025, Volumen VI, Número 5 p 421
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Cómo citar: Ponce López, G. B., Díaz Zorrilla, G. O., Alavez Solano, D. E., Lozano Trejo, S., Carrillo
Rodríguez, J. C., Santos Cervantes, C., & Vásquez Dávila, M. A. (2025). Partería tradicional mexicana:
desafíos que condicionan su continuidad, LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y
Humanidades 6 (5), 419 – 437. https://doi.org/10.56712/latam.v6i5.4611
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INTRODUCCIÓN
En México el ejercicio de la partería tradicional ha sido una actividad indispensable para la atención del
parto como en la época prehispánica. Durante la invasión europea hubo algunos cambios en el
pensamiento de la sociedad debido a la influencia de la religión que satanizaban la práctica de la
medicina tradicional; sin embargo, esta era la responsable de atender las necesidades de salud en el
medio rural. Con el desarrollo de la ciencia, los descubrimientos en fisiología humana, el
posicionamiento del varón en áreas médicas como ginecología y obstetricia, tomando como única
verdad al conocimiento académico, ningún saber empírico tendría validez, ocasionando un alejamiento
del ejercicio de las parteras tradicionales particularmente en las zonas urbanas, donde predominaba el
pensamiento que consideraba que el desempeño masculino fue considerado más competente que el
de las parteras, un ejercicio que tradicionalmente ha sido ejercido por mujeres (Argüello-Avendaño y
Mateo-González, 2014; Ortiz, 2018).
La política actual establecida por las autoridades mexicanas e instituciones públicas tienen como
objetivo la revalorización de los conocimientos tradicionales, implementando algunos acuerdos
establecidos a nivel internacional, en materia de salud. Se han emitido diversos documentos como
Alma-Ata en 1978 y el Convenio OIT en 1989, que respaldan el “quehacer etnomédico” como el caso
de la partería y retomaron algunas medidas terapéuticas con efectos positivos en la salud materna, se
establecieron las bases normativas para su regulación; se capacitó al personal de salud en aspectos
interculturales buscando la sensibilización en la atención y con ello disminuir, entre otros, la
discriminación, negligencia, cesáreas innecesarias y violencia obstétrica. Sin embargo, la falta de
recursos humanos, materiales y de infraestructura en las unidades médicas de las zonas rurales, ha
hecho que la sinergia del personal médico y las parteras sea una utopía, pues, aunque actualmente se
reconocen los beneficios de la partería tradicional, no hay voluntades suficientes para el ejercicio
conjunto, ni está claramente establecido hasta donde está permitida su intervención (Menéndez, 2022;
Jiménez et al., 2008).
El objetivo de la presente revisión fue investigar la situación actual de la partería y de los desafíos a los
que se ha enfrentado la partería tradicional para asegurar su permanencia.
MEDICINA TRADICIONAL
Desde el principio de su existencia, el hombre ha tomado los recursos que le proporciona la naturaleza
de su entorno, con el fin de satisfacer necesidades alimentarias y para aliviar diversos padecimientos;
por ello, a través del tiempo ha generado un acervo de conocimientos los cuales se han transmitido de
generación en generación, pese a las diversas etapas de evolución de las sociedades y del surgimiento
del modelo biomédico para la atención de enfermedades, los saberes ancestrales continúan vigentes
y actualmente son considerados como una alternativa para el cuidado de la salud (Jamshidi-Kia, et al.,
2017). Este conocimiento del que son poseedores las comunidades indígenas es llamada “medicina
tradicional”, que de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS) se entiende como aquellos
conocimientos, habilidades y prácticas que se encuentran sustentadas por bases teóricas, creencias y
experiencias de los “pueblos originarios” que tengan o no una explicación científica y que son
empleadas para la prevención, diagnóstico y tratamiento de los padecimientos físicos y mentales. Se
puede considerar también a la medicina tradicional como un conjunto de conocimientos, saberes,
técnicas ancestrales que se han transmitido de una generación a otra como una forma de expresión
cultural los cuales se basan en el uso de plantas medicinales (Santiesteban-López et al., 2023).
Las sociedades civilizadas han dependido de las plantas medicinales para atender sus padecimientos;
grandes filósofos como Teofrasto (370-287 a.C.), Plinio el Viejo (siglo I) o Claudio Galeno (siglo II), han
documentado sobre este tema. Posteriormente durante los siglos XV y XVII, los “herbolarios” eran los
conocedores de las propiedades medicinales de las plantas, y quienes desarrollaban los
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medicamentos; a partir de los siglos XVIII Y XIX, la ciencia mostró un gran avance en el conocimiento
de la composición química y la síntesis de los principios activos de las plantas; con lo cual surgieron
los antibióticos y las farmacéuticas, provocando que los productos naturales y sus extractos pasarán
a segundo plano (Lima, et al., 2018). Desde 1805, año en el cual con el estudio químico de Papaver
somniferum se describió el aislamiento de la morfina, considerado como el primer compuesto
farmacológicamente activo estudiado; sólo una pequeña fracción de las especies de plantas se han
investigado actualmente (Yuan et al., 2016).
Hasta finales del siglo XX debido a la declaración de Alma Ata en 1978, los productos elaborados a
base de plantas con fines medicinales vuelven a tener presencia, ya que en tal declaración se proponía
la atención primaria de la salud, involucrando la revalorización de los saberes ancestrales, entre ellos,
el papel de la medicina tradicional (Lima, et al., 2018); con ello se hace evidente la importancia de
retomar el enfoque decolonial, centrado en el reconocimiento y validez de diversos conocimientos y
prácticas como las locales, que debieran ser paralelas a las impuestas por el pensamiento
eurocentrista, que subordina y minimiza los conocimientos ancestrales, aquellos que comúnmente son
transmitidos oralmente y que por carecer de soporte académico, se privilegia el conocimiento escrito
como condición de rigor para su pervivencia (Argüello y Anctil, 2019; De Sousa, 2022). Acuña (1984)
en las Relaciones Geográficas del Siglo XVI, en el Tomo I Antequera refiere que, antes de la llegada de
los españoles, diversos pueblos originarios contaban con médicos quienes empleaban terapias y
plantas medicinales para la sanación. Tras la invasión, la comunidad ya no tuvo a los expertos y con
ello sus conocimientos desaparecieron, dejando a la población expuesta a padecimientos que nadie
más podía curar.
MEDICINA TRADICIONAL MEXICANA
En todo el mundo, la medicina tradicional es un pilar en la prestación de servicios de salud o su
complemento, actualmente es reconocida como un recurso fundamental para la salud de millones de
seres humanos (OMS, 2023; BDMTM, 2025). Es común que en la medicina tradicional mexicana se
busque el origen de los padecimientos, los cuales se consideran como un desequilibrio en el ser
humano y es precisamente con la medicina tradicional que busca restablecerse (Hernández, et al.,
2024).
La Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana (BDMTM, 2025) señala que ésta tradición se
encuentra fuertemente asociada con el uso de las plantas medicinales, por ser un recurso abundante,
accesible y conocido; sin embargo la etnomedicina, va más allá de la botánica medicinal, la considera
también como un recurso indispensable para la atención de millones de personas, además de ser un
componente esencial y como parte del patrimonio tangible o intangible de las culturas; es un acervo
de información que posee recursos y prácticas para el desarrollo y bienestar, es un factor que le da
identidad a los pueblos del planeta.
Diversos analistas coinciden en tres raíces que confluyen en la medicina tradicional mexicana, las
cuales datan de los siglos XV y XVIII considerando sus orígenes prehispánicos, ibéricos y africanos.
Existen además dos procesos que convergieron en la etnomedicina en los siglos XIX y XX, el primero
de ellos estaría relacionado con la organización económica, política y migratoria del país y, el segundo
con el distanciamiento radical entre las medicinas tradicional y la académica; así mismo, se observan
tres momentos de cambio a lo largo de la historia en México, el primero durante el porfiriato, el segundo
en la revolución mexicana y el tercero relacionado con la economía de las décadas de 1930 y 1950.
Posteriormente en las décadas de 1960 y 1970, diversas orientaciones ideológicas se desarrollaron
desconociendo que cada cultura podía, por sí sola haber dado lugar a similares “usos y costumbres”
(Menéndez, 2022).
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Un momento crucial en el distanciamiento entre la medicina tradicional y la medicina moderna, fue el
descubrimiento de las bacterias y los virus como los agentes causantes de las enfermedades
infectocontagiosas, con lo cual los principios, concepciones y aspectos terapéuticos que manejaba la
herbolaria para la atención médica no tenían explicación. México es considerado pionero a nivel
mundial en el uso de la penicilina de amplio espectro, su aplicación se concentró básicamente en el
medio urbano y en sectores específicos de la sociedad mexicana, excluyendo de su distribución en los
pueblos originarios, esta situación permitió preservar el conocimiento de la medicina tradicional
mexicana en las zonas rurales e indígenas el país. Actualmente la medicina tradicional es empleada
complementariamente por los pueblos nativos como parte de sus usos y costumbres, lo cual
resignifica y articula su sistema de saberes (Menéndez, 2022).
La medicina tradicional mexicana es diversa y se ha articulado en especialidades, haciendo una
analogía, el médico/a tradicional sería para la medicina alópata un médico general, a quién
comúnmente se le llama curandero/a y de acuerdo con sus habilidades y conocimientos adquiridos,
también pueden especializarse; la BDMTM (2025) menciona que algunas de éstas son muy exclusivas
como: partera, huesero, culebrero, chupador, señala además a aquellos/as que dominan algún método,
técnica o recurso y pueden desempeñarse como chupador, cantor, ensalmador, rezandero, sobador,
pulsador, ventosero o hierbero. Sin embargo, no se limita a la combinación de su especialidad-
experiencia y brinda atención etnomédica como partera-curandera, partera-yerbatera, curandero-
huesero, entre otras.
PARTERÍA TRADICIONAL
La partería es considerada una especialidad muy importante en la medicina tradicional, pues a través
del tiempo su labor ha sido muy apreciada, ésta se vincula como una actividad sagrada que se conserva
enlazada con la tierra, la vida, las divinidades y el don; las parteras mantienen un sistema de creencias,
códigos simbólicos acerca de la salud y la enfermedad; ellas forman parte del tejido comunitario, es
considerada una guía de la salud de la mujer para que ella reconozca el ciclo sexual y reproductivo
procurando un continuum como “un todo del proceso” y de la decisión de la mujer sobre su cuerpo; sin
embargo la partera se ha convertido en un elemento de salud que es subutilizado y excluido del modelo
hegemónico y el sistema médico institucional, ellas son un ejemplo (Badillo-Zúñiga y Hernández-
Alarcón, 2020; Ramón, 2022; Botteri y Bochar, 2019; Rodríguez y Oviedo, 2018).
En México además de la partería tradicional, indígena o comunitaria, también existen la profesional,
técnica y autónoma, éstas básicamente se diferencian según las condiciones en que se desempeñan.
Las parteras tienen una función preponderante en las comunidades, ya que son capaces de confrontar
a la autoridad masculina e intervienen como consejeras familiares para que se hagan valer y respetar
los derechos de las mujeres (Álvarez y Hernández, 2022). Una clasificación sobre los diferentes tipos
de parteras que existen en México es descrita por Valadez (2020), quien las clasifica como
tradicionales, autónomas, urbanas, rurales y profesionales, las cuales a su vez las subclasifica como:
técnicas, enfermeras y médicas con formación en partería, enfermeras obstetras y enfermeras
especialistas perinatales. López (2019) también señala que una partera profesionalizada es una mujer
que se asume de manera identitaria como partera (independientemente de sus estudios originales),
emplea la forma de atención de la partería y tiene una postura política activa en torno al nacimiento.
Las parteras, pueden desempeñarse en una Casa de Partos, dando atención domiciliaria o a nivel
hospitalario. Marín (2020) por su parte clasifica a las parteras respecto de su auto adscripción, sin ser
excluyente considerando aspectos como: la formación empírica, en la tradición; la pertenencia étnica
o nacional; la demarcación geopolítica y la postura política.
Si bien pueden recibir diferentes denominaciones, en general, se pueden clasificar básicamente en dos
grupos: tradicionales y profesionalizadas. Atayde-Manríquez (2023), refiere que la experiencia de las
parteras (considerando los dos enfoques) hacia las usuarias son positivas pues promueven la
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autoconciencia y trabajo corporal, en parte, gracias a las prácticas que emplean como masajes,
temazcales, herbolaria y el acompañamiento que se da en un ambiente de tranquilidad; tienen una
función emocional importante, pues desde el primer contacto con las mujeres indagan las necesidades
y deseos que ellas tengan, buscan conocer su pasado para identificar fortalezas y debilidades,
observan la relación que mantienen con su entorno.
Las parteras fomentan la lactancia materna, prohíben alimentos que consideran “fríos” y permiten
alimentos “calientes”. La medicina tradicional mexicana, así como la partería, relacionan el origen de
los padecimientos con el desequilibrio entre el ser humano y su entorno, algunos de los agentes
causales de ciertos padecimientos como el frío y el calor, están relacionados con las condiciones
externas y la temperatura corporal2, sin embargo, reconoce cuando el padecimiento debe ser atendido
por un médico desde el inicio de la sintomatología (Banda et al., 2019).
En la cosmovisión de la partería el binomio frío-calor es la fuente de origen de algunos padecimientos,
entre las enfermedades de origen caliente, se encuentran el aborto, la cicatrización del ombligo y las
hemorragias vaginales. Los padecimientos fríos que deben ser atendidos con plantas calientes son
entre otros, los cólicos menstruales, el frío en el vientre el cual se asocia a mujeres recién paridas, así
como la menstruación, por otra parte, el parto es considerado un proceso caliente; para ello, las
mujeres que rodean a la mujer embarazada (parteras o familiares) prepararán bebidas hechas a base
de plantas calientes que le ayudarán a sacar la frialdad del cuerpo y debe evitar consumir alimentos
fríos como pescado, frijol, entre otros. Mientras que dentro de las enfermedades culturales se
encuentran calentamiento de cabeza, fiebre, vómito y diarrea, mal de ojo, mal aire que para ser tratados
requieren tratamientos con plantas “frías” (Álvarez-Quiroz et al., 2017).
EL CONTEXTO HISTÓRICO DE LA PARTERÍA TRADICIONAL MEXICANA
En México las parteras tradicionales han desempeñado un papel fundamental en la atención de la salud
materna e infantil desde la época precolombina en ese período la partera era una figura de máximo
respeto; Sahagún (1938) en su obra Historia General de las Cosas de la Nueva España, en su libro Sexto,
sobre la retórica y Filosofía moral y Teología de la gente mexicana en los capítulos XXVII al XXXIII,
relata la importancia del trabajo de la partera, quién era considerada una mujer sabia cuando se le
solicitaba atender a una mujer embarazada en esos momentos, la familia completa se reunía para orar
por el bienestar de la mujer, pidiendo a los dioses iluminaran a la sabia a resolver de manera
satisfactoria, el proceso.
Sahagún (1938) menciona sobre los rituales que la partera hacía para atender a la mujer y de cómo
encomendaba su vida y del recibimiento de la recién nacida/o, pues había agradecimientos o
bendiciones que se daban en un ambiente tranquilo y afectuoso, señala también, como se motivaba a
la mujer en el momento del parto y la orientación que se le brindaba desde el inicio del embarazo hasta
el nacimiento; en esa época, la mujer era considerada un elemento tan valioso como piedras preciosas
o plumas de aves, que resaltaban su valor en la familia. Sin embargo, si la mujer no sobrevivía, era
considerada una guerrera que tendría un espacio en la casa del sol, como la máxima presea que se
otorgaba a los guerreros al morir.
En el transcurso de la historia ocurrieron procesos de dominación de nuevos territorios, la búsqueda
de desarrollo de las sociedades humanas, así mismo y en diferentes ámbitos se revolucionó también,
el área científica y por supuesto médica cuando se crearon nuevas formas de atención de la salud,
2 En la cosmovisión etnomedica mexicana una enfermedad que es causada por frío deberá tratarse con una planta con
propiedad caliente, un ejemplo de ello, son los cólicos menstruales, se considera que la mujer que se encuentra una fase
corporal “caliente” y no debe caminar descalza, bañarse o mojarse el vientre con agua fría, pues el “frío” ocasionará dolores
intensos que deberá tratar con tés de plantas calientes como el cempasúchil (Tagetes erecta) que por la intensidad en el
color de la flor y olor es considerada una planta fuerte y caliente, que regresará al cuerpo al equilibrio perdido.
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incluido el sector materno infantil. Álvarez y Hernández (2022) señalan que durante las décadas de los
años 40 y 50 del siglo pasado, las parteras atendían la mayoría de los partos, mientras que para los
años 60 habían sido relegadas, implementando la prohibición de la atención de nacimientos, en ese
tiempo era un evento íntimo y privado. En los años 80 el control total de éstos estuvo a cargo de
médicos y obstetras, por lo que el mayor porcentaje de partos ocurrieron en clínicas y hospitales,
aconteciendo el proceso de medicalización.
Ortiz (2018) señala que las mujeres atendían los partos casi como precepto patriarcal, en México
influyó la conquista con la imposición de la religión, pues ésta consideraba el parto como un proceso
sucio, después un cambio importante que acentuó la subordinación de la parteras fue que un oficio
tradicionalmente atendido por mujeres, quedó en manos de los varones quienes lograron organizarse,
agruparse y buscar ser exclusivos en proporcionar atención médica con fines económicos; las parteras
en general, no lograron esa asociación y realizaban su trabajo de manera aislada y particularmente en
la zonas rurales.
Las parteras han recorrido un camino difícil para desempeñarse adecuadamente, pues han sido
minimizadas, señaladas y apartadas de su propia experiencia, ante un sistema de salud dominante.
Rosado (2018), considera que la subordinación de la partería ocurrió en la época postrevolucionaria,
en el siglo XX, pues se creía que su práctica era sospechosa ante el modelo hegemónico a la partera
se le consideraba como transgresora, en ámbitos tanto penal, profesional y social, su práctica se
asoció con el aumento de la mortalidad infantil por no contar con conocimientos científicos, además
de que los procedimientos estaban mal realizados y en condiciones poco higiénicas; y no sólo eso, sino
que también señalaron a las madres como cómplices de la continuidad de ese ejercicio etnomédico.
Se inició entonces una campaña de desprestigio por parte de la comunidad médica hacia la sabiduría
tradicional, particularmente hacia las parteras, sin embargo, al ser un oficio arraigado en la cultura
mexicana el sistema de salud no lo pudo excluir; por lo que la subordinación entró en juego y de esta
manera inició el monopolio de la atención hacia las mujeres embarazadas por parte de la medicina
oficial.
LA INSTITUCIONALIZACIÓN Y MARCO LEGAL DE LA SALUD MATERNA EN MÉXICO
Rosado (2018) menciona también que el discurso oficial público de la época tuvo injerencia en el
aspecto privado del parto, subordinó a las parteras ante los especialistas que mayoritariamente eran
varones, considerando que ellos contaban con mejores herramientas para la atención del parto. Y por
si esto no fuera poco, no existían normativas que exigieran títulos profesionales o regularan la actividad
de las parteras, por la naturaleza de su aprendizaje cualquier mujer podía atender la salud materna con
o sin estudios formales. Más tarde, en 1945, el Reglamento de Profesiones incluyó el oficio de la
partería, por lo que la persona que quisiera ejercer como tal, debía presentar un título académico, en
consecuencia, la subordinación aumentó. Esta disposición fue establecida por el poder legislativo,
indicándose que la persona que ejercía sin certificado podría ser considerada delincuente.
Las parteras se designan como personal no profesional del servicio de salud estatal, según la Ley
General de Salud (LGS, 2024) (Morales, 2023). Algunos documentos han recopilado los saberes
tradicionales reconociendo su valor, entre éstos se encuentra el que emitió la Organización
Panamericana de la Salud (OPS, 1978), declarada en la Conferencia Internacional sobre Atención
Primaria de Salud, denominada Alma-Ata, URSS, del 6-12 de septiembre de 1978, el cual tuvo la
finalidad de proteger y promover la salud de todos los pueblos del mundo principalmente, desde la
atención primaria, pues señala entre otros factores, que esta atención se basa en consultas que otorga
el personal de salud de acuerdo con la situación local y que debe reconocer la labor de las personas
que practican la medicina tradicional; en lo posible, brindar capacitaciones en las áreas social y técnica,
de modo que ambos actores sociales puedan trabajar en conjunto para atender las necesidades de la
comunidad.
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Otro documento importante es el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT,
1989), emitido en Ginebra, Suiza el 07 de junio de 1989, sobre Pueblos Indígenas y Tribales en Países
Independientes; en ese entonces, el gobierno de México aprobó dicho convenio y promulgó un decreto
en 1990 como una medida para vigilar su cumplimiento. Entre los propósitos del acuerdo, están el
reconocimiento y la protección de los derechos sociales, económicos, agrarios, igualitarios y culturales
de las comunidades, en los que se respete y conserve su identidad, costumbres, tradiciones,
instituciones y sean libres de discriminación; que puedan gozar de seguridad social y salud. En éste
último tema, señala que los servicios deberán cubrir las necesidades de la población, mismos que
deben ser planeados y administrados con las comunidades, incluyendo la prevención, prácticas
curativas y medicamentos tradicionales; dicho documento sigue vigente en el país. Por otra parte, la
organización de las Naciones Unidas (ONU, 2007) en la declaración de las Naciones Unidas sobre los
Derechos de los Pueblos Indígenas, en su artículo 24 refiere que las comunidades originarias tienen
derecho a sus propias medicinas tradicionales, así como a la conservación de sus recursos naturales,
como plantas medicinales, animales y minerales.
Para efectos de la comprensión legal de la situación interna de la medicina y partería tradicional
mexicana, existen diversos documentos oficiales que reconocen su función, particularmente de las
parteras tradicionales, como la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (2024), que
señala en el Artículo Segundo, Apartado A, fracción VII acerca del desarrollo, práctica, fortalecimiento
y promoción de la medicina y partería tradicional para la atención del embarazo, parto y puerperio; al
mismo tiempo que reconoce a las personas que la ejercen, incluyendo sus saberes y prácticas.
La Carta Magna Mexicana señala, en el Artículo segundo Fracción V, el acceso efectivo a los servicios
de salud con perspectiva intercultural, donde se reconocen las prácticas de la medicina tradicional. Por
su parte la Ley General de Salud (2024), en el artículo sexto, fracción VI Bis, señala la promoción del
respeto, conocimiento y desarrollo de la medicina tradicional indígena, incluida la partería tradicional,
desarrollada en condiciones dignas. En el Artículo 64, fracción IV, indica acciones de respeto, garantía
y protección del ejercicio de las parteras tradicionales, en condiciones de dignidad según sus métodos,
prácticas de curación y de sus recursos bioculturales. Para tal fin, señalan que se deben brindar apoyo
sin condicionamientos o certificaciones, siendo suficiente, el reconocimiento comunitario.
En el artículo 93 de la Ley General de Salud, se hace alusión al papel de la Secretaría de Educación
Pública, en la promoción del establecimiento de un sistema de enseñanza continua en materia de salud
y de reconocimiento, respeto y promoción del desarrollo de la medicina tradicional indígena. Por otra
parte, en el artículo 389 Bis, señala que los certificados de nacimiento serán expedidos además del
personal médico, personas autorizadas y por parteras tradicionales.
El Estado Mexicano de Oaxaca, en la Ley Estatal de Salud (2024), puntualiza en el Artículo cuarto,
fracción XXV sobre el reconocimiento y promoción activa de las personas que practiquen la medicina
tradicional y alternativa. Artículo sexto, fracción VII refiere el apoyo a la práctica de la medicina
tradicional indígena según las características de cada región; y la fracción IX sobre la regulación,
registro y supervisión de la medicina tradicional, alternativa y complementaria. En el Artículo 59,
fracción III la Ley Estatal menciona acciones de capacitación para el fortalecimiento de la competencia
técnica de las parteras tradicionales para la atención de la salud materna, así como para el aborto legal
y seguro.
El reconocimiento a la partería tradicional también se hace presente en las Normas Oficiales
Mexicanas, como la NOM-007-SSA2-2016, la SSA (2016) la cual señala para la atención de la mujer
durante el embarazo, parto, puerperio y del recién nacido. Esta Norma señala en su apartado de
Disposiciones Generales, en el punto 5.1.11 que la atención de la mujer embarazada y de la persona
recién nacida debe otorgarse con calidad, respeto a sus derechos humanos, dignidad y cultura,
incluyendo apoyo psicológico; señala también que las instituciones públicas deben capacitar al
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personal de enfermería, parteras técnicas y tradicionales, la identificación de complicaciones
obstétricas y proveer facilidades para referencia y acompañamiento oportuno de la mujer a dichas
instituciones y destaca que los partos de bajo riesgo pueden ser atendidos por parteras tradicionales
capacitadas señala también que éstos deben ser atendidos con oportunidad en dichas instituciones.
Enfatiza que la mujer debe tener la opción de parir en forma vertical, si el establecimiento cuenta con
personal capacitado y la infraestructura suficiente, preservando la autonomía y seguridad de la madre
y la persona recién nacida.
Finalmente, el Proyecto de Norma de Secretaría de Salud, PROY-NOM-020-SSA-2024 (SSA, 2024),
publicado el 12 de julio de 2024 y que entraría en vigor seis meses después de esa fecha, menciona en
el apartado siete, el cual trata de la Vinculación del Sistema de Salud con la Partería Tradicional, que el
Sistema Nacional de Salud, debe reconocer a la partería tradicional como parte de la medicina
tradicional mexicana; incluyendo derechos, ventajas y como un elemento fundamental de los pueblos
indígenas y afromexicanos, mientras que en el apartado 7.1.3 puntualiza que los Servicios de Salud
deben generar acciones de respeto y protección del libre ejercicio de la partería tradicional,
considerando sus condiciones de dignidad según sus métodos y prácticas.
LA DISCRIMINACIÓN Y OMISIÓN LEGAL DEL EJERCICIO DE LA PARTERÍA
El Marco Legal del Estado regula el alcance tanto de las funciones como de las responsabilidades de
las parteras, sin embargo, hay deficiencias en el apoyo y reconocimiento explícito gubernamental,
aunado a que las parteras no han logrado organizarse y asociarse de manera efectiva, resultando en la
ausencia de la partería como praxis legal y reconocida; en consecuencia, se mantienen en un estado
de ignominia y clandestinidad. Existen diversos factores que han puesto en riesgo la partería tradicional
como la falta de motivación de las nuevas generaciones, persecución y criminalización de la labor,
limitantes para la expedición de constancias de alumbramiento, bajos recursos económicos y la
creciente falta de reconocimiento social y comunitario. Uno de esos factores es el reconocimiento que,
si bien está presente en diversos documentos oficiales, en la realidad confunde si la prestación de
servicios está permitida, misma situación enfrentan las parteras profesionales, debido a que no
encajan ni como tradicionales ni como personal médico en su totalidad (Ramón, 2022; Atayde y
González-Robledo, 2020).
La labor de las parteras profesionales no está reconocida dentro del marco legal, por lo que no hay un
lugar en el sistema de salud que regule su ejercicio, se manifiesta también una falta de claridad para
su labor, ya que se da preferencia a que el embarazo esté a cargo del segundo nivel de atención
(hospitales) y con personal calificado; si bien existe el interés de impulsar la partería (tradicional o
profesional), no es evidente un respaldo sólido para ejecutarlo, por lo que tienden a innovar para
resolver cuando se presenta la situación, no está claro hasta dónde llega la función de las parteras y
de su competencia en el primer nivel de atención, pues de acuerdo a la normativa no se atienden partos
en su totalidad en este nivel, ni siquiera por el personal médico y de enfermería (Atkin, et al., 2015).
Ramón (2022) considera que la medicina y la partería tradicional deberían formar parte del sistema
nacional de salud, sin embargo, no existe sensibilidad, apertura, escucha y comprensión por parte de
las autoridades correspondientes en los diferentes niveles, principalmente del sistema de salud. En
este sentido Laureano-Eugenio et al. (2014) precisan que las parteras tradicionales sufren el abandono
por parte del sector salud, principalmente por el personal médico, en la última década se
desacreditaron las prácticas y sus saberes, asumiéndolas como barreras para el trabajo en conjunto;
señalan también que algunas parteras han optado por preparase profesionalmente en busca del
posicionamiento y reconocimiento institucional, al mismo que conservan la práctica de la partería
tomando la tradición, como parte de la responsabilidad con su comunidad.
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Tal parece que la tendencia del sistema de salud en México está encaminada hacia la desaparición de
la partería tradicional, o a ser sustituirla por la partería profesional, lo anterior tiene como efecto la
rápida disminución del ejercicio tradicional; este sistema subordina los saberes ancestrales y no
reconoce las diferencias culturales, como el caso de las parteras que poseen un profundo
conocimiento sobre el cuidado de la mujer, a la par que existen otras opiniones que descalifican dicho
saber y su efectividad (Álvarez y Hernández, 2022; Badillo-Zúñiga y Alarcón-Hernández, 2020).
ACCESO A LOS SERVICIOS MÉDICOS PÚBLICOS
En breve remembranza sobre la implementación de algunos cambios importantes en la atención
médica y de los esfuerzos por crear una sinergia entre ambos modelos de atención en el país, Campos
et al. (2017) refiere que, en los años 80 se implementaron actividades en los estados cuando se
fundaron asociaciones de terapeutas tradicionales, aconteció el reconocimiento jurídico, la
incorporación de la etnomedicina en hospitales, se crearon áreas administrativas de apoyo a la
medicina tradicional alternativa y complementaria, se brindaron capacitaciones al personal de salud
en materia de interculturalidad. En la década de los 90 se creó un hospital del Instituto Nacional
Indigenista (INI) en Cuetzalan, Puebla, en 2001 se impulsaron los Hospitales Integrales con Medicina
Tradicional, pero al mismo tiempo ocurrieron dos sucesos contradictorios, el primero es que se dejó
de apoyar a la medicina tradicional y el segundo, que ésta se incorporó al marco legal, específicamente
en la Ley General de Salud, reflejando meramente un discurso político.
En la década de los 90, se fomentaron algunas acciones a nivel internacional para fortalecer y
posicionar a las mujeres, la ONU en 1994 y 1997 (Conferencia Mundial sobre la Mujer) impulsó
estrategias que incluyeron salud sexual, reproductiva, derechos y la calidad de la atención a las
mujeres, pues tenían pocas oportunidades en la toma de decisiones; la falta de servicios obstétricos
ante emergencias y abortos mal practicados. Posteriormente en 2007, en la reunión de la iniciativa de
“Las Mujeres Dan Vida; se estableció la atención calificada del parto como uno de los pilares en el
cuidado de la salud materna y que daría origen al fortalecimiento de la partería profesional (Freyermuth,
2018b). En México, durante la primera década del siglo XXI se impulsó la institucionalización del parto
en espacios como los hospitales, esta medida daba paso a una corriente internacional en la que se
planteaba que, éste servicio debía proporcionarse por profesionales excluyendo en consecuencia a las
parteras tradicionales; para impulsar el desarrollo equitativo, se realizó la implementación de
programas, como el Seguro Popular que fue diseñado para cubrir la atención médica en las zonas
rurales, implicó también, disminuir la mortalidad materna sin embargo, en la realidad los servicios
proporcionados carecieron de calidad y hubo inconformidades al respecto, aunque fue un programa
socialmente aceptado por los beneficios que otorgaban otros programas sociales adheridos a éste
(Freyermuth, 2018a).
Lo anterior generó atención médica desigual en diferentes sectores de la población, a nivel estatal hubo
diversos efectos, en el caso de Oaxaca -algunas localidades del Istmo- las mujeres enfrentan
dificultades en la atención de la salud materna y se resalta el papel que las parteras tienen en las zonas
rurales, pues el servicio institucional es limitado o no existe; si lo hay, el personal se ausenta
constantemente, estas restricciones implican elevados costos para las mujeres y sus familias al
realizar traslados a los hospitales para la atención de partos, por lo que las parteras se convierten en
una opción viable de resolución en la zona. También influyen el temor de intervenciones quirúrgicas, la
deficiente comunicación entre el personal médico con las usuarias y el maltrato que reciben durante la
etapa de gestación y a la hora del parto en los establecimientos de salud oficiales (Ramírez, 2018).
LA PARTERÍA EN ZONAS RURALES Y PERIURBANAS COMO ALTERNATIVA DE SERVICIO DE SALUD
En algunas comunidades rurales, existen factores que determinan la preferencia por la atención con
parteras, en contraste con el sistema de salud institucional, ya que se considera que este último,
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aunque es un servicio actualmente disponible, no existe continuidad entre los niveles de atención. El
tiempo de respuesta en la consulta prenatal es prolongado, carecen de personal calificado y material,
también hay limitantes como la discriminación que ejercen sobre las mujeres, se desconoce la
cosmovisión que las rodea y son tratadas con inferioridad debido a sus orígenes indígenas; condición
económica y sexo, los servicios institucionales no cubren la totalidad de la población debido a las
condiciones orográficas de los territorios, transporte y el estado de las carreteras. Se suma el difícil
acceso a la información que el modelo biomédico les proporciona pues no lo comprenden en su
totalidad, dado que las indicaciones suelen ser rápidas y mínimas. Aunque se aceptan los servicios
reconocen que se aleja o no considera creencias, costumbres y tradiciones; no existe privacidad, no se
permite el acompañamiento y tienen temor de regaños en la calidad en la atención pues identifican una
práctica deficiente, burocrática y poco comprometida (Ubicab y Juárez, 2018).
Profundizando en el tema, Vega y Tinoco (2018) refieren que las parteras tradicionales en el caso de
Chiapas, México argumentaron no estar preparadas para la atención del recién nacido/a en caso de
complicaciones, pues su trabajo se enfoca en la supervivencia de la mujer, ya que algunos bebés nacen
sin vida o fallecen durante el período posparto; sin embargo, en esos casos la responsabilidad recae
en la familia y en los cuidados que tengan con la persona recién nacida; a pesar de que la tasa de
supervivencia de las mujeres es alta, es una realidad que en la atención etnomédica -principalmente en
la zona rural- existen riesgos por las condiciones de higiene, detección temprana del embarazo y
durante el primer trimestre así como en la identificación de signos y síntomas de emergencia
obstétrica.
La atención de las parteras incluye el bienestar emocional (durante todo el proceso de embarazo, parto
y posparto), así como el acompañamiento familiar y de pareja, ellas buscan establecer un diálogo y
reconocer las fortalezas o limitantes de la mujer, a diferencia del sistema formal biomédico y la
atención materno-infantil, pues presenta continuas denuncias por violencia obstétrica; así como el
incremento de cesáreas en partos de bajo riesgo. Para las parteras es muy importante que no se
naturalice el sufrimiento de las mujeres en el momento del parto, ellas procuran un ambiente tranquilo
y de confort, dicha atención sucede fuera del entorno hospitalario (Atayde-Manríquez, 2023; Atayde y
González-Robledo, 2020; Marin, 2020).
Álvarez y Hernández (2022), consideran que la relación entre las parteras y el personal de salud es
jerárquica, pues implica actividades bajo la supervisión de promotoras de salud, existe la necesidad
y/o exigencia de informar al sistema de salud los partos asistidos mensualmente; mientras que
Morales (2023) señala que las parteras tradicionales han sido aliadas invisibles del sistema médico,
“son las referentes” en las comunidades del país, son parte de un nivel de atención cercana a las
usuarias, no sólo para reducir la violencia gineco-obstétrica. También intervienen cuando el acceso a
la atención médica hospitalaria no es suficiente, refieren que en un intento por reconocer los saberes
ancestrales de la partería al mismo tiempo la deslegitima y desplaza particularmente al territorio
indígena, que pese a una identidad pluricultural, la subordina frente al sistema biomédico, aún con el
reconocimiento legal, son consideradas como asistentes del personal médico y no atienden partos de
bajo riesgo, siendo relegadas, discriminadas al considerar que su trabajo se desempeña en la
ignorancia, la no civilización, condiciones precarias de higiene y lo indígena (que erróneamente se ha
asociado a la población perteneciente a una etnia, se desarrolla en la ignorancia, desconocimiento o
con educación precaria) en lugar de proveer lo mínimo necesario para solventar esas deficiencias y
que su labor se ejerza en condiciones óptimas; diversas investigaciones han evidenciado que el 96%
de los partos se siguen atendiendo por el personal médico, también se han incrementado el número de
cesáreas innecesarias, se ha generado violencia gineco-obstétrica y negligencia en un sistema de
servicios médicos, que por si fuera poco, se encuentra saturado.
INICIATIVAS GUBERNAMENTALES INCLUSIVAS DE LA PARTERÍA
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En los últimos 26 años diversos estados impulsaron acciones para la inserción de la medicina
tradicional en un sistema dominado por el modelo oficial, sin conseguir grandes efectos, ya que aún
existen acciones de subordinación, desigualdad y discriminación hacia quienes ejercen la
etnomédicina. El estado mexicano ha emitido lineamientos y capacitación intercultural para las
unidades médicas, pero no existe un espacio verdadero designado para su ejercicio; pese a los
esfuerzos realizados por incluir e integrar los trabajos con la medicina alópata, impulsando la
implementación del parto vertical en hospitales, pocos han logrado mantener la sinergia de trabajo, si
bien es aceptada también es contenida, y quienes lo ha conseguido lo han realizado de manera parcial,
insuficiente y limitada. Algunas secretarías estatales particularmente en el centro y sureste del país
crearon dependencias que impulsan la actividad de la medicina tradicional y alternativa como
Querétaro, Hidalgo, Puebla, Veracruz; señalan también, que existen deficiencias en estados con mayor
presencia indígena como Michoacán, Guerrero, Oaxaca y Chiapas (Campos, 2017).
Un avance importante en la partería tradicional, fue cuando la Secretaría de Salud en 2009, diseñó una
silla para promover el parto en posición vertical, pues se aseguró que durante el parto, esa posición
favorecía la salud de la madre y del recién nacido en comparación con la posición horizontal, se impulsó
entonces una prueba piloto en el Hospital General Dr. Aurelio Valdivieso de Oaxaca y a pesar de haber
sido aceptada; tiempo después, se dejó de utilizar ante el argumento sobre el desconocimiento sobre
el uso de dicho mobiliario y de ser una posición distinta a la aprendida académicamente. Una postura
que las parteras tradicionales utilizan habitualmente, en ese tiempo se intentó replicar dichas acciones
sin éxito por parte de los servicios de salud del estado. A nivel federal hubo quienes buscaban
implementar adecuaciones a la silla, sin embargo, no se logró prevalecer por los principios de la
medicina institucional, la cual invisibiliza a la mujer como persona. En el sector público de salud, la
mujer es colocada junto a otras parturientas que esperan el momento de parir, al llegar el momento del
parto es inmovilizada en una camilla obstétrica, en muchas ocasiones violentada verbal y físicamente.
Durante el parto el cuerpo de la mujer se deshumaniza según (Álvarez y Hernández, 2022).
Es importante señalar que todas las acciones realizadas en el área médica están reguladas en diversas
Guías de Práctica Clínica para atender cualquier padecimiento, tales documentos están basados en
evidencias científicas, las cuales proporcionan a los profesionales de la salud las herramientas para la
toma de decisiones sobre los procedimientos que se deben seguir en el cuidado de la salud materna.
Recomendaciones sobre cómo proceder ante el aborto espontáneo, choque hemorrágico en
obstetricia, control prenatal, diagnóstico y tratamiento inicial de las emergencias obstétricas,
enfermedades hipertensivas del embarazo, parte pre término, preeclampsia, ruptura prematura de
membranas, sepsis materna, vigilancia y atención amigable en el trabajo de parto en embarazo de bajo
riesgo; el contenido estricto señala las acciones específicas que deben llevarse a cabo en las
Instituciones de salud (IMSS, 2019a; IMSS, 2019b; IMSS, 2018; IMSS, 2017a; IMSS, 2017b; IMSS, 2017c;
IMSS, 2017d; IMSS, 2010; IMSS, 2009).
En la guía Vigilancia y atención amigable en el trabajo de parto en embarazo de bajo riesgo se menciona
que la partera es una persona que puede atender un parto sin complicaciones, se sugiere según la
infraestructura de la unidad médica, la libertad de movimiento y la elección de la mujer, elegir la
posición vertical, acompañamiento, además de emplear masajes terapéuticos, compresas calientes,
pelota obstétrica para disminuir el dolor y facilitar el parto. Señala además que de acuerdo con estudios
realizados la posición vertical tuvo beneficios como: la disminución del tiempo de parto respecto de la
posición horizontal, reducción de desgarros y de cesáreas innecesarias, sin embargo, se desconoce si
en la realidad se lleva a la práctica con las usuarias del sistema público de salud (IMSS, 2019c).
El servicio que brindan las parteras tradicionales es integral, escuchan, ofrecen palabras de aliento y
dan muestras de afecto, utilizan plantas medicinales, emplean masajes y técnicas que son parte del
acompañamiento hacia la mujer, uno de los elementos tradicionales más ampliamente utilizados es el
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rebozo3 que se emplea para dar masajes, se considera un método de relajamiento para la mujer durante
el período posparto, también se utiliza para acomodar al bebé en posición cefálica, cuando la partera
detecta, que está en posición podálica o transversa; es útil también para comprimir (cerrar) el cuerpo
de la mujer en los ocho días posteriores al parto, éste tiene un significado simbólico ya que se
considera un ritual para la recuperación de la vitalidad del organismo (en la partería tradicional
mexicana se considera que el proceso del parto debilita a la mujer por lo que éste, debe volver a su
estado físico y anímico que tenía antes del embarazo), el masaje con rebozo tiene la función de
comprimir siete partes del cuerpo, iniciando desde la cabeza, hombros, pecho, abdomen, cadera,
rodillas y pies; otra de las técnicas empleadas como medida terapéutica consiste en un masaje al que
se le conoce como “sobada”, se utiliza para ayudar a los órganos del cuerpo a volver a su lugar y tamaño
normal, como en el caso del útero; esta práctica se complementa con baños de diversas plantas a las
que la etnomedicina atribuye propiedades calientes (Álvarez y Hernández, 2022; Botteri y Bochar, 2019;
Atayde y González-Robledo, 2020).
Badillo-Zúñiga y Alarcón-Hernández (2020) destacan tres funciones primordiales de la partería, primero
establece una relación afectiva con la mujer, segundo existe un impacto económico importante en los
costos de atención, pues la partera (comúnmente) no tiene establecida una cuota fija, ella acepta lo
que la familia pueda dar como pago y agradecimiento por la atención brindada a la mujer y tercero
brinda apoyo en las labores domésticas y del cuidado de los hijos, lo anterior hace que la demanda por
su atención prevalezca y sea elevada, además de abordar el cuidado de manera holística.
En el estado de Chiapas, México, los cuidados prenatales que brindan las parteras inician al término
del primer trimestre, establece visitas calendarizadas para vigilar el desarrollo de la madre y de su
hijo/a, el objetivo principal es realizar el acomodo de la posición del bebé, sugiere a la mujer cuidar su
actividad física en sus labores cotidianas, así como llevar una alimentación suficiente y adecuada. La
partera reconoce cuando la mujer debe acudir al médico, sin embargo, existe cierta resistencia de las
mujeres, pues consideran que el medicamento puede tener efectos negativos para ellas y afectar su
embarazo, en el momento del parto se procura que la mujer este acompañada, ya que le dará
tranquilidad; en la etapa del alumbramiento la partera proporciona masajes en el vientre de la mujer,
para facilitar la expulsión de la placenta, en caso de existir hemorragia le administrará infusiones de
plantas medicinales y si detecta una complicación, junto con la familia trasladarán a la mujer a recibir
atención médica inmediata (Vega y Tinoco, 2018).
Tradicionalmente las parteras proporcionan atención basada en la herbolaria medicinal, las acciones
manuales (masajes) y los recursos hidroterapéuticos (baños con hierbas e infusiones), que va desde
el embarazo hasta el puerperio (Macías-Lara, 2024). La herbolaria es un indicativo de la pervivencia de
la cosmovisión, dónde se privilegia la atención integral y se considera al entorno como un botiquín
biocultural, el huerto familiar, es un lugar al que se tiene acceso a las plantas medicinales, a través del
cultivo, la tolerancia o mediante la recolección de las especies útiles. Señalan que la población en
general conoce las propiedades de las plantas, destacando que las mujeres por los roles que
desempeña en la sociedad son quienes realizan y administran los remedios, pues consideran que
poseen más conocimiento sobre sus usos que los hombres (Chávez et al., 2017).
CONCLUSIÓN
La partería tradicional ha atravesado por desafíos que han puesto en riesgo su continuidad. Los
saberes tradicionales han sido minimizados por carecer de reconocimiento y respaldo académico y
legal, los cambios en el área de la salud han sido tan radicales que no ha sido la excepción. En las
3 El rebozo es una prenda de vestir femenina tradicional de México, de forma alargada y rectangular es similar a una bufanda
ancha o pashmina; las mujeres también lo utilizan para cargar a sus hijos/as u objetos y tiene usos terapéuticos como en la
partería tradicional.
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civilizaciones que existieron antes de la conquista por los españoles, la atención del médico no solo
iba más allá de la atención física del cuerpo, sino que también atendían las necesidades emocionales
del paciente. Las parteras gozaban del máximo respeto, pues tenían a cargo la atención de algo tan
sagrado como asistir a una mujer a dar vida. La mujer era valorada y tratada con delicadeza, la partera
fungía como consejera alentándola y tenía libertad de decisión.
Después de la conquista y la imposición de los preceptos religiosos de la iglesia católica, el valor de la
mujer y de quién atendía la salud materna, tuvo un drástico cambio. Los avances en el área médica de
las últimas décadas, ha desafiado la permanencia y pervivencia de la partería tradicional, esta se
convirtió en asistente y fue subordinadas al modelo de la medicina occidental. Los escenarios en los
que se desempeña, están restringidos por condiciones geográficas y socioeconómicas de las zonas
rurales y periurbanas, enfrentando grandes carencias, principalmente en servicios como la atención
primaria de la salud. La alarmante cifra de muertes maternas en la década de los noventa, el incremento
de cesáreas innecesarias, la creciente violencia obstétrica ejercida por las instituciones públicas de
salud, impulsaron esfuerzos de las autoridades por mejorar la situación. Aun cuando existe una
normativa a favor de la etnomedicina y de retomar algunas de las acciones comunes de la partería,
como el parto vertical, masajes terapéuticos y el acompañamiento, dista mucho de ser una realidad.
Las sabias herederas del conocimiento ancestral están sucumbiendo ante el paso del tiempo, la edad,
la falta de apoyo, el desinterés de nuevas generaciones, la falta de oportunidades laborales, de
capacitaciones ocasionales e insuficientes que dejan su actuar; experiencia e importancia como una
alternativa de atención, misma que la está convirtiendo en un recuerdo, un aspecto folclórico o quizá
en un discurso sin efecto real que las beneficie.
Es urgente una reorganización profunda para que el ejercicio de la partería sea una realidad. Es
necesario que en la normativa y documentos oficiales especifique el alcance de la inclusión de las
parteras en la atención de la salud materna, ya que, en las localidades rurales sin servicio médico o con
deficiencias las parteras son un recurso disponible, no sólo son resolutivas, sino que acompañan y
guían a la mujer y a su familia a las unidades médicas ante alguna emergencia. Aún con la
sensibilización intercultural del personal médico siguen siendo discriminadas, sometidas y
subordinadas por los servicios de salud oficiales.
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