LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, octubre, 2025, Volumen VI, Número 5 p 867.
DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v6i5.4641
Comportamientos disruptivos en las clases de música en
secundaria: estrategias pedagógicas para su abordaje
docente
Disruptive behaviors in secondary music education: pedagogical strategies
for effective classroom management
Leslie Freitas de Torres
freitasdetorres@gmail.com
https://orcid.org/0000-0002-4390-0151
ULATH – Universidad Latinoamericana de Estudios Humanistas
Aguascalientes – México
Artículo recibido: 21 de junio de 2025. Aceptado para publicación: 10 de octubre de 2025.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.
Resumen
Las conductas disruptivas constituyen un fenómeno frecuente en el ámbito escolar, ya que implican
actitudes y comportamientos que interrumpen y obstaculizan el proceso de enseñanza-aprendizaje en
todas las asignaturas, incluida la de música. Estas manifestaciones no solo afectan el desempeño
individual del alumnado, sino que también inciden negativamente en la dinámica grupal, la convivencia
escolar y la labor docente, generando un entorno poco favorable para el desarrollo académico y
socioemocional de los estudiantes. En este marco, la presente investigación, de carácter cualitativo,
tiene como propósito identificar y clasificar los comportamientos disruptivos que se presentan en el
aula de música a nivel secundaria en una institución privada ubicada en un municipio de
Aguascalientes, México, tomando en cuenta las particularidades del contexto social y educativo en el
que se desenvuelven los estudiantes. Asimismo, se busca diseñar y proponer estrategias pedagógicas
orientadas a favorecer la participación, fortalecer la disciplina y promover el compromiso del
alumnado con su proceso formativo. Se concluye que, mediante la implementación de estrategias
efectivas y contextualizadas a las necesidades de los grupos, es posible generar un entorno educativo
más inclusivo, participativo y positivo, que favorezca no solo el aprendizaje musical, sino también una
convivencia escolar armónica y constructiva, en beneficio de toda la comunidad educativa.
Palabras clave: estrategias educativas, conductas disruptivas, proceso de enseñanza-
aprendizaje, educación musical, secundaria
Abstract
Disruptive behaviors are a frequent phenomenon in the school environment, as they involve attitudes
and actions that interrupt and hinder the teaching-learning process in all subjects, including music.
These manifestations not only affect the individual performance of students but also negatively impact
group dynamics, school coexistence, and teaching efforts, creating an environment that is not
conducive to academic and socio-emotional development. In this context, the present qualitative
research aims to identify and classify the disruptive behaviors that occur in the secondary-level music
classroom in a private institution located in a municipality of Aguascalientes, Mexico, taking into
account the particularities of the social and educational context in which the students develop.
Likewise, it seeks to design and propose pedagogical strategies aimed at encouraging participation,
strengthening discipline, and promoting students’ commitment to their educational process. The study
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concludes that, through the implementation of effective strategies tailored to the needs of the groups,
it is possible to create a more inclusive, participatory, and positive educational environment that
fosters not only musical learning but also harmonious and constructive school coexistence, benefiting
the entire educationa community.
Keywords: educational strategies, disruptive behaviors, teaching-learning process, music
education, secondary school
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Cómo citar: Freitas de Torres, L. (2025). Comportamientos disruptivos en las clases de música en
secundaria: estrategias pedagógicas para su abordaje docente. LATAM Revista Latinoamericana de
Ciencias Sociales y Humanidades 6 (5), 867 – 881. https://doi.org/10.56712/latam.v6i5.4641
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INTRODUCCIÓN1
Jurado y Justiniano (2016) sostienen que los comportamientos disruptivos constituyen conductas que
obstaculizan el proceso educativo y alteran las relaciones interpersonales, incidiendo de manera
negativa en todos los agentes que integran la comunidad educativa: alumnado, profesorado, claustro,
consejo escolar y centro educativo en general. Estas conductas pueden repercutir en el aprendizaje de
las distintas asignaturas y en los diferentes niveles educativos, incluida la educación musical a nivel
de secundaria.
En México, el estudio de la música como asignatura obligatoria en la secundaria ha sido implementado
en 2019, con el propósito de acercar a los jóvenes a la música desde una perspectiva formativa e
integral (López y Salcedo, 2021). Sin embargo, los comportamientos disruptivos en las clases de
música se presentan de manera recurrente, lo que genera barreras para el aprovechamiento
pedagógico.
Debido a esta situación, se han desarrollado diferentes alternativas para la reducción de estas
conductas. Chao, Mato y López (2015), en su trabajo titulado Beneficios de la música en conductas
disruptivas en la adolescencia, analizaron los comportamientos disruptivos en un grupo de estudiantes
de secundaria, frente a los cuales implementaron un modelo de intervención basado en la integración
de conocimientos provenientes de la pedagogía musical, la musicoterapia y la inteligencia emocional.
Por su parte, Rial-Pereira y Serrano-Soria (2021), en su investigación Musicoterapia e infancia en
relación a los comportamientos disruptivos, formularon una propuesta de intervención musicoterapia
dirigida al alumnado de educación primaria. Finalmente, Pérez (2019), en su Trabajo de Fin de Grado
titulado Las conductas disruptivas y la música como recurso preventivo dentro del aula: Propuesta de
intervención, planteó una estrategia dirigida a la educación preescolar, basada en técnicas cognitivas
como la reestructuración del pensamiento, el autocontrol y la resolución de problemas.
Estas aportaciones son reflejos de la necesidad de diseñar e implementar estrategias pedagógicas
específicas que permitan abordar estos comportamientos desde un enfoque preventivo, formativo y
restaurativo. En este marco, el objetivo de la presente investigación es identificar y clasificar los
comportamientos disruptivos que se manifiestan en el aula de música en el nivel secundaria, así como
proponer estrategias pedagógicas que favorezcan la participación, la disciplina y el compromiso del
alumnado, con el propósito de generar un entorno educativo más propicio para el proceso de
enseñanza-aprendizaje musical.
Con base en este objetivo, se plantearon las siguientes preguntas de investigación: ¿Qué tipos de
comportamientos disruptivos se presentan con mayor frecuencia en el aula de música en una
secundaria privada de contexto rural? y ¿Cuáles estrategias educativas se pueden implementar para
transformar estas dinámicas y mejorar la convivencia y el rendimiento académico en este entorno?
Su justificación se basa en la necesidad de atender una problemática cada vez más latente en el
contexto educativo: la presencia recurrente de comportamientos disruptivos en el aula, particularmente
en la asignatura de música a nivel secundaria. En este sentido, Merchán, Sierra y Vanegas (2016)
señalan que el comportamiento disruptivo es un fenómeno común en los centros educativos actuales,
el cual no solo afecta al estudiante que lo presenta, sino que también incide negativamente en sus
compañeros y en el desarrollo general de la clase. Esta situación dificulta el adecuado
desenvolvimiento de las sesiones escolares, deteriora el clima del aula, disminuye la motivación del
alumnado y compromete la calidad del proceso educativo musical.
1 Investigación realizada en el marco del Proyecto de Investigación: Música y ciudad: espacios, instituciones y encuentros
desde la revolución industrial (Referencia: PID2021-124376NB-C31) (2022-2025) de la Universidad de Oviedo/España.
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En el caso específico del nivel secundaria, resulta indispensable comprender las causas y
manifestaciones de estas conductas para intervenir de manera efectiva y garantizar que el proceso de
enseñanza-aprendizaje se desarrolle de forma óptima. Chao, Mato y López (2015) señalan que,
mediante la aplicación de estrategias educativas adecuadas, es posible fomentar comportamientos
más tolerantes y colaborativos entre los estudiantes. Por ello, es necesario diseñar e implementar
alternativas pedagógicas que promuevan la participación, fortalezcan el sentido de pertenencia y
refuercen la disciplina, con el objetivo de mejorar la convivencia escolar y enriquecer la experiencia
educativa musical de los adolescentes en este nivel formativo.
METODOLOGÍA
La orientación de esta investigación es de carácter cualitativo, la cual, de acuerdo con Banister et al.
(2004), se centra en la interpretación de un tema o problema específico, en el que el investigador no
sólo observa, sino que también participa activamente en el proceso de indagación. En este enfoque, el
investigador se convierte en un instrumento fundamental para la construcción de sentido, ya que su
mirada, formación y sensibilidad influyen de manera directa en la forma en que se recogen, analizan e
interpretan los datos.
A continuación, se presentan los procedimientos empleados para el desarrollo de la metodología, los
cuales Bautista (2011) señala que deben incorporar elementos fundamentales, tales como: diseño
metodológico, técnica de recolección de datos aplicada, contexto en el que se desarrolló el estudio,
descripción del grupo social participante y selección de una muestra intencional.
Diseño metodológico
Su diseño está basado en la perspectiva etnográfica, dado que su objetivo es comprender las
dinámicas culturales, sociales y educativas de un grupo específico desde una óptica interna. En este
sentido, Peralta (2009) sostiene que la etnografía implica la participación directa y prolongada del
investigador en la vida cotidiana de una comunidad, a través de la observación y la interacción, con el
fin de conocerla en profundidad y desde su propia lógica.
Desde la perspectiva epistemológica, el estudio se orienta hacia la resolución de una problemática
particular en un contexto definido, por lo que se recurre a la estrategia del estudio de caso. Según
Barrientos (2023), esta metodología consiste en el análisis detallado y exhaustivo de una unidad
específica —como una persona, grupo, institución, programa o suceso— con el propósito de
comprender sus características, dinámicas internas y contexto.
Técnica aplicada
Las técnicas aplicadas para el desarrollo de esta investigación han sido la observación participante y
el diario de campo. Según Rodríguez y García (1996), la observación participante es un método
interactivo de recolección de información que requiere la implicación directa del observador en los
acontecimientos estudiados, lo cual permite acceder a percepciones más profundas de la realidad
investigada, difíciles de alcanzar sin una vinculación afectiva y contextual con el entorno.
Las observaciones realizadas han sido registradas a través de un diario de campo, con el propósito de
facilitar la interpretación, la comprensión y, a su vez, recordar de manera precisa las situaciones
analizadas. En esta línea, Rekalde, Vizcarra y Macazaga (2014, pp. 214-215) afirman que el diario de
campo permite “revivir situaciones de un pasado inmediato”, ofreciendo así una herramienta valiosa
para la reflexión crítica y el análisis cualitativo.
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Contexto del estudio
Esta investigación se llevó a cabo durante las clases de música impartidas en los grupos de secundaria
de una institución educativa privada en México, durante cuatro meses ininterrumpidos en el ciclo
escolar 2024-2025. El alumnado ha estado conformado por adolescentes de entre 12 y 15 años, con
una distribución aproximada del 70% del género masculino y 30% del género femenino. La mayoría de
los estudiantes poseían conocimientos básicos de lectura musical, lo que facilitó el proceso de
enseñanza-aprendizaje.
Las clases de música se imparten una vez a la semana, con una duración de una hora con cuarenta
minutos, en un salón específico asignado para esta asignatura. A pesar de contar con un espacio
adecuado, el tiempo limitado y la escasa frecuencia de las sesiones representaron una barrera para
establecer una continuidad pedagógica efectiva. A lo largo de este ciclo escolar se han implementado
diversas estrategias educativas orientadas a promover un aprendizaje significativo e integral, a través
de actividades lúdicas, empíricas, colaborativas y apoyadas por el uso de nuevas tecnologías, tales
como aplicaciones musicales, recursos audiovisuales y plataformas digitales interactivas.
No obstante, a pesar de los esfuerzos pedagógicos, los comportamientos disruptivos han persistido,
estos incluyen: la falta de atención, el uso indebido del celular, las interrupciones constantes, la
negativa a participar en actividades musicales y, en algunos casos, actitudes de burla hacia los
compañeros o la docente. Cabe destacar que estas actitudes no son exclusivas del aula de música,
sino que se han manifestado en otras asignaturas, lo cual sugiere que se trata de una problemática
institucional más amplia, relacionada con la convivencia escolar, la gestión de aula y el clima
organizacional.
Descripción del grupo social
El grupo social al que pertenece el alumnado de esta secundaria privada se caracteriza por habitar en
un entorno rural, aunque con una notable cercanía a la zona urbana, lo que les permite tener acceso a
ciertos servicios, actividades culturales y recursos educativos que no siempre están disponibles en
comunidades rurales más aisladas. A pesar del entorno rural, los estudiantes provienen, en su mayoría,
de familias con niveles socioeconómicos medio y alto, lo que se refleja en su capacidad para acceder
a educación privada y en la disponibilidad de recursos materiales y digitales.
La mayoría del alumnado procede de un seno familiar caracterizado por un compromiso educativo, sin
embargo, no todos los estudiantes cuentan con una estructura familiar tradicional o estable. Algunos
viven únicamente con uno de sus progenitores, mientras que otros están al cuidado de sus abuelos u
otros familiares, debido a diversas circunstancias como separación de los padres, migración laboral o
situación de abandono parcial.
Los responsables por el alumnado, en general, muestran un alto grado de compromiso con la
formación académica y extracurricular de sus hijos. La institución educativa organiza mensualmente
diversas actividades extracurriculares, muchas de las cuales implican un costo adicional, tales como
excursiones, talleres, conciertos y actividades culturales. La mayoría de los estudiantes participan, lo
cual es un indicador del poder adquisitivo de las familias y del valor que otorgan a este tipo de
experiencias formativas complementarias.
Muestra intencional
La muestra estuvo integrada por 85 estudiantes correspondientes a los tres grados del nivel de
secundaria (primero, segundo y tercero), inscritos en una institución educativa situada en uno de los
municipios de Aguascalientes, México. La elección de esta muestra se justifica por la cercanía de la
investigadora con el grupo, ya que se desempeña como docente en susodicha institución. Hecho que
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facilitó el acceso al entorno escolar e, igualmente, permitió establecer un vínculo de confianza con los
estudiantes. Con el objetivo de mantener los principios éticos, se resguardó la identidad de los
participantes. De igual manera, no se empleó nombres ni información que permitiese su identificación
directa o indirecta.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Correa (2019) señala que el término disrupción hace referencia a comportamientos, ya sean
individuales o grupales, que buscan interrumpir cualquier proceso o metodología académica,
caracterizándose principalmente por estar dirigidos contra estos procedimientos. Por su parte, Jurado
y Justiniano (2016) sostienen que se trata de conductas que interfieren en el proceso de aprendizaje y
afectan tanto las relaciones interpersonales como la dinámica general de la clase. En la misma línea,
Uruñuela (2007) afirma que la disrupción alude a comportamientos orientados a romper, de forma
implícita o explícita, el desarrollo educativo, impidiendo que dicho proceso se consolide.
Así que, es común presenciar este tipo de comportamiento en los centros educativos,
comportamientos que, de acuerdo con Correa (2019, p. 1), afecta no sólo el rendimiento académico si
no también la estabilidad del estudiante y docente” (Correa, 2019, p. 1). En este sentido, Villegas (2020)
menciona que esta conducta perjudica negativamente al estudiante que la manifiesta, así como a sus
compañeros, quienes experimentan las consecuencias de esta acción, siendo que su presencia
sobresale negativamente en el contexto del aula.
Este tipo de comportamiento puede tener su origen en diversos ámbitos: familiar, personal, escolar y
social. En el ámbito familiar, Narro (2018) señala que uno de los indicadores de riesgo que pueden
fomentar conductas inadecuadas es el estilo de crianza autoritario. En esta misma línea, Villegas
(2020) advierte que este autoritarismo puede estar acompañado de maltratos físicos y psicológicos,
lo cual incrementa la probabilidad de que los adolescentes desarrollen conductas inadaptadas.
También es relevante observar el comportamiento de jóvenes provenientes de familias con alto poder
adquisitivo. En algunos casos, estos estudiantes tienden a asumir actitudes de superioridad o desafío
hacia la autoridad docente, bajo la creencia de que sus recursos económicos les permiten actuar con
impunidad, convencidos de que cualquier conflicto o consecuencia puede ser resuelto a través de
medios materiales.
Igualmente, Sabroso, Jiménez y Lledó (2011, p. 424) exhiben que la privación afectiva está
directamente relacionada con factores paternos y puede influir en el comportamiento del joven, “como
muerte o ausencia por abandono, emigración, divorcio o separación, falta de tiempo para dedicar a los
hijos por exceso de trabajo, …, en relación al resto de los hermanos con la sensación de que los demás
son los preferidos de los padres, de un ambiente familiar deteriorado con frecuentes disputas entre los
padres delante de los hijos que pueden estar relacionadas con el alcoholismo, drogadicción, ... y que
pueden derivar en problemas más graves con agresiones o malos tratos”.
Por su parte, en el ámbito personal, Pino y García (2007) señalan que algunas conductas disruptivas
están estrechamente relacionadas con la personalidad del individuo, la cual se ve influida por variables
como la edad, el perfil social y las relaciones familiares. Estos autores explican que los conflictos
pueden originarse tanto por las expectativas asociadas al rol que ocupa el individuo como por su propia
estructura de personalidad. Asimismo, destacan que puede producirse un conflicto de personalidad
cuando existen discrepancias entre las necesidades del sujeto y sus posibilidades reales de
satisfacerlas.
En el contexto escolar, diversos factores pueden propiciar o intensificar conductas conflictivas entre el
alumnado. Entre ellos se encuentran la organización del grupo en estructuras rígidas e inflexibles que
no favorecen la participación activa ni la cooperación; la impartición de contenidos bajo un enfoque
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tradicional, centrado exclusivamente en la transmisión de conocimientos, sin considerar los intereses,
ritmos o estilos de aprendizaje del estudiantado; y la carencia de una relación empática y cercana entre
docentes y discentes, lo cual debilita los vínculos afectivos y la autoridad pedagógica (Uruñuela, 2012).
Asimismo, el uso reiterado de castigos o llamadas de atención en público puede generar humillación,
resistencia o desmotivación, especialmente cuando no van acompañados de estrategias restaurativas
o formativas. La falta de atención a la diversidad del grupo —ya sea en términos de capacidades,
contextos culturales, emocionales o sociales— puede derivar en exclusión, frustración o
comportamientos reactivos. Por su parte, el manejo inadecuado de los conflictos escolares, cuando se
aborda de manera autoritaria o evasiva, tiende a agudizar las tensiones, cronificar los problemas de
convivencia y debilitar el clima del aula (Orellana-Román y Ruiz-Garzón, 2024).
Finalmente, Benavides, Muñoz y Muñoz (2013) destacan que los factores sociales desempeñan un
papel fundamental en el desarrollo de conductas disruptivas. Estos investigadores sostienen que el
aprendizaje es un proceso esencialmente social, por lo que el conjunto de interacciones y estímulos
provenientes del entorno influye de manera directa en la formación de patrones adaptativos y
comportamentales. En este sentido, resulta comprensible que aquellos sujetos expuestos a privación
material o a deprivación sociocultural presenten con mayor probabilidad comportamientos disruptivos
o dificultades para adaptarse adecuadamente a los contextos escolares. De igual manera, Narváez y
Obando (2020) advierten que, cuando los escolares carecen de las herramientas necesarias para
adaptarse y aprovechar de manera óptima la experiencia escolar desde la visión social, aumenta el
riesgo de que surjan episodios de disrupción.
Estos factores pueden incidir tanto de manera positiva como negativa en el proceso de enseñanza-
aprendizaje de todas las asignaturas, incluida la de música, dado que este arte constituye un vehículo
primario de expresión emocional. Rial-Pereira y Serrano-Soria (2021) señalan que las conductas
disruptivas son el resultado de años de inadecuada expresión emocional, por lo que resulta necesaria
la implicación de todos los agentes educativos. Asimismo, advierten que, si alguna de las cuatro
dimensiones —familiar, personal, escolar o social— no funciona adecuadamente, se produce un
desequilibrio que afecta a las demás.
En lo que concierne a los comportamientos disruptivos detectados en los grupos estudiados durante
las clases de música en secundaria, se manifiestan con mayor frecuencia en los estudiantes del sexo
masculino. De acuerdo con Martínez-Vicente y Valiente-Barroso (2020), estos jóvenes tienden a utilizar
conductas agresivas y desafiantes como estrategia para obtener lo que desean, reflejando patrones
de interacción marcados por la imposición y la búsqueda de control.
Con base en las observaciones realizadas, se llevó a cabo el análisis de los datos, constatándose que
los comportamientos disruptivos que se presentan en las clases de música pueden clasificarse en
cinco categorías: 1) cognitivos o atencionales, que incluyen la falta de concentración o desconexión
del proceso de aprendizaje; 2) desafiantes o de desobediencia, caracterizados por la oposición directa
a la autoridad o a las normas del aula; 3) violencia física o invasión del espacio personal, que implica
acciones que atentan contra la integridad de los demás; 4) violencia verbal y relacional, manifestada a
través de insultos, apodos ofensivos o exclusión social; y 5) incumplimiento normativo general, como
no portar materiales, comer en clase o utilizar dispositivos electrónicos sin autorización.
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Tabla 1
Clasificación de los comportamientos disruptivos observados
Nota: se han categorizado los comportamientos disruptivos observados y sus descripciones.
Fuente: elaboración propia.
Lo que dice respecto a las categorías, por un lado, Suárez et al. (2024) definen el desarrollo cognitivo
como el proceso mediante el cual las personas adquieren, organizan y utilizan el conocimiento a lo
largo de su vida. Este desarrollo se encuentra estrechamente vinculado con la metacognición y la
autorregulación del aprendizaje, ya que ambos procesos influyen de manera directa en la adquisición
de conocimientos y en el fortalecimiento de las habilidades necesarias para un desempeño académico
óptimo. Tales procesos no solo favorecen la formación de personas reflexivas, críticas y con
pensamiento autónomo, sino que también preparan al individuo para afrontar con éxito situaciones
futuras en contextos académicos, familiares, sociales y laborales.
Por su parte, García (2001) define la atención como un proceso de selección de la información, es decir,
un mecanismo cognitivo que permite focalizar los recursos mentales en determinados estímulos
relevantes. Este proceso puede manifestarse en diferentes modalidades: atención selectiva, atención
dividida, vigilancia y alerta fásica (García, Hernández y Cruz, 2014). En este sentido, Pérez et al. (2012)
señalan que los adolescentes con dificultades atencionales tienden a aburrirse con rapidez, presentan
problemas para inhibir respuestas impulsivas y buscan soluciones rápidas sin dedicar el tiempo
necesario a la reflexión. Estas características pueden interferir significativamente en el proceso de
aprendizaje, afectando tanto la comprensión profunda de los contenidos como la calidad del trabajo
académico.
Sobre la categoría desafiante o desobediencia, De la Peña-Olvera y Palacios-Cruz (2011) exhiben que
estos comportamientos pueden ser resultados de un trastorno negativista y desafiante, el cual, según
estos autores, se caracteriza por la manifestación de un patrón de conducta hostil (discutir,
desobedecer, etc.), preferentemente contra la autoridad. Se inicia durante la infancia y genera deterioro
en el funcionamiento de al menos dos áreas: en la escuela y en el hogar.
Categoría Comportamientos observables Descripción
Cognitivos o atencionales - Falta de presencia mental.
- Interrupciones constantes.
- No portar sus materiales.
Desconexión del estudiante
con el proceso educativo.
Desafiantes o Desobediencia -Comportamientos
desafiantes.
-Uso de dispositivos
prohibidos.
- Comer en clase.
Incumplimiento deliberado de
normas o instrucciones.
Violencia física o
desconocimiento de los límites
personales
- Agresiones físicas.
- Invasión del espacio personal.
Afecta la libertad y la
integridad física de los demás.
Interfiere en la concentración y
aprendizaje de los estudiantes.
Violencia verbal y relacional - Uso constante de apodos.
- Insultos.
Afectan las relaciones
interpersonales y el clima
grupal.
Incumplimiento normativo
general
- Uso de dispositivos
prohibidos.
- Comer en clase.
- No portar sus materiales.
Vulneración de normas
básicas de convivencia
escolar.
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De acuerdo con Saltos y Montero (2021), la violencia física es una de las modalidades de la violencia
escolar, entendida como una relación de agresión en la que el alumnado se ve expuesto a sufrir ataques
por parte de un igual. Este comportamiento hostil, ejercido por algunos estudiantes hacia otros, es algo
permanente en el ámbito educativo y forma parte de la realidad cotidiana de las instituciones de
enseñanza (Ayala-Carrillo, 2015). Trucco y Inostroza (2017) señalan que este tipo de violencia, también
conocida como bullying, puede manifestarse mediante golpes, bofetadas, empujones u otras formas
de agresión física directa. Pese a su impacto más evidente centrarse en el daño corporal, también
puede generar consecuencias psicológicas significativas, como ansiedad, depresión, baja autoestima
y disminución del rendimiento escolar.
De igual manera, la invasión del espacio personal es un problema que también afecta a diversos
estudiantes. Lotito (2009) lo define como el espacio que engloba al propio individuo, siendo la distancia
física entre dos personas que interactúan. Asimismo, Calleja (1984) señala que el espacio personal
cumple la función de proteger al individuo contra posibles encuentros sociales indeseables y le permite
controlar la cantidad y calidad de la estimulación que intercambia con los demás. Por su parte, Ospina
(2020) menciona que todos los individuos necesitan un espacio personal seguro para sentirse
protegidos, reducir el estrés y mantener la concentración. Por ello, es condición sine qua non respetar
este espacio, ya que su vulneración puede generar incomodidad, tensión e incluso reacciones
defensivas que afectan la convivencia escolar y el bienestar emocional.
En relación con la violencia verbal y la violencia relacional, Moreno (2017) señala que la primera es
habitual en el ámbito educativo, funcionando como una respuesta a las problemáticas que enfrentan
los jóvenes en los entornos escolares, familiares y comunitarios. Este tipo de violencia, al manifestarse
de forma frecuente, puede convertirse en un patrón de interacción que deteriora el clima escolar y las
relaciones interpersonales. Por su parte, Romero-Abrio et al. (2018) indican que los principales factores
predictivos de la violencia relacional son: la autopercepción no conformista —dimensión vinculada a la
reputación social—; y el malestar psicológico. Estos elementos inciden en la forma en que los
adolescentes establecen y mantienen vínculos con sus pares, pudiendo favorecer conductas de
exclusión, manipulación o aislamiento social, las cuales afectan tanto a la víctima como al grupo en
general.
En las clases, el incumplimiento normativo se manifiesta con frecuencia a través de conductas que
obstaculizan el desarrollo adecuado de las actividades académicas, afectando tanto al profesorado
como al propio alumnado. Rose-Collins (2024) señala que el respeto y cumplimiento de los acuerdos
generales constituyen la base que garantiza la integridad, la convivencia armónica y la eficacia del
proceso educativo. En este sentido, Nahuel e Iglesias (2021) destacan la necesidad de que las y los
estudiantes tengan una comprensión clara de las normas institucionales, al mismo tiempo que se
refuercen de manera constante las consecuencias derivadas de su incumplimiento. De este modo, el
establecimiento y la aplicación coherente de las normas no solo buscan mantener el orden en el aula,
sino también fomentar la responsabilidad, la autorregulación y el compromiso del alumnado con su
propio proceso formativo.
Tras identificar y categorizar los comportamientos disruptivos presentes en la secundaria de la
institución educativa analizada, se diseñaron estrategias pedagógicas y disciplinarias orientadas a su
prevención y abordaje (Tabla 2). Estas estrategias buscan no solo disminuir la incidencia de estas
conductas, sino también promover un ambiente de aprendizaje respetuoso, participativo e inclusivo, en
el que el alumnado pueda desarrollar sus capacidades musicales y socioemocionales de manera
integral.
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Tabla 2
Estrategias para enfrentar los desafíos y problemas en clase
Desafíos Estrategias
Interrupciones constantes
No ceder la palabra sin levantar la mano.
3 minutos antes no se permite comprar en cafetería.
No hay salidas en las clases posteriores a los recesos.
Otorgar 2 minutos como límite para tomar su material; luego, nadie
debe pararse sin permiso.
Incentivar o aumentar el estímulo positivo, en vez de priorizar los
castigos (validaciones directas y abiertas).
Hacer tratos directos y recordarles constantemente su palabra y
compromiso.
Hacer silencios activos (regulación entre pares).
Hacer invitaciones ocasionales a otras clases para que observe la
dinámica distinta.
No permitir la salida a nadie sin el gafete.
Falta de presencia mental Dirigir preguntas directas en cuanto se detecte la situación, y
mencionar explícitamente al alumno que estaba ensimismado.
Exigir posiciones adecuadas en el asiento.
Hacer inducción.
Comportamientos
desafiantes
Hacer énfasis en que borren la sonrisa porque se están tocando
temas serios, así como exigir y reclamar su atención plena.
Asignar una sanción (trabajo, reparación de daño) y
posteriormente hacerles ver que pudo evitarse.
Uso de dispositivos
prohibidos
Retener celulares en celdas e informar la directiva.
Guardar objetos innecesarios o incautarse en coordinación.
Dar un recorrido rápido entre las bancas supervisando que no haya
objetos innecesarios.
Comer en clase Vigilar al inicio de la sesión que los estudiantes no entren en el
salón con alimentos.
Invadir espacio personal Llamar la atención.
Hablar con ellos sobre las consecuencias de no respetar el espacio
personal.
Observar el reglamento con todas sus consecuencias en caso de
que esta actitud escale a violencia.
Uso de apodos Señalar sin descanso la prohibición de su uso.
Insultos y agresiones físicas
Señalar sin descanso la prohibición de su uso; sin excepciones.
Ntificar a papás en el momento del uso de improperios.
No portar sus materiales e
insumos
Aumentar la comunicación con los papás.
No aceptar trabajos o actividades si no se desarrollan en los
cuadernos correspondientes.
Nota: en esta tabla se presentan los principales desafíos enfrentados con el alumnado de secundaria
del grupo estudiado, así como algunas propuestas para su resolución.
Fuente: elaboración propia.
CONCLUSIÓN
Las conductas disruptivas son comportamientos que van en contra del proceso de enseñanza-
aprendizaje de las clases de música, afectando de manera directa a los agentes educativos. Estas
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conductas pueden tener sus orígenes en diversos ámbitos —familiar, personal, escolar y social—, y
frecuentemente se reflejan en diferentes formas, por ejemplo, en la falta de presencia mental; en
comportamientos desafiantes; o en violencia física, verbal y relacional. Este tipo de comportamiento
no solo afecta el aprendizaje individual, sino que deteriora la dinámica grupal y la convivencia en el
aula, generando un entorno poco propicio para el desarrollo integral de los estudiantes.
Así que, en este trabajo se identificaron y clasificaron los comportamientos disruptivos presentes en
el aula de música a nivel secundaria de una institución educativa ubicada en un entorno rural de la
ciudad de Aguascalientes. Igualmente, se propusieron estrategias pedagógicas específicas orientadas
a fomentar la participación, fortalecer la disciplina y promover el compromiso del alumnado, con el
propósito de generar un entorno educativo más inclusivo, positivo y motivador.
Por su parte, este trabajo abrió nuevas líneas de investigación, tales como la implementación y
evaluación sistemática de las estrategias propuestas, el análisis del impacto de la música como
herramienta preventiva de conductas disruptivas y la exploración de metodologías complementarias
que integren la educación socioemocional con la práctica artística. Estas perspectivas permiten
consolidar la comprensión de los comportamientos disruptivos, así como diseñar intervenciones más
efectivas y contextualizadas, contribuyendo a la mejora continua de la calidad educativa en el ámbito
musical y general.
En síntesis, resulta fundamental identificar y comprender las áreas de oportunidad que presentan los
estudiantes, para así buscar estrategias didácticas efectivas que reduzcan, modifiquen o eliminen los
comportamientos disruptivos. De igual manera, estas estrategias deben estar orientadas a la
corrección de conductas, al fortalecimiento de habilidades socioemocionales, a la promoción de la
autorregulación, a la cooperación y a la motivación hacia el aprendizaje. De esta manera, se podrá
generar un entorno educativo más inclusivo, participativo y positivo, favoreciendo una convivencia
escolar armoniosa y constructiva que beneficie a toda la comunidad educativa.
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, octubre, 2025, Volumen VI, Número 5 p 878.
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ISSN en línea: 2789-3855, octubre, 2025, Volumen VI, Número 5 p 881.
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