LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, octubre, 2025, Volumen VI, Número 5 p 1795.

DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v6i5.4705

El acoso escolar y su impacto en el rendimiento de los
alumnos de 5to grado de educación primaria

School Bullying and Its Impact on the Academic Performance of 5th Grade
Primary Education Students


José Luis Valdez Montes

Joseluis_valdez15@outlook.com
https://orcid.org/0009-0001-8365-7184

Secretaría de Educación Pública
Culiacán – México


Laura Elena Verdugo Castro

Lauraelenaverdugo@gmail.com
https://orcid.org/0009-0004-5493-8181

Universidad Autónoma de Sinaloa
Culiacán – México


Karina Ortiz López

Karinaortiz@uas.edu.mx
https://orcid.org/0009-0000-0728-7671

Universidad Autónoma de Sinaloa
Culiacán – México


Alina Libaer Rodriguez Hernandez

a2l3r4h5@gmail.com
https://orcid.org/0009-0005-1977-1598

Secretaría de Educación Pública
Culiacán – México


Martín Soto Camacho

martin.soto@uas.edu.mx
https://orcid.org/0009-0009-3368-6807

Universidad Autónoma de Sinaloa
Culiacán – México


Artículo recibido: 04 de julio de 2025. Aceptado para publicación: 25 de octubre de 2025.

Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.

Resumen
El presente artículo tiene como contexto el análisis del acoso escolar y su impacto en el rendimiento
académico de los alumnos de quinto grado de educación primaria. El objetivo principal es reflexionar
sobre cómo esta problemática afecta no solo la convivencia entre pares, sino también el desarrollo
académico y emocional de los estudiantes. La pregunta central que guía esta reflexión es: ¿de qué
manera el acoso escolar influye en el aprendizaje y desempeño escolar de los niños en etapa primaria?
En el desarrollo del artículo se expone que el acoso escolar, entendido como un conjunto de conductas
intencionales y repetidas de agresión física, verbal o psicológica hacia un estudiante en desventaja,
genera consecuencias profundas en la víctima. Estas consecuencias se manifiestan en la disminución
de la autoestima, la ansiedad, el rechazo al entorno escolar y, de forma particular, en un bajo
rendimiento académico. Los niños que son víctimas suelen evitar participar en clase, presentar
ausencias frecuentes y obtener calificaciones inferiores a su desempeño previo. En conclusión, el
artículo destaca la importancia de prevenir y atender el acoso escolar como condición indispensable
para garantizar una educación de calidad. Además, se enfatiza la necesidad de una colaboración entre


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ISSN en línea: 2789-3855, octubre, 2025, Volumen VI, Número 5 p 1796.

docentes, familias y comunidad para crear un entorno seguro que promueva el aprendizaje integral de
los niños.

Palabras clave: acoso escolar, educación primaria, rendimiento académico, desarrollo
emocional, ambiente escolar, prevención, bienestar


Abstract
This article analyzes school bullying and its impact on the academic performance of fifth-grade
primary school students. The main objective is to reflect on how this issue affects not only peer
relationships but also the academic and emotional development of children. The central question
guiding this reflection is: How does school bullying influence the learning and academic performance
of children in primary education? The article explains that school bullying, understood as a set of
intentional and repeated behaviors of physical, verbal, or psychological aggression toward a
disadvantaged student, generates profound consequences for the victim. These consequences are
reflected in decreased self-esteem, anxiety, rejection of the school environment, and, in particular, poor
academic performance. Victimized children often avoid participating in class, show frequent
absences, and obtain lower grades compared to their previous performance. In conclusion, the article
emphasizes the importance of preventing and addressing school bullying as an essential condition to
guarantee quality education. Furthermore, it underlines the need for collaboration among teachers,
families, and the community to create a safe environment that fosters children’s integral learning and
well-being.

Keywords: school bullying, primary education, academic performance, emotional
development, classroom environment, prevention, well-being










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Cómo citar: Valdez Montes, J. L., Verdugo Castro, L. E., Ortiz López, K., Rodriguez Hernandez, A. L., &
Soto Camacho, M. (2025). El acoso escolar y su impacto en el rendimiento de los alumnos de 5to
grado de educación primaria. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 6
(5), 1795 – 1806. https://doi.org/10.56712/latam.v6i5.4705


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ISSN en línea: 2789-3855, octubre, 2025, Volumen VI, Número 5 p 1797.

INTRODUCCIÓN

El acoso escolar, también conocido como bullying, constituye uno de los fenómenos más complejos y
preocupantes dentro del ámbito educativo, ya que afecta no solo el clima escolar, sino también el
desarrollo académico, emocional y social de los estudiantes. Este problema se caracteriza por
conductas repetitivas de agresión física, verbal, psicológica o social, que buscan dañar, intimidar o
ejercer poder sobre una víctima en situación de desventaja (Olweus, 1999). Aunque el acoso puede
presentarse en todos los niveles educativos, su impacto en la educación primaria es particularmente
significativo, pues se da en una etapa en la que los niños se encuentran en pleno proceso de formación
de su identidad, autoestima y hábitos de aprendizaje.

El acoso escolar, es una forma de violencia que ocurre en el entorno educativo, donde un estudiante o
grupo de estudiantes intimida, humilla o agrede de manera repetida a otro compañero. Este tipo de
conducta puede manifestarse de distintas formas, desde agresiones físicas y verbales hasta el
ciberacoso, que utiliza plataformas digitales para atacar a las víctimas. El bullying tiene un impacto
profundo tanto en la salud emocional como en el rendimiento académico de los afectados, y puede
generar secuelas psicológicas duraderas, como ansiedad, depresión o baja autoestima.

Este problema no solo afecta a la víctima, sino también al ambiente escolar en general, generando un
clima de miedo e inseguridad. Es fundamental que tanto las instituciones educativas como las familias
reconozcan los signos del acoso escolar y actúen de manera preventiva y correctiva.

Es fundamental generar conciencia y crear espacios seguros donde los estudiantes puedan expresarse
con libertad, sin miedo a represalias. Solo así se podrá combatir este fenómeno y construir un ambiente
escolar basado en el respeto y la empatía.

En los alumnos de quinto grado de primaria, el acoso escolar adquiere una relevancia particular. A esa
edad, entre los 10 y 11 años, los niños están en plena transición hacia la preadolescencia, una etapa
en la que las relaciones sociales empiezan a tener un peso muy importante. Sentirse parte del grupo
se vuelve esencial para su bienestar emocional. Sin embargo, cuando esas relaciones se ven afectadas
por situaciones de acoso, es común que el rendimiento escolar se resienta. La ansiedad, el miedo y la
dificultad para concentrarse son algunas de las consecuencias que pueden experimentar quienes
sufren este tipo de violencia (Avilés, 2013).

Investigar este tema es clave para entender mejor sus causas y consecuencias, lo que a su vez permite
diseñar intervenciones más efectivas. Además de su utilidad práctica, este tipo de estudios también
enriquece el conocimiento en áreas como la educación, la psicología y la sociología. A través de la
investigación, se pueden proponer nuevos enfoques o modelos que ayuden a explicar el
comportamiento relacionado con el acoso y las dinámicas que se dan en las relaciones entre los
estudiantes dentro del entorno escolar.

Identificar los factores de riesgo y protección asociados al acoso escolar es fundamental. Esto no solo
permite prevenir que el problema aparezca, sino también ofrecer apoyo oportuno a quienes ya lo han
vivido. Con esta información, es posible diseñar estrategias de intervención temprana que realmente
marquen la diferencia en la vida de los estudiantes.

La historia del impacto del acoso escolar en rendimiento académico en estudiantes de educación
primaria se puede dividir en varias etapas:

Los primeros estudios sobre el acoso escolar comenzaron a desarrollarse hacia la década de 1970,
cuando el psicólogo noruego Dan Olweus, considerado el pionero en este campo, empezó a investigar
el tema. Sus primeras indagaciones se enfocaron principalmente en la violencia física y en el abuso
verbal, más que en las repercusiones académicas. A lo largo de esos años, Olweus analizó cómo estas


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experiencias afectaban la salud mental y emocional de los estudiantes. Ya en la década de 1980,
publicó los primeros resultados de sus investigaciones, sentando las bases para el estudio sistemático
del acoso escolar en todo el mundo.

Investigadores como Dan Olweus y Peter Smith fueron de los primeros en analizar el acoso escolar,
enfocándose en cómo afectaba la salud mental y emocional de los estudiantes (Hawker & Boulton,
citados en Avilés, 2013). Con el tiempo, los estudios empezaron a poner atención también en las
repercusiones académicas de esta problemática. En esa línea, trabajos como los de Juvonen y Graham
(2001) y Schwartz y colaboradores (2005) evidenciaron una relación clara entre el acoso escolar y el
bajo rendimiento académico.

La investigación sobre el acoso escolar fue ampliando su enfoque para considerar no solo sus efectos
en el rendimiento, sino también en aspectos como la motivación, la autoestima y la participación de
los estudiantes en clase. Schwartz y sus colaboradores (2005) encontraron que el acoso escolar
estaba asociado con un menor desempeño académico y una disminución en la autoestima. Más
adelante, hacia la década de 2010, los estudios comenzaron a poner atención en una nueva
problemática: el ciberacoso. De acuerdo con Hertz y colegas (2007), este tipo de acoso también tiene
un impacto significativo en la salud mental y el rendimiento académico de los estudiantes.

Este tipo de investigaciones han seguido avanzando, con especial interés en su impacto en el
rendimiento académico y en el desarrollo de programas y estrategias para prevenirlo y enfrentarlo.
Entre los primeros investigadores que exploraron esta relación destacan varios referentes. Por ejemplo,
el psicólogo británico Peter Smith, quien ha estudiado ampliamente cómo el acoso afecta la salud
mental y emocional de los estudiantes. De igual forma, Juvonen y Graham (2001) identificaron una
relación significativa entre el acoso escolar y el bajo rendimiento académico en estudiantes de
secundaria. En la misma línea, Schwartz y colaboradores (2005) encontraron que estas experiencias
no solo disminuyen el desempeño escolar, sino también la autoestima de los adolescentes.

En cuanto al rendimiento académico, González y Padilla (2018) señalan que este se ve influenciado por
múltiples factores, como la motivación, el entorno familiar y el apoyo escolar, lo que lo convierte en un
fenómeno complejo y multidimensional.

Con base en estas aportaciones, el presente artículo de reflexión busca analizar de manera crítica cómo
el acoso escolar impacta el rendimiento académico en estudiantes de quinto grado de primaria. La
intención es comprender de qué manera estas dinámicas influyen tanto en el aprendizaje como en el
desarrollo integral de los alumnos. La pregunta que orienta esta reflexión es: ¿De qué manera el acoso
escolar afecta el rendimiento académico y el desarrollo integral de los estudiantes de quinto grado de
primaria?

DESARROLLO

De acuerdo a Smith & Sharp (1994), el acoso escolar se entiende como una relación de poder
asimétrica en la que un estudiante o grupo de estudiantes ejerce violencia de forma intencional y
repetida contra otro compañero. Esta violencia puede manifestarse en distintos niveles: físico, verbal,
psicológico y cibernético.

El acoso escolar, también denominado bullying, es un fenómeno que ha cobrado gran relevancia en los
últimos años debido a sus consecuencias en el desarrollo integral de los estudiantes. La educación
primaria, al ser la etapa en la que los niños consolidan las bases de su aprendizaje, resulta
especialmente vulnerable a este tipo de violencia. El rendimiento académico, entendido como el nivel
de logro de los aprendizajes escolares en función de los objetivos establecidos, se ve profundamente


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condicionado por factores emocionales, sociales y psicológicos. En este sentido, el acoso escolar
constituye un obstáculo que repercute directamente en el desempeño de los alumnos.

De acuerdo con Olweus (1999), el acoso escolar se caracteriza por conductas repetidas de
hostigamiento físico, verbal o social, ejercidas por uno o varios alumnos hacia otro en situación de
desventaja. Estas prácticas generan un clima de inseguridad que afecta la concentración, la motivación
y la disposición para aprender. Así, los niños que sufren acoso presentan mayores niveles de ansiedad
y estrés, lo que reduce su capacidad de atención y memoria de trabajo, habilidades esenciales para el
aprendizaje escolar.

Los estudios han demostrado que los alumnos víctimas de acoso escolar tienden a mostrar un
descenso en sus calificaciones, así como una menor participación en actividades escolares. De
acuerdo a Avilés (2013) señala que el miedo a ser ridiculizados o agredidos limita la interacción de los
estudiantes en clase, reduciendo sus oportunidades de aprendizaje significativo. Además, el
ausentismo escolar suele incrementarse, pues muchos niños prefieren evitar la escuela antes que
enfrentar un entorno hostil. Esto provoca rezago académico y, en algunos casos, abandono escolar
temprano.

El impacto del acoso escolar en el rendimiento no se limita únicamente al plano cognitivo, sino que
abarca dimensiones emocionales y sociales. Cerezo (2009) destaca que las víctimas desarrollan una
percepción negativa de sí mismas, disminuyendo su autoestima y confianza en sus propias
capacidades académicas. Esta situación genera un círculo vicioso: el bajo rendimiento alimenta
sentimientos de inferioridad, y estos a su vez potencian la vulnerabilidad frente al acoso. En
consecuencia, la víctima queda atrapada en una dinámica que perjudica tanto su aprendizaje como su
desarrollo personal. En la educación primaria, este fenómeno resulta especialmente preocupante
porque los niños se encuentran en una etapa crítica de formación. Ortega (2010) señala que la escuela
debería ser un espacio seguro para el aprendizaje y la socialización, pero cuando se toleran dinámicas
de acoso, el aula se convierte en un escenario de miedo. La inseguridad emocional que experimentan
los niños afecta directamente el logro de competencias básicas, como la lectura, la escritura y el
razonamiento matemático.

El acoso escolar impacta en el rendimiento de los alumnos de educación primaria al generar un entorno
adverso que obstaculiza la concentración, la motivación y la participación activa en el aprendizaje. Las
consecuencias van más allá de lo académico, ya que afectan la autoestima, las relaciones sociales y
el desarrollo integral de los niños. Resulta indispensable que las instituciones educativas implementen
estrategias de prevención y atención temprana, de modo que el derecho a una educación de calidad
no se vea limitado por experiencias de violencia en el entorno escolar.

El acoso escolar puede afectar el rendimiento académico de los estudiantes. Investigar esta relación
puede llevar a desarrollar estrategias que mejoren el bienestar y el éxito escolar de los estudiantes. Y,
por último, fomento de la conciencia: La reflexión sobre el acoso escolar puede ayudar a aumentar la
conciencia pública sobre este problema, involucrando a padres, educadores y comunidades en la
búsqueda de soluciones.

Existen diversos factores que pueden afectar negativamente el rendimiento académico de los
estudiantes. A continuación, se destacan algunos de los más importantes:

Cuando los estudiantes atraviesan momentos de alto estrés o ansiedad, ya sea por la presión que les
generan las tareas escolares o por dificultades en su vida personal, es frecuente que tengan problemas
para concentrarse y retener lo que aprenden. Estas emociones suelen generar una sensación de
saturación mental que dificulta el estudio y también la participación activa en clase.


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Cuando un estudiante enfrenta un proceso de depresión, no sólo lidia con sentimientos de tristeza, sino
también con una marcada falta de motivación y energía. Actividades que antes resultaban cotidianas,
como atender en clase o realizar tareas, pueden llegar a sentirse abrumadoras. Esta carga emocional
repercute de manera directa en su desempeño escolar, ya que no siempre es fácil encontrar el ánimo
ni la fortaleza para responder a las demandas académicas.

Cuando un estudiante presenta una baja autoestima, es común que llegue a pensar que no tiene la
capacidad o el valor suficiente para alcanzar el éxito. Esa inseguridad suele hacerlo dudar de sí mismo
y, en consecuencia, participar menos en clase o enfrentar sus tareas con poca confianza. Sin embargo,
esta actitud no debe interpretarse como desinterés, sino como una señal de que necesita ser
reconocido, motivado y acompañado para poder descubrir y desarrollar todo su potencial.

En relación con lo anterior, Avilés (2013) y Ortega (2010) señalan que diversos estudios han
demostrado cómo las víctimas de acoso escolar tienden a presentar una disminución significativa en
su rendimiento académico. Entre las principales causas se encuentran el estrés, el miedo al entorno
escolar, la baja autoestima y la falta de motivación. En el caso de los estudiantes de quinto grado, estas
consecuencias suelen intensificarse, ya que deben enfrentar mayores retos curriculares propios de
esta etapa escolar.

De acuerdo a Ortega (2010) entre los principales factores que explican la incidencia del acoso escolar
en primaria se encuentran los individuales, familiares, escolares y sociales. Estos elementos
interactúan y crean un entorno que favorece la aparición y perpetuación del acoso escolar (Ortega,
2010).

En concordancia con las implicaciones del acoso escolar, Smith & Sharp (1994), señalan que “El
bullying escolar implica agresiones físicas, verbales o psicológicas repetidas, donde el agresor busca
ejercer control o poder sobre la víctima" (Smith & Sharp, 1994, p. 27).

Lo señalado por los autores en lo anterior, coincide totalmente con los teóricos citados, al destacar
que la naturaleza de las agresiones, su repetición y el deseo de control o poder del agresor sobre la
víctima. En primer lugar, las agresiones pueden manifestarse de diferentes formas, ya sea a través de
violencia física, insultos y humillaciones verbales, o mediante ataques psicológicos, como la exclusión
social o la manipulación emocional. Este enfoque subraya la multifacética naturaleza del acoso
escolar, que no se limita a un solo tipo de maltrato.

El autor también recalca que estas agresiones son repetitivas, lo que sugiere que el bullying no es un
incidente aislado, sino un patrón sostenido en el tiempo. Este carácter repetitivo intensifica el daño
emocional en la víctima, ya que crea un ambiente de miedo y vulnerabilidad constantes.

Finalmente, la mención del control o poder destacar la intención subyacente del agresor. No se trata
solo de causar daño, sino de dominar y someter a la víctima.

Este deseo de controlar a otra persona crea una dinámica de poder desigual, donde el agresor busca
reforzar su estatus o autoridad a expensas del bienestar de la víctima. Este factor refuerza la idea de
que el bullying es más que una simple confrontación entre pares es una forma de abuso en la que el
agresor se beneficia de la humillación de la víctima.

Caso ejemplo: “Luis, un alumno de quinto grado”

Luis, un niño de 10 años que cursa quinto grado de primaria, comenzó a mostrar cambios en su
conducta y rendimiento escolar. Durante los primeros meses del ciclo, se caracteriza por ser
participativo, sacar buenas calificaciones y mostrar interés por las actividades escolares. Sin embargo,


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sus maestros notaron que dejó de entregar tareas, evitaba hablar en clase y mostraba una actitud
retraída.

Al indagar, se descubrió que varios de sus compañeros lo molestaban constantemente debido a su
estatura baja y a que usaba lentes. Recibía apodos ofensivos como “cuatro ojos” y “enano”, además de
sufrir burlas cada vez que respondía en clase. Estas agresiones verbales se extendieron al recreo,
donde incluso algunos niños lo empujaban y le escondían su lonchera.

El miedo de Luis a ser ridiculizado provocó que evitará participar en clase y comenzará a inventar
excusas para no asistir a la escuela. Su rendimiento académico bajó notablemente: pasó de obtener
calificaciones de 9 y 10 a promediar entre 6 y 7. Además, empezó a presentar síntomas de ansiedad,
como dolor de estómago antes de ir a clases y dificultades para dormir.

El caso de Luis refleja cómo el acoso escolar no solo afecta la convivencia entre pares, sino que
repercute directamente en el aprendizaje y bienestar emocional de los estudiantes. Cuando finalmente
se detectó la situación, la escuela implementó un plan de intervención que incluyó sesiones de
orientación con los alumnos, comunicación con las familias y actividades de educación
socioemocional.

El caso de Luis, alumno de quinto grado que sufrió acoso escolar debido a su aspecto físico y el uso
de lentes, permite reflexionar sobre cómo la victimización en el aula repercute de manera directa en el
aprendizaje y el bienestar emocional. Según Olweus (1999), “el acoso escolar implica una conducta
agresiva, intencional y repetida en el tiempo contra una víctima que difícilmente puede defenderse” (p.
12). En este sentido, las burlas y agresiones que recibía Luis corresponden a una dinámica de poder
desigual, donde el grupo agresor ejercía control y sometimiento.

Los efectos en su rendimiento académico fueron evidentes: pasó de obtener calificaciones
sobresalientes a presentar un descenso significativo, acompañado de síntomas emocionales como
ansiedad y evitación escolar. Esto coincide con lo planteado por Avilés (2013), quien sostiene que los
alumnos víctimas de bullying “suelen mostrar un rendimiento académico más bajo debido a la falta de
concentración, el miedo y el rechazo hacia el entorno escolar” (p. 45). El caso demuestra que el acoso
no es un fenómeno aislado de la vida social del alumno, sino un factor que impacta directamente en
su trayectoria educativa.

Por otra parte, el caso de Luis confirma lo señalado por Cerezo (2009), al indicar que los niños
acosados desarrollan sentimientos de inseguridad y baja autoestima, lo que limita su participación en
clase y reduce sus oportunidades de aprendizaje. En este caso, el miedo de Luis a ser ridiculizado lo
llevó a evitar responder en público, lo que debilitó su confianza y frenó su desarrollo académico.

Asimismo, Ortega (2010) explica que el acoso escolar no solo interfiere en la dimensión cognitiva, sino
también en la emocional y social, pues “la víctima queda atrapada en un círculo de aislamiento y
desconfianza que afecta su relación con el aprendizaje” (p. 37). El retraimiento de Luis y su negativa a
asistir a clases reflejan este círculo vicioso, donde la violencia escolar afecta la seguridad emocional
y, en consecuencia, el aprovechamiento escolar.

En síntesis, el caso de Luis evidencia que el acoso escolar es un fenómeno multifactorial con graves
repercusiones en la educación primaria. No se trata únicamente de agresiones verbales o físicas, sino
de un problema estructural que limita el derecho a aprender en condiciones de seguridad. Prevenir y
atender estos casos requieren estrategias integrales que incluyan la intervención de docentes, familias
y compañeros, de modo que la escuela recupere su función como un espacio seguro de formación
académica y personal.


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Desde esta perspectiva, el acoso escolar constituye uno de los problemas más graves y urgentes en la
educación básica, no sólo porque afecta la convivencia entre los estudiantes, sino porque limita
directamente el derecho fundamental de aprender en un entorno seguro. Considero que muchas veces
se minimiza el impacto del acoso al interpretarlo como “cosas de niños” o simples bromas, cuando en
realidad se trata de un fenómeno que puede marcar profundamente la vida escolar y emocional de las
víctimas.

Según distintas opiniones, el rendimiento académico no puede entenderse de manera aislada, como si
dependiera únicamente de la capacidad intelectual del alumno. Los casos como el de Luis muestran
que factores externos la violencia, la exclusión y la inseguridad emocional influyen tanto o más que los
procesos cognitivos. En este sentido, parece fundamental que las escuelas asuman que la atención al
acoso escolar no es un aspecto complementario, sino parte esencial de la calidad educativa.

Además, se cree que el tema invita a repensar el papel del docente. El maestro no solo debe ser
transmisor de conocimientos, sino también un mediador de conflictos y un formador en valores de
convivencia. Para ello, es indispensable que reciba preparación en educación socioemocional y
estrategias de prevención de violencia. Sin estas herramientas, los maestros corren el riesgo de
normalizar el acoso o de no detectarlo a tiempo.

Se considera que el trabajo contra el acoso escolar debe ser colectivo. La escuela por sí sola no puede
erradicarlo; se requiere la participación activa de las familias y la comunidad. Es preocupante que, en
muchos contextos, los padres se involucran lo suficiente o desconocen las señales de que sus hijos
son víctimas o agresores. La educación en casa sobre el respeto, la empatía y la tolerancia es tan
importante como las medidas implementadas en el aula.

Finalmente, se puede reflexionar que el acoso escolar nos muestra la estrecha relación entre la
convivencia y el aprendizaje. Un niño que se siente inseguro, rechazado o humillado difícilmente podrá
alcanzar un buen rendimiento académico. De ahí que, atender el acoso no es solamente un deber ético
y social, sino una condición indispensable para garantizar que la educación primaria cumpla con su
misión de formar individuos íntegros, críticos y capaces de desarrollarse plenamente.

El análisis del impacto del acoso escolar en el rendimiento académico revela que no se trata
únicamente de un problema de convivencia, sino de un fenómeno que interfiere directamente en el
derecho a la educación. Los alumnos de quinto grado víctimas de acoso experimentan un aprendizaje
desigual, condicionado por el miedo y la exclusión social.

Se considera que el abordaje del acoso escolar debe trascender las estrategias disciplinarias punitivas
y orientarse hacia una educación emocional integral. La escuela debe convertirse en un espacio de
contención y acompañamiento, donde el respeto, la empatía y la solidaridad sean valores centrales.

Asimismo, reflexionar sobre este tema permite advertir que el rendimiento académico no puede
entenderse únicamente como un indicador de capacidades cognitivas, sino también como el resultado
de un entramado de relaciones sociales y emocionales.

REFLEXIÓN

El análisis del acoso escolar y su relación con el rendimiento académico de los estudiantes de
educación primaria permite comprender la magnitud y gravedad de este fenómeno en el contexto
educativo. Durante la etapa primaria, los niños se encuentran en un proceso crucial de formación de
habilidades cognitivas, sociales y emocionales. Sin embargo, cuando se enfrentan a situaciones de
acoso escolar, estas bases se ven comprometidas, generando un impacto negativo tanto en su
aprendizaje como en su bienestar integral. El caso ejemplar de un alumno de quinto grado, víctima de
burlas y agresiones por parte de sus compañeros, evidencia cómo la inseguridad, la baja autoestima y


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el miedo pueden traducirse en un descenso significativo de las calificaciones y en la evitación de la
participación en clase, afectando directamente el desarrollo académico.

Los efectos del acoso escolar trascienden lo académico y se reflejan en la esfera emocional y social
de los niños. La ansiedad, el estrés y la sensación de exclusión generan un círculo de retroalimentación
negativa que refuerza la vulnerabilidad del estudiante, limitando su capacidad de interacción y
aprendizaje. En este sentido, resulta evidente que abordar el acoso escolar no solo requiere la
intervención puntual frente a los incidentes, sino la implementación de estrategias preventivas,
educación socioemocional y participación activa de docentes, familias y comunidad.

En concordancia con Olweus (1999), el análisis del acoso escolar y su influencia en el rendimiento
académico de los alumnos de educación primaria permite identificar varios puntos fundamentales que
enriquecen la comprensión de este fenómeno. En primer lugar, se destaca que el acoso escolar no es
un hecho aislado, sino un patrón de conductas repetitivas y desiguales en poder, que genera efectos
negativos tanto en la dimensión académica como en la emocional y social del estudiante. Comprender
esta definición es crucial para diferenciar entre conflictos puntuales y situaciones de bullying que
requieren intervención especializada.

Según Avilés, (2013), en segundo lugar, se evidencia que las víctimas de acoso escolar presentan un
descenso significativo en su rendimiento académico, derivado de factores como la ansiedad, la baja
autoestima y la falta de concentración

Este hallazgo contribuye al entendimiento de que el aprendizaje no depende únicamente de la
capacidad intelectual, sino también del bienestar emocional y del contexto social en el que se
desarrolla el estudiante.

De acuerdo a Ortega (2010), otro punto relevante es la identificación de factores asociados al acoso
escolar, que incluyen aspectos individuales, familiares, escolares y sociales. Reconocer estas
dimensiones permite abordar el problema de manera integral, diseñando estrategias de prevención y
programas educativos que involucren a la comunidad, los docentes y las familias.

Farrington y Ttofi (2015) han destacado que el acoso escolar es un fenómeno complejo que involucra
interacciones entre agresores, víctimas y testigos, y que puede tener consecuencias a largo plazo para
todos los involucrados. Han señalado que los programas escolares contra el acoso pueden ser
efectivos para reducir la perpetración y victimización, aunque los efectos varían según el contexto y la
implementación. Además, han enfatizado la importancia de abordar el acoso desde una perspectiva
integral que considere los factores de riesgo y protección, así como la necesidad de políticas escolares
claras y formación docente adecuada.

Finalmente, los casos ilustrativos muestran cómo la detección temprana y la intervención oportuna
pueden mitigar los efectos del acoso y favorecer un entorno seguro y propicio para el aprendizaje.
Estos puntos refuerzan la idea de que prevenir y atender el bullying es indispensable para garantizar la
calidad educativa y el desarrollo integral de los alumnos.

A partir del análisis del acoso escolar y su repercusión en el rendimiento académico de los alumnos de
educación primaria, se identifican diversas áreas de investigación que podrían contribuir a un
entendimiento más profundo del fenómeno y a la mejora de la práctica educativa. Una línea de
investigación futura podría centrarse en el impacto diferenciado del acoso escolar según género,
contexto socioeconómico o diversidad cultural, con el fin de diseñar estrategias más específicas y
eficaces para distintos grupos de estudiantes. Asimismo, sería relevante estudiar la relación entre el
acoso escolar y la salud mental a largo plazo, evaluando cómo la exposición prolongada a situaciones
de bullying afecta la autoestima, la motivación y la resiliencia académica de los alumnos.


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Otra área prometedora consiste en explorar la efectividad de programas de intervención
socioemocional y de mediación escolar, analizando cuáles estrategias generan un cambio sostenido
en la convivencia escolar y el rendimiento académico. También se podrían investigar los factores
protectores que permiten a algunos estudiantes enfrentar mejores situaciones de acoso, como
habilidades sociales, apoyo familiar o mentoría docente.

Con base en estas reflexiones, se sugieren algunas acciones prácticas para la escuela y la comunidad
educativa. Entre ellas, la implementación de programas de prevención del bullying desde los primeros
grados de primaria, la formación docente en educación socioemocional y manejo de conflictos, y la
promoción de espacios de diálogo entre estudiantes, familias y docentes para detectar y atender
oportunamente cualquier caso de acoso. Asimismo, resulta fundamental fomentar la empatía y la
inclusión dentro del aula, garantizando que todos los alumnos se sientan valorados y seguros, lo cual
contribuirá a mejorar su rendimiento académico y desarrollo integral.

CONCLUSIÓN

El acoso escolar es un fenómeno complejo que repercute de manera directa e indirecta en el
rendimiento académico, y cuya influencia resulta aún más evidente en los alumnos de quinto grado,
una etapa marcada por importantes cambios emocionales y sociales. Sus efectos no se limitan al
ámbito escolar, pues también impactan la autoestima, las relaciones interpersonales y, en general, el
bienestar integral de los estudiantes. Frente a esta realidad, se vuelve indispensable promover políticas
preventivas, fortalecer los programas socioemocionales y aplicar estrategias de intervención temprana
que permitan atender el problema de manera oportuna.

Además, futuras investigaciones podrían profundizar en cómo varía el impacto del acoso según el
género, el contexto socioeconómico o las distintas formas en que este se manifiesta.

El análisis sobre el acoso escolar y cómo afecta el rendimiento académico de los alumnos de primaria
resulta muy útil para supervisores y Asesores Técnico Pedagógicos (ATP), ya que les brinda
información concreta para orientar políticas, estrategias de intervención y el acompañamiento a las
escuelas. En primer lugar, les ayuda a identificar de manera temprana las señales de acoso,
comprendiendo cómo este tipo de conductas impacta tanto en el aprendizaje como en el bienestar
emocional de los estudiantes. Contar con esta información es clave para enfocar la supervisión en las
escuelas donde el fenómeno es más frecuente o presenta mayor gravedad.

Además, los hallazgos sobre los factores que influyen en el acoso escolar (ya sean individuales,
familiares, escolares o sociales) ofrecen a los supervisores y ATP una base sólida para diseñar
programas de prevención y acompañamiento más efectivos. Por ejemplo, pueden guiar a los docentes
en la implementación de estrategias de educación socioemocional, fomentar dinámicas de integración
dentro del aula y promover la participación activa de las familias para construir un clima escolar seguro
y respetuoso.

También permite evaluar de manera constante la efectividad de las acciones aplicadas en las escuelas,
haciendo ajustes cuando sea necesario y difundiendo buenas prácticas basadas en la experiencia y la
evidencia. Además, facilita la creación de talleres, capacitaciones y materiales didácticos para
docentes y directivos, fomentando un enfoque integral que combine prevención e intervención frente
al acoso.

El análisis del acoso escolar y su efecto en el rendimiento académico no solo resulta importante para
la supervisión y la gestión escolar, sino que también tiene implicaciones directas para los docentes
que imparten materias de ciencias exactas, como matemáticas, física, química o biología. Aunque su
trabajo se centra principalmente en contenidos conceptuales y prácticos, estos maestros se ven


LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, octubre, 2025, Volumen VI, Número 5 p 1805.

directamente afectados por el clima emocional del aula, ya que el aprendizaje en estas áreas requiere
concentración, atención y participación activa de los estudiantes.

Ahora, respondiendo a la pregunta inicial de esta investigación, este fenómeno afecta el rendimiento
escolar cuando un alumno es víctima de acoso, su motivación y disposición para participar disminuyen
notablemente sustentado en palabras de Avilés (2013), quien sostiene que los alumnos víctimas de
bullying suelen mostrar un rendimiento académico más bajo debido a la falta de concentración, el
miedo y el rechazo hacia el entorno escolar

En relación a lo anterior, los maestros pueden sentirse frustrados o estresados al notar que, pese a sus
esfuerzos, algunos alumnos no logran los objetivos de aprendizaje por factores externos al contenido
de la clase. Esto evidencia la importancia de que todos los docentes, sin importar la asignatura que
impartan, cuenten con formación en convivencia escolar y manejo socioemocional, ya que el
aprendizaje depende tanto del contenido como del bienestar emocional y social de los estudiantes.

En definitiva, comprender cómo el acoso escolar impacta en el rendimiento académico permite a los
docentes de ciencias exactas adaptar sus estrategias, fomentar un ambiente más seguro y
colaborativo, y participar activamente en programas de prevención y apoyo. La educación integral
requiere atender no sólo los contenidos, sino también las emociones y relaciones de los alumnos.


LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, octubre, 2025, Volumen VI, Número 5 p 1806.

REFERENCIAS

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bullying perpetration and victimization: An updated systematic review and meta-analysis. Campbell
Systematic Reviews, 17(2), e1143. https://doi.org/10.1002/cl2.1143

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Olweus, D. (1999). Bullying at school: What we know and what we can do. Blackwell Publishing.

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and Problem Behavior in Hispanic Immigrant Early Adolescents. Journal of Early Adolescence, 25(4),
392-420.

Smith, P. K., & Sharp, S. (1994). School bullying: Insights and perspectives.Routledge.

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