LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, octubre, 2025, Volumen VI, Número 5 p 2065.
DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v6i5.4723
Entre la técnica y la participación: validación metodológica
de un instrumento ciudadano para los Órganos Internos de
Control en Chihuahua
Between Technique and Participation: Methodological Validation of a
Citizen Instrument for Internal Oversight Bodies in Chihuahua
Carmen Lucila Álvarez González
caalvare@uacj.mx
https://orcid.org/0000-0002-3995-9724
Universidad Autónoma de Ciudad Juárez
Ciudad Juárez – México
Carlos Eduardo Montano Durán
cmontano@uacj.mx
https://orcid.org/0000-0002-1888-7303
Universidad Autónoma de Ciudad Juárez
Ciudad Juárez – México
Artículo recibido: 07 de julio de 2025. Aceptado para publicación: 29 de octubre de 2025.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.
Resumen
Este artículo presenta la validación metodológica de un instrumento ciudadano diseñado para evaluar
el desarrollo institucional de los Órganos Internos de Control municipales en Chihuahua. El
instrumento se aplicó en Saucillo, Ciudad Juárez y Chihuahua capital, permitiendo probar su
coherencia en contextos de distinta escala administrativa. La investigación siguió un enfoque
cualitativo-cuantitativo, combinando deliberación entre evaluadores con análisis estadístico mediante
alfa de Cronbach, varianzas ítem-por-ítem y detección de efectos de techo y suelo. Los resultados
muestran consistencia alta en la dimensión normativa-institucional y menor fiabilidad en participación
y transparencia, donde los puntajes tendieron a dispersar o a concentrarse en valores extremos. Estos
hallazgos confirman la capacidad diagnóstica del instrumento, que permite detectar fortalezas en
marcos legales y administrativos, pero también fragilidades vinculadas a la voluntad política y a la
debilidad de los mecanismos de apertura ciudadana. En conjunto, la validación consolida una
herramienta replicable y confiable, útil para fortalecer la rendición de cuentas y avanzar hacia modelos
de gobernanza colaborativa.
Palabras clave: órganos internos de control, validación, evaluación ciudadana, transparencia,
gobernanza
Abstract
This article presents the methodological validation of a citizen-based instrument to assess the
institutional development of municipal Internal Oversight Bodies in Chihuahua, Mexico. The instrument
was applied in Saucillo, Ciudad Juárez, and Chihuahua City, enabling consistency tests across contexts
of different scale. A qualitative-quantitative design combined deliberation among evaluators with
statistical analysis using Cronbach’s alpha, item-level variances, and ceiling and floor effects. Results
indicate high consistency in the normative-institutional dimension and lower reliability in participation
and transparency, where scores tended to disperse or concentrate at extreme values. These findings
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ISSN en línea: 2789-3855, octubre, 2025, Volumen VI, Número 5 p 2066.
confirm the instrument’s diagnostic capacity: it detects strengths in legal and administrative
frameworks, but also fragilities linked to political will and the weakness of citizen participation
mechanisms. Overall, the validation consolidates a replicable and reliable tool, useful for strengthening
accountability and advancing collaborative governance at the local level.
Keywords: internal control organs, validation, citizen evaluation, transparency, collaborative
governance
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Cómo citar: Álvarez González, C. L., & Montano Durán, C. E. (2025). Entre la técnica y la participación:
validación metodológica de un instrumento ciudadano para los Órganos Internos de Control en
Chihuahua. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 6 (5), 2065 – 2083.
https://doi.org/10.56712/latam.v6i5.4723
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, octubre, 2025, Volumen VI, Número 5 p 2067.
INTRODUCCIÓN
La corrupción y la opacidad continúan siendo problemáticas estructurales en el ámbito municipal
mexicano, donde las capacidades institucionales suelen ser limitadas y las oportunidades de captura
política elevadas (Huerta Cuervo & Murillo Tovar, 2025) (Vázquez Hernández, 2024) . En este contexto,
los Órganos Internos de Control (OIC) representan una pieza fundamental del entramado institucional,
pues su misión es prevenir, detectar y sancionar irregularidades administrativas, además de promover
la transparencia y la rendición de cuentas en los gobiernos locales. No obstante, los diagnósticos
nacionales y estatales coinciden en señalar que los OIC municipales suelen enfrentar serias
dificultades: insuficiencia de recursos, escasa profesionalización del personal, limitaciones normativas
y, en muchos casos, falta de legitimidad ante la ciudadanía (INEGI, 2022; Auditoría Superior de
Chihuahua, 2023).
Frente a este panorama, la sociedad civil y la academia han impulsado herramientas de evaluación
ciudadana como mecanismos complementarios para fortalecer los procesos de vigilancia y control
interno. Estas herramientas ofrecen la posibilidad de ampliar la mirada sobre los OIC, integrando no
solo criterios normativos y administrativos, sino también dimensiones de transparencia, rendición de
cuentas y participación ciudadana, elementos esenciales para generar confianza en las instituciones
locales (Ackerman, 2004; Fung & Wright, 2003).
Sin embargo, una limitación significativa en este ámbito es que muchas evaluaciones ciudadanas no
siempre reciben la consideración debida, debido a la percepción de que carecen de procesos
sistemáticos de validación metodológica. Esta carencia debilita la confiabilidad de los resultados y
limita su replicabilidad en distintos contextos municipales, lo que evidencia la importancia de validar
rigurosamente los instrumentos y procesos de vigilancia ciudadana, garantizando que sus hallazgos
sean sólidos, útiles y puedan replicarse para fortalecer la rendición de cuentas y el control ciudadano.
Este vacío constituye el punto de partida del presente trabajo. En años recientes, se diseñó y aplicó un
instrumento ciudadano para evaluar el desarrollo institucional de los OIC, inicialmente probado en el
municipio de Saucillo, Chihuahua, y posteriormente extendido a otros municipios con mayores niveles
de complejidad administrativa, como Ciudad Juárez y Chihuahua capital. La aplicación en estos casos
no solo aportó evidencia empírica sobre la situación de los OIC, sino que permitió poner a prueba
la consistencia, pertinencia y confiabilidad del instrumento en contextos diversos, abriendo así la
oportunidad de someterlo a un proceso formal de validación metodológica.
El presente artículo se centra precisamente en este objetivo: analizar críticamente la fiabilidad y validez
del instrumento de evaluación ciudadana de los OIC municipales, identificar sus limitaciones y
proponer ajustes específicos que fortalezcan su robustez metodológica y su utilidad práctica. Con ello,
se busca contribuir no sólo al conocimiento académico sobre los procesos de evaluación institucional
en el ámbito local, sino también a la generación de una herramienta confiable y replicable que pueda
ser utilizada por organizaciones ciudadanas, autoridades municipales y organismos de control
interesados en fortalecer la integridad y la gobernanza colaborativa en México.
METODOLOGÍA
El presente estudio se diseñó con un enfoque cualitativo-cuantitativo de carácter descriptivo-analítico,
orientado a someter a prueba la consistencia de un instrumento ciudadano de evaluación de los
Órganos Internos de Control (OIC) municipales. Como plantean Creswell (2013) y Miles y Huberman
(1994), los enfoques cualitativos permiten captar la complejidad de fenómenos institucionales en
contextos específicos, mientras que el uso de técnicas de análisis cuantitativo contribuye a explorar la
consistencia interna de los indicadores, su variabilidad y capacidad discriminativa. Esta combinación
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fue considerada necesaria dado que el instrumento, aunque probado empíricamente en casos previos,
no había atravesado aún un proceso formal de validación metodológica.
La selección de los casos respondió a criterios estratégicos más que estadísticos. Se buscó abarcar
municipios con diferentes niveles de complejidad administrativa y política, de manera que el
instrumento pudiera ser puesto a prueba en condiciones contrastantes. El municipio de Saucillo fue el
punto de partida: un caso mediano, con una administración relativamente ordenada, pero sobre todo
con un elemento clave desde el punto de vista cualitativo: fue el primero en mostrar disposición política
para participar en un ejercicio ciudadano de esta naturaleza. Como señalan Ansell y Gash (2008), la
voluntad de las instituciones de abrirse a la colaboración ciudadana es un insumo indispensable para
procesos de gobernanza colaborativa. Posteriormente, se incorporaron municipios de mayor escala y
complejidad, como Ciudad Juárez y la capital del estado, Chihuahua. Esta diversidad de escenarios
permitió poner a prueba la pertinencia del instrumento bajo condiciones diferenciadas de capacidad
institucional, recursos humanos y apertura política.
El instrumento original fue diseñado por el Consejo Cívico de Instituciones de La Laguna (CCI, 2021),
con base en ejercicios de autoevaluación de OIC municipales acompañados por sociedad civil. Dicho
instrumento se estructuraba en dos grandes ejes: (1) Ámbitos regulados por la normatividad (con
variables de ámbito legal, administrativo y de actuación) y (2) Participación ciudadana y rendición de
cuentas (con variables de transparencia y mecanismos ciudadanos). Cada variable se desagregó en
criterios e indicadores puntuales, evaluados en una escala de 0 a 5. No obstante, como advierten
Beaton et al. (2000), la simple traslación de un instrumento a un contexto distinto sin ajustes
compromete su validez de constructo. Por ello, el estudio en Saucillo incluyó un proceso de adaptación
contextual que integró elementos de la Ley General de Responsabilidades Administrativas y marcos
normativos estatales (DOF, 2016; POE; 2023), permitiendo ajustar los indicadores a las atribuciones
reales de los OIC municipales.
La aplicación práctica del instrumento siguió un procedimiento colaborativo y deliberativo. En cada
municipio, un equipo evaluador conformado por académicos y representantes ciudadanos dividió los
indicadores en bloques de trabajo, que fueron analizados individualmente con base en evidencia
documental: reglamentos internos, informes oficiales, solicitudes de acceso a la información pública
(DOF, 2015) y páginas web institucionales.
Cada evaluador presentó ante el grupo el indicador a evaluar, los criterios aplicados y la evidencia
analizada, proponiendo una calificación cuya pertinencia fue discutida en sesiones conjuntas hasta
alcanzar un consenso colectivo. Este enfoque buscó garantizar, tal como recomiendan Stake (1995) y
Patton (2002), que los hallazgos resultaron de una triangulación de perspectivas y no de la
interpretación individual de un solo evaluador.
La fase de análisis se estructuró en tres vertientes. En primer lugar, se exploró la consistencia
interna de los indicadores dentro de cada dimensión, observando patrones de coherencia o
contradicción. En segundo lugar, se realizó un análisis comparativo intermunicipal, lo que permitió
identificar ítems con escasa capacidad discriminativa o que generaban sistemáticamente valores
bajos o altos (efectos de suelo y techo). En tercer lugar, se incorporó un análisis cualitativo de los
problemas detectados por los propios evaluadores, tales como ambigüedad en los enunciados de
algunos indicadores, dificultades de acceso a información o vacíos normativos. Este registro permitió
comprender mejor las condiciones bajo las cuales el instrumento funciona y aquellas que requieren
ajustes metodológicos.
Finalmente, el estudio se realizó respetando principios éticos fundamentales. La información analizada
provino de bases de datos públicas y/o de solicitudes de acceso en formatos abiertos, evitando así el
uso de datos sensibles según lo establecido por la Ley de Transparencia. Asimismo, se garantizó que
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toda la información se utilizará exclusivamente con fines académicos y de fortalecimiento institucional
(Orb et al., 2001). Además, se documentó de manera sistemática cada paso del proceso, creando un
archivo digital que asegura la trazabilidad y la posibilidad de replicar el ejercicio en otros municipios,
reforzando la transparencia del propio proceso investigativo (ICA, 2016).
Un componente adicional del diseño metodológico fue la validación estadística del instrumento de
evaluación, con el objetivo de someterlo a pruebas de fiabilidad y consistencia interna que garantizaran
su pertinencia para contextos municipales diversos. Como señalan Cortina (1993) y Tavakol y Dennick
(2011), la validez de un instrumento no puede sustentarse únicamente en su aplicación empírica, sino
que requiere indicadores estadísticos que respaldan la coherencia de sus ítems y su capacidad
discriminativa.
Para garantizar la consistencia interna del instrumento, se calculó el coeficiente alfa de Cronbach
(Cronbach, 1951), indicador ampliamente utilizado para evaluar la fiabilidad de escalas de medición.
De acuerdo con los criterios metodológicos propuestos por Nunnally (1978) y George y Mallery (2003),
valores superiores a 0.70 pueden considerarse aceptables en estudios exploratorios, mientras que
valores mayores a 0.80 indican una fiabilidad buena y aquellos por encima de 0.90 son considerados
excelentes. Este referente permite interpretar los resultados obtenidos en las distintas dimensiones,
asegurando no solo la pertinencia contextual del instrumento, sino también su robustez estadística. El
coeficiente se define como:
=
− 1
(1 −
∑
=1
2
2
)
donde:
k representa el número de ítems del instrumento,
2 es la varianza de cada ítem individual, y
2es la varianza de la suma total de los ítems.
Un valor de α ≥ 0.70 es comúnmente aceptado como indicador de consistencia adecuada (Nunnally & Bernstein,
1994), aunque en contextos exploratorios, valores a partir de 0.60 pueden ser considerados aceptables (George
& Mallery, 2003). En nuestro caso, se calcularon coeficientes separados por cada dimensión analítica (normativa-
institucional y participación-transparencia), así como un coeficiente global para el instrumento.
La aplicación se realizó de manera deliberativa y en consenso, y aunque no se conservaron registros
de las puntuaciones iniciales de cada evaluador, se contó con evidencia audiovisual de las sesiones de
evaluación. Esta documentación permitió revisar los criterios y la coherencia en la toma de decisiones
del grupo, asegurando que los juicios aplicados fueran consistentes y transparentes. En aplicaciones
futuras, la conservación de calificaciones individuales permitirá complementar este procedimiento con
métricas estadísticas como el coeficiente de correlación intraclase (McGraw & Wong, 1996).
El análisis de fiabilidad se complementa con la detección de ítems problemáticos, es decir, aquellos
que presentaban sistemáticamente varianza reducida (efecto de techo o de suelo). Este fenómeno
(DeVellis, 2016), ocurre cuando todos los evaluadores tienden a asignar puntajes muy bajos o muy
altos, generando valores uniformes que impiden diferenciar entre municipios. Asimismo, se revisaron
las correlaciones ítem-total para detectar indicadores con escasa aportación a la coherencia del
conjunto. Tales ítems fueron discutidos en las sesiones de retroalimentación, y en algunos casos se
propusieron ajustes en su redacción o su agrupamiento dentro de categorías más amplias. Este
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proceso permitió, como sugieren Beaton et al. (2000), refinar el instrumento para asegurar no sólo la
validez de constructo, sino también su aplicabilidad práctica en contextos municipales de distinta
escala y complejidad. Las medias y varianzas de los ítems reportadas en la sección de Resultados se
calcularon sobre los puntajes consensuados por municipio (una observación por ítem y por municipio).
Este enfoque permite diagnosticar la capacidad discriminativa de los indicadores; en futuras
aplicaciones, cuando se conserven las calificaciones individuales previas al consenso, podrá
complementarse con varianzas intra-municipio y con técnicas que generen intervalos de confianza a
partir de réplicas repetidas de los mismos datos.
Finalmente, la incorporación de pruebas estadísticas de fiabilidad fortaleció el proceso metodológico,
complementando la deliberación cualitativa con un respaldo cuantitativo. Con ello, el instrumento no
solo fue aplicado empíricamente, sino que fue sometido a un proceso formal de validación
metodológica, generando un insumo confiable para futuras investigaciones y para su eventual
replicación en otros municipios mexicanos.
En conjunto, esta estrategia metodológica permitió no sólo evaluar empíricamente a distintos OIC, sino,
sobre todo, someter el instrumento a un proceso de validación en condiciones diversas. Tal como
señalan Grindle (1997) y Scott (2008), el fortalecimiento institucional no puede evaluarse con un único
indicador o caso, sino a partir de herramientas sólidas que capten la interacción entre normas,
capacidades administrativas y cultura organizacional. El instrumento aquí analizado constituye un
paso en esa dirección.
RESULTADOS
El análisis de los datos obtenidos a partir de la aplicación del instrumento en los municipios de Saucillo,
Chihuahua y Ciudad Juárez permitió evaluar tanto la pertinencia de los indicadores como la solidez
interna del cuestionario en su conjunto. Los resultados que se presentan a continuación no buscan
describir exhaustivamente el desempeño de cada municipio, sino valorar en qué medida el instrumento
cumple con los criterios de fiabilidad y validez esperados para una herramienta de evaluación
institucional.
En esta sección se abordan tres vertientes principales:
● La consistencia interna del instrumento, medida a través del cálculo del alfa de Cronbach en
sus diferentes dimensiones.
● La capacidad discriminativa de los ítems, identificando aquellos que aportan información
significativa frente a los que resultaron redundantes o ambiguos.
● Las observaciones cualitativas derivadas del proceso de aplicación, las cuales ayudan a
comprender mejor las limitaciones prácticas del instrumento y sus posibles mejoras.
De esta manera, los resultados ofrecen una visión integral que combina la solidez estadística con la
experiencia práctica de los evaluadores, aportando elementos para el ajuste y validación metodológica
del instrumento.
Consistencia interna del instrumento
Con el propósito de valorar la fiabilidad del instrumento aplicado en los distintos municipios, se
calcularon los coeficientes de consistencia interna mediante alfa de Cronbach para cada una de las
dimensiones analíticas, así como para el conjunto global de indicadores. Este procedimiento,
comúnmente utilizado en la validación de escalas e instrumentos de carácter social (Cronbach, 1951;
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George & Mallery, 2003), permite determinar en qué medida los ítems que integran cada dimensión
responden de forma coherente al constructo que pretenden medir.
En el caso de los Órganos Internos de Control (OIC) evaluados —Saucillo, Chihuahua y Ciudad Juárez—
los resultados obtenidos se sintetizan en la Tabla 1.
Tabla 1
Valores de alfa de Cronbach por municipio y dimensión analítica
Municipio Dimensión normativa-
institucional
Dimensión participación
y transparencia
Alfa total del
instrumento
Saucillo 0.74 0.68 0.71
Chihuahua 0.82 0.76 0.79
Ciudad Juárez 0.80 0.79 0.80
Fuente: elaboración propia con base en la aplicación del instrumento de evaluación ciudadana (2024–
2025).
Los resultados de la Tabla 1, muestran que en los tres municipios el instrumento alcanza niveles de
consistencia interna dentro del rango aceptable, cercanos o superiores al umbral de 0.70 señalado por
George y Mallery (2003) como indicador de fiabilidad adecuada.
En Saucillo, municipio de tamaño medio, la dimensión normativa-institucional alcanza un valor
satisfactorio (0.74), mientras que la dimensión de participación y transparencia registra un coeficiente
más bajo (0.68). Esto sugiere que algunos indicadores vinculados a la apertura ciudadana y la rendición
de cuentas no captan con plena consistencia las condiciones de un municipio de esta escala. No
obstante, el valor global (0.71) confirma que el instrumento mantiene un nivel adecuado de fiabilidad
en este contexto.
Por su parte, en Ciudad Juárez y Chihuahua, se observa una distribución más equilibrada entre ambas
dimensiones, con coeficientes elevados en ambos casos (Chihuahua: 0.82 y 0.76; Juárez: 0.80 y 0.79).
Este comportamiento refuerza la idea de que, incluso en entornos complejos y de gran escala
administrativa, la estructura del instrumento conserva solidez interna y capacidad de discriminación.
Este hallazgo es particularmente relevante, pues indica que la herramienta puede aplicarse con igual
efectividad tanto en municipios medianos como en grandes, sin que se deteriore significativamente su
consistencia.
Un hallazgo adicional es la brecha constante entre dimensiones: en los tres municipios, los valores de
la dimensión normativa-institucional superan a los de participación y transparencia. Esto indica que,
independientemente del tamaño o la complejidad administrativa, la consolidación de marcos
normativos y organizativos son requisitos previos a los procesos de apertura ciudadana y rendición de
cuentas, los cuales avanzan de forma más gradual. Desde una perspectiva teórica, este patrón coincide
con lo señalado por Grindle (1997) y Scott (2008), quienes destacan que el desarrollo institucional suele
iniciarse con estructuras regulativas y normativas, mientras que la dimensión participativa requiere
transformaciones más prolongadas y profundas.
En síntesis, el análisis comparativo intermunicipal confirma que el instrumento no solo produce
resultados internamente consistentes (como lo evidencia el alfa de Cronbach), sino que también
discrimina adecuadamente entre realidades institucionales distintas. Esta doble evidencia fortalece su
validez metodológica y lo posiciona como una herramienta útil tanto para diagnósticos locales como
para estudios comparativos y longitudinales en diversos contextos municipales.
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Análisis cualitativo de problemas detectados en la aplicación del instrumento
Además del análisis cuantitativo y comparativo, el estudio incluyó un registro detallado de las
dificultades prácticas enfrentadas durante la aplicación del instrumento en los municipios de Saucillo,
Chihuahua y Ciudad Juárez. Este registro resulta particularmente valioso porque permite comprender
no sólo los resultados en términos de puntajes, sino también las condiciones institucionales y
operativas que afectan la utilidad y precisión del instrumento en escenarios reales.
Ambigüedad en la redacción de ciertos indicadores. Los evaluadores detectaron que algunos ítems
generaban interpretaciones divergentes. Por ejemplo, el indicador sobre “mecanismos de consulta
pública” se entendía en unos casos como un buzón virtual y en otros como foros o mesas de trabajo.
En cuanto a auditorías, varios OIC presentaron como evidencia las auditorías externas que se les
aplican, en lugar de reportar las auditorías internas que ellos mismos deben realizar sobre los controles
municipales. También se identificaron repeticiones innecesarias, como solicitar varias veces el mismo
documento para acreditar suficiencia presupuestal, o la falta de claridad en los criterios mínimos de
evaluación de las páginas web. Estas imprecisiones causaron discrepancias iniciales que tuvieron que
resolverse colectivamente, mostrando la necesidad de redefinir tales indicadores con criterios
operativos más claros.
Dificultades de acceso a la información. En los tres municipios analizados, los evaluadores encontraron
obstáculos para obtener información oficial completa y actualizada. Aunque la Ley General de
Transparencia y Acceso a la Información Pública (DOF, 2015) obliga a los OIC a publicar reglamentos,
informes y organigramas, en la práctica muchos documentos estaban desactualizados o no eran
fácilmente localizables en los portales oficiales. En Ciudad Juárez y Saucillo, por ejemplo, las páginas
del OIC no estaban integradas al portal principal del municipio o carecían de información esencial, lo
que dificulta su localización. Estas limitaciones evidencian que el problema no radica en el diseño del
instrumento, sino en la debilidad de los propios mecanismos de transparencia institucional. De hecho,
el instrumento contribuye a visibilizar estas carencias, ya que solicita información que, si bien debería
ser pública, no siempre está disponible en los portales municipales debido a que la ley no exige su
publicación periódica. Tal es el caso de los documentos que acreditan la existencia de controles
internos, especialmente aquellos relacionados con los procesos de contratación y la evaluación del
desempeño del personal.
Inconsistencias en la aplicación de procesos internos. Otro hallazgo cualitativo relevante se refiere a
la ausencia de manuales y procedimientos que sustentan la estandarización y validación de procesos
internos. Esta carencia genera vacíos de control, opacidad, riesgos de impunidad y pérdida de
confianza ciudadana, además de dificultar la implementación de mejoras sistemáticas en la gestión
pública. Aunque algunos municipios cuentan con reglamentos que establecen las funciones básicas
y éstas pueden sustentarse en la legislación correspondiente, en la práctica, cada institución puede
operar de manera distinta. En Chihuahua, por ejemplo, existen manuales internos que orientan la
recepción y gestión de denuncias. En Saucillo, en cambio, no se encontraron protocolos para dar
seguimiento a las quejas, por lo que se otorgaron calificaciones negativas para evaluar los indicadores
relacionados con la protección de denunciantes. Este hallazgo evidencia que el instrumento tiende a
generar puntajes más bajos cuando las instituciones carecen de procedimientos documentados, lo que
refuerza su utilidad como herramienta diagnóstica para identificar debilidades en la gestión interna.
Sesgos derivados del contexto político. Finalmente, los evaluadores señalaron la influencia de factores
políticos en la manera en que los OIC responden a las solicitudes de información y en su disposición a
colaborar. Aunque todos los municipios participan formalmente en el ejercicio, la apertura institucional
varió significativamente. En Saucillo, la colaboración fue amplia desde el inicio, reflejando la voluntad
política del gobierno municipal de someterse a un escrutinio ciudadano. En Ciudad Juárez y Chihuahua,
en cambio, aunque la participación fue formalmente positiva, hubo episodios de retraso en la entrega
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de documentos y solicitudes de aclaración sobre el uso que se daría a la información. Estos contrastes
muestran que la voluntad política y la cultura institucional influyen directamente en la calidad y rapidez
de la evaluación, lo que sugiere que la aplicación del instrumento no solo mide capacidades técnicas,
sino también disposiciones institucionales más profundas hacia la transparencia y la rendición de
cuentas.
Síntesis del análisis cualitativo. En conjunto, los problemas detectados permiten identificar tres áreas
prioritarias de mejora del instrumento: (1) clarificación de indicadores ambiguos para reducir
discrepancias interpretativas; (2) fortalecimiento de criterios de evaluación asociados a la
disponibilidad y calidad de la información, de manera que la falta de transparencia sea registrada
explícitamente como una limitación institucional; y (3) diseño de protocolos que reconozcan la
influencia del contexto político en la disposición de los OIC para someterse a evaluación. Estos
hallazgos cualitativos no debilitan al instrumento; por el contrario, refuerzan su validez al evidenciar
que puede detectar no solo fortalezas y debilidades administrativas, sino también carencias
estructurales y culturales más profundas.
Consistencia, pertinencia y alcances de la herramienta de evaluación
El conjunto de resultados obtenidos permiten sostener que el instrumento de evaluación ciudadana
aplicado a los Órganos Internos de Control (OIC) en municipios de Chihuahua alcanza un nivel
satisfactorio de validez metodológica, aunque presenta limitaciones puntuales que deben ser
consideradas antes de consolidarlo como una herramienta plenamente replicable.
En primer lugar, los análisis de consistencia interna muestran que las dimensiones vinculadas al ámbito
normativo-institucional alcanzan coeficientes robustos de fiabilidad (α ≥ 0.74), lo que indica que los ítems
diseñados para evaluar reglamentos, procesos de selección y capacidad administrativa funcionan de manera
coherente y estable. Este hallazgo confirma la pertinencia de los indicadores en un campo donde las funciones
están claramente delimitadas por la Ley General de Responsabilidades Administrativas (DOF, 2016) y por
reglamentos municipales específicos. La dimensión normativa-institucional, en consecuencia, puede
considerarse consolidada en términos metodológicos y lista para ser utilizada en futuras aplicaciones
comparativas.
Sin embargo, en las dimensiones relacionadas con la participación ciudadana y la transparencia los
coeficientes de consistencia fueron menores (0.60–0.70), evidenciando una menor homogeneidad
entre ítems. Tal como se observó en el análisis cualitativo, varios indicadores generaron
interpretaciones divergentes entre evaluadores, por ejemplo: ¿Cuáles son los mecanismos de
participación ciudadana más adecuados para evaluar a los OIC? ¿Qué información del OIC resulta más
relevante para la ciudadanía? Estas diferencias evidencian problemas de definición conceptual que se
resolvieron mediante un análisis cuidadoso y la redacción más precisa de los ítems, asegurando que
los indicadores reflejen prácticas verificables y no meras declaraciones institucionales.
Otro aspecto relevante es que el instrumento se aplicó exclusivamente en municipios del estado de
Chihuahua, donde los OIC comparten un mismo marco normativo estatal. Esto constituye una fortaleza
metodológica, pues garantiza comparabilidad interna, pero al mismo tiempo delimita el alcance de la
validez: el instrumento es plenamente confiable para el contexto de Chihuahua, pero su extrapolación
a otros estados requiere un proceso de adaptación normativa equivalente. Este punto es consistente
con lo señalado por Beaton et al. (2000), quienes advierten que la transferencia de instrumentos entre
contextos jurídicos distintos sin ajustes adecuados compromete la validez del constructo.
El instrumento se aplicó mediante un procedimiento colaborativo y deliberativo, en el que académicos
y representantes ciudadanos analizaron los indicadores con base en evidencia documental y
discutieron sus propuestas de calificación hasta alcanzar un consenso colectivo. Este enfoque
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aseguró que los hallazgos reflejaran una triangulación de perspectivas y no interpretaciones
individuales, demostrando que los ítems son comprensibles y aplicables por actores con distintos
perfiles, lo que refuerza la utilidad práctica del instrumento en ejercicios de evaluación ciudadana
(Stake, 1995; Patton, 2002).
Finalmente, los hallazgos cualitativos señalan que el instrumento no sólo es capaz de generar puntajes
consistentes, sino que además visibiliza de manera clara las debilidades estructurales de los OIC:
ausencia de manuales de procedimientos, dificultades de acceso a información, falta de presupuestos
y vacíos en la institucionalización de la participación ciudadana. Esta capacidad diagnóstica es en sí
misma una forma de validación, ya que muestra que el instrumento no se limita a registrar datos, sino
que revela problemas estructurales que requieren atención institucional.
En conjunto, la evidencia recogida permite afirmar que el instrumento se encuentra en una fase
avanzada de validación metodológica. Sus dimensiones normativo-institucionales pueden
considerarse sólidas, mientras que las dimensiones de transparencia y participación ciudadana
requieren ajustes en la redacción de ítems, así como pruebas adicionales en contextos más amplios.
Con estas modificaciones, el instrumento puede constituirse en una herramienta replicable y confiable,
capaz de fortalecer la evaluación ciudadana de los OIC municipales y de aportar evidencia sólida para
la construcción de procesos de gobernanza colaborativa en el ámbito local.
Ajustes propuestos al instrumento
El proceso de validación no se limitó a confirmar la pertinencia del instrumento, sino que permitió
identificar con precisión aquellas áreas que requerían modificaciones para incrementar su solidez
metodológica. Como ocurre en toda validación de herramientas de carácter social (Cortina, 1993;
Tavakol & Dennick, 2011), los indicadores no son estáticos: su desempeño empírico revela tanto
fortalezas como limitaciones, y es a partir de ese aprendizaje que se logra construir un instrumento
más confiable y con mayor capacidad diagnóstica.
En este caso, los resultados apuntan a la necesidad de fortalecer particularmente los indicadores
vinculados con la transparencia y la participación ciudadana, dimensiones en las que se observaron
coeficientes de fiabilidad menores y una mayor dispersión en las interpretaciones de los evaluadores.
La narrativa de las sesiones colectivas mostró que algunos ítems resultaban demasiado amplios o
ambiguos, generando discusiones prolongadas sobre lo que debía considerarse como evidencia válida.
Por ejemplo, la mención genérica a “mecanismos de consulta ciudadana” se prestaba a
interpretaciones diversas: para algunos evaluadores bastaba con la existencia de un buzón electrónico,
mientras que otros abogaron por la implementación de mecanismos de participación ciudadana
contemplados en la Ley que lleva el mismo nombre. Este tipo de ambigüedad reduce la consistencia
interna y, por tanto, demanda ajustes en la redacción para que los ítems reflejen situaciones
observables y verificables, minimizando el margen de interpretación.
Asimismo, en el ámbito de la transparencia se identificaron casos en los que los documentos
publicados estaban incompletos, desactualizados o dispersos. Aunque el instrumento asignaba
puntajes bajos ante estas situaciones, la experiencia práctica evidenció la necesidad de definir niveles
mínimos de información —como reglamentos, informes anuales, organigramas y perfiles de personal—
de manera que la ausencia de cualquiera de estos elementos se registre automáticamente como
deficiencia institucional. Esto garantiza que la falta de transparencia no dependa de interpretaciones
subjetivas, sino que se refleje de forma explícita en el diagnóstico.
Otro hallazgo frecuente fue la ausencia de protocolos de protección a denunciantes. Aunque algunos
OIC cuentan con canales formales para recibir quejas, no se identificaron mecanismos que garanticen
la confidencialidad, el anonimato y la seguridad de los denunciantes. Incluir un ítem explícito sobre
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este aspecto permitirá capturar una práctica clave de integridad institucional y, al mismo tiempo,
visibilizar una de las carencias más críticas detectadas.
En términos administrativos, la revisión documental y las entrevistas revelaron que la mayoría de los
OIC carecen de manuales de procedimiento actualizados y de programas sistemáticos de
capacitación. Aunque el instrumento aludía de manera indirecta a la profesionalización del personal, la
validación empírica mostró que este aspecto requiere mayor precisión. La incorporación de
indicadores específicos sobre existencia de manuales y programas de formación permitirá distinguir
entre OIC que funcionan de manera improvisada y aquellos que cuentan con un esquema de gestión
más profesionalizado.
Por último, el análisis cuantitativo identificó ítems con varianza reducida, es decir, indicadores que
tendieron a concentrarse en valores extremos sin mostrar diferencias sustantivas entre municipios.
Para ilustrar este hallazgo, la Tabla 3 presenta las medias y varianzas de algunos ítems seleccionados,
mostrando tanto los que aportan poca información (varianza baja) como los que discriminan
adecuadamente (varianza alta).
Tabla 3
Medias y varianzas de ítems seleccionados del instrumento de evaluación
Ítem Dimensión Media
(0–5)
Varianza Observación
Existencia de
reglamento del OIC
Normativa-
institucional
5.0 0.00 Uniforme; todos con puntaje
máximo (no discrimina)
Publicación de informes
anuales
Transparencia 3.2 0.45 Baja varianza; resultados
similares entre municipios
Protocolos de
protección a
denunciantes
Procesos 1.0 0.80 Moderada; diferencias leves,
tendencia a valores bajos
Mecanismos de
consulta ciudadana
deliberativa
Participación 2.1 1.50 Alta varianza; discrimina
entre municipios con y sin
mecanismos
Capacitación
sistemática del
personal
Recursos
humanos
2.7 0.90 Varianza media; potencial
discriminativo
Fuente: elaboración propia con base en las matrices de evaluación ciudadana (2024–2025).
La Tabla 3 muestra que varios ítems presentaron varianzas muy bajas, lo que significa que todos los
municipios fueron calificados de manera prácticamente uniforme. Este comportamiento reduce la
capacidad discriminativa del instrumento, pues el indicador no aporta información adicional más allá
de constatar una condición generalizada (por ejemplo, la existencia de reglamento en los OIC). En
contraste, otros ítems registraron variaciones más elevadas, lo que demuestra su utilidad para captar
diferencias entre municipios. De este modo, los ítems con varianza baja se convierten en candidatos
naturales a ajustes metodológicos, ya sea para fusionarlos, redefinirlos o sustituirlos, tal como se
detalla en la Tabla 4.
Tabla 4
Ajustes propuestos al instrumento de evaluación ciudadana de los OIC
Dimensión Problema detectado Ajuste metodológico propuesto
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Participación
ciudadana
Ambigüedad en ítems de
consulta y mecanismos de voz
Redefinir indicadores diferenciando
buzón, encuesta y foro público
Transparencia Información incompleta o
desactualizada en portales
Establecer criterios mínimos de
publicación obligatoria
Actuación
(procesos)
Ausencia de protocolos de
protección a denunciantes
Incluir indicador específico sobre
confidencialidad y seguridad
Normativa-
administrativa
Ítems con baja varianza
(techo/suelo)
Fusionar o redefinir ítems para mejorar
capacidad discriminativa
Recursos humanos
y gestión
Falta de manuales operativos y
capacitación sistemática
Agregar indicadores sobre existencia de
manuales y planes de capacitación
Fuente: elaboración propia.
En conjunto, la lectura de las Tablas 3 y 4 confirma que la validación del instrumento no se limita a un
ejercicio técnico de medición, sino que abre un espacio para el aprendizaje y la mejora continua.
Identificar ítems con baja varianza y vincularlos directamente con ajustes metodológicos permite
afinar la herramienta y dotarla de mayor poder discriminativo. De este modo, la validación trasciende
la comprobación estadística y se convierte en un proceso de fortalecimiento progresivo, que prepara
el terreno para reflexionar de manera más amplia sobre los alcances y límites de los resultados
obtenidos.
Reflexiones finales sobre los resultados
El proceso de validación desarrollado no debe ser entendido únicamente como la comprobación de la
solidez estadística de un cuestionario, sino como un ejercicio que pone en tensión la relación entre
normas, prácticas institucionales y expectativas ciudadanas. Los resultados muestran que la
coherencia interna del instrumento se sostuvo en los ámbitos con marcos legales y administrativos
bien definidos, pero evidenció fragilidades en aquellos donde existen contradicciones normativas y en
donde la participación ciudadana y la apertura institucional dependen más de la voluntad política que
de una regulación sólida. Este contraste revela tanto la utilidad del instrumento como sus límites:
funciona con solidez para registrar lo que la ley y la administración prescriben, pero se convierte en un
espejo crítico cuando se enfrenta a las zonas grises de la participación y la transparencia.
Más allá de la técnica, el ejercicio sugiere que todo intento de validar un instrumento de control
ciudadano implica, en el fondo, validar también un modelo de relación entre Estado y sociedad. El hecho
de que la consistencia sea más alta en la dimensión normativa que en la participativa no es un simple
hallazgo metodológico: es la expresión de un patrón histórico en los municipios mexicanos, donde la
formalidad administrativa se institucionaliza más rápido que las prácticas de apertura. El instrumento,
en este sentido, no solo mide a los OIC, sino que deja ver el ritmo desigual del propio desarrollo
institucional.
Finalmente, el valor agregado de esta validación radica en que no se limita a certificar un cuestionario,
sino que genera aprendizajes sobre cómo diseñar herramientas ciudadanas capaces de dialogar con
realidades institucionales cambiantes. El tránsito de ítems ambiguos a indicadores precisos, de
criterios implícitos a umbrales verificables, es también un tránsito hacia una cultura evaluativa más
madura. En ese sentido, la validación metodológica es inseparable de un proceso político más amplio:
construir instrumentos que no solo sean estadísticamente consistentes, sino también legítimos, útiles
y reconocidos como catalizadores de gobernanza colaborativa en el nivel local.
REFLEXIÓN
Diálogo con la literatura académica
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Los hallazgos de la validación metodológica sugieren un patrón que ha sido documentado en diversos
estudios sobre desarrollo institucional: la solidez suele consolidarse primero en el plano normativo y
administrativo, mientras que los procesos de apertura ciudadana avanzan con mayor lentitud. En el
caso de los OIC de Chihuahua, esta tendencia se reflejó en los coeficientes más robustos en la
dimensión normativa-institucional frente a los valores más débiles en participación y transparencia.
Esta diferencia no es meramente estadística; constituye una manifestación concreta de lo que Grindle
(1997) llamó “asimetría del desarrollo institucional” y que Scott (2008) complementa al señalar que las
dimensiones regulativas tienden a estabilizarse con mayor rapidez que las culturales o cognitivas.
El instrumento, al poner de relieve esta brecha, se convierte no solo en una herramienta diagnóstica,
sino también en un dispositivo empírico que confirma lo señalado por la teoría. De hecho, el desfase
observado entre la construcción de marcos normativos y la institucionalización de la participación
ciudadana se asemeja a lo descrito en otros contextos latinoamericanos por la CEPAL (2006), donde
las reformas legales se adoptan con mayor rapidez que las prácticas de apertura. En este sentido, la
validación metodológica trasciende lo técnico, pues permite conectar un hallazgo estadístico con un
fenómeno más amplio de gobernanza regional.
Otro punto de diálogo con la literatura es la función de la ciudadanía como actor de legitimación.
Ackerman (2004) y Fung y Wright (2003) han insistido en que la eficacia de la gobernanza colaborativa
no depende únicamente de la existencia de mecanismos formales, sino de su apropiación y uso por
parte de la sociedad. La consistencia menor en los indicadores de participación ciudadana detectada
en este estudio muestra que esos mecanismos aún se encuentran poco consolidados en el nivel
municipal. La validación, en este caso, no se limita a certificar un instrumento, sino que evidencia el
déficit estructural en la capacidad de los OIC para generar procesos ciudadanos efectivos.
Finalmente, cabe destacar que la propia aplicación del instrumento genera un contraste con la literatura
previa sobre control interno en México. Mientras que trabajos como García y Jiménez (2019) enfatizan
las limitaciones estructurales de los OIC en términos de autonomía y eficacia, este estudio aporta una
mirada metodológica complementaria: no solo se identifican limitaciones, sino que se prueba la
viabilidad de una herramienta ciudadana para medirlas. Así, la validación contribuye a enriquecer el
debate académico, al sumar evidencia empírica que conecta teoría, práctica y metodología en un
mismo ejercicio.
Aportes metodológicos
Un aporte significativo de este estudio se encuentra en la forma en que la validación del instrumento
trasciende la aplicación empírica y se convierte en un ejercicio de aprendizaje metodológico.
Tradicionalmente, los ejercicios de evaluación ciudadana se han concentrado en mostrar resultados
inmediatos —por ejemplo, identificar fortalezas o debilidades de una institución concreta— sin
detenerse a revisar con la misma rigurosidad la calidad del instrumento con el que tales diagnósticos
se elaboran. Este trabajo rompe parcialmente con esa tendencia, al incorporar análisis de fiabilidad y
consistencia interna, lo cual ofrece un marco más sólido para interpretar los hallazgos. En lugar de
asumir que la herramienta es válida por el simple hecho de haber sido utilizada en contextos anteriores,
la investigación introduce procedimientos que permiten problematizar sus límites y refinar su
construcción.
La metodología empleada combinó deliberación cualitativa y pruebas estadísticas, lo que generó un
espacio híbrido poco frecuente en este tipo de investigaciones. Por un lado, el consenso entre
evaluadores permitió integrar perspectivas diversas y reducir sesgos individuales, en línea con lo
planteado por Stake (1995) y Patton (2002) sobre la importancia de la triangulación en estudios de
caso. Por otro lado, el uso de indicadores como el alfa de Cronbach y el análisis de varianzas ítem-por-
ítem proporcionó un respaldo cuantitativo que refuerza la credibilidad del instrumento. Esta
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combinación no pretende ser definitiva, pero muestra que los instrumentos ciudadanos pueden y deben
someterse a pruebas de calidad similares a las que se aplican en otros campos de las ciencias
sociales.
La experiencia también sugiere que la validación metodológica no es un proceso lineal ni neutro, sino
que implica decisiones prácticas sobre qué conservar, qué ajustar y qué eliminar. Los ítems con
varianza reducida o con interpretaciones ambiguas, por ejemplo, no se consideraron como fallos
aislados, sino como oportunidades para repensar cómo se mide la transparencia o la participación
ciudadana en el ámbito municipal.
En este sentido, la validación metodológica se convierte en un espacio de diálogo entre la herramienta
y la realidad: cada ajuste refleja no solo un criterio técnico, sino también una forma de interpretar la
vida institucional municipal. Al documentar estos procesos, el estudio aporta un precedente valioso
para quienes diseñen instrumentos similares, pues muestra con claridad que la validación no termina
en la estadística, sino que requiere integrar también la experiencia práctica de los evaluadores y el
contexto político en que la herramienta se aplica.
Por último, conviene señalar que el proceso de validación contribuye a fortalecer la legitimidad de los
resultados ante audiencias diversas. En contextos donde la confianza en las instituciones es limitada,
la credibilidad de un diagnóstico depende no solo de lo que revela, sino también de cómo fue
construido. Haber sometido el instrumento a un escrutinio metodológico más amplio —que incluye
tanto consistencia interna como discusión colectiva de ítems problemáticos— otorga un respaldo
adicional que puede hacer más persuasivos los hallazgos frente a autoridades municipales, sociedad
civil y académicos. Desde esta perspectiva, la validación metodológica no se agota en lo técnico, sino
que se convierte en una estrategia para consolidar la autoridad epistémica de la evaluación ciudadana
como práctica legítima de control social.
Implicaciones prácticas y políticas
Uno de los aportes más significativos de esta validación metodológica es que ofrece a los municipios
de Chihuahua una herramienta concreta para revisar y fortalecer el funcionamiento de sus Órganos
Internos de Control (OIC). El hecho de que el instrumento haya mostrado consistencia en contextos tan
distintos como Saucillo, Chihuahua capital y Ciudad Juárez confirma que puede ser utilizado por
autoridades locales para identificar vacíos normativos, debilidades en los procesos administrativos o
áreas críticas en transparencia y participación ciudadana.
Asimismo, los resultados muestran que la coherencia interna del instrumento se sostuvo en aquellos
ámbitos con marcos legales y administrativos bien definidos, mientras que las fragilidades aparecieron
en dimensiones donde las contradicciones normativas persisten y donde la participación ciudadana y
la apertura institucional dependen más de la voluntad política coyuntural que de una regulación sólida.
Este contraste confirma que las limitaciones detectadas no son producto del diseño metodológico,
sino expresión de debilidades estructurales de los OIC, lo que refuerza la utilidad diagnóstica del
instrumento.
En un entorno donde las capacidades técnicas son frecuentemente limitadas, contar con una
herramienta probada se convierte en un recurso valioso para orientar planes de mejora institucional
sin depender exclusivamente de diagnósticos externos.
Sin embargo, el alcance del instrumento no es universal. Su diseño se encuentra íntimamente ligado al
marco normativo del estado de Chihuahua, lo que significa que su aplicación fuera de esta entidad
requeriría adaptaciones cuidadosas. Lejos de interpretarse como una restricción, esta característica
muestra la importancia de contextualizar toda herramienta metodológica: lo que aquí se valida es una
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lógica de evaluación ajustada a un entramado legal y político específico. En ese sentido, los hallazgos
invitan a reconocer que la validez de un instrumento ciudadano no radica en su capacidad de
generalizar sin matices, sino en su pertinencia situada, en su habilidad para dialogar con realidades
institucionales concretas.
El hecho de que municipios de mayor escala, como Chihuahua capital, se sumarán a la iniciativa tras
observar los resultados alcanzados en Saucillo también ilustra un efecto político relevante. La
validación del instrumento no solo respalda técnicamente su consistencia, sino que puede funcionar
como incentivo para que otras autoridades se abran al escrutinio ciudadano. Este efecto demostrativo
subraya el potencial de las herramientas metodológicamente sólidas para incidir en la cultura política
local: al mostrar que es posible evaluar a un OIC de manera justa y sistemática, se reduce la resistencia
inicial y se amplía el margen de aceptación de ejercicios similares.
Finalmente, el uso del instrumento en distintos municipios de Chihuahua abre la posibilidad de
consolidar una práctica de monitoreo ciudadano con continuidad en el tiempo. Más allá de su valor
puntual, la validación permite que los resultados puedan ser comparables en evaluaciones futuras,
creando series de información útiles tanto para la ciudadanía como para los propios OIC. Ello podría
traducirse en una mayor capacidad de aprendizaje institucional y en una cultura de mejora continua,
donde la evaluación deje de ser un ejercicio aislado para convertirse en un componente recurrente de
la gobernanza local.
Más allá de la técnica: sentido político y social de la validación
La validación metodológica de un instrumento como este no puede entenderse sólo en términos
estadísticos o de consistencia interna. Al involucrar a actores ciudadanos en el diseño, aplicación y
ajuste de la herramienta, el proceso adquiere un carácter político que trasciende el ámbito técnico. Lo
que se valida no es únicamente la coherencia de los ítems o la fiabilidad de las escalas, sino también
la posibilidad de que la sociedad civil participe en la definición de criterios de evaluación de la gestión
pública. En este sentido, la validación se convierte en un acto de reconocimiento mutuo entre
instituciones y ciudadanía: las primeras aceptan ser evaluadas bajo estándares co-construidos, y los
segundos ganan legitimidad como actores con capacidad para incidir en la mejora institucional.
Desde esta perspectiva, el instrumento validado no sólo mide el grado de desarrollo institucional de los
OIC, sino que también visibiliza las tensiones estructurales entre legalidad formal y apertura ciudadana.
El hallazgo de que los indicadores normativos presentan mayor solidez que los de participación y
transparencia no es un mero resultado estadístico, sino una evidencia de cómo los procesos de
institucionalización avanzan de manera desigual. La validación, al mostrar estas asimetrías, abre la
puerta a una discusión más amplia sobre las condiciones necesarias para que la transparencia y la
rendición de cuentas dejen de ser dimensiones secundarias y se integren de manera plena en la cultura
institucional de los municipios.
Otra dimensión social de este proceso, es el efecto demostrativo que genera en el ámbito político. Que
un municipio pequeño como Saucillo haya abierto la puerta a este tipo de ejercicios y que después
municipios más grandes, como Chihuahua capital, decidieron participar, sugiere que el instrumento
validado no sólo aporta información, sino que también crea incentivos para replicar prácticas de
apertura institucional. Validar un instrumento ciudadano, en este sentido, no es únicamente garantizar
su fiabilidad técnica: es también sembrar condiciones para que se expanda un modelo de gobernanza
colaborativa en el que la evaluación ciudadana forme parte habitual de la vida institucional.
Finalmente, cabe señalar que este tipo de validaciones representan un paso hacia la construcción de
una cultura evaluativa más madura en México. Al mostrar que es posible diseñar instrumentos
rigurosos sin sacrificar la participación ciudadana, el estudio desafía la idea de que la técnica y la
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política deben mantenerse separadas. Por el contrario, la experiencia demuestra que ambas
dimensiones se refuerzan mutuamente: la técnica aporta credibilidad y comparabilidad, mientras que
la política otorga legitimidad y sentido social al proceso. En este cruce se encuentra el verdadero valor
de la validación: no solo confirmar que un cuestionario funciona, sino contribuir a redefinir el lugar de
la ciudadanía en la vigilancia democrática de lo público.
CONCLUSIONES
El proceso de validación metodológica del instrumento de evaluación ciudadana aplicado a los
Órganos Internos de Control municipales en Chihuahua ha permitido constatar que las herramientas
de control social pueden construirse con rigor técnico y, al mismo tiempo, mantener su vocación
participativa. Más allá de los resultados puntuales en cada municipio, lo más relevante ha sido
comprobar que es posible someter a prueba este tipo de instrumentos con criterios de fiabilidad y
validez, reforzando su legitimidad frente a autoridades y ciudadanía. Esta experiencia demuestra que
la evaluación ciudadana no tiene por qué quedar en el terreno de lo testimonial, sino que puede avanzar
hacia procedimientos sistemáticos y verificables.
Un primer aprendizaje se refiere a la asimetría detectada entre las dimensiones normativas y las de
participación. Mientras que los aspectos relacionados con marcos legales, estructura administrativa y
procedimientos internos alcanzaron valores de consistencia aceptables e incluso robustos, los ítems
vinculados a transparencia y participación ciudadana mostraron mayor fragilidad. Este hallazgo, lejos
de debilitar al instrumento, confirma su pertinencia, pues refleja una realidad ampliamente señalada en
la literatura: las instituciones municipales en México suelen consolidar primero sus estructuras
normativas, mientras que la apertura ciudadana avanza con más lentitud y enfrenta mayores
resistencias. Validar este patrón significa también visibilizar y ofrecer un punto de partida para
corregirlo. De manera complementaria, los resultados muestran que la coherencia interna del
instrumento se sostuvo en los ámbitos respaldados por marcos legales y administrativos bien
definidos, mientras que se debilitó en aquellas dimensiones atravesadas por contradicciones
normativas y, sobre todo, en participación y transparencia, donde la apertura institucional depende más
de la voluntad política que de una regulación sólida. Este hallazgo refuerza la capacidad del
instrumento para visibilizar no solo fortalezas técnicas, sino también tensiones estructurales entre
legalidad formal y práctica política.
Un segundo aspecto es la lección metodológica. El uso de técnicas como el alfa de Cronbach y el
análisis de varianzas ítem-por-ítem, combinadas con la deliberación colectiva entre evaluadores,
permitió no solo calcular la consistencia interna del cuestionario, sino también identificar ítems
problemáticos y ajustar su redacción. Este proceso de refinamiento confirma que los instrumentos
ciudadanos no deben asumirse como productos terminados, sino como herramientas en evolución,
susceptibles de ser fortalecidas con cada nueva aplicación. En este sentido, la validación constituye
un paso fundamental para consolidar una cultura evaluativa más madura, donde la técnica y la
participación se complementan mutuamente.
Desde el punto de vista práctico y político, los resultados sugieren que el instrumento puede convertirse
en un referente para municipios del estado de Chihuahua, siempre que se reconozca su anclaje
normativo en la legislación estatal. Aunque su aplicación en otras entidades federativas requerirá
ajustes específicos, la metodología utilizada —combinación de análisis cuantitativo, deliberación
ciudadana y revisión normativa— constituye un modelo replicable que puede inspirar experiencias
similares en otros contextos. El hecho de que municipios más grandes como Chihuahua capital se
hayan sumado a la experiencia tras el ejemplo de Saucillo muestra que la validación metodológica
puede tener un efecto multiplicador, incentivando a otras autoridades a abrirse al escrutinio ciudadano.
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Los ajustes metodológicos identificados a lo largo del proceso (Tabla 4) no solo fortalecen la
coherencia interna del instrumento para el caso de Chihuahua, sino que ofrecen una base clara para su
adaptación en otros contextos normativos del país. De esta manera, la validación no queda circunscrita
a un universo local, sino que sienta las condiciones para replicaciones futuras en municipios de
diferentes estados, donde el contraste permitirá seguir afinando la herramienta y ampliando su alcance
comparativo.
Finalmente, la validación aquí presentada abre perspectivas para futuros trabajos comparativos y
longitudinales. Al contar con un instrumento más sólido, es posible pensar en evaluaciones periódicas
que permitan observar la evolución de los OIC a lo largo del tiempo, así como en comparaciones entre
municipios de distintos estados que se atrevan a adoptar metodologías ciudadanas de vigilancia
institucional. Estas líneas de investigación podrían enriquecer el debate sobre gobernanza colaborativa
y transparencia en México, aportando evidencia empírica que complementa los estudios teóricos y
contribuya a fortalecer las capacidades institucionales de los gobiernos locales. En suma, este trabajo
no cierra un ciclo, sino que inaugura la posibilidad de avanzar hacia una práctica de evaluación
ciudadana más rigurosa, confiable y con mayor impacto en la construcción de instituciones públicas
más abiertas y responsables.
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