LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2023, Volumen IV, Número 1 p 3532.

DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v4i1.505

Configuración de un sello identitario en la Universidad
Católica de la Santísima Concepción, Chile

Configuration of an identity seal at the Catholic University of the
Santísima Concepción, Chile


Pablo Uribe Ulloa

puribe@ucsc.cl
https://orcid.org/0000-0003-2824-9687

Universidad Católica de la Santísima Concepción
Concepción - Chile


Alex Muñoz Hernández

alex.munos@ucsc.cl
https://orcid.org/0009-0005-9471-8674

Universidad Católica de la Santísima Concepción
Concepción – Chile


Arturo Bravo Retamal

abravor@ucsc.cl
https://orcid.org/0000-0002-6982-5655

Universidad Católica de la Santísima Concepción
Concepción - Chile


Artículo recibido: 15 de marzo de 2023. Aceptado para publicación: 20 de marzo de 2023.

Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.


Resumen

El objetivo de este trabajo es caracterizar el sello identitario de la Universidad Católica de la
Santísima Concepción, Chile y sus elementos constitutivos. Para ello se ha utilizado un método
descriptivo documental, que ha permitido mostrar la relevancia de la formación valórica en las
instituciones de educación terciaria de la región del Biobío, Chile, el proceso para la
configuración del sello y los aportes que dicha configuración ofrece a la naturaleza fundacional
de la Universidad, a los desafíos de la gobernanza y a la vinculación permanente con el medio
externo.

Palabras clave: universidad, sello, católico, valores







LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2023, Volumen IV, Número 1 p 3533.

Abstract
The purpose of this work is to characterize the identity seal of the Universidad Católica de la
Santísima Concepción, Chile, and its constituent elements. For this purpose, a descriptive
documentary method has been used, which has allowed to show the relevance of the value
formation in the tertiary education institutions of the Biobío region, Chile, the process for the
configuration of the seal and the contributions that such configuration offers to the foundational
nature of the University, to the challenges of governance and to the permanent connection with
the external environment.

Keywords: university, seal, catholic, values
























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Como citar: Uribe Ulloa, P., Muñoz Hernández, A., & Bravo Retamal, A. (2023). Configuración de
un sello identitario en la Universidad Católica de la Santísima Concepción, Chile. LATAM Revista
Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 4(1), 3532–3545.
https://doi.org/10.56712/latam.v4i1.505


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ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2023, Volumen IV, Número 1 p 3534.

INTRODUCCIÓN

La ciudad de Concepción, Chile se caracteriza por ser un centro urbano, donde confluyen más
de una veintena de instituciones de educación superior; incluyendo Centros de Formación
Técnica, Institutos Profesionales y Universidades. La condición de ciudad universitaria instaura
un importante polo en la formación de profesionales y graduados de todo el país. Esta
formación, junto con dar las herramientas técnicas y científicas a sus estudiantes; también
contempla la necesidad de abarcar un panorama antropológico, manifestado usualmente en
perspectiva valórica. El objetivo de permear la formación de los estudiantes, desde una mirada
integral, afianza en los futuros profesionales la capacidad de aportar a la sociedad, siendo
agentes de cambio con un efectivo compromiso ético y social. Así lo manifiestan -por ejemplo-
la Universidad San Sebastián, la Universidad de Concepción o el Centro de Formación Técnica
Lota Arauco, mediante sus declaraciones oficiales:

La Universidad reconoce que su compromiso fundamental, es la formación disciplinaria y
valórica de profesionales íntegros y competentes, en una atmósfera académica de orden,
reflexión, rigor y respeto por las diferencias. Asimismo, asume como uno de sus mayores
desafíos, promover la integración social, la movilidad y el progreso material y espiritual de
todos los miembros de su comunidad universitaria (Universidad San Sebastián, 2017: 22).

Somos una universidad laica y pluralista, fundada por y para la comunidad, que contribuye al
desarrollo sustentable, desde las distintas áreas del saber, a través de la formación de
personas altamente comprometidas con la sociedad, así como en la generación, preservación
y transferencia del conocimiento, de las artes y las culturas (Universidad de Concepción, 2020:
14).

El Centro de Formación Técnica Lota Arauco de la Corporación Universidad de Concepción es
una institución educativa que busca formar técnicos de nivel superior en sus dimensiones
humana, social, tecnológica e innovadora, de preferencia en las comunas de Lota, Coronel y la
Provincia de Arauco (Centro de Formación Técnica Lota Arauco, 2013: 6).

Se observa que no es suficiente entregar la sola especialización, sino que dicho proceso
marche asociado a un elenco de valores: reflexión, rigor, respeto, compromiso con la sociedad,
integración e innovación. Esta tendencia es global, así lo expresan realidades de otros países
y la aplicación del modelo a carreras específicas. En el ámbito mexicano, Benítez, (2009), ha
desarrollado estudios para exhibir el estado del arte sobre la materia. También en Chile, existen
interesantes experiencias (Jiménez, Reveco, González, Astudillo, 2013).

Este impulso actual, se debe, en un primer momento, a la orientación por competencias que ha
marcado fuertemente el curriculum de los planes de estudio del pregrado y las orientaciones
institucionales, encausadas a pensar un modelo pedagógico que enfrentase los desafíos
contemporáneos, abordando su diseño desde la perspectiva individual (García, 2011). Con ello,
se apuesta al componente de la acción, el que paulatinamente decanta en una mirada que
integre otras dimensiones del curriculum.

Uno de los retos fundamentales, que ya hemos venido delineando es la integralidad en la
formación, trabajada desde la atención a la formación del ser humano, social y profesional, de
allí que se debe atender la formación humanística y la formación científico-tecnológica.
Formación en los saberes fundamentales: el conocer, el hacer, el ser, el sentir, el convivir, entre
otros que puedan considerarse esenciales (Inciarte, Canquiz, 2009: 44).

Desde otra vereda, la ODUCAL (Organización de Universidades Católicas de América Latina) en
un encuentro en Buenos Aires del 13 al 16 de septiembre del año 1992, donde participaron
universidades de Argentina, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, Guatemala, Panamá, Paraguay,


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Perú, Puerto Rico, República Dominicana, Uruguay y Venezuela, estudió a fondo temas
comunes a todos los países desde el prisma universitario, aportando transversalmente en
temáticas tales como: la familia, el arte y la aculturación de los pueblos, el humanismo en las
letras, la integración americana, entre otras muchas dimensiones propias de la estima
académica (ODUCAL, 1992). Con ello, queda de manifiesto que el papel de la formación de
profesionales es más amplio que la sola especialización. El rol de las instituciones de
educación superior es también ético, contribuyendo a otros ámbitos de la formación con una
mirada social: lo que hoy conocemos como la vinculación con la sociedad. Ballesteros plantea
a este respecto:

Nuestras Universidades deben proporcionar una educación que acentúe la confianza en
nuestra propia capacidad y ponga los medios para liberarla y desarrollarla. Para eso debe
proporcionar una educación nacional con capacidad técnica y compromiso ético que
contribuya significativamente a hacer posible una vida digna para la mayoría de nuestras
sociedades (Ballesteros, 1992: 200).

Se evidencia, por tanto, la necesidad de formación axiológica y del rol de las instituciones de
educación superior en esta tarea. Junto a dicha necesidad, la misión parece no ser tan fácil, ya
que la concepción y valoración axiológica de nuestra cultura contemporánea, dificulta una
visión unívoca de respecto de qué valores y, cómo deben comprenderse y enseñarse para
propiciar una formación integral. Martínez; Cirilo, (2016: 32), hace un certero diagnóstico,
señalando:

En el vocabulario de muchas personas existen valores que ya no están vigentes, ya que no son
necesarios. Los conceptos han cambiado: del hombre, de la vida, de Dios, de la autoridad, del
tiempo, del espacio, de la política, de la misma educación. Se habla de la crisis de paradigma.

Claramente ya no estamos en el tiempo de la “intuición inmediata” como lo señalaba en el año
1939, Berkeley: “Algunas verdades están tan próximas a la mente y son tan evidentes, que un
hombre debe únicamente abrir los ojos para verlas” (Berkeley, 1939:44).

Por tanto, configurar un sello que exprese lo distintivo de las instituciones de educación
superior, se ve complejo si no se tiene como eje algún criterio articulador. ¿Cuál puede ser ese
criterio? y si está ¿cuáles serán los elementos constitutivos de ese sello institucional? ¿puede
configurarse ese sello en tanto identidad de la institución?

MÉTODO

Se ha levantado un sello identitario, mediante el trabajo mancomunado de actores relevantes,
coordinado por un Comité Sello. De esta forma, colaborativamente entre los estamentos de
estudiantes, docentes y administrativos, se llegó al establecimiento de cinco elementos
constitutivos que dan cuenta de una identidad que está anclada en la misma naturaleza de ser
universidad y católica. El Comité sello, sistematizó los documentos rectores de la Universidad
Católica de la Santísima Concepción (UCSC), determinando cuáles eran los conceptos que más
presencia tenían en dicha documentación relacionados con una forma identitaria de querer ser
Universidad. De esta forma, el presente estudio ha seguido el método descriptivo documental,
que ha permitido la configuración de un sello identitario universitario y los alcances
epistemológicos que ello implica para todo el quehacer educativo.

RESULTADOS

El sello identitario UCSC

La formación valórica en la educación superior, se ha venido compendiando en una especie de
“fórmula” que intenta evidenciar un carácter axiológico diferenciador entre las diversas


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instituciones de la educación terciaria. Es el llamado “sello” que cada vez adquiere mayor
relevancia en los procesos de reflexión institucional, vinculados a los correspondientes
procesos de acreditación, que con regularidad deben emprender las casas de estudio (Suazo,
2017: 5). Las consideraciones elementales que la institución tiene de sí misma y de su
quehacer, las que, por cierto, son parte fundamental de lo declarado en dichos procesos,
quedan plasmadas en los documentos como la Declaración de Principios o el Proyecto
Educativo. El espíritu mismo del anhelo de educar, compendiados en la misión y la visión
institucional, se reflexionan y concretan en un proyecto educativo, el que ofrece a los miembros
integrantes de la comunidad y el entorno, la posibilidad de auscultar los elementos identitarios,
a objeto de hacerlos propios y distinguibles para el discernimiento en la concurrencia de
muchos propósitos educativos. En esta línea nos comentan Muñoz, Rico y Saavedra (2008:75):

El Proyecto Educativo Institucional cumple una función muy importante dentro de cada
institución, puesto que, a través de este trabajo, exponemos las principales características,
apuntando a la identidad que los protagonistas deben tener y, por otra, a la unidad existente
entre los grupos que competentemente generarán los diferentes objetivos y actividades
pertinentes a la institución.

Puede contemplarse la necesidad de evidenciar la condición diferenciadora de la institución;
delimitando y prospectando los marcos de desarrollo en los que se encausará la comunidad.
Sumado a las condiciones en las que se establece el proyecto, debemos exponer una efectiva
y coherente respuesta al medio. El proyecto debe comprenderse desde los márgenes de su
cometido, como desde la necesidad de situarse en el contexto, atendiendo las necesidades de
su entorno inmediato. El proceso de reflexión que la institución declara es un camino de diálogo
consigo misma, el contexto y la cultura (Losada, 2014). Este proyecto educativo, además, debe
ser armonioso con la historia institucional, el escrutinio intelectual del medio y, ciertamente,
con los parámetros propios de los ordenamientos emanados desde los marcos normativos de
la autoridad respectiva1. La institucionalidad universitaria atendiendo a lo señalado, se enfrenta
constantemente al desafío de mirar sus fundamentos y trayectoria, y responder a los lances
propios de su tiempo (Ganga-Contreras, Pérez, Mansilla, 2018).

La sociedad contemporánea, en sus diversas facetas y dinamismos, exige de las universidades
la atención a las variables que emergen de los cambios tecnológicos, la innovación y de un
conocimiento que se torna cada vez más complejo en su especificidad. En esta atmósfera, es
que el sistema de gobierno universitario2 debe contemplar la caracterización de dichos
desafíos, estructurando modelos de proyección, que sean respetuosos de los fundamentos e
interrelaciones de la universidad, sin perder, además -como fue dicho- la prospección de la
institución en su mirada estratégica. En este sentido constatan Ganga-Contreras, Pérez y
Mansilla (2018: 125):

Los entornos de desarrollo de las universidades se encuentran delimitados por el alcance de
su declaración estratégica, específicamente de las políticas. Es importante destacar, que las
categorías esenciales de la planeación estratégica orientan hacia dónde se dirige la
organización, en consonancia con la percepción de que la universidad tiene que definir


1 Para conocer los marcos legales relativos a Educación Superior en Chile, revisar Ley 21.091, del 11 de
mayo de 2018. Modificada por la Ley 21.186, del 21 de noviembre de 2019. Cf.
https://www.bcn.cl/leychile/navegar?idNorma=1118991
2 El sistema de gobierno o gobernanza universitaria tiene un rol fundamental, en cuanto permite disponer la
coordinación de los desafíos que enfrenta una institución, dirigiendo esfuerzos interdependientes a un
objetivo fijado por la comunidad. El término “gobernanza” comienza a utilizarse en las ciencias económicas
para denotar la dirección de procesos económicos, asociados a la administración corporativa; siendo
rápidamente adoptado por las ciencias políticas, para su utilización en marcos de coordinación
internacional; adaptándose luego al lenguaje propio de las ciencias sociales (Kehm, 2012; Brunner, 2010).


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claramente su diseño estratégico para lograr configurar su horizonte de desempeño.

La comunidad debe ser fiel a los principios que la propician, además de articularse con una
suficiente flexibilidad, para afrontar los desafíos de crecimiento y desarrollo institucional,
sumado a una efectiva ponderación de los retos propios del contexto.

No obstante, esas mismas exigencias están, cada vez con mayor profundidad, acompañadas
de un crisol que debe manifestar las cualidades humanas, que conducen los desafíos
propiamente académicos de la vida de la comunidad3. El rol de las comunidades universitarias
(Ruiz-Corbella, López-Gómez, 2019), además de la especificidad técnica, se decanta también
desde un aporte social y cultural.

En la región4, las diversas casas de estudio que marcan su presencia y colaboran en la
construcción del devenir del territorio, declaran los elementos que identifican su sello con el
objetivo de establecer las notas diferenciadoras que responden a un escenario e identidad
territorial común. Tenemos, por ejemplo, la Universidad Santo Tomás que declara:

Lo que nos caracteriza como sello brota de la mirada y valoración de la persona que tenía Santo
Tomás de Aquino, y desde ahí se vive el ‘exigir, valorar y apoyar’, que se concreta en una
formación en competencias técnicas, de empleabilidad y valóricas (Instituciones, Tomás de
Aquino, s.f.).

Por su parte, una casa de estudios con importante presencia en la región, como la Universidad
del Desarrollo declara en su misión:

La Universidad del Desarrollo tiene como misión servir a Chile formando profesionales y
generando conocimiento que sea útil y ayude al país en sus necesidades y desafíos del siglo
XXI. Para esto, la Universidad despliega todo su quehacer académico en estrecha colaboración
con el sector público y privado, promoviendo los valores de la libertad y la diversidad, y
fomentando la preocupación por los temas públicos (Universidad del Desarrollo, 2021: 13).

Busca consolidar la Universidad su misión, declarando que aspira:

Formar profesionales que, además del dominio de su disciplina, se caractericen por ser
emprendedores e innovadores, comprometidos con la sociedad y los temas públicos, por tener
una visión global y una aproximación profesional que valore e integre miradas de distintas
disciplinas (Universidad del Desarrollo, 2021: 13).

La Universidad Católica de la Santísima Concepción, ha establecido un sello, cuyo criterio
articulador es su identidad en cuanto Universidad Católica, regional y de carácter público. Esta
identidad está presente desde sus antecedentes remotos a partir del 2 de junio de 1971,
cuando el Honorable Consejo Superior de la Pontificia Universidad Católica de Chile autoriza el
funcionamiento de la Sede Regional Talcahuano (1971-1991) y, fundamentalmente, en la
consolidación de su autonomía con la firma del Decreto N° 64/91 del 10 de julio de 1991, donde
el señor Arzobispo de Concepción, Monseñor Antonio Moreno Casamitjana funda la nueva
Universidad Católica de la Santísima Concepción. La comunidad universitaria ha consolidado
la fidelidad y continuidad de la Declaración de Principios, en todas las manifestaciones del
quehacer de la comunidad, tal como se puede ver en su Declaración de Principios y Estatutos
Generales (2018) y en Farfán, Medina (2021).


3 Para revisar la discusión sobre el rol de la Universidad en los diversos estadios de la historia occidental y
una mirada sobre su rol en el mundo contemporáneo ver Pacheco (1997); Miranda (2016).
4 Octava región, del Biobío, Chile.


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Se ha analizado reflexivamente esta identidad, con los distintos actores de la comunidad
universitaria, coordinados por una estructura ad hoc, denominada Comité Sello5. Como refiere
Uribe Ulloa (2017), se comprende el sello como lo más propio que configura la naturaleza de
lo que la Universidad es, expresado en su declaración de principios, sus estatutos generales, el
proyecto educativo, el modelo educativo y las políticas vigentes. Asumiendo, además, que, en
el caso de una institución educativa católica, debe responder a las orientaciones del magisterio
contenidas en la Constitución Apostólica sobre las Universidades Católicas, Ex Corde
Ecclesiae, y en la normativa vigente emanada del Código de Derecho Canónico. Con todo,

el sello identitario de la Universidad Católica de la Santísima Concepción se caracteriza por: La
búsqueda de la Verdad en el cultivo de los saberes con excelencia académica, mediante el
diálogo fe-razón y teniendo como centro la antropología cristiana católica; velando por la
dignidad de la persona humana, el bien común, la actuación ética y el compromiso social
(Comisión Sello UCSC, 2017: 2).

Elementos constitutivos del Sello

Este sello se complementa con el cultivo de las virtudes, tanto las cardinales: prudencia,
fortaleza, justicia, templanza; como las teologales: fe, esperanza, caridad. No se trata de un
voluntarismo individualista; sino que la formación misma universitaria debe dirigirse a que los
estudiantes –especialmente de pregrado- desarrollen las virtudes para ser profesionales
íntegros y no solamente especialistas en los campos propios de su disciplina. “El hombre
virtuoso es el que practica libremente el bien” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1994: nº 1804).
El sello identitario de la UCSC, está configurado por los siguientes elementos constitutivos:

Búsqueda de la Verdad

“¿Entonces, no quieres conocer la verdad?” Con esta pregunta, la Razón interpela a San Agustín
en los Soliloquios (Agustín, 2014: 31); tras comprobar que el filósofo solo quiere conocer a Dios
y el alma. La respuesta es iluminadora y definitiva: “como si pudiera conocer estas cosas sino
por ella!”

La búsqueda de la Verdad es la vía fundamental, por la que han transitado las tradiciones y
disciplinas en Occidente. Toda actividad intelectual, está conducida en dicha indagación. El
origen mismo de la Universidad como institución, se establece en el deseo conocer la verdad;
de manera que la comunidad universitaria es una manifiesta expresión de las exigencias del
espíritu humano (Bicocca, 2016). Nos es posible afirmar, por tanto, que el trabajo más genuino
de una casa de educación superior universitaria, debe ser la búsqueda de la Verdad, realizando
con apertura el diálogo entre las diversas manifestaciones disciplinares. Para eso la
Universidad debe explorar todos los saberes sin exclusión, atendiendo a las especificidades
metodológicas de cada ciencia, como afirmó Juan Pablo II en la constitución apostólica sobre
las universidades católicas Ex corde Ecclesiae (1990: nº4).

La búsqueda de la Verdad siempre conduce a realidades más altas que trascienden los propios
saberes, en este punto reside la real búsqueda de aquello que es. Así, por diferentes caminos
el intelecto puede llegar finalmente a Dios. El principio teológico de esto es que Dios es Creador
del mundo (Catecismo de la Iglesia Católica, 1994: nº 282); el hombre estudiando la creación,


5 Este Comité -llamado en una primera instancia Comisión Sello- se formaliza mediante el Decreto Rectoría
N°48/2017, del 28 de junio de 2017. Esta instancia la componen: La secretaria general, los decanos de las
Facultades de Estudios Teológicos y Filosofía, de Comunicación, Historia y Ciencias Sociales, de Ingeniería,
los directores de Gestión Estratégica, de Pastoral, dos académicos y dos miembros administrativos de la
Universidad. Su orgánica es de carácter permanente y dentro de sus funciones está el profundizar sobre la
identidad de la Universidad, generando instancias de reflexión sobre el sello en todos los estamentos
universitarios.


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conoce al Creador. “Su inspiración cristiana le permite incluir en su búsqueda la dimensión
moral, espiritual y religiosa, y valorar las conquistas de la ciencia y la tecnología en la
perspectiva total de la persona humana” (Juan Pablo II, 1990: nº7)

Excelencia

La búsqueda de la Verdad exige de la comunidad universitaria un trabajo al más alto nivel. Lo
propio de la Universidad es siempre tender a la excelencia, tal como afirmaba la Congregación
para la Educación Católica: “Promover la calidad de un centro académico católico significa
evidenciar el valor de las actividades desarrolladas, consolidar sus aspectos positivos y, donde
sea necesario, mejorar aquellos carentes” (Congregación para la Educación Católica, 2014). La
excelencia propende al reconocimiento de una acción o condición, que no aspira a lo
circunstancial o contingente; sino que anhela la permanencia (Schwindt, 2015). Es una
condición de cualidad multidimensional, desde la que se comprenden y diseñan sus acciones,
dándole capilaridad a los fundamentos, principios y los objetivos estratégicos de la comunidad;
disponiéndolos para la más plena realización de los miembros, la sociedad y el medio en el que
se inserta. La excelencia es de este modo integradora, no solo de los ámbitos propios de la
institución, los estándares que cumple (García-Jiménez, 2016) y los saberes que imparte, sino
de la cualidad y apertura que la define, en tanto que dispuesta a lo universal.

Uno de los aspectos en el origen de educación universitaria católica, es comprenderse
depositaria de un deber no solo académico; sino cultural y espiritual. La educación de la
comunidad universitaria católica, contribuye al desarrollo del pensamiento en ciencia y
humanidad (Congregación para la Educación Católica, 2014: 22); armonizando en su progreso,
los más altos estándares de calidad exigidos por el propio quehacer académico, la
investigación, innovación, y los marcos institucionales y externos que acreditan dichos
procesos; de la misma forma que ofrece una perspectiva que vincule a los miembros que la
integran, con la virtud y la apertura a lo trascendente.

Diálogo fe-razón

La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la
contemplación de la verdad. Dios ha puesto en el corazón del hombre el deseo de conocer la
verdad y, en definitiva, de conocerle a Él para que, conociéndolo y amándolo, pueda alcanzar
también la plena verdad sobre sí mismo (cf. Ex 33, 18; Sal 27 [26], 8-9; 63 [62], 2-3; Jn 14, 8; 1
Jn 3, 2) (Juan Pablo II, 1998).

Con estas palabras, queda de manifiesto el espíritu que debe conducir el cometido de la
comunidad universitaria. “Credo ut intelligam, intelligo ut credam” (creo para entender, entiendo
para creer), esta famosa frase de San Agustín ayuda a vislumbrar que, en la tradición, no existe
contraposición entre estas dos dimensiones; por el contrario, pueden comprenderse como
adyacentes y relacionadas. En 1852, tras ser nombrado Rector de la nueva Universidad Católica
de Dublín, John H. Newman desarrolla una serie de discursos, que ofrecerían a la naciente casa
de estudios, una trayectoria para su posterior desarrollo y consolidación. Los discursos,
recopilados en su obra The Idea of a University abordan la relación que debe existir en una casa
de estudios abierta a la Revelación (2016).

La búsqueda de la Verdad se forja investigando toda la realidad, todas las manifestaciones del
saber. Sin embargo, estos saberes están iluminados desde la fe cristiana. La fe no anula la
razón; sino que la amplía. La fe invita a maravillarse ante el misterio de la creación,
ensanchando sus horizontes. En el campo de la vida universitaria y la investigación que en ella
se desarrolla. Francisco nos invita a examinar los caminos en los que se despliega la ciencia:


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La fe despierta el sentido crítico, en cuanto que no permite que la investigación se conforme
con sus fórmulas y la ayuda a darse cuenta de que la naturaleza no se reduce a ellas…, la fe
ensancha los horizontes de la razón para iluminar mejor el mundo que se presenta a los
estudios de la ciencia (Francisco, 2013: n. 34).

Ex Corde Ecclesiae plantea

La Universidad Católica debe comprometerse, más específicamente, en el diálogo entre fe y
razón, de modo que se pueda ver más profundamente cómo fe y razón se encuentran en la
única verdad. Aunque conservando cada disciplina académica su propia identidad y sus
propios métodos, este diálogo pone en evidencia que la ‘investigación metódica en todos los
campos del saber, si se realiza de una forma auténticamente científica y conforme a las leyes
morales, nunca será en realidad contraria a la fe, porque las realidades profanas y las de la fe
tienen su origen en el mismo Dios’. La vital interacción de los dos distintos niveles de
conocimiento de la única verdad conduce a un amor mayor de la verdad misma y contribuye a
una mejor comprensión de la vida humana y del fin de la creación (Juan Pablo II, 1990: nº 17).

Dignidad de la persona humana

La concepción antropológica cristiana-católica, releva la dignidad de la persona humana,
dignidad dada por Dios al crearlo con la singularidad de ser imago Dei (Uribe Ulloa, 2022). Tal
dignidad consiste en que la persona humana tiene un valor en sí misma, por tanto, nunca puede
ser un medio y debe ser respetada desde su concepción hasta el momento final de la vida.

Esta antropología cristiana concibe al hombre y la mujer situados en el mundo, relacionados
con la naturaleza, con los demás y con Dios. Los ámbitos de relación son: creado a imagen de
Dios; Cristo es el paradigma del hombre; unidad en cuerpo y alma; ser personal, abierto a la
trascendencia. El Concilio Vaticano II, lo expresa de la siguiente manera: “Cristo, el nuevo Adán,
en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor manifiesta plenamente el hombre
al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación” (Documentos del Concilio
Vaticano II, Gaudium et spes, n. 22). El teólogo Luis Ladaria, lo plantea como sigue:

La revelación cristiana presupone el hombre y por tanto una cierta idea que éste tendrá de sí
mismo; pero, por otra parte, la novedad de la encarnación del Hijo no puede dejar de enriquecer
e iluminar esta visión. Por tanto, a partir de la revelación el cristianismo puede, y aún debe,
reivindicar una noción propia del hombre, que en muchos aspectos coincidirá con la que
ofrezcan la filosofía y las ciencias humanas y que deberá enriquecerse con sus aportaciones,
pero que poseerá una irrenunciable originalidad. En este sentido hablamos de ‘antropología
cristiana’ (Ladaria, 1992: 92).

Si el hombre y la mujer están hechos a imagen de aquel que se llama a sí mismo Amor; solo
bajo la luz de su amor, puede quedar iluminada su naturaleza (Gallardo, 2020). La comprensión
contemporánea de dignidad, usualmente se reduce a una construcción epistémica que se
debate entre el derecho y un deber ser en la ética pública. La conceptualización de dignidad
está vinculada en nuestro tiempo, usualmente a procesos de revisión del pensamiento político
y una reconfiguración del naciente rol del Estado en el siglo XVIII. Se le asigna a la dignidad de
la persona una carga moral y política o, en su defecto en el mejor de los casos, una conexión a
los Derechos Humanos (Pele, 2015. Alvarado, 2017).

Para la comprensión antropológica cristiana, la dignidad es la condición misma de existir
traspasada por el amor de aquel que es Amor. La dignidad cristiana supera la constatación
ontológica, la asume; sin embargo, la supera; pues tiene su cimiento en aquel que es verdadero
fundamento de la realidad. Con especial atención la Universidad Católica asume este principio,
pues en su misma configuración promueve y custodia la búsqueda de la verdad y el anhelo de


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bien.

Bien común y desarrollo sostenible

Ante la pregunta por la Universidad, Giannini comienza su respuesta asumiendo que es la
“institución social, que ofrece a la ciudadanía los más altos estudios” (2012). Los desafíos
contemporáneos, profundizan y ofrecen nuevas perspectivas a la función esencial de la
Universidad. Una sociedad compleja exige de las comunidades universitarias un compromiso
y orientación que vincule las problemáticas que la aquejan, con la investigación desarrollada
por las casas de estudio; por este motivo, las múltiples facetas de la vida universitaria
contemporánea, están orientadas en la búsqueda del bien común.

Para ejercer un apostolado intelectual, propendiendo a un bien superior. El bien común es “el
conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos y a cada uno de
sus miembros conseguir más plena y fácilmente su propia perfección” (Documentos del
Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, n. 26). La Universidad cumple un rol cardinal en esta
misión, pues el sentido mismo de comunidad universitaria es propiciar dichas condiciones,
desde los ámbitos que le son propios como la docencia, investigación, innovación y
transferencia tecnológica, a condición de los debidos procesos de aseguramiento de la calidad
y la efectiva vinculación con el medio. El ser mismo de la Universidad, en cuanto comunidad es
de relación. En el caso de la Universidad con identidad católica, dichas articulaciones requieren
un especial discernimiento, pues el principio fundante de toda actividad en la comunidad
universitaria católica es la persona en toda su magnitud (Documentos del Concilio Vaticano II,
Gaudium et spes, n. 15).

Brota de la consideración por la persona humana y su dignidad, el deber de procurar el bien de
todos y cada uno de los miembros de nuestra sociedad; con particular atención, el de los más
desposeídos. Esta es una disposición eminentemente ética, disposición que la Universidad
cristaliza en la diversidad de programas de formación y servicios en bien de la sociedad. La
comunidad universitaria católica ofrece una formación dada en un contexto de fe, que prepare
personas capaces de un juicio racional y crítico, conscientes de la dignidad trascendental de la
persona humana. Esto implica una formación profesional que comprenda los valores éticos y
la dimensión de servicio a las personas y a la sociedad. (Documento de Aparecida, 2007, n.
341)

Todo bien -intelectual o material- que esté dispuesto a los demás, cumple con una mínima
estima social; esta disposición para la universidad católica es su origen y objetivo. En la medida
que la persona se encuentre en el centro de las muchas expresiones intelectuales y culturales
de la universidad, la institución podrá exteriorizar su compromiso con el desarrollo regional y
el compromiso público que le da sentido.

El establecimiento del sello-identidad con sus elementos constitutivos, reclama urgentemente
una operacionalización que ayude a un ejercicio constante de él en los distintos ámbitos del
quehacer universitario.

CONCLUSIÓN

Evidenciamos la necesidad de una mirada ética y esencialmente antropológica, que debe ser
recogida en el espíritu que anima el proyecto educativo de las instituciones de educación
superior en nuestra región. Esta mirada que va más allá de entregar sólo la formación
especializada en las distintas disciplinas, lleva a configurar un sello diferenciador que se
relaciona con lo axiológico y que intenta reflejar la naturaleza identitaria de cada casa de
estudios.


LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2023, Volumen IV, Número 1 p 3542.

En el caso de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, Chile. Se ha levantado un
sello identitario, mediante el trabajo mancomunado de actores relevantes, coordinado por un
Comité Sello. De esta forma, colaborativamente entre los estamentos de estudiantes, docentes
y administrativos, se llegó al establecimiento de cinco elementos constitutivos que dan cuenta
de identidad que está anclada en la misma naturaleza de ser universidad y católica. Los
elementos constitutivos del sello, a saber: Búsqueda de la Verdad, excelencia, diálogo fe-razón,
dignidad de la persona humana, bien común y desarrollo sostenible. Estos son una ruta por
donde transitar tanto en la gobernanza como en todo el proceso propiamente universitario
como es la docencia, investigación, innovación y vinculación con el medio. Esos elementos
vertebradores no pueden ser sino, expresión -por una parte- de la rica tradición universitaria de
la Iglesia y -por otra- desafíos permanentes para un diálogo fecundo con la sociedad actual en
toda su complejidad.

Como un camino de operacionalización, para cada elemento del sello, podrían servir las
siguientes acciones a futuro verificables. Búsqueda de la verdad: Persona que en su función
propia es abierta a la trascendencia. Persona que en su quehacer diario actúa en la verdad.
Excelencia: Persona que tiene método, es riguroso y se planifica. Persona que tiene
aspiraciones y motivación de logro. Persona que estudia y persevera. Diálogo fe - razón:
Persona creyente que pone su fe en diálogo con la cultura actual. Persona creyente que pone
su fe en diálogo con las ciencias. Persona no creyente que valora la fe católica para un quehacer
universitario de excelencia. Persona no creyente que respeta y se adhiere al proyecto formativo
de la universidad católica Dignidad de la persona humana: Persona que valora a los demás por
lo que son y no por lo que tienen. Persona que se preocupa constantemente por el bien estar
del otro. Persona que respeta a todos los integrantes de la comunidad universitaria sin
discriminación. Bien común y desarrollo sostenible: Persona que se preocupa por su entorno.
Persona que actúa moralmente bien en todos los ámbitos tanto laborales como personales.
Persona que tiene permanentemente una sensibilidad hacia los más desfavorecidos.


LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2023, Volumen IV, Número 1 p 3543.

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