Asimismo, los hallazgos del presente estudio muestran una elevada prevalencia de comorbilidades
metabólicas como obesidad, hipertensión arterial, dislipidemia y diabetes mellitus tipo 2. Estas
condiciones, al coexistir con la menopausia, potencian el riesgo cardiovascular de manera sinérgica.
Estudios previos han demostrado que la combinación de adiposidad central, resistencia a la insulina y
dislipidemia aterogénica en mujeres posmenopáusicas incrementa significativamente la probabilidad
de eventos cardiovasculares (Zacarías-Flores et al., 2021; Supe-Sailema, 2023).
Mediante la aplicación de encuestas a 126 mujeres en la Unidad de Medicina Familiar No. 45 (UMF 45),
se identificó que, a mayor número de años en menopausia, mayor es el riesgo cardiovascular,
especialmente en presencia de comorbilidades. La prueba estadística de chi-cuadrada validó la
hipótesis de estudio con una significancia de p = 0.004, confirmando la asociación entre menopausia
y riesgo cardiovascular.
Desde la perspectiva del primer nivel de atención, la identificación temprana del riesgo cardiovascular
resulta fundamental. La Organización Panamericana de la Salud (2023) y las guías de la Sociedad
Interamericana de Cardiología (2022) recomiendan la evaluación sistemática del riesgo cardiovascular
en mujeres mayores de 50 años mediante herramientas validadas, como la tabla SCORE, con el fin de
implementar intervenciones preventivas oportunas. En este estudio, la aplicación de dicha herramienta
permitió identificar a un porcentaje considerable de mujeres con riesgo moderado y alto, lo que subraya
su utilidad en el contexto clínico cotidiano.
Otro aspecto relevante es la percepción del riesgo por parte de las mujeres. Diversos autores han
señalado que muchas mujeres no reconocen la menopausia como un periodo de vulnerabilidad
cardiovascular, lo que puede retrasar la adopción de conductas preventivas y la búsqueda de atención
médica (Martínez, 2021; Villalobos, 2023). En este sentido, la educación para la salud y la promoción
de estilos de vida saludables constituyen estrategias clave para disminuir la carga de enfermedad
cardiovascular en esta población.
Entre las limitaciones del estudio se encuentra su diseño transversal, que impide establecer relaciones
causales entre la menopausia y el riesgo cardiovascular. Además, no se incluyeron variables
sociodemográficas como nivel educativo, ocupación o estado civil, las cuales podrían influir en el
riesgo cardiovascular y en el acceso a servicios de salud. No obstante, los resultados aportan evidencia
relevante para el contexto local y regional, y coinciden con la literatura existente.
Los resultados obtenidos en la población evaluada muestran que a medida que aumentan los años
desde el inicio de la menopausia, también aumenta la probabilidad de sufrir enfermedades
cardiovasculares, especialmente cuando coexisten condiciones como diabetes tipo 2, hipertensión,
obesidad, dislipidemia y estilos de vida poco saludables. El estudio realizado en la Unidad de Medicina
Familiar No. 45 se ha evidenciado que la pérdida de estrógenos compromete la función del sistema
cardiovascular, por lo que se requiere un seguimiento constante en mujeres posmenopáusicas.
En conjunto, los hallazgos de este estudio refuerzan la necesidad de integrar la evaluación del riesgo
cardiovascular como parte rutinaria de la atención a mujeres en etapa de menopausia en el primer nivel
de atención, así como de fortalecer las estrategias preventivas enfocadas en esta población.
CONCLUSIÓN
La menopausia constituye una etapa crítica en la vida de la mujer, caracterizada por cambios
hormonales que incrementan el riesgo cardiovascular, especialmente cuando se asocia con
comorbilidades metabólicas. En este estudio se demostró una asociación significativa entre los años
de menopausia y el nivel de riesgo cardiovascular.
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, febrero, 2026, Volumen VII, Número 1 p 407.