LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2023, Volumen IV, Número 1 p 3977.

DOI: https://doi.org/10.56712/latam.v4i1.541
Ciberbullying a través de WhatsApp en jóvenes migrantes
de la frontera norte de Ecuador: análisis de sus formas y

consecuencias
Cyberbullying through WhatsApp in young migrants of the northern

border of Ecuador: analysis of its forms and consequences

Bryan Patricio Moreno Gudiño
sr.bryan.moreno@hotmail.es

https://orcid.org/0000-0002-3184-4965
Universidad Nacional de Rosario

Ibarra – Ecuador

Diana Ruiz Onofre
caridad.ruiz@upec.edu.ec

http://orcid.org/0000-0002-7121-1548
Universidad Politécnica Estatal del Carchi

Mira – Ecuador

Artículo recibido: 30 de marzo de 2023. Aceptado para publicación: 03 de abril de 2023.
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.


Resumen
Esta investigación tiene como objetivo profundizar en el ciberbullying y su práctica contra
jóvenes migrantes de entre 15 y 19 años en Imbabura y Carchi, provincias de la Sierra Norte del
Ecuador. Un diseño metodológico sencillo pero preciso, permite detectar y caracterizar
detalladamente aquellas representaciones del ciberacoso, por medio de una aproximación a
muestras homogéneas por oportunidad, en correspondencia con el grupo de estudio definido. La
aplicación de entrevistas semiestructuradas en profundidad recopila los testimonios de jóvenes
colombianos y venezolanos como víctimas directas o indirectas de ciberacoso, específicamente
a través de los formatos soportados por el sistema de mensajería instantánea WhatsApp.

Palabras clave: ciberbullying, jóvenes, movilidad humana, whatsapp, ecuador


Abstract
This research aims to delve into cyberbullying and its practice against young migrants between
the ages of 15 and 19 in Imbabura and Carchi, provinces of the Sierra Norte of Ecuador. A simple
but precise methodological design allows to detect and characterize in detail those
representations of cyberbullying, through an approximation to homogeneous samples by
opportunity, in correspondence with the defined study group. The in-depth semi-structured
interview application collects the testimonies of young Colombians and Venezuelans as direct or
indirect victims of cyberbullying, specifically through the formats supported by the WhatsApp
instant messaging system.


LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2023, Volumen IV, Número 1 p 3978.

Keywords: cyberbullying, youth, human mobility, whatsapp, ecuador






























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Como citar: Moreno Gudiño, B. P., & Ruiz Onofre, D. (2023). Ciberbullying a través de WhatsApp
en jóvenes migrantes de la frontera norte de Ecuador: análisis de sus formas y consecuencias.
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 4(1), 3977–3994.
https://doi.org/10.56712/latam.v4i1.541


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ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2023, Volumen IV, Número 1 p 3979.

INTRODUCCIÓN

La digitalización durante los confinamientos hizo de las redes sociales y plataformas digitales
indispensables en la vida diaria. Los jóvenes continuaron su formación académica en línea, pero
muchos enfrentaron riesgos como el ciberacoso debido a la brecha tecnológica y su acceso
temprano a dispositivos digitales. La comprensión de dicho concepto como traslación del acoso
al ciberespacio y sus herramientas se configura como una afrenta a la tendencia que, según Chou
& Gaysynsky (2021), apunta a tratar a las redes sociales, especialmente, como algo separado del
mundo real. Por tanto, es la muestra fehaciente de que, en realidad, estos medios representan
una gran parte de la vida moderna, reflejando y hasta moldeando “activamente”, para que las
acciones que ocurren offline sean de una u otra forma.

¿Qué ocurre cuando todas estas realidades confluyen en un mismo contexto? Ecuador ha sido
un importante epicentro del flujo migratorio proveniente de Colombia y Venezuela, ya sea como
país de paso o como nueva residencia de sus protagonistas y, por ende, un escenario que
encierra una posible respuesta a la mencionada interrogante.

El proceso de adaptación a un nuevo país puede ser difícil para los jóvenes migrantes, pero la
educación a distancia puede ayudarles a mantener el contacto con su país de origen y amigos.
Sin embargo, las plataformas digitales también pueden ser utilizadas para el ciberbullying y la
xenofobia. Aunque los jóvenes son expertos en tecnología, pueden carecer de habilidades
psicológicas y éticas, lo que los deja en un estado de vulnerabilidad.

Aunque ciertamente no existe un perfil acotado sobre las potenciales víctimas de ciberacoso, es
evidente para entidades tan significativas como la ONU y la UNICEF que los jóvenes migrantes
son blanco común de este tipo de agresiones, extensivas, en general, a aquellos individuos que
se identifiquen con conglomerados prejuzgados e históricamente denigrados. En esta línea, el
presente proyecto de investigación tiene como propósito general caracterizar las formas
específicas de ciberbullying que se despliegan en el modelo de convivencia virtual vía WhatsApp,
a través de experiencias relatadas por las y los jóvenes migrantes de entre 15 y 19 años que viven
en las provincias fronterizas de Imbabura y Carchi.

De manera más detallada, esta indagación está guiada por dos objetivos específicos que, en su
conjunto, aportan a la comprensión panorámica de este problema y a la exploración de
soluciones efectivas, basadas en el rescate de la empatía y el aprovechamiento de los recursos
tecnológicos:

● Fomentar la adquisición de habilidades cognitivas e instrumentales en el uso de lenguajes
tecnológicos para interpretar el contenido explícito/implícito y establecer relaciones críticas
y coherentes.

● Identificar las formas de ciberbullying en el contexto de la interacción en línea, mediante la
realización de entrevistas personales que indaguen sobre los chats y estados de WhatsApp
a los que el grupo de estudio ha estado expuesto.

Hiperconectividad y adelanto de las tecnologías de la información y comunicación

Las condiciones instauradas por el advenimiento de la sociedad contemporánea entrañan un
vertiginoso crecimiento de las tecnologías de la información y comunicación. Como señalan Reig
y Vílchez (2013), la situación que actualmente vive la humanidad se corresponde fácilmente con
una escena borgiana que representa “un mundo de pantallas conectadas, de conversaciones
interminables, de imágenes y sonidos en continuo movimiento, de ágoras bulliciosas y en
apariencia caóticas: la era de la hiperconectividad” (p. 9).


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Dicho concepto describe un estado de conexión permanente “a los entornos digitales, a través
de diferentes dispositivos tecnológicos, especialmente de los teléfonos inteligentes e Internet”
(López Blanco, 2015, p. 4). Esto es posible gracias a dos fenómenos correlacionados, expuestos
por los mismos autores: la incesante innovación tecnológica que, al mismo tiempo, produce un
efecto de apropiación en sus usuarios, ya sean individuales o colectivos.

De acuerdo con sus mentalizadores, Quan-Haase & Wellman (2005), la hiperconectividad se
entiende como la “disponibilidad de las personas, para comunicarse donde sea y en cualquier
momento” (p. 285). Para ellos, este es sólo uno de los fenómenos suscitados por el antes
insospechado protagonismo de la comunicación mediada por computadoras, junto con la
virtualidad local y la globalización. Claramente, se trata de una realidad donde lo local e individual
recibe influencia de las tendencias globales y, al tiempo, trasciende hacia una socialización tan
amplia, que se vuelve mundial, en fracciones de segundo, en tiempo real y, lo más importante, sin
dejar la base geográfica local desde donde se establece la comunicación.

Sin embargo, es importante reconocer, al igual que Zarzalejos (2018), que la capacidad humana
para comprender las potencialidades de cada nuevo eslabón que aparece dentro de la cadena
evolutiva de la tecnología en varios ámbitos, así como su asimilación positiva y su utilización son
relativamente nuevas. De hecho, añade que la sociedad pasó, en poco tiempo, de una visión
totalmente favorable, a una perspectiva recelosa sobre Internet y sus aplicaciones, pero que, sin
problema, es una concepción que puede trasladarse a toda la producción tecnológica en general.

Ahora bien, dentro de las numerosas posibilidades que Internet ofrece en cuanto a redes sociales,
Ayala Pérez (2015) considera que existen cuatro grandes tipos de estas: las megacomunidades
–que incluirían a Facebook, MySpace y Twitter–, las redes abiertas para compartir archivos
multimedia –tales como YouTube, SlideShare o Flickr–, las redes temáticas o microcomunidades
específicas –a saber, Ning, Elgg o Google Groups– y los sistemas de mensajería instantánea
tradicional por SMS o en línea por WhatsApp.

Subjetividad: procesos de construcción y transformación individual y social en línea

Los procesos mediante los cuales se estructura la subjetividad, son ahora múltiples y,
evidentemente, novedosos. De acuerdo con Marcuse (1969), las necesidades creadas tienen una
incidencia en la construcción de la subjetividad. Hoy en día, el sujeto fragmentado se constituye
a partir de un sinfín de aristas o nichos. Es decir, de cada uno de los significantes dispersos que
son establecidos de manera social. Citando a Barthes, en González Aguirre (2012), es imperioso
mirar aquella resignificación de los procesos para delegar ese sujeto completo por uno abierto y
creativo sobre sí mismo. Un escenario de construcción –dinámico– que posiciona distintas
formas de socialización. Puesto que, sin duda alguna, el entorno virtual/digital se ha convertido
en la parte fundamental de la interacción de millones de personas. Así, durante los dos últimos
decenios ha modificado nuestra forma de comunicar e interrelacionarnos.

De acuerdo con D’Angelo Hernández (2004), de forma particular, en el actual escenario “la
solución a la relación dicotómica entre objetividad y subjetividad tiende a resolverse a través del
concepto de intersubjetividad” (p. 2), según el cual, un sistema se define por las relaciones
recíprocas entre sus componentes. Asimismo, considera que todas las prácticas individuales y
grupales constructoras de significado otorgan “énfasis en la intervención de los sujetos en la
configuración de lo social” (p. 2). Esto último es, entonces, la clave del gran ecosistema digital
en el que habitan hoy los seres humanos: si bien la tecnología –aparatos, software, códigos,
internet– es el contexto general donde estos confluyen, su cimiento, las personas y sus
interrelaciones cargadas de valores y actitudes subjetivas son su motor.


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Efectivamente, la transformación social no viene dada sólo por un cambio formal del concepto y
las funciones de las distintas comunidades que participan hoy de lo que McLuhan denominó
como “aldea global”, sino también por una reconfiguración de su vivencia. Aunque compartió
esta noción con años de anticipación, respecto a su materialización, no se equivocó al señalar
en una entrevista, publicada por Jofré (2000): “en realidad, una aldea no es una cosa ideal, porque
la gente sabe demasiado acerca de los demás. […] En la aldea global eléctrica la gente sabe
demasiado, y ya no hay lugar donde esconderse” (p. 158). Ese querer saber sobre los ‘vecinos’
del ciberespacio sirve de inspiración, por ejemplo, para la aparición y empleo de las redes
sociales, como facilitadoras para la formación de aquella aldea en la que todavía no hay una
jurisdicción que la gobierne (Ayala Pérez, 2012).

Representaciones del ciberbullying y lo nuevo del ciberacoso escolar

El ciberacoso no se trata de una situación aislada, sino de un fenómeno social producto de “una
desorientación cultural, de una conformación de nuevas identidades, de exclusión social, de
globalización, de aferrarse a las pocas identidades disponibles o estallar en fragmentos”, en
palabras de Skliar, citado por Briuoli (2007, p. 83). Pero también, siguiendo a Velázquez Reyes
(2009), estos episodios de violencia se pueden llegar a entender como formas de constitución
de la subjetividad juvenil actual, aunque incorrectas, ciertamente.

Además, cabe apuntar que últimamente, las pesquisas llevadas a cabo en diferentes contextos
abogan por analizar el fenómeno desde el punto de vista de las conductas que implica, más que
del medio a través del cual se efectúan. De forma particular, porque, según Guevara Riera (2019),
ya “no tiene sentido disociar el teléfono móvil e Internet como dos formas de ciberacoso” (p. 5),
debido a que la irrupción de los smartphones o teléfonos inteligentes “supone la fusión en un
mismo medio de todo el proceso de ciberacoso” (p. 5).

En el ámbito escolar, el acoso se convierte en un fenómeno psicosocial, producto de un complejo
contexto de relaciones comunicativas interpersonales (Salmivalli, Lagerspetz, Österman y
Kaukiainen, 1996), donde se han sumado las tecnologías de la información y comunicación como
amplificadores directos de dichas situaciones de conflicto (Tokunaga, 2010), estableciendo roles
donde un sujeto interconectado aprende a dominar y otro a resignarse a esta dominación (Del
Rey y Ortega, 2007).

Así, esta problemática adopta una dinámica envolvente que le permite ejercerse fuera de las
fronteras del contexto escolar y, por tanto, más difícil de sortear para la víctima. Su nivel de
intensidad se incrementa en función de las múltiples vías por las que puede llegar la acción
violenta, pues ya no solo se trata de golpes o insultos en el aula de clase o en el patio de una
institución educativa durante el horario académico, sino de ofensas que se adaptan al carácter
multiformato y multiplataforma de internet, los ordenadores y los celulares, y además, se emiten
a cualquier hora y sin importar dónde se encuentren sus actores. Aunque, como menciona
Guevara Riera (2019), se mantienen constantes en relación a otros tipos de acoso presencial, la
tendencia a mantener una actitud pasiva y el silencio sobre lo que acontece, la repetición de
actos violentos durante un período determinado de tiempo y, sobre todo, un vínculo de dominio-
sumisión entre víctima y victimario.

En este sentido, las principales representaciones del ciberbullying que se han identificado son
las que se describen a continuación (Tabla 1), tomando en cuenta los aportes de Mendoza López
(2012) y Kaspersky Team (2016), que aglutinan genéricamente las teorizaciones de otros autores
citados en párrafos anteriores:


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Tabla 1

Representaciones más comunes del ciberacoso

TIPO DEFINICIÓN MODALIDADES DERIVADAS

Insulto electrónico
Intercambio agresivo e intenso entre
dos o más personas, en
conversaciones privadas o públicas.

Troleo: Incitación a una respuesta
enérgica y agresiva, a través de insultos
cada vez más subidos de tono.

Hostigamiento

Generación de alteración emocional en
una persona, con palabras y acciones
reiteradas que él resulten molestas,
ejercidas por medio de mensajes de
texto, correos, chats…

-

Denigración

Difusión de imágenes, textos o videos
despectivos y falsos contra una
persona, a través de páginas web, redes
sociales, correos electrónicos o
mensajes privados.

-

Suplantación

El ciberagresor se hace pasar por su
víctima, ingresando a sus perfiles
reales u otorgándole una identidad
distinta, para causarle problemas con
sus amigos, enviando información
maliciosa.

Fraping: Acceso no consentido a los
perfiles en redes sociales que posea una
persona, para publicar a su nombre,
mensajes inapropiados y, por ende,
dañar su reputación.
Perfiles falsos: El acosador usa perfiles
falsos, direcciones de correo
electrónico o teléfonos de otras
personas, o bien falsos, para
mantenerse en el anonimato.
Catfishing: Robo de fotografías u otro
tipo de información personal que un
usuario haya subido en sus perfiles de
redes sociales, para crear un perfil falso
con su mismo nombre o haciéndose
pasar por otra persona.

Desvelamiento
y sonsacamiento

Revelación de una información
comprometedora sobre la víctima.

Bajo engaño: el acosador se gana la
confianza de la víctima para conseguir
que revele información personal que
luego será difundida maliciosamente.

Exclusión y
ostracismo

La exclusión implica que una persona
no sea tomada en cuenta dentro de un
grupo de amigos, o que sea expulsada
de allí.
El ostracismo se refiere a no responder
un mensaje de una persona o no
hacerlo pronto, evidenciando
menosprecio.

-

Ciberpersecución
Envío constante de mensajes
electrónicos amenazantes para
perseguir a alguien.

-

Capturas
momentos

Difusión maliciosa y no consentida de
material fotográfico o audiovisual
sobre aspectos íntimos de una
persona.

-

Paliza feliz
o happy slapping

Grabación de una agresión (golpes,
hostigamientos, travesuras…) contra la
víctima, para compartirla en los medios
electrónicos.

-

Fuente: Elaboración propia, a partir de Mendoza López (2012) y Kaspersky Team (2016).

Otro aspecto importante para comprender esta problemática tiene que ver, sin duda, con sus
protagonistas. Sánchez Pardo et al. (2016) destacan la confluencia de tres actores: el agresor, la


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víctima y los testigos, que son efectivamente los mismos roles presentes en el acoso escolar y
otras formas de violencia de este tipo.

Respecto a cada uno de ellos, los autores precisan algunas características que explican de
manera más precisa la dinámica del ciberbullying. Así, de acuerdo con la evidencia recopilada,
los acosadores, por lo general, provienen de familias disfuncionales, presentan un déficit
axiológico importante, un alto nivel de impulsividad, bajo rendimiento escolar y ausentismo,
necesidad permanente de dominación, tendencia a usar la violencia directa o indirectamente.

Por su parte, la víctima evidencia algunos rasgos asociados con los factores de riesgo de tipo
personal, expuestos en el subtema correspondiente, tales como baja autoestima, dificultades
para relacionarse socialmente y para defenderse, uso escaso de redes sociales, con
antecedentes de sobreprotección y de victimización. Sin embargo, hay ocasiones en que “el perfil
de las víctimas es antagónico al descrito, dominando rasgos como el éxito social y académico
[…] puesto que el acosador no soporta el éxito o superioridad de la víctima, que acaba convertida
en chivo expiatorio de su frustración” (p. 22). Y asimismo ocurre que su rol puede mutar hacia el
de agresor, contra sus mismos acosadores u otras personas, a manera de venganza, pero
también, anotan los autores, como un método para “canalizar la ira y el sentimiento de
impotencia” (p. 22).

Por último, el que para Guevara Riera (2019) considera que es el participante más crucial dentro
de esta relación agresiva. Sánchez Pardo et al. (2016) coinciden al señalar que reviste “una gran
relevancia en la aparición y el mantenimiento de las conductas de acoso cara a cara como virtual.
De hecho muchos de estos comportamientos no se producirían si no contaran con su
participación” (p. 23). Se trata de una persona que no agrede, pero apoya al agresor; simpatiza,
“pero nunca participa directamente con él” (Guevara Riera, 2019, p. 8), es neutral frente a una
agresión; se muestra a favor de la víctima, pero no evita el acoso, aunque la defiende activamente
y le ayuda como puede.

Migrantes: la agrupación más vulnerable al ciberacoso

Si bien es cierto, el ciberacoso es una práctica reprobable, orquestada por cualquier persona y
de igual forma, orientada hacia otra, hay grupos de menores de edad que por su condición social
económica, sexual, religiosa, familiar o migratoria u otro tipo de factores individuales tienen más
probabilidades de convertirse en víctimas de esta problemática. Se trata de perfiles específicos
que los agresores prefieren como detonantes para llevar a cabo sus ofensas.

En este contexto, de acuerdo con varios autores (Fundación Mutua Madrileña y Fundación ANAR,
2017; Kowalski, Limber y Agatston, 2010; Crespo Balderrama, Donoso Vargas y Gómez Díaz,
2019; Palmer Padilla, 2017), los grupos de mayor riesgo ante este flagelo son: los niños, niñas y
adolescentes con discapacidad, los migrantes, los que se autoidentifican como parte de una
etnia o cultura diferente a la mayoritaria y, particularmente, las chicas.

Sin embargo, un reporte de las Naciones Unidas (2016) resalta que los estudiantes migrantes
tienden a ser incluso más vulnerables a este tipo de acoso, respecto a sus coetáneos nativos, lo
cual desencadena una serie de consecuencias irreversibles en su desarrollo y búsqueda de
nuevas oportunidades. Y así lo ratifica UNICEF (2018), en un informe donde se señala que, si bien
las TIC desempeñan un rol esencial para los jóvenes migrantes y refugiados como equipos de
apoyo para su comunicación y desplazamiento, más bien se transforman en las principales vías
de circulación del ciberacoso que se ejerce en su contra.



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METODOLOGÍA

Por sus características, los flujos de interacción aquí analizados se convierten en agentes
facilitadores de la construcción de significados. Por tanto, la idea es comprender las funciones
que se amplifican de este desarrollo tecnológico en la construcción de la subjetividad. De tal
forma, la investigación en cuestión se perfila desde una metodología mixta, asentada sobre los
enfoques cualitativo y cuantitativo, puesto que se nutre de la compleja dinámica discursiva y
numérica valorativa. Un estudio que prorrumpe entre los rasgos esenciales del fundamento
comunicacional para trasladarse hacia un esquema referencial para el caso señalado.

En correspondencia con ello, para Hernández-Sampieri, Baptista-Lucio y Fernández-Collado
(2010), este doble enfoque comprende un acercamiento a la realidad objetiva, desde la
perspectiva cuantitativa; y a la realidad subjetiva, desde la disposición cualitativa, que se
resumen en un contexto intersubjetivo como resultado del aprovechamiento de una óptica mixta
del proceso indagatorio.

Dado que el objeto de estudio corresponde a un fenómeno social, que requiere de un abordaje
cuidadoso pero profundo, al mismo tiempo, la perspectiva cualitativa con alcance descriptivo y
correlacional se constituye como eje medular de los procesos investigativos que se van a
desarrollar. Lo cuantitativo será, de hecho, una consecuencia complementaria que aporte a la
construcción de una panorámica situacional actualizada sobre el acoso cibernético.

MÉTODO

Se considera que el método más adecuado para llevar a cabo esta indagación es el analítico-
sintético. Puesto que el ciberacoso se evidencia a través de actos puntuales que una persona
ejerce sobre otra, con diversos matices, la atención debe ponerse sobre las “identidades y
diferencias” implícitas en los testimonios individuales relativos a este fenómeno y “que a su vez
establecen interacciones que dan las características del todo” (Rodríguez Jiménez y Pérez
Jacinto, 2017, p. 186). De este modo, será posible contrastar cada aporte y comprenderlo como
parte significativa y constitutiva de este problema.

Precisamente así es como opera su complemento, es decir, la síntesis. Una vez que se han
extraído las particularidades de cada experiencia propuesta por los participantes, “se integran
dichas partes para estudiarlas de manera holística e integral” (Rodríguez, 2007, p. 15). El objetivo
será configurar lineamientos generales “con validez particular para el suceso o realidad que se
investiga” (Calduch Cervera, 2014, p. 32), que expliquen la incidencia y las formas del
ciberbullying en un grupo demográfico particular. De este modo, el conjunto de principios
obtenidos de forma individual “facilita el conocimiento tanto de la estructura como de la
dinámica interna de una realidad internacional como una totalidad” (Calduch Cervera, 2014, p.
31).

Técnica

En concordancia con el objetivo específico planteado al principio de este trabajo, la elección de
la entrevista como técnica de obtención de información responde a la necesidad de propiciar la
descripción de un fenómeno determinado, a partir de los aportes de aquellos sujetos
directamente involucrados, que sean capaces de presentar variadas perspectivas en torno a lo
que se indaga. Si se considera la posibilidad de que estos pueden haber estado expuestos –en
mayor o menor medida– ante las diversas manifestaciones del ciberbullying y que, por lo tanto,
valoran el nivel de apoyo emocional que perciben y reciben de las personas de su entorno, este
espacio se considera apropiado para generar un ambiente de empatía, confianza y privacidad,
que motive su libre expresión (Ortega Barón y Carrascosa, 2018). Será el establecimiento de este
proceso dialógico el que permita resaltar la singularidad para propender hacia la detección de


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los contrastes que encierra el criterio de cada entrevistado y, de este modo, “articular modelos
de significación de lo social” (Hamui-Sutton y Varela-Ruiz, 2013, p. 56), nacidos de la amalgama
de opiniones que sea posible recolectar.

Para efectos de la presente pesquisa, la entrevista será personalizada, semiestructurada y de
profundidad. Su pertinencia radica en las apreciaciones de Hernández Sampieri et al. (2010),
respecto a que “las entrevistas, como herramientas para recolectar datos cualitativos, se
emplean cuando el problema de estudio no se puede observar o es muy difícil hacerlo por ética
o complejidad (por ejemplo, la investigación de formas de depresión o la violencia en el hogar)”
(p. 403), tal y como ocurriría con el ciberacoso.

Esta técnica permitirá abordar de forma muy detallada el testimonio de cada individuo del grupo
de estudio seleccionado, configurándola como mecanismo para expandir al máximo la
información cualitativa disponible. Precisamente por el nivel de especificidad y sensibilidad de
la información que se va a recabar, pero también por el requerimiento metodológico definido
para esta investigación, que considera la participación de jóvenes menores de edad, de entre 15
y 17 años, será necesario solicitar, de forma escrita, la autorización de sus padres o tutores para
entrevistarlos y hacer uso de los datos proporcionados, con fines estrictamente académicos.

Para dar cabida a las eventualidades que pudieran ocurrir durante el desarrollo de las entrevistas,
es necesario que estas tengan un carácter semiestructurado, de modo que incluyan, por una
parte, preguntas de base, que permitan responder a cuestiones genéricas y primordiales respecto
al tema que aquí se analiza; y, además, las interrogantes particulares que cada caso exija, en
función de la persona entrevistada, una experiencia específica o cualquier otro tópico de interés
para el investigador.

De ahí que la personalización será clave para adecuar con libertad ese compendio de consultas,
a la realidad del entrevistado y la necesidad de información del entrevistador. En efecto, un
diálogo semiestructurado garantiza un equilibrio entre aquello que con antelación ya se ha
planeado averiguar y la flexibilidad suficiente para “motivar al interlocutor, aclarar términos,
identificar ambigüedades y reducir formalismos” (Díaz-Bravo, Torruco-García, Martínez-
Hernández y Varela Ruiz, 2013, p. 163). Además, este tipo de cuestionarios propicia un grado de
libertad en la expresión de las respuestas para obtener dimensiones panorámicas de
significados, mismos que se alcanzan a categorizar en el proceso (Meneses y Rodríguez, 2016).

Instrumentos

Como consecuencia de lo expuesto, el instrumento que se utilizará es un cuestionario, que
responderá a los requerimientos de información de esta investigación y cuyas interrogantes se
adecuarán al caso particular de cada entrevistado. Cabe puntualizar que una veintena de
interrogantes sería la cifra pertinente para el cuestionario, entre las planificadas y las que
pudieran ir surgiendo en su desarrollo.

Tomando en cuenta que el tema sobre el que versarán las preguntas exige un abordaje cuidadoso
y empático, se procurará que exista un balance adecuado entre lo teórico y lo coloquial, de
manera que los interlocutores, en primer lugar, comprendan las preguntas que se les plantean y
luego, tengan la seguridad y confianza necesarias para responderlas con la máxima sinceridad
posible, a sabiendas de que la información que proporcione será tratada con profesionalismo,
rigurosidad y respetando los criterios de anonimato y reserva.

Asimismo, cabe apuntar que la óptica cuantitativa de esta investigación se refleja en los
resultados de las entrevistas que sean originalmente numéricos o que, en su defecto, puedan ser
codificados como tal (Hernández Sampieri et al., 2010), aunque su origen sea descriptivo. En
otras palabras, se tratará, principalmente, de extraer información sobre los niveles de ocurrencia


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e intensidad de un determinado tipo de acoso cibernético, a partir de las declaraciones de los
participantes del proceso indagatorio; así como también respecto a datos adicionales tan
importantes como la edad de las víctimas y sus acosadores, la duración parcial y total de los
abusos y la cantidad de perpetradores.

Población, muestra y carácter temporal

Para efectivizar el presente estudio, la población que deberá participar tiene relación con las
personas en condición de movilidad humana, de nacionalidad venezolana o colombiana, que se
encuentren domiciliadas en las provincias de Carchi e Imbabura. Pero de manera más puntual,
su enfoque precisa una limitación etaria, para centrar la atención en los jóvenes de entre 15 y 19
años de edad. En este orden de ideas, en la presente investigación se usará una muestra
homogénea, donde las unidades de estudio seleccionadas mantienen rasgos característicos
semejantes. Según Hernández-Sampieri et al. (2010), el propósito de este mecanismo de
selección es centrarse en un determinado tema para resaltar situaciones específicas de un grupo
humano.

Asimismo, al tratarse de una investigación sujeta a un fenómeno recurrente a través de los años,
la delimitación temporal de esta investigación indaga, por motivos de actualidad y proximidad,
sus vivencias respecto al ciberbullying, ocurridas entre enero de 2020 y diciembre de 2021. De
este modo, se garantiza que los participantes tendrán referencias claras respecto de los actos
de los que pudieron ser víctimas.

De acuerdo con datos del INEC (2020), unas 350 mil personas de edades comprendidas entre los
10 y los 19 años se establecieron en el país durante este año. Debido a que dicho conglomerado
es evidentemente numeroso y en función del carácter cuali-cuantitativo de la investigación, así
como para elegir las técnicas a utilizar, se vuelve necesario recurrir a un muestreo no estadístico,
es decir, cuyos casos seleccionados no necesariamente representen proporcionalmente a la
población, pero que, al tiempo, sean tan significativos como para aportar “un sentido de
comprensión profunda del ambiente y el problema de investigación” (Hernández-Sampieri et al.,
2010, p. 385).

Siguiendo las teorizaciones de Hernández-Sampieri et al. (2010), una muestra homogénea
resulta conveniente, puesto que “las unidades que se van a seleccionar poseen un mismo perfil
o características, o bien comparten rasgos similares” (p. 388), que en este caso se refieren a la
edad, condición, localización geográfica-temporal y exposición al fenómeno a estudiar. En efecto,
como añaden los autores, el propósito de usar esta clase de muestreo “es centrarse en el tema
por investigar o resaltar situaciones, procesos o episodios en un grupo social” (p. 388), que se
corresponde con la verificación de la incidencia del ciberacoso en los jóvenes migrantes.

La naturaleza sistemática que requerirá la interpretación de los datos recopilados guarda
concordancia con el diseño mixto de la investigación. Dado que “es conveniente tener varias
fuentes de información y métodos para recolectar los datos” (Hernández-Sampieri et al., 2010, p.
417), también será fundamental llevar a cabo la triangulación de la multiplicidad de
informaciones obtenidas gracias a las herramientas de compilación empleadas. De esta manera,
se podrá construir “una visión de conjunto que asegure un buen proceso de categorización y así
realizar clasificaciones significativas, para que, a medida en que se revise el material se obtengan
datos específicos” (Díaz-Bravo et al., 2013, p. 165) y, sobre todo, valiosos para el estudio. Con las
reflexiones que se realicen en torno a la data “a través de la triangulación (integración de
elementos teóricos, documentos y testimonios), se logrará concluir apropiadamente el proceso
de interpretación” (p. 165).


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ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2023, Volumen IV, Número 1 p 3987.

RESULTADOS

Los resultados que se detallarán en este apartado fueron recabados a partir de 45 entrevistas
realizadas a ciudadanos venezolanos y colombianos que residen en Imbabura y Carchi.
Efectivamente, tomando en cuenta el diseño metodológico de esta investigación, fue necesario
acudir a aquellos lugares previamente identificados en ambas provincias en los que se
aseguraba la presencia de los potenciales participantes, es decir, de los jóvenes migrantes de
entre 15 y 19 años, que hubiesen logrado establecerse en las provincias de Imbabura y Carchi.
En los puntos descritos, fue posible entrevistar a 32 jóvenes del rango etario requerido (Figura 1),
pero también se dialogó con 13 madres y padres de familia para complementar, contrastar y
extrapolar información adicional sobre su perspectiva respecto al ciberacoso.

Figura 1

Distribución etaria de los entrevistados


Fuente: Elaboración propia.

En medio de todos estos particulares, si se comparan las estadísticas sobre la victimización por
ciberacoso entre la juventud migrante con los porcentajes de casos reportados en Latinoamérica
y Ecuador, se encontró que, con el 25 % de participantes afectados por esta problemática, la
incidencia sobre este conglomerado casi triplica al dato nacional y se ubica a medio camino
respecto del amplio rango correspondiente al continente. Se trata de cifras alarmantes, que
ilustran con total claridad la magnitud de este flagelo y, por tanto, ayudan a inferir el daño social
que está produciéndose en torno al proceso migratorio hacia Ecuador. Y aunque lo ideal sería
que estos indicadores marcasen cero, al menos es posible asegurar que estos ataques
cibernéticos no son la regla en la cotidianidad de los extranjeros que llegan al país en busca de
mejores días ni están extendidos entre la sociedad nacional.

Respecto de los rasgos definitorios del ciberacoso ejercido contra los jóvenes consultados, se
halló que hay tres aplicaciones móviles de comunicación que son más susceptibles de
convertirse en escenarios de estas agresiones: Facebook, WhatsApp e Instagram, aunque esta
última lo es en mucho menor medida (Figura 2). Las dos primeras son realmente las más
comunes y, según lo reportado por ellos, las vivencias de ciberacoso más frecuentes se suscitan
solo en Facebook, solo en WhatsApp o en ambas plataformas al mismo tiempo.

Empero, cabe destacar un razonamiento que explica una diferencia notable en las prevalencias
del ciberacoso en estos dos sistemas que, a día de hoy, son parte del mismo emporio
tecnológico: en Facebook hay más posibilidades de sufrirlo, porque es más fácil conectarse con
usuarios desconocidos, potencialmente dañinos; mientras que en WhatsApp, su propia dinámica
de funcionamiento basada en un número telefónico, ayuda a reducir esas probabilidades y a


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prevenir perjuicios, porque los usuarios escogen a qué contactos agregar y a quienes les
permiten agregarlos, porque, en ambos casos, solo son localizables si se tiene acceso a dicho
número.

Figura 2

Visualización/recepción de contenidos ofensivos, denigrantes o humillantes por edad










Fuente: Elaboración propia.

Tomando en cuenta los tipos de ciberbullying contemplados en los capítulos dedicados a la
teoría y contrastándolos con las respuestas obtenidas en las entrevistas, se obtiene que la paliza
feliz, el hostigamiento, la ciberpersecución y el insulto electrónico son los ataques que en mayor
medida se dirigen contra los jóvenes migrantes, independientemente de su procedencia, a través
de WhatsApp (Figura 3).

Asimismo, es posible señalar que estas tipologías se plasman en los más diversos formatos
soportados por esta y las demás redes sociales, es decir, imágenes, mensajes de texto, audios y
videos. De acuerdo con las declaraciones receptadas, los audiovisuales son los que pueden
llegar a mostrar contenido más sensible y ofensivo, de manera particular, cuando evocan palizas
felices contra otros migrantes, incluso en otro país.

Un dato especialmente relevante y común a aquellas tres opciones de comunicación e
interacción que ofrece WhatsApp es la preminencia de la paliza feliz. Este tipo de contenido es,
de lejos, la primera forma de ciberbullying que se efectúa solamente por medio de este sistema
de mensajería instantánea, puesto que la mitad de los jóvenes se han topado con videos que
muestran crueles golpizas contra sus compatriotas.









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Figura 3

Visualización/recepción de contenidos ofensivos, denigrantes o humillantes por edad









Fuente: Elaboración propia.

En adición, durante la examinación de los resultados, se identificó que, a pesar de que el sexting
y suplantación de identidad se configuran como las prácticas de ciberacoso más extendidas
entre la juventud, de acuerdo con las investigaciones citadas en apartados anteriores, en el caso
de los migrantes se evidencian bajo parámetros distintos, pero que igualmente requieren
atención especial.

DISCUSIÓN

La aparición de los insumos tecnológicos que propiciaron la hiperconectividad del mundo y la
globalización de la información y los usuarios significó un impulso natural para que las personas
asuman definitivamente el rol de emisores-receptores, pero a la par, se convirtió en la puerta de
entrada hacia la configuración de una necesidad básica antes insospechada, que en más de una
ocasión ha mutado en adicción o dependencia, y en una caja de Pandora cuyo contenido se sigue
descubriendo día a día, de forma tal que no acabamos de conocer unos retos y peligros, cuando
ya han aparecido otros cuantos más.

Una de esas amenazas es, precisamente, la que ocupa a esta investigación: el ciberacoso. Este
fenómeno merece especial atención por dos aspectos: su prevalencia entre los niños,
adolescentes y jóvenes y la gran facilidad con la que se expande no solo a través de los medios
digitales disponibles, sino, sobre todo, porque llega a alternar y solapar su ocurrencia con el
acoso en su forma más convencional. La imposibilidad de una desconexión real, debido a la
exigencia de permanecer en línea, agrava esta realidad y limita todavía más las oportunidades
de las víctimas de escapar de sus agresores.

Las cifras que, antes de la pandemia, per se ya eran alarmantes, recrudecen y todavía no haya
una respuesta clara y efectiva de parte de las instituciones del Estado involucradas en el
tratamiento de este fenómeno. De hecho, a partir de las pocas, pero ilustrativas estadísticas
disponibles sobre su prevalencia en Ecuador, se evidencia un desfase preocupante entre los
casos de ciberacoso registrados por organizaciones no gubernamentales y los que llegan a
conocimiento de los órganos de investigación y justicia que, en números redondos, representan
solo la mitad de los que realmente se suscitan a nivel nacional. Y aunque no se pueden
desconocer las deficiencias de estas últimas entidades, tampoco se les puede responsabilizar


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enteramente por estas inconsistencias numéricas, puesto que es igualmente cierta la posibilidad
de que se deban, más bien, a la falta de denuncias por parte de las víctimas.

Entonces, cabe analizar la situación a partir de dos perspectivas plausibles dentro de los
resultados de esta investigación: el miedo a sufrir represalias y la normalización de conductas
que en realidad se catalogan como ciberacoso. De hecho, existe una especie de deformación y
minusvaloración de este concepto, al punto de considerarlo como bromas y no como verdaderas
agresiones. Como breve adelanto, aunque ya se ha descrito en el apartado respectivo, queda
claro que los jóvenes no podrían identificar acertada y claramente el momento en que se toparon
con actos de ciberbullying.

De acuerdo con múltiples estudios realizados a nivel mundial, se aprecia que las formas más
comunes en las que se produce este tipo de ataques por medios tecnológicos y que, por tanto,
podrían ser ejercidas contra los individuos, son: el sexting, la difusión de memes ofensivos, el
desvelamiento o sonsacamiento, la suplantación de identidad y la indiferencia intencionada
respecto de los mensajes que se reciben de una persona. Si los usuarios no son capaces de
dimensionar los riesgos a los que se exponen, debido a una incorrecta interpretación de estos
comportamientos, pueden convertirse en víctimas más fácilmente y las consecuencias pueden
llegar a ser todavía más graves, conforme pase el tiempo.

Por otra parte, aterrizando sobre las dos especificidades que caracterizan a la presente
investigación, los aportes teóricos recogidos permiten concluir, en primer lugar, que WhatsApp
es un sistema de mensajería instantánea que por el carácter intuitivo que reviste su
funcionamiento resulta fácil de usar para bien y para mal; y luego, que la población en condición
de movilidad humana, en especial los más jóvenes –entre menores y ya mayores de edad– son
propensos a convertirse en blanco de este tipo de perjuicios, por su edad y por las diferencias
que guardan con la comunidad a la que llegan y que pueden ser concebidas por los demás
miembros como una amenaza contra sí mismos o sus pares.

Adicionalmente y aunque el acoso no sea objeto de estudio en este trabajo, no se puede obviar
una realidad que agrava los términos en que ocurre el ciberacoso contra las personas en
condición de movilidad humana y que así fue evidenciada por ellos: ambas formas de agresión
pueden presentarse –y así les ha pasado de manera personal o lo han sabido por otras
personas– en simultáneo contra el mismo individuo o inclusive, una ofensa por medios
electrónicos puede ser respondida –a modo de defensa– con actos violentos en el plano
presencial para intentar solucionar el problema y poner fin a la victimización.

En este mismo plano, el de la permeabilidad de estas humillaciones del entorno físico al digital y
viceversa, surgió otro preocupante hallazgo: hay casos en los que el ciberacoso se intensifica, al
punto de derivar en delitos tanto o más graves que esté, como secuestros y violaciones, o
intentos de aquello, especialmente contra las jóvenes mujeres migrantes.

La exposición ante este tipo de mensajes genera una multiplicidad de reacciones en los jóvenes,
que se entienden como lógicas y naturales. Se destaca, por ejemplo, que hay una significativa
predisposición para darlo a conocer a familiares (padres, hermanos, tíos, pareja) o amigos de
mucha confianza y recibir apoyo de su parte, pero la gran mayoría considera –y así lo práctica –
que es mejor ignorar estas ofensas, aunque tampoco descartan la posibilidad de responder al
ciberacoso con la misma intensidad o tomar justicia por mano propia. Esto último, ciertamente,
entraña un doble peligro, puesto que la víctima se convierte en victimario, al tiempo que refuerza
la espiral de intimidación provocada inicialmente por el otro. Es la prueba fiel de que la violencia
solo genera más violencia.


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El panorama dibujado a partir de los testimonios de los 32 jóvenes que participaron en este
estudio deja ver la necesidad de desarrollar propuestas más efectivas para sensibilizar a
ecuatorianos y extranjeros sobre la problemática del ciberacoso y las graves consecuencias que
puede acarrear, para víctimas, perpetradores y actores sociales en general. En este orden de
ideas, los insumos tecnológicos más avanzados en el ámbito de la simulación digital de
escenarios y los diversos niveles de inmersión que pueden favorecer se constituyen en aliados
estratégicos para hacerle frente a los problemas que afectan a la humanidad, aportando la dosis
de empatía requerida para evitar su propagación, por medio de experiencias que coloquen
verdaderamente a los individuos en los ojos –que no en los zapatos– de los más vulnerables,
para que sean realmente conscientes del daño que pueden llegar a causar, como si no fueran
pocos los avatares que debe enfrentar la juventud migrante.


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