Cuando el sangrado no compromete la vida del paciente, es recomendado iniciar con los tratamientos
de primera línea, reservando la reversión de la anticoagulación o la suspensión de la terapia
antitrombótica para etapas posteriores (Pinzón-Navarro et al., 2024; Mortuaire & Vanderhaegen, 2022).
Se prefiere el uso de materiales de taponamiento reabsorbibles para minimizar el trauma mucoso.
Cuando el INR se encuentra por encima del rango terapéutico, es importante valorar la corrección del
trastorno de la coagulación. Esto puede lograrse con la administración de vitamina K o, en situaciones
más graves, con el uso de concentrado de complejo protrombínico o plasma fresco congelado (Pinzón-
Navarro et al., 2024; Mortuaire & Vanderhaegen, 2022).
Los anticoagulantes orales directos (NOACs) presentan una ventaja por su corta vida media (12-17
horas). Gracias a esto, permiten la recuperación de la hemostasia tras su suspensión temporal. Se
dispone de antídotos de reversión específicos, los cuales pueden ser usados en el contexto de
sangrados de mayor gravedad, entre ellos idarucizumab para dabigatrán y andexanet alfa para los
inhibidores del factor Xa (Koskinas et al., 2024; Pinzón-Navarro et al., 2024).
Profilaxis antibiótica
El uso de antibióticos profilácticos en pacientes con taponamiento nasal permanece controversial. La
evidencia actual no respalda la profilaxis antibiótica sistémica, esto por el bajo riesgo de infección local
o síndrome de shock tóxico, y los potenciales efectos adversos de los antibióticos (resistencia
microbiana, infección por C. difficile, reacciones alérgicas) (Koskinas et al., 2024; Pinzón-Navarro et al.,
2024).
No obstante, en determinadas situaciones debe valorarse este tratamiento. Estas incluyen el uso de
taponamiento no reabsorbible por más de 48 horas, pacientes inmunocomprometidos, portadores de
válvulas cardíacas protésicas y aquellos con enfermedad de Rendu-Osler-Weber, debido al riesgo
asociado de malformaciones arteriovenosas pulmonares. El esquema habitualmente recomendado
consiste en amoxicilina-ácido clavulánico durante el periodo de taponamiento y hasta cinco días
después de su retiro, o claritromicina en pacientes con alergia a penicilinas (Pinzón-Navarro et al., 2024;
Mortuaire & Vanderhaegen, 2022).
DISCUSIÓN
La epistaxis posterior representa un desafío en la práctica clínica y requiere una evaluación completa
del paciente, basada en una buena historia clínica y un examen físico cuidadoso. Para ciertos pacientes
es necesario llevar
a
cabo investigaciones de extensión
e
incluso aplicar perspectivas
multidisciplinarias (Koskinas et al., 2024; Pinzón-Navarro et al., 2024).
De acuerdo con los criterios de Wexham, que fueron sugeridos por Lakhani et al., es factible detectar a
los pacientes que son candidatos para la ligadura de la arteria esfenopalatina en una fase temprana.
Estos criterios consideran que el sangrado no se controla lo suficiente, a pesar del taponamiento; la
aparición reiterada de episodios hemorrágicos durante la hospitalización; un compromiso
hematológico relevante o una necesidad de transfusión; así como los ingresos por epistaxis ipsilateral
en un intervalo corto de tiempo. Por el contrario, el tratamiento quirúrgico ha mostrado tasas de éxito
superiores al 90 % y una recurrencia aproximada del 13,4 % (Koskinas et al., 2024; Aucacama
Chuquitarco et al., 2023).
En la comparación entre ligadura quirúrgica y embolización, se han observado tasas de éxito
comparables, superiores al 90%, aunque con diferencias en el perfil de complicaciones y en los costos
asociados.. Las complicaciones de la embolización, aunque menos frecuentes, suelen ser más graves
(riesgo de accidente cerebrovascular, ceguera). Además, el costo de la embolización puede ser hasta
230 % superior al de la cirugía, debido principalmente al precio de los materiales empleados. Por estas
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 1 p 2436.