INTRODUCCIÓN
La educación física en el ámbito escolar cumple una función relevante en la formación integral de los
estudiantes, al contribuir no solo al desarrollo corporal, sino también a los ámbitos social, emocional y
cognitivo. En este contexto, la agilidad se reconoce como una capacidad física fundamental para la
ejecución eficaz de habilidades motrices, especialmente durante las etapas de la Educación General
Básica Superior y el Bachillerato, en las que se consolidan patrones motores de mayor complejidad
(Gallahue & Ozmun, 2012; Ruiz, 2014).
A pesar de ello, varios estudios muestran que las metodologías tradicionales centradas en repetir
ejercicios siguen siendo prevalentes en el contexto escolar, limitando así la motivación y la
participación activa de los estudiantes (Blázquez, 2018; Delgado, 2017). Ante esta realidad, surge un
enfoque lúdico como alternativa pedagógica que promueve un aprendizaje significativo y un desarrollo
motor a través del juego y la experiencia (Navarro, 2019).
Desde el enfoque constructivista, el aprendizaje motor se desarrolla a partir de la interacción activa del
estudiante con su entorno, proceso que le permite construir conocimiento mediante la exploración y la
resolución de situaciones motrices diversas (Piaget, 1976; Ausubel, 2002). Bajo esta lógica, las
prácticas lúdico-deportivas adquieren relevancia pedagógica al articular el componente recreativo con
objetivos formativos explícitos, favoreciendo el desarrollo de la agilidad en contextos educativos de
manera contextualizada y motivadora (Villalba Garzón, 2019).
Investigaciones previas han demostrado que los programas basados en actividades lúdicas
estructuradas generan mejoras significativas en capacidades como la coordinación, la velocidad y la
agilidad, en comparación con metodologías tradicionales (Gómez & Ruiz, 2018; Hernández et al., 2020).
Asimismo, Villalba Garzón y Sánchez (2021) destacan que el juego orientado pedagógicamente
incrementa la motivación intrínseca y favorece la consolidación de aprendizajes motores en
adolescentes.
Por ello, el presente estudio tiene como objetivo analizar la incidencia de las prácticas lúdico-deportivas
en el desarrollo de la agilidad en estudiantes de Educación General Básica Superior y Bachillerato,
aportando evidencia empírica que sustente la innovación metodológica en la educación física escolar.
METODOLOGÍA
La investigación se desarrolló bajo un enfoque cuantitativo, con un diseño no experimental de tipo
transversal y un alcance descriptivo-correlacional, acorde con estudios orientados al análisis del
rendimiento físico en contextos educativos (Hernández, Fernández & Baptista, 2014)
La población estuvo conformada por escolares de Educación General Básica Superior y Bachillerato de
instituciones educativas del cantón Ambato. La muestra fue seleccionada mediante muestreo
intencional, considerando criterios de inclusión relacionados con la asistencia regular a las clases de
educación física y la participación voluntaria en el estudio (Castejón, 2016).
Para la recolección de datos se aplicaron pruebas físicas estandarizadas de agilidad, ampliamente
utilizadas en el ámbito escolar por su fiabilidad y validez (Ruiz, 2014; Sánchez & Torres, 2020).
Posteriormente, se implementó un programa de prácticas lúdico-deportivas estructuradas, compuesto
por juegos motores, circuitos dinámicos y actividades recreativas con intencionalidad pedagógica,
orientadas al desarrollo de la agilidad y la coordinación (Villalba Garzón et al., 2020).
Los datos obtenidos fueron procesados mediante estadística descriptiva, lo que permitió analizar de
manera objetiva las variaciones en los niveles de agilidad antes y después de la intervención (García &
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 1 p 2475.