Una Revisión Narrativa de la Intubación de Secuencia Rápida  
en Pacientes con Riesgo de Broncoaspiración  
A narrative review of rapid sequence intubation in patients at risk of  
pulmonary aspiration  
Julianne Maynard Carmiol  
Investigadora Independiente  
San José Costa Rica  
Nhur Sharaf El Yasin  
Investigadora Independiente  
San José Costa Rica  
Cristian Andrei Jiménez Solís  
Investigador Independiente  
San José Costa Rica  
Rebeca Hernández Solano  
Universidad de Ciencias Médicas  
San José Costa Rica  
Gabriel Esteban Arroyo Chacón  
Investigador Independiente  
San José Costa Rica  
Paola Cristhina Alegría De Arco  
Universidad de Ciencias Médicas  
San José Costa Rica  
Artículo recibido: 30 de octubre de 2025. Aceptado para publicación: 06 de marzo de 2026.  
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.  
Resumen  
La broncoaspiración pulmonar sigue siendo una de las complicaciones más graves y potencialmente  
mortales asociadas al manejo de la vía aérea durante la anestesia general. Una de las estrategias para  
reducir su incidencia en pacientes con alto riesgo de aspiración es la intubación de secuencia rápida,  
ya que permite asegurar la vía aérea rápidamente sin necesidad de ventilar con bolsa mascarilla,  
evitando la insuflación gástrica. Desde su descripción original en 1970 por Stept y Safar, los protocolos  
han evolucionado, incorporando técnicas nuevas como la evaluación gástrica en tiempo real mediante  
ultrasonido y la utilización de rocuronio a dosis altas como alternativa a la succinilcolina. Esta revisión  
narrativa, basada en una búsqueda no sistemática de la literatura, resume intervenciones clave en la  
estratificación del riesgo de aspiración, las indicaciones de intubación de secuencia rápida, la  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 1 p 2506.  
evaluación del volumen gástrico en tiempo real con ultrasonido, estrategias para optimizar la  
preoxigenación, selección de agentes inductores y bloqueadores neuromusculares, el uso de la  
maniobra de Sellick en la intubación, el algoritmo de rescate de una intubación fallida, técnicas de  
extubación segura y el manejo de una broncoaspiración instaurada.  
Palabras clave: aspiración pulmonar, intubación de secuencia rápida, vía aérea,  
preoxigenación, inducción, bloqueador neuromuscular, extubación  
Abstract  
Pulmonary aspiration remains one of the most severe and potentially fatal complications associated  
with airway management during general anesthesia. Rapid sequence intubation is a strategy to reduce  
its incidence in patients at high risk of aspiration, as it allows rapid airway securing without bag-mask  
ventilation, preventing gastric insufflation. Since its original description by Stept and Safar in 1970,  
protocols have evolved to include techniques such as point of care gastric ultrasound assessment and  
the use of high-dose rocuronium as an alternative to succinylcholine. This narrative review, based on  
a non-systematic literature search, summarizes key interventions in aspiration risk stratification,  
indications for rapid sequence intubation, and real-time gastric volume assessment using ultrasound.  
Additionally, it covers strategies to optimize preoxygenation, the selection of induction agents and  
neuromuscular blockers, the use of the Sellick maneuver during intubation, rescue algorithms for failed  
intubation, safe extubation techniques, and the management of established aspiration.  
Keywords: pulmonary aspiration, rapid sequence intubation, airway, preoxygenation, induction,  
neuromuscular blocker, extubation  
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Cómo citar: Maynard Carmiol, J., Sharaf El Yasin, N., Jiménez Solís, C. A., Hernández Solano, R.,  
Arroyo Chacón, G. E., & Alegría De Arco, P. C. (2026). Una Revisión Narrativa de la Intubación de  
Secuencia Rápida en Pacientes con Riesgo de Broncoaspiración. LATAM Revista Latinoamericana de  
Ciencias Sociales y Humanidades 7 (1), 2506 2521. https://doi.org/10.56712/latam.v7i1.5453  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 1 p 2507.  
INTRODUCCIÓN  
La broncoaspiración pulmonar se define como la entrada de contenidos gástricos o faríngeos hacia la  
vía aérea inferior. Es una causa rara pero catastrófica de morbilidad y mortalidad asociada con la  
anestesia general (Robinson & Davidson, 2014). El Fourth National Audit Project of The Royal College  
of Anaesthetists (Cuarto Proyecto Nacional del Real Colegio de Anestesiólogos) y The Difficult Airway  
Society (Sociedad de la Vía Aérea Difícil, DAS) coleccionó datos sobre la incidencia y causas de las  
complicaciones de vía aérea en Inglaterra, en donde se demostró que la aspiración pulmonar fue más  
de un 50% de las muertes relacionadas. Su incidencia es de 1 en cada 350,000 pacientes, sin embargo,  
todavía permanece siendo la causa más significativa de mortalidad relacionada a la vía aérea. Además,  
se demostró que la aspiración generalmente ocurre en consecuencia de una valoración incompleta del  
riesgo de aspiración en el paciente o por un fallo en emplear una técnica anestésica modificada (Fourth  
National Audit Project [NAP4], 2011).  
A lo largo de la historia y hasta el día de hoy, la aspiración pulmonar ha sido reconocida como una de  
las complicaciones más temidas en la anestesiología desde que Mendelson, en 1946, describió la  
neumonitis química después de la aspiración de ácido gástrico en pacientes obstétricas, ahora  
conocido como el Síndrome de Mendelson (Mendelson, 1946; Robinson & Davidson, 2014). Desde ese  
entonces, se han implementado diferentes estrategias y técnicas para mitigar este riesgo. En 1961 se  
introdujo la Maniobra de Sellick por Brian Sellick, quién demostró que la presión sobre el cartílago  
cricoides ocluye el esófago y de esta manera reduce el riesgo de broncoaspiración durante la  
intubación (Sellick, 1961). Posteriormente, se introdujo el protocolo de intubación de secuencia rápida  
(ISR) por Stept y Safar en 1970, diseñado para inducir y asegurar la vía aérea en pacientes con riesgo  
de aspiración sin tener que recurrir a la intubación despierta, la cual no siempre era factible ni deseada  
por los pacientes. Este protocolo establecía una serie de pasos para minimizar la ventana de  
vulnerabilidad entre la pérdida de reflejos protectores de la vía aérea y la colocación del tubo  
endotraqueal, utilizando como fármaco inductor el tiopental y como bloqueador neuromuscular la  
succinilcolina, que permitía una inducción rápida (Stept & Safar, 1970).  
Por medio de la investigación y la medicina basada en evidencia, se han reevaluado las prácticas y  
protocolos originales, permitiendo una mejora en la técnica de ISR. Esta evolución ha permitido la  
implementación de tecnología innovadora, ha optimizado los protocolos de seguridad y ha logrado una  
reducción significativa en la incidencia de eventos de broncoaspiración. Se ha puesto a prueba la  
histórica Maniobra de Sellick, se ha redefinido el perfil farmacológico con la llegada del Sugammadex,  
y se han implementado tecnologías como el POCUS gástrico. En este contexto, esta revisión  
bibliográfica tiene como objetivo analizar estas innovaciones en la práctica, proporcionando una guía  
actualizada para el abordaje anestésico del paciente con riesgo de broncoaspiración y la técnica de  
ISR.  
METODOLOGÍA  
Para la elaboración de este artículo se realizó una revisión bibliográfica consultando bases de datos  
confiables como PubMed, Google Scholar, SciELO, UptoDate y las publicaciones de la American Heart  
Association (Asociación Americana del Corazón, ASA). La búsqueda se centró en términos clave como  
“aspiración pulmonar” e “intubación de secuencia rápida”, tanto en español como en inglés. Este  
proceso se reforzó mediante la revisión de referencias bibliográficas de los artículos seleccionados,  
para identificar otros estudios o guías adicionales que no fueron captados en la búsqueda inicial. En  
cuanto a temporalidad, se priorizaron artículos publicados en los últimos 10 años para garantizar que  
la evidencia fuera actual, sin embargo, no se aplicaron restricciones de fecha para datos de reseña  
histórica y fundamentos clásicos. Finalmente, se seleccionaron 22 artículos que permitieron  
estructurar la revisión desde reseña histórica y fundamentos hasta técnicas que se han implementado  
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para mejorar el perfil de seguridad de la intubación de secuencia rápida en pacientes con riesgo de  
aspiración.  
RESULTADOS Y DISCUSIÓN  
Estratificación del Riesgo de Broncoaspiración  
La herramienta más básica y tradicional para estratificar el riesgo de broncoaspiración son las guías  
de ayuno preoperatorio de la American Heart Association (AHA, 2017). Estas guías se basan en el  
tiempo transcurrido desde la última ingesta para permitir un vaciamiento gástrico fisiológico. Sin  
embargo, estas guías no consideran situaciones en las que hay una alteración en el vaciamiento  
gástrico, como por ejemplo el embarazo, por lo que también se deben identificar los factores de riesgo  
de aspiración para determinar si el ayuno es confiable o no. Las guías del ayuno preoperatorio y las  
recomendaciones más actuales sobre el tiempo de ayuno preoperatorio de la ASA se resumen en la  
Tabla 1.  
Tabla 1  
Resumen de tiempos de ayuno preoperatorio  
Tipo de ingesta  
Líquidos claros  
Ayuno  
Mínimo  
2 horas  
Ejemplos  
Agua, jugo de fruta sin pulpa, bebidas  
carbonatadas, café, té sin leche.  
No incluye alcohol.  
Leche materna  
4 horas  
6 horas  
6 horas  
Fórmulas infantiles  
Leche de origen animal o  
fórmula lácteas  
Comida ligera  
Comida pesada  
6 horas  
8 horas  
Tostadas y galletas.  
Alimentos fritos, grasos, e ingestas grandes.  
Nota: Esta tabla resume los tiempos de ayuno preoperatorio recomendados según el tipo de ingesta.  
Está dirigida a pacientes sanos que se someterán a procedimientos quirúrgicos electivos (Tabla  
adaptada de ASA, 2017).  
Históricamente se utilizaba la regla universal de nada vía oral desde la medianoche, sin embargo, las  
guías de ayuno han evolucionado hacia protocolos menos restrictivos. Metaanálisis de estudios  
aleatorizados controlados no solo han demostrado que los líquidos claros son seguros hasta 2 horas  
antes de una cirugía, sino que los pacientes que consumen líquidos claros 2-4 horas tienen un menor  
volumen gástrico (al estimular el peristaltismo) y un pH gástrico más alto (menos ácido, por lo que  
reduce el daño en casos de aspiración). Por otro lado, se demostró que el ayuno prolongado induce un  
estado catabólico y resistencia a la insulina que perjudica la recuperación del paciente (ASA, 2017).  
No obstante, el cumplimiento del ayuno por sí solo no garantiza la protección contra la  
broncoaspiración, ya que no toma en cuenta factores de riesgo que alteran la fisiología gástrica. Por  
ejemplo, las recomendaciones de ayuno están diseñadas únicamente para pacientes sanos que se  
someterán a una cirugía electiva, se excluyen pacientes embarazadas o pacientes con condiciones que  
alteran la motilidad gastrointestinal (ASA, 2017).  
La relevancia de una adecuada estratificación del riesgo de broncoaspiración se ve reflejada por los  
hallazgos del Fourth National Audit Project del Reino Unido (2011). Según este estudio, la  
broncoaspiración fue la causa más común de morbilidad y mortalidad relacionados con el manejo de  
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la vía aérea y la mayoría de estos eventos ocurrieron debido a un fallo en la identificación de factores  
de riesgo de aspiración y por ende, un fallo en la técnica de inducción e intubación adecuada. Esto  
refuerza la importancia de estratificar el riesgo de aspiración pulmonar en todos los pacientes, ya que  
cuando existen estos elementos predisponentes es esencial utilizar una técnica de Inducción e  
Intubación de Secuencia Rápida (Robinson & Davidson, 2014).  
Estos factores de riesgo, listados en la Tabla 2, se pueden dividir en tres categorías principales:  
aquellos relacionados con el paciente, los de tipo quirúrgico y los relacionados con la anestesia y la vía  
aérea. En general, todos estos comparten una fisiopatología similar: una alteración del gradiente de  
presión de barrera. Por ejemplo, la patología gastrointestinal y el embarazo son dos factores que  
marcadamente aumentan el riesgo de aspiración, ya que en ambos se produce un retraso en el  
vaciamiento gástrico y una alteración en el esfínter esofágico inferior (Collins & O’Sullivan, 2022).  
Tabla 2  
Factores de Riesgo de Aspiración Pulmonar  
Factores del paciente  
Estómago lleno  
Cirugía de emergencia  
Tiempo de ayuno inadecuado  
Obstrucción Intestinal  
Retraso en el vaciamiento gástrico  
Enfermedades sistémicas: diabetes mellitus, enfermedad renal crónica  
Condiciones agudas: Trauma reciente, dolor severo  
Farmacológico: Opioides, agonistas GLP-1  
Aumento de presión intracraneal  
Disminución del tono del esfínter esofágico inferior  
Hernia hiatal y dispepsia  
Cirugía gastrointestinal superior previa  
Embarazo  
Obesidad mórbida (IMC > 40 kg/m2)  
Factores quirúrgicos  
Cirugía gastrointestinal  
Posición:  
Litotomía  
Prono  
Trendelenburg  
Cirugía laparoscópica  
Duración de cirugía mayor a 2 horas  
Plano anestésico superficial  
Uso de dispositivos supraglóticos  
Ventilación manual con presión positiva  
Múltiples intentos de intubación  
Factores anestésicos y  
de la vía aérea  
Nota: Esta tabla resume los factores de riesgo relacionados con el paciente, el tipo de cirugía y la  
anestesia, así como el manejo de la vía aérea, que aumentan el riesgo de aspiración pulmonar  
(Adaptada de Robinson & Davidson, 2014).  
Definición y Fundamentos de la Intubación de Secuencia Rápida (ISR)  
Una vez identificado el paciente con mayor riesgo de aspiración pulmonar, es fundamental adaptar la  
técnica anestésica para asegurar la vía aérea de forma rápida y segura. En este contexto, la inducción  
e intubación de secuencia rápida es la técnica de elección. Consiste en un conjunto de pasos  
estructurados y secuenciados cuyo objetivo es minimizar el tiempo entre la pérdida de reflejos  
protectores de la vía aérea inducida por fármacos y la colocación del tubo endotraqueal con el balón  
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insuflado. A diferencia de la intubación endotraqueal convencional, la ISR evita la ventilación con bolsa-  
mascarilla antes de la intubación, con el fin de prevenir la insuflación del estómago. Para compensar  
esta ausencia de ventilación manual, se realiza una preoxigenación que permite prolongar el tiempo de  
apnea segura. Con el fin de estandarizar su aplicación, la ISR se organiza en cuatro fases bien definidas:  
la fase de preparación, inducción farmacológica, intubación y extubación (Collins & O’Sullivan, 2022).  
Fase de Preparación de la ISR  
La fase de preparación es uno de los componentes más importantes en la ISR. Su propósito no solo es  
la preparación del paciente y del equipo, sino también optimizar el reservorio de oxígeno del paciente  
y evaluar el riesgo de broncoaspiración. Como descrito anteriormente, una evaluación preoperatoria  
insuficiente es uno de los factores contribuyentes más comunes en los incidentes catastróficos de la  
vía aérea, por lo que exige una ejecución cuidadosa y meticulosa. Una de las recomendaciones de la  
DAS es la implementación de listas de verificación para asegurar que haya una adecuada preparación  
del equipo, del paciente y del personal de salud (Collins & O’Sullivan, 2022).  
Ecografía Gástrica en la Evaluación del Riesgo de Aspiración  
Más allá de la anamnesis sobre el ayuno, la evaluación preoperatoria moderna del paciente con riesgo  
de aspiración pulmonar incorpora el ultrasonido gástrico en el punto de atención como un método más  
preciso para determinar el contenido gástrico en tiempo real. Esta herramienta permite objetivar el  
riesgo de aspiración mediante la visualización del antro gástrico para diferenciar entre un estómago  
vacío o uno con contenido líquido o sólido. El riesgo de aspiración puede estratificarse utilizando la  
escala de Perlas (grado antral), descrita en la Tabla 3, la cual se basa en la identificación del líquido  
antral en diferentes posiciones para determinar si el paciente tiene un bajo o alto riesgo de aspiración  
pulmonar. Además, el ultrasonido gástrico también permite estimar el volumen gástrico mediante la  
siguiente ecuación (1):  
Volumen gástrico (mL) = 27.0 + 14.6 x (área transversal del antro en posición decúbito lateral derecho)  
- 1.28 x edad  
(1)  
Si el volumen calculado es mayor a 1.5 mL/kg, entonces se considera que el paciente presenta un  
riesgo elevado de broncoaspiración (Perlas et al., 2018).  
Tabla 3  
Escala de Perlas (Grado Antral)  
Grado Antral  
Observación  
Interpretación  
Grado 0  
El antro se observa completamente vacío tanto en posición  
supina como en decúbito lateral derecho  
Bajo Riesgo  
Grado 1  
Sugiere Bajo  
Riesgo  
Volumen pequeño y despreciable de secreciones  
basales (típicamente ≤ 1.5 mL/kg), que por lo  
general se aprecia únicamente en la posición  
decúbito lateral derecho  
Cantidad apreciable de líquido claro tanto en decúbito supino  
como en posición decúbito lateral derecho (típicamente > 1.5  
mL/kg)  
Grado 2  
Sugiere Alto  
Riesgo  
Nota: Esta tabla clasifica los grados antrales según las características del volumen observado en el  
ultrasonido gástrico, lo que permite estratificar a los pacientes en bajo o en alto riesgo de aspiración  
pulmonar (Adaptada de Perlas et al., 2018).  
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Optimización del Reservorio de Oxígeno: Preoxigenación y Desnitrogenación Eficaz  
En la ISR la preoxigenación es un paso vital, ya que durante este procedimiento hay un periodo de  
apnea, donde no se ventila al paciente. La preoxigenación es cuando se administra fracción inspirada  
de oxígeno (FiO2) a un paciente antes de la inducción de la anestesia y la parálisis, para maximizar la  
reserva de oxígeno de la sangre y pulmones, y disminuir la cantidad de nitrógeno de la capacidad  
residual funcional de los pulmones. La meta es crear un reservorio de oxígeno para que durante el  
periodo apneico, entre que se administra el sedante/paralítico y se coloca el tubo endotraqueal, los  
niveles de oxígeno permanezcan estables por más tiempo (Weingart & Levitan, 2012).  
La preoxigenación proporciona un margen de seguridad en estos periodos de hipoventilación y apnea,  
y prolonga la duración de la apnea segura, que se define como el tiempo hasta que el paciente alcanza  
una saturación de 88-90%. Ya una vez que el paciente tiene una saturación por debajo de ese nivel, se  
encuentran en una porción de la curva de disociación de la oxihemoglobina, en donde la saturación de  
oxígeno disminuye a niveles críticos en cuestión de segundos. Por lo general, tres minutos de  
respiración a volumen corriente con una fuente de FiO2 alta es la duración aceptable para una pre  
oxigenación adecuada en la mayoría de los pacientes. En pacientes cooperadores, se puede pedir que  
realicen ocho respiraciones de capacidad vital y esto reduce el tiempo de preoxigenación a  
aproximadamente un minuto (Weingart & Levitan, 2012).  
La posición óptima para la preoxigenación es la con la cabeza elevada 20 grados. Estudios han  
demostrado que esta posición aumenta el tiempo de apnea segura en comparación a la posición  
supina. La posición supina no es ideal, ya que se colapsa la parte posterior del pulmón y reduce el  
reservorio de oxígeno. En pacientes inmovilizados por posibles lesiones de la columna vertebral se  
puede aplicar la posición de Trendelenburg inverso que también mejora la preoxigenación y aumenta  
el tiempo de apnea segura (Weingart & Levitan., 2012).  
En un paciente sano que respira aire ambiente, la desaturación ocurre en aproximadamente 45-60  
segundos. En comparación, si se realiza una preoxigenación con niveles altos de FiO2, la apnea segura  
se puede llegar a prolongar hasta 8 minutos. Sin embargo, esto cambia en pacientes enfermos y en  
pacientes obesos, en donde el tiempo de apnea segura se reduce significativamente. En un paciente  
moderadamente enfermo el tiempo disminuye a aproximadamente 5 minutos y en un paciente obeso  
a 2.7 minutos. Los pacientes en estado crítico y obesos tienen alto riesgo de hipoxemia durante  
intentos prolongados de intubación y se pueden desaturar de forma inmediata (Weingart & Levitan.,  
2012; Brown & Sakles, 2025).  
Para aquellos pacientes con alto riesgo de desaturación, la oxigenación apneica es una técnica que  
puede ayudar a prolongar el tiempo de apnea. Los alvéolos continúan capturando oxígeno incluso en  
ausencia de movimientos del diafragma y expansión pulmonar. Además, la presión neta de los alvéolos  
es ligeramente subatmosférica por lo que el gas fluye desde la faringe a los alvéolos. Este método  
también es utilizado por los neurólogos para prevenir desaturación mientras se realizan exámenes de  
muerte cerebral, así como también, para broncoscopias y procedimientos de ORL. La cánula nasal es  
el dispositivo de elección y con un flujo de 15 L/min se puede obtener una FiO2 cercana al 100%,  
además se puede mantener colocada durante los intentos de intubación endotraqueal (Weingart &  
Levitan, 2012).  
Controversia Sobre la Sonda Nasogástrica  
Además de optimizar la preoxigenación a las condiciones de cada paciente, también se debe abordar  
un tema de gran relevancia clínica y además ampliamente debatido: el uso de la sonda nasogástrica.  
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Salem et al. (2014) señala que la sonda nasogástrica es una “espada de doble filo”, ya que tiene tanto  
riesgos como beneficios. Como la sonda atraviesa el esfínter esofágico superior y el inferior, los  
mantiene abiertos y puede facilitar la regurgitación pasiva, sin embargo, es una de las únicas maneras  
de descomprimir el estómago. En su algoritmo de manejo propone lo siguiente: no retirar la sonda en  
aquellos pacientes que ya la tienen colocada (ya que puede estimular el vómito) y aspirar la sonda en  
diferentes posiciones para asegurar que no queden bolsillos de líquido. También, la sonda debe de  
estar abierta a la atmósfera o conectada a succión durante la inducción. Por otro lado, no se  
recomienda colocar una sonda nasogástrica en pacientes que no la tienen, ya que hay riesgo de inducir  
el vómito, puede generar regurgitación pasiva al dejar los esfínteres abiertos y además no garantiza el  
vaciamiento completo del estómago (Salem et al., 2014).  
Farmacología Adyuvante  
Además de la controversia sobre la sonda nasogástrica, el manejo farmacológico para acelerar el  
vaciamiento gástrico y elevar el pH también sigue siendo un tema de discusión. Las guías de ayuno de  
la ASA (2017) también abarcan las recomendaciones sobre el uso de medicamentos estimulantes  
gastrointestinales, bloqueadores de la secreción de ácido gástrico, antiácidos, antieméticos y  
anticolinérgicos. De acuerdo con estas guías, la metoclopramida es efectiva para reducir el volumen  
gástrico y elevar el pH, sin embargo, no hay suficiente literatura como para confirmar que su uso reduce  
la incidencia de aspiración. Su uso se justifica únicamente en pacientes con riesgo de aspiración.  
Similarmente, los antagonistas de receptores H2 como la ranitidina, la cimetidina, la famotidina y los  
inhibidores de bomba de protones como el omeprazol, también disminuyen el volumen y la acidez  
gástrica, sin embargo, tampoco hay estudios que demuestren si hay un efecto en su uso y la incidencia  
de aspiración pulmonar. Estos medicamentos se pueden utilizar en pacientes con riesgo de aspiración,  
pero no se aconseja su uso rutinario para pacientes que no tienen riesgo. Los antiácidos como el citrato  
de sodio aumentan el pH gástrico, por lo que se pueden administrar en pacientes con riesgo de  
aspiración, pero solo los que no son particulados. La literatura también es insuficiente para evaluar el  
efecto de los antieméticos en la incidencia de aspiración pulmonar, por lo que su uso rutinario tampoco  
está indicado. Por último, los anticolinérgicos no se recomiendan en ningún escenario para este  
propósito (ASA, 2017).  
Fase de Inducción  
Una vez que ya se ha alcanzado una preparación meticulosa y una preoxigenación óptima, se da inicio  
a la fase de la inducción farmacológica. En esta fase se administran dos tipos de agentes: los  
hipnóticos, que se encargan de inducir el plano anestésico y suprimir los reflejos de la vía aérea, y los  
bloqueadores neuromusculares, cuyo objetivo es eliminar el tono muscular para facilitar la  
laringoscopía y prevenir el laringoespasmo durante la intubación. La selección de estos fármacos debe  
de ser estratégica, priorizando aquellos con un inicio de acción ultra rápido y un perfil de seguridad  
adaptado a la estabilidad hemodinámica del paciente (Stollings et al., 2014).  
Fármacos Inductores  
Los agentes inductores son esenciales para la intubación de secuencia rápida. Proporcionan amnesia,  
atenúan las respuestas simpáticas y mejoran las condiciones de intubación. Si se utiliza un agente  
paralítico para la intubación sin sedación, el paciente puede estar completamente consciente de su  
entorno, puede sentir dolor y además sería incapaz de responder. Esto, además de ser sumamente  
incómodo para el paciente, hace que aparezcan respuestas fisiológicas adversas al manipular la vía  
aérea, como la aparición de taquicardia, hipertensión y aumento de la presión intracraneal. Los  
sedantes previenen y minimizan estos efectos, por ejemplo, la ketamina se puede utilizar en pacientes  
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con asma severo para reducir el broncoespasmo. Por otro lado, el uso de sedantes también mejora la  
vista laringoscópica, ya que suplementan la relajación incompleta del paralítico (Stollings et al., 2014).  
Históricamente, en la ISR clásica descrita por Slept y Safar (1970), se utilizaba el tiopental como el  
agente de inducción de elección, sin embargo, en la práctica actual este fármaco se ha dejado de  
utilizar. Con el paso del tiempo, se han incorporado nuevos agentes de inducción, entre estos el  
propofol, el etomidato, la ketamina y el midazolam. En la actualidad el más utilizado es el propofol, sin  
embargo, cada uno de estos fármacos ofrece ventajas específicas en determinados escenarios  
clínicos. El agente de inducción ideal es aquel que permite una pérdida de conciencia rápida,  
minimizando el tiempo entre la inducción anestésica y la intubación endotraqueal y que, al mismo  
tiempo, mantenga la estabilidad hemodinámica del paciente. Por esta razón, la selección del agente  
debe de individualizarse según las características del paciente y el contexto clínico (Stollings et al.,  
2014).  
El etomidato es un sedante hipnótico derivado de imidazol que actúa en el receptor de ácido gamma  
aminobutírico (GABA), bloqueando la neuro excitación y produciendo anestesia. Se administra en bolo  
por vía intravenosa a una dosis de 0.3 mg/kg con un inicio de acción de 15-45 segundos y una duración  
de acción de 3-12 minutos. Hemodinámicamente es neutro y no libera histamina. No posee un efecto  
analgésico, por lo que no atenúa los estímulos nocivos al manipular la vía aérea, por lo que se suele  
administrar en conjunto con un analgésico opioide como el fentanilo. Su estabilidad hemodinámica es  
útil para la intubación en pacientes con hipotensión y con patologías intracraneales donde se debe de  
evitar la hipotensión. Sus efectos adversos incluyen supresión suprarrenal y mioclonías. Tiene un  
efecto neuroprotector ya que reduce el metabolismo cerebral sin comprometer la perfusión cerebral  
(Brown & Sakles., 2025; Stollings et al., 2014).  
Las benzodiazepinas producen sedación y amnesia por medio de sus efectos en el receptor GABA. El  
más utilizado es el Midazolam debido a su rápido inicio de acción. La dosis de inducción es de 0.1-0.3  
mg/kg por vía intravenosa con un inicio de acción en 30-60 segundos y una duración de 15-30 minutos.  
No posee un efecto analgésico, sin embargo, sí posee un efecto anticonvulsivo, por lo que es efectivo  
en pacientes con estatus epiléptico. Por lo general, puede producir una caída en la presión arterial  
media de un 10-25%, por lo que su uso es limitado en casos de hipovolemia o shock. (Brown & Sakles.,  
2025; Stollings et al., 2014).  
La ketamina es un agente anestésico disociativo que proporciona analgesia además de sus efectos  
amnésicos y sedantes. Actúa como antagonista no competitivo del glutamato en el receptor N-metil-  
D-aspartato, causando neuro-inhibición y anestesia. Por otro lado, también es analgésico ya que excita  
los receptores opioides. También, estimula los receptores de la catecolamina aumentando la  
frecuencia cardiaca, la contractilidad y la presión arterial media. Se administra por vía intravenosa en  
una dosis de 1-2 mg/kg y tiene un inicio de acción de 45-60 segundos con una duración de 10-20  
minutos. Es el agente de inducción más hemodinámicamente estable, haciéndolo la opción más  
atractiva en pacientes con hipotensión, sin embarg, se debe de tener precaución en pacientes que  
tienen depleción de catecolaminas por alguna enfermedad subyacente, ya que más bien puede  
producir hipotensión en estos casos. La liberación de catecolaminas también causa broncodilatación,  
por lo que se sugiere su uso en pacientes con exacerbaciones asmáticas (Brown & Sakles., 2025;  
Stollings et al., 2014).  
Por último, el propofol es un derivado alquil fenólico altamente liposoluble que actúa en el receptor  
GABA produciendo sedación y amnesia. Se pueden utilizar dosis de 1.5-3 mg/kg por vía intravenosa,  
con un inicio de acción de 15-45 segundos y una duración de 5-10 minutos. Suprime la actividad  
simpática, por lo que produce depresión miocárdica y vasodilatación periférica. La disminución  
habitual de la presión arterial media es de 10 mmHg, pero puede desarrollarse hipotensión severa en  
pacientes con inestabilidad hemodinámica subyacente. Algunas veces se combina el propofol con  
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ketamina (“ketofol”) para obtener los beneficios de ambas drogas y minimizar los efectos adversos  
como lo son la hipotensión (Brown & Sakles., 2025; Stollings et al., 2014).  
La elección del agente de inducción depende de cada paciente y del escenario clínico. En pacientes  
con presión intracraneal elevada por un trauma craneoencefálico o por un evento cerebrovascular, se  
prefiere un agente que mantenga una adecuada perfusión cerebral, por lo que el etomidato es de  
elección y la ketamina es una alternativa. En estatus epiléptico se recomienda el propofol o el  
etomidato, pero también se puede utilizar el midazolam. Para pacientes con broncoespasmo severo  
se sugiere el uso de ketamina y propofol ya que ambos tienen efectos broncodilatadores. En pacientes  
con enfermedades cardiovasculares se opta por el uso de etomidato, ya que provee estabilidad  
hemodinámica. Por último, en pacientes con shock se suele utilizar etomidato y ketamina como  
alternativa. No hay un agente de elección para pacientes con riesgo de aspiración, por lo que su  
elección depende de otros factores de riesgo asociados al paciente como estabilidad hemodinámica,  
entre otros (Stollings et al., 2014).  
Además de los fármacos inductores, también hay medicamentos adyuvantes que se pueden utilizar en  
algunos pacientes para atenuar los efectos de la manipulación de la vía aérea durante la laringoscopía  
y la intubación endotraqueal. La faringe, laringe y la carina de la tráquea son estructuras muy inervadas  
con nervios simpáticos y parasimpáticos. Cuando se hace la laringoscopía y la intubación se estimulan  
estos nervios y causan respuestas simpáticas como el aumento de presión arterial, frecuencia cardiaca  
y presión intracraneal. Hay medicamentos que se pueden incorporar antes de la inducción para reducir  
estas respuestas fisiológicas. Estos por lo general se administran 3 minutos antes de la laringoscopía  
y son suplementarios, por lo que en casos de emergencias no necesariamente son esenciales. Algunos  
de los agentes que se pueden utilizar son la lidocaína que atenúa el aumento de resistencia en la vía  
aérea y el aumento de presión intracraneal, los opioides que disminuyen los efectos cardiovasculares  
de la estimulación del sistema nervioso simpático y los agentes alfa adrenérgicos como la epinefrina  
y fenilefrina que aumentan la resistencia vascular sistémica y pueden mantener la presión arterial en  
pacientes que tienen inestabilidad hemodinámica o son más propensos a tenerla (Stollings et al.,  
2014).  
Bloqueadores Neuromusculares  
Por más de 50 años la succinilcolina fue el bloqueador neuromuscular gold standard para la ISR debido  
a su inicio de acción ultra rápido (30-60 segundos) y recuperación rápida (6-10 minutos). Sin embargo,  
la “era de oro” de la succinilcolina se ha visto afectada por su perfil de efectos adversos. Agentes  
alternativos incluyen los bloqueadores neuromusculares no despolarizantes como el pancuronio,  
vecuronio, atracurio, cisatracurio y rocuronio, sin embargo, ninguno de estos alcanzaba condiciones de  
intubación tan óptimas y rápidas como la succinilcolina. El panorama empezó a cambiar desde que se  
introdujo la dosis alta de rocuronio (1.2 mg/kg), que asimilaba el inicio de acción rápido de la  
succinilcolina sin los efectos sistémicos. La llegada subsecuente del sugammadex como un agente  
reversor específico del rocuronio llegó a eliminar la principal desventaja del rocuronio: su prolongada  
duración de acción. Esto ha desplazado la balanza riesgo-beneficio, cuestionando si la succinilcolina  
conserva aún su estatus como el estándar de oro en la ISR (Tran et al., 2015; Alvarellos et al., 2015).  
La succinilcolina es un bloqueador neuromuscular despolarizante compuesto por dos moléculas de  
acetilcolina. La dosis es de 1-2 mg/kg y su mecanismo de acción consiste en la activación de los  
receptores nicotínicos en la placa neuromuscular, provocando despolarización que genera  
fasciculaciones seguida por una parálisis flácida profunda en menos de 60 segundos. Se metaboliza  
por medio de una butirilcolinesterasa plasmática, por lo que tiene una vida media corta de 4-6 minutos.  
Por estas características, fue el gold standard de la ISR por mucho tiempo, ya que ofrece condiciones  
óptimas de intubación en tiempos mínimos (Alvarellos et al., 2015).  
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Sin embargo, su uso clínico ha disminuido debido a su perfil de efectos adversos. Entre ellos destaca  
la apnea prolongada en pacientes con variantes genéticas de la butirilcolinesterasa, el riesgo de  
hipertermia maligna, la hiperkalemia grave, entre otros. La hiperkalemia grave motivó una advertencia  
de recuadro negro de la FDA después de reportes de paros cardíacos en pacientes pediátricos con  
miopatías no diagnosticadas. Actualmente su uso está contraindicado en fases agudas de trauma,  
quemaduras extensas y distrofias musculares (Alvarellos et al., 2015).  
Por otro lado, el rocuronio es un bloqueador neuromuscular no despolarizante que produce un  
antagonismo competitivo en el receptor de acetilcolina en la unión neuromuscular (Stollings et al,  
2014). No hay ningún bloqueador neuromuscular no despolarizante que tenga las propiedades  
farmacodinámicas y farmacocinéticas similares a la succinilcolina, sin embargo, el rocuronio es el que  
más se acerca, ya que en altas dosis tiene un inicio de acción rápido. A diferencia de la dosis estándar  
de 0.6 mg/kg que tarda alrededor de 90 segundos en actuar, la dosis de 1.2 mg/kg logra condiciones  
de intubación en aproximadamente 60 segundos, asimilando la rapidez de la succinilcolina (Tran et al.,  
2015).  
Según el metaanálisis de Cochrane elaborado por Tran et al. (2015), cuando se utiliza la dosis de  
rocuronio de 1.2 mg/kg, no existen diferencias estadísticamente significativas en las condiciones de  
intubación, ni en el éxito al primer intento en comparación con la succinilcolina. Además, con el  
sugammadex, que es un agente quelante que permite la reversión inmediata y completa del bloqueo  
neuromuscular, ya la desventaja de la imposibilidad de recuperar la ventilación espontánea  
rápidamente no existe. En la actualidad, la recomendación para la ISR es utilizar el rocuronio en dosis  
altas como agente de primera línea, reservando la succinilcolina para casos específicos donde el  
sugammadex no está disponible o existen contraindicaciones.  
Por otro lado, al evaluar la balanza costo-beneficio, hay una gran diferencia económica entre el uso de  
estos medicamentos. Mientras que la succinilcolina representa un gasto de adquisición  
extremadamente bajo, usualmente inferior a 1 USD por dosis, el sugammadex puede superar los 300  
USD por dosis. Por lo que, en sistemas de salud con recursos limitados, el costo del sugammadex sigue  
siendo el principal argumento para seguir utilizando la succinilcolina como bloqueador neuromuscular  
de elección en la ISR (Chambers et al., 2010).  
Fase de Intubación  
Una vez que el paciente pierde el conocimiento y se logra la relajación muscular, comienza la etapa  
más delicada de la ISR. En este momento el paciente entra en apnea y su vía aérea queda totalmente  
desprotegida ante una posible regurgitación. Por esta razón, el objetivo principal es asegurar la vía  
aérea lo más rápido posible. Aunque la preoxigenación ofrece una ventana de seguridad que puede ser  
hasta de 5-8 minutos en pacientes sanos, cada segunda cuenta y entre más tiempo pase sin el tubo  
puesto, mayor es el riesgo de broncoaspiración. Debido a lo delicada que es esta fase es bueno tener  
un plan de acción, ya que no se puede improvisar. El equipo siempre debe de conocer los pasos a seguir  
si las cosas no salen bien. Por eso las guías del Difficult Airway Society recomiendan utilizar un sistema  
de planes secuenciales que priorizan la oxigenación del paciente (Frerk et al., 2015).  
El plan A es la intubación endotraqueal. El objetivo es asegurar la vía aérea en el primer intento. El  
médico utiliza un laringoscopio para visualizar las cuerdas vocales, pasa el tubo y por último se asegura  
el balón. Se recomienda un máximo de tres intentos y se permite un cuarto intento si un colega con  
más experiencia está disponible. La mejor posición para aumentar el éxito de la intubación es la  
posición de olfateo. Si la visión de la vía aérea es difícil, se puede utilizar la maniobra de BURP en donde  
externamente se mueve la laringe hacia atrás, arriba y a la derecha que permite visualizar mejor. Si se  
predice que la vía aérea va a ser difícil, el videolaringoscopio es la primera opción para observar mejor  
la vía aérea y evitar intubaciones fallidas (Frerk et al., 2015).  
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La Maniobra de Sellick: Evidencia Actual  
La maniobra de Sellick consiste en presionar el cartílago cricoides para cerrar el esófago y evitar que  
el vómito llegue a los pulmones si hay un episodio de regurgitación (Sellick, 1961). Aunque se ha  
utilizado desde 1961, hoy se debate si realmente es efectiva. En el estudio IRIS (2018) elaborado con  
más de 3000 pacientes, los resultados demostraron que no hubo diferencia significativa en la cantidad  
de pacientes que sufrieron aspiración entre los que recibieron la maniobra y los que no. También, en  
muchos casos, presionar el cuello hizo que fuera más difícil observar las cuerdas vocales con el  
laringoscopio, dificultando y retrasando la intubación. A pesar de estos resultados, muchas guías  
todavía sugieren utilizar la maniobra, pero con una condición: si se dificulta ver la vía aérea, se debe de  
soltar de inmediato, ya que la prioridad siempre es colocar el tubo rápidamente. Se debe de aplicar una  
fuerza de 1 kg (10 N) mientras el paciente no ha perdido conciencia y aumentar a 3 kg (30 N) una vez  
que el paciente ya perdió la consciencia. Si el paciente tiene un tubo nasogástrico igual se debe de  
realizar la maniobra, ya que no compromete la protección que ofrece la presión cricoidea (Birenbaum  
et al., 2019).  
Confirmación de la Cánula: ¿Está el tubo en el lugar correcto?  
Una vez que el tubo pasa las cuerdas vocales, es obligatorio confirmar que está en la tráquea antes de  
conectarlo al ventilador. La intubación esofágica no detectada es fatal, por lo que siempre se debe  
confirmar la posición del tubo. La capnografía es el método más confiable para confirmar que el tubo  
está en la tráquea. Consiste en medir los niveles de dióxido de carbono que salen de los pulmones. Si  
el monitor muestra una curva constante que se conoce como la onda de capnografía, significa que el  
tubo está en la tráquea. Si no hay onda, el tubo está en el esófago y se debe de retirar de inmediato. La  
auscultación también es otra forma de confirmar si el tubo está en el lugar correcto. Con el  
estetoscopio se puede escuchar el sonido de aire entrado a los lóbulos pulmonares. Por otro lado, si  
se escuchan burbujas al ventilar significa que está en el estómago y se debe de retirar. Otros signos  
clínicos que demuestran que el tubo está en la tráquea es si se observa que el tubo se empaña con el  
aliento del paciente, y también ver que el pecho sube y baja de forma simétrica cuando entra el aire.  
Confirmar que el tubo está en la posición correcta es esencial, ya que una intubación esofágica no  
detectada es fatal (Frerk, 2015).  
Abordaje de una Intubación fallida  
Si después de los intentos del plan A no se logra asegurar la vía aérea se debe de pasar al plan B, en  
donde el objetivo no es intubar si no lograr oxigenar al paciente por medio de un dispositivo de vía  
aérea supraglótico. Se debería de optar por un dispositivo supraglótico de segunda generación ya que  
son más eficaces y seguros. Estos tienen una separación gastrointestinal y de la vía respiratoria por lo  
que son más seguros en proteger contra una broncoaspiración. Una vez ya colocada la mascarilla  
laríngea y confirmada la ventilación, se debe de considerar una de cuatro opciones: despertar al  
paciente, intentar la intubación a través del dispositivo supraglótico usando fibroscopio, continuar la  
cirugía usando la mascarilla laríngea o proceder a una traqueostomía/cricotiroidotomía en casos raros.  
Sin embargo, en pacientes con riesgo de broncoaspiración lo recomendable es despertar al paciente y  
desarrollar otro plan, ya que el dispositivo supraglótico no protege la vía aérea ante una regurgitación.  
Si no se logra oxigenar por medio de un dispositivo supraglótico, después de tres intentos se debe  
continuar con el plan C (Frerk et al., 2015).  
El plan C consiste en intentar oxigenar por medio de mascarilla facial. Si la ventilación resulta en  
oxigenación adecuada, se debe de revertir el bloqueo neuromuscular para despertar al paciente. Si no  
es posible mantener la oxigenación con la mascarilla facial, se debe asegurar parálisis completa antes  
de que se desarrolle hipoxia crítica y proceder con el plan D. Este se utiliza cuando se declara que no  
se puede intubar y no se puede oxigenar. Aquí se debe de proceder a acceder a la vía aérea por la región  
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anterior del cuello. Todos los anestesiólogos deben de estar capacitados para realizar una vía aérea  
quirúrgica. La cricotiroidotomía con bisturí es el método más rápido y más confiable para asegurar la  
vía aérea en el contexto de una emergencia. Un tubo con balón en la tráquea protege la vía aérea de  
aspiración, provee una ruta segura para exhalación y permite utilizar ventilación con sistemas  
estandarizados (Frerk et al., 2015).  
La técnica consiste en extender el cuello, identificar la membrana cricotiroidea y hacer una incisión  
transversal por la piel y la membrana. Posteriormente se debe girar el bisturí 90 grados, insertar el  
dilatador y avanzar 10-15 cm. Por último, se debe insertar el tubo endotraqueal, retirar el dilatador, inflar  
el balón, confirmar la ventilación adecuada y asegurar el tubo. Siempre se debe tener preparado el  
equipo en cualquier caso de una emergencia. Se necesita un bisturí número 10, un dilatador y un tubo  
con manguito de 6 mm. Si el ultrasonido está inmediatamente disponible se puede utilizar para  
identificar mejor las estructuras antes de hacer la cricotiroidotomía. Es muy importante que a estos  
pacientes se les dé un buen seguimiento postoperatorio para poder identificar complicaciones, ya que  
hay una relación estrecha entre una intubación difícil y trauma en la vía aérea (Frerk et al., 2015).  
Fase de extubación  
La extubación no es simplemente el final de la anestesia, es un periodo de transición crítico. Según las  
guías de extubación del Difficult Airway Society (DAS, 2012), en los pacientes de alto riesgo, incluyendo  
los pacientes con riesgo de aspiración, la extubación debe de ser un proceso planeado y vigilado para  
evitar complicaciones. En estos pacientes la mejor opción es realizar una extubación despierta. Esto  
significa que el paciente se extuba una vez que haya recuperado por completo los reflejos de protección  
de la vía aérea. El paciente debe de estar despierto, consciente, debe de responder a órdenes, ser capaz  
de abrir los ojos, tener tos, ser capaz de tragar y asegurar que se haya revertido por completo el  
bloqueador neuromuscular.  
En pacientes que tienen sonda nasogástrica durante la cirugía se recomienda succionar antes de la  
extubación. Se sugiere extubar a los pacientes en posición lateral izquierda con la cabeza hacia abajo  
o en posición sentada. Sin embargo, la posición lateral permite que si hay un episodio de vómito el  
contenido drene por gravedad por la boca y no por la vía aérea. También se recomienda limpiar la boca  
y la faringe cuidadosamente bajo visión directa antes de retirar el manguito del tubo. La extubación en  
pacientes con riesgo de aspiración no se debe de considerar como un evento rutinario, sino como una  
maniobra de alto riesgo que requiere de planificación y cuidado (DAS, 2012).  
Manejo de una Broncoaspiración Instaurada  
El manejo de la aspiración pulmonar requiere un alto índice de sospecha clínica y una intervención  
oportuna. La presentación clínica de una aspiración pulmonar puede variar desde un curso  
completamente asintomático hasta un síndrome de distrés respiratorio agudo con falla respiratoria.  
Las manifestaciones clínicas pueden desarrollarse desde horas hasta días después del evento inicial  
y dependen de los siguientes factores determinantes: el contenido del aspirado, la capacidad  
infecciosa, el volumen y el pH del aspirado. Existen dos síndromes clínicos comunes que suceden  
después de un evento de aspiración que representan un reto diagnóstico: la neumonitis química y la  
neumonía por aspiración (Gon Son et al., 2017)  
La neumonitis química por aspiración es un síndrome inflamatorio no infeccioso que ocurre como  
consecuencia de una macroaspiración de ácido gástrico típicamente con un pH menor a 2.4. En su  
fase inicial, el daño es directo y corrosivo sobre el epitelio respiratorio y posteriormente se desarrolla  
una respuesta inflamatoria intensa. Por lo general, su curso clínico es rápido caracterizado por  
hipoxemia, broncoespasmo, fiebre, taquicardia e infiltrados pulmonares parcheados en la radiografía  
de tórax. El tratamiento es de soporte y el uso de antibióticos no está indicado de rutina. En muchos  
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casos suele resolver en un periodo de 48 horas o bien puede evolucionar a un síndrome de distrés  
respiratorio o inclusive a una neumonía (Gon Son et al., 2017).  
Por el contrario, la neumonía por aspiración se produce cuando se aspiran grandes cantidades de  
contenido gástrico, típicamente con un pH mayor a 2.5 y con una alta carga bacteriana. El inóculo  
bacteriano proviene de la cavidad oral y el tracto gastrointestinal superior, por lo que generalmente son  
infecciones causadas por patógenos entéricos gram negativos o anaerobios. A diferencia de la  
neumonitis química, su inicio es más insidioso o subagudo, presentando tos, fiebre, disnea e hipoxemia  
y los infiltrados se localizan predominantemente en los segmentos pulmonares dependientes según la  
posición del paciente. El tratamiento consiste en realizar cultivos mediante lavado broncoalveolar para  
guiar la terapia, iniciar terapia antimicrobiana empírica y una vez que el cultivo esté disponible evaluar  
el desescalamiento de la terapia antibiótica (Gon Son et al., 2017).  
Anteriormente, se recomendaba iniciar un esquema profiláctico de antibióticos después de un evento  
de neumonitis por aspiración para prevenir el desarrollo de una neumonía, sin embargo, esto ya no se  
recomienda. Dragan et al (2018) realizaron un estudio de cohorte retrospectivo para comparar los  
resultados de una neumonitis por aspiración en pacientes que recibieron antibióticos profilácticos de  
rutina en comparación con el manejo con cuidados de apoyo únicamente durante los primeros dos  
días tras un episodio de neumonitis por aspiración aguda. El estudio incluyó 200 pacientes, de los  
cuales 76 recibieron terapia con antibióticos profilácticos y 124 recibieron manejo de soporte  
únicamente. Los resultados demostraron que no hay diferencias significativas en la mortalidad  
intrahospitalaria a los 30 días ni en la probabilidad de traslado a cuidados intensivos. Además, los  
pacientes que recibieron antibióticos profilácticos necesitaron más frecuentemente escalonamiento  
de la terapia y menos días libres de antibiótico. Por estas razones, los autores concluyeron que el uso  
rutinario de antibióticos profilácticos no ofrece ningún beneficio clínico y no se deberían de emplear de  
rutina.  
CONCLUSIÓN  
El manejo de un paciente con riesgo de broncoaspiración en el entorno perioperatorio todavía  
representa uno de los mayores desafíos para el anestesiólogo. La inducción e intubación de secuencia  
rápida continúa siendo uno de los métodos principales para reducir el riesgo en estos pacientes, sin  
embargo, su éxito no depende de una sola maniobra, sino de un abordaje integral. Como se evidencia  
en este artículo, el pilar fundamental en el manejo de la vía aérea es la preparación, ya que la mayoría  
de las complicaciones, entre estas la aspiración pulmonar, provienen de una falla en la identificación  
del riesgo y una planificación insuficiente. Esto exige a los anestesiólogos a siempre hacer una  
evaluación clínica rigurosa utilizando las herramientas de clasificación más precisas y actualizadas, y  
adoptar un manejo de la vía aérea optimizado con las técnicas de inducción e intubación más actuales  
y seguras. Los anestesiólogos deben dominar los protocolos más actuales, que son el resultado de  
investigación constante y medicina basada en evidencia. La investigación clínica es la herramienta  
fundamental que permite poner a prueba prácticas establecidas, perfeccionar estas técnicas  
existentes y desarrollar nuevas alternativas.  
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