La propuesta pedagógica de la filosofía para niños en la  
construcción de una cultura de paz en zonas de conflicto  
The Pedagogical Approach of Philosophy for Children in the Construction of  
a Culture of Peace in Conflict-Affected Areas  
Juan Carlos Barrios Quiacha  
Universidad San Buenaventura  
Cali Colombia  
Artículo recibido: 01 de noviembre de 2025. Aceptado para publicación: 09 de marzo de 2026.  
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.  
Resumen  
La filosofía para niños como propuesta pedagógica para la enseñanza de la filosofía, presenta una  
metodología llamada comunidad de indagación, metodología disruptiva de la enseñanza tradicional,  
que busca hacer que el aula de clases sea un espacio propicio para generar aprendizajes a través del  
diálogo respetuoso, el análisis profundo y la reflexión argumentativa. Este modelo creativo que  
fomenta un aprendizaje colaborativo se presenta como una oportunidad de encuentro respetuoso  
para estudiantes de zonas de conflicto donde juntos, conociendo su historia y marcados por ella, no  
solamente hacen una lectura crítica de la misma, sino que, apoyados por sus vivencias, generan  
nuevos conocimientos planteando soluciones reales a los problemas reales que viven, creando así  
una cultura de paz que favorezca la reconciliación y la convivencia armoniosa. La comunidad de  
interacción se convierte así, en un espacio de encuentro que reconcilia con el pasado, sanando y  
vislumbrando un futuro prometedor a través de ideas y propuestas novedosas de cambios reales y  
transformación social profunda que blinde a las nuevas generaciones con un compromiso profundo  
de no repetición, donde la cultura de paz traiga consigo valores vitales como el respeto, la tolerancia,  
la solidaridad y la justicia restaurativa.  
Palabras clave: propuesta pedagógica, filosofía para niños, comunidad de indagación, cultura  
de paz, zonas de conflicto  
Abstract  
Philosophy for Children, as a pedagogical approach to teaching philosophy, introduces a methodology  
known as the Community of Inquirya disruptive alternative to traditional instruction. Its aim is to turn  
the classroom into a space where learning emerges through respectful dialogue, deep analysis, and  
reasoned reflection. This creative model, which promotes collaborative learning, offers a meaningful  
opportunity for students from conflict-affected areas to meet in a respectful environment. By exploring  
their shared historyshaped by both personal and collective experiencesthey not only develop a  
critical understanding of it, but also generate new knowledge and propose real solutions to the real  
problems they face. In doing so, they begin to build a culture of peace that encourages reconciliation  
and harmonious coexistence. The Community of Inquiry thus becomes a space of encounter that helps  
heal the past and envision a promising future through innovative ideas and proposals for genuine  
change and profound social transformation. It strengthens new generations with a deep commitment  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 1 p 2715.  
to non-repetition, fostering key values such as respect, tolerance, solidarity, and restorative justice.  
Keywords: pedagogical approach, philosophy for children, inquiry community, culture of peace,  
conflict-affected areas  
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Cómo citar: Barrios Quiacha, J. C. (2026). La propuesta pedagógica de la filosofía para niños en la  
construcción de una cultura de paz en zonas de conflicto. LATAM Revista Latinoamericana de  
Ciencias Sociales y Humanidades 7 (1), 2715 2729. https://doi.org/10.56712/latam.v7i1.5469  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 1 p 2716.  
INTRODUCCIÓN  
Dadas las condiciones sociopolíticas de muchos lugares del país azotadas por la violencia y las  
consecuencias que esta trae, la educación se convierte en el arma revolucionaria fuente de resiliencia  
y esperanza que lanza un salvavidas a estos niños y niñas que no eligieron nacer y vivir el horror del  
conflicto. En muchos rincones del país afectados por el conflicto, uno de los grandes retos de la  
educación se presenta para los docentes, quienes deben a diario batallar contra la apatía, el desinterés  
y la indiferencia de los estudiantes frente a los contenidos propuestos; pero en otros lugares se viven  
situaciones dolorosas y retos diferentes, no solo para los docentes sino para los estudiantes; aquí se  
deben mencionar el miedo y temor creado por el conflicto armado, pues más que pensar en la  
educación, la lucha y el afán diario de estos estudiantes y sus familias es la sobrevivencia. Se trata de  
una cuestión vital, que se juega a diario. Y siguiendo con el flagelo del conflicto armado y sus  
consecuencias, en algunos lugares donde ha desescalada el conflicto y las situaciones de violencia, el  
fantasma del horror de la guerra puede nublar los nobles propósitos de ver en la educación una manera  
de salir y sanar las secuelas que esta ha causado. En medio de este contexto hostil y a la vez retador  
la metodología propuesta por la filosofía para niños, puede ayudar en la construcción de una pedagogía  
de paz en las aulas de zonas de conflicto; la comunidad de indagación se presenta como una  
herramienta que viene en ayuda de la población víctima. Azolaz et al., (2022) en su investigación  
resaltan que, estas comunidades de aprendizaje fomentan la construcción de tejido social, de  
comunidad, de formación integral y afianzamiento de los valores democráticos y ciudadanos, dado que  
esta práctica metodológica se basa en el diálogo, la participación, la reflexión y la argumentación,  
valores que fomentan el crecimiento académico, la convivencia escolar y la inclusión social y  
educativa. El fenómeno de la violencia en todas sus expresiones es un problema profundo que se puede  
y debe atender, incidiendo directamente en la cultura de la población a través de la educación y esta,  
como lo da a entender Ramírez (2023), se vale de las comunidades de indagación, donde a través de  
la interacción y el diálogo, se favorece el aprendizaje integral e integrativo.  
La pertinencia de esta metodología se puede hacer visible, ayudando a restaurar las relaciones  
interpersonales en los estudiantes, mejorando conscientemente las relaciones dialógicas, la capacidad  
de reflexión, argumentación y análisis de las situaciones para hacer de la escuela, que es una de esas  
primeras representaciones de la sociedad, un lugar de diálogo, reconciliación y aprendizaje. La  
comunidad de indagación, por tanto, más que una simple metodología se convierte en una poderosa  
herramienta que restaura las relaciones interpersonales de los niños y niñas de zonas de conflicto,  
devolviéndole al diálogo y la palabra el poder de unificar y alcanzar acuerdos comunes que los lleven a  
construir conocimientos, que no solo enriquecen el intelecto, sino que reconcilian. Así, la escuela más  
que un lugar de recibir instrucción se convierte en un escenario propicio para la reconstrucción del  
tejido social, la confianza y la convivencia armoniosa basada en el respeto, la empatía y el diálogo.  
Teniendo en cuenta lo que la UNESCO (s.f) dice sobre el derecho a la educación y su garantía y el  
cumplimiento del objetivo de desarrollo sostenible 4: educación de calidad, los estamentos encargados  
de la educación deben velar para que en momentos de crisis y situaciones de emergencia los centros  
educativos se conviertan en lugares seguros para estudiantes, docentes y las comunidades locales. El  
reto es convertir estos lugares en verdaderas comunidades donde el conocimiento y crecimiento  
integral sean los resultados de una interacción sana, dialógica, reflexiva y argumentativa, que no solo  
fortalece el conocimiento, sino que a su vez sana el corazón encarnando el perdón y el deseo de  
transformar estos territorios en santuarios de paz (Gutiérrez y Acevedo, 2024).  
El binomio educación y paz deben ir de la mano para alcanzar un crecimiento integral en los niños y  
niñas, pues no se podría gestar espacios de aprendizaje integral sanos, mientras la vida se encuentre  
amenazada. (Jamauca e Imbachi, 2017). La comunidad de indagación, como apuesta metodológica  
de la FpN, viene al encuentro de estas situaciones y dificultades que se presentan en el aula y fuera de  
ella, para transformarlas desde dentro, creando un ambiente educativo y social que busque el diálogo  
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y la construcción comunitaria de conocimientos, como herramientas poderosas, que silencian las  
armas y ayudan a superar las diferencias y abrazar una cultura estable de paz.  
METODOLOGÍA  
Para este artículo de reflexión se partió de la investigación documental, la revisión crítica de literatura  
y la reflexión teórica sobre la propuesta pedagógica de la FpN, llamada comunidad de indagación. Por  
tanto, el enfoque que tiene el artículo es cuantitativo e interpretativo ya que en él se busca mostrar  
cómo la propuesta pedagógica de la FpN, aporta a la construcción de la cultura de paz en zonas  
afectadas por el conflicto armado (Hernández-Sampieri y Mendoza, 2018). Teniendo en cuenta este  
enfoque no se analizan estadísticas, sino que se centra en el análisis conceptual, la hermenéutica y la  
argumentación crítica de diversos autores que abordan esta propuesta pedagógica.  
Este enfoque permite identificar cual es el avance y la acogida de la propuesta pedagógica de la FpN,  
especialmente en zonas rurales y de conflicto. El corpus documental que se tuvo en cuenta fueron  
artículos científicos, tesis, capítulos de libros y varios documentos académicos que se ocupan del  
tema. El primer paso realizado fue una exhaustiva revisión documental en la cual se identificó el tema  
y se delimitó. En esta tarea se usaron algunas bases de datos como (Academic Serch, EBSCO Host,  
Scielo, Dialnet, Scopus) y algunos buscadores (Google académico y repositorios). En la búsqueda se  
utilizaron los términos Filosofía para Niños, comunidad de indagación y el conector booleano usado  
fue la conjunción y para conectarlo con las palabras cultura de paz o paz, de modo que se fue filtrando  
la información y acercando a lo que se quería llegar, que era la relación entre comunidad de indagación  
y cultura de paz. De este modo se llegó a cabo la revisión de 84 materiales pertinentes con el tema.  
Para conocer su pertinencia y conveniencia se tuvo en cuenta el título, el resumen y las conclusiones  
(Sánchez 2009). Se utilizó como criterio de inclusión textos publicados en los últimos cinco años y los  
escritos latinoamericanos, teniendo en cuenta que el contexto del que tratan los artículos o el lugar  
donde se reflexiona, sea cercano al contexto colombiano.  
DESARROLLO  
Educación y transformación social  
La educación en Colombia debe convertirse en una causa social que abrace a todos los sectores sin  
distinción y sea de verdad, un derecho y no un privilegio. Teniendo en cuenta el rol fundamental que la  
educación cumple dentro de la sociedad, se debe tener presente que su papel es la transformación  
social; ya hacía referencia Freire (1970) a la educación, como un acto de liberación que permita a toda  
persona leer de manera crítica el mundo y desde esa lectura transformarlo. En los centros educativos  
afectados por el conflicto, la transformación social se convierte en un imperativo que debe llevar a  
todos los actores implicados en la educación, a buscar los medios suficientes y necesarios para que  
las aulas se conviertan en lugares de encuentro que restauran y sanan, en lugares donde el diálogo  
respetuoso restaure los lazos de fraternidad rotos por la violencia y se aprenda que la resiliencia, es  
más que la simple resistencia, convirtiéndose en una oportunidad para aprender y transformarse ante  
los retos de la vida. Respecto a la función transformadora de la educación Pirela et al., (2023), le dan  
un sentido bastante alto a esta función señalando que la transformación social, debe ser uno de los  
objetivos de la cultura y de la educación. De igual manera, los niños y niñas que, por cosas ajenas a su  
voluntad, no gozan ni de acceso ni de permanencia a la educación, tienen una gran desventaja pues  
como lo señala Óscar Picardo (2012: 54-55):  
Las carencias educativas llevan a los niños y jóvenes a una posición de fragilidad y  
vulnerabilidad, a situaciones de desventaja social y, en consecuencia, su desarrollo personal  
se ve afectado, lo que se refleja en su bajo auto concepto, irritabilidad, relaciones sociales  
inadecuadas, conductas de riesgo, etc. [...]el fracaso escolar es un indicador relevante de  
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riesgo de exclusión social porque reduce notablemente las posibilidades de inserción laboral  
y los ingresos económicos potenciales y, por tanto, tiende a reproducir las condiciones de  
pobreza que conducen a la exclusión.  
Llevar la educación a los sectores afectados por la violencia como deber estatal, debe buscar una  
sinergia entre todos los sectores y ambientes donde se mueven los niños y niñas, para que, favorecidos  
por estos entornos seguros y enriquecidos por la educación, transformen sus comunidades y las  
conviertan en lugares de reconciliación, paz y justicias social.  
La propuesta pedagógica de la Filosofía para niños  
La Filosofía para niños presenta, como lo refiere Cruz et. Al., (2020), una propuesta y una apuesta que  
aporta no solo en campo de la pedagogía, sino en la construcción de una cultura de paz, que puede  
resultar beneficiosa para los niños y niñas que viven en zonas de conflicto, no solo porque estén  
viviendo actualmente confrontaciones, sino que también porque arrastran los horrores de un conflicto  
pasado que no han sanado. La comunidad de Indagación, como metodología aplicada en la filosofía  
para niños, viene a ser una manera de hacer de las aulas de clase de estas poblaciones, un lugar de  
reconciliación y aprendizaje a través de un diálogo profundo que parte de la experiencia, donde a través  
del diálogo respetuoso, el análisis, la reflexión y la argumentación, se construyen conocimientos que  
miran al futuro, que transforman y cambian no solo el ambiente vital, sino la manera de concebir el  
mundo y la historia (Pérez y Cuervo, 2025). En palabras de Echeverria (2020):  
No una filosofía de academia, de torre de marfil y elitista, sino una filosofía que sirva para la  
vida, para equiparlos con herramientas que los ayuden a ser críticos y a hacer mejores juicios  
mejorando las decisiones que tomen en su quehacer cotidiano. Una práctica de la filosofía a  
partir de comunidades de diálogo en las escuelas donde los niños puedan intercambiar,  
analizar, enriquecer y mejorar sus ideas con la colaboración de sus compañeros de grupo,  
desde preescolar hasta el bachillerato. (p. 45)  
Esta propuesta pedagógica que pretende que el conocimiento no se transmita, sino que se construya,  
traspasa los textos y libros y se encarna en la realidad diaria de las comunidades para transformarlas  
desde dentro y así construir juntos, en el quehacer diario, entornos vitales que transpiren paz y  
reconciliación, no porque han borrado y olvidado lo que han vivido, sino porque a partir de eso, han  
logrado construir entornos seguros que los inspiran a soñar y a confiar en un futuro mejor.  
Educar para la paz en zonas de conflicto  
Dentro del contexto nacional no se puede desconocer que aún hoy en muchas regiones del país, se  
vive una oleada de violencia causada por los grupos al margen de la ley, que aprovechan el abandono  
y usencia del estado para establecer sus propias normas y reglas, como si estos lugares, aunque dentro  
del territorio colombiano, vivieran bajo unas normas y reglas diferentes. Ahora bien, aunque no se  
silencien las armas, tampoco se puede castrar a estos niños y niñas del derecho a la educación. Ellos,  
como todo colombiano gozan de los mismos derechos y deberes y es menester del estado garantizar.  
Pero como la realidad es otra, aunque resuenen las armas, la educación debe resonar con mayor fuerza  
y arrebatar a estos niños de las garras de la guerra. En muchas zonas de conflicto, muchos docentes  
se juegan la vida llevando un mensaje de paz y esperanza, convirtiendo en aula, quizá en la trinchera  
más segura donde estos infantes se pueden refugiar. De igual manera como lo expresa Paris (2025),  
no se trata de adoctrinar para la paz, olvidando lo vivido, se trata de educar para perdonar y educar para  
soñar con un futuro mejor, con un anhelo de construir país, no repitiendo los errores del pasado y  
espantando los horrores de la guerra. La Educación se convierte así, en una poderosa arma que ataca  
de manera frontal la violencia y sus consecuencias y a su vez, es una terapia que sana y restaura las  
comunidades, iniciando un proceso de paz, que no se firma, sino que se construye y vive a diario.  
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Educar para hacer las paces, debe ser un imperativo que mueva el ejercicio de la educación, pues se  
debe buscar que la educación toque la vida para transformarla y lo que se busca trasformar en las  
zonas de conflicto, son precisamente esas situaciones dolorosas que han robado sonrisas y han  
acabado con muchos sueños. Paris (2025), lo dice claramente:  
La filosofía pasa a ser una herramienta fundamental en y para la que se debería preparar en los ámbitos  
de educación formal, al ser una clara incentivadora de prácticas en favor de la transformación pacífica  
del sufrimiento humano y de la naturaleza. (p. 2)  
Las comunidades de indagación en la construcción de la cultura de paz  
Ante los nuevos desafíos que se presentan en el ámbito de la educación y más si estos desafíos están  
acompañados de ambientes sociales golpeados por el conflicto armado, las metodologías y  
estrategias mediadoras del ejercicio enseñanza - aprendizaje, deben ajustarse a las necesitades de  
estos territorios, para que la educación sea vista por los niños y niñas como un camino que transforma  
la vida y no como una utopía alejada de la realidad. (Rojas, 2021).  
Así las cosas, en este modo de hacer filosofía se busca hacer del pensamiento una habilidad social  
que se va desarrollando a través de las capacidades críticas, creativas y reflexivas, siempre  
respetuosas del pensamiento del otro. Valles y Rivas (2025) expresan lo siguiente:  
El desarrollo de la razonabilidad, en el impulso de estas capacidades, debe ser fomentado para  
prevenir el pensamiento dogmático y unilateral, con ello fomentar la justicia y otras vías para  
enfrentar conflictos que no sea la violencia, a menudo alimentada por, precisamente,  
pensamientos unilaterales y excluyentes. (p.110)  
La tarea de la comunidad de indagación es fomentar el diálogo respetuoso, sin barreras, ni temores, se  
podría decir, un diálogo horizontal que permita la libre expresión, la escucha atenta, el respeto y la  
argumentación. Cuando Sharp (1995), se imaginaba a las comunidades de indagación pensaba en  
comunidades que no solamente afinaban su intelecto y su conocimiento crítico, sino que pensaba en  
comunidades donde la empatía y la sensibilidad hacia las necesidades de los demás, hicieran de esas  
comunidades de indagación, verdaderos espacios que fomenten el desarrollo integral, haciendo que  
cada día se busque hacer las paces desde los retos cotidianos, ofreciendo una educación real y  
contextualizada.  
REFLEXIÓN  
Pertinencia de la propuesta pedagógica de la FpN en zonas de conflicto  
Esta propuesta pedagógica de Matthew Lipman hecha desde la filosofía, basada en el pensamiento  
crítico, creativo, reflexivo y cuidadoso, despierta en los niños y niñas habilidades como el diálogo  
reflexivo y la construcción colectiva de conocimientos. Ahora bien, estas habilidades cuando son  
llevadas a las aulas de contextos marcados por el conflicto, que a su vez causa, desconfianza,  
polarización, deterioro del tejido social y comunitarios, pueden ser restauradoras y transformadoras,  
valiosas y necesarias. Esta propuesta pedagógica va en consonancia con una de las necesidades que  
tenemos en nuestro país y es educar para la paz; frente a tantas situaciones que causan conflicto y  
crean heridas en el corazón de muchos niños y niñas, esta propuesta pedagógica contrarresta los  
efectos adversos de la violencia, la intolerancia y el pensamiento dogmático. Educar para la paz, por  
tanto, se convierte en un imperativo que evoca el deseo de los colombianos y colombianas que anhelan  
vivir en paz en un país que brinde oportunidades para todos, donde no se estratifique el conocimiento  
y las oportunidades, donde no sea un delito ni una condena de muerte pensar diferente y alzar la voz  
contra la injusticia.  
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Cuando se aplica la metodología de la comunidad de indagación en el aula, se hace una apuesta por  
incentivar en los estudiantes la confianza para expresar en la escuela sus emociones, compartir sus  
inquietudes y preguntas sin ningún temor ni a represalias, ni a burlas; esto hace que el aula se convierta  
en un ambiente seguro donde se favorece la libre expresión y donde cada opinión, cada palabra, cada  
aporte cuenta y es importante en la construcción de conocimiento. De allí que la filosofía no solamente  
debe ayudar a pensar, sino que debe preparar para la vida, una vida real, encarnada y contextualizada.  
La escuela y el aula vistos simbólicamente como un refugio seguro donde la persona y sus palabras  
tienen valor, contrastará de manera frontal con los ambientes hostiles circundantes donde predomina  
el miedo y el silencio a expresarse; en este contexto se debe enseñar el concepto, prosocial, que Ruiz  
(1966) entiende como la capacidad de la persona de beneficiar a otros, un concepto que vale la pena  
recordar y encarnar en la enseñanza. En el ambiente que propone la pedagogía de la FpN, el  
pensamiento crítico, creativo y cuidadoso, propuestos por Lipman (2016), ocupan un lugar central, que  
a la vez es pertinente y necesario. Su pertinencia y necesidad radica en que, por ejemplo, el  
pensamiento crítico debe ayudar a romper estereotipos, eliminar prejuicios infundados y llegar a las  
argumentaciones razonables, que hacen que se puedan releer de manera crítica todo tipo de discursos  
o palabras que incitan al odio y que incentivan a la confrontación. De igual manera el pensamiento  
creativo lleva a los niños y niñas a buscar alternativas de solución diferentes a la violencia, buscando  
caminos donde la paz y el bienestar de la comunidad sean la bandera. Finalmente, y para cerrar estas  
tres dimensiones del pensamiento está también el llamado ético o cuidadoso; esta dimensión enfatiza  
en el altruismo, el pensar en el otro, en el ponerse en el lugar del otro a través de la empatía y en el  
reconocer el valor y el aporte del otro a la construcción del conocimiento y tejido social. Estos  
elementos mencionados, en una sociedad fragmentada por el conflicto y la violencia, son una base  
para la construcción de una cultura de paz sólida, que inicia con una verdadera reconciliación.  
El diálogo filosófico como reconstructor del tejido social  
La comunidad de indagación propuesta por la FpN, no solamente se presenta como un espacio  
pertinente en la manera de hacer filosofía, sino que representa una apuesta que irrumpe los modelos  
tradicionales y va al encuentro de contextos sociales afectados por el conflicto, donde las  
comunidades y todo el tejido social ha quedado fragmentado y herido. Así las cosas, el diálogo  
filosófico propuesto por la comunidad de indagación se presenta como un puente no solo pedagógico,  
sino también ético que ayuda a restaurar el tejido social. Las principales manifestaciones del deterioro  
del tejido social se reflejan en las divisiones en las comunidades, la desconfianza, la incapacidad de  
resolver los conflictos y la violencia, entre otros (Herrera, 2023). Ante esta realidad que se vive, la  
comunidad de indagación se presenta como una práctica pedagógica cargada con un sentido y  
contenido ético profundo, que facilita la restauración de la confianza, las relaciones rotas, la mirada  
respetuosa de horizontes diferentes, y en general la búsqueda dialogal del bien común. Este diálogo en  
palabras de Valles y Rivas (2025)  
Se convierte en una herramienta clave para la construcción de paz, ya que permite a los  
estudiantes explorar diferentes puntos de vista y desarrollar soluciones colaborativas a los  
problemas que enfrentan. Este proceso no solo fortalece sus habilidades de argumentación,  
sino también su capacidad para entender y valorar las perspectivas de los demás. (p. 119)  
Una sociedad fragmentada manifiesta una crisis profunda en la comunicación y en esta, la palabra  
juega un papel importante, ya que su función de facilitadora del diálogo y la comunicación se pierden  
y se convierte en una herramienta hiriente y de fractura, más cuando se impone, se hiere a través de  
ella o se usa para tejer dialécticas de odio o violencia (Loaiza, 2023). Con el diálogo filosófico se busca  
que esta herramienta y arma de doble filo, sea usada de manera correcta y ayude a unir antes que  
dividir, donde cada palabra del otro sea escuchada y a través de ella, se reconozca una historia que  
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merece ser contada, escuchada, comprendida y apoyada. Se trata de tejer diálogos reconstructores  
desde la curiosidad, desde el deseo de saber, desde la pregunta y no desde la amenaza.  
El diálogo permite a una sociedad fragmentada volver a encontrarse para pensar juntos, sanar juntos  
y soñar juntos; un lugar donde las ideas no se imponen por la fuerza, sino donde son examinadas con  
la lupa de la argumentación y el prisma del respeto. En estos contextos de conflicto, desde el aula, se  
debe enseñar que la diferencia no crea enemigos, ni es una amenaza, sino que es una riqueza y una  
manera de ampliar el horizonte del conocimiento. El diálogo filosófico como encuentro, obliga a romper  
esa dicotomía irreconciliable en algunos contextos, de amigo-enemigo, situando a todos los  
estudiantes y a quienes participen de una comunidad de indagación en mismo nivel y remando en un  
mismo sentido, aunque con puntos de vista diversos.  
Cuando entra en acción el diálogo dentro de una comunidad de indagación, se pone en evidencia algo  
esencial y es que la sana convivencia requiere tiempo de calidad, disponibilidad y una voluntad  
recíproca de comprender al otro, su modo de sentir, pensar y actuar. Este diálogo que genera empatía  
debe ser un modo de tejer redes de confianza en el otro, en su palabra en su modo de sentir y  
expresarse sabiendo que como lo refiere Loaiza (2023), ese respeto del individuo se verá reflejado en  
una sociedad compacta y responsable el uno del otro, donde todos juntos le apuntan al bien común,  
tejiendo relaciones sanas y sólidas que no abran espacio a la violencia.  
Contribuciones de la propuesta pedagógica de la FpN a la cultura de paz  
Alvarado et. (2012) cuando se refiere a la escuela como territorio de paz dice que “sus escenarios  
permiten encuentros democráticos en donde se establece un cara a cara que da importancia al  
reconocimiento del otro y de la otra como iguales, pues los rostros son muy importantes” (p. 234).  
Ahora bien, dentro de esta estructura llamada escuela, convergen diferentes actores y rostros que se  
ven inmersos en el proceso educativo y que deben de trabajar de manera armoniosa en la construcción  
de una sólida cultura de paz: estudiantes, docentes y familia. Esta triada no se puede separar en la  
propuesta pedagógica de la FpN, cuando se apuesta por la construcción de una cultura de paz  
verdadera. Uno de los estándares de la educación básica en Colombia dice: “Asumo, de manera  
pacífica y constructiva, los conflictos cotidianos en mi vida escolar y familiar y contribuyo a la  
protección de los derechos de los niños” (MEN, 2004, p. 18). De allí el imperativo de que la educación  
y en este caso particular la filosofía para niños y su apuesta pedagógica, aporten al cumplimiento de  
este estándar.  
Uno de los aportes que recupera y privilegia la comunidad de indagación es la empatía. En una  
comunidad donde sus miembros se reconocen, dialogan y actúan con sentido social, se hace necesaria  
la escucha atenta, un escuchar para aprender y crecer juntos, en esta dinámica se presenta un giro  
significativo en la concepción de lo que es la diferencia, pues no se percibe como amenaza sino como  
oportunidad y riqueza. En este diálogo filosófico propiciado por la comunidad de indagación, se  
desarrolla la empatía para escuchar con atención el pensamiento ajeno, legitimando las preguntas  
como expresión de libertad y símbolo de riqueza de una comunidad que es abierta al diálogo,  
respetuosa en la escucha y rica en construcción de conocimientos. A este punto como lo propone  
Nomen (2021), se podría decir que la empatía no se limita a la parte cognitiva, sino que abarca la  
dimensión emocional. Cuando los niños y niñas comparten su vida, sus temores, sus dudas y sus  
experiencias en un lugar seguro como el aula, los demás oyentes naturalmente comienzan a desarrollar  
una especial sensibilidad hacia las experiencias de los otros. Estos vínculos emocionales que se  
fortalecen favorecen las relaciones humanas y fortalecen la construcción de cultura de paz. De todo  
esto, se puede inferir que la empatía hace que los niños y niñas dentro de la comunidad de indagación  
vivan otros valores que contribuyen a la paz como lo son el respeto, la solidaridad, la cooperación, la  
gestión de conflictos. Se podría concluir que en este sentido, la comunidad de indagación no solo se  
limita a ayudar a pensar mejor, sino que ayuda a los niños y niñas, a vivir mejor.  
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De igual manera la comunidad de indagación aporta de manera significativa a la cultura de paz, cuando  
dentro de ella se ayuda a gestionar los conflictos mediante la argumentación. En contextos sociales  
hostiles donde los desacuerdos y las diferencias se solucionan con la violencia, la confrontación e  
imposición, esta propuesta pedagógica viene a proponer, no la confrontación sino el diálogo  
argumentativo, donde se busca aprender juntos y no vencer al otro. Partiendo desde la misma  
concepción de conflicto, la comunidad de indagación lo redefine no como una amenaza inminente de  
daño, sino como una oportunidad para acercarse al otro, comprender su manera de pensar y fortalecer  
la convivencia (Velazco, 2021). Los conflictos desde esta óptica no se evitan, sino que se abordan, no  
desde la fuerza bruta, sino desde el razonamiento, pues no se busca ni se trata de eliminar las  
diferencias, sino de gestionarlas para que no se conviertan en una barrera, sino en un puente que  
enriquece. La argumentación, propuesta desde la comunidad de indagación, es una ruptura con el  
dogmatismo ciego y sectario y se presenta como un modo de apertura al otro y al conocimiento, donde  
las ideas no se imponen sino que se fundamentan, se defienden con argumentos y se evalúan los  
diferentes puntos de vista, llegando a una construcción colaborativa de conocimiento, donde el  
respeto, la apertura y la empatía permiten comprender que la verdad y el conocimiento, no son  
propiedad del más fuerte, sino construcción colectiva que conduce siempre al fortalecimiento del tejido  
social y a la construcción de la paz. En este proceso argumentativo como lo toma Bastante (2021),  
gestionado desde las comunidades de indagación, se potencian algunas habilidades naturales  
indispensables para la convivencia pacífica como lo son la escucha respetuosa y activa, el autocontrol,  
la capacidad de distinguir y autogestionar los impulsos en la respuesta. Estos elementos permiten que  
los niños y niñas, desde sus aulas aprendan a dialogar y a escuchar para llegar a acuerdos de manera  
pacífica (Molina y Lara, 20205).  
Otra de las contribuciones valiosas de la comunidad de indagación a estas comunidades, es la  
promoción de los valores democráticos, pues desde la FpN, se busca que la educación trascienda la  
barrera de los contenidos y se abra a lo que es la vida integral de la persona. En este punto la comunidad  
de indagación más que un mero método pedagógico, se convierte en una práctica que dinamiza los  
principios de una sociedad democrática (Velazco, 2024). Dentro de la comunidad de indagación los  
niños y niñas dialogan y construyen de manera respetuosa potenciando y fortaleciendo valores  
democráticos tan necesarios como la justicia, el respeto del otro, la igualdad, la participación y la  
responsabilidad colectiva. Se podría concebir el aula como un microcosmos o microsistema de la vida  
democrática de una comunidad. Esta célula social democrática que se germina desde el aula, debe  
enseñar a los niños y niñas que la sociedad democrática no es un sistema alejado de la realidad, sino  
que es la vida misma, que implica aprender a vivir con el otro, y donde el otro, donde su palabra, sus  
pensamientos, sentimientos e ideas son una riqueza que ayudan a construir una sociedad rica y  
pluralista (Guaqueta y Valenzuela, 2024). Así las cosas, la democracia debe ser vista como una forma  
de estar con los otros en armonía. El afianzamiento de los valores que sostienen una democracia son  
los que se practican a diario dentro de las comunidades de indagación. Entre los más sobresalientes  
están el respeto a la diferencia y la tolerancia del otro, que implica aprender a escuchar y escuchar para  
construir, la responsabilidad cívica, como una manera de implicarse en las cuestiones que atañen a la  
comunidad y el diálogo y la deliberación, que se deben convertir en un puente que permite eliminar las  
brechas, pues el hecho de discrepar de manera constructiva, es la manera civilizada de enriquecer una  
democracia (Velazco,2024).  
Desafíos en la implementación de la propuesta pedagógica de la FpN  
Como toda dinámica que busca cambiar modelos y paradigmas tradicionales que han marcado una  
época e historia en el campo de la educación, la implementación de la comunidad de indagación, como  
un modelo diferente de hacer filosofía y aportar a la construcción de una cultura de paz, encuentra en  
su camino algunos desafíos de tipo estructurales, culturales y formativos. Dentro de los desafíos  
formativos hay un rol bastante importante que debe verse desde otra perspectiva, y es el rol del docente  
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ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 1 p 2723.  
(Rojas et. Al., 2024). En la FpN, el rol del docente es el de facilitador del diálogo filosófico, en la  
dialéctica de la construcción de conocimiento, por tanto, exige abandonar la vieja concepción del  
docente como el instructor que transmite saberes, que controla el aula y en última instancia, quien da  
la pauta. Dentro de su nuevo rol está el ponerse al nivel del estudiante con la responsabilidad de  
suscitar en ellos el deseo de aprender, de saber y de compartir sus saberes, por eso como coindagador,  
el docente cree y confía en la capacidad de los estudiantes para la construcción de conocimiento  
colectivo. El sistema educativo tradicional que se presenta siempre conservador, enfocado en la  
transmisión de contenidos y la evaluación de los mismos de manera estandarizada, puede resistirse a  
que la apuesta pedagógica de la FpN se convierta en el eje trasversal y deje así la filosofía de ser vista  
como un apéndice del currículo. El desafío es grande y consiste en lograr que las comunidades de  
indagación trascienden el campo de la filosofía y se conviertan en la metodología de construcción de  
conocimiento, integrándose así de manera armoniosa al currículo.  
Pasando a los desafíos de tipo cultural, se debe tener presente que el contexto del cual se trata, es un  
contexto golpeado por la violencia, donde el conflicto armado ha causado heridas profundas que se  
deben sanar; implementar una pedagogía cuya bandera es el diálogo constructivo y que aboga por la  
no violencia, es un gran reto que deben manejar con prudencia y cautela en las escuelas (Elles, et. Al.,  
2024). Así como muchas personas quieren salir de ese círculo vicioso del conflicto, existen otras  
personas que se valen de este, para mantenerse vigentes, por tanto, quien busque implementar una  
cultura de paz, que no está en consonancia con sus ideales guerreristas, se convierte en un enemigo.  
De allí, que del mismo modo como lo refiere Restrepo (2023), diariamente muchos docentes se juegan  
la vida en las aulas, luchando por quitarle niños y niñas a la guerra, sembrando en su corazón  
esperanza, confianza y paz.  
Por último, se podría hablar de unos desafíos de tipo estructural; cuando se habla de estructural, no  
solamente se habla del sistema educativo o la escuela. En el conjunto de un sistema educativo  
estructurado confluyen varios actores que, desde su aporte, permiten que los niños y niñas encuentren  
un ambiente propicio para educar para la paz (Loaiza, 2023). Existe un binomio importante en la  
construcción de la cultura de paz, con el cual la pedagogía de la FpN, debe trabajar codo a codo y es la  
articulación entre escuela y comunidad. Un ecosistema propicio para la paz debe trascender las aulas,  
pues no se puede marchitar en casa lo que se aprende en la escuela, por tanto, esa sinergia entre  
escuela y comunidad debe ser constante en la vida de los niños y niñas, para que se cree una cultura  
de paz duradera. Se podría tratar dentro de este gran desafío la percepción que se tiene de la filosofía  
como una disciplina abstracta y poco útil a la vida práctica, especialmente para los niños y niñas.  
Jaimes et. Al., dicen que uno de los retos de todo docente es “Devolver a sus estudiantes el interés por  
la lectura, la posibilidad de generar en él el ansia o la curiosidad por aprender” (p. 463). El desafío es  
mostrarle a cada uno de los actores que confluyen en la educación de los niños y niñas, que la filosofía  
es una herramienta fundamental en la construcción de una mejor sociedad, con auténticos valores  
democráticos y con un pensamiento crítico que construye tejido social. Recuperar el tejido social desde  
lo educativo es un factor importante en una sociedad; Fernández (2023) lo resalta diciendo que:  
Este esfuerzo y otros que se realicen para recuperar el tejido social desde lo educativo y que incida en  
la cultura de la sociedad son esfuerzos muy importantes en el que las personas que conforman la CA  
valoren y evalúen los cambios que se dan desde el inicio de la conformación de la misma la riqueza del  
trabajo colectivo donde las estrategias son realmente sencillas incorporando el diálogo, la  
colaboración y participación, aunque se antojan complejas por todo lo que debemos de transformar  
desde lo personal para poder caminar y transformarnos en la colectividad. (p.82)  
Es claramente un esfuerzo colectivo, hacer que desde la escuela y desde estas pequeñas células,  
llamadas comunidades de indagación se forjen caminos de paz que restauren y muestren el camino  
de un nuevo comienzo para muchas comunidades.  
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CONCLUSIONES  
Es significativo e interesante el potencial transformador de esta propuesta pedagógica de la FpN,  
llamada comunidad de indagación, en las zonas de conflicto. A nivel académico y pedagógico en los  
últimos tiempos han surgido corrientes que buscan dar un vuelco al modelo educativo tradicional, este  
modelo basado en la transmisión de aprendizajes para dar paso a la argumentación y reflexión crítica,  
al diálogo argumentativo y a la construcción colectiva de conocimientos (Petroba et. Al., 2025). En  
medio de este giro pedagógico en el campo de la educación aparece la comunidad de indagación,  
como una propuesta transformadora, lanzada desde el movimiento de la FpN, para aportar en la  
construcción y consolidación de la cultura de paz en las zonas de conflicto. A pesar de que esta  
apuesta nace desde la filosofía se puede transversalizar para hacer del aula un laboratorio de  
conocimiento activo y participativo, desde la argumentación y el diálogo respetuoso, pero profundo.  
Aprender a discutir, a hablar y a construir juntos, son elementos que restauran una sociedad  
fragmentada, que desconoce la riqueza de la diferencia. Desde las comunidades de indagación se  
presenta la diferencia y la diversidad como esa gran riqueza que permite a una sociedad plural, alcanzar  
metas comunes y vencer barreras ideológicas sin sentido. De allí, que desde las comunidades de  
indagación se fomente el pensamiento crítico y ético en los niños y niñas, de modo que desde el aula  
y con el acompañamiento del docente como mediador o facilitador, se puedan cuestionar con criterio  
toda narrativa de violencia y contraria al bien común, se puedan buscar los focos de los conflictos y  
sus posibles soluciones y se puedan valorar con criterios éticos que permitan una sociedad justa y en  
paz. De igual modo, es significativo el aporte de la comunidad de indagación en la construcción de  
diálogo y escucha atenta y activa, de modo que la defensa de ideas y la verdad no sea un monopolio,  
ni la defensa de ideas lleve a la polarización y por tanto, la opinión del otro cuente, sea importante y  
sea respetada, aunque sea contraria. Estos elementos ayudan a fortalecer la construcción no solo de  
conocimientos en espacios y ambientes seguros, sino a solidificar una sociedad compacta y madura  
en el respeto y la escucha del otro, en reconocerlo y respetar su voz. Las comunidades de indagación  
desde temprana edad, permiten también que la empatía se fortalezca y se reconozca la dignidad moral  
del otro. En ambientes de conflicto se hace necesario el ponerse en el lugar del otro y reconocer su  
valor y su dignidad, y esto se fortalece con un ejercicio dinámico en las comunidades de indagación,  
donde poco a poco no solamente se reconoce la dignidad del otro, sino que se repara, restaura y  
transforma una comunidad golpeada por la violencia, en un ambiente donde el pensamiento y el diálogo  
se democratizan y dejan de ser posesión de pocos y se convierten en un derecho de todos, donde se  
construye tejido social y se siembran semillas de una cultura de paz duradera. Bien lo señalaba Freire:  
“Nuestra lucha contra las discriminaciones, contra la negación de nuestro ser sólo alcanzará la victoria  
si realizamos lo que es obvio: la unidad en la diversidad”. (1997, p. 94)  
Como toda tendencia pedagógica nueva en el campo de la educación y atada a la filosofía, en las  
instituciones donde se implemente, se debe capacitar a los docentes para que se aplique de manera  
correcta y se alcancen los objetivos. Esto a su vez se convierte en un reto para todos los actores en el  
proceso de enseñanza - aprendizaje ya que implica salir de la zona de confort, para explorar un nuevo  
modelo de construcción de conocimiento que aporta de manera sobresaliente a una consolidación de  
cultura de paz. Es un reto que enfrenta el quehacer docente pues implica ponerse al lado del estudiante  
para acompañarlo y guiarlo en la construcción de conocimiento; en esta tendencia, el protagonismo lo  
asumen los estudiantes y el rol del docente sin dejar de ser importante, va a estar a la sombra de los  
estudiantes. En última instancia, no se trata de menospreciar el rol del docente y su importancia, sino  
de que alcance su significado más noble y es lograr que quien brille sea el estudiante y que dadas las  
condiciones de una verdadera comunidad de aprendizaje, no es que el profesor pierda su rol de  
enseñar, sino que también pueda ser cuestionado, pues no es poseedor de la verdad. (Freire, 1997)  
Como toda tendencia pedagógica, la comunidad de indagación presenta algunas falencias que se  
pueden corregir y ajustar durante el quehacer cotidiano de la comunidad. Uno de los elementos que,  
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de no dejarlo claro desde el inicio, se puede convertir en un problema mayor, es el tipo de evaluación a  
implementar, ésta se debe insertar dentro del SIEE y a su vez cambia de perspectiva, pues no se debe  
enfocar solo en el resultado, sino valorar de manera preponderante el proceso. De igual manera, exige  
una formación continua del profesorado, ya que al ser un facilitador o mediador, se debe formar en  
habilidades de facilitación. Respecto a contenidos que presentan complejidad, dentro de las  
comunidades de indagación no se puede caer en una simplificación reduccionista del pensamiento  
complejo, de allí la importancia del rol del docente que debe tener la pericia de fomentar el aprendizaje  
en ciertos momentos, iluminando con su ciencia la formación de conocimiento.  
Por último, aunque es una herramienta poderosa en la construcción de una cultura de paz, y creación  
de conocimiento, no se puede idealizar las comunidades de interacción mostrándose como el único  
nicho de construcción de conocimiento y cultura de paz en zonas de conflicto. No. En esta tendencia  
pedagógica se enseñan, cultivan y practican valores importantes para la convivencia armoniosa de una  
sociedad, pero la práctica cotidiana de las comunidades de indagación no está al margen de  
dificultades que pueden surgir y que requieren manejo y trabajo paciente en valores que favorezcan la  
construcción dialógica del conocimiento.  
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