LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 1 p 2772.  
Queratocono: actualización en fisiopatología, diagnóstico y  
manejo integral en adultos, con consideraciones especiales  
en la población pediátrica  
Keratoconus: an update on pathophysiology, diagnosis, and comprehensive  
management in adults, with special considerations in pediatric population  
Paola Cristhina Alegría De Arco  
Universidad de Ciencias Médicas  
San José Costa Rica  
Rebeca Hernández Solano  
Universidad de Ciencias Médicas  
San José Costa Rica  
Kevin Fabrizio Calvo Hernández  
Investigador independiente  
San José Costa Rica  
Sebastián Pérez de la Cuesta  
Investigador independiente  
San José Costa Rica  
Luis Diego Flores Vega  
Investigador independiente  
San José Costa Rica  
Ana Victoria Vargas Cruz  
Investigadora independiente  
San José Costa Rica  
Artículo recibido: 01 de noviembre de 2025. Aceptado para publicación: 09 de marzo de 2026.  
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.  
0009-0002-9  
Resumen  
El queratocono es una ectasia corneal progresiva, influenciada por múltiples factores, lo que afecta la  
calidad visual y función binocular, generando un impacto clínico y socioeconómico significativo. Esta  
revisión compila la evidencia actual sobre su fisiopatología, diagnóstico y tratamiento integral en  
adultos, incluyendo aspectos relevantes para la población pediátrica. Fisiopatológicamente, se ha  
propuesto un modelo convergente de remodelación biomecánica que implica adelgazamiento y  
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ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 1 p 2772.  
protrusión de la córnea. Además, la susceptibilidad genética y las alteraciones en el microambiente  
corneal interactúan con factores externos, como el frotamiento ocular y condiciones atópicas. El  
diagnóstico ha avanzado de topografía a tomografía corneal, análisis biomecánico y mapeo epitelial.  
Estas permiten identificar enfermedad subclínica, evaluar severidad y documentar su progresión. La  
inteligencia artificial se complementa integrando datos multimodales, incrementando la precisión  
diagnóstica. El tratamiento tiene como objetivo preservar la visión y detener la progresión de la  
enfermedad mediante un enfoque escalonado: educación del paciente, control de comorbilidades y  
rehabilitación óptica con lentes de contacto especializados. En casos donde se confirma progresión,  
el cross-linking corneal se considera una intervención clave para modificar el curso de la enfermedad,  
adaptándose al grosor corneal y al perfil de riesgo del paciente. En situaciones específicas también  
pueden utilizarse segmentos intracorneales o alternativas alogénicas para mejorar la regularidad  
corneal reservando la queratoplastia para etapas avanzadas o falla terapéutica. En pediatría, se  
observa que la progresión del queratocono tiende a ser más rápida y frecuentemente  
subdiagnosticada; por ende, se recomienda realizar estudios tomográficos tempranos y tratamientos  
oportunos, especialmente ante atopia y/o frotamiento ocular.  
Palabras clave: queratocono, ectasia corneal, tomografía corneal, cross-linking corneal,  
queratocono pediátrico  
Abstract  
Keratoconus is a multifactorial progressive corneal ectasia that affects visual quality and binocular  
function, having a significant clinical and socioeconomic impact. This review compiles recent evidence  
about the pathophysiology, diagnostic and optimal management in adults, including considerations  
for the pediatric population. Pathophysiologically, a convergent model of biomechanical remodeling  
has been proposed, that implies the thinning and protrusion of the cornea, in which genetic factors and  
changes in corneal microenvironment interact with external factors like eye rubbing and atopic  
conditions. The diagnostic approach has evolved from topography to corneal tomography,  
biomechanical analysis and epithelial mapping, facilitating the detection of subclinical pathology,  
assessment of disease severity, and documentation of progression. Artificial intelligence  
complements by integrating multimodal data to improve the diagnostic precision. For management,  
the goal is to preserve vision and slow the disease progression with a stepwise approach: patient  
education regarding the disease, comorbidity management and optical rehabilitation with special  
contact lenses. In case of documented progression, corneal cross-linking is considered a key  
intervention to modify the course of the disease, adapting it to the corneal thickness and patient’s risk  
profile. In specific cases, complementary treatments could be considered with intracorneal segments  
or allogeneic alternatives to improve the corneal regularity; thereby reserving keratoplasty for  
advanced stages or therapeutic failure. Regardless, in pediatrics, progression tends to be faster and  
often underdiagnosed; therefore, it is recommended a lower threshold for tomographic studies and  
early treatment, especially if there’s presence of atopy and/or ocular rubbing.  
Keywords: keratoconus, corneal ectasia, corneal tomography, corneal cross-linking, pediatric  
keratoconus  
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ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 1 p 2773.  
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Cómo citar: Alegría De Arco, P. C., Hernández Solano, R., Calvo Hernández, K. F., Pérez de la Cuesta,  
S., Flores Vega, L. D., & Vargas Cruz, A. V. (2026). Queratocono: actualización en fisiopatología,  
diagnóstico y manejo integral en adultos, con consideraciones especiales en la población pediátrica.  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 7 (1), 2772 2785.  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 1 p 2774.  
INTRODUCCIÓN  
El queratocono es una ectasia corneal caracterizada por un adelgazamiento y protrusión progresiva de  
la córnea, produciendo astigmatismo irregular, miopía y deterioro funcional de la calidad visual,  
afectando así el rendimiento académico, el desempeño ocupacional y la calidad de vida del paciente  
(Rabinowitz, 1998; Santodomingo-Rubido et al., 2022). Anteriormente fue descrito como un trastorno  
no inflamatorio, actualmente se reconoce como una enfermedad multifactorial determinada por la  
interacción entre susceptibilidad individual y factores ambientales, lo que contribuye a su  
heterogeneidad clínica, variabilidad en la progresión y respuesta al tratamiento (Ferrari & Rama, 2020;  
Gomes et al., 2015).  
Epidemiológicamente, el queratocono se considera un problema de salud grave, su impacto es  
especialmente relevante cuando inicia en edades tempranas, ya que puede progresar durante etapas  
de alta demanda visual, como la adolescencia y la adultez joven (Gupta et al., 2025; Rabinowitz, 1998).  
Al final, la incidencia y prevalencia global estimadas difieren ampliamente con respecto a los criterios  
regionales o de diagnóstico, y las tecnologías utilizadas, lo que indica tanto efectos diferenciales reales  
como subestimados debido a la evolución de los métodos de topografía a tecnologías tomográficas y  
biomecánicas más sensibles como marcadores para la detección temprana de la enfermedad  
(Godefrooij et al., 2017; Hashemi et al., 2020).  
En segundo lugar, el impacto funcional en el paciente no depende exclusivamente de la agudeza visual,  
sino también contempla la afectación en la visión binocular, los síntomas visuales de alto orden y las  
limitaciones de rendimiento, lo que enfatiza la importancia de un abordaje integral, más allá de un  
enfoque únicamente quirúrgico (Güemes et al., 2024; Román & Fernández-Sánchez, 2024). Durante la  
última década, el paradigma diagnóstico y terapéutico del queratocono ha cambiado de manera  
sustancial (Deshmukh & Belin, 2023; Santodomingo-Rubido et al., 2022). En particular, la incorporación  
de la tomografía corneal y de índices estructurales y funcionales ha fortalecido la detección de  
enfermedad subclínica y la caracterización más precisa de la progresión. Esto es clínicamente  
relevante tanto para el tamizaje y la estratificación de riesgo en fases tempranas como para la  
evaluación preoperatoria de candidatos a cirugía refractiva (Gomes et al., 2015; Santodomingo-Rubido  
et al., 2022).  
En el tratamiento, la introducción del entrecruzamiento corneal (CXL) como una intervención que  
modifica la enfermedad ha cambiado tanto el momento como la razón para procedimientos más  
invasivos. En consecuencia, en entornos donde el CXL se ha implementado de forma amplia, se ha  
observado una reducción global en las tasas de trasplante corneal por queratocono (Sandvik et al.,  
2015; Wollensak et al., 2003). Sin embargo, persisten obstáculos: criterios para la progresión y  
umbrales de intervención, así como la selección de protocolos en base al grosor corneal y el perfil de  
riesgo, la secuenciación de estos con terapias adyuvantes (por ejemplo, segmentos intracorneales y  
alternativas alogénicas), así como informar sobre la necesidad de queratoplastia en etapas avanzadas  
o fracaso terapéutico (Aytekin & Bozdag Pehlivan, 2021; D’Oria et al., 2024; Gomes et al., 2015).  
En cuanto a progresión, el consenso internacional define ectasia progresiva como un cambio  
consistente en al menos dos de los siguientes parámetros: empinamiento progresivo de la superficie  
anterior, empinamiento progresivo de la superficie posterior y/o adelgazamiento progresivo con  
incremento del gradiente paquimétrico hacia el punto más delgado (Gomes et al., 2015; Deshmukh &  
Belin, 2023). Operativamente, en la literatura clínica se han utilizado como umbrales pragmáticos de  
progresión (generalmente en un horizonte de ≈1 año) la pérdida de ≥1 línea Snellen, el aumento del  
cilindro refractivo ≥1.0 D, o el aumento de K2 o Kmax ≥1.0 D, mientras que el adelgazamiento se  
reconoce como progresivo sin un punto de corte único universal (Deshmukh & Belin, 2023). Estos  
criterios orientan el momento de intervención, particularmente para indicar CXL, aunque su aplicación  
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debe interpretarse junto con la calidad/reproducibilidad de las mediciones y el perfil de riesgo individual  
(Gomes et al., 2015; Deshmukh & Belin, 2023).  
Un área importante es la población pediátrica. Sin embargo, en niños y adolescentes, el queratocono  
generalmente progresa de forma más rápida y potencialmente subdiagnosticada, particularmente  
cuando ocurre atopía y frotamiento ocular, lo que subraya la importancia de estrategias de detección  
y tratamiento temprano para evitar el deterioro visual irreversible y reducir el daño en períodos críticos  
de neurodesarrollo visual y funcionamiento escolar (Anitha et al., 2021; Buzzonetti & Petrocelli, 2020;  
Gupta et al., 2025).  
Aunque el foco de esta revisión es el queratocono en adultos, se incluye un apartado específico para  
población pediátrica por su relevancia clínica y porque condiciona decisiones diagnósticas y  
terapéuticas. En particular, se discuten criterios para mantener un umbral de sospecha más bajo, el  
uso temprano de tomografía y la oportunidad de intervención en un grupo con mayor probabilidad de  
progresión (Anitha et al., 2021; Gupta et al., 2025). Bajo esta premisa, la presente revisión integra los  
avances recientes y propone un enfoque clínico coherente y escalonado orientado a preservar la  
función visual y optimizar la toma de decisiones a lo largo de la enfermedad (Deshmukh & Belin, 2023;  
Santodomingo-Rubido et al., 2022).”  
Por lo tanto, el objetivo de este artículo de revisión es proporcionar un resumen del conocimiento actual  
sobre la fisiopatología del queratocono y su significado clínico; actualizar los enfoques diagnósticos  
disponibles mediante el énfasis en la detección temprana definiendo la evolución; describir un enfoque  
de manejo integral centrado en adultos que integre la rehabilitación visual y las terapias que modifican  
la enfermedad junto con opciones quirúrgicas según la fase de la enfermedad; y resumir la situación  
única en la población pediátrica para maximizar la detección y el tratamiento adecuado (Castro  
Cárdenas et al., 2024; Gomes et al., 2015; Goodman & Zhu, 2024).  
DESARROLLO  
Fisiopatología del queratocono  
El queratocono (QC) hoy en día se define como una ectasia corneal progresiva y heterogénea, que  
resulta de la interacción entre susceptibilidad biológica y factores ambientales/mecánicos que  
convergen en un desenlace común: pérdida de estabilidad biomecánica, adelgazamiento estromal y  
deformación corneal (Ferrari & Rama, 2020; Gomes et al., 2015; Hashemi et al., 2020; Román &  
Fernández-Sánchez, 2024; Santodomingo-Rubido et al., 2022; Güemes et al., 2024). Este enfoque  
integrador ha desplazado la visión clásica de un proceso puramente “degenerativo” hacia un modelo  
dinámico, donde microinflamación, estrés oxidativo, remodelado de matriz extracelular (MEC) y fuerzas  
mecánicas repetidas se potencian mutuamente (Ferrari & Rama, 2020; Santodomingo-Rubido et al.,  
2022).  
Susceptibilidad genética y arquitectura corneal  
La evidencia acumulada apoya que existe una predisposición genética poligénica que condiciona la  
resistencia estromal, la organización del colágeno y la respuesta tisular ante estímulos externos  
(Ferrari & Rama, 2020). Más que un “gen único”, se describen múltiples variantes asociadas a vías de  
MEC, reparación tisular, estrés oxidativo e inflamación, lo que ofrece una explicación plausible para la  
variabilidad fenotípica (por ejemplo, asimetría entre ojos, edad de inicio y velocidad de progresión)  
(Ferrari & Rama, 2020; Santodomingo-Rubido et al., 2022). Esta base de susceptibilidad se integra con  
factores clínicos conocidos (atopia, frotamiento ocular, condiciones de superficie ocular),  
determinando el umbral a partir del cual la córnea pierde estabilidad (Ferrari & Rama, 2020; Gomes et  
al., 2015; Sahebjada et al., 2021).  
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Remodelación de matriz extracelular, degradación estromal y cambios celulares  
En el QC, la córnea muestra un desequilibrio entre síntesis y degradación de MEC, con alteraciones en  
colágeno, proteoglicanos y la microarquitectura lamelar, que se traducen en menor rigidez y mayor  
deformabilidad (Ferrari & Rama, 2020; Santodomingo-Rubido et al., 2022). Diversos trabajos enfatizan  
la participación de enzimas proteolíticas (p. ej., metaloproteinasas) y de sus inhibidores, así como  
cambios en rutas de reparación estromal, favoreciendo adelgazamiento progresivo y pérdida de  
regularidad (Ferrari & Rama, 2020). A nivel celular, se describen modificaciones en la biología del  
queratocito y en la homeostasis epitelio estromal que podrían contribuir al fenotipo ectásico,  
especialmente cuando existe daño mecánico repetido y alteración del entorno inflamatorio local  
(Ferrari & Rama, 2020; Gomes et al., 2015).  
Microambiente corneal: inflamación de bajo grado y estrés oxidativo  
Un componente central del modelo contemporáneo es la existencia de un microambiente  
proinflamatorio y pro-oxidativo de baja intensidad. Se han reportado variaciones en mediadores  
inflamatorios y biomarcadores en lágrima y tejidos oculares que, sin equivaler a una queratitis clásica,  
podrían facilitar la degradación de MEC y empeorar la estabilidad biomecánica (Ferrari & Rama, 2020).  
Paralelamente, el estrés oxidativo y la reducción de capacidad antioxidante se han propuesto como  
mecanismos que amplifican el daño tisular y perpetúan el círculo de remodelación patológico (Ferrari  
& Rama, 2020). En conjunto, estos hallazgos sustentan que “inflamación y oxidación” no son meros  
epifenómenos, sino moduladores relevantes del curso clínico en un subgrupo de pacientes (Ferrari &  
Rama, 2020; Santodomingo-Rubido et al., 2022)  
El rol del factor mecánico: frotamiento ocular, atopia y ciclo de retroalimentación  
Entre los factores externos, el frotamiento ocular aparece como uno de los más consistentes y  
clínicamente relevantes. La microtraumatización repetida puede inducir liberación local de mediadores,  
alteraciones epiteliales, incremento transitorio de deformación corneal y, en córneas susceptibles,  
acelerar la progresión de la ectasia (Sahebjada et al., 2021; Santodomingo-Rubido et al., 2022; Ferrari  
& Rama, 2020). La atopia (conjuntivitis alérgica, prurito ocular) incrementa el riesgo indirectamente al  
favorecer el frotamiento, además de contribuir al entorno inflamatorio de la superficie ocular (Anitha et  
al., 2021; Gupta et al., 2025; Sahebjada et al., 2021). De este modo, se configura un circuito de  
retroalimentación: el prurito lleva a frotamiento, posteriormente a microdaño/inflamación, generando  
mayor inestabilidad corneal, que empeora óptica y síntomas, produciendo más manipulación ocular  
(Ferrari & Rama, 2020; Sahebjada et al., 2021; Santodomingo-Rubido et al., 2022).  
Integración fisiopatológica y relevancia clínica  
En términos prácticos, la fisiopatología del QC puede resumirse como un continuo: predisposición  
estructural/genética en conjunto con microambiente inflamatorio/oxidativo, más la carga mecánica es  
igual a la pérdida progresiva de estabilidad y ectasia (Ferrari & Rama, 2020; Gomes et al., 2015;  
Santodomingo-Rubido et al., 2022). Esta integración tiene implicaciones directas para el manejo:  
justifica estrategias preventivas (control de alergia y educación para evitar frotamiento), sustenta la  
vigilancia de progresión y provee el marco racional para intervenciones modificadoras de la  
enfermedad, como el cross-linking corneal, orientadas a restaurar o incrementar la resistencia  
biomecánica (Gomes et al., 2015; Wollensak et al., 2003).  
Diagnóstico del queratocono  
El diagnóstico del queratocono (QC) debe entenderse como un proceso orientado a (i) identificar  
enfermedad temprana, (ii) definir severidad, (iii) documentar progresión y (iv) guiar decisiones  
terapéuticas (Gomes et al., 2015). El consenso internacional sobre queratocono y enfermedades  
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ectásicas establece definiciones operativas y enfatiza que la progresión debe sustentarse en cambios  
consistentes y reproducibles en parámetros corneales, idealmente corroborados con mediciones  
seriadas de buena calidad y en condiciones comparables (Gomes et al., 2015). En la práctica, las  
revisiones contemporáneas recomiendan un enfoque multimodal, en el que la clínica se integra con  
tomografía, biomecánica y, cuando está disponible, mapeo epitelial y herramientas computacionales  
de apoyo (Deshmukh & Belin, 2023; Santodomingo-Rubido et al., 2022).  
Sospecha clínica y criterios de evaluación inicial  
La sospecha clínica se activa típicamente ante disminución de calidad visual no proporcional a  
hallazgos refractivos simples: astigmatismo creciente o irregular, cambios refractivos frecuentes,  
intolerancia progresiva a corrección óptica, y antecedentes de atopia/frotamiento ocular o historia  
familiar (Rabinowitz, 1998; Sahebjada et al., 2021; Santodomingo-Rubido et al., 2022). Si bien la  
biomicroscopía puede revelar signos en estadios avanzados, en fases iniciales la exploración puede  
ser poco expresiva; por ello, el diagnóstico moderno depende en gran medida de la imagen corneal y  
de la integración de hallazgos (Gomes et al., 2015; Santodomingo-Rubido et al., 2022). Bajo este  
enfoque, el “criterio” no debe ser un valor aislado, sino la coherencia entre morfología, espesor,  
regularidad óptica y evolución temporal (Gomes et al., 2015; Deshmukh & Belin, 2023).  
Topografía e índices clásicos: fundamento y limitaciones  
La topografía corneal permitió caracterizar patrones típicos del QC y originó índices diagnósticos  
cuantitativos. El índice KISA% es un ejemplo paradigmático de algoritmos basados en  
videokeratografía que facilitaron la estandarización diagnóstica y el lenguaje clínico en etapas previas  
a la tomografía tridimensional (Rabinowitz & Rasheed, 1999). En paralelo, modelos tempranos de  
clasificación mediante redes neuronales aplicados a topografía demostraron que la detección  
automatizada podía discriminar córneas normales y ectásicas, anticipando el concepto de integración  
computacional actual (Maeda et al., 1995). No obstante, estos abordajes se sustentan principalmente  
en la superficie anterior y pueden ser menos sensibles para enfermedad subclínica o para describir  
adecuadamente cambios posteriores y paquimétricos; por ello, hoy se emplean como fundamento  
conceptual o complemento, más que como única base diagnóstica (Gomes et al., 2015; Santodomingo-  
Rubido et al., 2022)  
Tomografía corneal: eje del diagnóstico moderno  
La tomografía corneal transformó el diagnóstico al aportar una evaluación tridimensional que  
incorpora elevación anterior y posterior, distribución paquimétrica y patrones espaciales de  
adelgazamiento. Esto permite detectar enfermedad más temprana, caracterizar fenotipos y estratificar  
riesgo de progresión con mayor precisión que la topografía aislada (Gomes et al., 2015; Santodomingo-  
Rubido et al., 2022). En la práctica, la tomografía es el pilar para diferenciar la sospecha de la  
enfermedad manifiesta y para establecer una línea basal robusta sobre la cual evaluar cambios (Gomes  
et al., 2015; Deshmukh & Belin, 2023).  
Progresión: cómo documentarla con enfoque operativo  
El diagnóstico no concluye al confirmar QC; el paso crítico es determinar si existe progresión, porque  
de ello depende el umbral para intervenciones modificadoras de la enfermedad. El consenso  
recomienda basar la progresión en tendencias reproducibles (no en una medición única), idealmente  
combinando cambios en curvatura/ectasia, adelgazamiento, elevación y deterioro funcional  
concordante, bajo mediciones comparables y controles de calidad del examen (Gomes et al., 2015).  
Las revisiones recientes refuerzan que la interpretación debe considerar variabilidad instrumental,  
condiciones de superficie ocular y consistencia entre parámetros, para evitar sobre-diagnóstico de  
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progresión y decisiones terapéuticas innecesarias (Deshmukh & Belin, 2023; Santodomingo-Rubido et  
al., 2022).  
Biomecánica corneal: valor incremental para detección y estratificación  
Dado que el QC es, esencialmente, una falla de estabilidad estructural, la biomecánica aporta una  
dimensión funcional complementaria a la tomografía. Índices derivados de plataformas clínicas (p. ej.,  
asociados a Corvis) han mostrado utilidad para mejorar la discriminación entre córneas normales,  
sospechosas y ectásicas, particularmente cuando la morfología es borderline o cuando se busca  
fortalecer la decisión diagnóstica en enfermedad temprana (Ambrósio, Jr., et al., 2017; Vinciguerra et  
al., 2016). Su mayor rendimiento clínico ocurre cuando se interpreta integrada a los hallazgos  
tomográficos y al contexto clínico, no como prueba aislada (Deshmukh & Belin, 2023; Santodomingo-  
Rubido et al., 2022).  
Mapeo epitelial: detección de compensación y ectasia incipiente  
El epitelio corneal puede redistribuirse para compensar irregularidades estromales y “enmascarar”  
signos tempranos en la superficie anterior. Por ello, el mapeo del grosor epitelial se ha consolidado  
como herramienta útil para apoyar la detección de ectasia incipiente, aportar evidencia adicional en  
casos subclínicos o limítrofes y mejorar la coherencia diagnóstica entre capas corneales (Alghamdi et  
al., 2023; Reinstein et al., 2010). En la práctica, su utilidad es mayor cuando existe discordancia entre  
clínica y tomografía o cuando se requiere refinamiento diagnóstico previo a decisiones de alto impacto  
(Deshmukh & Belin, 2023; Santodomingo-Rubido et al., 2022).  
Inteligencia artificial: apoyo en integración multimodal y gestión clínica  
La inteligencia artificial (IA) aplicada al QC busca integrar variables de distintas modalidades  
(topografía/tomografía, biomecánica, epitelio y datos clínicos) para mejorar la clasificación, detección  
temprana y aportar soporte a la toma de decisiones. La evidencia reciente sugiere que estos modelos  
pueden aumentar precisión diagnóstica y consistencia al reconocer patrones complejos, pero su uso  
debe entenderse como complementario: depende de la calidad de los datos, de la validación externa y  
de su integración responsable con el juicio clínico (Goodman & Zhu, 2024). En este sentido, la IA se  
alinea con una continuidad histórica de clasificación automatizada iniciada con redes neuronales sobre  
topografía, ahora ampliada por mayor potencia computacional y multimodalidad (Goodman & Zhu,  
2024; Maeda et al., 1995).  
Consideraciones diagnósticas especiales en pediatría  
Aunque el abordaje pediátrico se desarrolla en un apartado específico, es clave destacar que en niños  
y adolescentes la pesquisa requiere especial vigilancia. Estudios orientados a detección temprana con  
tomografía (p. ej., parámetros de Pentacam) y revisiones clínicas regionales sobre queratocono infantil  
refuerzan la necesidad de umbrales bajos de sospecha y evaluación tomográfica oportuna en este  
grupo (Castro Cárdenas et al., 2024; Oliveira et al., 2024).  
El diagnóstico contemporáneo del QC se sustenta en clínica dirigida y tomografía como eje, con  
documentación rigurosa de progresión; biomecánica y mapeo epitelial aportan valor incremental para  
casos tempranos o limítrofes, mientras que la IA emerge como herramienta de apoyo para integrar  
información multimodal y mejorar la consistencia diagnóstica (Alghamdi et al., 2023; Ambrósio, Jr., et  
al., 2017; Castro Cárdenas et al., 2024; Deshmukh & Belin, 2023; Gomes et al., 2015; Goodman & Zhu,  
2024; Maeda et al., 1995; Oliveira et al., 2024; Rabinowitz & Rasheed, 1999; Reinstein et al., 2010;  
Santodomingo-Rubido et al., 2022; Vinciguerra et al., 2016).  
Manejo y tratamiento de queratocono en adultos  
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ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 1 p 2779.  
El manejo del queratocono (QC) en adultos debe orientarse a dos metas: optimizar la función visual y  
detener la progresión. La estrategia más defendible para un manuscrito indexable es un enfoque  
escalonado, que inicia con control de factores modificables y rehabilitación óptica, incorpora cross-  
linking corneal (CXL) como intervención modificadora de la enfermedad cuando hay progresión, y  
reserva procedimientos adyuvantes o trasplante para casos seleccionados (Deshmukh & Belin, 2023;  
D’Oria et al., 2024; Santodomingo-Rubido et al., 2022).  
Manejo integral y rehabilitación visual  
El primer nivel es clínico-funcional. Incluye educación sobre la enfermedad, adherencia al seguimiento  
y reducción del frotamiento ocular, además del manejo de comorbilidades de superficie ocular (alergia,  
ojo seco), idealmente con un abordaje multidisciplinario cuando corresponda (Güemes et al., 2024). En  
paralelo, la rehabilitación óptica busca mejorar la calidad visual y desempeño: lentes de contacto  
especializados (RGP, híbridos o esclerales) suelen ser el eje terapéutico cuando aparece astigmatismo  
irregular, porque regularizan la superficie óptica y mejoran síntomas de aberraciones (Deshmukh &  
Belin, 2023; Santodomingo-Rubido et al., 2022). Dado que el impacto del QC trasciende la agudeza  
visual, se recomienda incorporar una mirada integral (a los síntomas, el desempeño y la visión  
binocular) para ajustar la corrección y expectativas, especialmente en pacientes con limitación  
significativa en tareas diarias (Román & Fernández-Sánchez, 2024).  
Cross-linking corneal (CXL): intervención modificadora de la enfermedad  
El CXL constituye el punto de inflexión del manejo contemporáneo al aumentar la rigidez corneal  
mediante fotoactivación de riboflavina con UVA, con el objetivo de estabilizar la ectasia (Wollensak et  
al., 2003). La evidencia de seguimiento a largo plazo respalda su capacidad para frenar la progresión  
en una proporción importante de casos (Raiskup-Wolf et al., 2008), y revisiones, y síntesis de evidencia  
apoyan resultados sostenidos con protocolos estándar y variaciones técnicas en contextos clínicos  
(Aytekin & Bozdag Pehlivan, 2021; Deshmukh & Belin, 2023). La elección del protocolo debe  
individualizarse: metaanálisis de ensayos aleatorizados comparando el QC convencional vs el QC  
acelerado sugieren eficacia global para estabilización, con diferencias dependientes de técnica y  
selección de pacientes (Kobashi & Tsubota, 2020).  
En cuanto a técnica, el debate epi-off vs transepitelial (epi-on) se apoya en evidencia comparativa,  
donde la decisión debe ponderar eficacia, seguridad y tolerancia, especialmente según superficie  
ocular y riesgo epitelial (Al Fayez et al., 2015). En córneas delgadas, revisiones sistemáticas muestran  
que existen enfoques adaptados que permiten ampliar la elegibilidad con criterios de seguridad (Hafezi  
et al., 2009). Una revisión de variantes de CXL resulta útil para describir estas alternativas y su racional  
(Aytekin & Bozdag Pehlivan, 2021).  
Procedimientos adyuvantes y quirúrgicos: cuándo y para qué  
Cuando la rehabilitación óptica es insuficiente o la irregularidad limita la función, pueden considerarse  
procedimientos que mejoren la regularidad corneal sin sustituir el control de progresión. La revisión de  
estrategias quirúrgicas y refractivas en QC permite enmarcar indicaciones y secuencias terapéuticas  
(D’Oria et al., 2024). Los segmentos intracorneales (ICRS)tienen un rol clásico para reducir la  
irregularidad y mejorar la forma corneal en casos seleccionados (Colin et al., 2000), mientras que el  
procedimiento “segmentos de anillos intraestromales alogénicos” (CAIRS por sus siglas en inglés)  
emerge como alternativa con evidencia sintetizada en revisiones sistemáticas y metaanálisis (Friedrich  
et al., 2025). Finalmente, la queratoplastia se reserva para enfermedad avanzada, cicatriz/ectasia  
severa o fracaso terapéutico; comparaciones sistemáticas entre DALK y PK aportan un marco para  
escoger la técnica según riesgo y objetivos visuales (Keane et al., 2014). A nivel poblacional, la  
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implementación amplia del CXL se asocia con una reducción en tasas de trasplante por QC, lo que  
refuerza la importancia de diagnosticar y tratar progresión de forma temprana (Sandvik et al., 2015).  
Grupo especial: población pediátrica  
Aunque el foco de esta revisión es el adulto, la población pediátrica merece un abordaje diferenciado  
porque el queratocono en niños y adolescentes tiende a progresar con mayor rapidez, suele  
diagnosticarse en fases más avanzadas y con frecuencia coexiste con atopia y frotamiento ocular,  
factores que aceleran el deterioro corneal y dificultan el control sintomático (Anitha et al., 2021;  
Buzzonetti & Petrocelli, 2020; Castro Cárdenas et al., 2024; Gupta et al., 2025). En consecuencia, el  
objetivo clínico se desplaza hacia detección precoz y tratamiento oportuno, minimizando el tiempo  
entre sospecha diagnóstica e intervención, y reduciendo el riesgo de pérdida funcional durante etapas  
críticas del desarrollo visual.  
En diagnóstico, se recomienda un umbral bajo para realizar tomografía y establecer una línea basal  
temprana, especialmente en pacientes con antecedentes de alergia ocular, prurito crónico, frotamiento  
habitual o hallazgos refractivos sospechosos (Anitha et al., 2021; Castro Cárdenas et al., 2024).  
Estudios enfocados en parámetros tomográficos para detección pediátrica respaldan el uso  
sistemático de herramientas como Pentacam para identificar enfermedad incipiente y estratificar  
riesgo (Oliveira et al., 2024). Dado el mayor riesgo de infradiagnóstico, la pesquisa activa en  
poblaciones de riesgo y el seguimiento estrecho son componentes centrales del manejo (Buzzonetti &  
Petrocelli, 2020; Gupta et al., 2025).  
En tratamiento, cuando se documenta progresión o cuando el contexto clínico sugiere alto riesgo,  
el cross-linking corneal (CXL) se considera la intervención modificadora de la enfermedad con mayor  
impacto potencial para preservar visión a largo plazo en este grupo (Anitha et al., 2021; Gupta et al.,  
2025; McAnena et al., 2017). La evidencia sintetizada en revisiones sistemáticas apoya su uso en  
población pediátrica bajo protocolos adecuados y criterios de seguridad, integrándolo con  
rehabilitación óptica y control riguroso de comorbilidades de superficie ocular (Fard et al., 2020;  
McAnena et al., 2017). Finalmente, el manejo debe ser explícitamente preventivo: tratamiento de la  
alergia ocular, educación familiar y estrategias para evitar el frotamiento, ya que estas medidas influyen  
en síntomas, adherencia y progresión (Anitha et al., 2021; Sahebjada et al., 2021).  
CONCLUSIONES  
El queratocono es una ectasia corneal progresiva y multifactorial cuyo impacto excede la agudeza  
visual, afectando calidad visual, desempeño y, en algunos casos, función binocular; por ello, requiere  
un abordaje integral y centrado en la preservación funcional. El diagnóstico contemporáneo se sostiene  
en un modelo multimodal, con tomografía como eje, complementada por herramientas que mejoran la  
detección temprana y la estratificación.  
En adultos, el manejo escalonado prioriza educación, control de factores modificables y rehabilitación  
óptica; ante progresión confirmada, el CXL constituye la intervención modificadora de la enfermedad  
con respaldo sólido y opciones protocolizadas según el caso. En escenarios seleccionados,  
procedimientos adyuvantes como ICRS/CAIRS pueden optimizar la regularidad corneal, reservando la  
queratoplastia para estadios avanzados o fracaso terapéutico; a nivel poblacional, la implementación  
amplia de CXL se asocia con disminución de trasplantes por queratocono.  
En pediatría, la progresión más rápida y el subdiagnóstico justifican pesquisa tomográfica temprana y  
un umbral terapéutico más oportuno, especialmente cuando coexisten atopia y frotamiento ocular. En  
conjunto, la evidencia respalda que el pronóstico del queratocono mejora de forma sustantiva cuando  
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se detecta temprano, se interviene la progresión de manera oportuna y se integra la rehabilitación visual  
dentro de un plan individualizado.  
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