institucionales (Álvarez & Martínez, 2021). En este sentido, los organismos internacionales como la
UNESCO (2021) y la OCDE (2019) han enfatizado que los sistemas de aseguramiento de la calidad
deben orientarse hacia la participación y el aprendizaje organizacional, fomentando la mejora continua
más que la sanción.
En México, Medina Romero (2022) advierte que las universidades públicas han avanzado en
institucionalizar la evaluación, pero su relación con la planeación financiera sigue siendo débil. Los
resultados de las evaluaciones rara vez se traducen en decisiones presupuestarias o estratégicas. Esta
brecha evidencia la necesidad de generar estructuras y capacidades que permitan vincular la
evaluación con la gestión administrativa y financiera, garantizando que los recursos se orienten a
objetivos académicos medibles y transparentes.
En este contexto, las experiencias de Escuelas de Cuadros surgen como una innovación formativa en
el campo de la educación superior. Estos espacios, como los implementados en algunas instituciones
latinoamericanas, promueven la formación crítica, ética y técnica de los cuadros directivos,
académicos y administrativos encargados de la gestión institucional (Ganga-Contreras, 2023).
Inspiradas en la pedagogía crítica de Freire (1970) y en el enfoque reflexivo de Carr y Kemmis (1988),
estas experiencias buscan construir una cultura de evaluación con sentido social y transformador, en
el que los actores educativos comprendan en valor del análisis, la evidencia y la transparencia como
ejes de la gobernanza universitaria.
En suma, la evaluación educativa se consolida como un proceso integral que articula tres niveles: a)
el diagnóstico institucional, b) la toma de decisiones basada en evidencias y c) la rendición de cuentas
públicas. Esta triple función permite pasar de una evaluación burocrática a una evaluación formativa,
orientada a la innovación y la mejora continua.
Rendición de cuentas
La rendición de cuentas es entendida como el deber de las instituciones de informar, justificar y asumir
responsabilidad por sus decisiones y resultados ante los distintos actores sociales (Bovens, 2007). En
el caso de la educación superior, implica garantizar que el uso de los recursos públicos esté alineado
con los fines académicos, científicos y sociales de la universidad (Reyes Macías, 2016).
La rendición de cuentas tiene múltiples dimensiones: vertical (del gobierno a las instituciones y
viceversa), horizontal (entre dependencias públicas) y social (hacia la ciudadanía). La Auditoría
Superior de la Federación (ASF, 2023) y la ANUIES (2019) han desarrollado mecanismos para fortalecer
la transparencia presupuestaria y la publicación de información financiera, aunque persisten
debilidades en la integración de estos procesos con la planeación y la evaluación institucional.
Diversos estudios (Ríos, 2024; Galindo Alvarado & Guerrero Reyes, 2016) señalan que la rendición de
cuentas universitaria en México tiende a ser un ejercicio formal, centrado en el cumplimiento
normativo, pero desvinculado de la reflexión sobre la mejora educativa. Por ello, la transparencia debe
ir acompañada de procesos pedagógicos
corresponsabilidad institucional.
y
organizativos que fortalezcan el sentido de
Las Escuelas de Cuadros representan, en este sentido, una vía innovadora para consolidar la rendición
de cuentas como práctica cultural, más que como requisito administrativo. A través de la formación en
liderazgo académico, ética pública y gestión participativa, esas iniciativas promueven una conciencia
institucional orientada a la transparencia, la cooperación y la legitimidad social (Ganga-Contreras,
2023). De esta manera, la rendición de cuentas se convierte en un ejercicio colectivo sobre el
cumplimiento de la misión universitaria y el impacto del gasto público en la calidad educativa.
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 1 p 2807.