Debemos de sospechar la presencia de una infección necrotizante cuando observemos edema e
induración más allá del área eritematosa, acompañado o no de ampollas o flictenas, con crepitación a
la exploración física o presencia de gas en las pruebas de imágen (Moyano Portillo et al., 2019).
El uso de pruebas de laboratorio radica en la confirmación de un proceso infeccioso concomitante
mediante elevación en reactantes de fase aguda.
Un ejemplo de ello es el Indicador de Riesgo de Laboratorio para la Fascitis Necrotizante (LRINEC),
propuesto por Wong (Raveendranadh et al., 2024). Consiste en utilizar seis parámetros de laboratorio
para estratificación de riesgo (PCR, leucocitos, hemoglobina, sodio, creatinina y glucosa). No obstante,
estudios recientes han demostrado limitaciones en su sensibilidad, por lo que el LRINEC no debe
utilizarse como herramienta exclusiva para descartar la enfermedad ni retrasar la intervención
quirúrgica cuando la sospecha clínica es alta.
Las recomendaciones más recientes enfatizan que, aunque estas herramientas pueden apoyar la
estratificación de riesgo, ningún sistema de puntuación debe emplearse de forma aislada para
descartar la enfermedad. Un resultado bajo no excluye la presencia de infección necrotizante, por lo
que la valoración clínica integral continúa siendo determinante en la toma de decisiones.( Zhou et al.,
2025.)
Leucocitosis con desviación a la izquierda, hipoalbuminemia (<3g/dl), trombocitopenia, azoemia,
hipocalcemia (por saponificación de la grasa), aumento de creatín fosfoquinasa (CPK), como marcador
del compromiso infeccioso muscular, aumento de bilirrubina, glucemia, creatinina, sodio, proteína C
reactiva y anemia intensa, estudios microbiológicos positivos a EGA asociado o no a estafilococo
aureus (Hernández González, 2015).
Otro hallazgo que nos debe alarmar es la presencia de ataque al estado general en pacientes cuyo
motivo de consulta sea sugestivo de infección piel y tejidos blandos, ya que rutinariamente estos
procesos no conllevan a una afectación sistémica.
Recapitulando, sí tenemos un paciente con una aparente infección de piel y tejidos blandos como por
ejemplo Celulitis, pero que presente rápida evolución, dolor desproporcionado y ataque al estado
general se debe tener la sospecha clínica de la fascitis necrotizante y por ende ese paciente es prudente
considerar llevar a sala de operaciones para su exploración quirúrgica que corresponde al gold
standard.
Si no es posible o no se cuenta con un quirófano dentro del centro de atención médica, se ha realizado
previamente documentada y estudiada una exploración al lado de la cama llamada “ Finger Test “. Con
infiltración anestésica local se realiza una incisión de 2 cm hasta la fascia profunda, la ausencia de
sangrado, la ausencia de tensión o resistencia de las partes blandas a la disección con el dedo, la
presencia de líquido tipo “agua de lavar platos” o el mal olor indican que el test es positivo y es
indicativo de una fascitis necrosante (Ferrer Lozano & Morejón Trofimova, 2018).
Esta maniobra continúa siendo reconocida en recomendaciones contemporáneas como una
herramienta útil cuando el diagnóstico no es claro o el acceso inmediato a quirófano es limitado. La
presencia de exudado maloliente, la disección roma sin resistencia y la escasa hemorragia se
consideran hallazgos altamente sugestivos de necrosis fascial (Zhou et al., 2025).
Las imágenes, por otro lado, pueden visualizar la extensión y el nivel de daño en los tejidos profundos
desde múltiples ángulos y niveles, lo que proporciona una base directa para determinar la progresión
de la enfermedad (Wei et al., 2023).
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 1 p 2820.