Fascitis Necrotizante: claves clínicas para un diagnóstico y  
tratamiento oportuno. Revisión bibliográfica  
Necrotizing Fasciitis: Clinical Keys for Timely Diagnosis and Treatment.  
Literature Review  
Jorge Jaubert Rosales  
Investigador Independiente  
San José Costa Rica  
Camille Morice Herrero  
Investigadora Independiente  
San José Costa Rica  
María Jesús Calvo Bonilla  
Investigadora Independiente  
San José Costa Rica  
Valeria Sofía Molina Solano  
Investigadora Independiente  
Heredia Costa Rica  
Mariana de Jesús Altamiranda  
Investigadora Independiente  
Heredia Costa Rica  
Artículo recibido: 01 de noviembre de 2025. Aceptado para publicación: 09 de marzo de 2026.  
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.  
Resumen  
Las infecciones de piel y tejidos blandos son una causa frecuente de consulta tanto en los servicios  
de emergencias como en atención primaria, sin embargo, la fascitis necrotizante corresponde a su  
presentación más grave y debido a que su manifestación clínica en la etapa inicial presenta síntomas  
inespecíficos es común que no se diagnostique de manera oportuna. Este proceso infeccioso puede  
presentarse tanto en poblaciones que presenten factores de riesgo, como incluso en pacientes  
jóvenes sin factores de riesgo asociados. Predominantemente tienen origen polimicrobiano y se debe  
contar con alta sospecha clínica ante una lesión en piel que genera dolor desmedido con relación a la  
lesión y la presencia de fiebre cuantificada, no es necesario la aparición de más síntomas para contar  
con la sospecha diagnóstica. Su abordaje es interdisciplinario y no se debe diferir de la dupla que ha  
documentado impacto positivo en la disminución de morbimortalidad, la cual hace mención a la  
cobertura antibiótica como la debridación del tejido necrosado en sala de operaciones.  
Palabras clave: fascitis necrotizante, infección de piel, tejidos blandos, debridación quirúrgica,  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 1 p 2815.  
antibióticos  
Abstract  
Skin and soft tissue infections are a frequent reason for consultation in both emergency departments  
and primary care settings. However, necrotizing fasciitis is the most serious of these infections, and  
because its initial clinical manifestation presents with nonspecific symptoms, it is often not diagnosed  
promptly. This infectious process can occur in populations with risk factors, as well as in young  
patients without associated risk factors. It is predominantly polymicrobial in origin, and a high clinical  
suspicion should be maintained when a skin lesion causes disproportionate pain relative to the lesion  
and is accompanied by a measurable fever. The appearance of additional symptoms is not necessary  
for a diagnostic suspicion. Its management is interdisciplinary and should follow the dual approach  
that has demonstrated a positive impact on reducing morbidity and mortality: antibiotic coverage and  
debridement of necrotic tissue in the operating room.  
Keywords: necrotizing fasciitis, skin, soft tissue infection, surgical debridement, antibiotics  
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Cómo citar: Jaubert Rosales, J., Morice Herrero, C., Calvo Bonilla, M. J., Molina Solano, V. S., &  
Altamiranda, M. de J. (2026). Fascitis Necrotizante: claves clínicas para un diagnóstico y tratamiento  
oportuno. Revisión bibliográfica. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 1 p 2816.  
INTRODUCCIÓN  
El término fascitis necrotizante hace referencia a una infección de piel y tejidos blandos, y corresponde  
la manifestación más grave de ese subtipo de patologías. Esto se debe a que es una infección  
progresiva, con tendencia a causar gradual destrucción tisular con progresión horaria acelerada, con  
alta letalidad, puede afectar a cualquier parte del cuerpo, más frecuente en las extremidades, en  
especial las piernas, causada con relativa frecuencia por una infección polimicrobiana (Hernández  
González, 2015).  
Dicho proceso infeccioso se presenta de manera más frecuente en pacientes inmunocomprometidos,  
por lo que se debe tener en cuenta como diagnóstico diferencial a esta población al momento de  
consultar por lesiones en piel.  
Afortunadamente es una patología poco frecuente, sin embargo, su mortalidad es elevada. Se estima  
que la incidencia de esta enfermedad en la actualidad es de 1 caso por cada 100.000 personas en  
nuestro medio, con una tasa de mortalidad comprendida entre un 21 % y un 40 % a pesar de tratamiento  
intensivo, pudiendo alcanzar hasta un 70 % si se desarrolla un shock tóxico estreptocócico (Moyano  
Portillo et al., 2019).  
Típicamente su evolución clínica no presenta un patrón similar en la mayoría de los casos, por lo que  
conocer detalladamente sus factores de riesgo y hallazgos al examen físico nos es indispensable para  
iniciar abordaje oportuno y ofrecer una disminución en la aparición de sus complicaciones.  
Se debe tener en consideración que dicha patología puede afectar cualquier parte del cuerpo, y no se  
debe confundir con la fascitis necrotizante que afecta la zona genital y/o perianal con la misma rapidez,  
la cual recibe el nombre de Gangrena de Fournier.  
La gangrena de Fournier puede afectar el perineo, los genitales, las ingles, la parte inferior del abdomen,  
los glúteos o la cara interna de los muslos. En los varones, es común la pérdida del saco escrotal y la  
piel del pene, dejando expuestos los testículos (Jones & Drew, 2024).  
DESARROLLO  
Factores de riesgo  
La fascitis necrotizante se puede diagnosticar a cualquier edad, pero es más frecuente entre la cuarta  
y séptima década de la vida, con cierto predominio en hombres (Zambrano Guerra et al., 2024).  
Afecta más a diabéticos, alcohólicos, inmunocomprometidos, drogadictos y pacientes con enfermedad  
vascular periférica y es muy rara en niños, sin embargo, también puede ocurrir en pacientes jóvenes  
sanos (Hernández González, 2015).  
Se han agrupado tanto en endógenos como exógenos los factores de riesgo.  
Endógenos: edades extremas de la vida, inmunodepresión, neoplasias, diabetes mellitus, desnutrición,  
hipotiroidismo, alcoholismo, enfermedades vasculares, cirrosis, drogadicción  
Exógenas: cirugías, inyecciones, traumas.  
La mayoría de las IPPB es causada por el SARM y está asociado a la presencia de comorbilidades,  
sobre todo la diabetes mellitus (Peralta & Torres de Taboada, 2017). La causa del factor de riesgo  
elevado en la población diabética radica en la afectación de la respuesta inmune de los mismos.  
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Etiología  
Generalmente son causados por microorganismos aeróbicos y anaeróbicos formadores de gas, y se  
pueden clasificar según el agente etiológico o según el tiempo de evolución.  
Fascitis Necrotizante Tipo 1 o Polimicrobiana: corresponde entre el 70% y 80% de los casos.  
Usualmente por aerobios Gram positivos (Streptococcus pyogenes, Staphylococcus aureus,  
Enterococcus faecalis) y Gram negativos (Escherichia coli, Pseudomonas spp., Clostridium spp.,  
Bacteroides spp.) Este tipo usualmente está relacionado con procedimientos quirúrgicos o pacientes  
inmunocomprometidos.  
Fascitis Necrotizante Tipo 2 o Monomicrobiana: corresponde a un porcentaje menor, entre 20% y 30%  
de los casos. Usualmente por microorganismos Gram positivos (Streptococcus Beta-hemolítico del  
grupo A) como lo es el Streptococcus pyogenes. Estos agentes tienen predilección por lesiones en  
extremidades.  
Fascitis Necrotizante Tipo 3: corresponde aproximadamente al 25%. de los casos y se documenta  
infecciones por agentes Gram negativos, como Clostridium spp., Vibrio spp., Aeromonas spp.  
Fascitis Necrotizante Tipo 4: corresponde al 5% de los casos, está en relación con agentes fúngicos  
del género Mucor, Rhizopus y Rhizomucor. Pese a que es poco común, debe sospecharse en casos de  
quemaduras o traumatismos penetrantes.  
Según el tiempo de evolución se conocen dos subgrupos: subaguda o no fulminante e hiperaguda o  
fulminante. Los casos con formas hiperagudas con sepsis severa evolucionan de forma rápida al fallo  
multiorgánico, mientras que los casos con formas subagudas pueden permanecer indolentes con  
rápida infección de tejidos blandos.  
Los porcentajes reportados varían entre estudios y pueden superponerse dependiendo de las  
características epidemiológicas de la población analizada.  
Clínica  
Se debe realizar una historia clínica detallada y se debe descartar que el paciente esté consumiendo  
analgésicos sin prescripción médica, lo que puede conllevar a enmascarar el dolor en la zona de la  
lesión.  
Los hallazgos clínicos son sumamente inespecíficos, aun así, las manifestaciones clínicas se agrupan  
tanto en manifestaciones cutáneas como sistémicas.  
A nivel cutáneo la expresividad será tanto más rápida y mayor cuanto más superficial sea el lugar de  
la infección, de modo que el diagnóstico en extremidades suele ser más evidente que en tronco o pelvis,  
que suelen presentar mayor repercusión sistémica (Ferrer Lozano & Morejón Trofimova, 2018).  
En orden de frecuencia, las manifestaciones típicas son edema (75%), eritema (72%) y ampollas o  
necrosis (38%) (Garrido-Hidalgo et al., 2025).  
Este tipo de manifestaciones se pueden documentar en tres etapas: inicial, intermedio y final. La etapa  
inicial suele mal diagnosticada con celulitis debido a que presenta edema, calor, dolor y rubor. Sin  
embargo, se detalla que los bordes son menos precisos en la fascitis y el dolor es muy  
desproporcionado en relación con la molestia que se presenta en la celulitis. Posteriormente, la  
evolución conlleva a la fase intermedia donde las ampollas y flictenas serosas se hacen presentes y  
se finaliza con el estadio final donde se cuenta con dos signos específicos que corresponden a la  
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crepitación y anestesia subcutánea sin embargo no siempre se presentan y cuando lo hacen ya es una  
etapa avanzada de necrosis.  
Por otra parte, respecto a las manifestaciones sistémicas se presentan fiebre cuantificada, ataque al  
estado general, inestabilidad hemodinámica y alteración neurológica.  
Las anomalías más frecuentes en los signos vitales fueron fiebre y taquicardia (>100 latidos/min),  
seguidas de hipotensión (PA sistólica <100 mmHg) y taquipnea (>20/min) (Raveendranadh et al.,  
2024).  
Una tercera parte de la fascitis necrosante producida por estreptococos del grupo A se acompañan de  
síndrome del choque tóxico estreptocócico o gangrena hemolítica estreptocócica, con fracaso  
multiorgánico y coagulación intravascular diseminada (Ferrer Lozano & Morejón Trofimova, 2018).  
Para el síndrome previamente descrito, se requiere la presencia de al menos dos de las siguientes  
manifestaciones:  
Alteraciones Coagulopatías  
Lesión Renal Aguda  
Hipotensión e hipoperfusión tisular  
Daño Hepático  
Distrés Respiratorio  
Necrosis Cutánea  
Eritema Difuso  
La gravedad de estas manifestaciones puede conllevar a fallo multiorgánico por lo que se recomienda  
manejo en Unidad Cuidados Intensivos con vigilancia estricta.  
Diagnóstico  
El reto más grande respecto a la fascitis necrotizante sin lugar a dudas es su diagnóstico y esto  
impacta de manera negativa su adecuado abordaje y tratamiento, lo que conlleva a un incremento en  
la mortalidad.  
Es fundamental conocer esta patología minuciosamente para contar con alto grado de sospecha  
durante la práctica clínica y lograr identificar los signos que nos orienten hacia la misma y no caer en  
el errado diagnóstico de Celulitis (el más común que se mal diagnóstica).  
Se ha logrado documentar 3 hallazgos clínicos que nos pueden orientar inmediatamente. En primer  
lugar, destaca la presencia de dolor desproporcionado en relación con los hallazgos cutáneos iniciales.  
Este constituye uno de los signos de alarma más importantes y es considerado un síntoma clásico de  
la enfermedad (Chen et al., 2020).  
La ausencia de signos cutáneos evidentes no excluye la enfermedad, por lo que el clínico debe  
mantener un alto índice de sospecha ante síntomas sugestivos (Chen et al., 2020).  
En segundo lugar, la rápida progresión de la lesión a pesar del inicio de cobertura antibiótica empírica  
constituye un signo de alarma mayor. La expansión acelerada del eritema, el aumento de la induración  
o el deterioro sistémico, incluso bajo tratamiento antimicrobiano, deben incrementar la sospecha de  
infección necrotizante y motivar una reevaluación inmediata del paciente, ya que reflejan progresión  
activa de la enfermedad (Zhou et al., 2025.)  
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Debemos de sospechar la presencia de una infección necrotizante cuando observemos edema e  
induración más allá del área eritematosa, acompañado o no de ampollas o flictenas, con crepitación a  
la exploración física o presencia de gas en las pruebas de imágen (Moyano Portillo et al., 2019).  
El uso de pruebas de laboratorio radica en la confirmación de un proceso infeccioso concomitante  
mediante elevación en reactantes de fase aguda.  
Un ejemplo de ello es el Indicador de Riesgo de Laboratorio para la Fascitis Necrotizante (LRINEC),  
propuesto por Wong (Raveendranadh et al., 2024). Consiste en utilizar seis parámetros de laboratorio  
para estratificación de riesgo (PCR, leucocitos, hemoglobina, sodio, creatinina y glucosa). No obstante,  
estudios recientes han demostrado limitaciones en su sensibilidad, por lo que el LRINEC no debe  
utilizarse como herramienta exclusiva para descartar la enfermedad ni retrasar la intervención  
quirúrgica cuando la sospecha clínica es alta.  
Las recomendaciones más recientes enfatizan que, aunque estas herramientas pueden apoyar la  
estratificación de riesgo, ningún sistema de puntuación debe emplearse de forma aislada para  
descartar la enfermedad. Un resultado bajo no excluye la presencia de infección necrotizante, por lo  
que la valoración clínica integral continúa siendo determinante en la toma de decisiones.( Zhou et al.,  
2025.)  
Leucocitosis con desviación a la izquierda, hipoalbuminemia (<3g/dl), trombocitopenia, azoemia,  
hipocalcemia (por saponificación de la grasa), aumento de creatín fosfoquinasa (CPK), como marcador  
del compromiso infeccioso muscular, aumento de bilirrubina, glucemia, creatinina, sodio, proteína C  
reactiva y anemia intensa, estudios microbiológicos positivos a EGA asociado o no a estafilococo  
aureus (Hernández González, 2015).  
Otro hallazgo que nos debe alarmar es la presencia de ataque al estado general en pacientes cuyo  
motivo de consulta sea sugestivo de infección piel y tejidos blandos, ya que rutinariamente estos  
procesos no conllevan a una afectación sistémica.  
Recapitulando, sí tenemos un paciente con una aparente infección de piel y tejidos blandos como por  
ejemplo Celulitis, pero que presente rápida evolución, dolor desproporcionado y ataque al estado  
general se debe tener la sospecha clínica de la fascitis necrotizante y por ende ese paciente es prudente  
considerar llevar a sala de operaciones para su exploración quirúrgica que corresponde al gold  
standard.  
Si no es posible o no se cuenta con un quirófano dentro del centro de atención médica, se ha realizado  
previamente documentada y estudiada una exploración al lado de la cama llamada “ Finger Test “. Con  
infiltración anestésica local se realiza una incisión de 2 cm hasta la fascia profunda, la ausencia de  
sangrado, la ausencia de tensión o resistencia de las partes blandas a la disección con el dedo, la  
presencia de líquido tipo “agua de lavar platos” o el mal olor indican que el test es positivo y es  
indicativo de una fascitis necrosante (Ferrer Lozano & Morejón Trofimova, 2018).  
Esta maniobra continúa siendo reconocida en recomendaciones contemporáneas como una  
herramienta útil cuando el diagnóstico no es claro o el acceso inmediato a quirófano es limitado. La  
presencia de exudado maloliente, la disección roma sin resistencia y la escasa hemorragia se  
consideran hallazgos altamente sugestivos de necrosis fascial (Zhou et al., 2025).  
Las imágenes, por otro lado, pueden visualizar la extensión y el nivel de daño en los tejidos profundos  
desde múltiples ángulos y niveles, lo que proporciona una base directa para determinar la progresión  
de la enfermedad (Wei et al., 2023).  
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Sin embargo, aunque las imágenes pueden aportar información sobre la extensión, no deben retrasar  
la exploración quirúrgica cuando la sospecha clínica es alta (Chen et al., 2020; Tessier et al., 2020).  
Tratamiento  
El tratamiento general de la fascitis necrosante consta de tres pilares fundamentales: desbridamiento  
amplio del tejido necrótico con aseo local, tratamiento antibiótico, y medidas de soporte hemodinámico  
(Ferrer Lozano & Morejón Trofimova, 2018).  
La intervención que más relevancia tiene es el desbridamiento del material necrótico, ya que con esto  
se logra disminuir en gran cantidad la carga bacteriana y por consiguiente la concentración de tóxinas  
de las mismas bacterias. Está práctica debe realizarse idealmente en sala de operaciones y se debe  
identificar la aponeurosis muscular profunda con franca necrosis e incluso asociar la presencia de  
material purulento. Durante esa intervención quirúrgica se debe delimitar la extensión de la infección y  
se debe extraer todo material que sea compatible con características no viables.  
El desbridamiento quirúrgico urgente es necesario para obtener resultados óptimos; sin embargo, el  
momento exacto de la intervención continúa perfeccionándose (McDermott et al., 2024).  
La evidencia más reciente respalda que la intervención quirúrgica dentro de las primeras horas tras la  
presentación hospitalaria impacta directamente en la supervivencia. Un metaanálisis demostró que el  
desbridamiento realizado dentro de las primeras 6 horas reduce significativamente la mortalidad en  
comparación con intervenciones tardías (Nawijn et al., 2020).  
La mortalidad es del 32% cuando este proceder se realiza antes de las 24 horas del diagnóstico frente  
al 70% de mortalidad cuando dicho período es mayor. Sin desbridamiento quirúrgico la mortalidad se  
acerca al 100% Ferrer Lozano & Morejón Trofimova, 2018).  
La terapia antibiótica constituye un complemento fundamental del desbridamiento del tejido necrótico  
y debe iniciarse de manera inmediata. La cobertura empírica debe dirigirse a los agentes etiológicos  
más probables según la clasificación previamente establecida, incluyendo microorganismos Gram  
positivos, Gram negativos y anaerobios.  
En general, se recomienda el uso de un β-lactámico intravenoso de amplio espectro como base del  
esquema terapéutico. Ante la sospecha de infección por Staphylococcus aureus resistente a meticilina  
(MRSA), debe añadirse vancomicina. En escenarios con riesgo o evidencia de Gram negativos  
resistentes, se recomienda el empleo de carbapenémicos.  
En situaciones donde se sospecha infección por Streptococcus pyogenes o presencia de sindrome de  
choque tóxico, se recomienda asociar clindamicina debido a su capacidad para inhibir la producción  
de toxinas bacterianas.  
Respecto a la duración de la cobertura antibiótica se debe determinar según la evolución clínica de  
cada paciente.  
Como se mencionó previamente, está infección tiene una repercusión a nivel sistémico por lo cual no  
es inusual que los pacientes lleguen a requerir de reanimación hemodinámica. Por lo anterior, se debe  
iniciar la reanimación de forma precoz en especial cuando existe hipotensión o evidencia de disfunción  
orgánica, y se deben emplear aminas vasoactivas en caso de shock refractario a la reposición de  
volumen (Parra Caballero et al., 2012).  
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CONCLUSIÓN  
La fascitis necrotizante corresponde a una patología sumamente agresiva, por lo que realizar una  
historia clínica completa y detallada, aunada a los hallazgos al examen físico nos pueden dirigir a  
realizar el diagnóstico tempranamente lo que representa un impacto positivo en la disminución de la  
morbimortalidad.  
El reto más grande que presenta el proceso infeccioso en cuestión es la falta de consenso para contar  
una herramienta diagnóstica, por esto mismo la importancia radica en conocer sus manifestaciones  
cutáneas, sistémicas y tener claro que algunos estudios nos pueden orientar. Por ejemplo, en  
laboratorios la elevación de reactantes de fase aguda es un indicador, así como la presencia de gas en  
estudios de imagen. Su principal factor de riesgo es la Diabetes Mellitus, sin embargo, no es  
indispensable para su manifestación. Las extremidades inferiores corresponden a la zona con mayor  
afectación, pero puede presentarse en cualquier parte del cuerpo.  
Cuando se cuente con la sospecha clínica, se debe iniciar tanto con la cobertura antibiótica como con  
el abordaje quirúrgico. No se debe diferir uno de otro y tampoco se recomienda postergar la  
debridación en sala, eso únicamente conlleva aumento en la mortalidad.  
Finalmente, los pacientes que logren sobrellevar este proceso infeccioso deberán recibir atención por  
parte de especialistas en cirugía reconstructiva con el fin de recuperar y preservar la funcionalidad de  
la zona afectada.  
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