Síntomas depresivos y características sociodemográficas en  
cuidadores primarios de personas en hemodiálisis: un  
estudio transversal  
Depressive Symptoms and Sociodemographic Characteristics Among  
Primary Caregivers of Individuals Undergoing Hemodialysis: A Cross-  
Sectional Study  
María Rosario Isabel Robles Rosas  
Instituto Mexicano del Seguro Social  
Mazatlán México  
Grimeldi Guerlain Lindor Lara  
Instituto Mexicano del Seguro Social  
Mazatlán México  
Roxana Martinez Gonzalez  
Instituto Mexicano del Seguro Social  
Culiacán - México  
Eliezer Villanueva Castro  
Departamento de Neurocirugía, Universidad de Arkansas para las Ciencias Médicas  
Little Rock Estados Unidos de América  
Berenice Vega Medina  
Instituto Mexicano del Seguro Social  
Mazatlán México  
Sergio Moreno Jiménez  
Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía Dr. Manuel Velazco Suarez  
Ciudad de México  
Artículo recibido: 05 de noviembre de 2025. Aceptado para publicación: 12 de marzo de 2026.  
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.  
Resumen  
La enfermedad renal crónica en estadios avanzados y la dependencia de hemodiálisis modifican de  
manera sustancial la dinámica familiar, ya que el cuidado cotidiano suele recaer en un cuidador  
primario informal. Esta responsabilidad prolongada implica demandas físicas y emocionales que  
pueden afectar la salud mental y favorecer la aparición de síntomas depresivos que con frecuencia  
pasan inadvertidos en la práctica clínica. El objetivo fue estimar la frecuencia de síntomas depresivos  
y analizar su relación con variables sociodemográficas en cuidadores primarios de personas con  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 1 p 3099.  
enfermedad renal crónica sometidas a hemodiálisis. Se realizó un estudio transversal en 150  
cuidadores del Hospital General de Zona No. 3 y de las Unidades de Medicina Familiar No. 3 y No. 45  
del Instituto Mexicano del Seguro Social en Mazatlán, Sinaloa. La depresión se evaluó mediante el  
Inventario de Depresión de Beck-II (BDI-II) y se registraron edad, sexo, escolaridad, ocupación y horas  
semanales dedicadas al cuidado. Predominó el sexo femenino (80.0%; n = 120), con edad media de  
47.8 ± 14.9 años y una dedicación promedio de 125.7 ± 58.0 horas por semana. El 62.7% (n = 94)  
presentó depresión mínima o ausente, mientras que el resto mostró distintos grados de  
sintomatología. Se observó una correlación positiva entre las horas de cuidado y la severidad de los  
síntomas depresivos (ρ = 0.263; p = 0.001). Estos hallazgos respaldan la detección sistemática de  
depresión y el apoyo psicosocial en los servicios de hemodiálisis.  
Palabras clave: depresión, enfermedad renal crónica, hemodiálisis, cuidadores primarios,  
factores sociodemográficos  
Abstract  
Chronic kidney disease in advanced stages and dependence on hemodialysis substantially alter family  
dynamics, as daily care commonly falls on an informal primary caregiver. This prolonged responsibility  
entails sustained physical and emotional demands that may compromise mental health and contribute  
to the development of depressive symptoms, which frequently remain unnoticed in routine clinical  
practice. The objective of this study was to estimate the frequency of depressive symptoms and  
examine their relationship with sociodemographic variables among primary caregivers of individuals  
with chronic kidney disease undergoing hemodialysis. A cross-sectional study was conducted in 150  
caregivers from General Hospital No. 3 and Family Medicine Units No. 3 and No. 45 of the Mexican  
Institute of Social Security in Mazatlán, Sinaloa. Depression was assessed using the Beck Depression  
Inventory-II (BDI-II), and data on age, sex, educational level, occupation, and weekly hours devoted to  
caregiving were recorded. Female caregivers predominated (80.0%; n = 120), with a mean age of 47.8  
± 14.9 years and an average caregiving time of 125.7 ± 58.0 hours per week. Overall, 62.7% (n = 94)  
presented minimal or no depressive symptoms, whereas the remaining participants showed varying  
degrees of symptom severity. A positive correlation was observed between weekly caregiving hours  
and depressive symptom severity (ρ = 0.263; p = 0.001). These findings support the need for  
systematic depression screening and psychosocial support strategies within hemodialysis care  
services.  
Keywords: depression,  
chronic  
kidney  
disease,  
hemodialysis,  
primary  
caregivers,  
sociodemographic factors  
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Cómo citar: Robles Rosas, M. R. I., Lindor Lara, G. G., Martinez Gonzalez, R., Villanueva Castro, E.,  
Vega Medina, B., & Moreno Jiménez, S. (2026). Síntomas depresivos y características  
sociodemográficas en cuidadores primarios de personas en hemodiálisis: un estudio transversal.  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 7 (1), 3099 3110.  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 1 p 3100.  
INTRODUCCIÓN  
La enfermedad renal crónica (ERC) constituye uno de los principales desafíos para los sistemas de  
salud contemporáneos debido a su carácter progresivo, su elevada morbimortalidad y la necesidad de  
terapias sustitutivas prolongadas. Se estima que millones de personas viven con ERC a nivel mundial,  
con una prevalencia creciente y una carga sustancial de discapacidad y muerte prematura (Bikbov et  
al., 2020). Asimismo, la demanda de terapias de reemplazo renal, particularmente hemodiálisis, ha  
aumentado de forma sostenida, generando elevados costos sanitarios y desigualdades en el acceso al  
tratamiento (Liyanage et al., 2015; United States Renal Data System [USRDS], 2024). En México, esta  
problemática también representa un reto importante para el sistema de salud, tanto por su impacto  
clínico como social (CENETEC, 2019; Álvarez Ramírez et al., 2021).  
Más allá del control clínico del paciente, la hemodiálisis exige traslados frecuentes, reorganización de  
horarios y vigilancia continua, transformando la dinámica familiar y extendiendo el proceso de atención  
al ámbito doméstico (Fuentes-González & Díaz-Fernández, 2023; Nefrología al Día, s. f.). Estas  
exigencias trasladan una parte sustancial del cuidado al entorno familiar, donde el apoyo cotidiano  
suele recaer en un cuidador primario informal.  
En este contexto, el cuidado cotidiano suele ser asumido por un familiar cercano que desempeña tareas  
de acompañamiento, supervisión de la adherencia terapéutica y soporte emocional de manera  
sostenida. Diversos estudios han documentado que esta dedicación intensiva puede interferir con las  
necesidades básicas del cuidador, limitar su participación social y laboral, y generar desgaste físico y  
psicológico progresivo (Adelman et al., 2014; Velasco Ramírez et al., 2015; Martínez, 2020). La literatura  
internacional ha demostrado que el cuidado prolongado se asocia con mayor carga subjetiva, deterioro  
de la calidad de vida y mayor riesgo de morbilidad física y mental (Pinquart & Sörensen, 2003; Vitaliano  
et al., 2003). Estas consecuencias tienden a normalizarse dentro de la vida familiar, lo que contribuye  
a que el malestar emocional del cuidador permanezca invisibilizado en la práctica clínica.  
Un rasgo constante del cuidado informal es su marcada feminización. En contextos latinoamericanos,  
el rol de cuidador recae predominantemente en mujeres, como resultado de construcciones  
socioculturales que asignan históricamente a ellas la responsabilidad del cuidado doméstico y afectivo  
(Fernández Tijero, 2016). Esta distribución desigual se ha relacionado con mayor exposición a  
demandas prolongadas, menor autonomía económica y mayor vulnerabilidad a trastornos  
emocionales, particularmente depresión (Navarro-Sandoval et al., 2017; Dzul-Gala et al., 2018).  
La depresión representa por sí misma un problema relevante de salud pública. La Organización Mundial  
de la Salud estima que alrededor de 280 millones de personas viven con este trastorno, siendo una de  
las principales causas de discapacidad a nivel global (OMS, 2016). En poblaciones sometidas a estrés  
crónico, como los cuidadores informales de personas con enfermedades crónicas, los síntomas  
depresivos pueden desarrollarse de forma gradual y pasar desapercibidos (Sallim et al., 2015).  
Diversos metaanálisis han señalado que los cuidadores presentan mayor prevalencia de depresión y  
ansiedad en comparación con la población general (Pinquart & Sörensen, 2003). En el ámbito de la  
nefrología, estudios específicos han reportado niveles elevados de afectación emocional en  
cuidadores de pacientes en hemodiálisis (Shdaifat & Manaf, 2012; Jafari et al., 2018).  
En México, encuestas nacionales han documentado una presencia significativa de sintomatología  
depresiva en adultos, lo que subraya la importancia de identificar grupos particularmente vulnerables  
(INEGI, 2022; Vázquez-Salas et al., 2023). Sin embargo, la información local sobre salud mental de  
cuidadores de pacientes renales continúa siendo limitada, lo que dificulta dimensionar el problema e  
implementar estrategias de detección oportuna y apoyo psicosocial dirigidas al cuidador primario.  
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ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 1 p 3101.  
El marco teórico del proceso de estrés del cuidado sugiere que las demandas prolongadas, la  
sobrecarga y la falta de apoyo social constituyen mecanismos clave en el desarrollo de malestar  
psicológico y depresión en cuidadores (Pearlin et al., 1990). En consecuencia, la evaluación  
sistemática de la salud mental del cuidador se reconoce como un componente esencial de la atención  
integral del binomio pacientefamilia.  
En este sentido, el presente estudio tuvo como objetivo estimar la frecuencia de síntomas depresivos  
y analizar su relación con variables sociodemográficas en cuidadores primarios de personas con  
enfermedad renal crónica sometidas a hemodiálisis, atendidos en una unidad hospitalaria del Instituto  
Mexicano del Seguro Social en Mazatlán, Sinaloa, mediante un diseño transversal y la aplicación de  
un instrumento estandarizado para la evaluación de la severidad de síntomas depresivos, el Inventario  
de Depresión de Beck-II (BDI-II), ampliamente utilizado en investigación clínica y con adecuada validez  
y confiabilidad en población hispanohablante (Sanz et al., 2003; Wang & Gorenstein, 2013). Se planteó  
como hipótesis que una mayor carga horaria de cuidado se asociaría con mayor severidad de síntomas  
depresivos. Este enfoque busca aportar evidencia contextual que contribuya a fortalecer la atención  
integral del binomio pacientecuidador e incorporar de manera sistemática la evaluación de la salud  
mental del cuidador en los servicios de hemodiálisis.  
METODOLOGÍA  
Se realizó un estudio cuantitativo, observacional, descriptivo, prospectivo y de corte transversal, con el  
propósito de estimar la frecuencia de síntomas depresivos y analizar su relación con variables  
sociodemográficas en cuidadores primarios de pacientes con enfermedad renal crónica sometidos a  
hemodiálisis.  
La investigación se llevó a cabo en la Unidad de Hemodiálisis del Hospital General de Zona No. 3 y en  
las Unidades de Medicina Familiar No. 3 y No. 45 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), en  
Mazatlán, Sinaloa, México, entre marzo de 2024 y marzo de 2025.  
La población estuvo conformada por cuidadores primarios de pacientes en tratamiento de hemodiálisis  
crónica adscritos a las unidades médicas participantes.  
Se definió como cuidador primario a la persona responsable de proporcionar atención continua al  
paciente, incluyendo apoyo en actividades de la vida diaria, acompañamiento a consultas médicas,  
supervisión de la adherencia terapéutica y soporte emocional, independientemente de la convivencia  
con el paciente.  
Se incluyeron hombres y mujeres de 18 a 90 años que otorgaron consentimiento informado por escrito  
y contaban con registros clínicos completos del paciente. Se excluyeron cuidadores que no  
desempeñarán el rol principal, menores de 18 años o mayores de 90 años, expedientes incompletos,  
imposibilidad de localización, pérdida de derechohabiencia institucional, fallecimiento del paciente  
durante la recolección de datos o negativa a participar. Se eliminaron quienes retiraron su  
consentimiento o cuyo paciente cambió de unidad médica durante el estudio.  
Se empleó un muestreo no probabilístico por conveniencia. El tamaño de muestra se estimó mediante  
la fórmula para proporciones en poblaciones finitas, considerando una población de 245 pacientes, un  
nivel de confianza del 95 %, un error máximo aceptable y una proporción esperada del 5 %, lo que arrojó  
un mínimo de 151 participantes. Durante el trabajo de campo ocurrió el fallecimiento de un paciente,  
por lo que su cuidador fue excluido. La muestra final estuvo constituida por 150 cuidadores primarios.  
Las variables independientes incluyeron edad, sexo, escolaridad, ocupación, estado civil, parentesco  
con el paciente, comorbilidades, tiempo total de evolución del cuidado y número promedio de horas  
diarias dedicadas al acompañamiento. La variable dependiente fue la presencia y severidad de  
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síntomas depresivos. La edad se registró en años cumplidos y se agrupó en rangos etarios (1829,  
3039, 4049, 5060 y >60 años). La escolaridad se clasificó como nula, básica, media superior o  
superior. La ocupación se categorizó como empleado, estudiante, pensionado, comerciante, ama de  
casa o desempleado. Las horas diarias de cuidado se agruparon en intervalos de 16, 712, 1318 y  
1924 horas.  
Los síntomas depresivos se evaluaron mediante el Inventario de Depresión de Beck-II (Beck Depression  
Inventory-II, BDI-II), instrumento de autorreporte ampliamente utilizado para cuantificar la severidad de  
la depresión en población clínica y general. La escala consta de 21 ítems con cuatro opciones de  
respuesta puntuadas de 0 a 3, con un rango total de 0 a 63 puntos, donde mayores puntuaciones  
indican mayor intensidad sintomática. Para fines analíticos, los puntajes se clasificaron en mínima o  
ausente (013), leve (1419), moderada (2028) y grave (2963). El instrumento presenta adecuada  
consistencia interna y validez psicométrica, con coeficientes de confiabilidad reportados superiores a  
0.90 en población hispanohablante. El cuestionario se utilizó exclusivamente con fines de investigación  
académica; no se reprodujeron sus ítems, en apego a los derechos de autor del instrumento.  
La recolección de datos se realizó de forma presencial en las unidades médicas participantes. Los  
cuidadores fueron identificados durante las sesiones de hemodiálisis y consultas de Medicina Familiar.  
Tras explicar los objetivos del estudio y obtener el consentimiento informado, se aplicó un cuestionario  
estructurado que incluyó variables sociodemográficas y el Inventario de Depresión de Beck-II. Las  
entrevistas se realizaron en espacios privados, garantizando confidencialidad y comodidad, con una  
duración promedio de 15 a 20 minutos por participante. La información fue codificada y resguardada  
exclusivamente para análisis estadístico.  
El estudio se desarrolló conforme a los principios de la Declaración de Helsinki, la Ley General de Salud  
en materia de investigación en seres humanos y la NOM-012-SSA3-2012. La participación fue  
voluntaria, anónima y confidencial. El protocolo fue aprobado por el Comité de Investigación  
institucional (registro SIRELCIS: R-2024-2506-085).  
El análisis estadístico se efectuó con IBM SPSS Statistics versión 25. Las variables categóricas se  
describieron mediante frecuencias y porcentajes, y las continuas mediante medias y desviaciones  
estándar. Para evaluar asociaciones se empleó la prueba de chi-cuadrado de Pearson y la correlación  
de Spearman, considerando un nivel de significancia de p < 0.05.  
RESULTADOS  
Las características sociodemográficas de los cuidadores primarios se presentan en la Tabla 1. La  
muestra estuvo conformada predominantemente por mujeres, quienes representaron el 80.0% (n =  
120) de los participantes, mientras que los hombres constituyeron el 20.0% (n = 30).  
En relación con el estado civil, la mayoría de los cuidadores se encontraban casados (44.0%; n = 66),  
seguidos por solteros (26.0%; n = 39) y aquellos en unión libre (22.0%; n = 33). Un 8.0% (n = 12) reportó  
otra condición, que incluyó a divorciados o viudos.  
Respecto al nivel educativo, el mayor porcentaje correspondió a escolaridad media superior o  
secundaria completa (30.0%; n = 45), seguido de bachillerato o preparatoria (25.3%; n = 38) y estudios  
de nivel superior o licenciatura (24.7%; n = 37). Una proporción menor presentó educación primaria  
(16.0%; n = 24), mientras que el 2.7% (n = 4) no contaba con instrucción formal y el 1.3% (n = 2) refirió  
estudios de posgrado.  
En cuanto a la ocupación, predominó el trabajo no remunerado en el hogar, correspondiente a amas de  
casa (46.0%; n = 69). El 30.0% (n = 45) indicó desempeñar otras actividades laborales no clasificadas  
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en las categorías establecidas. Los comerciantes representaron el 10.0% (n = 15), los trabajadores  
domésticos el 7.3% (n = 11) y los pensionados el 6.7% (n = 10).  
Con relación al parentesco con el paciente, los cuidadores fueron principalmente cónyuges (40.0%; n =  
60) e hijos (40.0%; n = 60). En menor proporción se identificaron hermanos (8.0%; n = 12), otros  
familiares (8.7%; n = 13) y padres (3.3%; n = 5).  
Finalmente, respecto a las comorbilidades, el 46.0% (n = 69) no reportó enfermedades crónicas  
asociadas. Entre quienes presentaron alguna condición, la hipertensión arterial fue la más frecuente  
(23.3%; n = 35), seguida de diabetes mellitus (14.0%; n = 21), la coexistencia de ambas enfermedades  
(10.0%; n = 15) y otras comorbilidades (6.7%; n = 10).  
Tabla 1  
Características sociodemográficas de los cuidadores principales (n = 150)  
Variable  
n
%
Sexo  
Femenino  
Masculino  
120  
30  
80.0  
20.0  
Estado civil  
Soltero  
39  
66  
33  
26.0  
44.0  
22.0  
8.0  
Casado  
Unión libre  
Otro  
12.0  
Escolaridad  
Sin estudios  
Primaria  
Secundaria  
Preparatoria  
Licenciatura  
Posgrado  
4
2.7  
16.0  
25.3  
30.0  
24.7  
1.3  
24  
38  
45  
37  
2
Ocupación  
Ama de casa  
Empleada domestica  
Comerciante  
Pensionado  
Otro  
69  
11  
15  
10  
45  
46.0  
7.3  
10.0  
6.7  
30.0  
Parentesco  
Esposo (a)  
Hijo (a)  
Madre (padre)  
Hermano (a)  
Otro  
60  
60  
5
12  
13  
40.0  
40.0  
3.3  
8.0  
8.7  
Comorbilidades  
Ninguna  
Hipertensión  
Diabetes  
Ambas  
69  
35  
21  
15  
10  
46.0  
23.3  
14.0  
10.0  
6,7  
Otras  
Nota: *Los valores se expresan como frecuencia absoluta (n) y porcentaje (%).  
Fuente: elaboración propia.  
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Las estadísticas descriptivas de las variables cuantitativas se presentan en la Tabla 2. La edad media  
de los cuidadores fue de 47.8 ± 14.9 años, con un rango de 18 a 76 años, lo que evidencia una amplia  
representación de adultos jóvenes y de mediana edad.  
En relación con la dedicación al cuidado, los participantes reportaron un promedio de 125.7 ± 58.1  
horas semanales, con valores que oscilaron entre 7 y 168 horas por semana. La mediana y la moda  
de 168 horas indican que una proporción importante de cuidadores refirió dedicación continua al  
paciente durante la mayor parte del día.  
Respecto al tiempo desempeñando el rol de cuidador, la media fue de 4.7 ± 14.2 años, con un rango  
de 0 a 29 años. La mediana de 2 años sugiere que, aunque algunos cuidadores acumulan largos  
periodos de atención, la mayoría presenta una experiencia relativamente reciente, lo que refleja  
heterogeneidad en la duración del cuidado dentro de la muestra.  
Tabla 2  
Estadísticas descriptivas de variables cuantitativas de cuidadores primarios (n = 150)  
Estadístico  
Edad  
Horas dedicadas al  
Tiempo como  
cuidado por semana  
cuidador (años)  
Media  
Mediana  
Moda  
47.80  
49.00  
33  
125.73  
168.00  
168  
4.73  
2.00  
2
Desviación estándar  
Varianza  
Rango  
14.885  
221.570  
58  
58.058  
3370.777  
161  
14.240  
202.769  
29  
Mínimo  
18  
7
0
Máximo  
76  
168  
29  
Fuente: elaboración propia.  
En relación con la severidad de los síntomas depresivos evaluados mediante el Inventario de Depresión  
de Beck-II (BDI-II), se observó que la mayoría de los cuidadores primarios presentó puntajes  
correspondientes a ausencia o mínima sintomatología, con 94 participantes (62.7%) (Tabla 3). No  
obstante, una proporción relevante manifestó algún grado de afectación emocional. La depresión  
leve se identificó en 34 cuidadores (22.7%), mientras que 15 (10.0%) mostraron depresión moderada.  
Finalmente, 7 participantes (4.7%) alcanzaron puntajes compatibles con depresión severa. En conjunto,  
aproximadamente cuatro de cada diez cuidadores (37.4%) evidenciaron síntomas depresivos  
clínicamente relevantes (leve a severo), lo que sugiere una carga emocional significativa dentro de esta  
población.  
Tabla 3  
Distribución de los niveles de depresión según el Inventario de Depresión de Beck-II (n = 150)  
Nivel de depresión  
Depresión mínima o ausente  
Depresión leve  
Depresión moderada  
Depresión severa  
N
94  
34  
15  
7
%
62,7 %  
22,7 %  
10,0%  
4,7 %  
Fuente: elaboración propia.  
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A continuación, se evaluó la asociación entre las variables sociodemográficas y los niveles de  
sintomatología depresiva mediante la prueba de chi-cuadrado de Pearson. Como se muestra en  
la Tabla 4, no se identificaron asociaciones estadísticamente significativas. El sexo presentó una  
tendencia cercana al nivel de significancia (χ² = 6.440; gl = 3; p = 0.092); sin embargo, no alcanzó el  
umbral establecido. De igual forma, el estado civil (χ² = 12.335; gl = 9; p = 0.195), la escolaridad (χ² =  
8.012; gl = 15; p = 0.923), la ocupación (χ² = 18.218; gl = 12; p = 0.109), el parentesco con el paciente  
(χ² = 6.114; gl = 12; p = 0.910) y la presencia de comorbilidades (χ² = 11.019; gl = 12; p = 0.527) tampoco  
mostraron relación significativa con la severidad de los síntomas depresivos. En conjunto, la  
distribución de la depresión fue similar entre los distintos grupos sociodemográficos analizados  
Tabla 4  
Asociación entre variables sociodemográficas y síntomas depresivos Beck-II, (n = 150)  
Variable  
χ²  
gl  
3
9
15  
12  
12  
12  
p
Sexo  
6.440  
12.335  
8.012  
18.218  
6.114  
11.019  
0.092  
0.195  
0.923  
0.109  
0.910  
0.527  
Estado civil  
Escolaridad  
Ocupación  
Parentesco  
Comorbilidades  
Nota: *Prueba de chi-cuadrado de Pearson. Un valor p < 0,05 se consideró estadísticamente  
significativo.  
Fuente: elaboración propia.  
Posteriormente, se exploró la relación entre las variables sociodemográficas continuas y las  
puntuaciones de depresión mediante el coeficiente de correlación de Spearman. Los datos se  
presentan en la Tabla 5. No se observaron correlaciones significativas con la edad ni con el tiempo  
desempeñando el rol de cuidador (p > 0.05). En contraste, las horas dedicadas al cuidado por semana  
mostraron una correlación positiva y significativa con la severidad de los síntomas depresivos (ρ =  
0.263; p = 0.001), indicando mayor depresión conforme aumenta la carga horaria de cuidado.  
Tabla 5  
Correlación de Spearman entre variables continuas y síntomas depresivos Beck-II (n = 150)  
Variable  
ρ (Spearman)  
0.150  
p
Edad  
0.067  
0.132  
0.001  
Tiempo como cuidador  
0.123  
0.263  
Horas dedicadas al cuidado por semana  
Nota: *ρ = coeficiente de correlación. Los valores p < 0,05 indican significación estadística.  
Fuente: elaboración propia.  
DISCUSIÓN  
Los hallazgos del presente estudio muestran que la sintomatología depresiva en cuidadores primarios  
de pacientes sometidos a hemodiálisis constituye un problema clínicamente relevante, aunque su  
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distribución no parece depender de características sociodemográficas tradicionales. Variables como  
sexo, estado civil, escolaridad, ocupación, parentesco o presencia de comorbilidades no se asociaron  
de manera significativa con los niveles de depresión. En contraste, la única variable que mostró relación  
estadísticamente significativa fue la intensidad del cuidado, medida a través de las horas semanales  
dedicadas, la cual presentó una correlación positiva con la severidad de los síntomas depresivos.  
Este patrón sugiere que la vulnerabilidad emocional del cuidador no se explica únicamente por su perfil  
demográfico, sino por la carga objetiva que impone el rol de cuidado. Desde una perspectiva teórica,  
estos resultados son consistentes con el modelo del proceso de estrés del cuidado propuesto por  
Pearlin et al. (1990), el cual plantea que los desenlaces psicológicos adversos emergen principalmente  
de la acumulación de estresores primarios como la demanda continua de atenciónmás que de  
atributos individuales aislados. Asimismo, metaanálisis clásicos han demostrado que los cuidadores  
presentan peores indicadores de salud mental respecto a no cuidadores, particularmente en términos  
de depresión (Pinquart & Sörensen, 2003; Vitaliano et al., 2003).  
En el contexto de la enfermedad renal crónica, la dependencia de hemodiálisis impone exigencias  
logísticas, económicas y emocionales constantes que reconfiguran la dinámica familiar (Fuentes-  
González & Díaz-Fernández, 2023; Sociedad Española de Nefrología, s. f.). Estudios internacionales han  
documentado que los cuidadores de pacientes en hemodiálisis experimentan deterioro en su calidad  
de vida y mayor riesgo de trastornos afectivos (Shdaifat & Manaf, 2012; Jafari et al., 2018). Nuestros  
resultados coinciden con esa evidencia y añaden un matiz relevante: no es tanto “quién cuida”, sino  
“cuánto tiempo cuida”, lo que parece marcar la diferencia clínica.  
Por otra parte, el predominio de mujeres observado en la muestra refleja la persistente feminización  
del cuidado descrita en estudios sociológicos y de salud pública (Fernández Tijero, 2016). Aunque el  
sexo no mostró asociación estadística con depresión, la concentración del trabajo asistencial en  
mujeres puede contribuir a una sobrecarga invisible que tiende a normalizarse dentro de la esfera  
doméstica (Adelman et al., 2014; Navarro-Sandoval et al., 2017).  
Implicaciones teóricas y prácticas  
Desde el punto de vista conceptual, estos hallazgos refuerzan la idea de que la salud mental del  
cuidador debe entenderse como el resultado de procesos acumulativos de estrés más que de factores  
sociodemográficos aislados. En consecuencia, el enfoque clínico no debería limitarse a identificar  
“perfiles de riesgo”, sino a evaluar de manera sistemática la intensidad y sostenibilidad del cuidado  
cotidiano.  
En términos prácticos, la correlación observada entre horas semanales de cuidado y depresión tiene  
implicaciones directas para la organización de los servicios de hemodiálisis. La cuantificación del  
tiempo dedicado al cuidado podría funcionar como un indicador sencillo para identificar cuidadores en  
riesgo y priorizar intervenciones tempranas. La detección sistemática de síntomas depresivos  
mediante instrumentos validados, como el BDI-II (Sanz et al., 2003; Wang & Gorenstein, 2013), permitiría  
integrar estrategias de apoyo psicosocial dentro de la atención renal. Esta aproximación resulta  
especialmente pertinente considerando la magnitud global de la enfermedad renal crónica (Bikbov et  
al., 2020) y las barreras de acceso al tratamiento sustitutivo en múltiples regiones (Liyanage et al.,  
2015), factores que incrementan la carga familiar.  
Además, organismos internacionales han subrayado la necesidad de fortalecer la identificación y  
manejo oportuno de la depresión como problema prioritario de salud pública (World Health  
Organization, 2016). Incorporar al cuidador dentro de esta lógica preventiva puede favorecer no solo  
su bienestar, sino también la adherencia y continuidad del tratamiento del paciente.  
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ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 1 p 3107.  
Limitaciones  
Este estudio presenta limitaciones que deben considerarse al interpretar los resultados. El diseño  
transversal impide establecer relaciones causales, por lo que solo se describen asociaciones en un  
momento determinado.  
Aunque el Inventario de Depresión de Beck-II fue aplicado de manera presencial por la investigadora,  
garantizando estandarización del procedimiento, las respuestas dependen de la percepción subjetiva  
del cuidador sobre su estado emocional. La interpretación personal de las preguntas y la posible  
tendencia a minimizar el malestar pueden influir en los resultados.  
Además, la muestra proviene de unidades específicas de un mismo sistema de salud, lo que limita la  
generalización de los hallazgos. Finalmente, no se incluyeron variables mediadoras como apoyo social  
o estrés financiero, identificadas como relevantes en la literatura (Sallim et al., 2015; Martínez, 2020).  
Recomendaciones  
Futuras investigaciones deberían considerar diseños longitudinales que permitan analizar la evolución  
de los síntomas depresivos a lo largo del tiempo y establecer relaciones temporales más claras.  
Asimismo, sería conveniente incorporar variables psicosociales y contextuales que expliquen con  
mayor profundidad los mecanismos subyacentes al malestar emocional del cuidador. La evaluación  
de intervenciones específicas como programas de apoyo psicológico, educación en autocuidado o  
redistribución del rol familiarpodría generar evidencia útil para optimizar la atención integral en  
unidades de hemodiálisis. Finalmente, ampliar este tipo de estudios a otras regiones del país permitiría  
obtener estimaciones más representativas del impacto nacional de la depresión en cuidadores.  
CONCLUSIÓN  
El presente estudio evidenció que la sintomatología depresiva es una condición frecuente entre los  
cuidadores primarios de pacientes sometidos a hemodiálisis, confirmando que el impacto del  
tratamiento renal sustitutivo trasciende la esfera clínica del paciente y alcanza de manera significativa  
al entorno familiar. En congruencia con la hipótesis planteada, se observó que una mayor carga horaria  
de cuidado se asoció con una mayor severidad de síntomas depresivos, lo que respalda la influencia  
de la intensidad del rol en el desgaste emocional del cuidador. En contraste, las características  
sociodemográficas tradicionales no mostraron relación significativa con la depresión, lo que sugiere  
que el riesgo emocional se vincula más estrechamente con la acumulación de demandas asistenciales  
que con el perfil demográfico individual.  
Estos hallazgos refuerzan la necesidad de integrar la evaluación sistemática de la salud mental del  
cuidador dentro de los servicios de hemodiálisis. Reconocer al cuidador como parte del proceso  
terapéutico y promover estrategias de apoyo psicosocial oportunas puede contribuir tanto a su  
bienestar como a la continuidad y calidad del tratamiento del paciente. Así, el abordaje integral de la  
enfermedad renal crónica debe contemplar no sólo las necesidades médicas del enfermo, sino también  
la sostenibilidad emocional de quienes sostienen el cuidado cotidiano.  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 1 p 3108.  
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