La actualización profesional de los docentes conlleva el análisis permanente del propio rendimiento,
promoviendo así una postura comprometida y crítica con respecto al aprendizaje de los estudiantes.
En términos objetivos, la actualización profesional está directamente vinculada con la calidad de la
enseñanza y el aprendizaje porque permite introducir nuevas metodologías como el aula invertida, el
aprendizaje basado en proyectos, la evaluación formativa y el uso de instrumentos digitales.
La UNESCO (2021) destaca que "los profesores deben recibir apoyo en cuanto a capacitaciones ya que
son los profesionales reflexivos y actores fundamentales de la transformación educativa". Esta
aseveración enfatiza que el profesor no es solo un transmisor de contenidos, sino un profesional que
requiere formación permanente para enfrentar los retos actuales.
Según investigaciones recientes, los docentes que forman parte de programas de formación continua
tienen más confianza al utilizar tecnologías educativas y son más capaces de adaptarse a situaciones
inesperadas (Redecker & Punie, 2020). La OCDE (2023) señala de igual manera que "la formación
continua de los docentes es un elemento clave para mejorar los resultados en educación", es por esto
que la actualización profesional de los docentes no solo tiene un impacto positivo en la persona, sino
que también repercute directamente en los estudiantes y en el mejoramiento del sistema educativo.
Alineación curricular
En la educación superior contemporánea, es imprescindible hablar de coherencia cuando se habla de
calidad educativa. La alineación curricular es una respuesta a la necesidad de conectar claramente lo
que se desea que el estudiantado aprenda, cómo se le guía y cómo se evalúan sus aprendizajes. Si
estos componentes no tienen relación entre ellos, la formación académica se aleja de su propósito y
se vuelve fragmentada.
La alineación curricular puede definirse como la correspondencia deliberada entre el perfil de egreso,
los resultados de aprendizaje, las técnicas pedagógicas y los métodos de evaluación. No es
únicamente una estructura técnica que se encuentra en los documentos oficiales, sino también un
método pedagógico consciente que persigue garantizar que cada actividad del aula contribuya
efectivamente a la adquisición de competencias profesionales.
En esta línea, Biggs y Tang (2022) apuntan que la alineación constructiva sigue siendo una guía
fundamental en la educación, puesto que facilita que “los estudiantes entiendan claramente qué se
espera de ellos y cómo cada actividad está enfocada hacia el cumplimiento de resultados concretos”.
Esta claridad robustece el compromiso y la motivación del alumno con su propio proceso educativo.
Además, investigaciones recientes sobre la educación universitaria indican que la desalineación
provoca confusión en el estudiante, quien nota una desconexión entre lo que se dice en el programa y
lo que verdaderamente sucede en el aula (Medina & Guzmán, 2022). Por su parte, Biggs y Tang (2022),
afirman que "la evaluación es el motor del aprendizaje", porque guía los esfuerzos del estudiante; por
ende, si la evaluación no está alineada con los resultados esperados, se altera el proceso de formación.
Por el contrario, cuando la coherencia está presente, el aprendizaje tiende a ser más profundo y
significativo.
La alineación curricular, además de sus componentes técnicos, es una inversión en el sentido
educativo al admitir que cada actividad, evaluación y clase debe tener un objetivo bien definido dentro
del proceso de formación. La alineación curricular en la educación superior tiene que verse como una
manifestación de responsabilidad académica, ya que asegura que la formación profesional sea
relevante, bien organizada y dirigida hacia el crecimiento completo del estudiante.
Acreditación de programas de ingeniería
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 1 p 3450.