Epidemia del brainrot: impacto del consumo masivo de  
contenido digital breve en la salud cognitiva y mental  
Brainrot epidemic: impact of mass consumption of brief digital content on  
cognitive and mental health  
Johanna Melina Roldán Morales  
Universidad Católica de Cuenca  
Cuenca Ecuador  
Marcia Yolanda Cobos Alvarracin  
Universidad Católica de Cuenca  
Cuenca Ecuador  
Nancy Gabriela Ortiz Davalos  
Universidad Católica de Cuenca  
Cuenca Ecuador  
Fanny Cecilia Rodríguez Quezada  
Universidad Católica de Cuenca  
Cuenca Ecuador  
Gloria Cecilia Durazno Montesdeoca  
Universidad Católica de Cuenca  
Cuenca Ecuador  
Artículo recibido: 14 de noviembre de 2025. Aceptado para publicación: 21 de marzo de 2026.  
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.  
Resumen  
El consumo masivo de contenido digital breve genera preocupación por su impacto en la salud  
cognitiva y mental de adolescentes y jóvenes adultos, afectando la función cerebral, la atención, la  
memoria y la autorregulación emocional. La revisión de estudios recientes evidencia que el uso  
intensivo de redes sociales y plataformas digitales se asocia con adicción, sobrecarga cognitiva,  
fatiga mental, ansiedad, depresión y disminución del bienestar psicológico. Factores como la  
comparación social, la exposición a contenido negativo y la búsqueda de popularidad amplifican estos  
efectos, contribuyendo al fenómeno denominado BrainRot. Intervenciones como ejercicio físico,  
educación digital, limitar el tiempo frente a la pantalla y seleccionar contenido de manera consciente  
muestran eficacia para reducir impactos negativos y fortalecer la resiliencia. Estos hallazgos destacan  
la necesidad de estrategias preventivas y un consumo equilibrado de medios, promoviendo un uso  
responsable de la tecnología que proteja la salud mental y cognitiva de los jóvenes.  
Palabras clave: brainrot, salud mental, tecnología de la información, comportamiento del  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 2 p 466.  
usuario  
Abstract  
The massive consumption of short digital content raises concerns about its impact on the cognitive  
and mental health of adolescents and young adults, affecting brain function, attention, memory, and  
emotional self-regulation. A review of recent studies shows that intensive use of social media and  
digital platforms is associated with addiction, cognitive overload, mental fatigue, anxiety, depression,  
and decreased psychological well-being. Factors such as social comparison, exposure to negative  
content, and the pursuit of popularity amplify these effects, contributing to the phenomenon known as  
BrainRot. Interventions such as physical exercise, digital education, limiting screen time, and  
consciously selecting content have been shown to be effective in reducing negative impacts and  
strengthening resilience. These findings highlight the need for preventive strategies and balanced  
media consumption, promoting responsible use of technology that protects the mental and cognitive  
health of young people.  
Keywords: brainrot, mental health, information technology, user behavior  
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Cómo citar: Roldán Morales, J. M., Cobos Alvarracin, M. Y., Ortiz Davalos, N. G., Rodríguez Quezada,  
F. C., & Durazno Montesdeoca, G. C. (2026). Epidemia del brainrot: impacto del consumo masivo de  
contenido digital breve en la salud cognitiva y mental. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias  
Sociales y Humanidades 7 (2), 466 480. https://doi.org/10.56712/latam.v7i2.5559  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 2 p 467.  
INTRODUCCIÓN  
Las redes sociales se han convertido en una parte integral de la vida adolescente moderna.  
Plataformas como Instagram, Snapchat, TikTok y YouTube permiten a los jóvenes conectar con  
amigos, compartir experiencias y acceder a información diversa. Sin embargo, el creciente uso de estas  
redes ha generado preocupación sobre su impacto en la salud mental adolescente (Aribowo &  
Bagaskara, 2025; O’Reilly, 2020).  
En la actualidad, el uso prolongado de dispositivos digitales e internet ha influido notablemente en el  
bienestar emocional de las personas, provocando variaciones constantes en sus estados de ánimo. De  
acuerdo con datos publicados en 2024 por el sitio Statista, existen 5.520 millones de usuarios de  
internet en todo el mundo, lo que representa aproximadamente el 67,5% de la población global. De este  
total, el 63,8% utiliza redes sociales de manera habitual. Este uso intensivo de pantallas genera una  
sobrecarga de información digital en el cerebro, con potenciales efectos negativos que afectan tanto  
la salud mental y física, como la interacción social y el bienestar general (Özpençe, 2024).  
En el pasado, el entretenimiento implicaba una participación activa; sin embargo, hoy la gratificación  
instantánea proporcionada por plataformas digitales como TikTok impulsa a los usuarios a buscar  
constantemente contenido cada vez más estimulante para alcanzar el mismo nivel de satisfacción  
(Yousef et al., 2025). Esta sobreestimulación digital dificulta la capacidad para consumir contenido  
más extenso y sin interrupciones, y reduce la participación significativa en experiencias de la vida real.  
Estas consecuencias del uso problemático de internet son especialmente visibles en las generaciones  
jóvenes, que han crecido con la tecnología como su principal fuente de entretenimiento (McCashin &  
Murphy, 2023; Bahnweg & Omar, 2023).  
Además, el tiempo excesivo frente a la pantalla está vinculado a diversos problemas de salud mental,  
tales como aislamiento social, percepciones distorsionadas de la realidad y un aumento de los niveles  
de ansiedad y depresión (Yousef et al., 2025). También se asocia con riesgos potenciales para la salud  
cognitiva, particularmente en adolescentes y adultos jóvenes, que incluyen un desarrollo cerebral  
deficiente, mayor riesgo de trastornos cognitivos, conductuales y emocionales, así como una posible  
aparición temprana de demencia en la edad adulta tardía. En términos generales, el exceso de tiempo  
frente a pantallas se relaciona con consecuencias negativas como menor autoestima, mayor  
incidencia y gravedad de problemas de salud mental y adicciones, retraso en el aprendizaje, deterioro  
de la concentración, problemas de memoria y un incremento en el riesgo de deterioro cognitivo  
prematuro (Nesi, 2020; Khalaf et al., 2023).  
Frente a este escenario, a finales del año 2024, Oxford University Press incorporó el término “BrainRot”  
(podredumbre cerebral) para describir el deterioro de la función cerebral y de las habilidades cognitivas  
en adolescentes, asociado al consumo excesivo de videos cortos y de escaso valor (Oxford University  
Press, 2024). Originalmente empleado como jerga juvenil en TikTok, hoy se define como el supuesto  
deterioro del estado mental o intelectual provocado por la exposición continua a material trivial o poco  
estimulante, así como todo aquello que pueda conducir a dicho deterioro. Entre sus principales  
síntomas se incluyen pasar horas frente a la pantalla, experimentar ansiedad al alejarse de los  
dispositivos móviles y presentar una capacidad reducida para concentrarse en actividades  
significativas (Oxford University Press, 2024; Owens, 2025).  
Se ha descrito que, aunque el BrainRot no es una condición médica formalmente reconocida, su  
existencia es evidente, especialmente entre las generaciones más jóvenes, como la Generación Z Post-  
Millennial, conformada por quienes nacieron entre 1995 y 2009, y la Generación Alfa, integrada por los  
nacidos a partir de 2010. Estos grupos se desarrollan en un entorno cada vez más conectado y  
dominado por las pantallas. Actualmente, más de 4 mil millones de adultos jóvenes con acceso a  
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internet dedican en promedio 6,5 horas diarias a actividades en línea, muchos de ellos consumiendo  
de manera pasiva contenido de bajo valor en redes sociales y en la web en general (Yousef et al., 2025).  
Esta situación evidencia la importancia de investigar el impacto que el consumo masivo de contenido  
digital breve tiene sobre la salud cognitiva y mental de estos jóvenes. Por ello, el presente estudio tiene  
como objetivo analizar dicha influencia en el contexto de la epidemia del BrainRot, con el fin de aportar  
información valiosa que permita comprender y enfrentar este fenómeno emergente.  
Bajo este contexto, la revisión partió de la hipótesis central de que el consumo masivo de contenido  
digital breve se asocia con una reducción progresiva de la atención sostenida, alteraciones en la  
memoria de trabajo y mayor presencia de síntomas emocionales, como ansiedad o sobrecarga  
cognitiva. Además, se planteó que estos efectos serían más intensos en adolescentes y adultos  
jóvenes, debido al desarrollo aún incompleto de las funciones ejecutivas. Esta hipótesis se fundamenta  
en teorías de estimulación dopaminérgica, sobreexposición sensorial y fatiga cognitiva derivada del  
uso intensivo de plataformas digitales.  
METODOLOGÍA  
Este estudio corresponde a una revisión narrativa de la literatura, cuyo propósito fue analizar la  
epidemia del BrainRot y su relación con el consumo masivo de contenido digital breve, así como su  
impacto en la salud cognitiva y mental de adolescentes y adultos jóvenes. Este tipo de revisión fue  
seleccionado debido a la amplia heterogeneidad encontrada entre los estudios disponibles, tanto en  
diseños metodológicos como en instrumentos de medición, poblaciones y variables psicológicas  
evaluadas. Dadas estas diferencias significativas, no fue posible realizar un metaanálisis, por lo que se  
optó por un enfoque narrativo que permitiera integrar, comparar y comprender los hallazgos desde una  
perspectiva interpretativa y contextual.  
La información científica se obtuvo mediante una búsqueda exhaustiva en las bases de datos PubMed,  
Scopus, Science Direct, Web of Science y Google Académico. La estrategia de búsqueda incluyó  
palabras clave tanto en inglés como en español, orientadas al fenómeno del BrainRot, el consumo  
digital y sus efectos cognitivos y emocionales. Se utilizaron términos como: "brain rot", "digital content  
consumption", "short video", "cognitive health", "mental health", "social networks", "cognitive functions",  
"adolescents"; y en español: "podredumbre cerebral", "consumo de contenido digital", "video corto",  
"salud cognitiva", "salud mental", "redes sociales", "funciones cognitivas", "adolescentes".  
Estos términos se combinan mediante operadores booleanos (AND, OR, NOT) para lograr una  
búsqueda más específica y reducir resultados irrelevantes.  
Se incluyeron estudios publicados entre 2021 y 2024, escritos en español o inglés, que analizaron el  
consumo masivo de contenido digital breve y su relación con la salud mental o cognitiva,  
especialmente en poblaciones adolescentes y jóvenes adultos. Se consideraron artículos originales,  
revisiones sistemáticas, metaanálisis y ensayos clínicos que aportaran evidencia directa sobre el  
impacto del contenido digital y la interacción con redes sociales. Paralelamente, se excluyeron estudios  
duplicados, literatura gris, tesis, resúmenes de congresos y documentos sin acceso a texto completo,  
con el fin de asegurar la calidad y validez de la evidencia.  
DESARROLLO  
Como resultado de la revisión de la literatura, se seleccionaron 35 estudios, los cuales cumplieron con  
los criterios metodológicos establecidos. El flujo completo de identificación, cribado, elegibilidad e  
inclusión se ilustra en el diagrama de búsqueda presentado en la Figura 1.  
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Figura 1  
Diagrama de búsqueda de artículos  
Fuente: elaboración propia.  
Una vez seleccionados, los estudios fueron analizados de forma detallada considerando su diseño, la  
población estudiada, el patrón de exposición al contenido digital breve, las variables cognitivas o  
emocionales evaluadas, los instrumentos de medición utilizados y los principales resultados  
reportados. Esta información fue organizada en matrices temáticas que permitieron comparar  
tendencias, identificar patrones comunes y reconocer divergencias entre los artículos incluidos. La  
notable diversidad metodológica observada reforzó la pertinencia del enfoque narrativo, ya que la  
heterogeneidad de los indicadores, técnicas de evaluación cognitiva y escalas psicológicas impedía  
establecer comparaciones estadísticas homogéneas.  
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La síntesis narrativa permitió integrar de manera interpretativa los hallazgos, identificar tendencias  
relacionadas con la disminución de la atención sostenida, la afectación de la memoria de trabajo, el  
incremento de la fatiga cognitiva, el agotamiento emocional y la asociación entre el consumo  
compulsivo de contenido digital breve y síntomas como ansiedad, depresión o sobrecarga cognitiva.  
Este enfoque facilitó una comprensión amplia y contextualizada del fenómeno del BrainRot, aportando  
una visión sólida acerca de su impacto en la salud cognitiva y mental de la población joven.  
RESULTADOS  
Los estudios incluidos en esta revisión coinciden en que el consumo masivo de contenido digital breve,  
especialmente en plataformas como TikTok, Instagram Reels y YouTube Shorts, se asocia de manera  
consistente con alteraciones cognitivas y emocionales en adolescentes y adultos jóvenes. Entre los  
hallazgos más frecuentes se reportan dificultades para mantener la atención sostenida, disminución  
de la memoria de trabajo, sobrecarga cognitiva, fatiga mental y deterioro de las funciones ejecutivas.  
En el ámbito emocional, la literatura describe incrementos en ansiedad, síntomas depresivos,  
irritabilidad, sueño fragmentado y mayor vulnerabilidad a conductas adictivas vinculadas al uso  
compulsivo de redes sociales. Estos efectos se manifiestan con mayor intensidad en usuarios que  
consumen contenido breve de manera continua o durante varias horas al día, fenómeno directamente  
relacionado con el concepto de BrainRot descrito en investigaciones recientes (Galal, 2025).  
Asimismo, una parte importante de los estudios analizados muestra que la exposición repetida a  
videos cortos con alta estimulación sensorial reduce la capacidad de procesamiento profundo de la  
información y favorece un estilo cognitivo fragmentado, caracterizado por cambios rápidos de foco  
atencional. Este patrón se vincula con dificultades para la concentración en tareas académicas, menor  
tolerancia al aburrimiento y un descenso en la motivación para actividades que requieren esfuerzo  
cognitivo prolongado. Tales hallazgos se alinean con el objetivo de esta revisión al evidenciar cómo el  
consumo digital inmediato influye en la salud cognitiva y en el bienestar psicológico de la población  
joven (Galal, 2025; Childers & Boatwright, 2021; Reid et al., 2023).  
Dado que la socialización depende del entorno, la inmersión en el mundo digital ha impuesto la  
necesidad de un nuevo modelo de interacción adaptado a estas tecnologías. Así, los nativos digitales  
son hablantes nativos del lenguaje digital, moldeando su identidad y comunicación según el  
ecosistema tecnológico. Sin embargo, esta adaptación también ha generado conductas problemáticas,  
derivadas del uso poco reflexivo y en ocasiones inconsciente de las redes sociales (Reid et al., 2023;  
Gebremariam et al., 2024).  
Lejos de ser solo una fuente de entretenimiento, el consumo compulsivo de contenido digital puede  
causar trastornos psicológicos. Mark Fisher denominó a este fenómeno “hedonia depresiva”, un estado  
donde no se pierde la capacidad de sentir placer, sino la posibilidad de involucrarse en actividades que  
no sean la búsqueda constante de gratificación. Esto genera una sensación persistente de vacío, un  
disfrute esquivo que solo puede alcanzarse más allá del principio del placer. Así, la dependencia a  
estímulos digitales breves y continuos se vincula con el deterioro progresivo de la salud cognitiva y  
mental (Galal, 2025).  
Las investigaciones indican que la exposición prolongada a pantallas, especialmente por la noche,  
afecta negativamente las capacidades cognitivas. Niños y jóvenes que pasan largas horas frente a  
dispositivos presentan deterioro en atención, memoria y pensamiento analítico. Además, el exceso de  
tiempo frente a la pantalla deteriora la calidad del sueño, esencial para el aprendizaje y la consolidación  
de la memoria (Yazgan, 2025; Shalash et al., 2024; Nakshine et al., 2022; Hisler et al., 2020).  
Un factor clave que impulsa el consumo constante de contenido digital es la necesidad de estimulación  
y recompensa. Neurológicamente, el receptor dopaminérgico D1, responsable de la anticipación de  
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recompensas, se desensibiliza tras una activación continua, disminuyendo su actividad. Esto reduce la  
motivación para realizar tareas que no generan estímulos inmediatos y favorece la adicción a las redes  
sociales. La consecuencia es una menor participación en actividades cognitivas complejas y una  
reducción de la plasticidad sináptica, que es fundamental para el desarrollo cognitivo, lo que conduce  
a un deterioro progresivo (Westbrook et al., 2021; Nakirikanti, 2025).  
Este deterioro está vinculado al fenómeno conocido como Brainrot, que describe el supuesto deterioro  
intelectual asociado al consumo excesivo de contenido digital trivial o poco estimulante. Este término  
refleja uno de los peligros más evidentes de la vida virtual y cómo el uso desmedido del tiempo libre  
en plataformas digitales puede afectar la salud cognitiva (Galal, 2025; Batmaz et al., 2025).  
Aunque Brainrot no es un término médico oficial, ha ganado reconocimiento cultural significativo,  
siendo nombrada oficialmente como “palabra del año” en 2024 por Oxford University Press. Esta  
institución ha destacado previamente otras expresiones de la jerga digital juvenil, como "rizz" en 2023,  
"selfie" en 2013 y "unfriend" en 2009, lo que evidencia la profunda influencia de los medios digitales en  
el lenguaje y la sociedad, especialmente entre las generaciones jóvenes. La inclusión de Brainrot en  
este listado oficial resalta su relevancia como concepto para describir el impacto negativo del consumo  
excesivo de redes sociales (Owens, 2025).  
Incluso, a pesar de que el brainrot fue declarado "palabra del año" en 2024, el concepto ya se  
mencionaba en el siglo XIX. En Walden (1854), una obra del escritor y filósofo estadounidense Henry  
David Thoreau, se menciona sobre el deterioro intelectual causado por el estilo de vida de su época.  
Thoreau promovía la atención a lo esencial, a la belleza, amor y gratitud por la naturaleza, y describía  
el brainrot como un mal más generalizado y perjudicial que la podredumbre física que afectaba a las  
patatas en Inglaterra. En la era digital, el término volvió a ganar popularidad en plataformas como  
Discord. Actualmente, el deterioro cerebral se asocia con la fatiga mental moderna, causada por el  
exceso de tiempo frente a pantallas y la distracción constante, factores que dificultan mantener la  
concentración y resolver problemas de manera efectiva (Yazgan, 2025; Yousef et al., 2025).  
Esta fatiga se agrava por la intensa demanda de interacción digital, que sobrecarga el cerebro. La  
búsqueda constante de gratificación inmediata, mediante "me gusta" y retroalimentación instantánea,  
reduce la paciencia y limita el pensamiento crítico necesario para un aprendizaje profundo. Además, el  
estilo de vida sedentario asociado afecta la agudeza mental, promoviendo fatiga y debilitamiento  
cognitivo. Estos hábitos afectan procesos clave como la concentración, el análisis y la retención de  
información, consolidando un deterioro cerebral (Yilmaz & Aktürk, 2025; Zheng & Ling, 2021; Weinstein,  
2023; Sunil et al., 2022).  
Plataformas que promueven contenido breve, como TikTok o Instagram Reels, fomentan estallidos  
cortos de atención, disminuyendo la capacidad para la concentración prolongada. Este cambio dificulta  
especialmente a adolescentes realizar actividades que requieren resistencia mental, como estudiar o  
leer. La multitarea digital y el flujo constante de notificaciones saturan la memoria de trabajo,  
provocando olvidos y errores cognitivos. Además, deterioran funciones ejecutivas, afectando la toma  
de decisiones, planificación y regulación emocional (Choudhary, 2025; Harsanto et al., 2025).  
En este sentido, la exposición constante a contenidos superficiales reduce la velocidad de  
procesamiento, dificultando el análisis de problemas complejos y la construcción de argumentos  
sólidos. La atención sostenida y selectiva se fragmenta por la multiplicidad de estímulos, y el cambio  
frecuente entre tareas provoca fatiga mental y disminución de eficiencia. Los adolescentes son  
especialmente vulnerables debido al desarrollo aún en curso de la corteza prefrontal, y el uso excesivo  
de redes sociales en esta etapa aumenta el riesgo de trastornos atencionales y bajo rendimiento  
académico (Choudhary, 2025; Harsanto et al., 2025).  
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Los síntomas vinculados al uso excesivo de internet presentan similitudes con la dependencia química.  
El abuso de redes sociales entre adultos jóvenes se asocia con menor autoestima, reducción del  
bienestar subjetivo y caída en la satisfacción vital. Las generaciones jóvenes tienden a minimizar su  
uso, viéndolo como un escape de síntomas psicopatológicos, mientras que los adultos lo perciben  
como problemático. La socialización digital eleva el riesgo de ansiedad, depresión, fobia social y, en  
casos de ciberacoso, agrava estos trastornos (Abdo & Pêgo-Fernandes, 2025; Chen et al., 2025).  
Por lo que se ha señalado que el Brainrot se produce principalmente por el consumo de contenido trivial  
en redes sociales, que induce un ciclo de fatiga y mayor consumo, deteriorando las capacidades  
cognitivas. Contenidos con "sobreestimulación sensorial", como pornografía o videos con imágenes  
rápidas, generan sobrecarga cognitiva y fatiga psicológica, siendo clasificados como "inductores de  
caries cerebral" (Yazgan, 2025; Prasunpriya, 2025).  
La sobrecarga cognitiva provocada por redes sociales con características diseñadas para maximizar  
la interacción genera lapsus de memoria, déficit atencional y aumento de errores, especialmente en  
cerebros en desarrollo (Gan et al., 2025). Aunque no reconocido médicamente, el Brainrot también se  
relaciona con efectos neurotóxicos, como el estrés oxidativo provocado por sustancias como la  
rotenona, implicada en procesos neurodegenerativos y deterioro cognitivo (Yilmaz & Aktürk, 2025).  
Este deterioro afecta funciones ejecutivas fundamentales y disminuye la flexibilidad cognitiva, creando  
un ciclo que potencia conductas adictivas y agrava el daño mental. Para contrarrestar esto, se  
recomiendan intervenciones basadas en el modelo biopsicosocial, incluyendo desintoxicación de  
dopamina mediante reducción del uso de redes, ejercicio, sueño adecuado, conexión social y atención  
plena, con el fin de restaurar la motivación y el bienestar integral (Yilmaz & Aktürk, 2025).  
El diseño de las plataformas, centrado en la gratificación instantánea, también disminuye la tolerancia  
al aburrimiento y fomenta la dependencia de la estimulación constante. Los algoritmos crean cámaras  
de eco que limitan la exposición a perspectivas diversas, reduciendo el pensamiento crítico. El  
"doomscrolling", o consumo compulsivo de noticias negativas, intensifica la fatiga mental y genera  
ansiedad, afectando la memoria y la toma de decisiones. Sin embargo, la digitalización también ofrece  
beneficios como el acceso a la información y la potenciación de la creatividad, siempre que se adopten  
hábitos digitales conscientes, limitando el tiempo de pantalla y fomentando actividades fuera de línea  
(Prasunpriya, 2025; Satici et al., 2023).  
Los primeros síntomas del deterioro cognitivo incluyen problemas de concentración, lapsos de  
memoria y dificultad para mantener la atención. Si no se interviene, puede conducir a problemas para  
tomar decisiones y a la pérdida de interés en actividades antes placenteras. Esto afecta a la sociedad  
en su conjunto, reduciendo la calidad del discurso público y aumentando la vulnerabilidad a la  
desinformación y la polarización. Por ello, es crucial promover un uso equilibrado y consciente de la  
tecnología para preservar la salud cognitiva y fomentar un compromiso social informado (Prasunpriya,  
2025).  
Finalmente, el tiempo excesivo frente a pantallas es un factor determinante en la descomposición  
cerebral, generando confusión mental, somnolencia y deterioro de la atención. El "doomscrolling"  
intensifica este deterioro al estimular circuitos dopaminérgicos que refuerzan conductas adictivas,  
perpetuando un ciclo de sobreestimulación y desgaste cognitivo (Özpençe, 2024; Kaye & Johnson,  
2024).  
Al analizar de forma crítica los estudios incluidos, se observa que, aunque existe una tendencia  
consistente que vincula el consumo intensivo de contenido digital breve con alteraciones atencionales,  
fatiga cognitiva y síntomas emocionales, la evidencia no es homogénea. Algunos trabajos emplean  
escalas validadas para evaluar funciones ejecutivas, mientras que otros se basan en cuestionarios  
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autorreportados, lo que limita la comparabilidad entre resultados. Además, la mayoría de  
investigaciones utilizan diseños transversales, lo que impide establecer relaciones causales claras  
entre el uso de contenido breve y el deterioro cognitivo. También se identifican diferencias  
metodológicas importantes en la evaluación del BrainRot, ya que algunas investigaciones lo abordan  
como un comportamiento emergente no estandarizado, mientras que otras lo conceptualizan como un  
patrón asociado a la adicción digital. Estas variaciones evidencian la necesidad de interpretar los  
resultados con cautela, reconocer las brechas existentes y valorar que, aunque los hallazgos apuntan  
en una dirección similar, la solidez metodológica varía entre estudios.  
Otro aspecto crítico identificado es la limitada representación de estudios longitudinales que permitan  
observar la evolución del deterioro cognitivo en relación con la exposición sostenida a contenido digital  
breve. Asimismo, pocos estudios diferencian el impacto según la edad, el contexto socioeducativo o  
las características individuales de los participantes, lo que dificulta determinar si ciertos grupos son  
más vulnerables al BrainRot. A pesar de estas limitaciones, los resultados aportan una base sólida para  
comprender el fenómeno y resaltan la urgencia de investigaciones más robustas que permitan  
establecer conclusiones definitivas.  
Tabla 1  
Recopilación de los principales hallazgos obtenidos  
Autores / Año  
Diseño del  
estudio  
Hallazgos principales  
Aribowo et al.  
(2025)  
Revisión de  
literatura  
El uso excesivo de redes en adolescentes se asocia con  
ansiedad, depresión, baja autoestima, problemas de sueño y  
cyberbullying, evidenciando deterioro emocional por  
sobreexposición digital.  
Özpençe (2024)  
Ensayo  
conceptual  
El brainrot surge del consumo masivo de contenido trivial,  
vinculado a adicción, deterioro cognitivo, distracción y baja  
atención; es un problema global que requiere intervención.  
Uso de redes asociado a ansiedad, depresión, problemas de  
sueño y comparación social; impacto negativo consistente,  
aunque se requieren estudios longitudinales.  
Khalaf et al.  
(2023)  
Revisión  
sistemática  
Gan et al.  
(2025)  
Estudio  
transversal  
El ejercicio físico reduce brainrot al mejorar resiliencia y  
disminuir ego depletion, actuando como factor protector  
frente al uso compulsivo digital.  
Childers &  
Boatwright  
(2020)  
Reid et al.  
(2023)  
Cualitativo  
Gen Z es más vulnerable a influencia digital y menos  
consciente de la publicidad, enfatizando necesidad de  
alfabetización para reducir manipulación cognitiva.  
Los nativos digitales no tienen habilidades cognitivas  
superiores; muestran debilidades en pensamiento crítico,  
requiriendo formación en gestión tecnológica.  
Revisión de  
literatura  
Yazgan (2025)  
Revisión  
sistemática  
Redes causan ansiedad, depresión, adelgazamiento cortical y  
deterioro cognitivo, confirmando que el brainrot implica daño  
real y exige límites de uso.  
Nakshine et al.  
(2022)  
Westbrook et al.  
(2021)  
Revisión de  
literatura  
Observacional  
El exceso de pantallas deteriora funciones ejecutivas, sueño,  
salud física y resiliencia, especialmente por uso nocturno.  
Interacciones sociales intensivas se relacionan con menor  
síntesis dopaminérgica en putamen, indicando vulnerabilidad  
a uso compulsivo.  
Choudhary  
(2025)  
Harsanto et al.  
(2025)  
Correlacional  
Cuantitativo  
El uso de redes predice fallos cognitivos y baja atención,  
generando sobrecarga mental y fatiga.  
Mayor consumo de videos breves aumenta distracción y  
brain fog, con relación dosisrespuesta.  
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Abdo & Pêgo-  
Fernandes  
(2025)  
Editorial  
Redes generan nomofobia, adicción y fatiga cognitiva; urge  
alfabetización digital y políticas de salud pública.  
Golding et al.  
(2024)  
Correlacional  
TikTok disminuye función ejecutiva solo cuando existe  
adicción; el deterioro depende de uso compulsivo, no de la  
plataforma en sí.  
Fuente: elaboración propia.  
DISCUSIÓN  
El objetivo principal de esta revisión fue analizar el impacto del consumo masivo de contenido digital  
breve en la salud cognitiva y mental, centrándose en el fenómeno denominado BrainRot y sus  
manifestaciones en adolescentes y adultos jóvenes. La evidencia recopilada revela que el uso intensivo  
de redes sociales y plataformas digitales no solo tiene efectos en la salud psicológica, sino también en  
la función cognitiva, generando alteraciones en la atención, la memoria, la autorregulación emocional  
y la capacidad de procesamiento de información.  
Ante este contexto, Aribowo et al. (2025) destacan que el uso de redes sociales entre adolescentes ha  
aumentado significativamente en los últimos años. Si bien estas plataformas facilitan la comunicación  
y el acceso a información, su consumo excesivo se asocia con problemas de salud mental como  
ansiedad, depresión y baja autoestima. La revisión bibliográfica realizada en su estudio subraya que la  
comparación social y la exposición a contenido negativo actúan como factores desencadenantes de  
estrés emocional e insatisfacción personal. Además, se evidencia que el uso desmedido de redes  
sociales altera la calidad del sueño, un factor crítico para el desarrollo cognitivo y emocional de los  
adolescentes. Los autores proponen estrategias de mitigación basadas en educación digital,  
supervisión parental y políticas que fomenten un uso responsable, reconociendo que un manejo  
adecuado de estas plataformas puede apoyar el desarrollo psicológico saludable.  
De manera complementaria, Yazgan (2025) aborda el concepto BrainRot, su metasíntesis, basada en  
el análisis de 11 estudios internacionales, confirma que la exposición a redes sociales contribuye a la  
ansiedad, la depresión y la soledad, particularmente en adolescentes. Un hallazgo clave es la  
importancia otorgada a los “me gusta” y la competencia por popularidad, que generan conflictos  
internos relacionados con la autoconfianza. La comparación constante con otros usuarios afecta no  
solo la salud mental, sino también la estructura cognitiva, mientras que el perfeccionismo derivado de  
estos hábitos provoca sentimientos de incompetencia y pérdida de seguridad personal. Este estudio  
refuerza la idea de que el deterioro cognitivo y emocional no es un fenómeno aislado, sino el resultado  
de interacciones complejas entre exposición digital, autopercepción y presión social.  
Asimismo, Ergün et al. (2025) profundizan en los mecanismos de influencia al analizar cómo la  
adicción a las redes sociales se asocia con depresión, ansiedad y estrés en adultos jóvenes (N=603).  
Sus hallazgos indican que la relación entre el consumo digital y la mala salud mental está mediada por  
la adicción a internet y el phubbing, destacando que la adicción a las redes sociales por sí sola no  
influye directamente. Este modelo de mediación evidencia la interrelación entre distintos  
comportamientos digitales y su impacto acumulativo, sugiriendo que las estrategias de prevención  
deben considerar la complejidad de los patrones de uso tecnológico y no centrarse únicamente en la  
cantidad de tiempo frente a la pantalla.  
De manera complementaria, Gan et al. (2025) exploraron intervenciones protectoras al examinar el  
impacto del ejercicio físico sobre el comportamiento BrainRot en 1,091 adolescentes. Sus resultados  
indican que el agotamiento del ego actúa como mediador entre el ejercicio físico y el BrainRot, mientras  
que la resiliencia, aunque influida por el ejercicio, no predice directamente este comportamiento. La  
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ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 2 p 475.  
evidencia sugiere un efecto mediador encadenado, donde el ejercicio físico reduce el agotamiento del  
ego, lo que a su vez disminuye la propensión al BrainRot. Este hallazgo subraya la relevancia de  
estrategias preventivas que promuevan hábitos físicos y fortalecimiento emocional para contrarrestar  
los efectos negativos del consumo digital intenso.  
En cuanto a la medición del deterioro cognitivo, Yilmaz et al. (2025) desarrollaron una escala confiable  
que evalúa carga cognitiva, fatiga, emulación y despersonalización, mientras que Batmaz et al. (2025)  
crearon la BRS-8, centrada en fatiga cognitiva y agotamiento mental. Ambas escalas mostraron alta  
consistencia interna y validez, además de correlaciones significativas con la adicción a las redes  
sociales, evidenciando que el BrainRot puede ser cuantificado y monitoreado de manera sistemática.  
La disponibilidad de estas herramientas permite vincular la exposición digital con indicadores medibles  
de deterioro cognitivo y psicológico.  
Del mismo modo, Choudhary et al. (2025) examinaron la relación entre patrones de uso de redes  
sociales y funciones cognitivas en adultos jóvenes (18-25 años), encontrando que mayor participación  
digital se asocia con menor control de la atención y aumento de errores cognitivos cotidianos, como  
olvido y distracción. Estos hallazgos complementan los de Golding et al. (2025), quienes analizaron  
específicamente el uso de TikTok y la adicción a redes sociales, determinando que la disfunción de la  
función ejecutiva está más relacionada con el uso problemático de medios que con características  
específicas de la plataforma. La mediación de la adicción subraya que los patrones de consumo, más  
que el contenido puntual, determinan el deterioro cognitivo, y que este impacto se extiende a la salud  
mental en general.  
En conjunto, la evidencia revisada sugiere un panorama consistente: el consumo masivo de contenido  
digital breve tiene efectos negativos sobre la salud mental y cognitiva, con mecanismos mediadores  
como adicción a internet, phubbing y agotamiento del ego. Los estudios también identifican factores  
de riesgo como la comparación social, la búsqueda de popularidad y la exposición a contenido  
negativo, así como posibles estrategias de mitigación mediante ejercicio físico, educación digital y  
supervisión parental. La integración de herramientas de medición validadas permite evaluar y  
monitorear estos efectos, ofreciendo bases sólidas para intervenciones preventivas y programas de  
salud pública dirigidos a adolescentes y adultos jóvenes.  
CONCLUSIONES  
En conclusión, la degeneración cerebral y el deterioro cognitivo representan un desafío creciente entre  
adolescentes y jóvenes adultos inmersos en el mundo digital contemporáneo. La evidencia revisada  
indica que el uso excesivo de redes sociales y la sobreexposición a contenido superficial contribuyen  
de manera significativa a la disminución de la función cognitiva, afectando la memoria, la atención, la  
planificación y la toma de decisiones. Comportamientos como el doomscrolling y la adicción a  
plataformas digitales generan sobrecarga cognitiva, agotamiento emocional y riesgos elevados de  
ansiedad, depresión y disminución del bienestar psicológico, especialmente en etapas críticas del  
desarrollo.  
Asimismo, se observa que la comparación social constante, la exposición a contenido negativo  
intensifican la vulnerabilidad de los adolescentes, mientras que la naturaleza compulsiva de los ciclos  
de retroalimentación digitales amplifica la sobreestimulación y el estrés. Frente a este panorama, las  
estrategias preventivas y correctivas, como la alfabetización digital, la supervisión parental, la  
limitación del tiempo frente a la pantalla y la promoción de actividades físicas o no digitales, resultan  
fundamentales para mitigar los efectos adversos y fomentar la resiliencia cognitiva y emocional.  
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ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 2 p 476.  
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