recompensas, se desensibiliza tras una activación continua, disminuyendo su actividad. Esto reduce la
motivación para realizar tareas que no generan estímulos inmediatos y favorece la adicción a las redes
sociales. La consecuencia es una menor participación en actividades cognitivas complejas y una
reducción de la plasticidad sináptica, que es fundamental para el desarrollo cognitivo, lo que conduce
a un deterioro progresivo (Westbrook et al., 2021; Nakirikanti, 2025).
Este deterioro está vinculado al fenómeno conocido como Brainrot, que describe el supuesto deterioro
intelectual asociado al consumo excesivo de contenido digital trivial o poco estimulante. Este término
refleja uno de los peligros más evidentes de la vida virtual y cómo el uso desmedido del tiempo libre
en plataformas digitales puede afectar la salud cognitiva (Galal, 2025; Batmaz et al., 2025).
Aunque Brainrot no es un término médico oficial, ha ganado reconocimiento cultural significativo,
siendo nombrada oficialmente como “palabra del año” en 2024 por Oxford University Press. Esta
institución ha destacado previamente otras expresiones de la jerga digital juvenil, como "rizz" en 2023,
"selfie" en 2013 y "unfriend" en 2009, lo que evidencia la profunda influencia de los medios digitales en
el lenguaje y la sociedad, especialmente entre las generaciones jóvenes. La inclusión de Brainrot en
este listado oficial resalta su relevancia como concepto para describir el impacto negativo del consumo
excesivo de redes sociales (Owens, 2025).
Incluso, a pesar de que el brainrot fue declarado "palabra del año" en 2024, el concepto ya se
mencionaba en el siglo XIX. En Walden (1854), una obra del escritor y filósofo estadounidense Henry
David Thoreau, se menciona sobre el deterioro intelectual causado por el estilo de vida de su época.
Thoreau promovía la atención a lo esencial, a la belleza, amor y gratitud por la naturaleza, y describía
el brainrot como un mal más generalizado y perjudicial que la podredumbre física que afectaba a las
patatas en Inglaterra. En la era digital, el término volvió a ganar popularidad en plataformas como
Discord. Actualmente, el deterioro cerebral se asocia con la fatiga mental moderna, causada por el
exceso de tiempo frente a pantallas y la distracción constante, factores que dificultan mantener la
concentración y resolver problemas de manera efectiva (Yazgan, 2025; Yousef et al., 2025).
Esta fatiga se agrava por la intensa demanda de interacción digital, que sobrecarga el cerebro. La
búsqueda constante de gratificación inmediata, mediante "me gusta" y retroalimentación instantánea,
reduce la paciencia y limita el pensamiento crítico necesario para un aprendizaje profundo. Además, el
estilo de vida sedentario asociado afecta la agudeza mental, promoviendo fatiga y debilitamiento
cognitivo. Estos hábitos afectan procesos clave como la concentración, el análisis y la retención de
información, consolidando un deterioro cerebral (Yilmaz & Aktürk, 2025; Zheng & Ling, 2021; Weinstein,
2023; Sunil et al., 2022).
Plataformas que promueven contenido breve, como TikTok o Instagram Reels, fomentan estallidos
cortos de atención, disminuyendo la capacidad para la concentración prolongada. Este cambio dificulta
especialmente a adolescentes realizar actividades que requieren resistencia mental, como estudiar o
leer. La multitarea digital y el flujo constante de notificaciones saturan la memoria de trabajo,
provocando olvidos y errores cognitivos. Además, deterioran funciones ejecutivas, afectando la toma
de decisiones, planificación y regulación emocional (Choudhary, 2025; Harsanto et al., 2025).
En este sentido, la exposición constante a contenidos superficiales reduce la velocidad de
procesamiento, dificultando el análisis de problemas complejos y la construcción de argumentos
sólidos. La atención sostenida y selectiva se fragmenta por la multiplicidad de estímulos, y el cambio
frecuente entre tareas provoca fatiga mental y disminución de eficiencia. Los adolescentes son
especialmente vulnerables debido al desarrollo aún en curso de la corteza prefrontal, y el uso excesivo
de redes sociales en esta etapa aumenta el riesgo de trastornos atencionales y bajo rendimiento
académico (Choudhary, 2025; Harsanto et al., 2025).
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 2 p 472.