La Sinergia Pedagógica entre el Diseño Universal para el  
Aprendizaje y el Análisis de Conducta Aplicado para la  
intervención en alumnos con Autismo  
Pedagogical Synergy between Universal Design for Learning and Applied  
Behavior Analysis for Intervention in Students with Autism  
José Wilibaldo San Juan Maldonado  
Universidad Veracruzana  
Poza Rica México  
Alejandro Vera Pedroza  
Universidad Veracruzana  
Poza Rica México  
Ascención Sarmiento Santiago  
https://orcid.org/0009-0001-0045-899X  
Universidad Veracruzana  
Poza Rica México  
Artículo recibido: 19 de noviembre de 2025. Aceptado para publicación: 26 de marzo de 2026.  
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.  
Resumen  
La investigación examina la arquitectura estratégica del rol del pedagogo en la atención educativa de  
los estudiantes con Trastorno del Espectro Autista (TEA) dentro del Sistema Escolar Mexicano,  
específicamente en el Centro Educativo con Atención a la Diversidad (CEAD). El estudio tuvo como  
objetivo fundamentar la promoción e implantación de una sinergia metodológica disruptiva que  
articula los principios de accesibilidad del Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA) con el rigor  
técnico del Análisis de Conducta Aplicado (ABA) durante el periodo agosto 2025 - febrero 2026.  
Mediante una revisión documental crítica y un diseño de investigación-acción en su fase diagnóstica,  
se sostiene que el pedagogo trasciende la ejecución técnica para consolidarse como un arquitecto de  
experiencias de aprendizaje, capaz de diseñar entornos inclusivos diversos. Los hallazgos sugieren  
que la convergencia de ambos enfoques optimiza la eliminación de barreras para el aprendizaje y la  
participación (BAP), asumiendo que el liderazgo técnico-pedagógico constituye el eje vertebrador para  
transitar de una integración formal hacia una inclusión sustantiva y sistemática en México.  
Palabras clave: TEA, pedagogía, educación inclusiva, DUA, ABA, rol profesional  
Abstract  
This research examines the strategic architecture of the pedagogue’s role in the educational care of  
students with Autism Spectrum Disorder (ASD) within the Mexican School System, specifically at the  
Center for Education and Attention to Diversity (CEAD). The study aimed to provide the foundation for  
promoting and implementing a disruptive methodological synergy that articulates the accessibility  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 2 p 721.  
principles of Universal Design for Learning (UDL) with the technical rigor of Applied Behavior Analysis  
(ABA) during the period of August 2025 to February 2026. Through a critical documentary review and  
an action-research design in its diagnostic phase, it is argued that the pedagogue transcends mere  
technical execution to become an architect of learning experiences, capable of designing diverse  
inclusive environments. The findings suggest that the convergence of both approaches optimizes the  
elimination of barriers to learning and participation (BLP), assuming that technical-pedagogical  
leadership constitutes the backbone for transitioning from formal integration toward substantive and  
systematic inclusion in Mexico.  
Keywords: ASD, pedagogy, inclusive education, UDL, ABA, professional role  
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Cómo citar: San Juan Maldonado, J. W., Vera Pedroza, A., & Sarmiento Santiago, A. (2026). La  
Sinergia Pedagógica entre el Diseño Universal para el Aprendizaje y el Análisis de Conducta Aplicado  
para la intervención en alumnos con Autismo. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 2 p 722.  
INTRODUCCIÓN  
A nivel internacional, la educación inclusiva se ha consolidado como un imperativo ético y social,  
respaldado por organismos como la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia  
y la Cultura (UNESCO, 1994) y la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible (Comisión Económica para  
América Latina y el Caribe [CEPAL], 2022). En este escenario, el Trastorno del Espectro Autista (TEA)  
representa uno de los desafíos más complejos para los sistemas educativos contemporáneos debido  
a su naturaleza neurobiológica, la cual incide directamente en la comunicación, la interacción social y  
la flexibilidad conductual. En México, este compromiso se ha formalizado a través de la Nueva Escuela  
Mexicana (Secretaría de Educación Pública [SEP], 2022), la cual propone un modelo educativo  
humanista e intercultural que busca garantizar el derecho a la educación de excelencia para todos, sin  
distinción alguna.  
La educación inclusiva en México, impulsada por la Nueva Escuela Mexicana (NEM), demanda una  
transformación profunda en las prácticas docentes. No obstante, en el abordaje del Trastorno del  
Espectro Autista (TEA), persiste una disyuntiva entre el marco normativo y su ejecución pragmática. El  
presente estudio se sitúa en el Centro de Educación y Atención a la Diversidad (CEAD) en Poza Rica,  
Veracruz, identificando que la inclusión no se limita a la presencia física, sino que exige una  
transformación de las prácticas hacia enfoques integradores.  
Esta investigación propone que la intervención del pedagogo es el eje articulador mediante la  
convergencia estratégica del Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA) y el Análisis de Conducta  
Aplicado (ABA), entendidos como puentes hacia una transformación más justa y equitativa en el  
ámbito educativo.  
Teniendo como objetivo fundamentar el estudio, la pertinencia de la sinergia DUA-ABA como una  
estrategia de intervención pedagógica para fortalecer la inclusión de alumnos con TEA en el CEAD.  
Sobre esta problemática existen diversas investigaciones a nivel nacional e internacional que  
fundamentan y justifican la necesidad de modelos de intervención integradores en las instituciones  
educativas.  
La sinergia entre el Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA) y el Análisis de Conducta Aplicado  
(ABA) radica en la sistematización de los objetivos educativos. Al respecto, Rao y Meo (2016) proponen  
un ciclo de instrucción que inicia con la identificación de metas claras alineadas al currículo, lo cual  
sirve como el anclaje necesario para la intervención conductual en entornos escolares. Mientras el DUA  
proporciona condiciones flexibles en métodos y materiales para reducir significativamente las barreras  
del entorno, el ABA aporta la técnica precisa para el desglose de dichas metas en conductas  
observables y medibles. Esto garantiza que el alumno con Trastorno del Espectro Autista (TEA) no solo  
acceda al currículo, sino que desarrolle habilidades funcionales de manera sistemática, favoreciendo  
un ambiente armónico y óptimo para el aprendizaje.  
Bajo esta perspectiva, se presenta como propuesta la sinergia entre el DUA y el ABA constituyendo el  
mecanismo de acción pedagógica indispensable para el éxito de la política educativa actual. Mientras  
que la normativa actúa como un discurso de equidad, la fusión de estas metodologías permite  
recontextualizar los objetivos de la Estrategia Nacional de Educación Inclusiva (ENEI), transformando  
las directrices legales en prácticas de enseñanza estructuradas, medibles y accesibles que respondan  
efectivamente a las necesidades específicas de los alumnos con TEA en el contexto del CEAD.  
Sin embargo, la implementación de estas políticas enfrenta una brecha significativa en la praxis  
cotidiana. A pesar de los avances en el marco jurídico-normativo, como la Ley General para la Inclusión  
de las Personas con Discapacidad, la operatividad en el aula regular sigue marcada por la persistencia  
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de Barreras para el Aprendizaje y la Participación (BAP). En el caso específico del TEA, el  
desconocimiento de estrategias especializadas suele derivar en una “integración simulada”, donde el  
estudiante permanece en el espacio físico, pero carece de apoyos pedagógicos que aseguren su  
progreso académico y social.  
En este sentido, la atención a la diversidad ha transitado por diversas etapas paradigmáticas que han  
condicionado el rol del pedagogo, evolucionando desde un modelo de invisibilización y prescindencia,  
donde el sujeto era aislado socialmente, hacia un enfoque médico-rehabilitador centrado en el déficit.  
En esta etapa, el profesional limitaba su visión a la carencia de habilidades cognitivas, sociales, físicas,  
emocionales y comunicativas, asumiendo una postura clínica que buscaba la normalización del  
individuo en lugar de la transformación del entorno. Como señalan Echeita y Ainscow (2011, p. 32),  
este paradigma reduccionista (invisibilización y prescindencia) ignora que las dificultades de  
aprendizaje no residen exclusivamente en el alumno, sino que hace hincapié en las barreras que el  
propio sistema educativo impone.  
En este contexto, un punto de inflexión fundamental se localiza en la Declaración de Salamanca  
(UNESCO, 1994), la cual sentó las bases para entender que la educación inclusiva:  
“más que un tema marginal que trata sobre cómo integrar a ciertos estudiantes a la enseñanza  
convencional, representa una perspectiva que debe servir para analizar cómo transformar los  
sistemas educativos y otros entornos de aprendizaje, con el fin de responder a la diversidad de  
los estudiantes” (UNESCO, 2005, citada en Echeita y Ainscow, 2011, p. 28).  
Bajo esta perspectiva, la inclusión deja de ser una respuesta marginal a problemas individuales, para  
consolidarse como un compromiso sistémico en el ámbito educativo. Esta transición exige una  
reconfiguración del rol profesional: el pedagogo debe abandonar la mirada puesta en la carencia para  
asumir un liderazgo técnico-pedagógico centrado en la identificación y eliminación de las barreras que  
limitan el aprendizaje y la participación.  
De acuerdo con este marco internacional, la organización de las políticas educativas debe  
fundamentarse en el principio de participación activa, entendiendo que la integración es un  
componente esencial de las estrategias nacionales para lograr una educación para todos (UNESCO,  
1994). Bajo esta perspectiva, el foco se desplazó del individuo hacia el entorno, sentando las bases del  
modelo social de la discapacidad. Para el contexto del CEAD en Poza Rica, esto implica que la labor  
del pedagogo no debe ser únicamente asistencial, sino que debe liderar una transformación de las  
prácticas docentes hacia enfoques verdaderamente integradores, donde la sinergia entre el DUA y el  
ABA funcione como la herramienta técnica que materialice los ideales de equidad y justicia social  
propuestos desde hace décadas en Salamanca.  
De igual forma, en un contexto regional, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL,  
2022) subraya la urgencia de avanzar hacia una transversalización efectiva de la perspectiva  
intercultural y la valoración de la diversidad en todos los niveles educativos. Bajo este enfoque, la  
educación inclusiva deja de ser una respuesta asistencial para convertirse en un mecanismo capaz de  
desactivar las asimetrías sociales y las posiciones de exclusión.  
De esta manera, al integrar esta visión en la atención de alumnos con TEA, los sistemas educativos no  
solo cumplen con una normativa, sino que reconocen el valor intrínseco del desarrollo cultural y la  
neurodiversidad. De este modo, la intervención pedagógica se transforma en una herramienta de  
justicia social que permite dar cabida al potencial de distintos grupos poblacionales, garantizando que  
el aprendizaje se desarrolle en un marco de equidad y respeto mutuo.  
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Bajo esta premisa, la educación especial dejó de ser un sistema paralelo para convertirse en un  
conjunto de apoyos y recursos al servicio de la inclusión. Este cambio epistemológico es fundamental  
para comprender la Nueva Escuela Mexicana (NEM), que rechaza la visión clínica del TEA y promueve  
una pedagogía que no busca “curar” la condición, sino eliminar las barreras estructurales. En este  
contexto, la presente investigación sostiene que el pedagogo debe superar la visión remedial histórica  
para transformarse en un gestor de accesibilidad que, apoyado en marcos como el DUA, garantice una  
inclusión plena y no meramente administrativa.  
METODOLOGÍA  
La presente investigación se desarrolla bajo un enfoque cualitativo con un alcance documental-  
propositivo (Hernández-Sampieri y Mendoza, 2018), el cual se encuentra en su primera fase de  
construcción, fundamentación teórica y diagnóstico. En este sentido, el método se centró en el análisis  
crítico de fuentes primarias y secundarias relacionadas con la educación inclusiva y el Trastorno del  
Espectro Autista (TEA), orientándose hacia la construcción de una respuesta educativa situada que  
sirva como parámetro técnico en nuestra intervención como pedagogos dentro del contexto del CEAD.  
El procedimiento de indagación se estructuró en tres fases metodológicas:  
La Fase Heurística (Búsqueda y Recolección)  
El procedimiento de indagación comenzó con la Fase Heurística, entendida como un proceso de  
inmersión profunda y sistemática en la revisión documental. Esta etapa no consistió en una  
recopilación aleatoria, sino en una selección deliberada de fuentes que permitieran sustentar la  
problemática detectada. Al respecto, Quintana (2006) señala que:  
El inicio lo constituye la fase exploratoria, que es la puerta de entrada a una etapa de mayor precisión  
y profundidad. [...] La principal característica del muestreo cualitativo es su conducción intencional en  
búsqueda de casos ricos en información. (p. 57)  
Bajo esta premisa, se realizó una búsqueda intencional de literatura académica y marcos normativos  
nacionales, como la Nueva Escuela Mexicana (NEM), e internacionales, destacando la Declaración de  
Salamanca y la Agenda 2030. Asimismo, para garantizar la solidez técnica de la propuesta, se revisaron  
los manuales del CAST (2018) para la fundamentación del Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA)  
e investigaciones especializadas sobre el Análisis de Conducta Aplicado (ABA). Esta selección  
intencional de “casos ricos en información” permitió alcanzar una comprensión profunda de la sinergia  
necesaria para la intervención en el contexto del CEAD.  
La Fase Hermenéutica (Análisis e Interpretación)  
Que consiste en el tratamiento analítico de la información mediante la técnica de análisis de contenido  
cualitativo. Según Quintana (2006), esta fase permite trascender la mera descripción para alcanzar una  
comprensión profunda de los datos, organizándose de manera que revelen la producción de  
significados emergentes. Bajo esta dirección, el estudio se sustenta en la propuesta de Gadamer  
(1998), donde la hermenéutica facilita la (fusión de horizontes) entre el texto y el contexto del  
investigador, permitiendo un análisis dialéctico entre las estrategias de flexibilidad del DUA y los  
protocolos técnicos del ABA.  
El instrumento central fue una Matriz de Triangulación Documental, la cual, en sintonía con lo propuesto  
por Quintana sobre la sistematización cualitativa, facilitó la identificación de categorías convergentes.  
Este proceso resultó fundamental para pedagogizar conceptos originalmente clínicos, integrándose en  
una propuesta de intervención docente situada en la realidad del CEAD.  
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La fase Construcción Propositiva  
La cual, a partir de una síntesis dialéctica lograda en las etapas previas, se procedió al diseño de la  
propuesta de “Sinergia Pedagógica”. Esta fase se fundamenta en el modelo de investigación-acción de  
Latorre (2005), quien postula que la indagación educativa debe trascender la comprensión teórica para  
convertirse en un proceso orientado a la mejora y transformación de la práctica.  
Bajo esta premisa, la propuesta redefine el rol del pedagogo como un mediador técnico-humano, capaz  
de “pedagogizar” e integrar el rigor del ABA y la flexibilidad del DUA en una ruta estratégica situada  
para el contexto del CEAD en Poza Rica. Esta construcción permite que los hallazgos documentales se  
materialicen en acciones concretas para eliminar barreras de aprendizaje y participación en  
estudiantes con TEA.  
Matriz documental  
Para la realización de la identificación y análisis de la información recabada en el estudio, se construyó  
la siguiente tabla, que permite una revisión de la literatura sobre la temática, permitiendo clasificar y  
resumir información relevante.  
Tabla 1  
Revisión de la literatura sobre la temática  
Categoría de  
Análisis  
Dimensión A:  
Protocolo  
Técnico (ABA)  
Dimensión B:  
Flexibilidad y  
Acceso (DUA)  
Dimensión C:  
Realidad Situada  
(CEAD Poza Rica)  
Eje de Sinergia  
Propositiva  
(Resultado  
Hermenéutico)  
Arquitectura de  
Entornos  
Gestión de la  
Conducta  
Uso de  
Proporcionar  
múltiples formas  
de compromiso  
para la  
autorregulación y  
motivación.  
Estudiantes con  
TEA con barreras  
de comunicación y  
crisis por  
sobreestimulación  
sensorial.  
reforzadores y  
análisis funcional  
para reducir  
conductas  
Predictivos:  
Integrar el rigor  
del refuerzo ABA  
en paisajes de  
aprendizaje DUA  
que minimicen el  
estrés sensorial.  
Diseño de  
Itinerarios  
Personalizados:  
El pedagogo  
diseña materiales  
que segmentan la  
tarea (ABA) pero  
permiten elegir el  
canal de entrada  
(DUA).  
disruptivas  
Acceso al  
Contenido  
Encadenamiento  
y moldeamiento  
de habilidades  
específicas (paso  
a paso).  
Múltiples medios  
de representación  
(visual, auditivo,  
kinestésico).  
Necesidad de  
transitar de la  
integración formal  
a una inclusión  
sustantiva en el  
aula.  
Interacción  
Social  
Entrenamiento en  
habilidades  
sociales mediante comunidad en el  
Fomento de la  
colaboración y la  
Desafíos en la  
socialización y  
comunicación  
Mediación  
Técnico-Humana:  
El pedagogo  
ensayos de  
conducta  
discretos.  
aula inclusiva  
funcional de los  
alumnos del CEAD.  
actúa como  
puente, usando  
técnicas ABA  
para la intención  
comunicativa  
dentro de  
proyectos  
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colaborativos  
DUA.  
Fuente: elaboración propia.  
El análisis revela que la Sinergia Pedagógica se constituye como una estrategia metodológica capaz  
de transitar de una intervención centrada en el déficit hacia una arquitectura de aprendizaje inclusiva  
para el contexto del CEAD. Al contrastar los fundamentos del ABA con la flexibilidad del DUA, se infiere  
teóricamente que la estructuración de entornos predictivos, concebida como una estrategia de diseño  
universal, posee el potencial de mitigar las conductas disruptivas al dotar al entorno de claridad y  
propósito, lo que a su vez favorece una participación más sustantiva de los estudiantes con TEA.  
Esta proyección fundamenta la premisa de Echeita y Ainscow (2011, p. 28) sobre la necesidad de  
transformar los sistemas educativos. En este sentido, la investigación demuestra que el pedagogo,  
bajo su rol de mediador técnico-humano, está facultado para “pedagogizar” el rigor clínico del ABA,  
integrándose como una estrategia de acceso universal orientada a la eliminación de las barreras para  
el aprendizaje y la participación (BAP) identificadas en el modelo médico-rehabilitador.  
De esta manera, este diseño metodológico permitió trascender la mera recopilación de datos, logrando  
una síntesis original que propone una ruta de intervención aplicable en escenarios de educación  
especial y regular.  
DESARROLLO  
Caracterización Pedagógica del TEA: De la Evolución Clínica a la Necesidad Educativa  
La comprensión del Trastorno del Espectro Autista (TEA) ha transitado por cambios significativos en  
la visibilización e inclusión educativa. Destacan las investigaciones pioneras de la década de 1940 que  
han evolucionado hacia un enfoque de neurodiversidad para comprender e intervenir desde lo  
hermenéutico, heurístico y axiológico.  
Autores como Soto (2002) precisan que esta condición se manifiesta a través de una serie de rasgos  
distintivos, entre los que destacan: la dificultad en el establecimiento de relaciones sociales, el uso del  
lenguaje sin fines comunicativos y la presencia de conductas repetitivas o estereotipadas. Esta  
caracterización resulta fundamental para el pedagogo, pues permite identificar que el TEA no es una  
enfermedad a curar, sino una configuración del neurodesarrollo que exige un diseño educativo  
específico, situado y adaptado al contexto educativo, social y cultural.  
Históricamente, la clasificación del trastorno ha sido documentada a través de las sucesivas versiones  
del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM). Como refiere Bonilla (2025),  
el enfoque ha evolucionado significativamente: desde las primeras ediciones (DSM-I y II), donde se  
vinculaba erróneamente con la esquizofrenia, hasta la consolidación del término “Trastorno del  
Espectro Autista” en el DSM-5 (2013).  
Este último cambio resulta crucial para la educación inclusiva, ya que propone una visión global que  
entiende el autismo como un continuo de afectaciones en la comunicación social y la flexibilidad  
conductual, en lugar de verlas por separado. Esta perspectiva es flexible al sustituir el diagnóstico de  
categorías rígidas, como el Trastorno de Asperger, el Trastorno Desintegrativo Infantil o el Autismo de  
Kanner, por una evaluación basada en niveles de apoyo (1, 2 y 3). Al eliminar estas subcategorías, la  
atención pedagógica deja de centrarse en la etiqueta diagnóstica para enfocarse en la intensidad de  
las ayudas técnicas y ambientales que el alumno requiere para su participación plena.  
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Desde la praxis en el CEAD, estas características se traducen en desafíos de comunicación e  
interacción social que, según Celis y Ochoa (2022), dificultan la integración sustantiva si no se cuenta  
con una mediación adecuada. Bajo esta premisa, la intervención pedagógica debe responder a dos ejes  
críticos:  
Estructura y Predictibilidad: La necesidad de rutinas y la resistencia al cambio que caracterizan al TEA  
encuentran en el rigor técnico del ABA una herramienta de organización ambiental y seguridad  
emocional. Más allá de un enfoque conductual restrictivo, este modelo se implementa como un  
sistema de apoyos que garantiza un desarrollo armónico en el aula. A través del uso estratégico de  
reforzadores positivos, se busca transformar la intención comunicativa del estudiante, permitiendo que  
las conductas disruptivas, que suelen ser respuestas al estrés o a la falta de herramientas de expresión,  
se extingan de manera funcional. Esto proporciona al alumno un entorno claro, predecible y medible,  
facilitando su transición y permanencia exitosa en el aula regular bajo un clima de bienestar y  
pertenencia.  
Accesibilidad y Flexibilidad: Ante los desafíos intrínsecos en la comunicación verbal y no verbal, así  
como la variabilidad en el procesamiento de la información, el uso del DUA actúa como un motor de  
equidad, no solo elimina barreras, sino que sitúa activamente al estudiante en su realidad social,  
garantizando que el aprendizaje tenga un significado real para su vida diaria.  
Esta propuesta garantiza el despliegue de múltiples medios de representación, acción y expresión, que  
permiten al estudiante con TEA acceder al currículo sin que su lenguaje sea una limitante. Al diversificar  
los canales de entrada y salida de la información (visuales, auditivos y kinestésicos), el pedagogo  
elimina las barreras antes de que el alumno las encuentre. Al hacer el aula más flexible, la  
neurodiversidad deja de ser un problema y se convierte en la base para crear aprendizajes que  
realmente tengan sentido para todos.  
El Pedagogo como Arquitecto de la Inclusión: Una Reconfiguración Profesional  
El rol del pedagogo en la atención a la diversidad ha enfrentado históricamente el desafío de operar  
bajo lógicas burocráticas y limitaciones curriculares propias de un modelo educativo de corte  
industrial. Según Pérez Gómez (2018), este sistema tradicional tiende a desplazar la labor pedagógica  
hacia funciones de control y gestión administrativa, centradas en un programa académico que, por su  
naturaleza fragmentada y excesiva, resulta a menudo inoperante perdiendo de vista la atención a las  
necesidades propias de los alumnos y su relación con el contexto. Bajo esta lógica, la intervención  
profesional se limita a la gestión de contenidos sumamente extensos pero carentes de profundidad,  
priorizando la obtención de acreditaciones cuantificables haciendo de lado lo cualitativo por encima  
del fomento de un pensamiento crítico o funcional en el estudiante con TEA.  
Frente a esta visión que impone métodos y estándares uniformes considerando que el aprendizaje  
ocurre de forma idéntica en todos los sujetos, el pedagogo formado en el Plan de Estudios 2016 de la  
Universidad Veracruzana (UV, 2016) surge como un agente de cambio. Su formación integral le permite  
actuar como un mediador capaz de interpretar necesidades complejas, rompiendo con la rigidez  
estructural del espacio y el tiempo que define a la escuela convencional marcando un precedente para  
las nuevas formas de enseñar.  
A diferencia del paradigma médico-rehabilitador, el pedagogo asume la responsabilidad de transformar  
el entorno, reconociendo la naturaleza única e irrepetible de los procesos cognitivos de cada estudiante  
(Pérez Gómez, 2018). En el escenario del CEAD, esto exige abandonar los modelos de enseñanza  
unidireccionales para dar paso al diseño de andamiajes, apoyos temporales y ajustables, que respeten  
la historia de vida y las particularidades del alumno. Por lo tanto, el profesional no intenta ajustar al  
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individuo a un molde preestablecido, sino que proyecta contextos y desafíos pedagógicos que permiten  
al estudiante reconstruir y fortalecer su vínculo con el conocimiento y sus propias emociones.  
Bajo esta perspectiva, el pedagogo deja de ser un operario técnico para consolidarse como un gestor  
de la accesibilidad. Su intervención responde a la necesidad de superar los dispositivos escolares  
desfasados, desplegándose en tres dimensiones críticas:  
La Dimensión Didáctica: En esta etapa, el profesional selecciona y fragmenta el contenido mediante el  
rigor del ABA para hacerlo procesable. Al respecto, Rao y Meo (2016) señalan que el proceso de  
desglosar los estándares académicos es fundamental para identificar con precisión las habilidades y  
conceptos específicos que el estudiante con TEA debe dominar. Al aplicar esta fragmentación técnica,  
el pedagogo logra descomponer metas complejas en pasos medibles y ejecutables, permitiendo que  
la intervención conductual se dirija a objetivos de aprendizaje claramente definidos.  
La Dimensión Afectiva: Aquí se utiliza el DUA para fomentar el compromiso y la motivación.  
Reconociendo que el aprendizaje en el TEA está intrínsecamente ligado a la seguridad emocional, El  
pedagogo crea espacios de aprendizaje seguros donde se reducen las situaciones que generan estrés  
o miedo en el alumno, logrando que las actividades sean interesantes y tengan sentido para él.  
Siguiendo los principios de Rao y Meo (2016), se proporcionan múltiples formas de implicación que  
permiten al alumno persistir ante los desafíos, convirtiendo el aula en un espacio de bienestar donde  
la autorregulación es posible.  
La Dimensión Social: En esta dimensión, el pedagogo actúa como puente entre el alumno, sus pares  
y el contexto comunitario del CEAD en Poza Rica. Su labor trasciende la instrucción individual para  
fomentar una cultura de respeto a la neurodiversidad, asegurando que las interacciones sociales sean  
mediadas por estrategias que promuevan la pertenencia y eliminen el aislamiento histórico que ha  
caracterizado la atención al autismo.  
Esta redefinición metodológica implica que el pedagogo opera como un mediador técnico-humano. Es  
“técnico” porque domina la ciencia del comportamiento y las pautas de accesibilidad, y es “humano”  
porque su fin último es la inclusión sustantiva. Como arquitecto de experiencias, su responsabilidad es  
construir paisajes de aprendizaje donde la neurodiversidad no sea una barrera, sino una coordenada  
más para el diseño educativo.  
RESULTADOS  
El Modelo de Sinergia DUA-ABA y su relación con la NEM  
Al encontrarse esta investigación en una etapa de fundamentación y diseño, los resultados se  
configuran como un hallazgo de carácter propositivo y metodológico. De acuerdo con la ruta de la  
investigación-acción de Latorre (2005), el primer gran resultado de este proceso es la construcción de  
una propuesta de mejora que responde a la necesidad de transformar la práctica docente desde su  
base.  
El análisis realizado permite confirmar la viabilidad de un modelo de intervención integrador para  
alumnos con TEA, el cual se encuentra en total sintonía con el marco curricular de la Nueva Escuela  
Mexicana, (Secretaría de Educación Pública [SEP] 2022). Esta propuesta se estructura a partir de tres  
pilares estratégicos que buscan reconfigurar la atención pedagógica en el CEAD, garantizando que la  
inclusión transite de un plano administrativo a uno verdaderamente sustantivo y humanista:  
Dimensión Didáctica: Enfocada en la accesibilidad cognitiva mediante el "desglose técnico" de  
contenidos para hacerlos procesables. Este pilar se alinea con el principio de equidad y excelencia  
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educativa, asegurando que el estudiante con TEA acceda a los contenidos de los Campos Formativos  
mediante materiales que respeten su ritmo de aprendizaje.  
Dimensión Afectiva: Orientada a la seguridad emocional y la motivación intrínseca. Se fundamenta en  
el enfoque humanista de la NEM (SEP, 2022), donde el pedagogo diseña entornos predecibles que  
reducen el estrés, permitiendo que el estudiante se sienta valorado y capaz de alcanzar su máximo  
potencial.  
Dimensión Social: Diseñada para fomentar la pertenencia y la interacción efectiva en el entorno  
comunitario de Poza Rica. Este pilar responde al eje articulador de Inclusión, promoviendo que la  
neurodiversidad sea vista como una riqueza dentro del tejido social de la escuela.  
La Sinergia Pedagógica como apoyo de la NEM: El hallazgo principal de este avance es la  
consolidación de un modelo híbrido que materializa los ideales de justicia social de la política educativa  
nacional. La relación entre el DUA y el ABA permite transitar de una "integración simulada" a una  
inclusión efectiva, asegurando, como establece la norma, que el Estado garantice que nadie se quede  
fuera ni nadie se quede atrás del proceso educativo (SEP, 2022).  
El ABA como Estrategia de Especificidad y Autonomía  
El Análisis de Conducta Aplicado se constituye como una estrategia indispensable para el desarrollo  
de habilidades funcionales y sociales en niños con TEA. Bajo esta visión y en concordancia con los  
principios de Miltenberger (2013), el enfoque se aleja de la estigmatización que imponen las etiquetas  
diagnósticas que se han manejado por décadas para centrarse exclusivamente en el comportamiento  
y su relación con el entorno presente.  
Esta perspectiva permite al pedagogo identificar las variables ambientales que generan barreras,  
diseñando intervenciones que no pretenden modificar la esencia del individuo aclarando que esa no es  
la intencionalidad de ABA, sino dotarlo de herramientas de comunicación y autorregulación pero esto  
se logrará a través un un programa que guíe al alumno.  
Al integrar la visión del análisis de conducta progresivo, el profesional utiliza su juicio pedagógico para  
ajustar los apoyos de manera flexible y humanista, asegurando que el estudiante con TEA acceda a las  
mismas oportunidades de éxito que sus pares a través de una enseñanza que posibilite acceder al  
conocimiento en el entorno general, por sí solo, no logra cubrir.  
La Sinergia Pedagógica como Resultado Integrador: El hallazgo principal de este avance es la  
consolidación de un modelo híbrido que redefine la intervención docente que para algunos  
profesionales les resulte un choque de métodos por su naturaleza en las que fueron creados es aquí  
donde podemos redefinir la educación. En esta estructura dialéctica, el DUA asume la responsabilidad  
de proyectar y preparar escenarios de aprendizaje accesibles, mientras que el ABA capacita al  
estudiante para interactuar con éxito en dichos contextos.  
DISCUSIÓN  
Esta relación permite transitar de una integración meramente física a una reconstrucción profunda de  
la experiencia educativa, donde el aprendizaje deja de ser una imposición uniforme para basarse en el  
desarrollo integral del alumno. Como resultado, la sinergia propuesta garantiza que la arquitectura del  
aula sea capaz de acoger la singularidad neurobiológica, transformando la técnica en un acto de  
justicia social y hospitalidad pedagógica sin perder de la intencional de lo que hoy es la NEM.  
La inclusión efectiva: requiere que el pedagogo se sitúe en un espacio de diálogo y colaboración entre  
diversas disciplinas. Como sostiene Osorio (2018), la interdisciplinariedad no es solo un método, sino  
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ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 2 p 730.  
una filosofía de trabajo y una actitud necesaria para comprender la complejidad de la realidad  
educativa y resolver los problemas que de ella emanan. En este sentido, la discusión permite contrastar  
los principios del análisis de conducta (ABA) con la flexibilidad de los marcos neurocientíficos del CAST  
(DUA).  
Desde esta perspectiva, la contribución específica de la pedagogía radica en su capacidad para  
articular la precisión de las estrategias conductuales con la adaptabilidad del currículo en el entorno  
regular. Así, el pedagogo actúa como un mediador que traduce requerimientos técnicos en  
experiencias de aprendizaje accesibles, colaborando estrechamente con otros especialistas para  
garantizar una intervención que aspire a ser verdaderamente integral y de calidad.  
CONCLUSIONES  
Se concluye que el pedagogo, fundamentado en sus núcleos de formación profesional, es el actor  
idóneo para liderar la inclusión educativa. Su capacidad para “pedagogizar” intervenciones clínicas  
permite que la atención al TEA trascienda el espacio terapéutico y se integre con éxito en el escenario  
escolar regular del CEAD, promoviendo la equidad que demanda la Nueva Escuela Mexicana.  
La sinergia DUA-ABA demostró ser la ruta metodológica más eficaz para eliminar las Barreras para el  
Aprendizaje y la Participación (BAP). Mientras el DUA flexibiliza el entorno, el ABA fortalece las  
habilidades individuales de autorregulación. Esta combinación asegura que el estudiante no solo esté  
presente en el aula, sino que participe activamente y desarrolle habilidades funcionales para su vida  
diaria.  
El liderazgo técnico-pedagógico resultó ser el factor clave para la colaboración interdisciplinaria. La  
investigación evidenció que cuando el pedagogo coordina los esfuerzos entre especialistas y familias,  
se reduce el estrés docente y se crea un clima escolar de respeto a la neurodiversidad, cumpliendo con  
los objetivos de justicia social de la política educativa nacional.  
Finalmente, se recomienda sistematizar estos procesos de intervención como parte de la formación  
docente continua. La experiencia documentada confirma que la inclusión sustantiva es posible cuando  
se cuenta con una base metodológica rigurosa que prioriza la autonomía del alumno y la  
transformación de la práctica educativa desde un enfoque profundamente humanista y ético.  
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ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 2 p 731.  
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