población general revela particularidades geográficas que evidencian una circulación crítica de otros
genotipos oncogénicos. Estos hallazgos validan la necesidad de transición hacia esquemas de
inmunización de mayor espectro que logren cubrir la diversidad genotípica específica identificada en
las diferentes regiones del país.
En la región Sierra, los hallazgos son contrastantes y sugieren que tanto el diseño metodológico como
el entorno clínico influyen drásticamente en la prevalencia reportada. Se destaca que, dentro de una
misma provincia como Azuay, la carga viral varía según la población captada: mientras que en
comunidades rurales de Cuenca se registra una prevalencia del 15,0% (Vega Crespo et al., 2022), en
pacientes oncológicos de SOLCA esta cifra asciende al 58,0% para genotipos de alto riesgo (Minchalo-
Muñoz et al., 2020), lo que evidencia que la detección es un reflejo directo de la severidad de la lesión
previa. Respecto al perfil molecular, se registran cifras alarmantes en la provincia de Cañar, lideradas
por el VPH-31 (56,9%) y VPH-58 (43,1%) (Carrion Ordóñez et al., 2020), mientras que en Pichincha
predomina el VPH-52 (4,9%). Se advierte que estas disparidades regionales podrían estar influenciadas
por los métodos moleculares empleados (qPCR frente a microarreglos), lo que resalta la necesidad de
estandarizar las técnicas de detección a nivel nacional para garantizar la comparabilidad de los
indicadores epidemiológicos.
Por su parte, la región Costa exhibe una dinámica de transmisión distinta, probablemente impulsada
por la densidad poblacional y la movilidad urbana de sus puertos. Se identifica una persistencia notable
del genotipo VPH-39, detectado con una prevalencia del 17,1% en Guayaquil (García-Muentes et al.,
2019) y del 11,0% en la provincia de El Oro (Salazar Torres et al., 2022). Esta presencia recurrente del
genotipo VPH-39 en el litoral ecuatoriano es un hallazgo crítico, dado que este genotipo no suele figurar
como líder en las regiones andinas, lo que sugiere una adaptación o flujo viral regionalizado. En
contraste, en zonas con menor conectividad de la misma región, como las comunidades Chachi en
Esmeraldas, Guaman Illicachi et al. (2025) reportan una prevalencia basal del 15,9%, donde destaca el
VPH-58 (20,6%). Este escenario evidencia que la alta movilidad de los centros urbanos favorece la
concentración de genotipos menos comunes como el 39, mientras que el aislamiento geográfico
modula la diversidad genotípica, manteniendo indicadores epidemiológicos más estables en zonas
periféricas.
Finalmente, en la región amazónica, las investigaciones en comunidades Shuar (Ortiz Segarra et al.,
2023) reportan una elevada circulación de los genotipos VPH-58 y VPH-59. Se destaca que estos
genotipos se presentan frecuentemente asociados a cuadros de coinfección múltiple, un fenómeno
que no solo incrementa la carga viral, sino que sugiere una sinergia oncogénica capaz de acelerar la
progresión hacia lesiones de alto grado. Esta distribución heterogénea y la complejidad de las
infecciones múltiples subrayan la urgencia de diseñar estrategias de vigilancia molecular que
consideren las particularidades regionales y étnicas para garantizar un control efectivo del cáncer
cervicouterino en el país.
La diversidad genotípica identificada en las tres regiones del Ecuador guarda una estrecha analogía
con las tendencias reportadas en la región andina. Un hallazgo crítico es la circulación significativa de
los genotipos VPH-31 y VPH-58, lo cual es consistente con la evidencia en Colombia, donde el VPH-58
(18,1%) se posiciona como el segundo más frecuente en lesiones de alto grado (Trujillo et al., 2016).
Asimismo, coincide con lo descrito por Escobar et al. (2025) en el norte de Chile, donde estos genotipos
presentan una alta prevalencia sólo superada por el VPH-16. En esta misma línea, el estudio de Araujo
et al. (2025) en Perú refuerza la necesidad de implementar la genotipificación extendida para una
identificación precisa de las variantes circulantes.
Finalmente, la marcada variabilidad en la prevalencia detectada, que asciende desde niveles basales
en tamizajes de rutina hasta un 80,5% en centros oncológicos como SOLCA, evidencia la urgencia de
estandarizar el diagnóstico molecular a escala nacional. Este fortalecimiento es vital para esclarecer
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 2 p 756.