Radiología intervencionista en el manejo del dolor lumbar  
degenerativo de origen facetario, sacroilíaco y discogénico:  
aplicaciones clínicas y evidencia actual  
Interventional radiology in the management of degenerative low back pain  
of facet, sacroiliac, and discogenic origin: clinical applications and current  
evidence  
Priscila Guevara Camargo1  
Investigador Independiente  
Guanacaste Costa Rica  
Carolina Guevara Camargo  
Investigador Independiente  
Guanacaste Costa Rica  
Nicole Chavarría Naranjo  
Investigador Independiente  
San Jose – Costa Rica  
Diana Sofía Rodríguez Rodríguez  
Investigador Independiente  
San Jose – Costa Rica  
Javier Ramírez Fonseca  
Investigador Independiente  
San Jose – Costa Rica  
Artículo recibido: 22 de noviembre de 2025. Aceptado para publicación: 30 de marzo de 2026.  
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.  
Resumen  
Se analizó el papel de la radiología intervencionista en el manejo del dolor lumbar degenerativo de  
origen facetario, sacroilíaco y discogénico, una condición frecuente que afecta la funcionalidad del  
paciente y que sigue siendo difícil de precisar por la superposición de síntomas y por la limitada  
especificidad de los hallazgos clínicos e imagenológicos cuando se interpretan de forma aislada. La  
evidencia revisada muestra que los procedimientos guiados por imagen, en especial los bloqueos  
diagnósticos selectivos, contribuyen a una mejor localización del origen del dolor y orientan con mayor  
precisión la selección del tratamiento. En el ámbito terapéutico, técnicas como la radiofrecuencia y  
las infiltraciones se han consolidado como alternativas mínimamente invasivas con resultados  
1 Autora de correspondencia.  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 2 p 878.  
favorables en términos de reducción del dolor y mejoría funcional, sobre todo en el dolor facetario y  
sacroilíaco; en cambio, para el dolor discogénico las técnicas intradiscales representan una opción  
prometedora, aunque la evidencia disponible es limitada. En conjunto, estos hallazgos respaldan el  
papel de la radiología intervencionista como parte de un abordaje escalonado en pacientes con dolor  
lumbar crónico que no responden al tratamiento conservador. Desde el punto de vista teórico, refuerza  
la necesidad de entender el dolor lumbar degenerativo como un cuadro de origen multifactorial que  
exige correlación clínica, anatómica e imagenológica; y en la práctica, destaca que la selección  
adecuada del paciente, la confirmación diagnóstica y la ejecución técnica cuidadosa son claves para  
lograr resultados útiles y seguros.  
Palabras clave: radiología intervencionista, dolor lumbar, articulación cigapofisaria,  
articulación sacroilíaca, degeneración del disco intervertebral, ablación por radiofrecuencia  
Abstract  
The role of interventional radiology in the management of degenerative low back pain of facet,  
sacroiliac, and discogenic origin was analyzed, a frequent condition that affects patient functionality  
and that remains difficult to precisely determine due to the overlap of symptoms and the limited  
specificity of clinical and imaging findings when interpreted in isolation. The reviewed evidence shows  
that image-guided procedures, especially selective diagnostic blocks, contribute to better localization  
of the source of pain and guide more precise treatment selection. In the therapeutic field, techniques  
such as radiofrequency and injections have become consolidated as minimally invasive alternatives  
with favorable results in terms of pain reduction and functional improvement, particularly in facet and  
sacroiliac pain; in contrast, for discogenic pain, intradiscal techniques represent a promising option,  
although the available evidence is limited. Overall, these findings support the role of interventional  
radiology as part of a stepwise approach in patients with chronic low back pain who do not respond  
to conservative treatment. From a theoretical perspective, it reinforces the need to understand  
degenerative low back pain as a condition of multifactorial origin that requires clinical, anatomical, and  
imaging correlation; and in practice, it highlights that appropriate patient selection, diagnostic  
confirmation, and careful technical execution are key to achieving useful and safe results.  
Keywords: interventional radiology, low back pain, zygapophyseal joint, sacroiliac joint,  
intervertebral disc degeneration, radiofrequency ablation  
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Cómo citar: Guevara Camargo, P., Guevara Camargo, C., Chavarría Naranjo, N., Rodríguez Rodríguez,  
D. S., & Ramírez Fonseca, J. (2026). Radiología intervencionista en el manejo del dolor lumbar  
degenerativo de origen facetario, sacroilíaco y discogénico: aplicaciones clínicas y evidencia actual.  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 7 (2), 878 897.  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 2 p 879.  
INTRODUCCIÓN  
El dolor es una experiencia multifactorial que integra componentes sensoriales y emocionales,  
asociada con daño tisular real o potencial, o con experiencias que se asemejan a dicho daño. Esta  
definición, adoptada y revisada por la International Association for the Study of Pain (IASP), resalta el  
carácter multidimensional del dolor y su naturaleza tanto biológica como psicológica, lo que explica la  
dificultad de conceptualizarlo y tratarlo adecuadamente en la práctica clínica. De hecho, el dolor no  
puede interpretarse únicamente como una respuesta fisiológica a estímulos nocivos, sino como una  
experiencia influida por múltiples factores individuales y contextuales que determinan su intensidad,  
percepción y repercusión funcional. (Raja et al., 2020)  
En particular, el dolor lumbar se define clínicamente como dolor localizado entre el borde inferior de la  
duodécima costilla y los pliegues glúteos, con o sin irradiación a miembros inferiores, con una duración  
mínima de un día. (GBD 2021 Low Back Pain Collaborators, 2023) Dentro de los diferentes síndromes  
dolorosos, representa uno de los problemas de salud más relevantes a nivel mundial. Según  
estimaciones del estudio Global Burden of Disease 2021, en el año 2020 aproximadamente 619  
millones de personas presentaban dolor lumbar a nivel global, consolidándose como la principal causa  
de años vividos con discapacidad en la mayoría de los países. Además, se proyecta que esta cifra  
aumentará hasta 843 millones de casos para el año 2050, lo que refleja el impacto creciente de esta  
condición en los sistemas de salud y en la calidad de vida de la población.  
El manejo del dolor crónico, incluido el dolor lumbar degenerativo, representa un desafío significativo  
para los profesionales de la salud. El dolor persistente puede afectar múltiples dimensiones de la vida  
del paciente, generando limitaciones funcionales, deterioro de la salud mental y reducción de la calidad  
de vida. En este contexto, la complejidad del dolor se relaciona con factores biológicos, psicológicos y  
sociales, lo que contribuye a una importante heterogeneidad en la respuesta a los distintos  
tratamientos disponibles. Históricamente, el tratamiento farmacológico, particularmente mediante  
opioides, ha sido una de las estrategias más utilizadas para el manejo del dolor crónico; sin embargo,  
la evidencia sobre su eficacia a largo plazo es limitada y su uso se asocia con riesgos importantes  
como dependencia, sobredosis y trastorno por uso de opioides. (Dowell et al., 2022)  
Ante estas limitaciones terapéuticas, ha surgido un interés creciente en enfoques multidisciplinarios  
para el tratamiento del dolor crónico. De este modo, la radiología intervencionista ha adquirido un papel  
cada vez más relevante mediante el uso de procedimientos mínimamente invasivos dirigidos a  
estructuras específicas responsables del dolor. Estos procedimientos presentan ventajas importantes,  
como menor tiempo de recuperación y menor dolor post procedimiento, lo que los convierte en  
alternativas terapéuticas valiosas para pacientes con dolor crónico refractario. A su vez, la  
implementación de estas técnicas puede contribuir a reducir la dependencia de opioides y  
potencialmente disminuir el riesgo de trastornos asociados a su uso. (Fletcher et al., 2021)  
El dolor lumbar degenerativo puede originarse en diversas estructuras de la columna vertebral, entre  
las que destacan las articulaciones facetarias, las articulaciones sacroilíacas y los discos  
intervertebrales. La identificación precisa de estas fuentes de dolor resulta fundamental para orientar  
el manejo terapéutico hacia intervenciones específicas dirigidas a la estructura responsable del  
síndrome doloroso. En este sentido, la radiología intervencionista ofrece un conjunto creciente de  
herramientas terapéuticas que pueden integrarse dentro del abordaje multimodal del dolor lumbar  
crónico. (Fletcher et al., 2021)  
En el presente artículo, el término dolor lumbar degenerativo se emplea para describir el dolor lumbar  
crónico asociado a cambios degenerativos de la columna vertebral, particularmente aquellos que  
comprometen las articulaciones facetarias, la articulación sacroilíaca y el disco intervertebral. En  
consecuencia, el presente trabajo de revisión tiene como objetivo analizar el papel de la radiología  
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intervencionista en el manejo de esta condición, con énfasis en sus aplicaciones clínicas y en la  
evidencia actual disponible sobre su eficacia y seguridad.  
METODOLOGÍA  
El presente trabajo corresponde a una revisión narrativa de la literatura sobre el rol de la radiología  
intervencionista en el manejo del dolor lumbar degenerativo de origen facetario, sacroilíaco y  
discogénico. Se llevó a cabo una búsqueda bibliográfica entre enero y marzo de 2026 en las bases de  
datos PubMed/MEDLINE y Google Scholar, incluyendo artículos publicados entre 2020 y 2026 en inglés  
y español. Se utilizaron términos como “Interventional Radiology”, “Low Back Pain”, “Zygapophyseal  
Joint”, “Sacroiliac Joint”, “Intervertebral Disc Degeneration” y “Radiofrequency Ablation”. Inicialmente  
se revisaron títulos y resúmenes de los estudios identificados, y posteriormente se realizó la lectura  
completa de los artículos considerados relevantes para el objetivo de la revisión. Se incluyeron  
revisiones narrativas, revisiones sistemáticas, metaanálisis, guías clínicas y estudios comparativos  
relacionados con el abordaje intervencionista del dolor lumbar degenerativo. Se excluyeron estudios  
enfocados en etiologías no degenerativas, reportes de casos aislados, publicaciones duplicadas y  
artículos sin revisión por pares. La información seleccionada se organizó en tres ejes temáticos  
principales: dolor facetario, dolor sacroilíaco y dolor discogénico.  
Radiología Intervencionista en el Dolor Lumbar Degenerativo  
Dolor Facetario Lumbar  
Definición, Prevalencia y Anatomía  
El dolor lumbar crónico puede originarse en múltiples estructuras de la columna vertebral, incluyendo  
los discos intervertebrales, las articulaciones sacroilíacas y las articulaciones facetarias, siendo estas  
últimas una causa frecuente de dolor lumbar axial en la práctica clínica. (Li et al., 2022) Se estima que  
el dolor facetario puede estar presente aproximadamente en 1040% de los pacientes con dolor lumbar  
crónico, con algunas series que reportan prevalencias cercanas a 1545% dependiendo de los criterios  
diagnósticos utilizados y de la población estudiada. (Yilmaz & Kucukbingoz, 2025)  
Las articulaciones facetarias lumbares son articulaciones sinoviales localizadas en el complejo  
posterior de la columna vertebral cuya función principal es contribuir a la estabilidad espinal y limitar  
determinados movimientos vertebrales, especialmente la rotación axial y el desplazamiento anterior.  
Estas estructuras contienen varios componentes con capacidad nociceptiva, incluyendo el hueso  
subcondral, la cápsula articular, la membrana sinovial y los pliegues sinoviales, los cuales pueden  
actuar como generadores de dolor cuando se ven afectados por procesos inflamatorios, degenerativos  
o traumáticos. (Van den Heuvel et al., 2024)  
Desde el punto de vista anatómico, cada articulación facetaria está formada por la articulación entre  
el proceso articular inferior de una vértebra y el proceso articular superior de la vértebra inferior,  
constituyendo la articulación posterior de la columna lumbar. Estas articulaciones reciben una doble  
inervación proveniente de las ramas mediales del ramo dorsal del nervio espinal del mismo nivel y del  
nivel superior, lo que explica la complejidad de los patrones de dolor y constituye la base anatómica de  
los procedimientos intervencionistas dirigidos al ramo medial. (Van den Heuvel et al., 2024)  
Fisiopatología y Mecanismos del Dolor  
La fisiopatología del dolor facetario lumbar se encuentra estrechamente relacionada con los cambios  
degenerativos que ocurren en la columna vertebral a lo largo del tiempo. Uno de los mecanismos  
principales es la degeneración del disco intervertebral, caracterizada por deshidratación y pérdida de  
altura discal, lo que incrementa la carga axial y las fuerzas de cizallamiento transmitidas hacia las  
articulaciones facetarias. (Van den Heuvel et al., 2024)  
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Este aumento del estrés mecánico favorece el desarrollo de inflamación articular, derrame sinovial y  
distensión de la cápsula articular, lo que a su vez estimula las terminaciones nerviosas nociceptivas  
presentes en estas estructuras y produce dolor lumbar axial. (Van den Heuvel et al., 2024) En muchos  
casos, estos cambios se acompañan de osteoartritis degenerativa de las articulaciones facetarias,  
considerada uno de los mecanismos más relevantes en el desarrollo del dolor facetario en pacientes  
con dolor lumbar crónico. (Wardhana et al., 2022)  
Diversos factores pueden contribuir al desarrollo o progresión de estos cambios degenerativos, entre  
ellos la edad avanzada, la obesidad, alteraciones posturales, espondilolistesis, degeneración discal  
asociada o antecedentes de cirugía de columna. (Van den Heuvel et al., 2024)  
Manifestaciones Clínicas  
Desde el punto de vista clínico, el dolor facetario lumbar suele manifestarse como dolor lumbar axial  
unilateral o bilateral. Esta ocasionalmente puede irradiarse hacia la región glútea o la porción proximal  
de las extremidades inferiores en una distribución no dermatómica. La irradiación distal por debajo de  
la rodilla es poco frecuente y su presencia suele sugerir otras etiologías como patología radicular. (Van  
den Heuvel et al., 2024)  
El dolor suele describirse como una sensación profunda o sorda que se exacerba con determinados  
movimientos de la columna, particularmente extensión, flexión o rotación, así como durante la  
actividad física o la permanencia prolongada en determinadas posiciones. También es frecuente que  
los pacientes refieran rigidez matutina o incremento del dolor tras periodos de inactividad. Sin  
embargo, el diagnóstico clínico de esta entidad es complejo, ya que no existen signos o síntomas  
patognomónicos que permitan identificar con certeza el origen facetario del dolor únicamente  
mediante la historia clínica o la exploración física. (Van den Heuvel et al., 2024)  
Estudios de Imagen  
Las pruebas de imagen pueden ser útiles para descartar otras causas estructurales de dolor lumbar y  
para identificar cambios degenerativos en las articulaciones facetarias, aunque presentan limitaciones  
importantes para establecer la fuente exacta del dolor. Modalidades como radiografía, tomografía  
computarizada y resonancia magnética pueden mostrar signos de degeneración facetaria, como  
estrechamiento del espacio articular, hipertrofia ósea o esclerosis subcondral. Estos hallazgos  
también son frecuentes en individuos asintomáticos, lo que limita su especificidad diagnóstica. (Van  
den Heuvel et al., 2024)  
Entre las modalidades funcionales, la tomografía por emisión de fotón único (SPECT) puede aportar  
información adicional al detectar inflamación articular activa, lo que podría tener valor pronóstico en la  
selección de pacientes candidatos a procedimientos diagnósticos o terapéuticos. (Van den Heuvel et  
al., 2024)  
Diagnóstico Intervencionista  
Debido a las limitaciones del diagnóstico clínico e imagenológico, los procedimientos intervencionistas  
diagnósticos han adquirido un papel fundamental en la confirmación del dolor facetario lumbar. El  
bloqueo de la rama medial del ramo dorsal del nervio espinal, conocido como medial branch block  
(MBB), se considera actualmente el método más fiable para establecer el diagnóstico de dolor  
facetario. (Van den Heuvel et al., 2024)  
Este procedimiento consiste en la infiltración selectiva de anestésico local alrededor de las ramas  
mediales responsables de la inervación facetaria, evaluando posteriormente la respuesta analgésica  
del paciente. (Van den Heuvel et al., 2024) Generalmente se considera que el bloqueo es positivo  
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cuando produce una reducción de al menos 50% del dolor basal, criterio que también se utiliza para  
seleccionar pacientes candidatos a intervenciones terapéuticas como la radiofrecuencia. (Wardhana  
et al., 2022)  
Tratamiento Conservador  
El manejo inicial del dolor facetario lumbar se basa principalmente en medidas conservadoras,  
similares a las utilizadas en el tratamiento del dolor lumbar crónico inespecífico. Estas estrategias  
comprenden educación del paciente, uso de analgésicos simples y antiinflamatorios no esteroideos,  
junto con programas de fisioterapia dirigidos al fortalecimiento de la musculatura del core y a la  
optimización de la biomecánica lumbar. Por lo general, se recomienda mantener este abordaje durante  
al menos tres meses antes de considerar procedimientos percutáneos, lo que permite valorar la  
evolución clínica del dolor y la respuesta al tratamiento no invasivo. (Van den Heuvel et al., 2024)  
Tratamiento Intervencionista  
Cuando el dolor persiste a pesar del tratamiento conservador, las técnicas de radiología  
intervencionista pueden desempeñar un papel importante en el control del dolor. Entre ellas, la  
denervación por radiofrecuencia del ramo medial se ha convertido en una de las intervenciones más  
utilizadas, ya que busca interrumpir la transmisión nociceptiva mediante la aplicación de energía  
térmica sobre los nervios responsables de la inervación facetaria. (Li et al., 2022)  
Existen diferentes modalidades de radiofrecuencia empleadas en este contexto, incluyendo la  
radiofrecuencia convencional (CRF, conventional radiofrequency), la radiofrecuencia pulsada (PRF,  
pulsed radiofrequency), la radiofrecuencia dirigida al ganglio de la raíz dorsal (PRF-DRG, pulsed  
radiofrequency of the dorsal root ganglion), la denervación de la cápsula facetaria mediante  
radiofrecuencia (RF-FC) y la ablación por radiofrecuencia asistida por endoscopia (ERFA, endoscopic  
radiofrequency ablation), todas orientadas a modular la transmisión nociceptiva en pacientes con  
síndrome facetario. (Li et al., 2022)  
La radiofrecuencia convencional produce una denervación térmica del ramo medial mediante  
temperaturas cercanas a 8085°C aplicadas durante aproximadamente 6090 segundos. Por su parte,  
la radiofrecuencia pulsada utiliza temperaturas menores, cercanas a 42°C, con el objetivo de modular  
la transmisión nerviosa evitando un daño térmico directo del tejido neuronal. (Li et al., 2022)  
Otras Opciones Terapéuticas  
Otra alternativa terapéutica consiste en las inyecciones de corticosteroides administradas  
intraarticularmente o mediante bloqueo de la rama medial, cuyo objetivo es reducir la inflamación local  
y mejorar la sintomatología dolorosa. En determinados pacientes, especialmente individuos jóvenes o  
pacientes con dolor predominantemente inflamatorio, las inyecciones intraarticulares pueden  
considerarse cuando existe alguna contraindicación para realizar radiofrecuencia. (Wardhana et al.,  
2022)  
Evidencia Clínica  
Diversos estudios han analizado la eficacia de las intervenciones facetarias en el manejo del dolor  
lumbar crónico. En pacientes cuidadosamente seleccionados mediante bloqueos diagnósticos  
positivos, la denervación por radiofrecuencia se ha asociado con una reducción significativa del dolor  
y una mejoría funcional clínicamente relevante. (Li et al., 2022) Algunos metaanálisis han reportado  
beneficios sostenidos hasta los seis y doce meses posteriores al procedimiento en comparación con  
grupos control. (Van den Heuvel et al., 2024) En estudios comparativos, esta técnica también ha  
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mostrado resultados superiores a las infiltraciones con corticoesteroides en términos de reducción del  
dolor y discapacidad funcional en seguimientos de hasta seis meses. (Wardhana et al., 2022)  
Sin embargo, la evidencia no es completamente consistente, ya que algunos ensayos clínicos  
controlados han observado mejoría tanto en pacientes tratados con radiofrecuencia como en aquellos  
sometidos a procedimientos simulados, sin diferencias estadísticamente significativas en el corto  
plazo, lo que refleja la heterogeneidad de los estudios disponibles. (Shokanov et al., 2026)  
En cuanto a la duración del efecto terapéutico, algunos pacientes pueden experimentar alivio clínico  
durante varios meses, siendo posible repetir el procedimiento cuando el beneficio inicial ha sido  
clínicamente significativo. (Van den Heuvel et al., 2024)  
Selección de Pacientes y Factores Pronóstico  
La adecuada selección de pacientes constituye uno de los factores más importantes para el éxito de  
las intervenciones facetarias. En este sentido, la presencia de un bloqueo diagnóstico positivo se  
considera uno de los principales predictores de respuesta terapéutica a la radiofrecuencia. (Wardhana  
et al., 2022)  
Entre los factores clínicos asociados con mejores resultados se han descrito la edad avanzada y una  
mayor intensidad basal del dolor en pacientes tratados mediante radiofrecuencia. (Shokanov et al.,  
2026) Por el contrario, variables como depresión, catastrofismo, obesidad, tabaquismo o antecedentes  
de cirugía de columna pueden asociarse con una menor respuesta terapéutica o con progresión de la  
degeneración espinal. Asimismo, la orientación paralela del electrodo respecto al nervio en la  
radiofrecuencia aumenta la probabilidad de capturar el ramo medial y optimizar la eficacia del  
tratamiento. (Van den Heuvel et al., 2024)  
Dolor Sacroilíaco  
Definición y Prevalencia  
El dolor de la articulación sacroilíaca constituye una causa importante y con frecuencia  
subdiagnosticada de dolor lumbar axial, pudiendo también manifestarse con irradiación hacia la  
extremidad inferior y otras regiones pélvicas, lo que contribuye a que su reconocimiento clínico sea  
complejo en la práctica diaria. (Sayed et al., 2024)  
En pacientes con dolor lumbar persistente en quienes se han descartado causas discales o radiculares  
evidentes, la articulación sacroilíaca puede representar aproximadamente entre el 10%-25% de los  
casos, aunque algunos estudios han estimado que su participación puede alcanzar hasta un 30% en el  
contexto de dolor lumbar crónico no radicular. (Janapala et al., 2023)  
A pesar de esta prevalencia considerable, su identificación suele retrasarse debido a la superposición  
de síntomas con otras patologías de la columna lumbar o de la cadera, lo que favorece que el dolor  
sacroilíaco se incluya de forma inespecífica dentro del síndrome de dolor lumbar mecánico. (Janapala  
et al., 2023) Esta dificultad diagnóstica explica por qué, incluso en pacientes con sospecha clínica  
elevada, sólo una proporción menor de casos se confirma finalmente mediante criterios clínicos  
estrictos y bloqueos diagnósticos guiados por imagen. (Correa-Illanes, 2020)  
Anatomía  
La articulación sacroilíaca es una de las articulaciones axiales más grandes del cuerpo humano y  
conecta el sacro con los huesos ilíacos, formando una estructura fundamental para la transmisión de  
cargas entre el tronco y las extremidades inferiores. (Sayed et al., 2024) Desde el punto de vista  
estructural, presenta características mixtas, ya que solo su tercio anterior corresponde a una verdadera  
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articulación diartrodial, mientras que el resto funciona como una sindesmosis con abundantes  
estructuras ligamentarias que refuerzan su estabilidad. (Correa-Illanes, 2020)  
Las superficies articulares son irregulares y presentan crestas y depresiones que producen un  
interbloqueo entre sí, lo que limita el desplazamiento relativo de las superficies y contribuye a su  
función estabilizadora dentro del complejo lumbopélvico. La cápsula articular es relativamente  
compacta y el contenido sinovial es escaso, mientras que un complejo ligamentario posterior robusto,  
asociado a estructuras miofasciales como el glúteo mayor, el piriforme y la fascia toracolumbar,  
proporciona soporte adicional a la articulación. Estas características anatómicas explican que la  
articulación sacroilíaca tenga un papel principalmente estabilizador, más que de movilidad amplia  
dentro de la biomecánica axial. (Correa-Illanes, 2020)  
Fisiopatología y Mecanismos de Dolor  
El movimiento de la articulación sacroilíaca es limitado, generalmente inferior a 23 grados de rotación  
o aproximadamente 2 mm de traslación. (Sayed et al., 2024) A pesar de esta movilidad reducida,  
durante la marcha y la bipedestación la articulación se encuentra sometida a fuerzas mecánicas  
considerables, necesarias para disipar y transmitir cargas dentro de la región lumbopélvica. (Correa-  
Illanes, 2020) Estas demandas biomecánicas pueden favorecer la aparición de dolor, el cual puede  
originarse tanto en la propia articulación como en las estructuras periarticulares, incluyendo cápsula,  
ligamentos y tejidos miofasciales. Entre los mecanismos implicados se han descrito el estrés de  
cizallamiento pélvico, las fuerzas torsionales repetitivas y los procesos inflamatorios que afectan las  
superficies articulares o las estructuras ligamentarias adyacentes. (Szadek et al., 2024)  
Bajo el enfoque neuroanatómico, la articulación sacroilíaca posee una inervación compleja y variable,  
principalmente a través de las ramas laterales de los ramos dorsales de S1 a S3 y del ramo dorsal de  
L5, lo que contribuye a la variabilidad clínica del dolor referido y explica en parte las dificultades para  
su tratamiento intervencionista. (Correa-Illanes, 2020)  
Etiología y Factores Predisponentes  
Las causas del dolor sacroilíaco pueden clasificarse en intraarticulares y extraarticulares, dependiendo  
de si el origen del dolor se encuentra dentro de la articulación o en las estructuras periarticulares. Entre  
las causas intraarticulares se incluyen procesos inflamatorios, infecciones, artritis degenerativas,  
espondiloartropatías y neoplasias, mientras que las causas extraarticulares abarcan entesopatías,  
lesiones ligamentarias, fracturas y trastornos miofasciales. (Szadek et al., 2024)  
Adicionalmente, diversos factores traumáticos  
y
no traumáticos pueden actuar como  
desencadenantes del dolor, incluyendo traumatismos por caídas, levantamiento de peso, fracturas del  
anillo pélvico, osteoartritis, escoliosis y embarazo. (Lowe et al., 2022) Durante el embarazo, por  
ejemplo, los cambios biomecánicos asociados al aumento de peso, la hiperlordosis lumbar y la  
relajación ligamentosa pueden favorecer la inestabilidad de la articulación sacroilíaca y contribuir al  
desarrollo de dolor pélvico posterior. (Correa-Illanes, 2020)  
Otros factores predisponentes descritos incluyen discrepancias en la longitud de las extremidades  
inferiores, alteraciones del patrón de marcha, obesidad, esfuerzo físico intenso y antecedentes de  
cirugía lumbar con fusión lumbosacra, los cuales modifican la distribución de cargas sobre la  
articulación sacroilíaca. (Szadek et al., 2024)  
Manifestaciones Clínicas  
El dolor sacroilíaco suele localizarse en la región glútea por debajo del nivel vertebral de L5 y puede  
irradiarse hacia la región lumbar inferior, la ingle o la extremidad inferior proximal. (Sayed et al., 2024)  
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En estudios clínicos, aproximadamente el 94% de los pacientes presentan dolor glúteo, mientras que  
el dolor puede extenderse hacia la región lumbar baja en cerca del 72% de los casos y hacia la  
extremidad inferior en alrededor del 50% de los pacientes. (Szadek et al., 2024) En una proporción  
menor de casos el dolor puede irradiarse por debajo de la rodilla o incluso alcanzar el pie, lo que puede  
generar confusión diagnóstica con cuadros radiculares. (Correa-Illanes, 2020)  
A diferencia del dolor lumbar de origen discal, el dolor sacroilíaco suele ser unilateral, no se localiza  
típicamente en la línea media y con frecuencia se agrava durante actividades que implican carga o  
cambios posturales, como pasar de la posición sentada a la de pie. (Correa-Illanes, 2020) Debido a  
estas características, el dolor sacroilíaco puede confundirse con diversas patologías del sistema  
lumbopélvico, incluyendo trastornos de la cadera, síndrome del piriforme, patología lumbar o incluso  
ciertas condiciones intrapélvicas. (Szadek et al., 2024)  
Diagnóstico Clínico  
La evaluación inicial se basa en la historia clínica, la localización del dolor y la exploración física  
dirigida. Entre las maniobras clínicas utilizadas para identificar la articulación sacroilíaca como posible  
fuente del dolor se encuentra la prueba de Fortin, en la cual el paciente señala con un dedo un punto  
doloroso cercano a la espina ilíaca posterosuperior. (Sayed et al., 2024)  
Sumado a esto, existen varias pruebas de provocación que buscan reproducir el dolor mediante estrés  
mecánico de la articulación, incluyendo las pruebas de distracción, compresión, Gaenslen, FABER o  
Patrick y el empuje del muslo. Aunque ninguna de estas maniobras es diagnóstica por sí sola, la  
presencia de al menos tres pruebas positivas aumenta de manera significativa la probabilidad de que  
la articulación sacroilíaca sea la fuente del dolor. (Sayed et al., 2024)  
Estudios de Imagen  
Las técnicas de imagen desempeñan un papel complementario en la evaluación del dolor sacroilíaco,  
siendo utilizadas principalmente para descartar otras causas estructurales de dolor lumbar, como  
fracturas, tumores o infecciones. Los cambios degenerativos de la articulación sacroilíaca pueden  
observarse con frecuencia en individuos asintomáticos, lo que limita su valor diagnóstico cuando se  
interpretan de manera aislada. (Sayed et al., 2024)  
La radiografía simple presenta baja sensibilidad para detectar alteraciones sacroilíacas, mientras que  
la tomografía computarizada permite una mejor evaluación de las estructuras óseas. No obstante, la  
resonancia magnética resulta especialmente útil en la detección de procesos inflamatorios tempranos  
y en la evaluación de tejidos blandos periarticulares. En ciertos contextos clínicos, la ecografía también  
puede emplearse para valorar estructuras ligamentarias posteriores o identificar signos indirectos de  
inflamación articular mediante Doppler. (Correa-Illanes, 2020)  
Diagnóstico Intervencionista  
Los bloqueos diagnósticos guiados por imagen con anestésicos locales se consideran el estándar de  
referencia para confirmar la articulación sacroilíaca como fuente del dolor. (Janapala et al., 2023) Estos  
procedimientos buscan reproducir inicialmente los síntomas mediante la distensión capsular y  
posteriormente evaluar la respuesta analgésica tras la infiltración del anestésico. (Correa-Illanes, 2020)  
De manera general, una reducción del dolor superior al 50% tras la infiltración se considera  
clínicamente significativa, aunque algunos estudios han propuesto umbrales más estrictos cercanos  
al 80% para aumentar la especificidad diagnóstica. (Janapala et al., 2023) A pesar de ello, el valor  
diagnóstico de estos bloqueos puede verse afectado por falsos positivos o negativos relacionados con  
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ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 2 p 886.  
la difusión del anestésico hacia estructuras adyacentes o con dificultades técnicas para lograr una  
infiltración intraarticular precisa. (Szadek et al., 2024)  
Tratamiento Conservador  
El manejo del dolor sacroilíaco suele plantearse de forma progresiva, iniciando con estrategias  
conservadoras orientadas a mejorar la estabilidad lumbopélvica y reducir la sobrecarga articular. Estas  
medidas conservadoras incluyen antiinflamatorios no esteroideos, programas de fisioterapia, la  
modificación de las actividades físicas que exacerban los síntomas y el uso de ortesis sacroilíacas  
para limitar el movimiento articular excesivo. (Sayed et al., 2024)  
La rehabilitación se enfoca en el fortalecimiento de la musculatura abdominal, cuádriceps e  
isquiotibiales, lo que aumenta la coaptación articular y reduce las fuerzas de cizallamiento sobre la  
articulación, favoreciendo dicha estabilidad. Cuando estas estrategias no logran un control adecuado  
del dolor tras varias semanas de tratamiento, pueden considerarse intervenciones percutáneas como  
parte del manejo terapéutico. (Correa-Illanes, 2020)  
Tratamiento Intervencionista  
Las infiltraciones intraarticulares o periarticulares con corticosteroides guiadas por fluoroscopia,  
tomografía computarizada o ecografía representan una de las primeras opciones intervencionistas  
utilizadas para el tratamiento del dolor sacroilíaco persistente. Estas infiltraciones tienen como  
objetivo reducir la inflamación articular, mejorar los síntomas y facilitar la rehabilitación del paciente.  
(Sayed et al., 2024)  
Además de los corticosteroides, se han descrito otras intervenciones como las inyecciones de plasma  
rico en plaquetas, la proloterapia con dextrosa y la administración de toxina botulínica en estructuras  
periarticulares. (Janapala et al., 2023)  
También, la ablación por radiofrecuencia constituye otra estrategia terapéutica relevante, dirigida  
principalmente a las ramas laterales de los ramos dorsales de S1 a S3 y al ramo dorsal de L5 con el  
objetivo de interrumpir la transmisión nociceptiva desde la articulación sacroilíaca. (Sayed et al., 2024)  
Entre las modalidades descritas se incluyen radiofrecuencia convencional, bipolar, enfriada, pulsada y  
técnicas multipolares que buscan generar lesiones más amplias de denervación. (Lowe et al., 2022)  
Evidencia Clínica  
Las infiltraciones intraarticulares de corticosteroides han demostrado proporcionar alivio significativo  
del dolor en comparación con placebo, con una duración del beneficio que puede extenderse hasta  
aproximadamente seis meses. (Szadek et al., 2024) Algunos estudios han reportado que cerca del 62%  
de los pacientes mantienen mejoría clínica a los tres meses posteriores a la infiltración, aunque el  
beneficio funcional puede disminuir progresivamente con el tiempo. (Sayed et al., 2024)  
Por otra parte, la radiofrecuencia ha demostrado ofrecer un alivio más prolongado en pacientes  
adecuadamente seleccionados, con reducciones significativas del dolor y la discapacidad que pueden  
mantenerse entre seis y doce meses. En ensayos clínicos controlados, alrededor del 73% de los  
pacientes tratados con radiofrecuencia han reportado una reducción del dolor superior al 50% durante  
el primer mes, manteniéndose aproximadamente en el 53% a los seis meses. (Lowe et al., 2022)  
En comparación con las infiltraciones intraarticulares, la radiofrecuencia parece proporcionar un alivio  
del dolor más duradero en algunos pacientes, aunque la respuesta terapéutica puede variar según la  
técnica empleada y la confirmación diagnóstica previa mediante bloqueos selectivos.  
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En pacientes con dolor persistente refractario a estas intervenciones, la fusión sacroilíaca  
mínimamente invasiva puede mejorar significativamente el dolor y la función, con tasas de éxito clínico  
cercanas al 82% a 83% a los 24 meses de seguimiento. (Sayed et al., 2024)  
Selección de Pacientes y Factores Pronósticos  
La selección adecuada de pacientes representa uno de los factores más determinantes para el éxito  
del tratamiento intervencionista del dolor sacroilíaco. (Lowe et al., 2022) Los mejores resultados se  
han asociado con la confirmación diagnóstica mediante bloqueos intraarticulares que produzcan un  
alivio significativo del dolor, así como con la positividad en múltiples maniobras provocativas durante  
la exploración física. (Sayed et al., 2024)  
En el caso de la radiofrecuencia, algunos estudios sugieren que los pacientes más jóvenes podrían  
presentar mejores resultados, posiblemente debido a una mayor probabilidad de que el origen del dolor  
sea ligamentario o extraarticular. (Szadek et al., 2024)  
Factores como edad mayor de 65 años, dolor muy intenso antes del procedimiento o dolor irradiado  
por debajo de la rodilla se han relacionado con una mayor probabilidad de fracaso terapéutico.  
Asimismo, la presencia de comorbilidades u otras enfermedades sistémicas, así como la coexistencia  
de patologías del segmento lumbopélvico como trastornos de cadera, síndrome del piriforme o  
atrapamientos nerviosos, puede influir negativamente en la respuesta al tratamiento. (Szadek et al.,  
2024)  
Dolor Discogénico Lumbar  
Definición y Prevalencia  
El dolor lumbar discogénico es una causa frecuente de dolor lumbar crónico atribuible a alteraciones  
estructurales o degenerativas del disco intervertebral, con impacto significativo sobre la funcionalidad  
y la calidad de vida de los pacientes. (Chang & Yang, 2026)  
Dentro de este espectro, se estima que hasta aproximadamente el 40% de los casos de dolor lumbar  
crónico pueden estar relacionados con patología del disco intervertebral, lo que refleja la relevancia  
clínica del dolor discogénico como generador de dolor axial lumbar. A pesar de su frecuencia, el  
diagnóstico continúa siendo complejo debido a la superposición de síntomas con otras fuentes de  
dolor lumbar mecánico como el dolor facetario, sacroilíaco o muscular. (Van Os et al., 2025)  
Anatomía del Disco Intervertebral  
El disco intervertebral es una estructura fibrocartilaginosa situada entre los cuerpos vertebrales cuya  
función principal es absorber cargas axiales y permitir la movilidad segmentaria de la columna  
vertebral. Está compuesto por tres estructuras principales: el núcleo pulposo central, el anillo fibroso  
periférico y las placas terminales vertebrales que separan el disco de los cuerpos vertebrales  
adyacentes. (Van Os et al., 2025)  
El núcleo pulposo posee una estructura gelatinosa rica en agua, proteoglicanos y colágeno tipo II que  
permite redistribuir las cargas mecánicas hacia la periferia del disco y evitar concentraciones excesivas  
de presión. Por otro lado, el anillo fibroso está formado por múltiples láminas concéntricas de colágeno  
organizadas en orientación alternante que otorgan resistencia frente a fuerzas de compresión, torsión  
y flexión. En cambio, placas terminales vertebrales permiten el intercambio de nutrientes mediante  
difusión hacia el disco, el cual es una estructura predominantemente avascular. (De Simone et al.,  
2024)  
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Desde el punto de vista sensorial, la inervación del disco se limita principalmente al tercio externo del  
anillo fibroso, donde se localizan fibras nociceptivas que transmiten señales dolorosas a través de los  
nervios sinuvertebrales y vías simpáticas. (De Simone et al., 2024)  
Fisiopatología y Mecanismos de Dolor  
El dolor discogénico lumbar se relaciona principalmente con procesos degenerativos del disco  
intervertebral que incluyen cambios estructurales y bioquímicos progresivos. Durante la degeneración  
discal se produce deshidratación del núcleo pulposo, pérdida de proteoglicanos y disminución de la  
altura discal, lo que altera la capacidad del disco para absorber y distribuir cargas mecánicas y puede  
favorecer la inestabilidad segmentaria. La degeneración también favorece la aparición de fisuras o  
desgarros en el anillo fibroso que permiten la migración del núcleo pulposo y aumentan la  
susceptibilidad a herniación discal. (Van Os et al., 2025)  
En paralelo, se desarrolla un componente inflamatorio caracterizado por la liberación de mediadores  
proinflamatorios como TNF-α e interleucina-1β, los cuales contribuyen a la sensibilización nociceptiva.  
(Elawady et al., 2024) Estos mediadores favorecen procesos de neovascularización y neoinervación  
dentro del disco, permitiendo el crecimiento de fibras nerviosas hacia regiones profundas donde  
normalmente no existe inervación, incluso hacia el núcleo pulposo. (Lo Bianco et al., 2023)  
Como consecuencia, aumenta el número de terminaciones nociceptivas susceptibles a sensibilización  
química, lo que favorece el desarrollo de dolor crónico persistente. Adicionalmente, se han descrito  
mecanismos celulares y moleculares asociados a la degeneración discal, incluyendo disfunción  
mitocondrial, acumulación de productos de glicación avanzada (AGEs), piroptosis celular y fenotipo  
secretor asociado a senescencia con incremento de citocinas inflamatorias. Estos procesos  
contribuyen a la degradación de la matriz extracelular del disco y a la transformación del núcleo  
pulposo hacia un tejido más fibroso debido a la pérdida de proteoglicanos y agua. (De Simone et al.,  
2024)  
Manifestaciones Clínicas  
El dolor discogénico lumbar suele manifestarse como dolor axial central localizado en la región lumbar  
media. Este dolor tiende a empeorar con la sedestación prolongada, la flexión lumbar, la rotación axial  
o el aumento de la carga mecánica sobre la columna. También puede exacerbar con maniobras que  
aumentan la presión intradiscal, como la tos o el estornudo. (Van Os et al., 2025)  
En algunos pacientes el dolor puede irradiarse hacia los muslos o extremidades inferiores,  
generalmente por encima de la rodilla y con distribución no dermatomal. A diferencia del dolor  
radicular, en el dolor discogénico suelen estar ausentes los déficits neurológicos, las alteraciones  
reflejas y las pruebas radiculares positivas. (Van Os et al., 2025)  
En el examen físico no existen maniobras altamente específicas, aunque puede encontrarse dolor a la  
flexión lumbar y sensibilidad en línea media a la presión sobre las apófisis espinosas. (Van Os et al.,  
2025). Un hallazgo clínico que incrementa la probabilidad de origen discogénico es el fenómeno de  
centralización del dolor con determinados movimientos de la columna. (Elawady et al., 2024)  
Estudios de Imagen  
La resonancia magnética es el método de imagen no invasivo más utilizado para evaluar la  
degeneración discal y descartar otras causas estructurales de dolor lumbar. Entre los hallazgos  
asociados al dolor discogénico se incluyen cambios degenerativos según la clasificación de Pfirrmann,  
zonas de alta intensidad en el anillo fibroso y cambios Modic en las placas terminales vertebrales.  
(Elawady et al., 2024)  
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No obstante, la correlación entre hallazgos radiológicos y síntomas clínicos es limitada, ya que  
alteraciones similares pueden observarse en individuos asintomáticos. Por esta razón, los estudios de  
imagen deben interpretarse siempre en conjunto con la historia clínica y la exploración física. (Van Os  
et al., 2025)  
Diagnóstico Clínico e Intervencionista  
El diagnóstico del dolor discogénico se basa inicialmente en la historia clínica, el examen físico y los  
estudios de imagen dirigidos principalmente a excluir otras causas de dolor lumbar. Cuando persiste  
la sospecha diagnóstica, la discografía provocativa se considera el estándar diagnóstico para  
identificar discos generadores de dolor. (Chang & Yang, 2026)  
Este procedimiento consiste en la inyección intradiscal de contraste bajo presión controlada con el  
objetivo de reproducir el dolor típico del paciente. Sin embargo, la discografía es una técnica invasiva  
y su uso es controversial debido a que puede asociarse con progresión de la degeneración discal o  
herniación discal, especialmente cuando se utilizan presiones elevadas o volúmenes grandes de  
contraste. (Lo Bianco et al., 2023) Por esta razón se recomienda mantener presiones menores a 50 psi  
y volúmenes inferiores a 3 mL para reducir el riesgo de daño discal. (Chang & Yang, 2026)  
Además, se han explorado herramientas complementarias como biomarcadores inflamatorios,  
microRNAs y modelos de inteligencia artificial aplicados a resonancia magnética, aunque su utilidad  
diagnóstica aún se encuentra en investigación. (De Simone et al., 2024)  
Tratamiento Conservador  
En el dolor discogénico, el tratamiento conservador constituye la primera línea terapéutica y suele  
abordarse mediante un enfoque multidisciplinario. Este incluye educación del paciente sobre los  
mecanismos del dolor, programas estructurados de ejercicio y, en determinados casos, intervenciones  
psicológicas orientadas al manejo del dolor crónico. Dentro de las estrategias de rehabilitación se  
emplean ejercicios de control motor y programas específicos como el método McKenzie, yoga o  
pilates, los cuales buscan mejorar la estabilidad de la columna y optimizar la función  
musculoesquelética. (Van Os et al., 2025)  
Desde el punto de vista farmacológico, los antiinflamatorios no esteroideos representan los fármacos  
más utilizados para reducir el componente inflamatorio asociado al dolor. En algunos casos también  
pueden considerarse medicamentos antineuropáticos como duloxetina y antidepresivos tricíclicos. Por  
otro lado, en pacientes con cambios Modic tipo 1 refractarios se ha evaluado el uso prolongado de  
antibióticos como amoxicilina-clavulánico; sin embargo, esta estrategia continúa siendo controversial  
y no forma parte del tratamiento estándar. Por último, no se recomienda el uso rutinario de opioides  
fuertes, corticosteroides orales ni relajantes musculares en el dolor discogénico crónico. (Van Os et al.,  
2025)  
Tratamiento Intervencionista  
Entre las técnicas intradiscales destaca la biacuplastia o radiofrecuencia enfriada (CRFA, cooled  
radiofrequency ablation), la cual ha demostrado reducción del dolor y mejoría funcional en pacientes  
con dolor discogénico crónico refractario. Se colocan dos electrodos trans discales bajo guía  
fluoroscópica en el tercio posterior del disco intervertebral, a nivel de la unión anular posterior,  
permitiendo la aplicación controlada de energía térmica para la ablación de fibras nociceptivas. El disco  
se calienta gradualmente a 50°C durante 15 minutos para realizar la ablación terapéutica. Se considera  
que tiene un nivel de evidencia alto (nivel I, fuerte) para el tratamiento del dolor discogénico crónico y  
refractario. (Yen et al., 2025)  
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Otra técnica evaluada es la inyección intradiscal de azul de metileno utilizada para la ablación de las  
terminaciones nerviosas sensoriales (fibras C) dentro del disco. Aunque algunos metaanálisis  
mostraron beneficios, estudios recientes indican que no alivia significativamente el dolor en  
comparación con un placebo. Puede considerarse en pacientes de casos refractarios, aunque su  
evidencia es de bajo nivel. (Chang & Yang, 2026)  
Desde otra perspectiva, las terapias regenerativas, como la inyección intradiscal de células madre  
mesenquimales (MSC) o plasma rico en plaquetas (PRP), han mostrado resultados preliminares  
prometedores en términos de mejoría funcional a los 6 meses post inyección, ya que tienen el potencial  
de ralentizar el proceso degenerativo y de restaurar el disco además de disminuir el dolor, sin embargo,  
aún no constituyen un estándar terapéutico. (Chang & Yang, 2026)  
También se han descrito procedimientos térmicos intradiscales como la terapia electrotérmica  
intradiscal (IDET), que consiste en la inserción de un catéter térmico para aplicar calor a 90°C con el fin  
de modificar la biomecánica del disco, denervar nervios y sellar desgarros anulares. Su evidencia es de  
nivel III (regular) y no se recomienda su uso rutinario. (Yen et al., 2025)  
Otras técnicas incluyen la nucleoplastia, que utiliza energía de radiofrecuencia bipolar basada en  
tecnología de coblación para producir descompresión del núcleo pulposo mediante ablación  
controlada del tejido discal. Su indicación principal es el dolor radicular, mientras que para el dolor  
discogénico la evidencia es limitada. (Van Os et al., 2025)  
Por su parte, la radiofrecuencia pulsada intradiscal (PRF por sus siglas en inglés), aplicada  
generalmente en el núcleo pulposo o en la región posterior del disco intervertebral, con el objetivo de  
modular la actividad nociceptiva sin producir daño térmico significativo mediante ráfagas cortas de  
campos eléctricos a temperaturas que no exceden los 42°C. (Chang & Yang, 2026)  
Finalmente, otras igual mencionadas son la ablación de nervios sinuvertebrales o basivertebrales,  
estimulación de la médula espinal, estimulación del ganglio de la raíz dorsal y bloqueo del ramo  
comunicante, aunque muchas de estas estrategias aún se encuentran en fase de investigación clínica  
y requieren más estudios para confirmar su eficacia y seguridad a largo plazo. (Chang & Yang, 2026)  
Evidencia Clínica  
Como se mencionó anteriormente, la evidencia disponible sobre las intervenciones para dolor  
discogénico lumbar es heterogénea y en muchos casos limitada por el tamaño de muestra y la duración  
del seguimiento. (Van Os et al., 2025) Se resume en la siguiente tabla:  
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Tabla 1  
Evidencia clínica y resultados de las principales técnicas intervencionistas para el dolor lumbar  
discogénico  
Técnica  
Nivel de  
evidencia  
Moderado  
Evidencia clínica y  
efecto reportado  
Reducción del dolor y  
mejoría del índice de  
discapacidad de ODI  
a los 6 meses  
Duración del  
alivio  
Efectos  
mantenidos  
hasta 12 meses  
Consideraciones  
Biacuplastia  
Considerable en casos  
refractarios en centros  
especializados  
Inyección de  
azul de  
metileno  
Bajo  
Reducción de dolor y  
mejoría del ODI a los  
624 meses.  
En algunos  
estudios hasta  
24 meses  
No usar fuera de un  
entorno de estudio  
Medicina  
Regenerativa  
Muy bajo  
MSC: reducción de  
dolor y mejoría del  
ODI hasta los 12  
meses  
MSC: Hasta 36  
meses en  
algunos  
No usar fuera de un  
entorno de estudio  
estudios  
PRP: reducción de  
dolor  
PRP: Hasta 2  
meses  
IDET  
Bajo  
Reducción de dolor y  
disminución del ODI  
después de 6 meses  
Mejoras  
Puede considerar para  
casos refractarios con  
dolor debilitante  
reportadas  
entre los 6-34  
meses  
Nucleoplastia  
PRF  
Muy bajo  
Muy baja  
Reducción  
Hasta 12  
meses  
Principal indicación:  
dolor radicular por  
hernia contenida.  
significativa del dolor  
en 5374% de  
pacientes  
Reducción de dolor y  
del ODI entre los 3-12  
meses  
Entre los 6-12  
meses  
No usar fuera de un  
entorno de estudio  
Nota: ODI = Índice de Discapacidad de Oswestry; MSC = células madre mesenquimales; PRP = plasma  
rico en plaquetas; IDET = terapia electrotérmica intradiscal; PRF = radiofrecuencia pulsada  
Fuente: elaboración propia.  
En general, las técnicas intradiscales presentan niveles de evidencia variables. Procedimientos como  
la biacuplastia han mostrado resultados más consistentes en términos de reducción del dolor y mejoría  
funcional, mientras que terapias regenerativas y otras intervenciones intradiscales aún cuentan con  
evidencia limitada y resultados heterogéneos.  
Selección de Pacientes y Factores Pronóstico  
La eficacia de las intervenciones dirigidas al dolor discogénico lumbar depende en gran medida de una  
adecuada selección de los pacientes y de los aspectos técnicos del procedimiento. En términos  
generales, estas técnicas se consideran en aquellos pacientes que continúan sintomáticos a pesar de  
haber recibido entre 6 y 12 semanas de tratamiento conservador. (Chang & Yang, 2026)  
Entre los factores asociados con peor pronóstico o exclusión se encuentran hernias discales mayores  
de 4 mm, secuestro, extrusión en ciertos contextos, colapso del espacio discal, espondilolistesis,  
estenosis espinal severa y cirugías lumbares previas en el mismo nivel. (Elawady et al., 2024) Donde  
es importante mencionar que en pacientes con ausencia de problemas facetarios, se vio asociada una  
mayor probabilidad 5 veces mayor de mejora significativa posterior al procedimiento. (Yen et al., 2025)  
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También influyen variables del procedimiento, ya que el uso de agujas finas (calibre 22), presiones  
intradiscales bajas (<50 psi) y volúmenes limitados (<3 ml) durante la discografía reduce el riesgo de  
lesión y degeneración acelerada, mientras que los procedimientos repetidos y las técnicas con altas  
temperaturas tienen mayor probabilidad de exacerbar el daño discal. (Chang & Yang, 2026) Otro factor  
pronóstico es el Índice de Masa Corporal (IMC), donde un IMC más alto se asocia con la necesidad de  
un segundo procedimiento. (Yen et al., 2025)  
En terapias regenerativas, la concentración plaquetaria en PRP y la dosis celular administrada parecen  
influir en la magnitud del beneficio clínico, además de la integridad del disco, donde la presencia de  
una rotura anular incompleta y la capacidad del disco para aceptar el volumen inyectado son factores  
considerados para la intervención. (Lo Bianco et al., 2023)  
Seguridad y Complicaciones en los Procedimientos Intervencionistas  
Los procedimientos intervencionistas guiados por imagen se han consolidado como una alternativa  
terapéutica importante para el manejo del dolor musculoesquelético crónico cuando el tratamiento  
conservador no logra un alivio adecuado. Aunque se consideran técnicas mínimamente invasivas y  
generalmente seguras, ningún procedimiento está completamente libre de riesgos. Las  
complicaciones graves son poco frecuentes, generalmente con incidencias menores al 1%. En este  
contexto, la seguridad depende principalmente de la adecuada selección del paciente, la experiencia  
del operador y el uso correcto de guía por imagen. (Lo Bianco et al., 2023)  
La guía por ultrasonido (US) se utiliza cada vez más en procedimientos intervencionistas para  
administrar inyecciones debido a su capacidad para visualizar tejidos blandos, vasos y nervios, lo que  
puede disminuir el riesgo de punción vascular o inyecciones intravasculares inadvertidas. No obstante,  
su eficacia depende en gran medida de la experiencia del operador y de la correcta visualización de la  
punta de la aguja y las estructuras anatómicas. (Lo Bianco et al., 2023)  
Además, presenta limitaciones técnicas, especialmente en la visualización de estructuras profundas o  
en pacientes con obesidad y cambios degenerativos. Aunque el ultrasonido mejora la seguridad del  
procedimiento, no elimina completamente las complicaciones, y se han descrito eventos como  
neumotórax, bloqueos nerviosos no deseados y posibles inyecciones intravasculares inadvertidas. (Lo  
Bianco et al., 2023)  
Las complicaciones pueden clasificarse de manera general en eventos menores y mayores. Entre los  
eventos menores se describen dolor en el sitio de punción, reacciones vasovagales, cefalea transitoria,  
parestesias o exacerbación temporal del dolor. Las complicaciones mayores, aunque poco frecuentes,  
pueden incluir infecciones profundas, hematomas epidurales, punción dural con cefalea postpunción  
o lesiones neurológicas. (Lo Bianco et al., 2023)  
El riesgo de estos eventos depende tanto del tipo de procedimiento realizado como de los factores de  
riesgo del paciente, como comorbilidades relevantes, obesidad, edad avanzada, alteraciones de la  
coagulación o uso de anticoagulantes y antecedentes de cirugía espinal previa, es por eso que es  
fundamental una evaluación clínica cuidadosa antes del procedimiento. (Lo Bianco et al., 2023)  
Las intervenciones dirigidas al dolor discogénico lumbar, como las técnicas intradiscales, presentan  
tasas de complicaciones bajas cuando se realizan bajo condiciones estériles y con adecuada técnica.  
La discitis infecciosa constituye la complicación más relevante en procedimientos intradiscales, con  
incidencias cercanas al 0.25%, mientras que otros eventos como lesión radicular, hemorragia o  
meningitis, herniación discal aguda o reacciones alérgicas al medio de contraste son raros. El riesgo  
puede aumentar cuando se emplean agujas de mayor calibre, presiones elevadas o procedimientos  
repetidos sobre el mismo disco. (Lo Bianco et al., 2023)  
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En el tratamiento intervencionista del dolor facetario lumbar y sacroilíaco, técnicas como los bloqueos  
articulares o la ablación por radiofrecuencia han demostrado un perfil de seguridad adecuado. Las  
complicaciones descritas suelen ser leves y autolimitadas, incluyendo dolor local, parestesias  
temporales o molestias en el trayecto del nervio tratado. (Yilmaz & Kucukbingoz, 2025) En las  
infiltraciones sacroilíacas también se han descrito reacciones vasovagales, prurito en el sitio de  
punción o exacerbación transitoria del dolor, mientras que la radiofrecuencia puede asociarse  
ocasionalmente con disestesia glútea transitoria o neuritis. (Correa-Illanes, 2020)  
Estudios comparativos han reportado tasas de complicaciones menores cercanas al 69%  
dependiendo de la técnica utilizada, sin evidencia de eventos adversos mayores en la mayoría de los  
casos. Esto respalda el uso de estas intervenciones como opciones terapéuticas seguras cuando se  
realizan por profesionales experimentados y bajo protocolos estandarizados. (Yilmaz & Kucukbingoz,  
2025)  
Limitaciones de Estudio  
Este trabajo corresponde a una revisión narrativa de la literatura y, por lo tanto, no sigue un proceso  
sistemático de selección y análisis de los estudios incluidos. Además, la evidencia disponible sobre  
algunas de las intervenciones descritas es variable en cuanto al diseño de los estudios, el tamaño de  
las muestras y el tiempo de seguimiento. Por esta razón, los hallazgos deben interpretarse tomando  
en cuenta estas limitaciones y la necesidad de más estudios que permitan fortalecer la evidencia  
actual.  
CONCLUSIONES  
El dolor lumbar degenerativo puede originarse en distintas estructuras anatómicas, entre ellas las  
articulaciones facetarias, la articulación sacroilíaca y el disco intervertebral, lo que hace fundamental  
establecer un diagnóstico preciso que permita orientar el manejo terapéutico. En este contexto, las  
técnicas diagnósticas guiadas por imagen y los bloqueos selectivos han adquirido un papel relevante,  
al facilitar la identificación de la fuente del dolor y una adecuada selección de los pacientes candidatos  
a tratamiento intervencionista.  
La radiología intervencionista se ha consolidado como una herramienta importante dentro del manejo  
escalonado del dolor lumbar crónico, al ofrecer alternativas terapéuticas mínimamente invasivas que  
pueden contribuir al alivio del dolor y a la mejoría funcional en pacientes con síntomas persistentes  
pese al tratamiento conservador. Sin embargo, los resultados dependen en gran medida de una  
adecuada correlación clínico-radiológica, de la selección apropiada de los pacientes y de la correcta  
ejecución técnica de los procedimientos.  
Aunque la evidencia disponible respalda el uso de estas intervenciones, especialmente en el dolor  
facetario y sacroilíaco, aún persisten limitaciones en la calidad y homogeneidad de algunos estudios.  
En el caso del dolor discogénico, las técnicas intradiscales representan una alternativa terapéutica  
prometedora, aunque la evidencia disponible sigue siendo limitada y requiere mayor validación clínica.  
Por ello, se requieren estudios adicionales con seguimiento a largo plazo que permitan fortalecer la  
evidencia disponible y optimizar las estrategias terapéuticas en el manejo del dolor lumbar  
degenerativo.  
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