Náusea y vómitos en el postoperatorio (NVPO): Revisión de  
Tema  
Postoperative nausea and vomiting (PONV): Topic Review  
Javier Ramírez Fonseca1  
Investigador Independiente  
Guanacaste Costa Rica  
Carolina Guevara Camargo  
Investigador Independiente  
Guanacaste Costa Rica  
Priscila Guevara Camargo  
Investigador Independiente  
Guanacaste Costa Rica  
Nicole Chavarría Naranjo  
Investigador Independiente  
San Jose – Costa Rica  
Diana Sofía Rodríguez Rodríguez  
Investigador Independiente  
San Jose – Costa Rica  
Artículo recibido: 22 de noviembre de 2025. Aceptado para publicación: 30 de marzo de 2026.  
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.  
Resumen  
Las náuseas y vómitos postoperatorios (NVPO) constituyen una de las complicaciones más  
frecuentes y desagradables en el periodo postoperatorio, con una incidencia aproximada de 2030 %  
en la población general y de hasta 7080 % en pacientes de alto riesgo. Su aparición depende de la  
interacción de múltiples factores de riesgo independientes o relacionados con el paciente, el  
procedimiento quirúrgico y la técnica anestésica utilizada. La fisiopatología de las NVPO es compleja  
y está mediada principalmente por la activación del complejo vagal dorsal en el tronco encefálico,  
compuesto por el área postrema, el núcleo del tracto solitario y el núcleo motor dorsal del vago. La  
estratificación del riesgo mediante escalas como el puntaje simplificado de Apfel, permite identificar  
pacientes con mayor probabilidad de desarrollar NVPO y orientar la profilaxis antiemética. Las  
estrategias de prevención se basan en la reducción del riesgo basal mediante técnicas anestésicas  
que minimicen el uso de agentes emetizantes, el empleo de analgesia multimodal con reducción de  
opioides y la utilización de anestesia total intravenosa con propofol o técnicas regionales cuando sea  
1 Autor de correspondencia.  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 2 p 898.  
posible.  
Palabras clave: NVPO, Apfel, Opioides, postoperatorio, emesis  
Abstract  
Postoperative nausea and vomiting (PONV) represents one of the most common and distressing  
complications in the postoperative period, with an estimated incidence of approximately 2030% in  
the general surgical population and up to 7080% in high-risk patients. Its occurrence results from the  
interaction of multiple independent or interrelated risk factors associated with the patient, the surgical  
procedure, and the anesthetic technique employed. The pathophysiology of PONV is complex and is  
primarily mediated by activation of the dorsal vagal complex in the brainstem, which includes the area  
postrema, the nucleus tractus solitarius, and the dorsal motor nucleus of the vagus. Risk stratification  
using predictive tools such as the simplified Apfel score allows clinicians to identify patients at  
increased risk for developing PONV and to guide the implementation of appropriate antiemetic  
prophylaxis. Preventive strategies focus on reducing baseline risk through anesthetic techniques that  
minimize exposure to emetogenic agents, the use of multimodal analgesia with opioid-sparing  
approaches, and the preferential use of total intravenous anesthesia (TIVA) with propofol or regional  
anesthesia techniques whenever feasible.  
Keywords: PONV, Apfel,Opioid, postoperative period, emesis  
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Cómo citar: Ramírez Fonseca, J., Guevara Camargo, C., Guevara Camargo, P., Chavarría Naranjo, N., &  
Rodríguez Rodríguez, D. S. (2026). Náusea y vómitos en el postoperatorio (NVPO): Revisión de Tema.  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 7 (2), 898 909.  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 2 p 899.  
INTRODUCCIÓN  
La náuseas y vómitos postoperatorios (NVPO) es el término utilizado para describir la náusea y/o  
vómito en el postoperatorio inmediato, ya sea en el área de recuperación o durante las primeras 24  
horas posteriores al procedimiento quirúrgico (Alves et al., 2024). Constituyen dos de los efectos  
adversos más frecuentes en el periodo postoperatorio con una incidencia de hasta 30% en la población  
general y hasta 80% en grupos de alto riesgo, además supone una experiencia angustiante y  
sumamente desagradable incluso siendo descrita como una entidad peor que el dolor postoperatorio  
(Zhong et al., 2024 Barash et al., 2023).  
No solo representa un efecto adverso negativo que afecta la calidad de vida del paciente, sino que  
también es un riesgo médico importante ya que puede resultar en aumento de la presión  
intraabdominal, aspiración de contenido gástrico, aumento de la presión venosa central y respuesta  
del Sistema Nervioso Central (SNC). Lo que puede producir complicaciones como dehiscencia de  
herida quirúrgica, desbalance electrolítico, elevación de presión intracraneal, neumonía por aspiración  
entre otros (Zhong et al., 2024 Barash et al., 2023).  
La optimización de las estrategias de prevención y tratamiento de la NVPO es un componente  
fundamental para mejorar la calidad perioperatoria. Esta revisión tiene como objetivo sintetizar la  
fisiopatología, los factores de riesgo y las estrategias para prevenir y tratar las NVPO basado en la  
evidencia científica y en las últimas guías.  
METODOLOGÍA  
Para la elaboración del presente artículo se realizó la búsqueda de revistas científicas y guías  
actualizadas en diferentes bases de datos como Google Scholar y PubMed, además de literatura y  
textos de referencia en anestesiología del 2002 para resumir los factores de riesgo, fisiopatología y  
presentación clínica de esta complicación postoperatoria. Se incluyeron artículos recientes publicados  
desde el año 2015 hasta la actualidad. Se extrajo toda la información clínicamente relevante para la  
confección de una revisión del tema completo y con una estructura ordenada para comprender,  
prevenir y tratar la NVPO así como citar los últimos avances y recomendaciones para su manejo en la  
actualidad.  
DESARROLLO  
Náusea y Vómitos en el Postoperatorio  
Fisiopatología  
La fisiopatología de NVPO viene de múltiples factores y está compuesta de diferentes procesos  
biológicos que aún no son comprendidos en su totalidad. Es generalmente aceptado que todos los  
centros para la náusea y el vómito se encuentran en la médula oblonga del cerebro y se componen de  
una serie de neuronas interconectadas. A diferencia de un centro único del vómito, estas neuronas se  
asocian con núcleos aislados diseminados por la médula, diversos neurotransmisores y hormonas. La  
náusea es una experiencia subjetiva y desagradable acompañada por la urgencia de vomitar y se cree  
que está causada inicialmente por la activación de conexiones nerviosas centrales y posteriormente  
una variedad de neurotransmisores se encargan de producir el reflejo. Se ha ha descubierto que el  
cortisol, la norepinefrina, la vasopresina, la 5-hidroxitriptamina (5-HT), la sustancia P, entre otros  
contribuyen al reflejo nauseosos (Zhu et al., 2025, Zhao & Zhong, 2025).  
El vómito corresponde al proceso de expulsión de contenido gastrointestinal y constituye un  
mecanismo de defensa fisiológico del organismo, en el cual intervienen células cromafines de la  
mucosa gastrointestinal, el sistema nervioso, las fibras del nervio vago y los nervios esplácnicos, los  
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cuales además participan en la formación de estímulos emetizantes. El centro del vómito se localiza  
en el tronco encefálico y está regulado por el complejo vagal dorsal que se compone por: el área  
postrema (AP), núcleo del tracto solitario (NTS) y el núcleo motor dorsal del vago (DMV) (Barash et al.,  
2023).  
El núcleo del tracto solitario y el área postrema actúan como los principales centros receptores ante  
los estímulos eméticos periféricos, estos responden de manera súbita a sustancias presentes en el  
plasma, sangre o LCR como metabolitos de fármacos o toxinas. Posteriormente se da la transducción  
de las sustancias a través de los receptores dopaminérgicos, serotoninérgicos (5-HT) neurocinina -1  
(NK1), acetilcolina, opioides entre otros. Por último, el núcleo motor dorsal del vago (DMV) conduce la  
actividad eferente a través de las fibras vagales, recibe la información procesada por el núcleo del  
tracto solitario (NTS) y coordina la respuesta motora gastrointestinal característica que concluye en el  
acto emético (Zhong et al., 2024, Urquhart & Gan, 2025).  
Factores de Riesgo y Estratificación  
Existen diversos factores para el desarrollo de NVPO en adultos, sin embargo, los factores principales  
se reducen a aquellos relacionados con el paciente, la cirugía y la anestesia (Zhao & Zhong, 2025). Los  
factores de riesgo más específicos para cada paciente para NVPO en adultos incluyen: ser del sexo  
femenino, antecedetnes de NVPO y/o cinetosis, no fumar y edad joven (Gan et al., 2020). Asimismo,  
existen diversos factores independientes que pueden intervenir con el desenlace de la NVPO.  
Los sistemas de puntaje para la NVPO han demostrado disminuir su incidencia a nivel institucional,  
además de ser muy útiles a la hora de la toma de decisiones terapéuticas. En la práctica clínica los  
modelos más empleados en pacientes hospitalizados sometidos a anestesia son el de Koivuranta y,  
principalmente, el puntaje simplificado de Apfel. Este se fundamenta en cuatro predictores clínicos:  
sexo femenino, antecedente de NVPO y/o cinetosis, condición de no fumador y uso previsto de  
opioides en el postoperatorio. La posibilidad de presentar NVPO aumenta conforme el número de  
factores presentes, estimándose en 10%, 20%, 40%, 60% y 80%; cuando se identifican 0, 1, 2, 3 y 4  
factores de riesgo respectivamente. En base a esta estratificación los pacientes se clasifican en  
categorías de riesgo bajo, intermedio y alto (0-1 factores, 2 factores, 3 o más factores respectivamente)  
lo que permite individualizar la profilaxis antiemética (Gan et al., 2020).  
Aunque estos factores presentan un enfoque objetivo para estimar la incidencia de la NVPO su  
sensibilidad y especificidad se sitúan en un rango de aproximadamente 65-70%, lo que sugiere que no  
poseen una capacidad predictiva absoluta. Por lo tanto, se ha propuesto la administración sistemática  
de uno o incluso dos antieméticos profilácticos en pacientes sometidos a anestesia general. En la  
práctica, los puntajes se utilizan como herramientas que orienten a una profilaxis adecuada, sobre todo  
en escenarios en el que la emesis pueda implicar consecuencias clínicamente relevantes (Urquhart &  
Gan, 2025, Gan et al., 2020). A continuación, se desarrollará con mayor profundidad el análisis de los  
tres principales factores de riesgo.  
Tabla 1  
Puntuación de riesgo simplificada en adultos de Apfel et al., para predecir el riesgo de NVPO del paciente  
(Urquhart & Gan, 2025)  
Factor de Riesgo  
Puntos  
Riesgo de NVPO (%)5)  
Ninguno  
Sexo Femenino  
Antecedentes de NVPO o cinetosis  
No fumador  
Uso esperado de opioides perioperatorios  
0
1
1
1
1
10%  
20%  
40%  
60%  
80%  
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Nota: Los factores de riesgo 0, 1, 2, 3 y 4 corresponden a riesgos de NVPO de aproximadamente el 10  
%, 20 %, 40 %, 60 % y 80 %, respectivamente.  
Fuente: elaboración propia.  
Tabla 2  
Puntuación de riesgo simplificada en niños de Apfel et al., para predecir el riesgo de NVPO del paciente  
(Urquhart & Gan, 2025)  
Factor de Riesgo  
Punto por  
factor  
No. de factores de  
Riesgo de NVPO  
riesgo  
(%)  
10  
10  
30  
50  
70  
Ninguno  
0
1
2
3
4
Cirugía de estrabismo  
Duración de > 30 min de cirugía  
Edad > 3 años  
Historia previa de NVPO o en  
hermanos  
1
1
1
1
Nota: Puntaje de riesgo de vómito postoperatorio (NVPO) en población pediátrica.Con nuevas  
perspectivas sobre la fisiopatología y los factores de riesgo de las náuseas y vómitos postoperatorios.  
Fuente: elaboración propia.  
Factores Relacionados con el Paciente  
Los factores de riesgo dependientes del paciente son los que incluyen una edad menor de 50 años,  
sexo femenino, condición de no fumador, antecedente de náuseas y vómitos postoperatorios (NVPO),  
historia de cinetosis o ambos, así como el uso de opioides en el período postoperatorio. Constituyen  
predictores clínicos bien establecidos y forman parte de los principales modelos de estratificación de  
riesgo (Urquhart & Gan, 2025). El hábito tabáquico, paradójicamente, se asocia con una menor  
incidencia de NVPO. Se ha propuesto que la exposición crónica al humo del tabaco y sus compuestos  
como la nicotina y otros productos tóxicos genera cierto grado de adaptación neuroquímica. Por otra  
parte , el tabaquismo induce enzimas hepáticas, particularmente el sistema citocromo P450, lo que  
puede acelerar el metabolismo de diversos agentes anestésicos y reducir potencialmente sus efectos  
emetógenos (Urquhart & Gan, 2025).  
La clasificación del estado físico de la persona según la American Society of Anesthesiologists (ASA),  
la presencia de ansiedad preoperatoria, antecedentes de náuseas y/o vómitos no relacionados con  
experiencias perioperatorias previas, así como historia previa de migraña, han sido descritos como  
factores potencialmente asociados con el desarrollo de náuseas y vómitos postoperatorios (NVPO).  
No obstante, la magnitud de su contribución varía entre estudios y su papel como predictores  
independientes continúa siendo objeto de análisis en la literatura reciente demostrando tener  
relevancia clínica limitada o nula en la aparición de NVPO (Zhao & Zhong, 2025, Gan et al., 2020).  
En población pediátrica, la incidencia de NVPO se sitúa aproximadamente entre 40% y 45%. Antes de  
la pubertad la probabilidad de presentar NVPO es similar en niños y niñas mayores de tres años. Sin  
embargo, tras la pubertad la incidencia en mujeres aumenta significativamente alcanzando una  
frecuencia aproximadamente tres veces mayor que en varones, lo que sugiere una influencia hormonal  
en la susceptibilidad genética (Urquhart & Gan, 2025, Gan et al., 2020).  
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Factores Relacionados con la Cirugía  
La agresión tisular inherente al acto quirúrgico y la respuesta inflamatoria subsecuente pueden inducir  
la liberación local de diversos mediadores proinflamatorios, entre ellos la sustancia P, factor de  
necrosis tumoral alfa (TNF-α), serotonina (5-HT) e interleucina-6 (IL-6). Este fenómeno puede  
incrementar la expresión intestinal de serotonina y potenciar la excitabilidad del plexo mesentérico y  
de las fibras aferentes vagales, lo que a su vez activa las vías centrales implicadas en el reflejo emético  
(Urquhart & Gan, 2025).  
El impacto del sitio quirúrgico y del abordaje empleado sobre la incidencia de NVPO es variable y  
depende del tipo de procedimiento. Se ha descrito una mayor frecuencia de NVPO en cirugías como  
colecistectomía, procedimientos laparoscópicos, cirugía ginecológica, abdominal, maxilofacial,  
oftalmológica  
y
neuroquirúrgica. Estas intervenciones comparten características como la  
manipulación visceral, estimulación peritoneal o aumento de presión intracraneal o intraabdominal,  
factores que pueden amplificar la activación de aferencias vagales y centrales. Asimismo, la duración  
del procedimiento constituye un determinante relevante, se ha observado que el riesgo de NVPO  
aumenta aproximadamente un 60% por cada 30 minutos adicionales de cirugía, lo que sugiere una  
relación directa entre tiempo de exposición a estímulos quirúrgicos y anestésicos y la probabilidad de  
desarrollar síntomas eméticos en el postoperatorio (Zhong et al., 2024).  
Factores Relacionados con la Anestesia  
Se encontró que los pacientes sometidos a anestesia general presentaban un riesgo hasta nueve veces  
mayor de desarrollar náuseas y vómitos postoperatorios (NVPO) en comparación con aquellos que  
recibieron anestesia local. Este incremento se atribuyó principalmente a los agentes anestésicos  
utilizados durante la anestesia general (Zhao & Zhong, 2025). Analizaremos los agentes clínicamente  
más relevantes para la aparición de la NVPO.  
Opioides: Los opioides constituyen uno de los pilares fundamentales de la analgesia peri y  
postoperatoria debido a su eficacia para atenuar la respuesta al estrés quirúrgico y desempeñar una  
labor fundamental en la analgesia del paciente. No obstante, su empleo se asocia de manera  
significativa con el desarrollo NVPO lo que los posiciona como uno de los factores de riesgo  
independientes más relevantes en la práctica anestésica (Gan et al., 2020, Zhao & Zhong, 2025).  
Estudios experimentales han demostrado que los opioides pueden estimular directamente el área  
postrema (AP) y el núcleo del tracto solitario (NTS) a nivel central activando el reflejo emético. A nivel  
periférico, la estimulación de receptores μ en el tracto gastrointestinal inhibe la liberación de  
acetilcolina en el plexo mesentérico, lo que disminuye el tono de la musculatura lisa y reduce el  
peristaltismo intestinal produciendo distensión gástrica y retraso en el vaciamiento gástrico como  
consecuencia. Estas señales aferentes son transmitidas a través del nervio vago hacia el sistema  
nervioso central, contribuyendo al desarrollo de NVPO (Zhao & Zhong, 2025).  
La hematemesis producida por los opioides es claramente dosis dependiente, lo que refuerza la  
importancia de estrategias dirigidas a utilizar estos fármacos con precaución en el periodo  
perioperatorio. Desde un enfoque fisiopatológico y clínico, la disminución en la exposición a opioides  
puede traducirse en una menor incidencia de NVPO. En este sentido, la combinación de anestesia  
general con técnicas regionales, como bloqueos de nervios periféricos o anestesia/analgesia  
neuroaxial, permite reducir los requerimientos de opioides (Zhao & Zhong, 2025, Gan et al., 2020).  
Por otra parte, la implementación de la analgesia multimodal mediante drogas coadyuvantes como la  
ketamina, AINES, dexmedetomidina o lidocaína intravenosa ha demostrado disminuir el uso de  
opioides en el perioperatorio, minimizando así la incidencia de esta variable para el desarrollo de la  
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emesis. Estudios recientes y ensayos clínicos aleatorizados se han realizado en los últimos años  
indicando que la anestesia libre de opioide (OFA) disminuye levemente la incidencia de NVPO y el uso  
de antieméticos (Zhao & Zhong, 2025, Apfel et al., 2002).  
Anestésicos Inhalados: Los anestésicos inhalados, incluyendo el óxido nitroso (NO) y los agentes  
volátiles como isoflurano, sevoflurano y desflurano son reconocidos como una de las principales  
causas de NVPO en el periodo perioperatorio temprano, particularmente en las primeras 1-2 horas. Se  
ha observado que la incidencia de NVPO en pacientes expuestos a anestesia inhalatoria es  
aproximadamente 1,8 veces mayor en comparación con aquellos que reciben otras técnicas  
anestésicas, especialmente entre las 2 y 6 horas posteriores a la cirugía (Zhao & Zhong, 2025. Gan et  
al., 2020).  
El efecto emetógeno del óxido nitroso se ha relacionado debido a que puede interactuar con receptores  
centrales dopaminérgicos y opioides lo que produce la activación del reflejo emético. Además, puede  
alterar la presión en el oído medio, estimulando el sistema vestibular y distensión del tracto  
gastrointestinal, lo que contribuye a la activación de aferencias vagales (Zhao & Zhong, 2025).  
En estudios experimentales, se ha demostrado que los anestésicos volátiles incrementan la expresión  
de c-Fos (un marcador de activación neuronal) en el área postrema, lo que sugiere una estimulación  
directa de la zona gatillo quimiorreceptora. Además, se ha evidenciado que estos agentes pueden  
potenciar la función de los receptores serotoninérgicos 5-HT3, mecanismo que también participa en la  
génesis de NVPO (Zhao & Zhong, 2025). Es importante de nuevo destacar que el riesgo de NVPO se  
correlaciona de manera dosis-dependiente con la exposición a anestésicos inhalatorios. Algunos  
expertos recomiendan evitar o limitar el uso de anestésicos inhalados en pacientes con alto riesgo de  
NVPO, favoreciendo técnicas alternativas como la anestesia total intravenosa cuando esté  
clínicamente indicado.  
Anestésicos Intravenosos: El propofol es uno de los anestésicos intravenosos más utilizados en la  
práctica clínica y ejerce su acción a nivel de las estructuras centrales implicadas en el control del reflejo  
emético por lo tanto se considera que el propofol posee propiedades antieméticas intrínsecas, lo que  
le confiere un efecto protector frente a la aparición de náuseas y vómitos postoperatorios (NVPO),  
estudios han demostrado que, en comparación con la anestesia inhalatoria, la anestesia total  
intravenosa (TIVA) basada en propofol reduce de manera significativa el riesgo de NVPO (Zhao &  
Zhong, 2025). Asimismo, se ha evaluado la administración de propofol en dosis subhipnóticas en  
combinación con antieméticos convencionales observándose una reducción significativa en la  
incidencia de NVPO, sin embargo, este efecto parece ser transitorio, ya que la tasa de recurrencia de  
los síntomas eméticos en etapas posteriores del postoperatorio puede ser elevada (Erdem et al., 2008).  
La dexmedetomidina es un agonista selectivo de los receptores α2 adrenérgicos y ha demostrado  
reducir la incidencia de NVPO mediante la disminución de la liberación de norepinefrina y la atenuación  
del tono simpático. La administración preoperatoria de dexmedetomidina en dosis de 1 μg/kg no sólo  
contribuye a un mejor control del dolor tras colecistectomía laparoscópica, sino que también reduce la  
incidencia de NVPO. En estudios comparativos, su eficacia ha sido similar a la observada con  
dexametasona intravenosa 8 mg, sin diferencias estadísticamente significativas entre ambos  
fármacos (21 % vs. 28 %; p > 0,05). (Bakri et al., 2015)  
Relacionado a otros anestésicos intravenosos, como ketamina, etomidato y tiopental, se ha sugerido  
tradicionalmente una posible asociación con mayor riesgo de NVPO. Sin embargo, metaanálisis  
recientes indican que el uso perioperatorio de ketamina o esketamina (enantiómero S de la ketamina)  
no incrementa la incidencia de NVPO. Por el contrario, estos agentes pueden aportar beneficios  
adicionales, incluyendo analgesia, efecto anti hiperalgésico, mejoría del estado psicológico y  
favorecimiento de la recuperación en el período postoperatorio temprano (Hung et al. 2024).  
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ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 2 p 904.  
Bloqueadores Neuromusculares: Aunque los bloqueadores neuromusculares no despolarizantes no  
se asocian directamente con la aparición NVPO, su reversión farmacológica puede influir en el riesgo  
emetógeno. En particular, su antagonista, neostigmina ha sido vinculada con un aumento en la  
incidencia de la emesis especialmente cuando se emplea a dosis elevadas. Se ha observado que dosis  
superiores a 2,5 mg por cada 70 kg de peso corporal se asocia con una mayor necesidad de  
antieméticos de rescate en el período postoperatorio. (Gan et al. 2020)  
Prevención y Tratamiento  
Estrategias para Disminuir el Riesgo Basal de NVPO  
Existen diversas estrategias para evitar el riesgo basal de NVPO. Según las guías actuales (Gan et al.  
2020), entre las estrategias recomendadas se encuentran principalmente: (1) La reducción del uso  
perioperatorio de opioides mediante esquemas de analgesia multimodal, (2) el empleo preferencial de  
anestesia regional cuando esté clínicamente indicado, (3) la utilización de infusiones de propofol como  
agente anestésico principal, (4) evitar el uso de anestésicos inhalados y (5) la adecuada hidratación en  
pacientes sometidos a cirugía ambulatoria (6). En las últimas guías sobre NVPO uno de los cambios  
más relevantes es la recomendación de emplear profilaxis multimodal en pacientes que presenten uno  
o más factores de riesgo. Esta modificación se fundamenta en la inquietud por la profilaxis insuficiente  
observada en la práctica (Gan et al. 2020).  
Fármacos Utilizados en la Profilaxis y el Tratamiento de las NVPO  
Existen distintas opciones farmacológicas disponibles para la NVPO. Estos medicamentos pueden  
clasificarse según su mecanismo de acción en varias categorías entre las que se incluyen antagonistas  
de los receptores serotoninérgicos 5-HT3, antagonistas de los receptores de neuroquinina-1 (NK1),  
glucocorticoides, antagonistas dopaminérgicos, agentes anticolinérgicos y antihistamínicos.  
Antagonistas de los Receptores 5-HT3. La familia de receptores serotoninérgicos (5-HT) comprende 7  
distintos tipos de receptores, de los cuales el receptor 5-HT3 desempeña un papel central en la  
inducción del vómito. Los 5-HT3 son canales iónicos activados por ligando y su estimulación genera  
potenciales postsinápticos excitatorios con una rápida despolarización neuronal, favoreciendo la  
entrada masiva de calcio intracelular. Este incremento del calcio en el citoplasma promueve la  
liberación de neurotransmisores  
y
péptidos con potencial emetógeno, como dopamina,  
colecistoquinina, sustancia P, glutamato, acetilcolina e incluso el mismo 5-HT (Zhu et al., 2020).  
Dentro de esta familia, el ondansetrón continúa siendo el antagonista 5-HT3 con mayor respaldo en la  
literatura y se considera el “gold standard” para el tratamiento de NVPO. Entre los otros antagonistas  
5-HT3 disponibles se encuentran dolasetrón, granisetrón y tropisetrón ademas del palonosetrón el cual  
es considerado un antagonista de segunda generación y presenta características farmacodinámicas y  
farmacocinéticas distintivas. Este tiene una vida media prolongada cercana a 40 horas y muestra  
propiedades como unión alostérica, internalización del receptor y posible coantagonismo parcial sobre  
receptores NK1, lo que podría explicar su eficacia superior en la prevención tanto de vómito agudo  
como tardío (Zhu et al., 2020).  
En cuanto a seguridad, comparte con otros antagonistas 5-HT3 efectos adversos potenciales como  
cefalea, mareo, estreñimiento, taquicardia, prolongación del intervalo QTc y síndrome serotoninérgico.  
Sin embargo, se considera que no presenta un riesgo clínicamente significativo de prolongación del  
QTc. Por el contrario, el ondansetrón ha recibido advertencias regulatorias por parte de la FDA debido  
a su asociación con prolongación del QTc y posibles complicaciones cardíacas graves. En este  
contexto, el palonosetrón podría ofrecer ventajas tanto en eficacia como en perfil de seguridad frente  
al ondansetrón (Rojas et al., 2014 Zhao & Zhong, 2025).  
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Antagonistas de los Receptores NK1: Los receptores de neuroquinina-1 (NK1) se encuentran  
distribuidos en las regiones centrales y periféricas implicadas en la fisiopatología de la emesis. La  
sustancia P, ligando endógeno de estos receptores, desempeña un papel fundamental como mediador  
clave del reflejo emético. Los antagonistas de los receptores NK1 ejercen su efecto antiemético  
mediante la unión competitiva a estos receptores bloqueando así la acción de la sustancia P. Pueden  
resultar particularmente útiles en contextos donde el vómito postoperatorio representa un riesgo  
clínico significativo, como en cirugía gástrica o neuroquirúrgica (Zhao & Zhong, 2025. Gan et al., 2020).  
El aprepitant es el representante más conocido de esta clase farmacológica y se utiliza ampliamente  
en la prevención y el tratamiento del vómito inducido por quimioterapia altamente emetógena. En el  
ámbito perioperatorio, diversos estudios clínicos han demostrado que los antagonistas NK1 también  
son eficaces en la prevención de náuseas y vómitos postoperatorios (NVPO). La administración de  
aprepitant 40 mg por vía oral ofrece una eficacia preventiva comparable a palonosetrón 0,075 mg  
intravenoso en la profilaxis de NVPO. Asimismo, dosis orales de 40 y 80 mg han mostrado superioridad  
frente a ondansetrón en la reducción del vómito. Por su parte, el fosaprepitant 150 mg intravenoso,  
también ha demostrado mayor eficacia que ondansetrón. Las últimas guías de manejo de NVPO  
recomiendan administrar aprepitant 40 mg vía oral antes de la inducción de la anestesia (Zhao & Zhong,  
2025. Gan et al., 2020).  
Glucocorticoides: Los glucocorticoides han sido durante mucho tiempo fundamentales en la profilaxis  
y el manejo de la (NVPO). Su mecanismo de acción no se comprende completamente, se considera  
que está relacionado con la inhibición de la liberación de mediadores inflamatorios y con un posible  
efecto directo sobre las estructuras centrales implicadas en el control del vómito. Entre los fármacos  
más utilizados se encuentran la dexametasona y la metilprednisolona. Las dosis habitualmente  
recomendadas para profilaxis antiemética son dexametasona 48 mg intravenosa o metilprednisolona  
40 mg intravenosa, administradas generalmente al inicio del acto anestésico (Zhao & Zhong, 2025. Gan  
et al., 2020).  
Además de su efecto preventivo sobre NVPO, la dexametasona administrada en el intraoperatorio ha  
demostrado beneficios adicionales en el control del dolor agudo postoperatorio. De igual manera, la  
evidencia disponible sugiere que su uso en dosis profilácticas no se asocia con un incremento  
significativo del riesgo de infección del sitio quirúrgico ni con alteraciones clínicamente relevantes de  
elevación de glucosa en sangre (Corcoran et al., 2023).  
Antagonistas de los Receptores Dopaminérgicos: Varios estudios experimentales han demostrado  
que los receptores dopaminérgicos D2 y D3 participan de manera relevante en la mediación del reflejo  
emético. En la práctica clínica, los antagonistas de los receptores dopaminérgicos tipo D2 se agrupan  
en tres categorías principales: butirofenonas (droperidol y haloperidol), fenotiazinas (clorpromazina) y  
benzamidas (amisulprida). Estos fármacos pueden emplearse tanto en la profilaxis como en el  
tratamiento de rescate del vómito inducido por diversos estímulos emetógenos, especialmente en  
pacientes que no han respondido adecuadamente a medidas preventivas iniciales. Las dosis  
habitualmente utilizadas incluyen haloperidol 0,52,5 mg (con duración aproximada de 34 horas),  
droperidol 0,6251,25 mg, con advertencia por parte de la FDA debido al riesgo de prolongación del  
QT), y amisulprida 510 mg. Es importante considerar que su uso excesivo puede asociarse con  
sedación significativa y efectos extrapiramidales, como distonía aguda o acatisia. (Zhao & Zhong,  
2025.)  
Anticolinérgicos: La acetilcolina es un neurotransmisor implicado en la fisiopatología del vómito y  
fármacos que interfieren con su metabolismo y pueden también influir en la generación de la emesis.  
Los agentes anticolinérgicos actúan bloqueando receptores muscarínicos e inhibiendo la acción de la  
acetilcolina. Entre los más utilizados se encuentran la escopolamina  
y
la penehiclidina,  
tradicionalmente indicados en la prevención de náuseas y vómitos asociados a cinetosis. En el ámbito  
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ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 2 p 906.  
perioperatorio, tanto la escopolamina transdérmica como la penehiclidina han demostrado eficacia en  
la prevención de NVPO pero su uso requiere vigilancia debido a sus potenciales efectos adversos. Entre  
los más frecuentes se encuentran manifestaciones centrales como somnolencia, desorientación e  
incluso delirium en pacientes adultos mayores. A nivel gastrointestinal y genitourinario pueden producir  
xerostomía intensa, retención urinaria y estreñimiento que podría progresar a íleo paralítico. Desde el  
punto de vista cardiovascular, pueden inducir taquicardia sinusal. Están contraindicados en pacientes  
con glaucoma por el riesgo de aumento de la presión intraocular (Zhao & Zhong, 2025. Gan et al., 2020).  
Antihistamínicos: Los efectos fisiológicos de la histamina se ejercen a través de cuatro tipos de  
receptores siendo la activación de los receptores H1 a nivel del tronco encefálico un mecanismo clave  
en el vómito inducido por movimiento. Los antagonistas H1, como prometazina y difenhidramina, se  
utilizan habitualmente para el manejo de náuseas y vómitos secundarios a cinetosis. No obstante, su  
empleo como monoterapia en la profilaxis o tratamiento de NVPO es limitado en la práctica clínica  
actual. Estudios observacionales recientes han explorado el uso de difenhidramina en dosis bajas  
(12,520 mg intravenosa) como parte de esquemas antieméticos multimodales, mostrando resultados  
prometedores. Se ha planteado que su beneficio podría derivar no sólo de su efecto antihistamínico,  
sino también de un leve efecto anticolinérgico que, a bajas dosis, no se asocia con los efectos adversos  
típicos de otros anticolinérgicos como la escopolamina. Sin embargo, aún resulta difícil determinar con  
precisión el peso relativo de cada uno de estos mecanismos en la reducción observada de NVPO (Zhu  
et al., 2020).  
CONCLUSIÓN  
Las náuseas y vómitos postoperatorios (NVPO) constituyen una complicación multifactorial  
determinada por la interacción de factores independientes como lo son el paciente, el procedimiento  
quirúrgico y la técnica anestésica. Si bien muchos factores propios del paciente o del tipo de cirugía  
no son modificables, los factores anestésicos y farmacológicos sí pueden optimizarse. La reducción  
del uso de anestésicos inhalados y opioides, así como la implementación de anestesia total  
intravenosa (TIVA) y técnicas regionales, representan estrategias efectivas para disminuir el riesgo de  
NVPO. Los sistemas de estratificación, como el puntaje de Apfel, han permitido estandarizar la  
evaluación del riesgo y reducir la incidencia institucional aunque como es común con escalas y  
puntajes de esta naturaleza, posee limitaciones clínicas al no incorporar de manera integral variables  
como exposición repetida a opioides, ansiedad perioperatoria o variaciones hormonales. Las guías de  
consenso actualizadas recomiendan actualmente profilaxis multimodal en adultos con uno o más  
factores de riesgo, utilizando fármacos de diferentes clases a dosis mínimas efectivas y adaptando la  
elección terapéutica a las características del paciente y a la disponibilidad institucional. El manejo de  
las NVPO forma parte esencial de los protocolos de recuperación mejorada (ERAS). A nivel institucional  
futuras estrategias y esfuerzos deberían ser orientados hacia modelos de predicción mediante  
herramientas de inteligencia artificial e integración de datos multimodales y multicéntricos.  
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ISSN en línea: 2789-3855, marzo, 2026, Volumen VII, Número 2 p 907.  
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