Tumores óseos en pediatría: Claves para el diagnóstico  
temprano y su impacto en el pronóstico  
Bone tumors in pediatrics: Keys to early diagnosis and their impact on  
prognosis  
Darwin Antonio Maldonado Maldonado1  
Universidad de las Américas  
Quito Ecuador  
Diana Carolina Velín Pereira  
Universidad Central del Ecuador  
Quito Ecuador  
Gustavo Alejandro Reyes Asmal  
Universidad de las Américas  
Quito Ecuador  
Marcelo Alexis Tobar Arcentales  
Universidad de las Américas  
Esmeraldas Ecuador  
Aylín Carolina Andrade Ponce  
Escuela Superior Politécnica de Chimborazo  
Riobamba Ecuador  
María Isabel Peña Rosas  
Universidad del Azuay  
Quito Ecuador  
Artículo recibido: 28 de noviembre de 2025. Aceptado para publicación: 04 de abril de 2026.  
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.  
Resumen  
Los tumores óseos en pediatría son un grupo heterogéneo de lesiones neoplásicas primarias del  
hueso que aparecen en niños y adolescentes, originadas en tejido óseo, cartilaginoso o estromal, y  
que pueden ser benignas o malignas según su comportamiento biológico, capacidad de crecimiento  
local, destrucción ósea y potencial metastásico. El diagnóstico temprano requiere radiografía inicial,  
resonancia magnética para estadificación local, tomografía de tórax para metástasis y biopsia  
planificada en centros especializados. El objetivo principal es revisar la evidencia disponible sobre los  
1 Autor de correspondencia.  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 204.  
tumores óseos en pediatría, incluyendo su clasificación, factores de riesgo, manifestaciones clínicas,  
abordaje diagnóstico y repercusión pronóstica, con el fin de identificar los elementos que favorecen  
un diagnóstico temprano y un manejo oportuno. Entre junio 2025 y enero del 2026 realizamos una  
búsqueda bibliográfica sobre los tumores óseos en pediatría, las claves para el diagnóstico temprano  
y su impacto en el pronóstico. La búsqueda se efectuó en las bases de datos PubMed, Scopus y Web  
of Science. Los tumores óseos en pediatría requieren alta sospecha clínica, ya que sus  
manifestaciones iniciales suelen ser inespecíficas y pueden retrasar el diagnóstico. La identificación  
temprana y el abordaje especializado mejoran el pronóstico oncológico, funcional y la calidad de vida  
del paciente.  
Palabras clave: neoplasias óseas, diagnóstico precoz, pronóstico, tasa de supervivencia  
Abstract  
Bone tumors in pediatrics (TOP) are a heterogeneous group of primary neoplastic lesions of bone that  
occur in children and adolescents. These tumors originate in bone, cartilage, or stromal tissue and can  
be benign or malignant depending on their biological behavior, local growth capacity, bone destruction,  
and metastatic potential. Early diagnosis requires initial radiography, magnetic resonance imaging for  
local staging, chest computed tomography for metastasis, and planned biopsy at specialized centers.  
The main objective of this study is to review the available evidence on bone tumors in pediatrics,  
including their classification, risk factors, clinical manifestations, diagnostic approach, and prognostic  
impact, in order to identify the elements that promote early diagnosis and timely management.  
Between June 2025 and January 2026, we conducted a literature search on bone tumors in pediatrics,  
the keys to early diagnosis, and their impact on prognosis. The search was conducted in the PubMed,  
Scopus, and Web of Science databases. Bone tumors in pediatrics require a high index of clinical  
suspicion, as their initial manifestations are often nonspecific and can delay diagnosis. Early  
identification and specialized management improve the oncological and functional prognosis, as well  
as the patient's quality of life.  
Keywords: bone neoplasms, early diagnosis, prognosis, survival rate  
Todo el contenido de LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades,  
publicado en este sitio está disponibles bajo Licencia Creative Commons.  
Cómo citar: Maldonado Maldonado, D. A., Velín Pereira, D. C., Reyes Asmal, G. A., Tobar Arcentales,  
M. A., Andrade Ponce, A. C., & Peña Rosas, M. I. (2026). Tumores óseos en pediatría: Claves para el  
diagnóstico temprano y su impacto en el pronóstico. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias  
Sociales y Humanidades 7 (2), 204 220. https://doi.org/10.56712/latam.v7i2.5625  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 205.  
INTRODUCCIÓN  
La oncología ortopédica pediátrica enfrenta un problema clínico frecuente: los tumores óseos en niños  
y adolescentes, los cuales suelen iniciar con manifestaciones comunes (dolor localizado, cojera,  
disminución del rendimiento deportivo, molestia periarticular, entre otros) que imitan entidades  
benignas y retrasan la sospecha diagnóstica. La evidencia reciente muestra que los niños y jóvenes  
con tumores óseos experimentan intervalos prediagnósticos prolongados en comparación con otros  
cánceres pediátricos, lo que puede traducirse en mayor morbilidad (fracturas patológicas, dolor severo,  
limitación funcional), tratamientos más complejos y, en contextos de sarcomas óseos, peor perfil  
pronóstico cuando existe enfermedad metastásica evidente al debut. Una revisión sistemática  
contemporánea enfocada en la presentación clínica de tumores óseos en población pediátrica destaca  
precisamente la persistencia de intervalos diagnósticos largos y la necesidad de intervenciones para  
acelerar el diagnóstico, subrayando además la limitada disponibilidad de datos modernos de alta  
calidad sobre sintomatología (Lacobellis, 2024).  
En términos epidemiológicos, aunque la mayoría de lesiones óseas en edad pediátrica son benignas,  
el grupo con mayor impacto por agresividad y riesgo vital corresponde a los sarcomas óseos,  
principalmente osteosarcoma y sarcoma de Ewing. Su relevancia clínica radica en tres hechos: 1) Se  
concentran en etapas de crecimiento acelerado (preadolescencia y adolescencia), 2) Pueden debutar  
con síntomas que no siempre generan alarma en atención primaria, y 3) La supervivencia y la función  
a largo plazo dependen de una secuencia diagnóstica-terapéutica correcta, coordinada y sin demoras  
evitables. En este marco, guías de alta evidencia y consenso internacional recientes mantienen como  
estándar que el abordaje inicial ante sospecha de sarcoma óseo debe incluir evaluación por equipos  
multidisciplinarios, con protocolos definidos de imagen, estadificación y biopsia planificada, para no  
comprometer márgenes quirúrgicos ni opciones de preservación de extremidad (Biermann, 2025).  
El diagnóstico temprano no solo significa “diagnosticar antes”, sino “diagnosticar bien desde el inicio”.  
La radiografía simple sigue siendo la puerta de entrada más costo-efectiva y determinante para  
sospechar agresividad (patrón lítico permeativo, destrucción cortical, reacción perióstica agresiva,  
masa de partes blandas). Sin embargo, la evidencia y recomendaciones actuales enfatizan que, una  
vez sospechada una lesión agresiva, la resonancia magnética (RM) es esencial para la estadificación  
local (extensión intramedular, partes blandas, relación con paquetes neurovasculares, articulación y  
compartimentos), mientras que la tomografía (CT) de tórax continúa siendo el estándar para detectar  
metástasis pulmonares en sarcomas óseos. Además, las estrategias contemporáneas de  
estadificación incorporan con mayor frecuencia imágenes de cuerpo completo (por ejemplo,  
Tomografía por Emisión de Positrones y la Tomografía Computarizada (PET/CT) o RM de cuerpo  
completo según disponibilidad y protocolo), dado que complementan la detección de diseminación  
ósea o extraósea y mejoran la estratificación de riesgo (Fritz, 2024).  
Un punto crítico que la evidencia reciente remarca con fuerza es la biopsia. En tumores óseos  
pediátricos sospechosos de malignidad, el trayecto de biopsia y el tipo de muestra no son detalles  
técnicos menores: influyen directamente en la posibilidad de resección adecuada y en el riesgo de  
“contaminación” de compartimentos. Por ello, los documentos de consenso y revisiones técnicas  
actuales recomiendan que la biopsia se planifique como parte del tratamiento, idealmente en centros  
con experiencia en sarcomas, y que el procedimiento asegure material suficiente para histopatología,  
inmunohistoquímica y análisis moleculares (particularmente relevante en sarcoma de Ewing y  
entidades similares), evitando procedimientos no planificados que puedan limitar cirugía conservadora  
o aumentar la morbilidad (Zöllner, 2021).  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 206.  
METODOLOGÍA  
Se realizó una revisión bibliográfica narrativa entre junio de 2025 y enero de 2026, con el objetivo de  
analizar la evidencia científica reciente sobre los tumores óseos en pediatría, las claves para el  
diagnóstico temprano y su impacto en el pronóstico. La búsqueda se efectuó en las bases de datos  
PubMed, Scopus y Web of Science. Se utilizaron términos MeSH y palabras clave libres en español e  
inglés, entre ellas: “Bone Neoplasms”, “Child”, “Adolescent”, “Early Diagnosis”, “Diagnostic Imaging”,  
“Biopsy”, “Prognosis”, “Survival Rate”, “Osteosarcoma” y “Ewing Sarcoma”, además de combinaciones  
como pediatric bone tumors, diagnostic delay y functional outcome, empleando operadores booleanos  
AND y OR.  
Se incluyeron artículos originales, revisiones sistemáticas, metaanálisis, revisiones narrativas, estudios  
prospectivos, retrospectivos y series clínicas recientes, publicados en inglés, con prioridad para  
estudios de los últimos 5 años y con niveles de evidencia IIII. Los criterios de inclusión consideraron  
investigaciones en pacientes pediátricos y adolescentes con tumores óseos benignos o malignos, que  
abordaran aspectos de epidemiología, presentación clínica, métodos diagnósticos, retraso  
diagnóstico, pronóstico oncológico o funcional. Se excluyen publicaciones duplicadas, reportes de  
caso aislados, estudios centrados exclusivamente en población adulta, artículos sin acceso a texto  
completo y trabajos con escasa relación con el objetivo de la revisión. La selección de los estudios se  
realizó mediante revisión de títulos y resúmenes, seguida de lectura completa de los textos  
potencialmente elegibles.  
Las variables analizadas incluyeron edad, sexo, tipo tumoral, localización anatómica, síntomas clínicos  
iniciales, métodos diagnósticos empleados, intervalo hasta el diagnóstico, presencia de metástasis,  
evolución clínica y pronóstico funcional. La información fue sintetizada de forma descriptiva y  
comparativa, priorizando la evidencia más actual, relevante y metodológicamente sólida.  
DESARROLLO  
Tumores óseos en pediatría (TOP)  
Los TOP son un grupo heterogéneo de lesiones neoplásicas primarias del hueso que aparecen en niños  
y adolescentes, originadas en tejido óseo, cartilaginoso o estromal, y que pueden ser benignas o  
malignas según su comportamiento biológico, capacidad de crecimiento local, destrucción ósea y  
potencial metastásico. En este grupo, las formas malignas más relevantes son el osteosarcoma y el  
sarcoma de Ewing, mientras que las benignas son mucho más frecuentes en la práctica pediátrica.  
Desde el punto de vista clínico, se consideran entidades de especial importancia porque pueden  
presentarse con síntomas inicialmente inespecíficos, como dolor óseo persistente, aumento de  
volumen o limitación funcional, lo que puede retrasar su identificación temprana (Salom, 2021).  
Los tumores óseos benignos son mucho más frecuentes que los malignos. En una cohorte pediátrica  
reciente de tumores óseos, las lesiones benignas representaron la gran mayoría de los casos; dentro  
de ellas, los tipos más comunes fueron el osteocondroma (41%) y los quistes óseos (31%), seguidos  
por fibroma no osificante, encondroma, displasia fibrosa y condroblastoma. Además, estudios de  
prevalencia radiográfica en población pediátrica asintomática sugieren que algunas lesiones benignas  
incidentales pueden observarse con relativa frecuencia, destacando el fibroma no osificante, el  
osteocondroma y otras lesiones benignas del desarrollo (Hosseini, 2025).  
Los tumores óseos malignos representan aproximadamente 3%4% de los cánceres infantiles, y su  
incidencia global en menores de 15 años se sitúa alrededor de 5.5 por millón; dentro de ellos, el  
osteosarcoma (más frecuente) y el sarcoma de Ewing son los subtipos predominantes. El  
osteosarcoma se sitúa en torno a 4.4 por millón en población pediátrica/adolescente, con predominio  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 207.  
en la segunda década de la vida y mayor frecuencia durante los periodos de crecimiento acelerado. El  
sarcoma de Ewing es el segundo tumor óseo maligno más frecuente, con una incidencia aproximada  
de 2.5 a 3 por millón en niños y adolescentes (Lacobellis, 2024).  
En términos prácticos, esto significa que en niños y adolescentes la mayoría de las lesiones óseas  
serán benignas, pero el clínico debe mantener un alto índice de sospecha porque los tumores malignos,  
aunque raros, suelen debutar en edades escolares y adolescentes, y su diagnóstico temprano influye  
directamente en el pronóstico (Papakonstantinou, 2024).  
Factores de riesgo  
Los factores de riesgo para TOP no son uniformes para todas las lesiones, porque los tumores  
benignos y los malignos tienen comportamientos biológicos distintos. En términos generales, los  
tumores benignos, tiene como principal factor de riesgo la presencia de síndromes hereditarios  
específicos, como la osteocondromatosis múltiple hereditaria, la encondromatosis de Ollier y el  
síndrome de Maffucci. El osteocondroma, es el tumor óseo benigno más frecuente y puede aparecer  
como lesión solitaria o en el contexto de osteocondromatosis múltiple hereditaria. Esta última es una  
enfermedad genética que aumenta la carga de lesiones y el riesgo de transformación maligna a  
condrosarcoma en la vida posterior. Para los encondromas múltiples, los factores de riesgo mejor  
establecidos son los síndromes de Ollier y Maffucci. Un resumen reciente sobre síndromes de  
predisposición al cáncer en la infancia indica que estas encondromatosis pueden asociarse con un  
riesgo de malignización de hasta alrededor de 50% a lo largo de la vida, especialmente hacia  
condrosarcoma (Salom, 2021).  
Los tumores óseos malignos, los factores de riesgo mejor establecidos incluyen predisposición  
genética, radiación previa (especialmente en pacientes que recibieron tratamiento oncológico previo)  
y, en el caso del osteosarcoma, la relación con el periodo de crecimiento acelerado de la adolescencia,  
además, existen asociaciones claras con retinoblastoma hereditario por alteraciones de RB1, síndrome  
de Li-Fraumeni por variantes germinales en TP53, síndromes de inestabilidad genómica como  
Rothmund-Thomson, Werner y Bloom (Salmon, 2025).  
En sarcoma de Ewing, los factores de riesgo son menos claros que en osteosarcoma. La evidencia  
disponible indica que no existe un síndrome hereditario fuerte o clásico comparable a RB1 o TP53. Los  
factores epidemiológicos más consistentes son la edad pediátrica/adolescente, el sexo masculino y la  
mayor frecuencia en población blanca, mientras que su aparición es mucho menos común en  
población de ascendencia africana o asiática (Salmon, 2025).  
Diagnóstico  
Para llegar al diagnóstico, el enfoque con mejor evidencia actual es clínico-radiológico y escalonado,  
con tres ideas clave: sospechar temprano, hacer una radiografía inicial sin demora y, si hay datos de  
agresividad, completar estadificación y biopsia en un centro especializado. Las revisiones y guías  
recientes coinciden en que el retraso diagnóstico sigue siendo frecuente y que la derivación temprana  
a equipos con experiencia mejora la calidad de la biopsia, la planificación quirúrgica y las opciones de  
preservación de extremidad (Alston, 2025).  
Primer paso, la sospecha clínica, Debe pensarse en tumor óseo cuando un niño o adolescente presenta  
dolor óseo localizado y persistente, dolor progresivo, dolor nocturno repetitivo, aumento de volumen,  
cojera persistente, limitación funcional o fractura con trauma mínimo (fig. 1). Una revisión sistemática  
de 2025 mostró que el dolor y la tumefacción son los síntomas más frecuentes, y que el intervalo  
diagnóstico sigue siendo prolongado, especialmente en sarcoma de Ewing (Ciechanowicz, 2025).  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 208.  
Figura 1  
Imagen clínica de antebrazo con fijación externa  
Se observa un segmento distal de miembro superior con marcado aumento de volumen de partes  
blandas, lesión tumoral exofítica de aspecto violáceo-hemorrágico en la región dorsal/radial del  
antebrazo distal, asociada a cambios cutáneos locales con áreas de sufrimiento de piel, zonas  
negruzcas compatibles con necrosis superficial y presencia de suturas quirúrgicas  
Segundo paso, solicitar la radiografía simple del segmento afectado, que sigue siendo la prueba inicial  
más importante (fig. 2). Esta permite distinguir lesiones probablemente benignas de lesiones  
potencialmente agresivas. Los hallazgos que aumentan la sospecha de malignidad o agresividad  
incluyen márgenes mal definidos, patrón lítico permeativo, destrucción cortical, reacción perióstica  
agresiva y masa de partes blandas (Gerrand, 2025).  
Tercer paso, si la clínica o la radiografía hacen sospechar una lesión agresiva, solicitar una RM del  
compartimento completo (fig. 3). es el estándar para la estadificación local porque define la extensión  
intramedular, el compromiso de partes blandas, la relación con articulación y paquete neurovascular, y  
ayuda a planificar tanto la cirugía como la biopsia. Las guías contemporáneas de osteosarcoma y  
sarcoma de Ewing enfatizan que la RM debe hacerse antes de la biopsia siempre que sea posible, para  
no alterar la interpretación anatómica ni la planificación del trayecto de la biopsia (Gerrand, 2025).  
Cuarto paso, es la estadificación sistémica, sobre todo cuando se sospecha un sarcoma óseo. En la  
práctica actual, esto incluye de forma estándar la TC de tórax, porque el pulmón es el sitio metastásico  
más frecuente, especialmente en osteosarcoma y Ewing. Además, las revisiones recientes de  
estadificación pediátrica muestran que la RM de cuerpo completo con difusión y/o los estudios  
metabólicos como PET/CT pueden aportar información adicional para detectar enfermedad ósea o  
extraósea, según disponibilidad y protocolo del centro (Gerrand, 2025).  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 209.  
Figura 2  
Radiografías anteroposterior y lateral de muñeca derecha (femenina 5 años con diagnóstico de  
osteosarcoma en antebrazo derecho)  
Se identifica en el radio distal una lesión ósea metafisaria diafisaria expansiva, de aspecto  
predominantemente lítico y heterogéneo, con patrón geográfico multiloculado y presencia de  
trabeculación interna gruesa, más adelgazamiento cortical y discreta expansión de la cortical  
Figura 3  
Resonancia magnética nuclear simple de antebrazo derecho (femenina 6 años con diagnóstico de  
osteosarcoma en antebrazo derecho)  
Nota: A. Corte coronal. B y C corte axial. En estos cortes se identifica una lesión expansiva de  
comportamiento agresivo localizada en el radio distal, con predominio metafisodiafisario, de señal  
heterogénea y reemplazo difuso de la médula ósea normal en el segmento comprometido. La lesión  
presenta  
amplia  
extensión  
intramedular,  
con  
ensanchamiento  
del  
contorno  
óseo  
y
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 210.  
adelgazamiento/irregularidad cortical, sugiriendo fenómeno de destrucción y expansión tumoral.  
Además, existe extensión extraósea hacia partes blandas adyacentes, con formación de una masa de  
partes blandas asociada, de contornos irregulares, que rodea parcialmente el segmento distal del radio.  
La lesión muestra una arquitectura interna heterogénea, compatible con áreas de matriz tumoral y  
probable necrosis o mineralización variable.  
Quinto paso, y uno de los más importantes, es la biopsia planificada. La mejor evidencia reciente no  
recomienda biopsiar “de cualquier manera” ni en cualquier centro cuando se sospecha osteosarcoma  
o Ewing. El consenso del Children’s Oncology Group de 2024 señala que la biopsia debe planificarse  
por el equipo que posteriormente tratará al paciente, porque un trayecto mal elegido puede  
“contaminar” compartimentos y comprometer la posibilidad de resección con márgenes adecuados o  
de salvamento de extremidad. También recalca que hoy la muestra debe ser suficiente no solo para  
histología, sino para inmunohistoquímica y estudios moleculares (Gerrand, 2025).  
En la práctica, la biopsia con aguja gruesa (core needle biopsy) suele ser una opción preferida cuando  
es técnicamente adecuada, porque ofrece buen rendimiento diagnóstico con menor morbilidad que  
una biopsia abierta, siempre que se haga con planificación correcta. Las guías del Reino Unido de 2025  
para sarcomas óseos indican que el diagnóstico debe confirmarse integrando clínica, laboratorio e  
imagen en un comité multidisciplinario de tumores óseos, y que la muestra debe ser evaluada por un  
patólogo acreditado en tumores óseos. Los laboratorios no diagnostican por sí solos un tumor óseo,  
pero pueden apoyar el contexto y el diagnóstico diferencial (Algoritmo. 1). En osteosarcoma y Ewing  
puede haber elevación de fosfatasa alcalina o LDH, aunque estos marcadores no son específicos.  
También son útiles para diferenciar de infecciones, enfermedades inflamatorias o hematológicas. La  
evidencia actual considera a los laboratorios como un complemento, no como una herramienta  
principal para confirmar o excluir un tumor óseo (Fernández, 2024).  
Un punto crítico del diagnóstico es el diagnóstico diferencial. Los tumores óseos pediátricos se  
confunden con frecuencia con traumatismos menores, osteomielitis, dolor por sobreuso, fracturas de  
estrés o lesiones benignas del crecimiento. La revisión sistemática de 2025 sobre presentación clínica  
enfatiza que el retraso diagnóstico sigue siendo un problema importante justamente porque los  
síntomas iniciales son inespecíficos. Por eso, la falta de mejoría, la progresión del dolor o una  
radiografía agresiva obligan a cambiar rápidamente el enfoque y no perpetuar tratamientos empíricos  
(Ciechanowicz, 2025).  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 211.  
Figura 3  
Algoritmo diagnóstico para la evaluación de tumores óseos en pediatría  
Fuente: elaboración propia.  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 212.  
Clasificación  
Los TOP constituyen un grupo heterogéneo de lesiones primarias del hueso que abarcan desde  
entidades benignas, frecuentes y a menudo incidentales, hasta neoplasias malignas poco comunes,  
pero de elevada agresividad biológica, como el osteosarcoma y el sarcoma de Ewing (Tabla 1). Desde  
el punto de vista clínico, su importancia radica en que comparten presentaciones iniciales inespecíficas  
(principalmente dolor óseo, aumento de volumen y limitación funcional), lo que puede retrasar su  
reconocimiento y dificultar la diferenciación temprana entre lesiones benignas, procesos infecciosos  
y tumores malignos. La evidencia reciente muestra que el retraso diagnóstico continúa siendo un  
problema relevante en la población pediátrica y adolescente, especialmente en los sarcomas óseos,  
por lo que la clasificación adecuada y la sospecha clínica temprana son pilares del abordaje inicial (Liu,  
2025).  
En términos generales, los tumores óseos pediátricos pueden clasificarse en benignos y malignos  
según su comportamiento biológico. Los tumores benignos son mucho más frecuentes y se  
caracterizan por un crecimiento más lento, ausencia de potencial metastásico y, en muchos casos,  
hallazgo incidental en estudios radiográficos. Dentro de este grupo destacan el osteocondroma, el  
fibroma no osificante, el quiste óseo simple, el quiste óseo aneurismático, el encondroma, el  
condroblastoma y el osteoma osteoide. Aunque benignos, algunos pueden ser localmente agresivos,  
producir dolor, deformidad o fracturas patológicas, e incluso requerir tratamiento quirúrgico. Por su  
parte, los tumores malignos son menos frecuentes, pero tienen un impacto pronóstico muy superior;  
en pediatría, los más relevantes son el osteosarcoma y el sarcoma de Ewing, que concentran la mayor  
parte de los sarcomas óseos de la infancia y adolescencia y requieren un enfoque diagnóstico y  
terapéutico multidisciplinario (Gerrand, 2025) (Cederberg, 2024).  
Además de la división benigno-maligno, existe una clasificación anatomopatológica basada en el tejido  
predominante de origen, que resulta útil para comprender la diversidad de estas lesiones. Así, los  
tumores  
pueden  
clasificarse  
como  
formadores  
de  
hueso,  
formadores  
de  
cartílago,  
fibrosos/fibrohistiocitarios, quísticos, y tumores de células pequeñas redondas, entre otros. Bajo esta  
lógica, el osteoma osteoide y el osteosarcoma pertenecen al grupo de tumores formadores de hueso;  
el osteocondroma, el encondroma y el condroblastoma al grupo cartilaginoso; el fibroma no osificante  
al grupo fibroso; y el quiste óseo simple y el quiste óseo aneurismático al grupo de lesiones quísticas  
o pseudotumorales. El sarcoma de Ewing, por su parte, se engloba dentro de los tumores malignos de  
células pequeñas redondas. Esta clasificación no solo tiene valor académico, sino también práctico,  
ya que muchos tumores presentan patrones anatómicos y radiológicos característicos según su origen  
histológico (Ewijk, 2023).  
Tabla 1  
Tumores óseos benignos y malignos en pediatría  
Tumores óseos benignos  
Tumor  
Características  
Epidemiología  
Edad más  
frecuente  
Huesos más  
afectados  
Osteocondroma  
Tumor óseo  
benigno más  
frecuente;  
Representa entre el  
2050% de los tumores niños mayores  
óseos benignos; en una y adolescentes;  
cohorte pediátrica  
reciente fue el benigno  
más frecuente (41% de  
los benignos).  
Predomina en  
Metáfisis de  
huesos largos,  
especialmente  
fémur distal, tibia  
exostosis  
en una serie  
reciente mostró proximal y  
picos de  
presentación  
alrededor de  
cartilaginosa,  
usualmente  
metafisaria, de  
crecimiento  
lento; muchas  
húmero proximal  
(Alston, 2025).  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 213.  
veces  
asintomático o  
hallazgo  
los 14 y 17  
años.  
incidental; puede  
producir dolor  
mecánico,  
deformidad o  
compresión  
local.  
Fibroma no  
osificante (NOF)  
Lesión fibrosa  
metafisaria,  
generalmente  
asintomática,  
bien delimitada;  
suele descubrirse 40%.  
incidentalmente;  
puede  
Muy frecuente en Rx  
pediátricas; una  
revisión reciente  
reporta prevalencia  
radiográfica de 30–  
Principalmente  
en niños y  
adolescentes  
en crecimiento.  
Metáfisis de  
huesos largos,  
sobre todo fémur  
y tibia,  
típicamente  
alrededor de la  
rodilla (Alston,  
2025).  
predisponer a  
fractura si es  
grande.  
Quiste óseo  
simple  
(unicameral)  
Lesión quística  
central,  
habitualmente  
metafisaria, a  
menudo en  
Representan alrededor  
de 31% de los  
benignos.  
Más común en  
escolares y  
adolescentes  
tempranos; en  
una serie  
Húmero proximal  
y fémur proximal;  
también puede  
verse en  
calcáneo  
húmero proximal  
o fémur; puede  
debutar por  
fractura  
reciente fueron  
más frecuentes  
entre 1315  
años.  
(Farmer, 2025).  
patológica.  
Quiste óseo  
aneurismático  
(QOA / ABC)  
Lesión expansiva, Menos frecuente que  
Más frecuente  
en niños  
mayores y  
adolescentes;  
en la cohorte  
Metáfisis de  
lítica,  
osteocondroma y  
huesos largos  
(como fémur y  
tibia) y también  
en columna  
multiloculada,  
que puede crecer  
rápido, causar  
quiste simple; en series  
pediátricas recientes  
aparece como uno de  
dolor, deformidad los benignos  
reciente mostró (Alston, 2025).  
incremento  
y fractura;  
relevantes.  
aunque benigno,  
puede ser  
progresivo con  
la edad  
localmente  
agresivo.  
pediátrica.  
Encondroma  
Tumor  
En población pediátrica  
sana, la prevalencia  
radiográfica es de  
aproximadamente 1.8% y adolescentes.  
en estudios de imagen.  
Suele  
detectarse en  
niños mayores  
Huesos de la  
mano  
cartilaginoso  
intramedular  
benigno; en  
pediatría suele  
ser menos  
frecuente que  
osteocondroma;  
muchas veces  
incidental.  
(metacarpianos y  
falanges); puede  
afectar huesos  
largos y planos  
(Alston, 2025).  
Condroblastoma Tumor benigno  
epifisario,  
Es poco frecuente, pero Típico de  
Epífisis de  
relevante por su  
adolescentes  
con esqueleto  
inmaduro.  
huesos largos,  
especialmente  
fémur distal, tibia  
proximal y  
doloroso,  
relacionado con  
fisis abiertas;  
localización epifisaria y  
diagnóstico diferencial  
con infección/lesión  
articular.  
puede  
húmero proximal;  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 214.  
acompañarse de  
derrame articular  
y limitar el  
también cabeza  
femoral  
(Biermann,  
movimiento.  
Lesión pequeña,  
dolorosa, con  
nidus  
característico;  
dolor  
frecuentemente  
nocturno y con  
mejoría con  
AINEs.  
2025).  
Osteoma  
osteoide  
Tumor benigno  
relativamente frecuente en niños  
en población pediátrica  
y adolescente, aunque  
menos común que  
osteocondroma.  
Más frecuente  
Predomina en  
huesos largos,  
sobre todo fémur  
y tibia; también  
puede aparecer  
en columna  
mayores y  
adolescentes.  
(Alston, 2025).  
Tumores óseos malignos  
Epidemiología  
Tumor  
Características  
Edad más  
frecuente  
Huesos más  
afectados  
Osteosarcoma  
Tumor óseo  
Incidencia aproximada  
de 4.4 por millón/año  
en población  
Pico en  
adolescencia,  
especialmente  
Principalmente  
fémur distal, tibia  
proximal y  
húmero proximal;  
en conjunto,  
sobre todo  
alrededor de la  
rodilla (Biermann,  
2025).  
maligno primario  
más frecuente en  
pediatría,  
pediátrica/adolescente; durante el  
productor de  
osteoide tumoral,  
curso agresivo,  
predilección por  
metáfisis de  
huesos largos.  
Tumor maligno  
de células  
es el tumor óseo  
maligno más frecuente  
en niños y  
crecimiento  
acelerado;  
típico en  
segunda  
década de la  
vida.  
adolescentes.  
Sarcoma de  
Ewing  
Incidencia estimada de  
0.3 por 100,000/año  
(≈3 por millón/año); es  
el segundo tumor óseo  
maligno más frecuente  
en niños y  
Edad  
Diáfisis de  
media/mediana huesos largos  
alrededor de 15  
años;  
predomina en  
adolescentes.  
pequeñas  
(fémur, tibia y  
húmero), además  
de pelvis, pared  
torácica/costillas  
y columna  
redondas; suele  
ser doloroso,  
puede  
acompañarse de  
fiebre y simular  
osteomielitis;  
frecuente en  
diáfisis/metáfisis  
y pelvis.  
adolescentes.  
(Fernández,  
2024).  
Fuente: elaboración propia.  
En conjunto, esta distribución muestra que en pediatría los tumores óseos benignos son mucho más  
frecuentes que los malignos, siendo el osteocondroma la lesión benigna más común y el osteosarcoma  
el maligno más frecuente. La localización anatómica constituye un elemento diagnóstico de gran  
utilidad en los tumores óseos pediátricos, ya que muchas lesiones muestran una predilección  
topográfica característica que, integrada con la edad del paciente y la imagen radiológica, orienta de  
forma importante el diagnóstico diferencial.  
Impacto pronóstico  
El impacto pronóstico de los tumores óseos pediátricos depende en gran medida de su naturaleza  
biológica, del momento del diagnóstico y de la posibilidad de realizar un tratamiento multidisciplinario  
adecuado. En términos generales, los tumores benignos suelen tener un pronóstico excelente en  
cuanto a supervivencia, ya que no metastatizan y en muchos casos pueden manejarse con observación  
o tratamiento local; sin embargo, algunos pueden ser localmente agresivos, producir deformidad,  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 215.  
fractura patológica o limitación funcional, de modo que su impacto pronóstico se relaciona más con  
secuelas ortopédicas y necesidad de cirugía que con mortalidad. En contraste, los tumores malignos,  
especialmente el osteosarcoma y el sarcoma de Ewing, tienen un impacto pronóstico mucho mayor  
porque pueden metastatizar, requerir quimioterapia intensiva, cirugía compleja y, en algunos casos,  
radioterapia, además de comprometer de forma importante la función y la calidad de vida (Gerrand,  
2025).  
En los tumores benignos pediátricos, el pronóstico suele ser favorable cuando el diagnóstico es  
correcto y el seguimiento es apropiado. Lesiones como el osteocondroma, el fibroma no osificante o  
el quiste óseo simple tienen, en la mayoría de los casos, una evolución benigna, aunque pueden  
ocasionar dolor, deformidad o fracturas, especialmente si son grandes o están ubicadas en zonas de  
carga. En estos tumores, el principal impacto pronóstico no radica en la supervivencia, sino en la  
posibilidad de secuelas funcionales, recurrencia local o necesidad de procedimientos ortopédicos  
repetidos. Esto es particularmente relevante en lesiones localmente agresivas como el quiste óseo  
aneurismático o el condroblastoma, donde la recidiva local puede modificar el pronóstico funcional y  
la complejidad del tratamiento (Gerrand, 2025).  
En los tumores malignos, el factor pronóstico más importante y consistentemente demostrado es la  
presencia o ausencia de metástasis al diagnóstico. En osteosarcoma, las revisiones recientes y los  
análisis contemporáneos confirman que los pacientes con enfermedad localizada tienen una  
supervivencia claramente superior a aquellos que debutan con metástasis, especialmente pulmonares.  
De forma similar, en sarcoma de Ewing, la enfermedad localizada se asocia con una supervivencia muy  
superior a la enfermedad metastásica. Un estudio reciente en población pediátrica con sarcoma de  
Ewing reportó una supervivencia global a 5 años de 84.7% en tumores localizados frente a 50.4% en  
pacientes con metástasis al diagnóstico, lo que refleja con claridad el peso pronóstico del estadio  
inicial (Wells, 2024).  
Otro factor pronóstico importante es el sitio anatómico del tumor. En osteosarcoma, los tumores  
localizados en el esqueleto axial o en sitios de resección compleja suelen tener peor pronóstico que  
los localizados en huesos largos apendiculares, en parte porque son más difíciles de resecar con  
márgenes adecuados. En sarcoma de Ewing ocurre algo similar: los tumores pélvicos o axiales suelen  
asociarse a peor pronóstico que los localizados en extremidades, debido a mayor volumen tumoral,  
diagnóstico más tardío y dificultades para lograr un control local óptimo. Revisiones recientes sobre  
control local en Ewing subrayan que el sitio tumoral influye de manera directa en la posibilidad de  
resección completa y, por tanto, en supervivencia y recurrencia (Jamshidi, 2025).  
El tamaño o volumen tumoral al diagnóstico también tiene un papel pronóstico importante. Tumores  
más grandes suelen asociarse a mayor carga tumoral, mayor probabilidad de micrometástasis, cirugía  
más extensa y control local más difícil. En análisis contemporáneos de osteosarcoma y de Ewing, el  
tamaño tumoral sigue apareciendo entre las variables asociadas a peor supervivencia. Este hallazgo  
se relaciona estrechamente con el retraso diagnóstico: mientras más tiempo pasa antes del  
diagnóstico, mayor es la probabilidad de que el tumor crezca, infiltre partes blandas y complique la  
resección (Tirtei, 2025).  
La respuesta al tratamiento neoadyuvante, especialmente en osteosarcoma, es otro marcador  
pronóstico fundamental. Una buena necrosis tumoral después de la quimioterapia preoperatoria se  
asocia con mejor supervivencia y menor riesgo de recaída, mientras que una respuesta histológica  
pobre suele relacionarse con peor pronóstico. Aunque este factor se conoce desde antes, sigue siendo  
respaldado por revisiones recientes y continúa siendo un elemento clave de estratificación pronóstica  
en la práctica actual (Tang, 2025).  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 216.  
El control local adecuado también tiene un impacto pronóstico directo. En sarcoma de Ewing, la  
evidencia reciente enfatiza que la cirugía con márgenes negativos, cuando es factible sin una pérdida  
funcional desproporcionada, ofrece un control local duradero, mientras que la radioterapia cumple un  
papel esencial en tumores irresecables o con márgenes comprometidos. En otras palabras, no solo  
importa “tratar” el tumor, sino lograr un control local oncológicamente adecuado, porque la persistencia  
de enfermedad microscópica o la resección insuficiente aumentan el riesgo de recaída local y  
empeoran la supervivencia (Jamshidi, 2025).  
En ese contexto, el diagnóstico temprano tiene impacto pronóstico, aunque no siempre se exprese  
linealmente en todos los estudios de supervivencia. Las publicaciones recientes señalan que reducir el  
tiempo hasta el diagnóstico no siempre se traduce de forma automática en una mejora estadística  
uniforme de la supervivencia, porque intervienen múltiples variables biológicas; sin embargo, sí influye  
claramente en variables pronósticas intermedias de gran valor clínico, como el volumen tumoral, la  
probabilidad de metástasis detectables, la complejidad quirúrgica, la posibilidad de preservar la  
extremidad y la morbilidad del tratamiento. Es decir, incluso cuando la supervivencia global no cambia  
de forma simple en todas las series, el diagnóstico más temprano mejora el escenario inicial del  
paciente y reduce la carga terapéutica (Farmer, 2025).  
Desde el punto de vista funcional, el pronóstico de los tumores óseos pediátricos no debe evaluarse  
sólo en términos de supervivencia. Tanto en tumores benignos agresivos como en sarcomas malignos,  
la localización, el tipo de cirugía, la necesidad de reconstrucción, la discrepancia de longitud, la  
afectación de placas de crecimiento y la posibilidad de recaída condicionan la función futura del  
miembro y la calidad de vida. En niños y adolescentes, este aspecto es especialmente relevante porque  
el tratamiento ocurre durante etapas críticas del crecimiento y del desarrollo físico y psicosocial. Por  
ello, el pronóstico debe entenderse como una combinación de supervivencia, control local,  
preservación funcional y calidad de vida a largo plazo (Gerrand, 2025).  
DISCUSIÓN  
Los tumores óseos en pediatría representan un desafío clínico relevante no por su frecuencia absoluta,  
sino por la combinación de tres elementos que complican su abordaje: su heterogeneidad biológica, la  
inespecificidad de sus manifestaciones iniciales y el alto impacto pronóstico que puede tener el retraso  
diagnóstico. En esta revisión se confirma que, aunque las lesiones benignas predominan claramente  
en la población pediátrica, los tumores malignos, en particular el osteosarcoma y el sarcoma de Ewing,  
concentran la mayor carga de morbilidad, complejidad terapéutica y riesgo de secuelas funcionales y  
vitales.  
Uno de los hallazgos más importantes que emerge del análisis es que la frecuencia de tumores  
benignos puede inducir una falsa sensación de seguridad en la evaluación inicial del dolor óseo en  
niños y adolescentes. El predominio de osteocondroma, quistes óseos, fibroma no osificante y otras  
lesiones benignas explica por qué muchas alteraciones óseas detectadas en la práctica diaria no tienen  
potencial metastásico y, en numerosos casos, pueden manejarse con observación o tratamiento local.  
Sin embargo, esta realidad epidemiológica no debe conducir a una minimización del síntoma.  
Precisamente porque el dolor musculoesquelético es tan común en pediatría, el riesgo de atribuir de  
manera automática un cuadro inicial al traumatismo menor, sobreuso, crecimiento o infección es  
elevado.  
La literatura revisada también apoya de forma consistente que el retraso diagnóstico sigue siendo uno  
de los problemas centrales en los sarcomas óseos pediátricos. Este retraso no parece deberse  
únicamente a fallas en la disponibilidad de estudios, sino a un problema más complejo de  
reconocimiento clínico. Tanto el osteosarcoma como, de manera aún más marcada, el sarcoma de  
Ewing puede iniciar con síntomas vagos y poco específicos, lo que favorece múltiples consultas  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 217.  
previas, tratamientos empíricos y demoras en la solicitud de radiografías. Desde el punto de vista  
clínico, esto tiene una consecuencia importante: el diagnóstico temprano no depende tanto de pruebas  
sofisticadas en el primer contacto, sino de la capacidad del evaluador para identificar banderas rojas  
y justificar una radiografía simple oportuna. En este sentido, el algoritmo propuesto en el presente  
trabajo cobra valor práctico, ya que traslada la evidencia a una secuencia aplicable: sospecha clínica,  
radiografía inicial, resonancia magnética si existe agresividad y derivación a centros especializados.  
Otro aspecto relevante de esta revisión es que demuestra que la radiografía simple conserva un papel  
insustituible como herramienta diagnóstica inicial, que sigue siendo el primer punto de inflexión entre  
una lesión probablemente benigna y una lesión potencialmente agresiva. Hallazgos como destrucción  
cortical, patrón lítico permeativo, reacción perióstica agresiva o masa de partes blandas no solo  
aumentan la sospecha de malignidad, sino que modifican inmediatamente la conducta diagnóstica. La  
resonancia magnética, por su parte, no sustituye la radiografía, sino que la complementa y profundiza,  
ya que permite la estadificación local y la planificación quirúrgica y de la biopsia. Este punto es  
especialmente importante porque refuerza la idea de que el diagnóstico de tumores óseos no es un  
evento aislado, sino un proceso escalonado, donde cada estudio cumple una función específica. La  
evidencia reciente, recogida en consensos internacionales, muestra que una biopsia mal planificada  
puede alterar el pronóstico funcional, comprometer la posibilidad de resección con márgenes  
adecuados y limitar incluso el salvamento de la extremidad.  
En relación con la clasificación, los hallazgos de esta revisión muestran que la distinción benigno-  
maligno, aunque esencial, resulta insuficiente si se utiliza de manera aislada. La clasificación  
anatomopatológica por tejido de origen (formadores de hueso, cartilaginosos, fibrosos, quísticos, de  
células pequeñas redondas) aporta un valor adicional porque se correlaciona con patrones anatómicos  
y radiológicos relativamente predecibles. Así, la combinación entre edad del paciente, localización  
anatómica y tipo histológico permite construir un diagnóstico diferencial más sólido.  
Desde el punto de vista pronóstico, esta revisión respalda que el impacto de los tumores óseos  
pediátricos debe analizarse en dos niveles distintos. En los tumores benignos, el pronóstico vital es  
excelente, pero no siempre trivial desde el punto de vista funcional. Lesiones localmente agresivas o  
recurrentes, como el quiste óseo aneurismático o el condroblastoma, pueden condicionar deformidad,  
fracturas, cirugías repetidas y secuelas articulares o del crecimiento. En cambio, en los tumores  
malignos el pronóstico está dominado por variables oncológicas clásicas, especialmente la presencia  
de metástasis al diagnóstico, el volumen tumoral, la localización anatómica, la respuesta histológica a  
la quimioterapia y la calidad del control local. La revisión confirma que la enfermedad metastásica  
continúa siendo el factor pronóstico más adverso, y que tanto el sitio tumoral como la extensión local  
influyen en la factibilidad de resección, en la preservación de la extremidad y en la supervivencia.  
CONCLUSIONES  
Los tumores óseos en pediatría son lesiones poco frecuentes, pero clínicamente relevantes, ya que,  
aunque la mayoría son benignos, los tumores malignos como el osteosarcoma y el sarcoma de Ewing  
condicionan una alta carga pronóstica. Su principal dificultad radica en la inespecificidad de los  
síntomas iniciales, lo que puede retrasar el diagnóstico. En este contexto, la sospecha clínica temprana,  
la radiografía simple como estudio inicial, la resonancia magnética para estadificación local y la biopsia  
planificada en centros especializados constituyen la base del abordaje diagnóstico. Finalmente, el  
pronóstico depende sobre todo de la presencia de metástasis, el tamaño tumoral, la localización y la  
calidad del control local, por lo que el reconocimiento precoz y la referencia oportuna son  
determinantes para mejorar la evolución oncológica y funcional  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 218.  
REFERENCIAS  
Alston, E. L. (Febrero de 2025). Pediatric Bone Tumors. Epub, 1-18. doi:10.1016/j.path.2025.01.003  
Biermann, S. (Abril de 2025). Bone Cancer, Version 2.2025, NCCN Clinical Practice Guidelines In  
Cederberg, K. B. (Junio de 2024). Imaging of Pediatric Bone Tumors: A COG Diagnostic Imaging  
Committee/SPR Oncology Committee White Paper. Pediatr Blood Cancer. doi:10.1002/pbc.30000  
Ciechanowicz, D. (Marzo de 2025). Delay in Diagnosis and Treatment of Bone SarcomaSystematic  
Review. Cancers, 1-14. doi:10.3390/cancers17060981  
Ewijk, R. (2023). EUROPEAN STANDARD CLINICAL PRACTICE RECOMMENDATIONS FOR CHILDREN  
AND ADOLESCENTS WITH PRIMARY AND RELAPSED OSTEOSARCOMA. SIOP Europe, 1-69. Obtenido  
Farmer, S. H. (2025). Time to treatment initiation and overall survival in osteosarcoma: a national cancer  
database analysis. Bone & Joint Open., 1-10. doi:10.1302/2633-1462.71.BJO-2025-0315.R1  
Fernández, C. M. (Agosto de 2024). Clinical practice guidelines for the treatment of Ewing sarcoma  
(Spanish  
Sarcoma  
Research  
Group-GEIS).  
Clinical  
and  
Translational  
Oncology,  
1-13.  
doi:10.1007/s12094-024-03602-5  
Fritz, C. D. (Noviembre de 2024). Pediatric Ewing Sarcoma Presentation, Treatment, and Outcomes  
Across Sociodemographic Groups. J Surg Res, 1-15. doi:10.1016/j.jss.2024.09.037  
Gerrand, C. (2025). UK guidelines for the management of bone sarcomas. British Journal of Cancer, 32-  
Hosseini, H. (Febrero de 2025). Bone tumors: a systematic review of prevalence, risk determinants, and  
survival patterns. BMC Cancer, 1-11. doi:10.1186/s12885-025-13720-0  
Jamshidi, K. (Noviembre de 2025). Optimizing local control in Ewing sarcoma: a critical discussion of  
radiotherapy and surgical approaches with proposed decision-making algorithm; a narrative review.  
Radiation Oncology, 1-10. doi:10.1186/s13014-025-02743-3  
Lacobellis, G. (Diciembre de 2024). Analysis and Historical Evolution of Paediatric Bone Tumours: The  
Importance of Early Diagnosis in the Detection of Childhood Skeletal Malignancies. Cancers, 1-22.  
Liu, J.-F. (2025). Clinical presentation of bone tumours in children and young people: a systematic  
327879  
Papakonstantinou, E. (Marzo de 2024). Prognostic factors in high-grade pediatric osteosarcoma  
among children and young adults: Greek Nationwide Registry for Childhood Hematological  
Malignancies and Solid Tumors (NARECHEM-ST) data along with a systematic review and meta-  
analysis. Cancer Epidemiol, 1-16. doi:10.1016/j.canep.2024.102551.  
Salmon, V. (Mayo de 2025). Bone lesions of the tibia: Multimodal iconographic review and diagnostic  
algorithms, Part 2: Metaphyseal and epiphyseal lesions. Elsevier / European Journal of Radiology Open,  
1-13. doi:10.1016/j.ejro.2025.100654  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 219.  
Salom, M. (agosto de 2021). Diagnosis and staging of malignant bone tumours in children: what is due  
and what is new? Journal of Childrens Orthopaedics, 1-10. doi:10.1302/1863-2548.15.210107  
Tang, J. (Abril de 2025). Prognostic nomogram for overall survival in pediatric osteosarcoma with  
pulmonary  
metastases:  
a
SEER  
database  
analysis.  
Frontiers  
in  
Pediatrics,  
1-11.  
doi:10.3389/fped.2025.1574034  
Tirtei, E. (Julio de 2025). Prognostic Factors in Newly Diagnosed High‐Grade Osteosarcoma—A  
Systematic Review. Cancer Medicine, 1-26. doi:10.1002/cam4.71044  
Wells, M. E. (2024). El impacto pronóstico de los tumores óseos pediátricos depende en gran medida  
de su naturaleza biológica, del momento del diagnóstico y de la posibilidad de realizar un tratamiento  
multidisciplinario adecuado. En términos generales, los tumores benignos s. Journal AAOS Global  
Research & Reviews, 1-13. doi:10.5435/JAAOSGlobal-D-24-00281  
Zöllner, S. K. (Abril de 2021). Ewing Sarcoma-Diagnosis, Treatment, Clinical Challenges and Future  
Perspectives. J Clin Med, 1-59. doi:10.3390/jcm10081685  
Todo el contenido de LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, publicados en este  
sitio está disponibles bajo Licencia Creative Commons  
.
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 220.