INTRODUCCIÓN
El análisis del costo de capital constituye uno de los pilares fundamentales de las finanzas corporativas
modernas, debido a su incidencia directa en la toma de decisiones de inversión, financiamiento y
valoración empresarial. En particular, la tasa mínima de rendimiento que una empresa debe generar
para responder a sus inversionistas y acreedores es el costo promedio ponderado de capital (WACC,
por sus siglas en inglés). Por eso, este indicador sirve como una base clave para evaluar proyectos y
para ver si realmente se está creando valor (Damodaran, 2020).
En economías emergentes, esta definición del WACC se vuelve más compleja, porque aparecen
factores macroeconómicos y financieros que los modelos tradicionales, pensados para mercados
desarrollados, no logran captar por completo. Entre esos factores, uno de los más importantes es el
riesgo país, ya que muestra cómo ven los inversionistas internacionales la estabilidad económica,
política y financiera de un país (Campos Jaque et al., 2021; Rueda Romero, 2024).
De forma común, el riesgo país se mide con el Emerging Markets Bond Index (EMBI), que muestra la
diferencia de rendimiento entre los bonos soberanos de países emergentes y los bonos del Tesoro de
Estados Unidos. En esa diferencia se incluyen primas por riesgo de default, riesgo político, inestabilidad
macroeconómica y vulnerabilidad externa. Entonces, básicamente, este indicador se usa bastante
como una referencia para evaluar el costo de financiamiento en mercados emergentes (Pérez Noreña
et al., 2022; Du & Schreger, 2022).
En el contexto ecuatoriano, este análisis del riesgo país toma todavía más importancia por las
características estructurales de su economía. Ecuador es una economía dolarizada, altamente
dependiente de los ingresos petroleros y con una limitada profundidad de su mercado de capitales, lo
que incrementa su exposición a shocks externos y a variaciones en la percepción de riesgo por parte
de los inversionistas internacionales (Becerra Palacios et al., 2024). Estas condiciones hacen que el
EMBI ecuatoriano presente niveles relativamente elevados y volátiles en comparación con otros países
de la región.
Diversos estudios han señalado que el incremento del riesgo país tiene efectos directos sobre el costo
de capital de las empresas, afectando tanto el costo de la deuda como el costo del capital propio. En
términos de deuda, un mayor riesgo soberano se traduce en mayores tasas de interés exigidas por los
acreedores, debido al aumento en la probabilidad percibida de incumplimiento (Augustin et al., 2022).
En cuanto al capital propio, la tasa de descuento exigida por los inversionistas aumenta cuando se
incorpora el riesgo país dentro de la prima de riesgo en modelos como el CAPM. Esto pasa porque,
digamos, ese riesgo adicional se suma directamente al rendimiento esperado (Fernández et al., 2021).
Desde la teoría, esta relación entre riesgo país y costo de capital se puede entender desde varias
corrientes. Por ejemplo, la teoría de Modigliani y Miller, aunque al inicio se pensó para mercados
perfectos, hoy se ha ampliado para incluir cosas como impuestos, costos de quiebra y problemas de
información. Estos factores, en realidad, se hacen más fuertes en economías emergentes (López-Solís
et al., 2023). Por otro lado, la teoría del Pecking Order plantea que las empresas ajustan su estructura
de capital según el acceso y el costo de las fuentes de financiamiento, algo que claramente depende
del entorno macroeconómico (Arévalo Lizarazo et al., 2022).
Además, se ha visto que no solo cambia el nivel del costo de capital, sino también la forma en que las
empresas ajustan su estructura financiera cuando aumenta el riesgo país. Es decir, también cambia la
velocidad de esos ajustes y las decisiones de financiamiento (Rawal et al., 2025). Entonces, cuando
sube el EMBI, las empresas pueden modificar su combinación de deuda y capital propio, priorizando
recursos internos o reduciendo el uso de deuda.
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 406.