Acciones manuales exploratorias y habilidades espaciales en  
infantes  
Exploratory hand actions and spatial skills in infants  
Lucy Evelin Pereira Ortiz  
Universidad Autónoma de Manizales  
ManizalesColombia  
Francia Restrepo de Mejía  
Universidad Autónoma de Manizales  
Manizales Colombia  
Artículo recibido: 03 de diciembre de 2026. Aceptado para publicación: 08 de abril de 2026.  
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.  
Resumen  
Establecer la relación entre las acciones manuales exploratorias y las habilidades espaciales. Se  
realizó un estudio experimental con 30 infantes de los Centros de Desarrollo Infantil de una ciudad de  
Colombia. La muestra se determinó con un nivel de confianza del 85 % y un margen de error del 15 %;  
los padres firmaron el consentimiento informado. Se realizó una modelación mediante ecuaciones  
estructurales de mínimos cuadrados parciales (PLS-SEM), que incluyó un modelo estructural y un  
modelo de medida. Los efectos grandes se dieron entre agarre-acciones manuales exploratorias con  
una mano (0,402), acciones exploratorias con una mano-relaciones espaciales (4,57) y relaciones  
espaciales-habilidades espaciales (0,87); efecto medio, entre categorías espaciales-habilidades  
espaciales (0,243). Las habilidades espaciales son las capacidades que tienen los infantes para  
integrar procesos cognitivos al explorar objetos, primero de forma unimanual con uno o más objetos  
y luego bimanual. Las categorías espaciales se formaron cuando los infantes marcaron la posición  
final de un objeto con referencia a otro.  
Palabras clave: habilidades espaciales, acciones manuales exploratorias, desarrollo cognitivo  
Abstract  
To establish the relationship between exploratory manual actions and spatial skills. An experimental  
study was conducted with 30 infants from Child Development Centers in a Colombian city. The sample  
was selected with an 85% confidence level and a 15% margin of error; parents signed informed consent  
forms. Modeling was performed using partial least squares structural equation modeling (PLS-SEM),  
including a structural model and a measurement model. Large effects were found between one-  
handed grasping-exploratory actions (0.402), one-handed exploratory actions-spatial relations (4.57),  
and spatial relations-spatial abilities (0.87); a medium effect was found between spatial categories-  
spatial abilities (0.243). Spatial skills are infants' abilities to integrate cognitive processes to explore  
objects, beginning with one-handed exploratory actions with one or more objects, followed by two-  
handed actions. Spatial categories were formed when infants marked the final  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 541.  
Keywords: spatial skills, exploratory manual actions, cognitive development  
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Cómo citar: Pereira Ortiz, L. E., & Restrepo de Mejía, F. (2026). Acciones manuales exploratorias y  
habilidades espaciales en infantes. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 542.  
INTRODUCCIÓN  
La manipulación es una capacidad que adquieren los infantes al interactuar con los objetos y con el  
entorno; en ella participan varias modalidades que se interrelacionan simultánea y sincronizadamente.  
Los sistemas visuales, propioceptivos y vestibulares se integran cuando los infantes entran en  
contacto con un objeto. El sistema visual ofrece información del entorno, la propiocepción de la  
posición de los segmentos corporales; el sistema vestibular, de la orientación espacial y del equilibrio  
del cuerpo con respecto al centro de gravedad; otros sistemas como el auditivo y el táctil se activan  
cuando interactúan con objetos sonoros y luminosos (von Hofsten, 1989).  
La integración sensoriomotora es la superposición de los sistemas motores y los sensoriales, se  
retroalimentan entre sí y responden en función de los estímulos. El flujo sensorial del entorno es  
activado por la acción motora, es organizado a través del control motor e instrumentado por la  
corporalidad (Redolar Ripoll, 2014; Smith & Gasser, 2005; von Hofsten, 1989). Un ejemplo de la  
multimodalidad es la prensión, que es la integración de varias modalidades como la mirada, el alcance,  
el agarre, la manipulación y la liberación de objetos. Inicialmente, son activados por las modalidades  
sensoriomotoras; posteriormente, por las experiencias previas y el aprendizaje; finalmente, por la  
cognición.  
El comienzo del agarre es torpe y de escasa precisión; mejora con cada intento, se ajusta y evoluciona;  
posteriormente, contribuye a la planificación de respuestas hasta lograr un patrón eficaz y de mayor  
exactitud. Esta habilidad se adquiere entre la semana 52 y la 60 (Adolph & Franchak, 2017; B. Bertenthal  
& Hofsten, 1998; Gibson & Pick, 2000; Harbourne et al., 2013; Piek, 2006; Savelsbergh, 1993;  
Savelsbergh & Kamp, 2000; Soska & Adolph, 2014).  
La exploración es la capacidad de percibir las cualidades sensoriales de los objetos, discriminar  
formas, aprender patrones de movimiento cada vez más avanzados y evolucionar hasta producir  
cambios en la función de las manos; las experiencias previas sensomotoras y las oportunidades de  
aprendizaje que se dan en todos los niveles de actuación de los infantes definen las acciones manuales  
exploratorias (Adolph & Franchak, 2017; Kaur et al., 2015; Needham et al., 2002; Palmer, 1989; Ruff,  
1984).  
Un amplio repertorio de estas acciones se desarrolla antes del primer año y se consolidan en los  
procesos cognitivos, motores y perceptuales (Gibson & Pick, 2000; Needham, 2016; Redolar Ripoll,  
2014; Rochat, 2001; Soska & Adolph, 2014; Van Dam et al., 2011). Entre los 3 y 6 meses, los infantes  
abstraen información, frotan y aprietan con los dedos; mueven objetos con propósitos determinados  
(Adolph & Franchak, 2017; Sheya & Smith, 2010) y usan la trayectoria de la mirada para buscar a la  
madre y los objetos (Pierce et al., 2009).  
Entre los 7 y los 12 meses, exploran aún más el entorno, llevan objetos a la boca para diferenciar sus  
características superficiales, prefieren objetos duros en lugar de blandos y los golpean contra una  
superficie. Entre los 9 y 10 meses, agarran objetos con cada mano y se interesan por aquellos que son  
similares en su forma (Inhelder & Piaget, 1966; Starkey, 1981; Nelson, 1973; Mandler et al., 1991;  
Rakison & Butterworth, 1998).  
Antes de los 12 meses, los infantes establecen una estrecha relación entre la manipulación de objetos  
y la fijación de la mirada. Se reafirma la integración de patrones, desplazan el tronco, la cabeza, los  
brazos, la orientación de la mano y la mirada sostenida en el objeto (Adolph & Franchak, 2017; B.  
Bertenthal & Hofsten, 1998; de Graaf-Peters et al., 2007; Hadders-Algra, 2013; Soska & Adolph, 2014;  
Spencer et al., 2000; Thelen & Spencer, 1998); sostienen los objetos, los llevan a la boca y fijan la mirada  
(Adolph & Franchak, 2017; Gibson, 1988; Sheya & Smith, 2010); frotan los bordes para obtener  
información y discriminar las formas y contornos; rotan los objetos para revelar los lados, la parte  
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posterior y la estructura tridimensional; y transfieren los objetos de una mano a otra para obtener  
información del peso y la forma (Fagard & Jacquet, 1989; Goldfield & Michel, 1986; Kimmerle et al.,  
1995; Needham, 2000; Needham et al., 2002; Palmer, 1989; Potier et al., 2012; Soska et al., 2012; Wilcox  
et al., 2007).  
Después del primer año, los infantes desarrollan habilidades bimanuales simultáneas y diferenciadas  
por roles; una mano cumple la función háptica y la otra, la de sostén (Corbetta & Snapp-Childs, 2009;  
Fagard & Lockman, 2005; Soska et al., 2012). El conjunto de acciones unimanuales y bimanuales son  
cada vez más precisas y cada mano tiene funciones específicas para explorar objetos. La  
independencia de cada mano, consolida la habilidad para crear relaciones espaciales entre los objetos;  
los ubica en la proximidad de otros, los organiza en forma lineal, los apila y los lanza fuera de la bandeja  
(Adolph & Hoch, 2019; Corbetta & Thelen, 1996; Sheya & Smith, 2010).  
En esta edad, se interesan por los objetos que están próximos en el espacio (Galazka & Nyström, 2015);  
adquieren habilidades para reunirlos, separarlos y clasificarlos, con la preferencia por un objeto que  
excluye al otro (Gibson, 1988; Namy et al., 1997; Needham, 2000; Quinn, 2004b). A los 18 meses,  
diferencian las relaciones espaciales y constituyen las categorías espaciales; primero agrupan los  
objetos de manera sistemática, en una misma categoría (Sugarman, 1983); luego agrupan en diferentes  
categorías (Stewart et al., 2010); finalmente, disponen manualmente un objeto en una posición final,  
con respecto a otro objeto de referencia.  
En general, las investigaciones presentan evidencias sobre la evolución de las acciones motoras en la  
exploración de objetos y cómo se constituye la percepción espacial. Algunos investigadores plantean  
la importancia de extender la evidencia al dominio motor, específicamente a la exploración manual de  
objetos, por su contribución en el reconocimiento de la imagen y el esquema corporal (Filippetti et al.,  
2015), en la representación de las categorías espaciales (Casasola, 2018; Casasola et al., 2017), en el  
lenguaje espacial (Marcinowski & Campbell, 2016), en la cognición espacial (Oudgenoeg-Paz et al.,  
2015), en el desarrollo de funciones ejecutivas y en el desempeño en el entorno (Kahl et al., 2022).  
Este estudio establece relaciones entre las acciones manuales exploratorias y las habilidades  
espaciales; en ellas, el agarre de los objetos es una forma básica para la exploración. A través del  
acoplamiento y los ajustes de los patrones de movimiento, los agarres progresan hacia habilidades  
más elaboradas, que son las acciones manuales exploratorias unimanuales y bimanuales; luego  
evolucionan en habilidades espaciales, que les permiten relacionar, clasificar y categorizar  
espacialmente los objetos.  
METODOLOGÍA  
Se realizó un estudio experimental en 30 infantes saludables de 11 a 18 meses que cumplieron con los  
criterios de selección y se encontraban activos en los Centros de Desarrollo Infantil (CDI) de una ciudad  
de Colombia; el tamaño de la muestra se determinó con un nivel de confianza del 85 % y un margen de  
error del 15 %. Las técnicas empleadas fueron la entrevista estructurada, que se realizó a los padres  
en modalidad cara a cara, y la observación cuantitativa de los infantes, previa firma del consentimiento  
informado.  
Equipos. Se utilizaron dos cámaras Nikon D5600 instaladas en trípodes WF Group Weifeng WT-3520,  
que se ubicaron al frente y lateralmente al infante, con una distancia de 100 cm desde el centro de la  
bandeja en la silla infantil hasta el lente de la cámara. Se incorporó el software LUCY para validar el  
registro de los datos (MATLAB V 2016 con lenguaje de programación C++ ANSI y/o MATLAB con  
licencia), y una app para programar el número de rondas, tiempos de presentación y de interacción con  
los estímulos.  
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Presentación de estímulos. Los procedimientos del paradigma de familiarización/preferencia de  
objetos novedosos se utilizaron para examinar el interés que los infantes mostraron por los objetos  
(Bornstein & Mash, 2010; Mareschal & Quinn, 2001; Quinn, 2004a; Savelsbergh, 1993). Se utilizaron 16  
objetos tridimensionales (4 cubos, 4 cilindros, 4 bolas y 4 biberones) de madera, con color original y  
tamaño similar; la presentación de los estímulos fue contrabalanceada.  
En la Fase de Habituación (FH), se presentaron 4 cubos y 4 cilindros (foto izquierda); en la Fase de  
Familiarización (FF), se presentaron objetos novedosos, 4 biberones cuya forma era familiar y 4 bolas  
cuya forma no era familiar (foto derecha); y en la Fase de Prueba (FP), los infantes interactuar  
libremente con las bolas y los biberones.  
Figura 1  
Evaluación de las acciones manuales exploratorias en infantes entre 11 y 18 meses.  
La figura de la izquierda muestra a un infante de 18 meses y la figura de la derecha muestra a un infante  
de 11 meses. Las figuras fueron tomadas de la videograbación de las sesiones. Fuente: elaboración  
propia.  
Procedimientos. El presente estudio adaptó aspectos de los métodos propuestos por otros  
investigadores (Mareschal & Quinn, 2001; Oakes & Plumert, 2002). Cada prueba comenzó cuando el  
examinador presentó un objeto a la vez, diciendo: "¡Mira, puedes jugar con este juguete!" (Oakes &  
Plumert, 2002).  
Los infantes que participaron en los experimentos tenían la edad adecuada para realizar la marcha  
independiente; sin embargo, se usó la postura sedente por las ventajas que ofrecía para realizar  
acciones motoras más precisas, lograr mayor interacción, obtener más control sobre las acciones  
manuales exploratorias y centrar el interés en los objetos. Se utilizó una silla infantil baja “SpaceSaver”  
de la marca Fisher-Price, con bandeja removible.  
Codificación. Los codificadores fueron entrenados para registrar el número de veces que manipularon  
un objeto, con y sin fijación de la mirada, las acciones manuales exploratorias y una o ambas manos  
(Oakes et al., 1991). Durante la codificación, se estimó una concordancia en el tiempo de manipulación  
del objeto del 87,3 % y en las tareas de organización espacial de objetos del 84,6 %.  
Experimento 1: Acciones manuales exploratorias  
En el experimento 1, se realizaron 16 pruebas, distribuidas en cuatro ensayos por cada forma  
geométrica (4 cubos, 4 cilindros, 4 biberones y 4 bolas). En la FH se presentaron 4 cubos y 4 cilindros  
que fueron seleccionados al azar y dispuestos al alcance del infante. En la FF se presentaron 4  
biberones de forma familiar y 4 bolas como objetos novedosos; cada infante interactúa libremente con  
los objetos de su preferencia, hasta que se presenta el siguiente objeto.  
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La presentación de los estímulos fue contrabalanceada; el enunciado y el procedimiento se  
estandarizaron para cada ensayo, el objeto se colocó sobre la bandeja removible, se rodó de un lado a  
otro y se indicó: "(Nombre del infante), puedes jugar con esto" (Mareschal & Quinn, 2001; Oakes &  
Plumert, 2002). Algunos patrones de respuestas, como arrojar o tirar uno de los objetos, se  
consideraron como parte de acciones manuales exploratorias (Ruff, 1986). Las acciones manuales  
exploratorias se registraron cuando el infante utilizó una de las manos para explorar uno o más objetos  
y para realizar lanzamientos; cuando utilizó las dos manos para realizar acciones simultáneas,  
acciones alternadas y transferencia de un objeto de una mano a otra (Soska et al., 2012), como lo  
muestra la figura 2.  
Figura 2  
Acciones exploratorias unimanuales y bimanuales en infantes de 11 - 18 meses  
Fuente: elaboración propia.  
Experimento 2: Evaluación de las relaciones y categorías espaciales de los objetos  
En el experimento 2, se tomaron como referencia las 16 pruebas, distribuidas en cuatro ensayos por  
cada forma geométrica (4 cubos, 4 cilindros, 4 biberones y 4 bolas). La presentación del enunciado y  
de los estímulos fue similar en las fases de habituación, familiarización y prueba; la selección de los  
estímulos fue contrabalanceada. El criterio de codificación se estableció desde el momento en que el  
infante entra en contacto con el objeto, lo levanta de la mesa, coloca el objeto en la proximidad de otro  
y lo suelta. Este patrón de respuesta se tomó como evidencia para inferir que los infantes crearon  
relaciones y categorías espaciales.  
Las relaciones espaciales se registraron cuando el infante colocó un objeto junto a otro, cuando golpeó  
un objeto contra otro y cuando los organizó en forma lineal y las categorías espaciales se registraron  
cuando los infantes colocaron los objetos a la derecha y a la izquierda, adelante y atrás, entre dos  
objetos y sobre otro objeto.  
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Plan de Análisis: En el resumen y análisis de los datos se aplicó Estadística Descriptiva. Para establecer  
la relación entre acciones manuales exploratorias y la organización espacial de objetos, se realizó una  
modelación mediante ecuaciones estructurales de mínimos cuadrados parciales (PLS-SEM), que  
incluyó un modelo estructural y un modelo de medida.  
Esta investigación propuso un modelo de habilidades espaciales en los infantes de 11 a 18 meses. El  
desarrollo de las siguientes proposiciones se basó en el modelo de ecuaciones estructurales con  
mínimos cuadrados parciales (PLS-SEM), que analiza datos multivariantes de segunda generación  
para examinar simultáneamente las relaciones de subordinación entre variables independientes y  
dependientes (Boubker & Aatar, 2023; Martínez Ávila et al., 2018):  
Hay una relación entre los agarres y las acciones manuales exploratorias con una y con dos manos.  
Las acciones manuales exploratorias con una y dos manos crean relaciones espaciales.  
Las acciones manuales exploratorias con una y dos manos crean categorías espaciales.  
Las categorías y las relaciones espaciales crean habilidades espaciales.  
Para el control del sesgo de medición, dos codificadores fueron entrenados para el registro de la  
información. Durante la codificación, se estimó una concordancia en el tiempo de manipulación del  
objeto del 87,3 % y en las tareas de organización espacial de objetos del 84,6 %. Para el control del  
sesgo de selección, se incluyeron solo los participantes que cumplieron con todos los criterios de  
selección.  
DESARROLLO  
Esta propuesta se fundamenta teóricamente en la dimensión del acoplamiento sensoriomotor del  
Paradigma de la Enacción; el acoplamiento sensoriomotor es la forma en que el infante se relaciona  
con el mundo de los objetos, el modo de percibir el cuerpo como estructura experiencial y la manera  
de recrear las experiencias a través de su corporalidad (Di Paolo, 2015; Di Paolo et al., 2017; Stewart et  
al., 2010; Thompson & Varela, 2001; Varela et al., 1991, 1997, 2005).  
El acoplamiento sensoriomotor tiene tres proposiciones que establecen la coordinación entre la  
acción y la percepción: (1) la percepción es una acción guiada perceptivamente; (2) los patrones  
sensoriomotores recurrentes activan las estructuras cognitivas; (3) y la acción es guiada  
perceptivamente (Varela et al., 1991, p.173). El sistema nervioso recibe la información de las  
constantes interacciones del cuerpo con el entorno, la organiza en patrones de interconexión clave  
para el desarrollo cognitivo, facilita las acciones motoras y se mueve en función de lo que siente  
(Maturana & Varela, 1987; O’Regan & Noë, 2001).  
Adicionalmente, se suman tres conceptos que son la agencia, las contingencias y el acoplamiento. La  
agencia es la capacidad que tiene el infante para actuar, abarca la biología y los determinantes de las  
conductas más complejas; la contingencia que es la coordinación de las señales sensoriales y motoras  
para generar las propiedades de la experiencia perceptiva; y el acoplamiento que es el estado de los  
parámetros de un sistema que se relaciona con los parámetros de otro sistema (De Jaegher & Di Paolo,  
2007; Di Paolo, 2015; Di Paolo et al., 2017; Paolo, 2005).  
RESULTADOS  
Durante la ejecución de las pruebas, los infantes realizaron 6.485 agarres (X=216,2; SD=99,4); el mayor  
porcentaje de agarres se presentó en la Fase de Prueba (FP) con un 37,3 %, seguida por la Fase de  
Familiarización (FF) con un 35,4 %.  
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Se realizaron 1.466 acciones manuales exploratorias con la mano derecha o izquierda (X=48,9;  
SD=29,2); el 92 % de las veces exploró uno o dos objetos y el 7,2 % lanzó un objeto fuera de la bandeja.  
Se realizaron 1.831 acciones exploratorias con ambas manos (X=61,0; SD=23,4); en el 55,5 % utilizaron  
alternadamente la mano derecha y la izquierda, el 37,9 % de las veces realizaron acciones simultáneas  
y el 6,6 % pasaron el objeto de una mano a otra.  
Las relaciones espaciales creadas durante los experimentos fueron 1.428 (X=47,6; DS=28,3). El 50,6 %  
de las veces, el infante colisionó (chocó) un objeto contra otro con una mano; el 24,8 %, ubicó un objeto  
junto a otro; el 21,5 %, chocó un objeto contra otro con las dos manos; y el 3,1 %, organizó los objetos  
de forma lineal.  
Se realizaron 1.631 categorías espaciales (X=54,4; SD=22,6); el 54,8 % ubicó los objetos a la derecha o  
a la izquierda de un objeto de referencia, el 5 % los colocó sobre él, el 13,5 % los colocó adelante o atrás  
y el 9,1 % los colocó entre dos objetos de referencia.  
El modelo de habilidades espaciales se analizó con ecuaciones estructurales de mínimos cuadrados  
parciales (PLS-SEM); para la construcción, se propuso el siguiente modelo teórico para contrastar  
cinco hipótesis.  
El agarre de los objetos genera acciones exploratorias unimanuales y bimanuales.  
Las acciones manuales exploratorias tienen una fuerte relación con las relaciones espaciales.  
Las acciones manuales exploratorias tienen una fuerte relación con las categorías espaciales.  
Las relaciones espaciales tienen una fuerte relación con las habilidades espaciales.  
Las categorías espaciales tienen una fuerte relación con las habilidades espaciales.  
El modelo de habilidades espaciales se diseñó con los siguientes constructos: agarre sin indicador  
reflectivo; acciones exploratorias con una mano sin indicador reflectivo; acciones exploratorias con  
dos manos sin indicador reflectivo; relaciones espaciales con un indicador reflectivo (chocar objetos  
con una mano) y categorías espaciales con un indicador reflectivo (entre), como se observa en la figura  
3.  
Para evaluar la calidad del modelo, se aplicó la consistencia interna entre las variables que verifica la  
fiabilidad compuesta y la validez de los constructos con valores > 0,70 (Henseler et al., 2015). Los  
resultados encontrados sugieren que el 96,4 % de la varianza es explicada por las relaciones  
espaciales. Para evaluar la validez divergente, se utilizó la Varianza Media Extraída (AVE), que propone  
valores ≥ 0,50 (Chin, 1998); los resultados indican que los factores de las relaciones espaciales explican  
el 93,10 % de la varianza.  
La validez discriminante mostró la cantidad de varianza que cada constructo captó de sus indicadores  
(Fornell & Larcker, 1981); esta varianza presentó valores que oscilaron entre 0,704 y 1,000, lo que indicó  
que la varianza fue mayor que la de los constructos que comparten con otros constructos.  
La validez discriminante se ratificó con las correlaciones Monotrait-Heteromethod (HTMT) entre los  
indicadores, que indican que existe validez discriminante cuando las correlaciones entre los  
constructos tienen valores menores que 0,70 (Henseler et al., 2009); excepto, entre categorías  
espaciales y acciones manuales exploratorias con dos manos (HTMT=1,012); relaciones espaciales y  
acciones manuales exploratorias con una mano (HTMT=0,93); categorías y habilidades espaciales  
(HTMT=0,96).  
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Al evaluar los criterios de calidad del modelo formativo, se aplicó el coeficiente Path que sugirió valores  
entre 0,700 y 1,000. El coeficiente de trayectoria más fuerte se dio entre las acciones manuales  
exploratorias con una mano y las relaciones espaciales (CP=0,91).  
Los pesos externos con valores entre 0,70 y 1,000, que midieron las correlaciones entre las variables y  
sus indicadores, se presentaron en agarres, categorías espaciales, acciones manuales exploratorias  
con una mano, con dos manos y en habilidades espaciales.  
El modelo estructural evaluó la colinealidad con el Factor de Inflación de la Varianza (Chin, 2010), que  
midió la correlación entre los constructos del modelo externo: agarres, categorías espaciales, acciones  
manuales exploratorias con una mano y habilidades espaciales con valores entre 1,000 y 1,004; del  
modelo interno con valores entre 1,000 y 1,013 para todos los constructos y la varianza (R2) sugiere  
que el 52,9 % de las habilidades espaciales fue explicada por el modelo.  
Figura 3  
Modelo de Habilidades espaciales con el Método de Mínimos Cuadrados Parciales (PLS-SEM)  
Fuente: elaboración propia.  
En la evaluación global del modelo, en el ajuste del modelo con la normalización de la Raíz Cuadrada  
Media Residual (SRMR) se obtuvo un valor de 0,088 (Hu & Bentler, 1998). Se evaluó la capacidad de  
predicción de los indicadores con la varianza (F2), que fue explicada por las variables independientes  
del constructo habilidades espaciales. El tamaño de los efectos entre los constructos se determinó por  
su valor: efecto pequeño 0,02; efecto medio 0,15 y efecto grande 0,35 (Cohen, 2013). Los efectos  
grandes se dieron entre agarre-acciones manuales exploratorias con una mano (0,402), acciones  
exploratorias con una mano-relaciones espaciales (4,57) y relaciones espaciales-habilidades  
espaciales (0,87); efecto medio, entre categorías espaciales-habilidades espaciales (0,243).  
El modelo de habilidades espaciales sugiere las siguientes relaciones: entre los agarres y las acciones  
manuales exploratorias que se realizan con una mano; entre las acciones exploratorias con una mano  
y las relaciones espaciales; entre las relaciones y las habilidades espaciales; y, entre las categorías y  
las habilidades espaciales. Esto apoya las proposiciones planteadas por el modelo de habilidades  
espaciales, exceptuando las relacionadas con las acciones manuales exploratorias con dos manos.  
DISCUSIÓN  
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ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 549.  
Los agarres cumplen una función importante en la relación del infante con los objetos; la cantidad de  
agarres que realiza amplía las oportunidades para la exploración manual. La evolución del agarre se  
obtiene con la regularidad y las experiencias previas; se manifiesta por la coordinación de los patrones  
de movimiento y las sensaciones; se perfecciona por la madurez de su ejecución (Adolph & Franchak,  
2017; Gibson & Pick, 2000; Ritter & Haschke, 2015; Sheya & Smith, 2010). La planificación de la  
respuesta motora y la adaptación de la mano sobre el objeto desarrollan la capacidad de explorar,  
actividad en la que se obtiene la información necesaria para realizar acciones manuales exploratorias  
(Adolph & Franchak, 2017; Dixon & Hennessy, 2006; Needham et al., 2002; Reader et al., 2025).  
Los infantes realizan acciones exploratorias con la mano preferente, en especial con la mano derecha.  
Entre los 5 y los 7 meses, golpean un objeto contra una superficie o contra otro objeto; entre los 7 y los  
9 meses, manipulan dos objetos con la mano preferente (Annett, 1970; B. I. Bertenthal & Clifton, 1998;  
Casasola, 2008; Corbetta & Thelen, 1996; Fagard et al., 2009; Fagard & Lockman, 2005; Gibson, 1988;  
Gibson & Pick, 2000; Goldfield & Michel, 1986; Hoare & Greaves, 2017; Soska et al., 2012; Stewart et al.,  
2010).  
Las acciones bimanuales exploratorias evolucionan; cada mano adquiere una función específica en la  
interacción con los objetos. Entre los 9 y los 12 meses mejora el control de la mano, realizando  
acciones exploratorias con dos manos. Las acciones bimanuales se independizan; al inicio, son  
simultáneas y simétricas; luego se vuelven simultáneas y asimétricas (Corbetta & Thelen, 1996;  
Goldfield & Michel, 1986; Soska et al., 2012). Las acciones bimanuales con roles diferenciados son más  
complejas, están acopladas y cumplen funciones definidas; mientras una sostiene el objeto, la otra  
explora con los dedos y con la mano (Corbetta & Snapp-Childs, 2009; Fagard & Jacquet, 1989; Fagard  
& Lockman, 2005; Hoare & Greaves, 2017; Kimmerle et al., 2010; Kotwica et al., 2008; Needham, 2000;  
Needham et al., 2002; Palmer, 1989; Soska et al., 2010; Taylor et al., 2024; Wilcox et al., 2007).  
Durante el desarrollo de habilidades de exploración manual de objetos, los infantes también desarrollan  
la capacidad para cambiarlos de lugar, agruparlos sin diferenciar sus características, organizarlos en  
espacios diferentes, clasificarlos por similitud de formas y establecer aproximaciones en el espacio.  
Las relaciones espaciales se forman por la correspondencia del objeto con el espacio; las acciones  
realizadas sobre los objetos consolidan la percepción espacial, desarrollan la capacidad para observar  
los cambios espaciales y la habilidad para crear estrategias espaciales más elaboradas (Adolph &  
Franchak, 2017; Casasola, 2018; Fleer et al., 2020; Galazka & Nyström, 2016; Gibson, 1988; Hopkins &  
Rönnqvist, 2002; Namy et al., 1997; Needham, 2000; Quinn, 2004b; Savelsbergh, 1993; Soska et al.,  
2012).  
La clasificación espacial se observa a los 8 meses, es una actividad que precede a la categorización  
espacial. En la evolución de las relaciones espaciales, los infantes modifican y clasifican  
espacialmente; cuando los objetos adquieren una posición final, se le asignan diferentes etiquetas,  
tales como arriba frente abajo (Casasola, 2018; Davidson & Lake, 2021; Quinn, 1994; Quinn et al., 2002),  
izquierda frente a derecha (Behl-Chadha & Eimas, 1995; Gava et al., 2009; Quinn, 2004b), contención  
(Casasola et al., 2003), ajustado y amplio (S. J. Hespos & Piccin, 2009; S. Hespos & Spelke, 2004) y  
entre (Casasola, 2008; Davidson & Lake, 2021; Quinn et al., 1999).  
Limitaciones: La principal limitación fue la accesibilidad a los participantes; en consecuencia, se  
presentaron limitaciones metodológicas relacionadas con el tamaño de la muestra y con el plan de  
análisis. La representación de los datos se aplicó a los infantes evaluados.  
Recomendaciones: se proponen estudios longitudinales con medidas repetidas, criterios de selección  
más flexibles, el tamaño de muestra ≥ 30 infantes para la aplicación de estadísticas paramétricas y  
análisis multivariados.  
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ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 550.  
CONCLUSIÓN  
La relación que se estableció entre las acciones manuales exploratorias en los objetos y las habilidades  
espaciales está mediada por la integración sensoriomotora. La interacción con los objetos requiere la  
participación de varias modalidades motoras y perceptuales; al integrarse, mejoran las adaptaciones y  
los ajustes en los patrones de respuestas incrementando las oportunidades para el aprendizaje y el  
desarrollo cognitivo, motor y espacial.  
En la relación con el entorno, las posibilidades para la acción se incrementan, las acciones son más  
elaboradas y el aprendizaje en el mundo de los objetos se hace evidente. Las habilidades para la  
exploración de objetos se desarrollan por la regularidad de los patrones de ejecución, la experiencia  
previa y la interpretación de las acciones.  
El agarre proyecta un desarrollo sensoriomotor; es una acción motora que se adapta a la información  
de los objetos, funcionalmente evoluciona y se consolida para abrir paso, de manera progresiva, a las  
acciones manuales exploratorias. El amplio repertorio de las acciones manuales las hace selectivas,  
para abstraer las características superficiales de los objetos; las hace específicas para la exploración;  
y adaptativas para el condicionamiento espacial.  
La exploración de objetos se inicia con la mano derecha o izquierda; la mano preferente explora dos o  
más objetos y se especializa para realizar acciones más complejas. Una de ellas, es la integración de  
varios segmentos corporales como la cabeza, el tronco y las articulaciones proximales de los  
miembros superiores, para realizar el patrón de lanzamiento del objeto fuera de su entorno próximo. A  
medida que adquieren mayor control sobre los objetos, progresan a lo bimanual, con una variedad de  
acciones exploratorias: simultáneas, alternadas, independientes, simétricas y asimétricas.  
La transición entre las acciones manuales exploratorias y las relaciones espaciales está mediada por  
el tiempo y el espacio; las relaciones espaciales resultan de la interacción, la orientación y la ubicación  
de los objetos. Una secuencia de habilidades se desarrolla mientras abstraen las relaciones espaciales  
con la fijación de la mirada, identifican la posición fija del objeto, establecen contacto, ajustan el agarre  
y realizan acciones manuales exploratorias y la velocidad se evidencia con el tiempo que se gasta el  
infante para cambiar de lugar, los objetos que tiene en las manos y organizarlos por proximidad en el  
espacio próximo.  
La organización espacial por proximidad es una forma de categorizar objetos que promueven la  
clasificación dentro de una o de múltiples categorías. Se inicia con la relación espacial de cercanía  
entre objetos y progresa a la relación espacial física ejecutada por el infante y que devela una revolución  
cognitiva implícita en la exploración, clasificación y organización espacial de objetos. Las categorías  
espaciales se forman en el momento en que los objetos que tienen en las manos son liberados,  
relacionados espacialmente y colocados en una posición final; estas categorías adquieren etiquetas  
como a la derecha, a la izquierda, adelante, atrás, entre y sobre otro objeto.  
Las habilidades espaciales son las capacidades que tienen los infantes de integrar procesos cognitivos  
para explorar los objetos, a partir de acciones exploratorias unimanuales con uno o más objetos, luego  
bimanuales con patrones independientes, simultáneos, simétricos y asimétricos. Las relaciones  
espaciales se formaron por las experiencias permanentes y consistentes, que les permitieron marcar  
la posición final de un objeto con referencia a otro y crear las categorías espaciales.  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 551.  
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LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 557.  
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LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 558.