CONCLUSIÓN
El Trastorno Afectivo Estacional, en la Ciudad de México, representa un problema de salud pública. Las
variaciones de la luz solar tienen una influencia en los estados melancólicos depresivos de sus
habitantes. En este trabajo se observó la relación entre la presencia del TAE y el comportamiento
climatológico de la iluminancia en la Ciudad de México. Esto se realizó en base a los valores del día
promedio mensual de los parámetros de iluminancia y de radiación solar durante los años 2019 y 2024
contrastados con los eventos, presentados en esos mismos años, de depresión, intentos y
pensamientos de suicidio registrados por el Boletín Epidemiológico Sistema Nacional de Vigilancia
Epidemiológica Sistema Único de Información de la Dirección General de Epidemiología de la
Secretaría de Salud.
Cabe mencionar que, en el Boletín Epidemiológico, en el rubro de Depresión aparecen en el campo de
Género las cifras de las mujeres y hombres que sufrieron, por semana, este padecimiento. Esto, sin
duda alguna, representa una gran herramienta para seguir estudiando, con mayor profundidad, los
efectos del TAE en los habitantes de la Ciudad de México.
El inicio del TAE surge con la disminución de la luz, en octubre y noviembre y alcanza su máximo nivel
durante el mes de diciembre, pero es a partir de enero, con el aumento de luz, y el aumento de energía
que la persona afectada del TAE solicita ayuda médica. De ahí se desprende y se entiende el
desfasamiento entre el surgimiento de la enfermad y la atención que se le da tiempo después. Esto se
debe a que, aunque los valores de la iluminancia durante la primavera y el otoño son equivalentes, la
marcha de éstos es opuesta: durante la primavera comienzan a aumentar los niveles de luz y causan
una activación de la energía reflejada en las ganas de vivir mientras que, en otoño, cuando descienden,
propician una etapa de fatiga, una disminución de la energía reflejada en la falta de interés y de placer
por todo.
En la figura de intentos y pensamientos de suicidio, se observa que los intentos de suicidio fueron
superiores al número de personas que únicamente lo contemplaron. Durante los meses de agosto,
septiembre y parte de octubre se invierte este comportamiento, podría pensarse que durante estos
meses quienes sufren de depresión melancólica causada por el TAE no cuentan con la fuerza física
necesaria para actuar, o también, que se presentan nuevos casos que entran en las primeras etapas
de este padecimiento y que, por lo tanto, no han sido declarados, pero el comportamiento general de
estos casos, nos confirma la estacionalidad de la enfermedad.
Los síntomas que se le han atribuido a los conceptos melancolía y depresión han sufrido y sobrellevado
variaciones con el transcurso del tiempo y el cambio de épocas. El TAE surgió para limitarlos a los
cambios estacionales. En cambio, desde la Medicina Hipocrática, hasta nuestros días, se ha sostenido
que los padecimientos físicos y mentales del ser humano tienen una estrecha relación con el entorno
geográfico y climatológico del lugar en donde reside.
P. Lain escribe, con fino tacto, que “el pensamiento meteorológico (atribución al cosmos de un papel
importante en la génesis y en la configuración de las enfermedades humanas) es uno de los rasgos
comunes de toda la medicina que hoy solemos llamar hipocrática”, porque el médico prestaba atención
no solo al cuerpo del enfermo, sino también a todo el universo cósmico en que el hombre se halla
inmerso: astros, tierra, clima, estaciones del año, aguas, vientos, etc. (Hipócrates, siglo V/1986 p. 18)
La cantidad de iluminación y radiación solar están relacionados con los casos de depresión
melancólica provocada por el Trastorno Afectivo Estacional. A mayor radiación e iluminación menor
número de casos, esto podría parecer contradictorio con la información que se presenta en los
gráficos, pero es necesario recordar la patogénesis del TAE. La depresión melancólica producida por
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 790.