recíprocamente complementarios y antagónicos y en el que lo producido entra de nuevo a ser
productor.
Según la tipología de la teoría general de sistemas (Ramírez, 2002) los sistemas transicionales
pertenecen a los sistemas organizacionales, humanos y sociales, y los sistemas transicionales tienen
como función gobernar los procesos políticos, económicos, sociales, culturales y ambientales en las
sociedades que han sufrido guerras u otro conjunto de hechos traumáticos generalizados que afectan
la humanidad, y administrar las formas de conocer la verdad de los hechos, reparar los daños ocurridos,
hacer justicia a las víctimas y asegurar un futuro pacífico.
La pregunta es si el Sistema Transicional colombiano es susceptible de tal complejidad y cómo
aparece su gubernamentalidad. Al respecto, podría decirse de manera provisional, según lo que ha
emergido hasta ahora en la investigación, que el Sistema Transicional en Colombia ha sido creado con
cierta visión de integralidad, a partir de la cual se ha definido cada parte en su especificidad, se ha
concebido un conjunto de instituciones y mecanismos diferentes para su operacionalización y se les
ha asignado el mandato de relacionarse y articularse bajo el propósito común de la garantía de los
derechos de las víctimas del conflicto armado a la verdad, la justicia, la reparación y la no repetición.
En las percepciones que circulan acerca del Sistema Transicional de Colombia cuando se lo nombra
como complejo, se tiene la sensación de algo confuso, que pesa o aplasta, que domina sobre los
sujetos y ante lo cual estos se sienten impotentes. Emergen tres hipótesis de qué explica esta
percepción de impotencia y sensación de confusión. La primera, que efectivamente se trate una
creación de hipercomplejidad por parte de quienes ejercen un nivel de poder estratégico y técnico en
la gubernamentalidad del sistema. La segunda, muy mencionada, es que no exista una pedagogía clara
del sistema acerca de sí mismo para los sujetos en los territorios o para públicos no expertos. La
tercera hipótesis es que existan predisposiciones de desconfianza o de rechazo al sistema como algo
impuesto por una ideología, personaje o partido político que oculta ciertos intereses económicos y
políticos que no son transparentes y que afectan negativamente a la mayoría. El cerebro humano tiende
a rechazar aquello que contradice ‘sus’ ideas.
A esto podría agregarse que en esta “permanente transición”, cada Tratado, cada institución creada,
cada nuevo dispositivo que busca hacer posible la Verdad-Justicia-Paz trae un nuevo sistema de ideas,
procura una coherencia y adecuación de conceptos, hace un diseño con intención de que sea
técnicamente perfecto, es revisado y ajustado en su pureza jurídica, y va generando un océano de
incomprensiones en medio de las cuales la navegación se vuelve caótica y los avances son
prácticamente inidentificables e incomunicables. “Cada institución del Sistema Transicional decía un
asesor de una entidad del sistema integral de paz, tiende a abarcarlo, la pedagogía, la verdad, la justicia
y la convivencia, cada una impone su lógica, todas operan desde ´arriba´, tiene múltiples cuellos de
botella que se niega a reconocer y sólo mira los obstáculos que ponen las demás. Hablan de articularse
y coordinarse, pero hasta ahora no se sabe cómo”.
La tendencia, comprensible por demás, cuando se plantean estas percepciones sobre el sistema es
pretender reducir la complejidad, simplificar, racionalizar, olvidando que lo complejo por definición es
irreductible e irracionalizable, al menos desde la teoría del Pensamiento Complejo. La vía por la que
comúnmente se opta para reducir la complejidad en el Sistema Transicional es canalizar la energía
para la verdad, la reparación, la restauración y el desarrollo a través de la formulación, gestión,
implementación de proyectos y la medición cuantitativa de metas e indicadores. Pero, un proyecto no
puede escapar a la complejidad antes crea más complejidad, responde a una estrategia, se ubica en
un programa, depende de leyes, sistemas institucionales, está mediado por la voluntad de los actores
y, además, debe obedecer a un sistema de procedimientos, enfoques, criterios, etc… lo que en
ocasiones contribuye a mayor exclusión y separación, y no a la integración necesaria.
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 959.