en ciudades fronterizas, los casos de feminicidio han sido relevantes y se insertan en contextos de
migración, movilidad laboral y violencia urbana. En Sonora, los repuntes de feminicidio coinciden con
periodos de mayor violencia territorial. En Sinaloa, el feminicidio aparece frecuentemente vinculado a
contextos criminales amplios, donde la violencia estructural permea múltiples ámbitos sociales. En
Baja California Sur, aunque el volumen es menor, el crecimiento urbano acelerado y la migración interna
han generado nuevas dinámicas de riesgo.
La desaparición y no localización constituye uno de los fenómenos más preocupantes, particularmente
en Baja California y Sonora. La condición fronteriza, la migración constante y la movilidad laboral
incrementan la vulnerabilidad de mujeres jóvenes. En Sinaloa, la desaparición también se vincula a
entornos de violencia criminal. Baja California Sur presenta menor incidencia relativa, pero con
tendencia al alza en áreas urbanas turísticas.
En cuanto a delitos de violación simple y equiparada, la incidencia es mayor en zonas urbanas densas,
especialmente en Baja California. La expansión metropolitana sin infraestructura suficiente y la
precarización de periferias contribuyen a la exposición al riesgo. La violencia familiar aparece como el
delito más constante en las cuatro entidades, independientemente del perfil económico. Esto evidencia
que la violencia contra las mujeres no depende exclusivamente de pobreza o criminalidad organizada,
sino de estructuras culturales de desigualdad de género.
En síntesis, la región presenta una violencia estructural asociada principalmente a su condición
fronteriza, a la integración a economías globales y a la presencia histórica de violencia criminal
organizada. A diferencia de regiones con pobreza estructural profunda, el Noroeste muestra
dinamismo económico importante: manufactura exportadora en Baja California y Sonora, agroindustria
en Sinaloa y turismo en Baja California Sur. No obstante, este crecimiento ha estado acompañado de
urbanización acelerada, migración constante y expansión de periferias con servicios insuficientes.
Estas condiciones generan fragmentación social y desigualdad territorial, factores que sostienen la
violencia estructural.
En Baja California y Sonora, la frontera internacional y las rutas estratégicas de comercio también
coinciden con corredores de violencia, lo que incrementa homicidios y desapariciones. En Sinaloa, la
persistencia histórica de grupos criminales ha normalizado dinámicas de violencia que impactan
indirectamente a las mujeres. En Baja California Sur, el rápido crecimiento turístico ha producido
tensiones sociales y precarización laboral en ciertos sectores.
En conjunto, la región Noroeste no se caracteriza por marginación extrema generalizada, sino por una
violencia estructural vinculada a desigualdad urbana, movilidad migratoria, disputas territoriales y
debilidades institucionales, que crean entornos propicios para la persistencia de feminicidio,
desaparición y violencia familiar. De modo tal que, la región Noroeste demuestra que la
industrialización exportadora, la agroindustria y el turismo pueden coexistir con altos niveles de
violencia homicida y feminicida. El crecimiento económico no transforma automáticamente las
relaciones de poder ni elimina patrones patriarcales. Además, la condición fronteriza y la presencia de
economías ilícitas complejizan el escenario. Por ejemplo, en Baja California y Sonora, la combinación
de frontera, manufactura y movilidad intensiva configura entornos urbanos de alta vulnerabilidad. En
Sinaloa, la violencia estructural vinculada a grupos criminales impacta indirectamente en la seguridad
de las mujeres. En Baja California Sur, el crecimiento turístico acelerado genera tensiones sociales y
desigualdad territorial.
Finalmente, la región sureste que alberga al 21% de la población total del país y está conformada por
Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Veracruz, Tabasco, Campeche, Quintana Roo y Yucatán presenta una de las
configuraciones socioeconómicas más contrastantes del país. Mientras Chiapas, Guerrero y Oaxaca
concentran históricamente altos niveles de pobreza estructural, entidades como Quintana Roo y
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 1160.