como “el padre, el fundador”, sino también para la inicial planta docente de Psicología, la cual retomó
tanto sus postulados teóricos y metodológicos como sus ideas políticas e institucionales. En este
sentido, puede concebirse como una figura significativa compartida, cuya presencia tuvo un impacto
dinámico a nivel individual y colectivo.
A pesar de su formación ribesiana, las críticas de Lorena, específicamente de la psicología definida
desde el modelo conductual, se vieron alimentadas por diversos factores que se presentaron en sus
primeros años como docente, uno de ellos derivado de las materias que impartió (Social Aplicada y
Experimental), en las que puso a prueba los límites del conductismo, especialmente en el campo social:
Curiosamente, ahí fue donde rompimos con el conductismo, porque en Social Aplicada [en] las
prácticas, no nos bastaba con el conductismo. Teníamos que estudiar un poco política, sociología, y
fue donde revienta el currículum, por las prácticas. Necesitábamos otro tipo de formación. No
podíamos explicar la realidad social con el conductismo.
Lo anterior es identificado como una bifurcación, pues permite observar que el trabajo con estudiantes
en comunidades vulneradas incrementó la actitud crítica y reflexiva de Lorena respecto a los alcances
del conductismo frente a la complejidad de los problemas sociales, por lo que resultó necesario
cuestionar el paradigma. Al mismo tiempo, evidencia que sus recursos experienciales se constituyeron
en herramientas clave para iniciar una transformación en su representación de la psicología, es decir,
al ampliar sus reservas de conocimiento, la metabolización de sus experiencias cobró mayor
profundidad y reflexividad (Delory-Momberger, 2014).
Un aspecto clave que estimuló las transformaciones de las que hablamos, fue que no se trató de un
cambio de actitud frente al conductismo mantenido únicamente por Lorena. Se trató de un movimiento
colectivo de muchos profesores de Iztacala que iniciaron bajo el paraguas del modelo conductual para
después cuestionarlo. Esta actitud crítica colectiva desembocó en la intención de cambiar el
currículum de Iztacala, discusión y movilización académica que se prolongó casi 40 años. Estas
movilizaciones trajeron consigo ruptura de amistades, luchas entre áreas de las prácticas, permutas
en la jefatura de psicología, pero también la caída de un, en palabras de Lorena, “currículum
esperanzador”, con el que se tuvo la expectativa de hacer de Iztacala “la mejor escuela del país”. Como
es posible notar, estas transformaciones trastocaron procesos singulares y colectivos, identitarios,
disciplinarios, de enseñanza, etc. Lorena describe dicha complejidad:
Las aplicadas nos pusimos en una exigencia ... No era una cosa individual, era una cuestión de todas
las prácticas ... El problema también fue que Emilio Ribes se fue a España ... y a quien deja de jefe de
carrera es un desastre, que, en lugar de ir arreglando las cosas, nomás nos hizo oponernos más: las
prácticas contra experimental y metodología. Eso hizo una lucha … fue un periodo terrible, porque es
como la caída no solo de un currículum esperanzador que iba a salvar y cambiar el mundo, sino que
también de amistades.
El inicio de estas movilizaciones docentes lo hemos identificado como una bifurcación colectiva, es
decir, un punto de quiebre que no solo se vivió a nivel individual, sino que fue compartido por un grupo
de docentes, y que modificó el rumbo original de la institución. Asimismo, es necesario resaltar la
dimensión colectiva de la experiencia que le dio sentido a esta bifurcación, la cual se inscribe en un
periodo sociohistórico marcado por tensiones académicas, sociales e institucionales, en el que
circularon diversos discursos, actitudes y normas. Este contexto operó como el entramado social que
hizo posible la emergencia de experiencias singulares, las cuales se gestaron en diálogo con esa trama
colectiva que las hizo significables (Delory-Momberger, 2014).
Siguiendo el relato de Lorena, el primer intento por generar un cambio curricular en la carrera de
Psicología estuvo ligado, principalmente, a dos procesos: las disputas entre grupos académicos y “una
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 1346.