Cetoacidosis diabética: actualización del manejo  
protocolizado en el servicio de emergencias  
Diabetic ketoacidosis: an update on the standardized management protocol  
in the emergency department  
Stephany González Lobo  
Investigadora independiente  
San José Costa Rica  
Yarizol Delgado Paniagua  
Investigadora independiente  
Heredia Costa Rica  
Lloyd Steven Shedden Hidalgo  
Investigador independiente  
Limón Costa Rica  
Joshmar Tadlaoui Gonzalez  
https://orcid.org/0009-0004-3993-537X  
Investigador independiente  
Limón Costa Rica  
Artículo recibido: 18 de diciembre de 2025. Aceptado para publicación: 24 de abril de 2026.  
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.  
Resumen  
La cetoacidosis diabética es una emergencia metabólica aguda frecuente en el servicio de urgencias  
que se asocia con morbilidad significativa y requiere diagnóstico y tratamiento oportunos. El objetivo  
de este trabajo fue sintetizar la fisiopatología, los factores precipitantes, las manifestaciones clínicas,  
el abordaje diagnóstico y el manejo actual de la cetoacidosis diabética en el contexto de la atención  
de emergencias. Se realizó una revisión narrativa de la literatura enfocada en estudios y documentos  
clínicos sobre fisiopatología, diagnóstico, tratamiento y prevención de complicaciones. La evidencia  
revisada mostró que la deficiencia absoluta o relativa de insulina, junto con el aumento de hormonas  
contrarreguladoras, favorece la gluconeogénesis, la glucogenólisis y la lipólisis, lo que genera  
hiperglucemia, cetonemia y acidosis metabólica con aumento del anión gap. También mostró que la  
diuresis osmótica produce deshidratación y alteraciones electrolíticas, en especial del potasio, y que  
entre los principales factores precipitantes se encuentran las infecciones, la omisión de insulina, las  
enfermedades agudas, algunos fármacos y el debut diabético. Las manifestaciones más frecuentes  
incluyen poliuria, polidipsia, náuseas, vómitos, dolor abdominal, deshidratación, respiración de  
Kussmaul y alteración del estado de conciencia. Se concluyó que el manejo protocolizado basado en  
reposición de líquidos, insulina intravenosa, corrección electrolítica y monitorización continua permite  
resolver el cuadro, mientras que la educación del paciente y el monitoreo de glucosa ayudan a reducir  
recurrencias y complicaciones.  
Palabras clave: cetogénesis, anión gap, diuresis osmótica, hipokalemia, insulinoterapia  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 1596.  
Abstract  
Diabetic ketoacidosis is a common acute metabolic emergency seen in the emergency department,  
associated with significant morbidity and requiring timely diagnosis and treatment. The aim of this  
study was to synthesize the pathophysiology, precipitating factors, clinical manifestations, diagnostic  
approach, and current management of DKA in the emergency care setting. A narrative literature review  
was conducted, focusing on clinical studies and documents related to the pathophysiology, diagnosis,  
treatment, and prevention of complications. The reviewed evidence showed that absolute or relative  
insulin deficiency, along with increased counterregulatory hormones, promotes gluconeogenesis,  
glycogenolysis, and lipolysis, leading to hyperglycemia, ketonemia, and metabolic acidosis with an  
increased anion gap. The review also showed that osmotic diuresis causes dehydration and electrolyte  
imbalances, particularly potassium imbalances, and that the main precipitating factors include  
infections, insulin omission, acute illnesses, certain medications, and the onset of diabetes. The most  
frequent manifestations include polyuria, polydipsia, nausea, vomiting, abdominal pain, dehydration,  
Kussmaul breathing, and altered mental status. It was concluded that a standardized management  
protocol based on fluid replacement, intravenous insulin, electrolyte correction, and continuous  
monitoring resolves the condition, while patient education and glucose monitoring help reduce  
recurrences and complications.  
Keywords: ketogenesis, anion gap, osmotic diuresis, hypokalemia, insulin therapy  
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Cómo citar: González Lobo, S., Delgado Paniagua, Y., Shedden Hidalgo, L. S., & Tadlaoui Gonzalez, J.  
(2026). Cetoacidosis diabética: actualización del manejo protocolizado en el servicio de emergencias.  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 7 (2), 1596 1613.  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 1597.  
INTRODUCCIÓN  
La cetoacidosis diabética se define por la presencia de hiperglucemia, cetonemia y acidosis  
metabólica, y suele manifestarse con síntomas clínicos como náuseas, vómitos, dolor abdominal y  
alteraciones del estado mental (Sanalkumar et al., 2023). Este trastorno metabólico representa una  
emergencia potencialmente mortal que requiere atención médica inmediata, ya que el reconocimiento  
y tratamiento tardíos pueden conducir a complicaciones graves, entre ellas edema cerebral, lesión renal  
aguda y colapso cardiovascular. Debido a su rápida progresión y a su potencial para producir deterioro  
sistémico, la cetoacidosis diabética continúa siendo una de las complicaciones agudas más críticas  
de la diabetes mellitus en la práctica médica de emergencias (Eledrisi et al., 2022).  
La incidencia de la cetoacidosis diabética varía según el tipo de diabetes y la edad del paciente. Ocurre  
con mayor frecuencia en individuos con diabetes tipo 1, particularmente entre adolescentes y adultos  
jóvenes, con tasas de incidencia que suelen alcanzar su punto máximo durante la adolescencia. En  
contraste, en los individuos con diabetes tipo 2 la incidencia tiende a aumentar con la edad,  
observándose tasas más elevadas en poblaciones de adultos mayores. Es importante destacar que los  
datos epidemiológicos indican que la incidencia global de la cetoacidosis diabética ha ido en aumento  
con el tiempo, lo que refleja una creciente carga para los sistemas de salud a nivel mundial (Ebrahimi  
et al., 2022).  
Más allá de sus consecuencias metabólicas agudas, la cetoacidosis diabética se asocia con una  
morbilidad significativa. Los pacientes con frecuencia requieren estancias hospitalarias prolongadas  
y, en muchos casos, ingreso a unidades de cuidados intensivos para una monitorización y manejo  
estrechos. Las tasas de mortalidad varían entre diferentes poblaciones de pacientes, observándose  
una mayor mortalidad en individuos con diabetes tipo 2 en comparación con aquellos con diabetes tipo  
1 (Eledrisi et al., 2022; Ebrahimi et al., 2022). Asimismo, los resultados a largo plazo después de un  
episodio de cetoacidosis diabética pueden incluir un mayor riesgo de complicaciones relacionadas con  
la diabetes, así como un aumento en la mortalidad a largo plazo (Budhram et al., 2024; Michaelis et al.,  
2020).  
Además de su impacto clínico, la cetoacidosis diabética representa una carga económica considerable  
para los sistemas de salud. Esta condición con frecuencia conduce a hospitalizaciones, utilización de  
unidades de cuidados intensivos y la necesidad de monitoreo bioquímico continuo junto con  
tratamientos especializados (Virdi et al., 2023). Esta carga financiera se ve aún más agravada por  
episodios recurrentes, que son particularmente comunes en pacientes con mal control glucémico y  
baja adherencia a los regímenes terapéuticos (Michaelis et al., 2020).  
Dadas estas implicaciones clínicas y económicas, la implementación de protocolos estandarizados  
para el manejo de la cetoacidosis diabética en los servicios de emergencias se ha vuelto esencial. Los  
algoritmos terapéuticos estructurados facilitan el reconocimiento temprano y el inicio oportuno del  
tratamiento adecuado, contribuyendo así a la reducción de la mortalidad y a la mejora de los resultados  
clínicos generales. La evidencia indica que la adherencia a estos protocolos se asocia con una  
disminución significativa de la mortalidad intrahospitalaria y con mejores resultados clínicos, lo que  
subraya la importancia de su implementación sistemática. En este contexto, la capacitación continua  
del personal y la optimización de los recursos sanitarios se recomiendan como estrategias para  
fortalecer el cumplimiento de los protocolos y mejorar la calidad de la atención brindada a los pacientes  
que presentan cetoacidosis diabética (Fatima et al., 2025).  
El objetivo de este artículo es analizar y actualizar la evidencia disponible sobre el diagnóstico y manejo  
protocolizado de la cetoacidosis diabética en el servicio de emergencias, con el fin de describir las  
estrategias terapéuticas actuales que permitan optimizar el tratamiento oportuno, reducir  
complicaciones y mejorar los resultados clínicos.  
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ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 1598.  
METODOLOGÍA  
Este manuscrito fue desarrollado como una revisión narrativa estructurada con el objetivo de  
proporcionar un análisis clínico actualizado e integrado sobre la cetoacidosis diabética, con especial  
énfasis en su reconocimiento temprano, diagnóstico y manejo protocolizado en el servicio de  
emergencias. La revisión se realizó de acuerdo con el marco SANRA (Scale for the Assessment of  
Narrative Review Articles) y siguió un protocolo metodológico predefinido establecido antes del  
proceso de búsqueda bibliográfica. Debido a la complejidad fisiopatológica de la cetoacidosis  
diabética, la diversidad de factores precipitantes y la variabilidad en los enfoques diagnósticos y  
terapéuticos aplicados en los servicios de urgencias, se seleccionó una síntesis interpretativa narrativa  
en lugar de un análisis cuantitativo. Este enfoque permitió integrar aspectos fisiopatológicos,  
epidemiológicos, diagnósticos y terapéuticos dentro de un marco clínico coherente y aplicable a la  
práctica de medicina de emergencias. Se prestó especial atención al reconocimiento clínico temprano,  
a los criterios diagnósticos actuales, a las estrategias de reanimación inicial, al manejo con fluidos e  
insulinoterapia, a la corrección de alteraciones electrolíticas y a la monitorización durante el  
tratamiento. El objetivo fue proporcionar una síntesis estructurada capaz de apoyar la toma de  
decisiones clínicas basada en evidencia en el manejo de pacientes que presentan cetoacidosis  
diabética en el contexto de la atención de emergencias.  
Se realizó una búsqueda exhaustiva de la literatura en las bases de datos PubMed, Scopus y Web of  
Science, incluyendo artículos revisados por pares publicados en inglés o español entre enero de 2020  
y diciembre de 2025. La búsqueda final se llevó a cabo en abril de 2026. Este intervalo temporal fue  
seleccionado con el fin de capturar avances contemporáneos en el reconocimiento clínico de la  
cetoacidosis diabética, los criterios diagnósticos actualizados, los protocolos terapéuticos utilizados  
en servicios de emergencias y las recomendaciones clínicas más recientes. Se incorporaron estudios  
fundamentales cuando fue necesario para contextualizar mecanismos fisiopatológicos, tendencias  
epidemiológicas o la evolución histórica del manejo de esta emergencia metabólica. La estrategia de  
búsqueda combinó términos MeSH y términos libres mediante operadores booleanos relacionados con  
diabetic ketoacidosis, hyperglycemic emergencies, metabolic acidosis, ketonemia, insulin therapy, fluid  
resuscitation, electrolyte management, emergency department management y clinical protocols. Las  
búsquedas se realizaron tanto en títulos y resúmenes como en encabezamientos de materias  
indexadas con el fin de maximizar la sensibilidad de la estrategia de búsqueda.  
La búsqueda inicial identificó 214 registros. Tras la eliminación de duplicados, 162 artículos fueron  
seleccionados para el proceso de revisión de títulos y resúmenes. De estos, 97 artículos fueron  
evaluados mediante revisión completa del texto, y finalmente 49 estudios fueron incluidos en la síntesis  
final. La selección de los estudios fue realizada de forma independiente por dos autores, y cualquier  
desacuerdo fue resuelto mediante discusión y consenso. Los criterios de inclusión consideraron  
estudios que abordaran la fisiopatología, el diagnóstico clínico o el manejo terapéutico de la  
cetoacidosis diabética en pacientes adultos o pediátricos en contextos hospitalarios o de emergencia.  
Los criterios de exclusión incluyeron publicaciones no revisadas por pares, reportes de casos aislados,  
editoriales sin datos clínicos relevantes, estudios centrados exclusivamente en investigación básica  
sin aplicabilidad clínica directa, conjuntos de datos redundantes y artículos que no abordaban  
directamente el diagnóstico, manejo terapéutico o resultados clínicos de la cetoacidosis diabética.  
Los estudios elegibles incluyeron ensayos clínicos aleatorizados, cohortes observacionales, revisiones  
sistemáticas, metaanálisis, documentos de consenso de expertos y guías clínicas internacionales  
contemporáneas provenientes de sociedades de endocrinología, medicina de emergencias, medicina  
interna y cuidados críticos. Se otorgó prioridad a investigaciones multicéntricas, estudios con  
definiciones diagnósticas estandarizadas y trabajos que evaluaran la eficacia de protocolos  
terapéuticos, la seguridad del tratamiento, la resolución metabólica, las complicaciones asociadas y  
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los resultados clínicos. Las variables extraídas incluyeron diseño del estudio, características de la  
población, criterios diagnósticos de cetoacidosis diabética, factores precipitantes, parámetros  
bioquímicos iniciales, estrategias de rehidratación, regímenes de insulinoterapia, manejo de  
alteraciones electrolíticas, criterios de resolución metabólica, duración de la hospitalización, admisión  
a unidades de cuidados intensivos y eventos adversos relacionados con el tratamiento.  
La calidad metodológica y la validez interna de los estudios fueron evaluadas de forma narrativa  
considerando el riesgo de sesgo, el tamaño de muestra, la duración del seguimiento, la consistencia  
de los criterios diagnósticos y terapéuticos y la reproducibilidad de los resultados reportados. En  
situaciones de evidencia conflictiva, se otorgó mayor peso interpretativo a los estudios con mayor nivel  
de evidencia y a las recomendaciones respaldadas por guías clínicas internacionales. Las listas de  
referencias de los estudios incluidos fueron revisadas manualmente con el fin de identificar  
publicaciones adicionales relevantes.  
Debido a su diseño narrativo, esta revisión está sujeta a un posible sesgo de selección y no proporciona  
estimaciones cuantitativas agrupadas. Las herramientas basadas en inteligencia artificial se utilizaron  
exclusivamente para asistir en la organización de la literatura y en la coherencia estructural del  
manuscrito, mientras que la evaluación crítica, la síntesis de la evidencia y la interpretación final fueron  
realizadas de manera independiente por los autores con el fin de preservar el rigor metodológico.  
RESULTADOS Y DISCUSIÓN  
Fisiopatología de la cetoacidosis diabética  
La cetoacidosis diabética se desarrolla principalmente como consecuencia de una deficiencia absoluta  
o relativa de insulina, lo que altera de manera profunda el metabolismo de la glucosa y desencadena  
una serie de cambios metabólicos y hormonales que conducen a descompensación metabólica  
sistémica. En condiciones fisiológicas, la insulina desempeña un papel fundamental en la regulación  
del metabolismo de la glucosa, ya que facilita su captación por las células, especialmente en el  
músculo y el tejido adiposo, y al mismo tiempo inhibe la producción hepática de glucosa. Sin embargo,  
en la cetoacidosis diabética, la deficiencia de insulina reduce la captación periférica de glucosa y  
favorece el aumento de la gluconeogénesis y la glucogenólisis hepática, lo que contribuye al desarrollo  
de hiperglucemia (Tremblay et al., 2022; Umpierrez et al., 2024; Spagnolo et al., 2024).  
De forma paralela, la ausencia de insulina provoca la activación de múltiples hormonas  
contrarreguladoras que intensifican las alteraciones metabólicas características de esta condición.  
Entre estas hormonas destaca el glucagón, cuyos niveles aumentan significativamente en ausencia de  
insulina, estimulando la gluconeogénesis y la cetogénesis, lo que contribuye tanto al incremento de la  
glucemia como a la producción de cuerpos cetónicos. Asimismo, las catecolaminas se elevan en  
respuesta al estrés fisiológico y promueven la glucogenólisis y la lipólisis, procesos que exacerban la  
hiperglucemia y favorecen la formación de cuerpos cetónicos. De manera similar, el cortisol  
incrementa la gluconeogénesis y potencia la resistencia a la insulina, lo que agrava aún más la  
hiperglucemia. Por otra parte, la hormona del crecimiento también contribuye al desarrollo de  
resistencia a la insulina y estimula la lipólisis, aumentando la disponibilidad de ácidos grasos libres que  
posteriormente son utilizados en el hígado para la producción de cuerpos cetónicos (Umpierrez et al.,  
2024).  
Como resultado de estas alteraciones hormonales y metabólicas, se desarrollan varios trastornos  
metabólicos principales. En primer lugar, la hiperglucemia sostenida produce diuresis osmótica, lo que  
ocasiona pérdida significativa de agua y electrolitos, generando deshidratación y desequilibrios  
electrolíticos (Umpierrez et al., 2024; Spagnolo et al., 2024). De manera simultánea, la deficiencia de  
insulina junto con el aumento de hormonas contrarreguladoras estimula la lipólisis, incrementando la  
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liberación de ácidos grasos libres desde el tejido adiposo. Estos ácidos grasos son transportados al  
hígado, donde son convertidos en cuerpos cetónicos, lo que conduce al desarrollo de cetonemia. La  
acumulación progresiva de estos cuerpos cetónicos, particularmente acetoacetato y beta-  
hidroxibutirato, da lugar a una acidosis metabólica caracterizada por un aumento del anión gap  
(Tremblay et al., 2022; Spagnolo et al., 2024).  
Además de las alteraciones metabólicas, la cetoacidosis diabética se asocia con importantes  
trastornos hidroelectrolíticos. Uno de los hallazgos más relevantes es el déficit total de potasio  
corporal. Aunque los niveles séricos de potasio pueden presentarse normales o incluso elevados al  
inicio, el contenido total de potasio en el organismo se encuentra disminuido debido a la diuresis  
osmótica y a los desplazamientos intracelulares asociados con la acidosis. Asimismo, pueden  
presentarse alteraciones en otros electrolitos como sodio, fósforo y magnesio. Los niveles de sodio  
pueden disminuir como consecuencia de la diuresis osmótica, mientras que las deficiencias de fósforo  
y magnesio pueden desarrollarse debido a pérdidas renales y desplazamientos intracelulares. La  
diuresis osmótica sostenida conduce a una pérdida significativa de líquidos corporales, lo que produce  
deshidratación marcada y reducción del volumen intravascular, comprometiendo potencialmente la  
perfusión de los órganos y contribuyendo al deterioro clínico del paciente (Umpierrez et al., 2024).  
Factores precipitantes  
Las infecciones constituyen uno de los factores precipitantes más frecuentes de la cetoacidosis  
diabética. Entre ellas, las infecciones respiratorias han sido ampliamente reconocidas como  
desencadenantes importantes. Durante la pandemia de COVID-19 se observó un incremento en los  
casos de cetoacidosis diabética, lo que sugiere una posible relación entre las infecciones respiratorias  
y el inicio de este trastorno metabólico (Misra et al., 2021). De manera similar, otras infecciones  
sistémicas también pueden desempeñar un papel relevante en la precipitación de esta condición. Las  
infecciones del tracto urinario y los cuadros sépticos representan factores contribuyentes  
significativos en el desarrollo de cetoacidosis diabética. Una revisión sistemática realizada en Etiopía  
identificó a las infecciones como uno de los principales factores asociados con la aparición de  
cetoacidosis diabética, con una razón de probabilidades ajustada de 1.62 (Feleke et al., 2025).  
Otro factor determinante en la aparición de cetoacidosis diabética es la omisión o interrupción del  
tratamiento con insulina. La discontinuación de la terapia con insulina compromete el control  
metabólico y favorece el desarrollo de hiperglucemia y cetogénesis. En el mismo estudio realizado en  
Etiopía se observó que la suspensión del tratamiento farmacológico se asociaba con un aumento del  
riesgo de cetoacidosis diabética, con una razón de probabilidades ajustada de 1.30 (Feleke et al., 2025).  
Asimismo, diversas enfermedades agudas o situaciones de estrés fisiológico pueden precipitar la  
aparición de cetoacidosis diabética. Entre estas condiciones destacan el infarto agudo de miocardio y  
el accidente cerebrovascular, los cuales generan un incremento en el estrés metabólico y en la  
liberación de hormonas contrarreguladoras, favoreciendo el desarrollo de descompensación  
metabólica (Baytuğan et al., 2023). De manera adicional, la pancreatitis aguda puede coexistir con la  
cetoacidosis diabética y se ha asociado con resultados clínicos más desfavorables, lo que resalta la  
importancia de reconocer y manejar ambas condiciones de manera simultánea (Khan et al., 2023).  
El uso de determinados medicamentos también se ha vinculado con un mayor riesgo de desarrollar  
cetoacidosis diabética. Entre ellos, los corticosteroides y los antipsicóticos atípicos pueden inducir  
hiperglucemia y favorecer la descompensación metabólica. De forma particular, los inhibidores del  
cotransportador sodio-glucosa tipo 2 se han asociado con un incremento en el riesgo de cetoacidosis  
diabética, especialmente en la forma denominada cetoacidosis diabética euglucémica, la cual puede  
presentarse sin niveles significativamente elevados de glucosa, lo que dificulta su diagnóstico  
oportuno (Sharma et al., 2025; Sridharan & Sivaramakrishnan, 2024; Baek et al., 2024).  
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ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 1601.  
El diagnóstico inicial de diabetes mellitus, particularmente de diabetes tipo 1, puede estar asociado  
con la aparición de cetoacidosis diabética. Este escenario es más frecuente en pacientes jóvenes y en  
poblaciones pertenecientes a minorías étnicas. En estos casos, el retraso en el diagnóstico o la  
interpretación incorrecta de los síntomas iniciales puede aumentar el riesgo de que la enfermedad se  
manifieste inicialmente mediante un episodio de cetoacidosis diabética (Rugg-Gunn et al., 2022).  
Manifestaciones clínicas  
Las manifestaciones clínicas iniciales de la cetoacidosis diabética suelen desarrollarse de forma  
progresiva y reflejan las alteraciones metabólicas subyacentes características de esta condición. Entre  
los síntomas iniciales más frecuentes se encuentran la polidipsia y la poliuria, las cuales se producen  
como consecuencia de la diuresis osmótica inducida por los niveles elevados de glucosa en sangre.  
En este contexto, los pacientes suelen experimentar sed intensa y micción frecuente, ya que el  
organismo intenta eliminar el exceso de glucosa a través de la orina. Además, la pérdida rápida de peso  
es un hallazgo común en esta etapa, resultado tanto de la deshidratación como del catabolismo de  
reservas energéticas, incluyendo la degradación de tejido adiposo y muscular para suplir las demandas  
metabólicas en ausencia de insulina. A estos síntomas se suman con frecuencia la debilidad  
generalizada y la fatiga, las cuales se relacionan con la incapacidad del organismo para utilizar la  
glucosa de manera eficiente como fuente de energía, lo que conduce a un estado de depleción  
energética (Linck et al., 2025; Huang et al., 2023).  
A medida que progresa la descompensación metabólica, también pueden presentarse síntomas  
gastrointestinales significativos. Las náuseas y los vómitos son manifestaciones frecuentes en  
pacientes con cetoacidosis diabética y suelen agravarse por la presencia de acidosis metabólica y  
desequilibrios electrolíticos. De igual manera, el dolor abdominal constituye una queja común y, en  
algunos casos, puede simular cuadros de abdomen agudo, lo que puede dificultar el diagnóstico  
diferencial y retrasar el reconocimiento de la enfermedad (Khan et al., 2023; Baek et al., 2024).  
Las manifestaciones clínicas también incluyen signos evidentes de deshidratación, consecuencia  
directa de la diuresis osmótica sostenida. Entre estos signos destacan la taquicardia y la hipotensión,  
que reflejan la pérdida significativa de líquidos corporales y la reducción del volumen intravascular  
observada en la cetoacidosis diabética. Asimismo, las mucosas secas constituyen un hallazgo físico  
frecuente y representan otro indicador clínico de deshidratación en estos pacientes (Linck et al., 2025;  
Elkituni et al., 2021).  
Pueden observarse manifestaciones respiratorias y neurológicas asociadas con el grado de acidosis  
metabólica y las alteraciones electrolíticas presentes. Un hallazgo característico es la respiración de  
Kussmaul, un patrón respiratorio profundo y laborioso que actúa como un mecanismo compensatorio  
frente a la acidosis metabólica, facilitando la eliminación de dióxido de carbono y contribuyendo a  
reducir la acidez sanguínea (Sharma et al., 2025; Linck et al., 2025). En casos más severos, los  
pacientes pueden presentar alteraciones del estado de conciencia, que incluyen confusión, letargo o  
incluso coma. Estas manifestaciones neurológicas suelen relacionarse con la gravedad de la acidosis  
metabólica y los desequilibrios electrolíticos que acompañan a la cetoacidosis diabética (Baek et al.,  
2024; Thiabat et al., 2025).  
Diagnóstico en el servicio de emergencias  
El diagnóstico de la cetoacidosis diabética se basa en la identificación de una combinación de  
alteraciones metabólicas características que incluyen hiperglucemia, acidosis metabólica y presencia  
de cetonas. En términos generales, esta condición se caracteriza por niveles elevados de glucosa en  
sangre, habitualmente superiores a 250 mg/dL. No obstante, es importante reconocer que también  
puede presentarse una forma denominada cetoacidosis diabética euglucémica, particularmente  
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ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 1602.  
asociada con el uso de inhibidores del cotransportador sodio-glucosa tipo 2, en la cual los niveles de  
glucosa pueden ser normales o sólo ligeramente elevados, lo que puede dificultar el reconocimiento  
temprano de la enfermedad (Baytuğan et al., 2023; Chow et al., 2023). Junto con la hiperglucemia, la  
presencia de acidosis metabólica constituye otro criterio diagnóstico fundamental, evidenciado por  
una disminución del pH sanguíneo por debajo de 7.3 y niveles reducidos de bicarbonato, generalmente  
inferiores a 15 mmol/L (Sanalkumar et al., 2023; Tinti et al., 2022). A estas alteraciones se suma la  
presencia de cetonas, que pueden detectarse tanto en sangre como en orina, aunque la medición de  
cetonas en sangre se considera más confiable para el diagnóstico y seguimiento clínico (Kilpatrick et  
al., 2022).  
La evaluación de laboratorio desempeña un papel esencial en la confirmación diagnóstica y en la  
valoración de la gravedad de la enfermedad. La determinación de glucosa plasmática permite  
confirmar la presencia de hiperglucemia, aunque en los casos de cetoacidosis diabética euglucémica  
los niveles de glucosa pueden no encontrarse marcadamente elevados (Baytuğan et al., 2023; Chow et  
al., 2023). Asimismo, la gasometría arterial o venosa se utiliza para evaluar el estado ácido-base del  
paciente. En muchos contextos clínicos, el análisis de sangre venosa se considera una alternativa  
práctica y confiable a la gasometría arterial para la evaluación inicial (Furniturewala et al., 2023). La  
medición de electrolitos séricos también es fundamental, ya que las alteraciones electrolíticas,  
particularmente del potasio, son frecuentes en la cetoacidosis diabética. Además, el cálculo del anión  
gap permite identificar la presencia de acidosis metabólica con anión gap elevado, característica típica  
de esta condición (Sanalkumar et al., 2023; Umpierrez et al., 2024). La evaluación de cetonemia o  
cetonuria complementa el diagnóstico, siendo especialmente útil la medición de beta-hidroxibutirato  
en sangre para confirmar la presencia de cetosis y monitorizar la evolución del cuadro clínico (Kilpatrick  
et al., 2022).  
Una vez establecido el diagnóstico, la cetoacidosis diabética puede clasificarse según su gravedad con  
base en parámetros bioquímicos específicos. La cetoacidosis diabética leve se caracteriza por un pH  
entre 7.25 y 7.30, niveles de bicarbonato entre 15 y 18 mmol/L y presencia de cetonemia leve  
(Umpierrez et al., 2024). En la forma moderada, el pH se encuentra entre 7.00 y 7.24, con niveles de  
bicarbonato entre 10 y 15 mmol/L y cetonemia de grado moderado (Umpierrez et al., 2024). Por su  
parte, la cetoacidosis diabética grave se define por un pH inferior a 7.00, niveles de bicarbonato  
menores de 10 mmol/L y cetonemia severa (Sanalkumar et al., 2023).  
Es fundamental considerar diversas condiciones dentro del diagnóstico diferencial de la cetoacidosis  
diabética. Entre ellas se encuentra el estado hiperglucémico hiperosmolar, el cual se distingue por  
niveles de glucosa significativamente más elevados, mínima presencia de cetonas y pH generalmente  
normal (Furniturewala et al., 2023). Otra entidad relevante es la acidosis láctica, caracterizada por  
niveles elevados de lactato y que, en algunos casos, puede coexistir con la cetoacidosis diabética.  
Asimismo, la cetoacidosis alcohólica puede presentarse en individuos con consumo crónico de alcohol  
y suele acompañarse de niveles de glucosa bajos o normales, lo que requiere un enfoque terapéutico  
diferente (Umpierrez et al., 2024). La cetoacidosis por ayuno es consecuencia del ayuno prolongado y  
se caracteriza por cetosis con niveles de glucosa dentro de rangos normales (Gutiérrez et al., 2025).  
Evaluación inicial y estabilización en emergencias  
La evaluación inicial del paciente con cetoacidosis diabética en el servicio de emergencias debe  
comenzar con una valoración sistemática de la vía aérea, la respiración y la circulación, ya que estas  
funciones vitales pueden verse comprometidas en el contexto de descompensación metabólica  
severa. En primer lugar, es fundamental asegurar la permeabilidad de la vía aérea, especialmente en  
pacientes que presentan alteración del estado de conciencia, ya que esta condición puede  
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ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 1603.  
comprometer la protección de la vía aérea y aumentar el riesgo de aspiración. Posteriormente, se debe  
realizar una evaluación respiratoria cuidadosa, prestando especial atención a la presencia de  
respiración de Kussmaul, un patrón respiratorio profundo y laborioso que representa un mecanismo  
compensatorio frente a la acidosis metabólica característica de la cetoacidosis diabética. Asimismo,  
la evaluación de la circulación es esencial para identificar signos de hipovolemia o shock, condiciones  
que pueden presentarse como consecuencia de la deshidratación severa y los desequilibrios  
electrolíticos asociados con la diuresis osmótica (Chandini et al., 2023).  
Una vez completada la evaluación primaria, se debe iniciar la monitorización inicial del paciente. La  
vigilancia continua de los signos vitales constituye un componente esencial del manejo temprano. El  
monitoreo de la presión arterial y la frecuencia cardíaca permite detectar hipotensión y taquicardia,  
hallazgos que pueden indicar deshidratación significativa o compromiso hemodinámico. De igual  
manera, es necesario controlar la frecuencia respiratoria y la saturación de oxígeno con el fin de  
identificar signos de dificultad respiratoria y asegurar una adecuada oxigenación (Younis et al., 2025).  
La valoración del balance hídrico también forma parte de la evaluación inicial. Es importante identificar  
signos clínicos de deshidratación, tales como mucosas secas y disminución de la turgencia cutánea,  
ya que la pérdida significativa de líquidos es una característica central de la cetoacidosis diabética. En  
este contexto, la reanimación con fluidos representa una prioridad terapéutica temprana destinada a  
restaurar el volumen intravascular y mejorar la perfusión tisular (Hamud et al., 2022; Long & Gottlieb,  
2022).  
Además, se recomienda la monitorización cardíaca continúa debido al riesgo de arritmias relacionadas  
con alteraciones electrolíticas, particularmente las asociadas con hipokalemia o hiperkalemia, que son  
frecuentes en pacientes con cetoacidosis diabética. En este sentido, la realización de un  
electrocardiograma constituye un estudio complementario importante para detectar anomalías  
cardíacas secundarias a desequilibrios electrolíticos, como ondas T picudas o prolongación del  
intervalo QT (Sanalkumar et al., 2023; Chandini et al., 2023).  
Durante la evaluación inicial también deben considerarse estudios complementarios orientados a  
identificar factores precipitantes de la enfermedad. En particular, si existe sospecha clínica de  
infección, es recomendable obtener hemocultivos y urocultivos, dado que las infecciones representan  
una de las causas más comunes de cetoacidosis diabética. Asimismo, una radiografía de tórax puede  
estar indicada en pacientes que presentan síntomas respiratorios o cuando se sospecha la presencia  
de una infección pulmonar (Chandini et al., 2023).  
Manejo protocolizado de la cetoacidosis diabética  
La reposición de líquidos constituye uno de los pilares fundamentales en el manejo de la cetoacidosis  
diabética, ya que permite restaurar el volumen circulatorio, mejorar la perfusión renal y contribuir a la  
reducción progresiva de los niveles de glucosa en sangre. El objetivo principal de la rehidratación es  
corregir la deshidratación y los desequilibrios electrolíticos asociados con la diuresis osmótica,  
evitando al mismo tiempo complicaciones potenciales como el edema cerebral, especialmente en  
pacientes pediátricos (Agwu & Ng, 2021). Tradicionalmente, la solución salina isotónica al 0.9% ha sido  
utilizada como el líquido inicial para la reanimación. Sin embargo, estudios recientes han sugerido que  
el uso de soluciones balanceadas de electrolitos, como el lactato de Ringer, podría favorecer una  
resolución más rápida de la cetoacidosis diabética y disminuir el riesgo de acidosis hiperclorémica  
asociada con la administración prolongada de soluciones salinas (Szabó et al., 2024; Jamison et al.,  
2024). Asimismo, el tipo de fluido y la velocidad de administración deben ajustarse de acuerdo con los  
niveles de sodio corregido, con el fin de evitar cambios osmóticos rápidos que puedan aumentar el  
riesgo de edema cerebral (Rewers et al., 2021).  
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ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 1604.  
Además de la reposición de líquidos, la terapia con insulina es esencial para corregir las alteraciones  
metabólicas características de la cetoacidosis diabética, ya que permite reducir tanto los niveles de  
glucosa como la producción de cuerpos cetónicos. El tratamiento estándar consiste en la  
administración de insulina regular por vía intravenosa, generalmente iniciando con un bolo inicial  
seguido de una infusión continua (Goyal et al., 2021). La dosis inicial habitual es de 0.1 unidades por  
kilogramo por hora, la cual puede ajustarse posteriormente según la evolución de los niveles de glucosa  
plasmática (Dhatariya & Joint British Diabetes Societies for Inpatient Care, 2022). El objetivo  
terapéutico es lograr una disminución gradual de la glucemia, evitando reducciones excesivamente  
rápidas que puedan generar cambios osmóticos bruscos y aumentar el riesgo de edema cerebral  
(Pouliot et al., 2022).  
El manejo del potasio representa otro componente crítico en el tratamiento de la cetoacidosis  
diabética. Debido a la diuresis osmótica y a los desplazamientos intracelulares asociados con la  
acidosis, los pacientes suelen presentar un déficit total de potasio corporal, aunque los niveles séricos  
iniciales pueden encontrarse normales o elevados. Por esta razón, es fundamental evaluar los niveles  
de potasio sérico desde el momento de la presentación clínica (Glaser et al., 2022). Posteriormente, la  
reposición de potasio debe realizarse según los valores obtenidos y bajo monitorización cuidadosa,  
con el objetivo de prevenir el desarrollo de hipokalemia durante la terapia con insulina (Dhatariya &  
Joint British Diabetes Societies for Inpatient Care, 2022).  
El uso de bicarbonato en la cetoacidosis diabética continúa siendo un tema de debate y generalmente  
se reserva para situaciones de acidosis severa. En términos generales, la administración de  
bicarbonato puede considerarse cuando el pH sanguíneo es inferior a 6.9 (Glaser et al., 2022). No  
obstante, su uso rutinario no se recomienda debido a la posibilidad de efectos adversos, entre ellos la  
acidosis paradójica del sistema nervioso central (Dhatariya & Joint British Diabetes Societies for  
Inpatient Care, 2022).  
Asimismo, la reposición de fósforo puede ser necesaria en determinados casos. Los niveles de fósforo  
deben monitorizarse durante el tratamiento y su reposición está indicada cuando se detectan niveles  
significativamente bajos, ya que la hipofosfatemia severa puede provocar debilidad muscular y, en  
casos graves, insuficiencia respiratoria (Glaser et al., 2022).  
La monitorización continua es esencial durante todo el proceso terapéutico con el fin de garantizar la  
eficacia del tratamiento y prevenir complicaciones. La medición frecuente de glucosa, idealmente cada  
hora, permite ajustar de manera adecuada la terapia con insulina (Pouliot et al., 2022). Asimismo, se  
recomienda la evaluación periódica de electrolitos cada dos a cuatro horas para orientar la reposición  
de líquidos y electrolitos (Glaser et al., 2022). La monitorización de la gasometría y del anión gap  
también resulta fundamental para evaluar la resolución progresiva de la acidosis metabólica  
característica de la cetoacidosis diabética (Jamison et al., 2024).  
Resolución de la cetoacidosis diabética  
La resolución de la cetoacidosis diabética se determina mediante la combinación de criterios  
bioquímicos y clínicos que indican la corrección de las alteraciones metabólicas subyacentes. Uno de  
los indicadores más importantes es la normalización del anión gap, el cual constituye un marcador  
clave para evaluar la resolución del trastorno metabólico. Estudios recientes han señalado que el  
tiempo mediano para la normalización del anión gap es aproximadamente de ocho horas, aunque este  
proceso puede retrasarse en casos más severos de cetoacidosis diabética, particularmente en  
pacientes que presentan valores de pH inferiores a 7.1 y niveles de glucosa sérica superiores a 500  
mg/dL (Lazar et al., 2023). En este contexto, la monitorización continua del anión gap resulta  
fundamental para valorar la recuperación metabólica y orientar las decisiones terapéuticas durante el  
tratamiento (Chow et al., 2023).  
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ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 1605.  
Otro criterio relevante para determinar la resolución de la cetoacidosis diabética es la normalización  
de los niveles séricos de bicarbonato. La recuperación de los niveles de bicarbonato refleja la  
corrección progresiva de la acidosis metabólica y constituye un parámetro importante para evaluar la  
evolución del paciente. Se ha observado que los niveles de bicarbonato pueden predecir el momento  
adecuado para realizar la transición hacia la administración de insulina subcutánea, ya que valores  
más elevados se asocian con una mayor probabilidad de éxito en este proceso (Price et al., 2023). En  
los casos de cetoacidosis diabética euglucémica, la concentración de bicarbonato también se utiliza  
como un parámetro para clasificar la gravedad del cuadro y orientar el manejo terapéutico (Chow et al.,  
2023).  
Además de los parámetros bioquímicos, la mejoría clínica del paciente constituye un elemento  
indispensable para considerar resuelto el episodio de cetoacidosis diabética. Entre los signos de  
recuperación se incluyen la estabilización de los signos vitales y la resolución progresiva de síntomas  
como náuseas y vómitos. Estas manifestaciones clínicas, en conjunto con la mejoría de los parámetros  
de laboratorio, permiten orientar el momento adecuado para realizar la transición desde la  
insulinoterapia intravenosa hacia el tratamiento con insulina subcutánea (Ibarra et al., 2024).  
La transición a insulina subcutánea debe realizarse en el momento adecuado para evitar recaídas  
metabólicas. Este cambio terapéutico generalmente se considera cuando el anión gap se ha cerrado y  
los niveles de bicarbonato se han normalizado. Estudios recientes han demostrado que la  
administración temprana de insulina basal subcutánea, como la insulina degludec, en combinación con  
la infusión intravenosa de insulina, puede acelerar la resolución de la cetoacidosis diabética y mejorar  
el control glucémico sin incrementar el riesgo de hipoglucemia ni de hipokalemia (Thammakosol et al.,  
2025; Murray et al., 2024).  
Asimismo, para prevenir la recurrencia de hiperglucemia después de la resolución inicial del cuadro, es  
fundamental asegurar un solapamiento adecuado entre la insulina intravenosa y la insulina  
subcutánea. Un proyecto de mejora de calidad destacó la importancia de este periodo de superposición  
terapéutica para reducir la frecuencia de recurrencias de hiperglucemia durante la transición del  
tratamiento (Welch et al., 2024). De igual manera, el uso de análogos de insulina de acción rápida  
administrados por vía subcutánea en combinación con insulina de acción prolongada puede facilitar el  
manejo de la cetoacidosis diabética fuera de las unidades de cuidados intensivos y contribuir a prevenir  
recaídas metabólicas (Lim et al., 2023).  
Complicaciones, prevención y perspectivas futuras  
El manejo de la cetoacidosis diabética puede asociarse con diversas complicaciones relacionadas con  
el tratamiento, por lo que la monitorización cuidadosa durante todo el proceso terapéutico resulta  
fundamental para prevenir eventos adversos y garantizar una evolución clínica favorable. Una de las  
complicaciones más frecuentes es la hipoglucemia, que puede desarrollarse durante el tratamiento  
con infusión intravenosa de insulina a tasa fija. Este riesgo ha llevado a la actualización de diversas  
guías clínicas, las cuales han propuesto modificaciones en los protocolos de administración de insulina  
con el objetivo de disminuir la incidencia de hipoglucemia durante el tratamiento de la cetoacidosis  
diabética (Skaria et al., 2022).  
De manera similar, las alteraciones electrolíticas constituyen un problema común durante el manejo de  
esta condición. En particular, la hipokalemia representa una complicación relevante que puede surgir  
como consecuencia de la terapia con insulina y de la reposición de líquidos administrada durante el  
tratamiento. Debido a que estos cambios pueden provocar complicaciones clínicas significativas, la  
monitorización continua de los niveles de electrolitos y su corrección oportuna son medidas esenciales  
para prevenir consecuencias potencialmente graves (Sharma et al., 2025; Skaria et al., 2022).  
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ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 1606.  
Entre las complicaciones menos frecuentes, pero más graves se encuentra el edema cerebral, una  
condición que se observa con mayor frecuencia en pacientes pediátricos. Este evento adverso ha sido  
asociado con la administración rápida de líquidos durante el tratamiento y puede provocar daño  
neurológico significativo, lo que subraya la importancia de un manejo cuidadoso de la reposición  
hídrica. Asimismo, una reanimación excesiva con líquidos puede generar sobrecarga de volumen, lo  
que puede conducir al desarrollo de edema pulmonar y aumentar el estrés cardiovascular. Por esta  
razón, se recomienda adoptar estrategias de manejo hídrico conservador con el fin de reducir estos  
riesgos durante el tratamiento de la cetoacidosis diabética (Long & Gottlieb, 2022).  
La prevención y el reconocimiento temprano de las complicaciones constituyen componentes  
fundamentales del manejo integral de la cetoacidosis diabética. La implementación de protocolos  
terapéuticos estandarizados, junto con la monitorización continua del estado clínico y metabólico del  
paciente, permite identificar oportunamente posibles complicaciones y reducir su incidencia. Estas  
estrategias incluyen una administración cuidadosa de insulina y una reposición adecuada de líquidos  
durante el tratamiento (Skaria et al., 2022).  
Además del manejo hospitalario, la prevención de nuevos episodios de cetoacidosis diabética requiere  
una participación activa del paciente en el control de su enfermedad. La educación del paciente acerca  
de los signos y síntomas de la cetoacidosis diabética, así como la importancia de la adherencia a los  
regímenes terapéuticos, puede contribuir significativamente a reducir la frecuencia de estos episodios  
(Sharma et al., 2025). Asimismo, el manejo adecuado de la diabetes durante enfermedades  
intercurrentes resulta esencial para prevenir la descompensación metabólica. En estos casos, se  
recomienda ajustar las dosis de insulina y realizar una monitorización más frecuente de los niveles de  
glucosa (Palmer & Clegg, 2021). De igual forma, el seguimiento clínico regular con profesionales de la  
salud permite identificar de manera temprana posibles factores de riesgo y disminuir la probabilidad  
de recurrencia de la cetoacidosis diabética (Hayek & Dawish, 2021).  
En relación con las perspectivas futuras, la implementación de protocolos clínicos estandarizados en  
los servicios de emergencias representa una estrategia importante para optimizar el manejo de la  
cetoacidosis diabética y reducir la incidencia de complicaciones relacionadas con el tratamiento  
(Skaria et al., 2022). De manera paralela, la integración de nuevas tecnologías en el control metabólico  
ha mostrado resultados prometedores. En particular, los sistemas de monitoreo continuo de glucosa,  
como FreeStyle Libre, han demostrado ser útiles para reducir la frecuencia y la gravedad de los  
episodios de cetoacidosis diabética al proporcionar datos en tiempo real que facilitan un mejor control  
glucémico. La detección temprana de la cetoacidosis diabética y de sus posibles complicaciones  
puede contribuir significativamente a disminuir las hospitalizaciones y mejorar los resultados clínicos,  
especialmente cuando se combina con estrategias de educación del paciente y el uso de tecnologías  
avanzadas de monitoreo metabólico (Hayek & Dawish, 2021).  
CONCLUSIÓN  
La cetoacidosis diabética es una emergencia metabólica compleja que se origina principalmente por  
una deficiencia absoluta o relativa de insulina, la cual desencadena una serie de alteraciones  
hormonales y metabólicas que incluyen hiperglucemia, cetogénesis, acidosis metabólica y  
desequilibrios hidroelectrolíticos, produciendo un deterioro sistémico que puede comprometer  
múltiples órganos si no se reconoce y trata oportunamente.  
El reconocimiento temprano de los factores precipitantes, las manifestaciones clínicas y los criterios  
diagnósticos en el servicio de emergencias es fundamental para iniciar un manejo protocolizado  
oportuno, el cual incluye reposición de líquidos, insulinoterapia, corrección de alteraciones  
electrolíticas y monitorización continua con el fin de revertir las alteraciones metabólicas y prevenir  
complicaciones graves.  
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ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 1607.  
La implementación de protocolos estandarizados de manejo, junto con la educación del paciente, el  
seguimiento clínico adecuado y el uso de nuevas tecnologías de monitoreo metabólico, representa una  
estrategia clave para mejorar los resultados clínicos, reducir la recurrencia de episodios de  
cetoacidosis diabética y disminuir la carga sobre los sistemas de salud.  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 1608.  
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