El precio como signo: distinción, aspiración y consumo  
simbólico en el territorio urbano ecuatoriano  
Price as sign: distinction, aspiration, and symbolic consumption in  
ecuadorian urban territory  
Santiago Marcelo Nicolalde González  
Escuela Superior Politécnica de Chimborazo  
Riobamba Ecuador  
Sofía Carolina Godoy Ponce  
Escuela Superior Politécnica de Chimborazo  
Riobamba Ecuador  
Valeria Alejandra Andrade Moncayo  
Escuela Superior Politécnica de Chimborazo  
Riobamba Ecuador  
Artículo recibido: 18 de diciembre de 2025. Aceptado para publicación: 24 de abril de 2026.  
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.  
Resumen  
Allí donde la desigualdad estructural se ha vuelto un verdadero contexto, el precio de ciertos bienes  
no puede, solamente, explicarse mediante variables tradicionales, por así decirlo, como lo son las  
dimensiones económicas del costo, la renta o el retorno sobre la inversión; existen, pues, bienes  
/objetos cuyo valor excede al de su materialidad y cuya función central consiste en producir  
diferenciación social y visibilidad simbólica, más que satisfacer una necesidad puntual o aquella para  
la que el bien fue concebido originalmente, según su utilidad. Es así que este ensayo analiza el precio  
como aquel signo social antes que como un mero o simple dato económico, todo esto a partir de la  
comercialización de bienes efímeros o de consumo casi cotidiano en territorios urbanos de alta  
valorización simbólica en el Ecuador. Se adopta un enfoque teórico - interpretativo inscrito en la  
tradición del ensayo académico crítico, hilando para este fin aportes importantísimos como los de  
Baudrillard, Bourdieu, García Canclini, Goffman, Han, Simmel y Veblen; y, con su ayuda, se logró  
argumentar que el precio opera simultáneamente como mecanismo de distinción, performance de  
estatus y un particular dispositivo de aspiración, permitiendo a los sujetos adquirir no solo un objeto,  
sino también una forma (aunque sea momentánea) de cierta proximidad con universos sociales  
prestigiosos, por así decirlo. En una economía donde el Salario Básico Unificado asciende a USD 482  
mensuales y la canasta básica familiar supera los USD 853, el consumo de aquellos bienes casi  
cotidianos con precios desproporcionados para la realidad económica de la cual estamos tratando  
permite observar una economía simbólica territorialmente situada, en la que el valor se produce  
menos por la utilidad del bien que por su capacidad de codificar pertenencia, jerarquía y legitimidad  
social.  
Palabras clave: aspiración social, capital simbólico, consumo, distinción, territorio urbano  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 1662.  
Abstract  
Where structural inequality has become a veritable context, the price of certain goods cannot be  
explained solely through traditional variables, so to speak, such as the economic dimensions of cost,  
rent, or return on investment; there exist, then, goods / objects whose value exceeds their materiality  
and whose central function consists in producing social differentiation and symbolic visibility, rather  
than satisfying a specific need or that for which the good was originally conceived, according to its  
utility. Thus, this essay analyzes price as a social sign rather than as a mere or simple economic datum,  
all of this departing from the commercialization of ephemeral or nearly everyday consumer goods in  
urban territories of high symbolic valorization in Ecuador. A theoretical - interpretive approach,  
inscribed within the tradition of the critical academic essay, is adopted, weaving together for this  
purpose highly significant contributions from Baudrillard, Bourdieu, García Canclini, Goffman, Han,  
Simmel, and Veblen; and, with their aid, it becomes possible to argue that price operates  
simultaneously as a mechanism of distinction, a performance of status, and a particular device of  
aspiration, allowing subjects to acquire not only an object, but also a form (even if only momentary) of  
proximity to prestigious social universes, so to speak. In an economy where the Unified Basic Salary  
amounts to USD 482 per month and the basic family basket exceeds USD 853, the consumption of  
those nearly everyday goods whose prices are disproportionate to the economic reality under  
discussion allows one to observe a territorially situated symbolic economy, one in which value is  
produced less by the utility of the good than by its capacity to codify belonging, hierarchy, and social  
legitimacy.  
Keywords: consumption, distinction, social aspiration, symbolic capital, urban territory  
Todo el contenido de LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades,  
publicado en este sitio está disponibles bajo Licencia Creative Commons.  
Cómo citar: Nicolalde González, S. M., Godoy Ponce, S. C., & Andrade Moncayo, V. A. (2026). El precio  
como signo: distinción, aspiración y consumo simbólico en el territorio urbano ecuatoriano. LATAM  
Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades 7 (2), 1662 1669.  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 1663.  
INTRODUCCIÓN  
En aquellos contextos sociales que han sido marcados por la desigualdad, determinados precios  
producen un efecto singular de extrañeza, y no, precisamente, porque estos tengan la improbabilidad  
de existir, sino porque resultan (curiosamente) socialmente bien aceptados y tolerados, a pesar de su  
evidente desproporción con la realidad económica de la mayoría de los ecuatorianos, donde “apenas  
3 de cada 10 ecuatorianos pertenecen a la clase media consolidada, una proporción significativamente  
menor al promedio de América Latina y el Caribe” (La Hora, 2026).  
Dado este particular escenario, un postre individual (que, si bien podríamos considerarlo como de autor,  
y que no se pone en duda la calidad de sus ingredientes) de USD 7,50 en una ciudad ecuatoriana (Quito,  
precisamente) no es simplemente una anécdota de consumo suntuario, sino una pequeña puesta en  
escena donde se condensan deseo, prestigio, relaciones de clase y territorialidad urbana.  
Allí, donde la economía tendría un diálogo que roza con lo convencional, sin duda preguntaría por  
costos, posicionamiento de mercado y rentabilidad; pero la sociología debería plantearse una  
interrogante un tanto distinta: ¿qué es lo que se compra (realmente) cuando se paga esa cifra por un  
bien efímero en un país donde el Salario Básico Unificado (SBU) asciende a USD 482 mensuales  
(Ministerio de Trabajo del Ecuador, 2025) y la canasta básica familiar supera los USD 853 (Instituto  
Nacional de Estadística y Censos [INEC], 2026)? La pregunta no se dirige únicamente al producto, o al  
producto como parte de una experiencia sensorial puntual, sino más bien al espacio social y territorial  
dentro del cual ese producto adquiere dicho valor.  
La distancia entre ambas cifras no constituye una anomalía comercial aislada, sino la expresión visible  
de una lógica social más profunda; es decir, exhibe un orden en el que el precio deja de remitir  
exclusivamente a la utilidad para pasar a codificar estatus, legitimidad, pertenencia y ubicación dentro  
de una geografía urbana jerarquizada. Este ensayo menciona que, en contextos urbanos de altísimo  
capital simbólico, ciertos precios deben leerse menos como resultados de aquellas interacciones de  
mercado y ser decodificados más como signos de diferenciación social territorialmente situados. En  
economías periféricas y estratificadas como la ecuatoriana, ese precio elevado no solo separa;  
también formula una promesa, la de una breve integración simbólica.  
DESARROLLO  
El precio como forma social y territorial  
La teoría económica convencional (neoclásica) explica el precio como aquel resultado de la interacción  
entre la oferta, la demanda y las preferencias individuales. Sin embargo, esta explicación resultaría  
insuficiente cuando el objeto no se consume principalmente por sus propiedades o cualidades  
materiales, sino por la posición social que este ayudaría a codificar.  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 1664.  
Figura 1  
Postre "Sacha" en vitrina del local República del Cacao, Quicentro Shopping, Quito, Ecuador.  
El sector de La Carolina / Avenida República de El Salvador (donde se ubica Quicentro Shopping)  
concentra algunos de los precios inmobiliarios más elevados de la capital; se trata de una de las tres  
zonas de mayor valor inmobiliario de Quito, Ecuador, con cifras de hasta USD 2.200 por metro cuadrado  
de construcción (El Comercio, 2023a). Dentro del centro comercial, en un área nueva y recientemente  
habilitada, se encuentra la cafetería que lleva el nombre de República del Cacao, parte (y valga la  
redundancia) del universo de marca de República del Cacao; firma ecuatoriana de chocolate fino de  
aroma, con presencia consolidada en mercados como los de Europa, Asia y América Latina (El  
Comercio, 2014). La misma no compite con sus equivalentes únicamente en términos de sabor,  
presentación o innovación; su fuerza reside, principalmente, en la capacidad de inscribirse dentro de  
aquel universo simbólico que aquí nos ocupa: el de lo deseable.  
La localización del consumo no es, en absoluto, una variable secundaria, pues no resulta irrelevante (ni  
tampoco sorpresivo) que ese producto circule precisamente en uno de los circuitos urbanos de mayor  
densidad económica y cultural de toda la ciudad de Quito. El territorio urbano no constituye aquí una  
simple locación o un fondo inerte donde ocurre el consumo; es, más bien, una dimensión activa en la  
producción de su sentido (como performance, digamos). El precio, entonces, adquiere inteligibilidad  
dentro de geografías y límites concretos de prestigio, centralidad y una sutil exclusión.  
Adscribirse, entonces, a ciertos sectores de la ciudad no equivale únicamente a adquirir un bien (en  
este caso, una experiencia gastronómica); implica también posicionarse, aunque sea de manera  
efímera, en un espacio socialmente valorizado, impregnándose del valor percibido que ese entorno  
proyecta sobre quien consume (más aún en un tiempo en el que el “dónde estoy” puede ser exhibido y  
validado vía redes sociales). El territorio (La Carolina / Avenida República de El Salvador) no solamente  
contiene el consumo, sino que lo codifica, lo densifica y le añade una bruma de pertenencia y  
legitimidad simbólica.  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 1665.  
Georg Simmel (1978) ya había sugerido algo de este orden al plantear que el valor no es una propiedad  
intrínseca de las cosas, sino, más bien, una relación social mediada por la distancia, el deseo y el  
acceso; lo que permite inferir que el precio no se limita a cuantificar valor, sino que contribuye  
activamente a producirlo. Cuanto más restringido aparece el acceso (por su price tag), mayor es la  
capacidad del objeto para intensificar el deseo de poseerlo y, al mismo tiempo, para reflejar la  
posibilidad de acumular prestigio. Este curioso mecanismo fue identificado por Thorstein Veblen  
(1899), quien describió el consumo conspicuo como una práctica mediante la cual ciertos bienes  
adquieren valor precisamente por su costo elevado, mientras que Jean Baudrillard (1970) radicalizó  
esta noción al sostener que, en las sociedades de consumo, los objetos circulan también como signos.  
Así, lo consumido (el postre, la experiencia) no es la cosa en sí misma, sino el sistema de diferencias  
que la rodea y que esta contribuye a reproducir. Es así como el precio deja de ser una cifra  
aparentemente neutra para convertirse en un verdadero código de acceso.  
Distinción, gusto y violencia simbólica  
Es en Pierre Bourdieu (1979) donde este fenómeno encuentra una de sus formulaciones más agudas  
y precisas. El gusto, lejos de constituir una preferencia (inocente), opera como una forma de  
clasificación social. Y es que lo que uno consume, el consumo mismo, puede llegar a expresar  
trayectorias, habitus, capitales acumulados y posiciones dentro del espacio social. Consumir un tipo  
específico de postre en un sector como el mencionado no constituye una acción simple, una acción  
neutral; es, más bien, una práctica inscrita en una trama de jerarquías, afinidades y reconocimientos  
mutuos.  
Aquel espacio donde ocurre el consumo importa en la misma magnitud que el objeto mismo en  
cuestión. En sectores urbanos de altísimo capital económico y cultural, los precios elevados tienden a  
naturalizarse y aceptarse como parte del paisaje de lo ordinario y, más aún, del paisaje urbano de alta  
valorización simbólica. Es allí, precisamente, donde sale a flote lo que Bourdieu (1979) denominó doxa,  
aquel orden de sentido que no requiere justificación, ya que aparece claro, aparece evidente. Interrogar  
seriamente el precio de un bien dentro de ese circuito ya implicaría, entonces, develar una cierta  
exterioridad respecto del código compartido e innato; es decir, terminaría por delatar, de algún modo,  
su lugar dentro del espacio social, y esto constituye una de las formas más precisas de definición de  
lo que es la violencia simbólica: tan sutil, tan hábil, que el bien expuesto en la vitrina urbana está  
mostrado a todos, pero no es accesible para todos. La vitrina democratiza, entonces, la mirada sin  
democratizar el acceso. En esa tensión, en esta dualidad, reside una forma de clasificación cotidiana  
cuya eficacia radica, precisamente, en su apariencia de normalidad.  
Este constructo adquiere una fuerza particular en contextos periféricos. En economías cuya  
desigualdad es la norma, como las latinoamericanas, la exhibición de objetos aspiracionales no solo  
diferencia a quienes ya poseen el capital necesario para habitarlos y poseerlos; también organiza el  
deseo de quienes no lo tienen. El mercado, entonces, no refleja simplemente la desigualdad; la estetiza,  
la vuelve socialmente inteligible y, en ese mismo proceso, la naturaliza y la vuelve cotidiana. Néstor  
García Canclini (1995) había señalado que el consumo constituye un espacio de producción de sentido,  
de aquella ciudadanía imaginada y pertenencia cultural. Consumir no es solamente adquirir o comprar;  
es también inscribirse en narrativas de modernidad, legitimidad, reconocimiento y validación externa.  
Consumo aspiracional y clase media en la ciudad jerarquizada  
Si para las clases socioeconómicas más acomodadas este tipo de consumo sucede como una práctica  
del día a día, para la clase media adquiere una dimensión de corte aspiracional que revela con mayor  
precisión su función social. Entonces, la compra ocasional de bienes que son desproporcionadamente  
costosos con respecto del ingreso no responde, necesariamente, a un error de cálculo o al consumo  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 1666.  
por impulsión; responde, en muchos casos, a la necesidad de participar y pertenecer, simbólicamente,  
a un universo social prestigioso al que no se pertenece de manera estructural.  
Se ha de recalcar que, en este punto, que se ha desactivado cualquier lectura moralizante. El sujeto que  
paga USD 7,50 por un postre en un contexto de ingresos bajos o medios no puede ser catalogado,  
desde una concepción reduccionista, como simplemente irracional o pretencioso; el sujeto actúa  
dentro de una economía moral y simbólica en la que el acceso momentáneo a ciertos circuitos puede  
funcionar como validación de sí mismo, y el consumo como evidencia de pertenencia o ensayo de  
movilidad. La racionalidad aquí no es simplemente económica en sentido estricto; es social y afectiva.  
Usualmente, la clase media suele vivir una tensión intensa entre restricción material y exposición  
constante a estilos de vida aspiracionales (y su validación externa). En Ecuador, donde el SBU cubre  
apenas el 56% de la canasta básica familiar, dicha brecha adquiere una expresión no solo económica,  
sino también estética (y, por qué no, afectiva). La promesa de ascenso rara vez se materializa  
estructuralmente, pero puede escenificarse en prácticas concretas de consumo, y es en esta definición  
donde el territorio urbano cumple una función decisiva. La clase media aspiracional no solo desea  
objetos, sino también los espacios donde estos circulan. Consumir en determinados sectores de la  
ciudad permite aproximarse, aunque sea de una manera transitoria o efímera, a circuitos de prestigio  
espacialmente delimitados. Erving Goffman (1959) había descrito la vida social como una  
dramatización en la que los sujetos gestionar permanentemente la impresión que producen en los  
otros, y hemos de acotar que, desde la óptica dramatúrgica, el consumo aspiracional puede leerse  
como un acto de presentación del yo; y es que el individuo no compra únicamente un bien, sino que  
ensaya una forma socialmente deseable de aparecer, una forma válida. Nada de esto va a modificar  
su posición estructural, pero sí produce una suspensión momentánea de aquella distancia social; se  
adquiere y se vive, en cierta medida, una escena de pertenencia.  
El deseo como obediencia invisible  
Este fenómeno se vuelve particularmente elocuente cuando se hace conciencia de que no opera, de  
manera fundamental, como aquella coerción visible, sino como deseo ya interiorizado. Byung-Chul Han  
(2014) hablaba ya sobre el sujeto neoliberal, que no se percibe a sí mismo como alguien sometido a  
una presión externa, sino como un agente libre que elige, desea y se autodirige. Es precisamente allí  
donde reside la sofisticación de este mecanismo: la obediencia ya no se impone desde fuera, sino que  
se experimenta como libertad, y diría que estamos convencidos de aquello.  
Regresando al consumo aspiracional, este ya deja de presentarse como una imposición social y pasa  
a vivirse como una elección íntima, como gusto propio, todo esto con verdadera autenticidad. El sujeto  
no siente que está obedeciendo un mandato de distinción social, sino que simplemente está queriendo  
aquello que, en apariencia, ha elegido por sí mismo. Y es justamente en esa zona opaca y gris donde  
la crítica sociológica encuentra una de sus tareas más urgentes: volver legible la arquitectura social  
del deseo, ya que el precio no solo clasifica materialmente; también disciplina afectivamente. Ya no  
delimita únicamente quién puede acceder, sino también quién puede imaginarse legítimamente dentro  
de ciertos escenarios sociales.  
Economía simbólica, jerarquía espacial y periferia urbana  
Reducir todo este fenómeno a una simple estrategia de marketing o a una anécdota del consumo  
premium resultaría analíticamente insuficiente, ya que lo que aquí se expresa es una economía  
simbólica del prestigio especialmente visible en contextos periféricos, donde la desigualdad material  
va de la mano con una circulación intensificada y continua de signos de estatus.  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 1667.  
Hemos de aseverar, en este punto, que el precio (elevado) de objetos cotidianos no debe ni puede  
leerse como una anomalía temporal y puntual del mercado, sino como un síntoma social de  
racionalidades muy profundas. Su eficacia depende, en parte, de que el objeto sea pequeño, cotidiano  
y aparentemente banal, y potencialmente trivial. Un postre, un cafecito o una bebida premium no son  
solamente mercancías light, sino que funcionan también como dispositivos de micro - clasificación.  
Estos operan en la escala de lo aparentemente ordinario, y es por aquello que su poder resultar difuso,  
silencioso y ya se está volviendo algo muy difícil de interrogar y cuestionar.  
En el Quito jerarquizado, estos objetos cumplen una función particularmente eficaz, ya que estabilizan  
distancias sociales sin necesidad de explicitarlas. Permiten ver, desear y reproducir jerarquías bajo la  
apariencia inofensiva de una simple elección de consumo. El territorio urbano, por su parte, no actúa  
como un simple contenedor, sino como parte de esta estructura de diferenciación, funcionando como  
un organismo activo que otorga a la ciudad la capacidad de organizar también la legitimidad simbólica  
de lo que un objeto puede costar y de quién puede habitar ese costo sin desencajar.  
CONCLUSIÓN  
En economías como las latinoamericanas, ciertos precios no pueden entenderse únicamente como  
resultados de las actividades propias del mercado, sino que constituyen verdaderos mecanismos de  
diferenciación social. Un bien efímero de USD 7,50 en una de las zonas de mayor plusvalía de Quito,  
frente a un SBU de USD 482 y una canasta básica de USD 853, no constituye una extravagancia  
comercial; este precio condensa una forma de orden simbólico y territorial. Su función no es solamente  
la de otorgar valor, sino también clasificar, distinguir y legitimar posiciones dentro del espacio social y  
urbano.  
El recorrido teórico propuesto en este ensayo no es arbitrario. Simmel (1978) permite pensar el valor  
como una relación social mediada por distancia y deseo; Veblen (1899) lo lee como señal de posición;  
Baudrillard (1970) lo inscribe en un sistema de diferencias donde lo consumido es el signo antes que  
la cosa; Bourdieu (1979) lo ancla en el campo, el habitusy la doxa; García Canclini (1995) territorializa  
el fenómeno en la modernidad periférica latinoamericana; Goffman (1959) revela la actuación social  
que lo sostiene; y Han (2014) explica por qué dicha actuación no se experimenta como tal. En conjunto,  
estos marcos permiten leer el fenómeno no como una particularidad del mercado ecuatoriano (ejemplo  
situado en su capital, Quito), sino como el síntoma de una racionalidad simbólica que opera con relativa  
autonomía respecto de la racionalidad económica y que se inscribe en geografías urbanas concretas  
de prestigio y exclusión.  
La pregunta sociológica pertinente no es, entonces, por qué alguien paga USD 7,50 por un postre en un  
país donde el salario mínimo cubre apenas una fracción de la reproducción material cotidiana. La  
pregunta más inquietante es por qué ese precio ha dejado de parecernos escandaloso y ha comenzado,  
en cambio, a parecernos elegante. Esa transición constituye, precisamente, el trabajo silencioso de la  
doxa bourdieusiana.  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 1668.  
REFERENCIAS  
Baudrillard, J. (1970). La société de consommation: Ses mythes, ses structures. Denoël.  
Bourdieu, P. (1979). La distinction: Critique sociale du jugement. Les Éditions de Minuit.  
El Comercio. (2014, mayo 21). República del Cacao se expande en el mundo.  
El  
Comercio.  
(2023).  
Así  
se  
vive  
en  
las  
tres  
zonas  
más  
caras  
de  
Quito.  
García Canclini, N. (1995). Consumidores y ciudadanos: Conflictos multiculturales de la globalización.  
Grijalbo.  
Goffman, E. (1959). The presentation of self in everyday life. Doubleday Anchor Books.  
Han, B.-C. (2014). Psicopolítica: Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder (A. Bergés, Trad.). Herder.  
Instituto Nacional de Estadística y Censos. (2026, febrero). Canasta familiar básica: Costo mensual por  
La Hora. (2026, 22 de enero). Solo  
3
de cada 10 ecuatorianos son clase media.  
0039.html  
Ministerio de Trabajo del Ecuador. (2025, diciembre 15). Después de casi una década, hay consenso:  
Gobierno, empleadores y trabajadores acuerdan fijar el Salario Básico Unificado de 2026 en USD 482  
gobierno-empleadores-y-trabajadores-acuerdan-fijar-el-salario-basico-unificado-de-2026-en-usd-482-  
no-hay-imposicion-hay-union/  
Simmel, G. (1978). The philosophy of money (T. Bottomore & D. Frisby, Trans.). Routledge. (Trabajo  
original publicado en 1900)  
Veblen, T. (1899). The theory of the leisure class: An economic study of institutions. Macmillan.  
Todo el contenido de LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, publicados en este  
sitio está disponibles bajo Licencia Creative Commons  
.
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 1669.