emerge como resultado de la convergencia entre concesiones extractivas, infraestructura asociada a
la minería y dispositivos de control territorial, que alteran tanto el acceso material al espacio como los
vínculos simbólicos y culturales que sostienen la territorialidad comunitaria. En el contexto de los
sistemas de uso de la tierra, se ha observado una tendencia a la restricción progresiva de los caminos
tradicionales, áreas de uso común y rutas de pastoreo. Esta situación ha generado interrupciones en
las redes históricas de movilidad, intercambio y cooperación comunitaria, lo que ha tenido un impacto
significativo en las dinámicas sociales y económicas de las comunidades afectadas. Desde una
perspectiva crítica, esta fragmentación puede interpretarse como una estrategia de reorganización
espacial funcional para el capital, en la que el territorio se reconfigura en función de su rentabilidad
económica, en lugar de considerar su valor social o cultural (Harvey, 2003; Haesbaert, 2011).
Estas transformaciones han resultado en procesos de movilidad forzada. La pérdida de acceso a la
tierra, la degradación ambiental, la violencia estructural y la ausencia de servicios básicos han
impulsado desplazamientos silenciosos en diversas comunidades rurales. Estos movimientos no son
el resultado de decisiones libres, sino de condiciones de expulsión que erosionan las condiciones
mínimas de habitabilidad (Schilling et al., 2017; Zetter, 2014).
El desarraigo resultante implica no solo una pérdida física del espacio, sino también la ruptura de los
vínculos sociales, afectivos y culturales que configuran la identidad colectiva. En este contexto, la
fragmentación territorial y la movilidad forzada consolidan una geografía del sacrificio, donde los
territorios serranos son funcionalizados para la extracción de valor, mientras sus poblaciones son
desplazadas o marginadas para viabilizar dichos procesos (Arellano-Yanguas, 2011; Svampa, 2019).
Estrategias comunitarias de resistencia y cuidado del territorio
A pesar de las condiciones de exclusión institucional, precariedad multisectorial y presión extractiva,
los resultados muestran que las comunidades rurales de la Sierra de Sonora no han respondido de
manera pasiva. Por el contrario, han desarrollado estrategias de resistencia, defensa territorial y
cuidado colectivo sustentadas en saberes locales, organización comunitaria y prácticas de autonomía.
Estas estrategias constituyen una dimensión central del análisis, ya que muestran que la vulnerabilidad
territorial coexiste con formas activas de agencia y re-existencia (Escobar, 2016; Leff, 2006; Svampa,
2019). Una de las expresiones más visibles de estas estrategias ha sido la defensa directa del territorio
frente a megaproyectos extractivos. En distintos municipios se registran acciones de vigilancia
comunitaria, denuncias públicas, articulación con redes civiles y procesos locales de organización
frente a la minería. En Bacadéhuachi, por ejemplo, la movilización vecinal en torno al proyecto de litio
ha fortalecido formas locales de participación; en Sahuaripa, la población ha impulsado acciones de
denuncia y monitoreo social; y en Yécora, el contexto de violencia ha incrementado los riesgos para
quienes investigan o defienden el territorio (Robles, Moreno Dena & Hurtado Bringas, 2025; La Jornada,
2024; El País, 2023; Mongabay, 2024). Estas acciones revelan que la resistencia comunitaria no se
limita a la oposición puntual, sino que forma parte de un repertorio más amplio de defensa territorial.
En este marco, la producción y recuperación de conocimiento territorial adquiere un papel estratégico.
La cartografía participativa, los relatos comunitarios y la memoria local permiten disputar las
representaciones oficiales del espacio y visibilizar elementos omitidos por los diagnósticos
institucionales, como manantiales, rutas tradicionales, zonas de recolección y sitios de valor simbólico
(Harley, 1989; Monmonier, 2018; Bryan, 2011; Crampton, 2001). Más que un ejercicio técnico, estas
prácticas operan como formas de reapropiación cognitiva y política del territorio, fortaleciendo
procesos de justicia ambiental y autodeterminación (Merlinsky, 2020; De Anda Márquez Padilla, 2023).
Asimismo, el estudio identificó la persistencia de saberes ecológicos tradicionales y prácticas
comunitarias de subsistencia vinculadas al uso diversificado del monte, la recolección, la apicultura
artesanal y el intercambio local. Estas formas de relación con el territorio, sintetizadas parcialmente en
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, abril, 2026, Volumen VII, Número 2 p 2055.