(Organización Mundial de la Salud, 2025). En México, el 8.8% de la población ha presentado al menos
un episodio depresivo, constituyéndose además como un factor de riesgo importante para el suicidio
(Medina-Mora, Borges, Lara & Benjet, 2005).
La depresión se asocia con aproximadamente 850,000 muertes anuales a nivel global, y en México más
de la mitad de los suicidios están relacionados con este trastorno. Asimismo, la tasa de suicidio ha
mostrado un incremento sostenido, alcanzando cifras elevadas en algunas regiones del país (Belló,
Puentes-Rosas, & Medina-Mora, 2005).
El trastorno depresivo mayor se caracteriza por síntomas emocionales, cognitivos, físicos y
conductuales como tristeza persistente, baja autoestima, culpa, fatiga, aislamiento social y
pensamientos suicidas (Lang & Borgwardt, 2013; Pérez-Padilla et al., 2017;Mayberg, 2003). Para su
diagnóstico, el DSM-5 establece la presencia de al menos cinco síntomas durante dos semanas,
incluyendo estado de ánimo depresivo o anhedonia, además de alteraciones del sueño, apetito, energía,
concentración y sentimientos de inutilidad (Asociación Estadounidense de Psiquiatría, 2013; Tolentino
& Schmidt, 2018).
Violencia intrafamiliar
La violencia intrafamiliar es un delito que implica el ejercicio abusivo de poder para dominar, controlar
o agredir a un miembro de la familia, manifestándose en formas físicas, psicológicas, económicas o
sexuales (Secretaría de Relaciones Exteriores, 2023). Incluye conductas como insultos, amenazas,
golpes o humillaciones, las cuales suelen normalizarse dentro de la dinámica familiar (Gobierno de
México, 2023; Secretaría de Relaciones Exteriores, 2023). Este tipo de violencia afecta la integridad
física, emocional y social de las personas, pudiendo presentarse en distintos vínculos familiares
(Biblioteca del Congreso Nacional de Chile, s.f.; Comisión Nacional de los Derechos Humanos, s.f.).
Sus consecuencias abarcan problemas de salud, depresión, baja autoestima, dificultades relacionales
e incluso la muerte. En niñas, niños y adolescentes se asocia con bajo rendimiento académico,
conductas de riesgo y consumo de sustancias (Comisión Nacional de los Derechos Humanos, s.f.;
Valdebenito & UNICEF Chile, 2015). En México, la violencia familiar representa un problema de salud
pública, con altos niveles de incidencia y aumento durante el confinamiento, además de su relación
con problemas de salud mental (Centros de Integración Juvenil, 2022).
El entorno familiar violento constituye un factor de riesgo para el consumo de drogas y el desarrollo de
trastornos psicológicos, generando sentimientos de culpa, aislamiento y dificultades en el desarrollo
emocional (Centros de Integración Juvenil, 2022). Desde una perspectiva sistémica, la familia funciona
como una unidad donde las dinámicas, comunicación y estructura influyen en el comportamiento de
sus miembros (González, 2009).
Autores como Minuchin (2004) describen familias con sobreprotección, rigidez y dificultades para
resolver conflictos, mientras que Satir (1986) plantea que los síntomas del paciente identificado
reflejan desequilibrios familiares. La homeostasis familiar explica cómo se mantienen patrones
disfuncionales, donde los síntomas funcionan como mecanismos para conservar el equilibrio.
Asimismo, la relación de pareja y la comunicación son elementos centrales en el funcionamiento
familiar (Rage, 1996).
En familias con dinámicas disfuncionales, el control parental suele ser inconsistente y la comunicación
caótica, favoreciendo la perpetuación de la violencia (Minuchin, 2004; Satir, 1986). Estas condiciones
influyen en el consumo de sustancias y en la efectividad de los procesos de rehabilitación, los cuales
dependen también del contexto familiar y social del individuo (Cooper, 2026).
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, mayo, 2026, Volumen VII, Número 2 p 2192.