Correlación entre conductas de violencia y nivel de  
satisfacción en relaciones de parejas en jóvenes y  
matrimonios de la Laguna  
Correlation between violent behaviors and the level of satisfaction in  
romantic relationships among youth and married couples in the Laguna  
region  
Yenny Torres Téllez  
Universidad Iberoamericana Torreón  
Torreón México  
Artículo recibido: 29 de diciembre de 2025. Aceptado para publicación: 04 de mayo de 2026.  
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.  
Resumen  
El objetivo de esta investigación es obtener un acercamiento a la incidencia y la correlación existentes  
de conductas de violencia (psicológica, física, sexual, económica, entre otras), así como el grado de  
satisfacción observado de acuerdo al tiempo juntos y las metas de vida individuales y/o de familia en  
relaciones de pareja formales, preferentemente con un tiempo mayor a 1 año de relación. La muestra  
seleccionada fue de grupos de estudiantes de nivel licenciatura y grupos de matrimonios con hijos  
menores de edad o sin hijos, los cuales respondieron a 2 instrumentos: Escala de tácticas para los  
conflictos (CTS2) y la Escala de satisfacción marital (Pick y Andrade, 1998), ambos instrumentos  
validados para la población mexicana, para la recolección de datos. Adicionalmente, se analizarán  
datos estadísticos de registros de población y datos provenientes de investigaciones previas sobre  
las mismas variables que analizaremos en esta investigación. El análisis de correlación de Pearson  
reveló que no existe una relación estadísticamente significativa entre la satisfacción en la pareja y las  
conductas de violencia, indicando que ambas variables operan de forma independiente en la muestra.  
En el perfil sociodemográfico (Media de edad = 34.47 años), se identificó que la edad es la variable  
con mayor poder asociativo, correlacionándose significativamente con el número de hijos, el nivel de  
escolaridad y el tipo de relación.  
Palabras clave: pareja, satisfacción, violencia, correlación  
Abstract  
The objective of this research is to approach the incidence and correlation of violent behaviors  
(psychological, physical, sexual, and economic, among others), as well as the degree of satisfaction  
observed in relation to time spent together and individual and/or family life goals in formal  
relationships, preferably with a duration of more than one year. The sample consisted of groups of  
undergraduate students and married couples with or without minor children, who completed two  
instruments for data collection: the Conflict Tactics Scale (CTS2) and the Marital Satisfaction Scale  
(Pick & Andrade, 1998), both validated for the Mexican population. Additionally, statistical data from  
population records and previous research on the same variables will be analyzed. Pearson correlation  
analysis revealed no statistically significant relationship between relationship satisfaction and violent  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, mayo, 2026, Volumen VII, Número 2 p 2248.  
behaviors, indicating that both variables operate independently within the sample. Regarding the  
sociodemographic profile (Mean age = 34.47 years), age was identified as the variable with the  
greatest associative power, correlating significantly with the number of children, educational level, and  
type of relationship.  
Keywords: relationship, satisfaction, violence, correlation  
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Cómo citar: Torres Téllez, Y. (2026). Correlación entre conductas de violencia y nivel de satisfacción  
en relaciones de parejas en jóvenes y matrimonios de la Laguna. LATAM Revista Latinoamericana de  
Ciencias Sociales y Humanidades 7 (2), 2248 2263. https://doi.org/10.56712/latam.v7i2.5802  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, mayo, 2026, Volumen VII, Número 2 p 2249.  
INTRODUCCIÓN  
En esta investigación analizaremos las dinámicas de pareja, la incidencia, frecuencia e impacto de  
actitudes o conductas de violencia en alguna o ambas partes de la pareja, así como los niveles de  
satisfacción en las relaciones de la población joven y adulta de la Región Laguna. Profundizaremos en  
la experiencia de las parejas de la muestra por sujetos tipo y analizaremos complementariamente  
también datos numéricos de investigaciones previas y registros de población actuales. Se espera tener  
una correlación entre estas dos variables y encontrar predicciones de factores importantes que  
influyen en la obtención tanto de conductas de violencia como de la sensación de satisfacción en la  
relación, creando predicciones que puedan aportar a mantener relaciones positivas y prevenir la  
normalización y aceptación de conductas agresivas.  
METODOLOGÍA  
El enfoque seleccionado para esta investigación es cuantitativo. La recolección de datos será con base  
en la opinión de la muestra seleccionada para poder profundizar en la realidad subjetiva y la experiencia  
de las personas, pero a su vez estamos contabilizando estadísticas y porcentajes para comprobar la  
incidencia de actitudes o conductas violentas en las parejas dentro de nuestra región.  
El alcance de esta investigación es correlacional, ya que con los resultados de la obtención de datos  
se realizará un análisis y cuantificación sobre la variable de satisfacción en la relación de pareja y la  
variable de incidencia de actitudes agresivas y de violencia, así como la relación de otros factores  
importantes que influyen en la experiencia subjetiva de la relación de pareja, incluyendo la edad de las  
personas, nivel de estudios, valores, educación, tiempo de relación, ocupación/profesión, existencia de  
hijos, entre otros; realizando una triangulación de la información para obtener un resultado integrado y  
predicciones sobre las conductas y experiencias analizadas.  
Esta investigación es transversal, no experimental, con tipología no probabilística y una muestra de  
sujetos tipo. Los criterios de inclusión son:  
Personas en una relación de pareja formal, es decir, con un tiempo mayor a 6 meses de relación, para  
garantizar que ya no estén más en una etapa de enamoramiento y, deseablemente, que ya hayan  
experimentado algún tipo de reto o conflicto y resolución en su relación de pareja.  
Personas mayores de 17 años de edad.  
Que estén cursando o ya hayan terminado sus estudios de carrera.  
Que vivan en la región Laguna (Torreón, Gómez Palacio, Lerdo)  
Los criterios de exclusión son:  
Personas que no estén en una relación de pareja actualmente.  
Personas con una relación de pareja de menos de 6 meses.  
Personas menores de 17 años de edad.  
Personas que no vivan en la región Laguna (Torreón, Gómez Palacio, Lerdo)  
Participantes  
La selección de la muestra fue de tipología no probabilística con sujetos tipo y se difundió por medio  
de la estrategia “bola de nieve”, compartiendo los forms por medio de grupos de familiares, amigos y  
redes sociales.  
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Instrumentos de Recolección de Datos  
Se elaboraron dos formularios en Google Forms con los instrumentos de Escala de satisfacción marital  
(Pick y Andrade, 1998) que fue diseñado específicamente para el contexto cultural mexicano, lo que  
garantiza una alta validez de contenido. Consta de 24 reactivos con un formato de respuesta tipo Likert  
de 5 puntos. Su confiabilidad reporta un Alfa de Cronbach global de 0.90, lo que indica una consistencia  
interna excelente. El otro instrumento utilizado es el de Escala para tácticas para los conflictos (CTS2),  
Se han reportado coeficientes de consistencia interna (Alfa de Cronbach) muy elevados, alcanzando  
hasta 0.93 en muestras de mujeres mexicanas. Dentro de estos formularios se incluyeron los  
consentimientos informados y los datos sociodemográficos.  
Procedimiento  
Se compartieron los formularios mediante grupos de la aplicación de WhatsApp y redes sociales, en  
particular WhatsApp, Facebook e Instagram, y se les pidió a los participantes que, a su vez,  
compartieran los formularios en sus grupos y redes sociales.  
Análisis de Datos  
Se realizó el análisis de datos en SPSS en correlación con las variables de satisfacción y conductas de  
violencia. Posteriormente se realizó un análisis de correlación de las variables de los datos  
sociodemográficos, como: edad satisfacción, edad violencia; nivel de escolaridad satisfacción;  
nivel de escolaridad satisfacción; sexo satisfacción; sexo violencia; ocupación satisfacción y  
ocupación violencia.  
Esta investigación se desarrolló bajo los principios éticos de respeto por la dignidad, autonomía y  
confidencialidad de las personas participantes. Previo a la recolección de datos, se proporcionó un  
consentimiento informado por escrito, en el cual se explicó de manera clara y accesible el objetivo del  
estudio, los procedimientos a realizar, los posibles riesgos y beneficios, así como el carácter voluntario  
de la participación.  
Se garantizó que la decisión de participar fuera libre y consciente, sin coerción de ningún tipo, y se  
informó que podían retirarse en cualquier momento sin consecuencias académicas o personales.  
Asimismo, se aseguró la confidencialidad y el anonimato de la información mediante la asignación de  
códigos a cada participante y el resguardo seguro de los datos, los cuales fueron utilizados  
exclusivamente con fines académicos y científicos.  
DESARROLLO  
La relación de pareja puede influir de manera favorable o desfavorable en la vida de las personas y  
constituye uno de los vínculos más significativos para el ser humano, debido a sus repercusiones en  
las esferas personal, social y familiar. Por esta razón, ha sido objeto de análisis desde distintos  
enfoques teóricos (Urbano et al., 2021).  
La dependencia emocional y la insatisfacción marital se han asociado con la violencia de pareja, la cual  
incluye conductas que generan daño físico, psicológico o sexual. Según la Organización Mundial de la  
Salud, las mujeres son las principales víctimas de este fenómeno. Un análisis realizado en 161 países  
entre 2000 y 2018 indica que alrededor del 30% de las mujeres ha sufrido violencia física y/o sexual  
por parte de su pareja o de otra persona. Además, el 38% de los feminicidios son cometidos por la  
pareja de la víctima y más del 25% de las mujeres de entre 15 y 49 años han experimentado este tipo  
de violencia al menos una vez desde los 15 años.  
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Cuando la relación no cubre las necesidades ni las expectativas individuales, puede convertirse en una  
fuente de molestia y frustración, generando afectaciones emocionales. A pesar de ello, muchas  
personas permanecen en una relación por diversas razones, tales como el amor, el temor a la soledad,  
la costumbre, la dependencia económica, las creencias religiosas, la preservación de la estructura  
familiar, la presión social o familiar, o el miedo a afrontar en solitario las dificultades de la vida. Estos  
factores pueden propiciar la justificación de la permanencia en vínculos conflictivos y deteriorados, en  
los que no solo no se satisfacen las necesidades personales, sino que incluso se toleran situaciones  
negativas, como la violencia, con el fin de conservar la relación (Estrada & Pérez, 2023; Urbano et al.,  
2021).  
El periodo denominado adultez emergente que abarca aproximadamente de los 18 a los 29 años—  
se caracteriza por ser una etapa de notable inestabilidad y rasgos particulares (Arnett et al., 2007;  
2014). Entre sus características centrales se encuentra la consolidación de relaciones románticas  
socialmente valoradas, en las cuales se adquieren y ponen en práctica diversas formas de afrontar los  
conflictos, incluyendo, en algunos casos, la violencia (Sebastian et al., 2010).  
Las estadísticas indican que la situación conyugal influye en el nivel de violencia que pueden  
experimentar las mujeres mexicanas. Los datos muestran que el 5.7% de las mujeres casadas o en  
unión reportan violencia; sin embargo, esta cifra aumenta al 16.6% en mujeres divorciadas y alcanza el  
25.8% en mujeres solteras. Además, en los distintos periodos analizados (2006, 2011, 2016 y 2021) se  
mantiene una prevalencia cercana al 33.3% de violencia.  
El estudio de la violencia en parejas jóvenes resulta especialmente relevante debido a su alta  
prevalencia, la cual tiende a incrementarse durante la adolescencia y alcanza un punto máximo entre  
los 20 y 25 años (O'Leary y Slep, 2011). Asimismo, en la adultez emergente se configuran patrones de  
interacción en relaciones afectivas duraderas que probablemente se mantendrán en etapas  
posteriores de la vida (Wekerle y Wolfe, 1999).  
De acuerdo con Johnson (2011), pueden identificarse dos modalidades predominantes de violencia en  
la pareja: el terrorismo íntimo y la violencia situacional. La primera corresponde a una forma de  
violencia caracterizada por el control coercitivo, ejercida principalmente por hombres en relaciones  
heterosexuales y vinculada a factores de género y estereotipos. En contraste, la violencia situacional  
puede ser ejercida tanto por hombres como por mujeres y surge en el contexto de conflictos  
específicos, asociada a las dinámicas interpersonales y a las habilidades individuales para la  
resolución de problemas (Love et al., 2020).  
Uno de los principales factores de riesgo para la violencia situacional es la manera en que se gestionan  
los conflictos (Love et al., 2020). El conflicto constituye un fenómeno inherente e inevitable en las  
relaciones humanas, que aparece cuando dos o más personas perciben incompatibilidad en sus metas,  
intereses o valores, y consideran al otro como un impedimento para alcanzar sus objetivos personales  
(Montes et al., 2014). Por ello, toda relación implica la posibilidad de desacuerdos, especialmente en  
vínculos cercanos como el de pareja, donde la proximidad y la frecuencia de interacción incrementa  
dicha probabilidad (Echeburúa y Corral, 1998; Flores et al., 2005; Linares, 2006). En este contexto, el  
conflicto de pareja puede entenderse como la existencia de desacuerdos u obstáculos percibidos por  
sus miembros, que emergen ante intereses contrapuestos o malentendidos y que pueden derivar en  
discusiones, insatisfacción o frustración (Hurtado et al., 2004; Isaza, 2011; López et al., 2013).  
No obstante, la diferencia entre una pareja funcional y una disfuncional no radica en la presencia de  
discrepancias, sino en la manera en que estas se afrontan y resuelven (Flores et al., 2004). La evidencia  
científica señala que el estilo de manejo de conflictos puede actuar como un factor de riesgo o, por el  
contrario, como un elemento protector frente a la violencia en hombres y mujeres (Moral de la Rubia y  
Ramos, 2016).  
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La violencia en las relaciones de pareja constituye un problema de salud pública debido a su elevada  
prevalencia y a las múltiples consecuencias que genera en la población joven (Carrascosa et al., 2018).  
Con frecuencia, este tipo de violencia comienza durante la adolescencia y se reconoce como un factor  
de riesgo para la aparición de formas más severas de agresión en las relaciones afectivas en la adultez  
(Rubio-Garay, 2012).  
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (2013), la violencia contra las mujeres representa  
un problema de gran magnitud a nivel mundial. Se estima que alrededor del 35% de las mujeres han  
experimentado violencia física y/o sexual por parte de su pareja o de otra persona. La mayoría de estos  
casos ocurre dentro de la relación de pareja, ya que aproximadamente el 30% de las mujeres que han  
tenido una relación han sufrido este tipo de violencia, cifra que en algunas regiones puede alcanzar  
hasta el 38%. Además, cerca del 38% de los homicidios de mujeres en el mundo están relacionados  
con la violencia ejercida por la pareja.  
Las mujeres que han sufrido violencia física o sexual por parte de su pareja presentan un mayor riesgo  
de desarrollar diversos problemas de salud. Según la Organización Mundial de la Salud (2013), estas  
mujeres tienen un 16% más de probabilidad de dar a luz a bebés con bajo peso, más del doble de riesgo  
de experimentar un aborto y casi el doble de probabilidad de padecer depresión. Además, en algunas  
regiones también presentan 1.5 veces más probabilidades de contraer VIH en comparación con  
aquellas que no han sufrido violencia por parte de su pareja.  
En etapas tempranas, estas conductas agresivas suelen verse reforzadas por estereotipos de género,  
mitos asociados al amor romántico y creencias distorsionadas sobre las relaciones de pareja. Tales  
ideas pueden legitimar comportamientos violentos, así como los celos y el control excesivo, que en  
ocasiones son interpretados erróneamente como expresiones de amor o interés (Martínez et al., 2018).  
Vivir una relación violenta durante la adolescencia puede acarrear importantes repercusiones en el  
desarrollo personal y emocional, tales como estrés, sintomatología depresiva y ansiosa, alteraciones  
del sueño, bajo desempeño académico, disminución de la autoestima, consumo o abuso de sustancias  
y trastornos de la conducta alimentaria. Asimismo, pueden presentarse embarazos no planeados, así  
como sentimientos persistentes de miedo y aislamiento (Exner-Cortens et al., 2013; Holmes y Sher,  
2013; Jouriles et al., 2009; Leen et al., 2013; Mendoza et al., 2019; Sanmartín-Andújar et al., 2023; Shorey  
et al., 2012). De igual manera, estas experiencias pueden favorecer la interiorización y normalización  
de creencias y patrones relacionales violentos, los cuales podrían reproducirse en vínculos afectivos  
durante la vida adulta (González-Ortega et al., 2008; Muñoz-Rivas et al., 2007).  
De acuerdo con Arnett (2000), la teoría de la adultez emergente define este periodo como una etapa de  
transición situada entre la adolescencia y la adultez. En el contexto del noviazgo, esta fase se  
caracteriza por un incremento en la independencia y la autonomía de los jóvenes, lo que les permite  
asumir decisiones relevantes en el ámbito afectivo.  
A nivel global, la Organización Mundial de la Salud (OMS et al. 2013) realizaron un estudio en el que se  
estimó que el 35% de las mujeres han experimentado violencia física o sexual ejercida por su pareja,  
expareja u otras personas. De este grupo, el 38% fue víctima de feminicidio y el 42% presentó lesiones  
y afectaciones en su salud mental, física, sexual y reproductiva. En América Latina y el Caribe, un  
análisis comparativo de encuestas demográficas y de salud realizadas en 12 países reveló que entre  
el 61% y el 93% de las mujeres reportaron haber sufrido violencia física y emocional por parte de su  
pareja en los últimos 12 meses (OMS, 2005; Jove, 2017; Fries, 2019). En este contexto, Colombia ocupa  
el primer lugar en la región, con un 40% de prevalencia de violencia física y sexual dentro de relaciones  
afectivas (Naciones Unidas, 2015; García e Ibarra, 2017).  
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ISSN en línea: 2789-3855, mayo, 2026, Volumen VII, Número 2 p 2253.  
En la última etapa del ciclo vital puede presentarse, desde la perspectiva del desarrollo psicosocial, una  
confrontación entre la integridad del yo y la desesperación. Algunas personas realizan un balance  
positivo de su vida y experimentan satisfacción respecto a sus decisiones; otras, en cambio, pueden  
percibir con arrepentimiento y remordimiento (Villamizar Carrillo, 2009).  
Para comprender y abordar la inestabilidad en la relación de pareja, es necesario adoptar una visión  
amplia de los conflictos. En este sentido, Gottman (1994) plantea la importancia de identificar patrones  
conductuales negativos y repetitivos dentro de la dinámica conyugal. Entre estos se encuentran las  
críticas constantes dirigidas a los defectos del otro, la evitación o indiferencia, así como  
manifestaciones de irritabilidad y agresividad. Dichos comportamientos se consideran predictores  
significativos de ruptura o divorcio.  
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (2021), a través de la Encuesta Nacional  
sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH), se estima que 47.3 millones de mujeres  
de 15 años o más (93.7%) tienen o han tenido una relación de pareja. De este grupo, el 39.9% ha  
experimentado algún tipo de violencia con su pareja actual o con la última. Las formas de violencia  
más reportadas son la psicológica (35.4%), seguida de la económica o patrimonial (19.1%), la física  
(16.8%) y la sexual (6.9%).  
En el caso de los hombres, no se presentan datos recientes sobre violencia de pareja; sin embargo, un  
comunicado del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (2020) señala que ellos también pueden  
ser víctimas, siendo la violencia psicológica la más frecuente. Asimismo, se estima que tres de cada  
diez jóvenes en México han experimentado violencia en el noviazgo, lo que evidencia la dificultad que  
enfrentan para reconocerla y detenerla (Mayoral, 2024).  
El concepto de violencia familiar comenzó a emplearse con mayor fuerza a partir de la década de los  
setenta, especialmente desde los estudios feministas y de género, para describir el maltrato ejercido  
por el esposo hacia la mujer y hacia los hijos e hijas. No obstante, análisis posteriores evidenciaron  
que en un entorno familiar violento no siempre existe un único agresor; en ocasiones, la mujer que sufre  
maltrato puede reproducir conductas agresivas hacia los hijos u otros miembros vulnerables del  
sistema familiar (Instituto Nacional de Desarrollo Social, 2006).  
De acuerdo con el Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social (2012), el abuso de poder dentro del  
ámbito familiar se ejerce principalmente contra sectores en situación de vulnerabilidad, tales como  
mujeres, niñas, niños, adolescentes y personas adultas mayores, lo que evidencia la dimensión  
estructural y relacional de esta problemática.  
La dependencia emocional y la insatisfacción marital se han asociado con la violencia de pareja, la cual  
incluye conductas que generan daño físico, psicológico o sexual. Según la Organización Mundial de la  
Salud, las mujeres son las principales víctimas de este fenómeno. Un análisis realizado en 161 países  
entre 2000 y 2018 indica que alrededor del 30% de las mujeres ha sufrido violencia física y/o sexual  
por parte de su pareja o de otra persona. Además, el 38% de los feminicidios son cometidos por la  
pareja de la víctima y más del 25% de las mujeres de entre 15 y 49 años ha experimentado este tipo de  
violencia al menos una vez desde los 15 años.  
En España, según la estadística de violencia doméstica y de género correspondiente a 2021 (Ministerio  
de Justicia, 2022), elaborada por el Ministerio de Justicia, el número de mujeres víctimas de violencia  
de género aumentó 3.2% respecto al año anterior, alcanzando 30,141 casos. Asimismo, 30,047  
hombres fueron condenados por delitos relacionados con este tipo de violencia. Casi la mitad de las  
víctimas (47.5%) tenía entre 30 y 44 años; no obstante, el mayor incremento de casos se registró en  
menores de 18 años.  
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ISSN en línea: 2789-3855, mayo, 2026, Volumen VII, Número 2 p 2254.  
RESULTADOS  
Análisis de resultados: correlación de Pearson  
Presentación de los Datos: El análisis nos hizo ver que no existe correlación entre las variables de  
satisfacción de violencia y nivel de satisfacción en la relación de pareja. A raíz de este resultado se  
empezó a correlacionar las variables de los datos sociodemográficos con los activos de los  
instrumentos de satisfacción y conductas de violencia, los cuales arrojaron datos  
Categorización y Temas: Presenta las categorías y temas emergentes de los datos.  
Tabla 1  
Estadísticos Descriptivos de las Variables de Satisfacción y Tacto  
Variable  
SATISF1  
TACT2  
n
106  
106  
M
47.65  
47.51  
DE  
9.50  
12.88  
Nota: M = Media; DE = Desviación estándar.  
Fuente: elaboración propia.  
Perfil Descriptivo:  
El nivel de satisfacción promedio es de 47.65  
El promedio de conductas de violencia es muy similar, situándose en 47.51, aunque con una dispersión  
mayor.  
Tabla 2  
Correlación de Pearson entre Satisfacción y Tacto  
Variable  
1
2
1. SATISF1  
2. TACT2  
-.034  
Nota: Los valores en la diagonal representan la correlación de la variable consigo misma.  
Fuente: elaboración propia.  
Relación entre Variables  
Fuerza de la relación: Existe una correlación de -.034. Esto indica una relación negativa casi nula.  
Interpretación: No hay una asociación lineal entre la satisfacción y las conductas de violencia en esta  
muestra. El hecho de que una persona puntúe alto en una variable no predice en absoluto lo que  
puntuará en la otra.  
Significancia Estadística  
Al observar la matriz original, el valor de significancia para esta relación específica es .726.  
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ISSN en línea: 2789-3855, mayo, 2026, Volumen VII, Número 2 p 2255.  
Conclusión: Dado que el resultado no es estadísticamente significativo. La pequeña diferencia  
observada se debe probablemente al azar y no a una relación real entre las variables.  
Tabla 3  
Correlaciones de Pearson para las Variables de Estudio  
Variable  
1. SATISF1  
1
2
3
4
5
6
7
8
2. TACT2  
3. Edad  
4. Sexo  
5. Escolaridad  
6. Ocupación  
7. Tienes hijos  
8. Tipo de relación  
-,034  
,007  
,011  
,109  
-,058  
,079  
-,019  
-,308**  
-,016  
-,102  
-,040  
,120  
-,186  
,443**  
,401**  
-,672**  
,437**  
-,239*  
-,116  
,026  
,059  
,388**  
-,273**  
,406**  
-,307**  
,251**  
-,563**  
-,171  
Nota: * La correlación es significativa al nivel 0,05 (bilateral). ** La correlación es significativa al nivel  
0,01 (bilateral).  
Fuente: elaboración propia.  
Esta tabla analiza cómo se relacionan entre sí 8 variables sociodemográficas y las variables de  
satisfacción y conducta de violencia.  
Variables con Relaciones Fuertes  
Las correlaciones más potentes se encuentran en la estructura sociodemográfica:  
Edad y tener hijos: Es la relación más fuerte de la tabla. Indica que, en esta muestra, a mayor edad  
existe una tendencia marcada a tener hijos.  
Edad y Tipo de relación: Existe una relación moderada-fuerte que sugiere que el tipo de relación cambia  
o se consolida conforme avanza la edad.  
Escolaridad y Edad: A mayor edad, se observa un mayor nivel de escolaridad en los participantes.  
Variables con Relaciones Moderadas  
Escolaridad y Ocupación: Existe una relación positiva significativa; a mayor nivel de estudios, se  
observa una diferencia clara en el tipo de ocupación.  
Tipo de relación y tener hijos: Existe una asociación importante entre el tipo de vínculo de pareja y la  
presencia de hijos.  
Variables con Relaciones Débiles o Nulas  
Satisfacción: Esta es la variable más aislada. No tiene correlaciones significativas con ninguna otra  
variable de la tabla (todos sus valores son muy cercanos a 0 y no tienen asteriscos). Esto significa que  
la satisfacción no depende de la edad, el sexo, la escolaridad o si tienen hijos en este grupo.  
Conductas de violencia: Solo muestra una relación significativa con la edad, indicando que, a mayor  
edad, los niveles de esta variable tienden a disminuir moderadamente.  
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Resumen Estadístico  
Variables clave: La Edad es el eje central del análisis, ya que es la que más conecta con el resto (hijos,  
escolaridad, ocupación y tipo de relación).  
Variables independientes: La Satisfacción y el Sexo parecen actuar de forma independiente a la  
mayoría de los factores medidos.  
Tabla 4  
Estadísticos Descriptivos de las Variables Sociodemográficas  
Variable  
n
M
Mdn  
34.00  
2.00  
2.00  
3.00  
1.00  
2.00  
DE  
13.36  
0.43  
0.75  
1.87  
0.50  
0.62  
Edad  
Sexo  
Escolaridad  
Ocupación  
Hijos  
106  
106  
106  
106  
106  
106  
34.47  
1.75  
2.06  
3.26  
1.45  
1.75  
Tipo de relación  
Nota: M = Media; Mdn = Mediana; DE = Desviación Estándar.  
Fuente: elaboración propia.  
Perfil Sociodemográfico General  
Edad: La muestra tiene una media de 34.47 años, con una mediana de 34.00, lo que indica una  
distribución bastante simétrica en la adultez joven-media. La desviación estándar (13.36) sugiere una  
dispersión considerable, abarcando un rango amplio de edades.  
Sexo: Con una media de 1.75 y una mediana de 2.00, los datos sugieren una mayor representación de  
mujeres sobre hombres (la codificación es 1=Hombres, 2=Mujeres). La variabilidad es baja (DE = 0.43).  
Escolaridad: La media (2.06) y mediana (2.00) se sitúan en el segundo nivel de la escala utilizada, lo  
que representa en su mayoría una educación media-superior o técnica, de licenciatura, con una  
cohesión interna alta (DE = 0.75).  
Ocupación: Es la variable con mayor dispersión (DE = 1.87), lo que indica que los participantes se  
distribuyen en categorías laborales muy diversas. La media de 3.26 sugiere que el perfil ocupacional  
tiende hacia las categorías intermedias de la escala, que son: labores del hogar, negocio de algún tipo  
y empleado.  
Hijos: El promedio de hijos es de 1.45, con una mediana de 1.00. Esto refleja que la mayoría de los  
participantes tienen al menos un hijo, con una desviación muy baja (0.50), indicando poca variabilidad  
en esta estructura familiar.  
Tipo de Relación: La media (1.75) y mediana (2.00) indican que predomina el tipo de relación de  
matrimonio, con una desviación de 0.62 que confirma relativa homogeneidad.  
Conclusión de perfil de muestra  
El grupo de estudio se caracteriza por ser una población adulta joven (promedio 34 años), con niveles  
educativos y tipos de relación mayoritariamente uniformes, pero con una diversidad significativa en  
cuanto a sus ocupaciones laborales representados por 7 subtipos.  
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ISSN en línea: 2789-3855, mayo, 2026, Volumen VII, Número 2 p 2257.  
DISCUSIÓN  
Los hallazgos del presente estudio muestran que no existe una correlación significativa entre las  
conductas de violencia y el nivel de satisfacción en la relación de pareja, lo cual resulta particularmente  
relevante al contrastarlo con la literatura existente. Diversos estudios previos han señalado que la  
presencia de violencia en la pareja suele asociarse con menores niveles de satisfacción (Urbano et al.,  
2021; Estrada & Pérez, 2023). Sin embargo, los resultados obtenidos en esta investigación evidencian  
una relación prácticamente nula (r = -0.034; p = .726), lo que sugiere que, en esta muestra, ambas  
variables operan de manera independiente.  
Este hallazgo puede interpretarse desde distintos enfoques teóricos. Por un lado, coincide con  
planteamientos que señalan que la violencia en la pareja puede llegar a normalizarse dentro de ciertas  
dinámicas relacionales, particularmente en contextos donde existen creencias asociadas al amor  
romántico, la dependencia emocional o la permanencia en la relación a pesar del conflicto. En este  
sentido, es posible que algunas personas reportan niveles relativamente altos de satisfacción aun  
cuando experimentan conductas de violencia, debido a procesos de justificación, minimización o  
adaptación a dichas dinámicas.  
Asimismo, los resultados muestran que la edad se relaciona de manera significativa y negativa con las  
conductas de violencia, indicando que a mayor edad tienden a disminuir este tipo de comportamientos.  
Este hallazgo es congruente con la literatura que señala que las relaciones en etapas más maduras  
tienden a desarrollar mejores estrategias de regulación emocional y resolución de conflictos (Moral de  
la Rubia y Ramos, 2016).  
Por otro lado, la variable de satisfacción se presenta como un constructo aislado, sin relación  
significativa con variables sociodemográficas como edad, sexo, escolaridad o presencia de hijos. Esto  
sugiere que la satisfacción en la relación de pareja puede depender más de factores subjetivos,  
emocionales o relacionales no contemplados en este estudio, como la comunicación, la intimidad o el  
apego.  
Implicaciones  
En el plano teórico, estos resultados invitan a cuestionar la relación lineal tradicionalmente asumida  
entre violencia y satisfacción en la pareja, sugiriendo la necesidad de incorporar modelos más  
complejos que consideren variables mediadoras como la normalización de la violencia, las creencias  
culturales y los estilos de apego. Asimismo, aportan evidencia empírica que respalda la importancia de  
analizar la violencia de pareja no solo como un fenómeno conductual, sino también como una  
construcción subjetiva dentro de la dinámica relacional.  
En el ámbito práctico, los hallazgos tienen implicaciones relevantes para la intervención en terapia  
familiar y de pareja. En particular, resaltan la importancia de no asumir que la satisfacción reportada  
por los miembros de la pareja refleja necesariamente una relación libre de violencia. Esto implica que  
los profesionales deben profundizar en la exploración de dinámicas relacionales, más allá de los  
indicadores explícitos de bienestar.  
Asimismo, el hecho de que la violencia disminuya con la edad sugiere la relevancia de intervenir de  
manera temprana, especialmente en población joven, donde los patrones relacionales aún se  
encuentran en formación. Esto refuerza la necesidad de programas de prevención enfocados en el  
desarrollo de habilidades de comunicación, manejo de conflictos y educación emocional.  
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ISSN en línea: 2789-3855, mayo, 2026, Volumen VII, Número 2 p 2258.  
Limitaciones  
El presente estudio presenta diversas limitaciones que deben ser consideradas al interpretar los  
resultados. En primer lugar, el diseño transversal impide establecer relaciones de causalidad entre las  
variables, limitándose únicamente a identificar asociaciones. En segundo lugar, la muestra fue de tipo  
no probabilístico y obtenida mediante la técnica de bola de nieve, lo cual restringe la generalización de  
los resultados a otras poblaciones. Además, existe una sobrerrepresentación de mujeres en la muestra,  
lo que podría influir en la percepción y reporte tanto de la violencia como de la satisfacción.  
Otra limitación importante radica en el uso de instrumentos de autorreporte, los cuales pueden estar  
sujetos a sesgos como la deseabilidad social o la minimización de conductas violentas. Esto resulta  
especialmente relevante en el estudio de la violencia de pareja, donde frecuentemente existe  
subregistro. Finalmente, no se consideraron variables psicológicas o relacionales más profundas,  
como estilos de apego, historia familiar, regulación emocional o creencias sobre el amor, las cuales  
podrían influir significativamente en la relación entre violencia y satisfacción.  
CONCLUSIÓN  
El presente estudio tuvo como objetivo analizar la relación entre las conductas de violencia y el nivel  
de satisfacción en la pareja, así como su asociación con variables sociodemográficas en una muestra  
de población de la Región Laguna. Los resultados evidenciaron que no existe una relación significativa  
entre la violencia y la satisfacción, lo que sugiere que ambas variables pueden operar de manera  
independiente dentro de la dinámica relacional.  
Asimismo, se identificó que la edad es un factor relevante en la disminución de conductas de violencia,  
mientras que la satisfacción en la pareja no mostró asociación con las variables sociodemográficas  
analizadas, lo que apunta a la influencia de factores subjetivos no considerados en este estudio. Estos  
hallazgos resaltan la complejidad de las relaciones de pareja y la necesidad de abordarlas desde una  
perspectiva integral que contemple tanto elementos objetivos como subjetivos. De igual manera,  
evidencian la importancia de no asumir que la percepción de satisfacción implica la ausencia de  
violencia, lo cual tiene implicaciones directas en la práctica clínica y en el diseño de intervenciones  
preventivas.  
A pesar de sus limitaciones, esta investigación contribuye al campo de la terapia familiar al ofrecer  
evidencia empírica relevante sobre la dinámica entre violencia y satisfacción en la pareja, y abre nuevas  
líneas de investigación orientadas a profundizar en la comprensión de estos fenómenos y su impacto  
en el bienestar individual y relacional.  
RECOMENDACIONES  
A partir de los hallazgos y limitaciones identificadas, se sugiere que futuras investigaciones incorporen  
diseños longitudinales que permitan analizar la evolución de las dinámicas de violencia y satisfacción  
a lo largo del tiempo, así como establecer posibles relaciones causales. Asimismo, se recomienda  
ampliar el tamaño y la diversidad de la muestra, incluyendo diferentes contextos socioculturales,  
niveles socioeconómicos y tipos de relación, con el fin de mejorar la validez externa de los resultados.  
Sería pertinente también integrar variables psicológicas y relacionales más complejas, como el apego,  
la dependencia emocional, la comunicación y la resolución de conflictos, para comprender de manera  
más integral la dinámica de pareja.  
Por último, se sugiere el desarrollo de investigaciones mixtas que combinen métodos cuantitativos y  
cualitativos, permitiendo explorar no solo la incidencia de la violencia, sino también los significados  
subjetivos que las personas atribuyen a sus relaciones.  
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ISSN en línea: 2789-3855, mayo, 2026, Volumen VII, Número 2 p 2259.  
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