semiestructuradas respondió a la necesidad de obtener información suficientemente comparable
entre participantes, pero a la vez flexible y sensible a la singularidad de cada caso.
Como apoyo complementario, se revisaron registros clínicos, controles funcionales, notas de evolución
y hojas de datos conductuales, siempre que estuvieran disponibles, con el fin de contrastar la
información narrativa con datos objetivos de frecuencia, duración o intensidad de las conductas.
Procedimiento
El procedimiento se llevó a cabo en varias fases. En una primera fase, se realizó la selección de los
casos que cumplían con los criterios definidos. Posteriormente, se obtuvo el consentimiento informado
de los cuidadores y se explicó el propósito del estudio al equipo terapéutico involucrado.
En una segunda fase, se realizó una entrevista inicial con los cuidadores principales y, cuando fue
pertinente, con los terapeutas tratantes. Estas entrevistas se desarrollaron en un espacio tranquilo,
privado y clínicamente seguro, con una duración aproximada de entre 40 y 60 minutos. El objetivo fue
reconstruir la historia funcional de las conductas de interés, identificar contextos de aparición, explorar
antecedentes de regulación o desregulación sensorial y recoger percepciones sobre barreras
frecuentes en el aprendizaje y la autonomía.
En una tercera fase, se realizaron observaciones clínicas directas en sesión. Cada niño fue observado
en varios momentos terapéuticos, procurando incluir contextos de demanda, transición, juego, mesa
de trabajo y actividades funcionales. Durante estas observaciones, la investigadora registró no sólo la
conducta objetivo, sino también variables del entorno físico, del cuerpo del niño y de la demanda
planteada, siguiendo la lógica del modelo integrativo. Se prestó especial atención a indicadores como
postura, tono muscular, búsqueda de presión profunda, hipersensibilidad al sonido, fatiga,
distractibilidad, perseveración, dificultades en cambios de foco atencional y señales de sobrecarga
fisiológica.
En una cuarta fase, se organizaron los hallazgos en la matriz multidimensional y se formularon
hipótesis clínicas integrativas para cada caso. Estas hipótesis no sustituyen el análisis funcional de la
conducta, sino que lo ampliaron, permitiendo diferenciar entre conductas con clara función operante y
respuestas asociadas a desregulación sensorial, fatiga cognitiva o limitaciones neuropsicológicas en
la ejecución.
Finalmente, se documentaron los ajustes implementados en la intervención, tales como modificación
de la iluminación, soporte postural, disminución del ruido visual, uso de apoyos visuales simplificados,
fragmentación de instrucciones, inclusión de pausas sensoriales o adaptación de la secuencia de
tareas. Posteriormente, se observó la respuesta clínica del niño ante dichos cambios y se registraron
variaciones en su regulación, participación y aprendizaje.
Análisis de datos
Los datos se analizaron mediante análisis temático de contenido, una estrategia adecuada para
identificar patrones de significado dentro de información cualitativa proveniente de entrevistas,
observaciones y registros clínicos. El análisis se desarrolló en varias etapas.
En una primera etapa, se realizó una lectura exhaustiva de todas las transcripciones, notas de
observación y registros de campo. En una segunda etapa, se efectuó una codificación inicial abierta,
identificando unidades de significado relacionadas con categorías como: desregulación sensorial,
barreras de procesamiento, sobrecarga ambiental, alteraciones del nivel de alerta, dificultades de
flexibilidad cognitiva, fallas de memoria de trabajo, conductas de escape, dependencia de ayudas,
regulación mediante presión profunda, y mejoría tras ajustes del entorno.
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, mayo, 2026, Volumen VII, Número 2 p 2792.