de lo anteriormente mencionado aplicado a las redes sociales virtuales es cómo las personas pasan
de ser humanos a ser usuarios de internet, que se mueven en estos espacios virtuales a través de
avatares, imágenes, vídeos, o textos, donde la identidad de los individuos habita y se expresa en
espacios cibernéticos.
Las corrientes teóricas con enfoque feminista posteriormente realizaron distintos aportes, abordando
ahora las nuevas tecnologías de la información, y lo que su reciente y exponencial uso trajo consigo,
una de estas autoras es Wajcman (2004), quien desde una corriente tecnofeminista comienza
discrepando con Haraway (2016) y Braidotti (2005) referente al post-humanismo que sugiere un mundo
sin géneros, en cambio la autora no ve esto posible, ya que responde a esto que “las jerarquías de la
diferencia sexual afectan profundamente al diseño, el desarrollo, la difusión y la utilización de las
tecnologías” (p.6), por lo que se puede decir que el humano es un sujeto que en todo su quehacer e
interacciones realizadas (incluidas las interacciones sujeto-tecnología) se encuentra atravesado por el
género, lo que no permite abogar por un mundo sin géneros, incluso en lo que confiere a la tecnología
o los espacios virtuales.
Por esta misma línea Boix y De Miguel (2022) contribuyen a la conversación afirmando sobre las
nuevas tecnologías de la información, que los usuarios de la red utilizan está con fines de
comunicación, lo que la convierte en un espacio de encuentro, donde a pesar de que se puede omitir
mencionar detalles de la identidad como el sexo o la edad, no obstante, esto no significa que no importa
el género, ya que en la red hay, tanto usuarias como usuarios, y en estos espacios se replican modelos
femeninos que se encuentran frecuentemente sexualizando a la mujer.
Se puede concluir que somos sujetos atravesados por el género en todos los espacios, incluso en la
red, por lo que las redes sociales a pesar de ser parte del ciberespacio donde la identidad de usuarios
puede existir en el anonimato, las interacciones sociales o hábitos de consumo de contenido
multimedia que arroja el algoritmo a cada persona, así como forma en que responde a estos, van a
estar siempre atravesados por el género.
Finalmente, Castells (2024) habla de un mundo globalizado e interconectado por los medios digitales,
aunque sin considerar una perspectiva de género, ni un enfoque feminista, hace grandes aportaciones
a la investigación de los fenómenos sociales que ocurren en las sociedades red o sociedades digitales,
para el autor estos espacios constituyen una forma de comunicación, llamada comunicación digital, la
cual se distingue por estar constantemente en movimiento y cambio, además es un fenómeno reciente
y se ha expandido a un nivel considerablemente más rápido que otras tecnologías.
La violencia de género se ha presentado en todos los espacios, los públicos, privados, y ahora también
en los virtuales, sin embargo, hay distintos tipos de violencia, éstas van desde algo perceptible a la
vista como la violencia física, hasta algo sutil que resulta difícil de percepción, como lo es la violencia
simbólica. Quien acuñó el término violencia simbólica es Bourdieu (2021), en su obra La dominación
masculina donde la conceptualiza de la siguiente manera
[…] violencia amortiguada, e insensible para sus propias víctimas, que se ejerce esencialmente a través
de los caminos puramente simbólicos de la comunicación y del conocimiento o, más exactamente, del
desconocimiento, del reconocimiento o, en último término, del sentimiento. (p.12)
Cuando Bourdieu (2021) habla de violencia simbólica, habla de una cosmología sexualizada de las
cosas, que ha afectado la significación social donde la experiencia dóxica de los cuerpos se constituye
siempre por oposiciones homólogas asociadas al hombre y la mujer, las cuales se encuentran basadas
en una dominación masculina donde el hombre es la medida de todas las cosas.
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, mayo, 2026, Volumen VII, Número 2 p 2932.