Crisis civilizatoria e hidrocidio: hacia una epistemología  
mítica para la resacralización de la naturaleza  
Civilizational crisis and hydrocide: towards a mythical epistemology for the  
resacralization of nature  
Héctor Martínez Ruiz  
Universidad Autónoma de Querétaro  
Querétaro México  
Artículo recibido: 21 de enero de 2026. Aceptado para publicación: 02 de junio de 2026.  
Conflictos de Interés: Ninguno que declarar.  
Resumen  
Se plantea si es posible pensar el mundo de otra manera, desde la conciencia mítica y acudir al mito  
como lenguaje de lo sagrado para abrir horizontes interpretativos trans/epistémicos que ayuden a  
enfrentar la crisis civilizatoria y la degradación planetaria. El propósito es identificar el papel del mito  
como punto de partida para recuperar la relación simétrica humano-naturaleza. La metodología usada  
es la que corresponde a la investigación antropológica cualitativa básica con enfoque transdisciplinar.  
Se efectuó trabajo de archivo y de campo. Se utilizaron las técnicas de ficheo y análisis documental  
hermenéutico-heurístico y el registro etnográfico a partir de la descripción densa y equivocación  
controlada. En varias comunidades de México y del mundo, hay mitos que se preservan como parte  
de la tradición oral, en los que se relata la existencia de guardianes de la naturaleza. Aquellos  
asociados con el agua, habitan ríos, lagos, arroyos y manantiales. A estas criaturas se les identifica  
con distintos nombres, pero en su mayoría se conciben como espíritus protectores. En el caso de  
México, se habla de uno en específico: Chan o Chan del agua, pero no es el único. Los relatos sobre  
Chan expresan la estima y veneración al agua, viviente sagrado que contribuye a retejer las relaciones  
sociales y la armonía comunalitaria de vivientes, no vivientes, seres tangibles e intangibles. Se  
concluye que cualquier esfuerzo por cambiar la relación asimétrica humano/naturaleza que impera en  
la actualidad será en vano mientras no se supere la visión instrumental y la tendencia privatizadora  
del entorno. Entender el mito como puerta de acceso a la comprensión espiritual, permite resacralizar  
el mundo y asumir la tarea divina de su cuidado.  
Palabras clave: agua, antropología, mito, epistemología, naturaleza, sacralidad, tradición oral  
Abstract  
The question is posed as to whether it is possible to conceive of the world in a different way, from the  
perspective of mythical consciousness, and to draw on myth as a language of the sacred in order to  
open up trans/epistemic interpretative horizons that can help us address the civilizational crisis and  
planetary degradation. The aim is to identify the role of myth as a starting point for restoring the  
symmetrical relationship between humans and nature. The methodology employed is that of basic  
qualitative anthropological research with a transdisciplinary approach. Both archival and fieldwork  
were conducted. The techniques employed included indexing, hermeneutic-heuristic document  
analysis, and ethnographic recording based on thick description and controlled equivocation. In  
various communities in Mexico and around the world, there are myths that are preserved as part of  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, junio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 568.  
oral tradition, which recount the existence of guardians of nature. Those associated with water inhabit  
rivers, lakes, streams, and springs. These creatures are identified by various names, but they are mostly  
conceived as protective spirits. In the case of Mexico, one guardian in particular is mentioned: Chan,  
or Chan of the Water, but he is not the only one. The stories express esteem and veneration for water,  
a sacred living entity that helps to reweave social relationships and the communal harmony of living  
and non-living, tangible and intangible beings. The conclusion is that any effort to change the  
asymmetrical human-nature relationship that currently prevails will be in vain as long as the  
instrumental view of the environment and the tendency to privatize it are not overcome. Understanding  
myth as a gateway to spiritual understanding enables us to re-sacralize the world and take on the  
divine task of caring for it.  
Keywords: water, transdisciplinary anthropology, chan, myth, snake  
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Cómo citar: Martínez Ruiz, H. (2026). Crisis civilizatoria e hidrocidio: hacia una epistemología mítica  
para la resacralización de la naturaleza. LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y  
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.  
ISSN en línea: 2789-3855, junio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 569.  
INTRODUCCIÓN  
Frente al pensamiento pragmático y utilitarista del mundo actual, caracterizado por su afán  
expansionista y por la tendencia a mercantilizar todo, incluidas las relaciones sociales y la propia  
naturaleza, existen racionalidades alternas, pensar (es) otro (s) que conciben al ser humano como parte  
simbiótica del corpus naturaleza-cosmos, nunca como dueño de la misma, ni mucho menos con el  
atributo de destruirla sin sentido. Y es posible encontrar este pensamiento fraterno con el planeta en  
todas las épocas y latitudes, el cual se expresa en mitos y leyendas que podrían ayudar a enfrentar la  
crisis civilizatoria actual, porque consignan un tiempo en que se procuraba la armonía de todo lo  
viviente con no lo viviente y los seres tangibles e intangibles, que obligaba, además de respetarlo, a  
cuidarlo como tarea suprema, sabedores de que lo que se le hace al planeta, nos los hacemos a  
nosotros mismos.  
En este escrito se hace el recuento de la tradición oral que sostiene la existencia de espíritus o  
guardianes del agua, habitantes de ríos, lagos, arroyos y manantiales. En el caso de México, se les  
conoce con diversos nombres, según la región: Mak´ja Bok´yä (Sagrada Serpiente Negra), Chinentle,  
Tzuk kaan, Serpiente Jícara y Chan o Chan del agua, entre otras. Tienen singularidad de permitir que  
exista agua en el lugar que establecen como morada y de retirarla si el humano no tiene consideración  
por estos parajes y con sus semejantes. El respeto a estos seres míticos, aunado a la toma de  
consciencia que en los últimos años se despertó ante la contaminación y la creciente escasez del  
hídrico, dan la pauta para identificarlas como símbolo de la estima y veneración al preciado líquido y,  
en general, por la naturaleza, dado su carácter sagrado, que hoy se expresa en una renovada cultura  
del agua, pero sobre todo en la resignificación del culto al agua como viviente.  
METODOLOGÍA  
La metodología usada corresponde a la investigación antropológica cualitativa-básica con enfoque  
transdisciplinar. Se efectuó trabajo de archivo y de campo. En el primero se utilizó el ficheo y la técnica  
de análisis documental hermenéutico-heurístico (Beuchot, 1999), mientras que en el segundo, se utilizó  
el registro etnográfico desde el enfoque de la descripción densa (Geertz, 2003) y la equivocación  
controlada (Viveiros de Castro, 2018). Se llevó a cabo en dos fases, la primera corresponde al trabajo  
de archivo y en la segunda, de campo; se acudió a localidades de los estados de Querétaro, Guanajuato  
e Hidalgo (México). A diferencia de lo que se identifica como “descripción superficial”, propia de la  
antropología clásica y que consiste en recabar datos de lo que se “aprende a ver y destacar”, en la  
descripción densa hay que “ver más allá de lo evidente” e interpretar lo que se observa, porque podría  
no corresponder a lo que uno piensa y da por hecho. Por su parte, Viveiros de Castro (2018) propone  
la “equivocación controlada”; ya que todo investigador es un “traductor cultural” de los procesos  
sociales que estudia, acceder a la diversidad de las realidades de otros siempre es limitada e inexacta,  
así que habrá que reconocer que la imposibilidad de realizar transcripciones literales y precisas de sus  
contextos culturales, a lo más, uno se puede acercar desde la propia interpretación. Para Beuchot  
(1999), todo investigador, por añadidura, debe comprometerse en generar variados, diversos e inéditos  
significados de lo que estudia. Como intérprete de textos orales o escritostodo investigador debe  
mostrar sutileza interpretativa para pensar lo no pensado. En dicha tarea se requiere descubrir,  
inventar, imaginar, discurrir y aun impensar, para dar paso a lo inédito, hasta encontrar lo que se busca.  
RESULTADOS  
Dado que en el ámbito académico contemporáneo suele resaltarse el dialogo interdisciplinario como  
una forma de articular la ciencia en la aproximación, interpretación y acción sobre los fenómenos del  
mundo (Bonfil Batalla, 2004), considero que ese enfoque resulta insuficiente para abordar el tema que  
nos ocupa. Por esta causa, el punto de partida es lo que Sousa Santos (2012) describe como ecología  
de saberes o bien, la transdisciplinariedad, no a la manera en que Piaget (1972) la concibe, pero sí  
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Morin (2010), esto es, como dialogo transcultural. Desde estos enfoques, es posible integrar diferentes  
puntos de vista e interpretaciones de un mismo fenómeno desde la pluralidad de las racionalidades  
humanas, es decir, a partir de modelos emanados de la diversidad del saber humano que establecen  
relaciones simétricas entre ellos. El diálogo simétrico en la diversidad del conocimiento humano, con  
la aceptación de otros puntos de vista es condición para dar el salto de lo transdisciplinar al  
cosmocimiento, el cual concibe la integración simétrica de la totalidad del conocimiento generado por  
los vivientes, humanos y no humanos, no vivientes, seres tangibles e intangibles (Martínez-Ruiz et al.,  
2024).  
Este planteamiento permite entender los mitos como lenguaje de lo sagrado. Respecto a esto, Lévi-  
Strauss (1995) pensaba que debían abordarse con apertura de criterio, sólo así podríamos tener una  
idea clara sobre la complejidad del pensamiento que los genera y comprender el afán humano por  
explicar el mundo e interactuar en simetría con él. Contrario a lo que se pensaba a mediados del siglo  
pasado, sostuvo que es resultado de operaciones mentales propias de la condición humana, en una  
época en la que los estudios sobre el mismo, no lograban desprenderse de la vieja idea que los reducía  
a narraciones ficticias o “producto” del pensamiento primitivo. Desde esta visión, resulta claro advertir  
dos posiciones: la de los “dueños” del conocimiento “verdadero” y “universal”; y el de los depositarios  
de saberes “locales” y de “verdades a medias”. En el marco de este paradigma, identificado como  
“cientificismo”, es evidente que sólo este tipo de conocimiento es válido y aplicable en cualquier tiempo  
y lugar, mientras que los saberes alternos no, por lo tanto, su validez es relativa al contexto del grupo  
que los genera (Martínez Ruiz et al., 2024). De acuerdo con dicho criterio, el mito tendría una vigencia  
y aplicación reducida, al menos los que llegan a ser “validados” por la ciencia.  
En contraste, desde el enfoque transdisciplinar, los mitos se conciben también como producto de  
estructuras mentales universales, con una lógica propia que responde a una compleja articulación  
discursiva, similar a la del relato científico. Por mucho que se diga que los mitos están por debajo de  
la ciencia y que son narraciones absurdas y sin sentido, lo cierto es que representan la esencia de un  
saber que trasciende la frontera de lo humano y lo inserta a un orden mayor, en simetría de todo lo que  
existe y con una misión específica por realizar. Eso lo sabían todos los grupos humanos, pero algunos  
lo olvidaron. Las que se mantienen como “guardianes de la memoria”, generan, dan sentido y explican  
los fenómenos naturales y socialesque las afectan desde la conciencia mítica, porque saben que  
forman parte del todo (Levi-Strauss, 1995) que es sagrado. Si ampliamos nuestra mirada desde la  
perspectiva decolonial y el planteamiento levistrosiano, los mitos se entienden como saberes trans-  
epistémicos, resultado de racionalidad (es)-otra (s), la (s) cual (es) coexiste (n) con la razón  
filosófico/científica (Ramírez Angarica y Santos, 2018) a la que, quiérase no, complementa.  
La racionalidad mítica o conciencia mítica, en palabras de Bórmida (1970) es una forma trans-cognitiva  
de explicar la realidad histórico-cultural, tiene características propias. Si bien junto a la filosofía y la  
cienciaintenta explicar el mundo desde un sistema de pensamiento diferente a la lógica, comparte  
con estos una estructura explicativa básica, esto no significa que diga lo mismo, ni que lo exprese de  
manera idéntica, porque cada uno de estos tipos de racionalidad presenta sus propias peculiaridades  
(Ordoñez Díaz, 2016). Así, cuando Levi-Strauss (1995) propone que en ellos opera la “misma” lógica,  
cabría entender que se refiere a la forma en que la mítica, la filosofía y la ciencia son formas de pensar  
o racionalidades, lo cual no quiere decir que lleguen a las mismas conclusiones, ni que las expresen de  
formas similares. Pese a que los tres generan explicaciones a los grandes problemas de la vida, difieren  
en sus procedimientos y resultados.  
Para Campbell (1972) cabría recordar que en todo el mundo, en todos los tiempos y en cualquier  
circunstancia, se crean mitos, fuente de inspiración viva de todo lo que es producto de la genial  
inventiva humana. No sería exagerado afirmar que sean la “entrada secreta”, por la cual, las inagotables  
energías del cosmos se vierten sobre las manifestaciones culturales humanas. Las diferentes  
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religiones, filosofías, artes, aún los avances tecnocientíficos y, sobre todo, las formas sociales, emanan  
pues, del imaginario (Bachelard, 2000) y éste, del “potencial mágico del mito”.  
Sobre los mitos en que la naturaleza figura como ente vivo, Bonfil Batalla (1990) resalta la existencia  
de una multitud de prácticas propiciatorias y creencias en torno a todo aquello que cumple un  
cometido, cualquiera que este sea y que se refleja en cosmologías simétricas que dan sentido y  
coherencia a la vida comunalitaria (Díaz, 2014), porque todo está conectado, como es arriba, es abajo,  
como es afuera, es adentro, donde lo inferior está ligado a lo superior, donde los extremos se tocan.  
Para Florescano (1995), el mito es y será el instrumento idóneo para manifestar aspiraciones  
colectivas recónditas y elemento transmisor de saberes compartidos; el conducto por donde fluyen los  
sentimientos más íntimos que conmueven a los miembros de una colectividad y el lenguaje idóneo  
para comunicar los anhelos y aspiraciones que tienen lugar, puesto que, sin ellos, sería imposible  
comprender la complejidad del mundo contemporáneo (Martínez Ruiz, 2023).  
La particularidad más importante del mito es que es producto de la conciencia mítica o conciencia  
espiritualpor lo tanto, expresa la visión sagrada del mundo, lo que significa que en las sociedades  
donde persiste, todo cuanto existe tiene esa condición. Eliade (2006) lo describe como una historia  
verdadera de inapreciable valor. Puesto que el mito deviene lenguaje de lo sagrado, en el mundo mítico,  
la misión del ser humano consiste en asegurar la continuidad de la vida mediante la celebración de  
rituales que permitan comunicarse con la (s) divinidad (es) (Matos Moctezuma, 1994). Este  
planteamiento refuerza la oposición sagrado/ profano como referente elemental porque caracteriza al  
tiempo/espacio mítico de lo sagrado y lo diferenciar de otros tiempos/espacios profanos. De acuerdo  
con esta aseveración, sostenida por autores como el propio Eliade (2014), existen intervalos de  
tiempo/espacio sagrado, como, por ejemplo, el tiempo/espacio de las fiestas y, por otra parte, el  
tiempo/espacio profano, en el que se inscriben los actos despojados de significado sacro. Esta  
distinción asegura la continuidad en la que, mediante los ritos, el ser humano “transita” de lo profano a  
lo sagrado.  
Bórmida (1970) coincide hasta cierto punto con Eliade (2014) y propone que, en el universo de la  
racionalidad filosófica y científica esto es claro, lo sagrado y profano constituyen dos planos separados  
que raras veces interfieren uno con el otro; pero en la visión mítica del mundo, sucede lo contrario, esto  
es así debido a que el mito es una construcción intelectual distinta que tiende a mezclar los opuestos  
y a reconciliar las oposiciones (López Austin, 1969). Pero ¿cómo es esto? Bien, desde la racionalidad  
filosófica y científica es evidente que lo profano no es sagrado, aunque puede adquirir tal condición  
mediante los rituales; esta idea opone lo profano a lo sagrado. Desde luego que no comparto este  
pensamiento, ya que resulta difícil generalizarlo, dado que, en la conciencia mítica, entendida como  
conciencia espiritual, no hay tal división, la totalidad del mundo es sagrado, porque se trata de una  
creación divina.  
Lo expresado lleva a reconocer que las oposiciones sagrado/profano o naturaleza/cultura no son  
universales, se trata de ficciones sostenidas por quienes se benefician de las asimetrías que provoca,  
es decir, los que dominan (asimetría de poder), explotan el planeta (geopolítica asimétrica), lo cosifican  
(humano/no humano) y lo explican (sujeto/objeto) con vista a justificar su acción como seres  
superiores (sagrado/profano). Pero, el mito, como puerta de acceso al mundo espiritual es lo que  
podría permitir re/sacralizar el mundo para su cuidado en aquellas culturas perdió esa condición.  
Asimetría humana/naturaleza  
La asimetría de poder se proyecta en la relación humano/naturaleza (Martínez Ruiz y Posadas Juárez,  
2025). Se trata de un tema que reviste gran interés, no sólo por la actual crisis civilizatoria sino porque  
los magros resultados de los movimientos ecologistas y las falacias del desarrollo sostenible,  
encaminados a disminuir su derroche y contaminación, no funcionan, al estar imbuidos en la misma  
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lógica economicida que se cuestiona. Se requiere voltear la vista y considerar opciones alternativas en  
la aplicación de políticas públicas que promuevan la toma de conciencia respecto a la naturaleza, más  
allá de concebirla como una simple abastecedora de recursos de los que podemos apropiarnos para  
nuestro beneficio (Vargas, 2019).  
En el caso del agua, desde la visión del desarrollo sostenible, se reduce al de recurso renovable lo que  
legitima el hidrocidio. El acelerado ritmo de deforestación y desertificación de los suelos, afecta de  
forma directa su ciclo vital y hoy nos tiene al borde de una catástrofe mundial, situación que se acentúa  
debido a la contaminación de los mantos freáticos y de las redes fluviales (arroyos, ríos, lagos y  
lagunas) por la actividad humana, consecuencia de la dinámica económica capitalista que funciona  
bajo la lógica de obtener del medio recursos naturales valiosos y arrojar desechos contaminantes  
(Paredes, 1997).  
La inconsciencia y falta de una cultura del agua (Comisión Nacional del Agua. (2018), llegó al extremo  
de utilizar los océanos como basureros. No se percibe remordimiento alguno en esta práctica, se  
vierten residuos de toda clase. La irresponsabilidad humana deviene razón cínica, diría Sloterdick  
(2003) y no hay remordimiento alguno. Por ejemplo, cada año, en México, se vierten millones de metros  
cúbicos de residuos, descargas municipales, industriales y agrícolas con poco o ningún tratamiento a  
los cuerpos de agua, lo que provoca un severo impacto en la naturaleza. La situación es tan grave que  
un estudio reveló que el 70% de los lagos, lagunas, ríos, y otros cuerpos de agua tienen algún grado de  
contaminación (Animal Político, 2017).  
A este problema, se agrega el uso irracional en las zonas en que abunda. Se piensa que entre las  
repercusiones más graves es la de su contaminación, que tiene múltiples consecuencias para la salud  
y el medio ambiente, que la hacen no apta para su consumo, cuyo resultado es la reducción en su  
disponibilidad y reúso, pero lo cierto es que la contaminación o desecación afecta también a los demás  
vivientes, que cada vez tienen menor acceso a fuentes de agua. Esto se agrava con la acelerada  
urbanización, el incremento en las actividades agrícolas, el uso de fertilizantes, plaguicidas y  
herbicidas, la degradación del suelo, las altas concentraciones de población y la deficiente eliminación  
de desechos.  
Aunque se piense que el problema se debe al deficiente sistema de distribución, pero en especial al  
dispendio y casi nulo tratamiento de aguas grises y negras, no es así, hay más de fondo. En un informe,  
la ONU reportó que más del 80% de las aguas residuales resultantes de actividades humanas se vierten  
en los ríos o el mar sin ningún tratamiento. Algo similar ocurre con la industria tanto extractiva, como  
de transformaciónla mayor parte del agua utilizada no se somete a tratamiento riguroso y va a parar  
a las cuencas hidrológicas, hasta llegar a los océanos (Centro Nacional de Prevención de Desastres  
[CENAPRED], 2019).  
A lo anterior, debemos agregar el denominado clasismo hídrico, que se expresa de dos maneras; por  
un lado, el despojo del agua de las zonas rurales para trasladarlo a las áreas urbanas; y por otro, el  
acceso desigual al suministro que prioriza las zonas residenciales y deja en segundo plano las  
periferias urbanas, tal y como ocurre en la mayor parte de México y Latinoamérica, el cual presenta uno  
de los casos de mayor disparidad y divergencia en volumen de agua disponible per cápita en el mundo;  
y por otro, se deja en segundo plano el consumo humano cuando se privilegia el abasto de agua para  
uso industrial y ahora para satisfacer los grandes requerimientos de los centros de datos (data centers)  
(And the West, 2025).  
La situación empeora debido al crecimiento de la población y el desarrollo urbano. Cerca de 2000  
millones de personas viven en países o en regiones donde la escasez de agua es alarmante. El futuro  
es ahora, se minimizó la advertencia de que en el futuro las guerras serían por el agua, ya hay conflictos  
nacionales (Pacheco Vega, 2014) e internacionales por el acceso al vital líquido, como ocurre en  
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muchas partes de México y del mundo (Mañé y Campinz, 2012; Guevara-Polo, 2021). Es un tema que  
causa polémica entre México y Estados Unidos. La escasez obliga a la población menos favorecida a  
buscar los medios para abastecerse del vital líquido, mientras los “dueños el agua”, lucran con la  
necesidad. En los casos en que no hay de otra que disponer de fuentes insalubres, se agudizan las  
enfermedades “propias” de la pobreza (Varady et al., 2021)  
Según cifras del Banco Mundial (2025), cada día aumenta la población que no tiene acceso o  
abastecimiento de agua. El desabasto se agrava con el bajo presupuesto que se destina para superar  
esta condición, sin mencionar otros problemas, como la corrupción y la poca planeación, que afecta  
más a los sectores más necesitados.  
Agua viva  
Las sociedades tradicionales y un reducido sector de la población en Occidente, se oponen a la idea de  
que el agua sea un “simple” recurso natural. Tal es el caso de las teorías del agua viva y de la memoria  
del agua. La primera sostiene que el agua tiene vida; este planteamiento es sostenido por Masaru  
Emoto (2003) y otros autores, quienes demostraron su capacidad de almacenar información y  
transmitirla a otros sistemas biológicos. Todo hace suponer que el agua dispone de una “conciencia  
superior”, que es un ser vivo e inteligente, y concluye que debe tratarse con el mayor respeto. Sin  
embargo, para la lógica de la dominación actual no resulta conveniente dar cabida a este  
planteamiento, porque representa un peligro para la actividad humana que la concibe desde una  
utilidad instrumentaría; que sea un viviente o tenga un carácter de sagrada (Demaria, el at., 2020), no  
impacta en las lógicas del mercado.  
El agua no se reduce al compuesto de hidrógeno y oxígeno, se encuentra íntimamente vinculada a la  
vida vegetal y a los fenómenos siderales, de manera que al agua se le habla; se le conversa; se le  
acaricia; se le transmiten alegrías y tristezas. Todo mundo sabe que el agua piensa, siente, reflexiona,  
llora y también se entristece. (Cumes, 2021)  
Bonfil Batalla (1990) advertía que nuestra relación con el planeta llegaría a una encrucijada, cuya  
solución dependerá en gran medida de retomar el saber de los pueblos originarios para restablecer la  
relación armónica y benéfica con el entorno físico. Dicho saber decíaera mucho más complejo y  
rico que lo que aparentaba a primera vista, esto se reflejaba en los mitos y en la manera en que afectan  
el comportamiento de la gente.  
Las criaturas del agua  
En el mundo abundan los relatos sobre criaturas que habitan los océanos, lagos, ríos y manantiales. Se  
describen de diversas formas y en lo general inspiran curiosidad y temor, pero también respeto por los  
lugares en que habitan y por el agua; la gente sabe que son celosos guardianes de esos lugares y no  
dudan en atacar a quien se atreve a molestarlos o profanar los depósitos del preciado líquido, por lo  
que procura respetarlos, así se favorece la conservación de la naturaleza. En la tradición oral de  
distintas latitudes se afirma la existencia de estas criaturas, por ejemplo, en Japón los Kappa son seres  
acuáticos que viven en ríos y estanques (Toriyama, 2014). En la tradición sintoísta, es el dios del agua.  
Los maoríes de Nueva Zelanda, en Oceanía, afirman la presencia de unas criaturas denominadas  
Taniwha que viven en estanques o cuevas que bordean ríos, lagos y océanos. Se les describe como  
lagartijas gigantes o dragones con alas o escamas, garras y afilados dientes. Además, pueden asumir  
la forma de animales marinos (ballenas o tiburones). Según la tradición, son vistos como guardianes  
de los iwi (gente, pueblo) (Krensky, 2020).  
En la República del Congo, las zonas aledañas a los poblados Bounila y Ebolo, son la morada de una  
criatura denominada Mbielu-Mbielu-Mbielu, herbívoro acuático de cuatro patas, unos diez metros de  
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largo con un cuello corto, enorme cola y patas cubiertas de algas; en África Occidental, está el Ninki  
Nanka, criatura parecida a un dragón, que habita los pantanos; se alimenta con los niños que  
desobedecen a sus padres y se internan en su territorio (Goldstein, 2014). Pero, el caso africano más  
conocido es Mokèle-mbèmbé (en lengua lingala “el que detiene los ríos”). Las historias sobre la criatura  
abundan en la tradición local, entre ellas, la de los pigmeos, quienes tienen gran respeto por los  
humedales en los que habita (Martínez 2023).  
En el continente europeo, se cuenta sobre serpientes marinas gigantes; otras viven en ríos. Arroyos y  
manantiales. En Escocia son populares las historias de las criaturas que habitan los lagos Lochy y  
Ness. En el primero se habla de Lizzie y de Nessie en el segundo. Se piensa que son ejemplares de la  
misma especie plesiosauriosaunque Nessie es más popular. Ambos son descritos como animales  
acuáticos de gran tamaño. Poseen un cuello alargado, cabeza pequeña, con una o varias jorobas en el  
lomo. Los comparan con ballenas, anguilas o reptiles gigantes. En las tierras altas escocesas se habla  
de los Each-uisge, criaturas que habitan los lagos de agua dulce y salada. El Kelpie, también habita en  
esas comarcas y tiene la singularidad de cambiar su forma, aunque no iguala en agresividad a Each-  
uisge. En la región de Asturias, España, hay relatos sobre el Cuélebre, ser mitad dragón y mitad  
serpiente que, al envejecer, vuela hacia el océano, en cuyas profundidades resguarda tesoros  
fabulosos. El Serpentón es una culebra enorme que, según el mito, vivía en la laguna cercana a los  
pueblos zamoranos de Villafáfila, Otero y Villarín (Martín Sánchez, 2002).  
En América del Sur, los guaraníes hablan del Teyú-Jaguá (o Teyú-Yaguá), lagarto con cabeza de perro.  
Habita el cerro de Yaguarón, es el guardián de las cavernas. El Mboi-Tui (“Víbora-loro”) es otra criatura  
mítica guaraní asociada a las zonas lacustres. Tiene cuerpo y patas de lagarto terminadas en tres  
potentes garras y larga cola rematada con dos púas venenosas, su cabeza es similar a la de loro y un  
pico descomunal; cuenta con una lengua bífida roja como la sangre, vive en lugares acuáticos. En  
cambio, la criatura Moñai tiene aspecto reptiliano y se asocia con la fertilidad. Los guaraníes lo  
consideran Señor de los campos, de la tierra y de los vientos. Es una serpiente de dimensión  
extraordinaria con dos púas en la cabeza y afilados dientes. Las crónicas refieren que habita los  
arroyos más profundos y en lugares pantanosos. Uno de sus lugares favoritos estaba cerca de  
Yaguarón y otro en el Lago Ypoá (Martínez Ruiz, 2023).  
En Chile, son comunes las historias del culebrón, mientras que en Argentina, los relatos sobre la  
existencia de cueros en el lago Lácar, especie acuática que, según la tradición araucana y mapuche, es  
propia de las zonas lacustres argentinas y chilenas. Es de regular tamaño, su fisonomía se asemeja a  
la de una piel de vaca extendida, con una cabeza sin pelo, ojos como de caracol y espinas afiladas en  
los bordes de su torso. De igual forma, en el lago Nahuel Huapi, se habla de Nahuelito, una enorme  
criatura, de entre diez y quince metros de longitud, que posee dos jorobas, piel de cuero y, en ocasiones,  
se le describe como un animal similar al del lago Epuyen, a decir, un plesiosauro evolucionado que  
actúa como “guardián” al mantener alejada a la gente y, sobre todo, limpias las aguas del lago (Martínez  
Ruiz, 2023); mientras que en Colombia, son frecuentes los relatos acerca de la Serpiente Fueteadora.  
La Columbia Británica (Canadá), en Norteamérica es famosa por las historias del Ogopogo, que habita  
las aguas del lago Okanagan. Los nativos lo describen como una serpiente marina de unos 15 metros  
de largo, de piel oscura verdosa o gris, que tiene varias jorobas y su cabeza se asemeja a la de un  
caballo o cabra. Otros guardianes del agua en esta parte del mundo son los Pawapicts (“Bebés  
llorones”). Los Shinob, Timpanogos y Uintah-Ouray Ute refieren que habitan lagos, ríos y manantiales  
(Martínez Ruiz, 2023).  
Chan del agua  
En México, los primeros informes sobre los guardianes del agua provienen del siglo XVI, en la obra de  
Sahagún (López Austin, 1969) se describe al ahuízotl (perro de agua), el atotolin (pavo de agua) y el  
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acóyotl (coyote de agua), criaturas que ahogaban a la gente si se acercaban a los pozos y manantiales  
en que vivían. Casi todas las criaturas o espíritus guardianes del agua son ofidios, aunque pueden  
manifestarse de cualquier forma, dado que son esencias de la naturaleza o elementales, es la que  
predomina. Reciben distintos nombres: Mak´ja Bok´yä, Chinentle, Tzuk kaan, Serpiente Jícara, Witarú,  
Víbora del pozo, Serpiente anillada, Chaay Kaan y Chan o Chan del agua.  
Cuando inició la conquista, los frailes se valieron de los mitos de alteridad timecidas para presentar las  
creencias religiosas de los nativos como embustes de Satanás, desestimaron la propia pérspectiva  
que los indígenas tenían de sus cosmologías (Martínez-Ruiz, 2026). La imagen de la serpiente,  
asociada con el mal en la concepción judeo-cristiana, se utilizó como excusa para afirmar que los  
nativos eran adoradores del Diablo, lo que se demostraba por la abundante iconografía de la serpiente,  
por lo que buscaron acabar con su culto. Sin embargo, desde éstas y otras cosmologías, es el animal  
más venerado de todos porque encarna a la naturaleza, se asocia con lo terrestre, el inframundo y el  
agua, origen de la vida. Pese a la persecusión religiosa, la tradición oral subsistió y los guardianes del  
agua son abundantes. Se podría decir que la existencia de ofidios acuáticos en manantiales, lagos y  
ríos facilitó la creación de estos relatos, mismos que se arraigaron en el imaginario colectivo como  
reflejo del temor y respeto por la naturaleza.  
Chan es una palabra de origen maya y puede entenderse como “culebra de agua”. En el náhuatl,  
significa “casa”, “hogar”, por lo que se podría entender que designa al “guardián de la morada del agua”.  
En cada región, se asocia con distintos fenómenos, por lo regular, con la abundancia, en  
correspondencia a que se cuiden los manantiales, ríos y lagos; además se ser protectora de la  
población, vigila que la gente no tenga rencillas (Rodríguez López, 2017; Hernández Paulino, 2018) o  
se pelee por el líquido. Cuando eso sucede, propicia escasez del agua, seca los pozos y se la lleva a  
otra parte como castigo porque la gente no supo cuidar el lugar, comportarse y pelear entre sí. Otros  
fenómenos relacionados con Chan son los embarazos “inesperados”, la desaparición de animales y  
personas.  
Quienes afirman haberlo visto, lo describen de formas variadas: como una serpiente de gran tamaño,  
cubierta de escamas o plumas. Para otros, su forma es de lagartija, gusano, perrito o simio con una  
mano en la cola, un pez de colores y con cuerpo “largo y ancho”. Hay testimoniales de personas que  
observaron, desde “borbotones de agua de múltiples colores”, hasta extraños reptiles descansar en las  
orillas de manantiales, ríos o lagos, y que luego se sumergen en las profundidades (Testimonios orales  
de pobladores de Villa Progreso, Ezequiel Montes; La Esperanza y Ajuchitlán, Colón Querétaro; Valle de  
Santiago, Guanajuato).  
Uno de los casos más conocidos es el de un Chan que habitaba la laguna Tallacoa; los habitantes de  
Valle de Santiago, Gto., sostienen que durante mucho tiempo se le vio nadar entre las aguas sulfurosas  
de uno de los volcanes situado en la zona de las Siete Luminarias. Se desplazaba de un cráter a otro  
gracias a la red de canales submarinos que existía en el valle. La presencia de dicho ser, llegó a ser tan  
representativa que incluso en el mes de septiembre tenía lugar una peregrinación hasta lo alto del  
cráter, para invocar su ayuda en los ciclos agrícolas. (Jiménez y Benítez, 2003)  
DISCUSIÓN  
Los procesos de cambio que experimentan las sociedades modernas en la actualidad están marcados  
por la idea ilustrada del progreso, entendido como innovación tecnocientífica, crecimiento económico  
capitalista, sociedad de consumo diversificada y gobierno democrático (Bury, 2009). El problema  
radica en que esta visión justifica prácticas economicidas que ponderan la riqueza de unos cuántos  
sobre la destrucción del planeta y la vida en general. Tal y como se observa, la modernidad como  
colonialidad, no sólo se presenta en las sociedades humanas, también abarca a la naturaleza y a los  
vivientes en general. (Alimonda, 2011). Al respecto, para Bonfil Batalla (1990), esto era evidente en  
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México porque las transformaciones sociales fueron violentas, los pueblos originarios, portadores de  
cosmologías propias, menos instrumentales hacia la naturaleza, fueron forzados a renunciar a esta.  
Pero el empeño del invasor resultó insuficiente para arrancar de tajo una herencia cultural ancestral  
(Martínez-Ruiz, 2026). Así, en gran parte del país perdura en la memoria colectiva el recuerdo de esa  
relación, donde lo de menos era cuidar, respetar a la tierra, el agua, el aire, los cerros, los animales y a  
nuestros semejantes, porque, en caso contrario, habría castigo (Batres Alfaro, et. al, 2009; González,  
2013; Zulaica, 2015).  
Lo anterior se consigna en los relatos sobre Chan, ya que los mitos sobre las criaturas del agua cumplen  
otras funciones, como la de recordar los alcances limitados de la condición humana y la necesidad de  
respetar la vida y las condiciones que la hacen posible. Los guardianes del agua se presentan como  
seres que unen el cielo, la tierra y el inframundo; pero también como recordatorio e instrumento de  
castigo ante la osadía humana por su empeño de dominar a la naturaleza y trasgredir su armonía,  
situación que se refleja en el desequilibrio de las relaciones sociales, porque estas forman parte de la  
naturalidad-cósmica.  
Conforme a lo expresado, no resulta extraño reconocer estas criaturas, sobre todo a la serpiente, como  
una hierofanía (Eliade, 1974), a decir, manifestación sagrada de la naturaleza, tanto por su carácter  
benigno (renovación, fertilidad, renacimiento), como por su carácter impredecible, fuerza incontenible  
y poder destructor; en el fondo, lo que causa odio y temor por la serpiente es lo que representa, la  
frustración hacia aquello que no se ha logrado dominar: las fuerzas telúricas. Por lo tanto, la aberración  
generalizada hacia los ofidios se debe a que simboliza todo aquello que el ser humano no podrá  
dominar ni controlar, aun con las aplicaciones de la ciencia.  
Por otra parte, pese a que la colonialidad restringe la emergencia de rutas alternas para vivir en el  
mundo de otras maneras, la conciencia mítica se erige como punto de encuentro con el mundo  
espiritual; esto es así dado que el lenguaje del mito es expresión de lo sagrado, de lo divino, donde la  
imagen de la serpiente tiene otro lugar. La abundancia de mitos, la diversidad de versiones,  
protagonistas, de lugares y épocas, refleja la sorprendente vitalidad de esta narrativa sagrada. Por eso,  
Bonfil Batalla (1990) reconoce que cuando se pregunta a una comunidad por qué conservan ciertos  
relatos sobre criaturas “poco usuales” una respuesta frecuente sea: “–Porque me lo contaron a mí–” y  
con eso basta. Si lo que se pretende es ir más a fondo, es posible que nuestros interlocutores no tengan  
interés en explicarse ni explicarle el significado de dicho relato a un investigador curioso. Tal vez podría  
conjeturarse que se trata de “cuentos”, remanentes culturales, una prueba más del pensamiento  
arcaico o quizá de la resistencia de sus portadores para incorporarse a la era de la “revolución  
tecnocientífica”. Sin embargo, en el contexto decolonial, el mito se entiende de otra manera, aun en las  
situaciones “incomprensibles” en las que los portadores no deseen exponer sus motivaciones para  
atesorar dichos relatos, ya que con el simple hecho de compartirlos alientan la unidad del grupo al  
tiempo que revitalizan la memoria en espera de recordar lo olvidado y restaurar el equilibrio del mundo.  
En la mayoría de los casos, se trata de una manifestación colectiva enfocada a retejer los lazos de su  
pertenencia, que se expresa en el recuerdo de aquello que simboliza la finalidad de la vida. En suma,  
es una acción que se mantiene en el ámbito de lo que es propio y significativo para cada grupo humano,  
porque en este acto, los elementos culturales que se ponen en juego son recursos que surgen y cobran  
sentido, en la que la experiencia compartida, cualquiera que ésta sea, es una muestra de  
empoderamiento, pero también del deseo de hacer comunalidad y evitar que desaparezca su sentido  
originario, desvelándose mediante los relatos. Así, al compartirlos, también adquieren nuevos  
significados, incluso funciones, que podrían ser diferentes de las que tenían en épocas pasadas, pero  
que se vitalizan, lo que permite justificar su permanencia, sea para preservar o bien para añorar el costo  
de su olvido. Este sería el caso de lo sucedido en distintas localidades de México y del mundo.  
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Los guardianes del agua se erigen como una manifestación en que se hace patente el esfuerzo por  
mantener el vínculo y balance, para abonar a su necesario cuidado. Se afirma pues que, por gracias al  
mito, el México profundo persiste, lo sostiene una gran diversidad  
de pueblos y grupos portadores de distintas maneras de entender el mundo y organizar la vida, las  
cuales tienen sus raíces en un legado cultural milenario; a decir de González (2008), tienen presente  
que hay algo aquí en la tierra que vale en sí mismo y por sí mismo, que tiene tal perfección que se  
presenta como manifestación de lo divino, como en los ejemplos presentados, en los que la tradición  
oral sobre las criaturas que resguardan las moradas del agua e intervienen para generar la lluvia y con  
ello, la Vida-toda, aseguran la propia continuidad de todos los vivientes del planeta.  
De igual forma, se observa que los estudios sobre la gestión de las aguas, realizadas bajo enfoques  
sostenibles y ecológicos resultan insuficientes para revertir el hidrocidio actual, por lo que se requiere  
dar cabida a diferentes enfoques que amplíen la comprensión humana del mundo y, en especial,  
prioricen la toma de consciencia respecto a la salvaguarda del planeta. El mito como alternativa se  
caracteriza por su lenguaje sagrado, antesala del mundo espiritual, el cual es desestimado por la  
ciencia, sin embargo, tiene el poder simbólico de asegurar la interacción armónica del ser humano con  
la naturaleza. La investigación transdisciplinar provee un enfoque plural e incluyente que permite  
ampliar la visión de manera compleja e integral orientada a la resolución de los problemas actuales.  
Lo anterior, facilita la cooperación entre los diferentes sectores y la academia para generar alternativas  
que contrarresten los procesos de exclusión, marginación, injusticia, daño ambiental y violencia que  
padecemos en la actualidad (Garbe, 2012).  
Se reconoce que, en la devastación planetaria, no todos los grupos humanos participan ni con la misma  
intensidad. Existen sociedades que intentan revertir esos efectos y hacen un llamado a re/encontrarnos  
como parte de la Tierra. Esto involucra considerar los efectos de nuestra acción y redimensionar la  
relación que tenemos con los demás seres que habitan en ella. En un primer momento, a manera de  
compromiso personal, a la espera de que repercuta en el plano social. Así, desde la conciencia mítica,  
es imperativo restablecer el vínculo fraterno del humano con la naturaleza y restaurar la conexión con  
lo sagrado donde se perdió para asegurar el equilibrio entre el mundo material y el mundo espiritual.  
Esto no es una utopía irrealizable, mientras la mayoría los espacios y autores académicos se encierran  
sobre sí mismos e impulsan el discurso semiocapitalista que privilegia la aplicación de políticas  
eficientistas, propias de las empresas capitalistas en aras de elevar la productividad ante la realidad  
actual que impone el nuevo absoluto: el mercado (Martínez Ruiz, et al., 2025); otros en cambio, se abren  
a lo distinto, a lo impensado, ante la sentida necesidad de iniciar −y proseguir− en el acercamiento  
simétrico a formas insospechadas de construir conocimiento, que están a la espera de compartir otras  
formas de situarnos en el mundo, con la única finalidad de alcanzar una vida digna, en armonía con el  
planeta y todo lo que existe tal y como nos lo presenta el pensamiento originario no occidentalizado,  
en la comunión, como partes de un total; en que lo cercano y lo lejano, lo interno y lo exterior, lo visible  
y lo invisible, lo humano y lo no humano, lo viviente y lo no viviente son uno (Martínez, et al., 2024).  
CONCLUSIÓN  
Se sostiene que, desde la conciencia mítica, el agua tiene vida, sí, una forma específica de vida que no  
se puede comprender desde la razón científica. Asimismo, existe la posibilidad de entablar  
comunicación con ella para aprender a relacionarnos y cuidarla en conjunto de la naturaleza. Dado que  
es sensible (“el agua siente”), cuenta con guardianes, entendidos como manifestaciones energéticas  
de la propia naturaleza, en consecuencia, se cuida a sí misma. Estos “guardianes” pueden asumir  
diferentes formas y, una de ellas, es la de Chan, aunque también recibe otros nombres. Acorde a su  
carácter de elemento acuático, se manifiesta en los manantiales, ríos, lagunas, arroyos o lugares  
relacionados con la lluvia, los cerros y las cementeras.  
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Los relatos sobre estos seres míticos se asocian a la existencia de una memoria colectiva orientada al  
cuidado del planeta, concebido como un santuario que alberga la vida. Cada ser que existe en la Tierra  
tiene una misión que abona a su cuidado y a los seres humanos corresponde ser los guardianes de la  
memoria. Al mantener vivos los rituales, la gente posibilita el balance material y espiritual del mundo.  
Se debe tener presente dicha misión para conservar la armonía, pero cuando se olvida, sobreviene el  
descuido, la consecuencia es la pérdida de la dimensión espiritual y el desequilibrio, que se refleja en  
el deterioro ambiental y el afán humano por dominar y explotar a la naturaleza. Al suspender ese  
cuidado y olvidarse la misión, los guardianes del agua se van, en consecuencia, el vital líquido  
desaparece y acontece el desastre ecológico, producto de la insensatez humana.  
Como ya se indicó líneas atrás, en la encrucijada en la que nos encontramos, hay más de fondo, para  
su abordaje no bastan las perspectivas occidentales. Una opción es la que Rodríguez y Mirabal  
Rodríguez (2020), proponen y que consiste en volver a civilizar a la Humanidad; re-civilizar como una  
exhortación para alentar la contrición y corregir el rumbo de la barbarie impuesta desde Occidente, a  
decir de Morin (2005), para que cada quien pueda cumplir con su papel de responsabilidad ante el  
mundo. Otra opción, aquí planteada es la de recordar lo que se olvidó; en ambos casos o de manera  
conjunta, hay que actuar, ya no hay tiempo. Es necesario interiorizar ese llamado, reencontrarnos como  
la “tierra pensante” que somos y asumir nuestro papel de “conciencia cósmica”, de la que tanto insistía  
Reinaga (1989) para retomar la tarea suprema y divina de salvaguardar al planeta y todo cuanto habita  
en él.  
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