México porque las transformaciones sociales fueron violentas, los pueblos originarios, portadores de
cosmologías propias, menos instrumentales hacia la naturaleza, fueron forzados a renunciar a esta.
Pero el empeño del invasor resultó insuficiente para arrancar de tajo una herencia cultural ancestral
(Martínez-Ruiz, 2026). Así, en gran parte del país perdura en la memoria colectiva el recuerdo de esa
relación, donde lo de menos era cuidar, respetar a la tierra, el agua, el aire, los cerros, los animales y a
nuestros semejantes, porque, en caso contrario, habría castigo (Batres Alfaro, et. al, 2009; González,
2013; Zulaica, 2015).
Lo anterior se consigna en los relatos sobre Chan, ya que los mitos sobre las criaturas del agua cumplen
otras funciones, como la de recordar los alcances limitados de la condición humana y la necesidad de
respetar la vida y las condiciones que la hacen posible. Los guardianes del agua se presentan como
seres que unen el cielo, la tierra y el inframundo; pero también como recordatorio e instrumento de
castigo ante la osadía humana por su empeño de dominar a la naturaleza y trasgredir su armonía,
situación que se refleja en el desequilibrio de las relaciones sociales, porque estas forman parte de la
naturalidad-cósmica.
Conforme a lo expresado, no resulta extraño reconocer estas criaturas, sobre todo a la serpiente, como
una hierofanía (Eliade, 1974), a decir, manifestación sagrada de la naturaleza, tanto por su carácter
benigno (renovación, fertilidad, renacimiento), como por su carácter impredecible, fuerza incontenible
y poder destructor; en el fondo, lo que causa odio y temor por la serpiente es lo que representa, la
frustración hacia aquello que no se ha logrado dominar: las fuerzas telúricas. Por lo tanto, la aberración
generalizada hacia los ofidios se debe a que simboliza todo aquello que el ser humano no podrá
dominar ni controlar, aun con las aplicaciones de la ciencia.
Por otra parte, pese a que la colonialidad restringe la emergencia de rutas alternas para vivir en el
mundo de otras maneras, la conciencia mítica se erige como punto de encuentro con el mundo
espiritual; esto es así dado que el lenguaje del mito es expresión de lo sagrado, de lo divino, donde la
imagen de la serpiente tiene otro lugar. La abundancia de mitos, la diversidad de versiones,
protagonistas, de lugares y épocas, refleja la sorprendente vitalidad de esta narrativa sagrada. Por eso,
Bonfil Batalla (1990) reconoce que cuando se pregunta a una comunidad por qué conservan ciertos
relatos sobre criaturas “poco usuales” una respuesta frecuente sea: “–Porque me lo contaron a mí–” y
con eso basta. Si lo que se pretende es ir más a fondo, es posible que nuestros interlocutores no tengan
interés en explicarse ni explicarle el significado de dicho relato a un investigador curioso. Tal vez podría
conjeturarse que se trata de “cuentos”, remanentes culturales, una prueba más del pensamiento
arcaico o quizá de la resistencia de sus portadores para incorporarse a la era de la “revolución
tecnocientífica”. Sin embargo, en el contexto decolonial, el mito se entiende de otra manera, aun en las
situaciones “incomprensibles” en las que los portadores no deseen exponer sus motivaciones para
atesorar dichos relatos, ya que con el simple hecho de compartirlos alientan la unidad del grupo al
tiempo que revitalizan la memoria en espera de recordar lo olvidado y restaurar el equilibrio del mundo.
En la mayoría de los casos, se trata de una manifestación colectiva enfocada a retejer los lazos de su
pertenencia, que se expresa en el recuerdo de aquello que simboliza la finalidad de la vida. En suma,
es una acción que se mantiene en el ámbito de lo que es propio y significativo para cada grupo humano,
porque en este acto, los elementos culturales que se ponen en juego son recursos que surgen y cobran
sentido, en la que la experiencia compartida, cualquiera que ésta sea, es una muestra de
empoderamiento, pero también del deseo de hacer comunalidad y evitar que desaparezca su sentido
originario, desvelándose mediante los relatos. Así, al compartirlos, también adquieren nuevos
significados, incluso funciones, que podrían ser diferentes de las que tenían en épocas pasadas, pero
que se vitalizan, lo que permite justificar su permanencia, sea para preservar o bien para añorar el costo
de su olvido. Este sería el caso de lo sucedido en distintas localidades de México y del mundo.
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, junio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 577.