Fase 2. Elaboración participativa del código de ética y conducta
El código de ética es el componente con mayor anclaje en la dimensión cultural de la organización y,
por eso, ocupa el centro del modelo. El IOC (2020) lo define como una declaración formal de los valores,
principios y estándares que deben orientar la definición de actividades, la distribución de funciones y
la adopción de decisiones (p. 19).
Lo que distingue esta fase es el adjetivo “participativa”. La WCA (2019) precisa que los integrantes de
una organización desarrollan mayor identificación con el código de ética cuando intervienen en su
formulación. En organizaciones pequeñas, ese proceso es plenamente viable y tiene un efecto
adicional: hace visibles los valores que ya operan de manera informal, lo que facilita su formalización
sin que se perciba como algo impuesto desde afuera.
Para el Instituto, el código debe recoger de manera explícita los valores que se derivan del mandato
institucional en derechos humanos (dignidad, no discriminación, acceso a la información, servicio a la
comunidad) y traducirlos en criterios de conducta concretos para las actividades del área.
Fase 3. Diseño del manual de procedimientos por procesos
Esta fase responde al hallazgo más recurrente del trabajo de campo: la ausencia de procedimientos
escritos como fuente principal de vulnerabilidad operativa. El manual no es el único componente del
compliance, pero en organizaciones que no lo tienen, su elaboración es el paso más urgente.
A diferencia de los manuales exhaustivos y generalmente archivados que proliferan en la
administración pública, el manual que propone el modelo debe cumplir tres criterios: practicidad
(describir cada proceso con el detalle necesario para que una persona nueva pueda ejecutarlo sin
orientación adicional), integrabilidad (articularse con los plazos y requisitos de la normatividad externa
aplicable, especialmente la de la SEP) y actualizabilidad (contar con un mecanismo claro para su
revisión periódica).
Cada proceso documentado debe especificar: quién es responsable, qué se hace, cuándo, con qué
instrumentos, qué resultado se espera y cuáles son los riesgos de incumplimiento identificados. Esa
última columna es la que conecta el manual con el mapa de riesgos de la Fase 1.
Fase 4. Designación del responsable de cumplimiento y canal de comunicación
Todo sistema de compliance necesita una persona responsable de su seguimiento. En organizaciones
pequeñas esa persona no puede dedicarse exclusivamente a esta función; lo realista es designar a
alguien del equipo existente con responsabilidades específicas y claramente delimitadas.
Sus funciones deben incluir, como mínimo, el seguimiento de la aplicación de los procedimientos
documentados, la actualización del mapa de riesgos, la capacitación del personal en el código de ética
y la recopilación de evidencias para la evaluación periódica del sistema.
En paralelo, debe existir un canal que permita a los integrantes del área reportar situaciones de riesgo
o incumplimiento. En organizaciones muy pequeñas, un buzón físico o digital anónimo puede ser
suficiente en una primera etapa, siempre que los reportes sean atendidos y que no haya represalias.
Fase 5. Evaluación periódica y mejora continua
Esta fase es la que distingue un sistema de compliance activo de uno que existe solo en papel. La
evaluación periódica permite determinar si los procedimientos se están usando, si el código de ética
es conocido por el personal, si los riesgos del diagnóstico inicial se han reducido y si han aparecido
riesgos nuevos que no se habían contemplado.
LATAM Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales y Humanidades, Asunción, Paraguay.
ISSN en línea: 2789-3855, junio, 2026, Volumen VII, Número 3 p 704.